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domingo, 27 de diciembre de 2015

Guión: QUÉ BELLO ES VIVIR 2

CINE









Sí, hay leyendas urbanas que son verdad. En Hollywood se guardan guiones que permanecen décadas en cajones de despachos perdidos de la mano de Dios, guiones malditos.

Acaba de desvelarse uno de esos secretos de Hollywood que hará las delicias de todo cinéfilo, un guión que lleva escondido y mantenido en secreto más de 60 años y que ha salido a la luz. El guión de lo que hubiera sido una secuela de “¡Qué bello es vivir!”, la obra maestra de Frank Capra, y que iba a ser dirigida por él mismo.

Capra ya rodó algún remake de películas suyas, por lo que no era reacio a alguna secuela, aunque en aquella época era casi una rareza acometerlas.

Este descubrimiento ya ha levantado todo tipo de especulaciones y parece ser que muchas productoras estarían interesadas en llevarlo a la gran pantalla, una secuela actualizada y fiel al guión encontrado, lo que se consideraría un boom y no dejaría indiferente a ningún cinéfilo.

La familia de Capra, en este caso sus hijos, Lulu, Tom y el fallecido Frank Jr., confiaban en que esto no saliera a la luz, entre otras cosas porque, aunque conocedores del proyecto, daban ese episodio por concluido y el guión por desechado. Han quedado sorprendidos con su aparición, llegando a manifestar que lo creían destruido.

Unos hijos que no están nada contentos con la situación y las intenciones de llevar ese guión a la pantalla. Pretenden conservar la memoria de su padre, como es lógico, impidiendo que se hagan secuelas o remakes de una obra que consideran perfecta. Esa manía obsesiva del Hollywood actual.

Un proyecto que, desde luego, suena muy atractivo para todo cinéfilo por la curiosidad que despierta, pero que se frustró por desavenencias entre el director y sus guionistas, el matrimonio Frances Goodrich y Albert Hackett, porque la cinta llevaba la contraria a la concepción católica de la primera, es más, a la pura esencia de la original, con lo que el conflicto era lógico y comprensible. Al no poder reconducirse las diferencias el proyecto se aparcó.

Ciertos aspectos de la trama de esta secuela, que parece ser estaba muy avanzada, han salido a la luz:

Parece ser, como ocurre en muchas secuelas, que el planteamiento inicial sería parecido al de la cinta original. George Bailey estaría recibiendo de nuevo el acoso del señor Potter, hasta ponerlo en una situación límite, pero lejos de sumirse de nuevo en la autocompasión, se rebelará e instará a su amigo de las alturas, Clarence, a que le ayude en un plan que se le ha ocurrido: Quiere que le muestre cómo sería el mundo sin Potter.

Esta visión, que sólo rezumaría felicidad, impulsa a George a chantajear emocionalmente a Clarence, poniendo sobre la mesa que esas alas que luce orgulloso las consiguió gracias a él y que el objetivo final es eminentemente bueno, pidiéndole "viajar al pasado para acabar con Potter".

El Potter que se encontraría en el pasado sería un joven banquero que estaba empezando a amasar la fortuna que posteriormente se dispararía en base a todo tipo de tropelías.

El guión estaría completamente terminado y se habrían encontrado notas de producción donde aparecería el nombre de algunos actores que se incorporarían al proyecto, como sería el caso de John Wayne, además de los actores de la película original.

Se sabe también de esta secuela que contendría un viaje al pasado con la intención de acabar con Potter, una vez George ha convencido a su ángel de que le ayude. Éste le recomendaría los servicios de alguien muy cualificado para ese tipo de encargos, un tal Arnold Schwarzenegger, pero descubrirán, desolados, que a finales del siglo XIX, fecha a la que deberían viajar para encontrarse con el joven Potter, Schwarzenegger aún no había nacido.

Es aquí donde aparece la otra gran estrella del reparto prevista para esta secuela, John Wayne, que interpretaría a un “hombre tranquilo”, solitario, taciturno y violento, que finalmente aceptaría el encargo de George. Un Wayne que coincidiría con Stewart en un rol de protector como el que haría posteriormente en “El hombre que mató a Liberty Valance” (John Ford, 1962).

Las últimas escenas, por su violencia y el contraste que supondrían con la pureza angelical de la obra original, fueron unas de las principales causas de las desavenencias entre director y guionistas. Unas escenas duras, donde el personaje interpretado por Wayne apalearía al joven Potter con saña y sin miramientos. Algunos aspectos de esas escenas se han filtrado:

Se vería a Wayne pateando la cabeza de Potter mientras le espetaba cosas como “¡embarga esto, maledicente!” y "¡hazle una plusvalía a esto!" o pellizcándole un testículo al grito de “¡desgrava esto, rufián!”.

A Capra le horrorizaba este final, ya que iba en contra de todas sus convicciones católicas y de la esencia de la original, además de contradecir su espíritu, algo en lo que tenía toda la razón. Él abogaba porque el viaje al pasado supusiera una redención para el banquero, que el viaje al pasado fuera una misión que convenciera a Potter de que ese camino que llevaría no era el correcto, ya que esa transformación en el futuro sería mucho más enriquecedora y afín a sus valores y los de la cinta original. No era plan convertir al bueno de George Bailey en un exterminador cobardón asusta viejos, y que la alegría que transmitía “¡Qué bello es vivir!” pasara a ser un tétrico relato de violencia sádica.

Escenas muy violentas que Capra no estaba dispuesto a rodar, y aunque él tenía mucho poder en Hollywood, en la Meca del Cine los tiempos habían empezado a cambiar, causa de que la propia “¡Qué bello es vivir!” original no lograra el éxito esperado ya en su día, por lo que acabó renunciando a la idea de esta secuela.


Aunque las informaciones son contradictorias, confusas y muy escasas, hay algún rumor que suena con fuerza. Parece ser que la Universal habría tomado la delantera en el proyecto y, teniendo en cuenta que la trama incluye viajes en el tiempo, se habrían puesto en contacto con Christopher Lloyd, el mítico Doc de “Regreso al futuro” (Robert Zemeckis, 1985), porque habría contrastado su competencia en dichos viajes. Él interpretaría el papel de ángel que en la original correspondió a Henry Travers.



Sólo queda esperar y ver qué ocurre, aunque viendo cómo están los tiempos por Hollywood, supongo que no tardaremos en ver esta secuela en las pantallas.





martes, 1 de enero de 2013

LA NAVIDAD Y EL CINE







Me gusta la Navidad. Me encanta. Adoro la magia de estas fechas, todo lo que las rodea, lo que se celebra y cómo se celebra, la generosidad reinante, la ilusión, la atmósfera especial de los días más señalados como la Nochebuena, la Navidad, Fin de  año, Año nuevo… La magia del día más maravilloso del año. El de Reyes, su noche. No es nada raro, a la mayoría de la gente le pasa lo mismo, no hay más que ver cómo se ponen las calles y lo que hace la mayoría de familias. Son especiales, por eso el sentimiento y celebración de estos días se pasan de generación en generación.





Esto viene desde la infancia. Un sentimiento que los padres enseñan, hacen que sus pequeños disfruten y luego lo recuerden con cariño, más los alicientes que puedan ir trayendo los años. Las cenas especiales, los preparativos, las comidas familiares, los regalos, las fiestas… la mágica noche de Reyes. Vivencias personales e intransferibles grabadas desde la más tierna infancia y que, por ello, serán recuerdos imborrables.

Mis padres se preocuparon mucho de transmitir todo esto, por ejemplo la noche y día de Reyes siempre han sido, y son, absolutamente espectaculares. Más motivos para dar las gracias.


El nacimiento de Cristo es  lo verdaderamente importante, es la causa de estas celebraciones, una fiesta cristiana que acaba dotando de esa atmósfera especial a estas fechas, aunque en muchas ocasiones se olvide este imprescindible detalle.

Que la Navidad son días especiales es más que evidente, transmiten un sentimiento especial. Esto se demuestra, entre otras cosas, por el dolor que pueden llegar a transmitir estas fechas conforme crecemos, por el hecho de acordarnos de nuestros seres queridos, de los que no están con nosotros, aquellos con los que compartíamos las celebraciones y nos gustaría seguir compartiéndolas... Porque con ellos estas fechas especiales se hacían aún más inolvidables.

Pasa mucho cuando crecemos, cuando la vida avanza y se pierden cosas.



Otra cosa es ese desprecio a la Navidad que está de moda, el considerarla consumista, comercial… Es cierto que en algunos casos se olvida el verdadero mensaje navideño, pero la Navidad no es otra cosa que una gran celebración, de las mayores del cristianismo. En muchos casos estas críticas y ese disgusto por la Navidad corresponde a gente que ni siquiera es creyente y que pretende con ello lanzar un torpedo a la línea de flotación de la fiesta cristiana, gente que por supuesto, en muchos casos, no renunciará a las celebraciones ni regalos y que reivindicará a Papá Noel sobre los Reyes Magos. La hipocresía en suma. Parece como si molestase que la gente fuera feliz o estuviera alegre en esta celebración. Si la gente siente y quiere comprar uno o mil regalos para sus seres queridos, si quieren festejar con alegría estas fechas, no debería molestar a nadie, si alguien no quiere inmiscuirse en ese ambiente con no seguir esas tradiciones lo tiene fácil. Curiosamente no ocurrirá lo mismo con otras celebraciones donde se regalen o consuman cosas, carnavales, días señalados de todo tipo, vacaciones… Lo de siempre, el elemento cristiano clave. Críticas al consumismo de quita y pon. Por suerte no todas las críticas son sectarias.

Hay mucho cinismo en muchas de esas posturas.


La gente es muy libre de comprar más o menos cosas en Navidad o de no comprarlas, considerar que no es así es despreciarla condescendientemente. Por otro lado la Navidad son fechas de generosidad, sin sumar el día y la noche más mágica del año, la de los Reyes Magos. Me encanta salir a pasear por las calles abarrotadas en Navidad, ver cómo la gente deja por unas horas de mirarse el ombligo al que han estado dedicados durante gran parte del año ¡para comprarle regalos a los demás!, preocuparse por la talla de ese amigo o novio; el nombre del perfume que le gusta a la madre; el color preferido de corbatas del padre; el objeto más adecuado o que más le pueda gustar a ese pariente… o sentirse verdaderos Reyes Magos comprando los juguetes que los niños escribieron en sus cartas. Luego las colas cuando te tienen que cobrar algo me gustan menos, cierto es.

¿Qué tiene de malo que por unos días nos olvidemos de nosotros mismos y pensemos un poco en los demás, especialmente si es a regañadientes? Lo censurable es que no lo hagamos más veces y, además, tener en cuenta que ese ritmo es difícil mantenerlo todo el año y haría que dejará de ser algo especial. Mirar con cinismo la generosidad o la felicidad es, sencillamente, enfermizo.

Los puestos de castañas, las luces, el vaho, el frío, las bufandas, la decoración, los villancicos, el olor… Todo eso es especial, un poco de alivio para los avatares del año.

Las Navidades, en suma, son fechas para mostrar los mejores valores, los familiares, los generosos, los bondadosos y, en muchos casos, los sacrificados por esas reuniones familiares que no acaban de gustar… pero de felicidad e incluso de nostalgia.

El cine.

Como es lógico, una época tan significativa y especial tenía que ser retratada por el cine, intentando transmitir los sentimientos y significado de las fiestas, en otros casos para cuestionar moralmente comportamientos o explorar motivaciones sociales. Poner un espejo en nuestra actitud a lo largo del resto del año y señalar ideales de convivencia. Muchas obras maestras ha dado el cine navideño o ambientado en esta época.

Podríamos dividir en tres el tratamiento que el cine da a la Navidad.

1º. Las clásicas películas de Navidad. Ambientadas en ella, tratan los temas relacionados con los valores clásicos del cristianismo, apelando a la bondad y la generosidad. Emotivas e idealistas en muchos casos, sensibleras en otros, pero siempre buscando la emoción y el mensaje positivo. Estas son muy abundantes siempre. En el cine clásico era la mirada principal a la Navidad.




“¡Qué bello es vivir!” (1946), la obra maestra de Frank Capra, la película más representativa y memorable de la Navidad, con todos los valores católicos presentes, un recorrido vital sobre la belleza de la vida, la bondad, el sacrificio y el amor por los tuyos, encaja a la perfección en este punto. “La gran familia” (Fernando Palacios y Rafael J. Salvia, 1962), es la mejor representación patria en este sentido, buenos valores y el reencuentro con Chencho.  La muy divertida y exitosa “Historias de Navidad” (Bob Clark, 1983); “De ilusión también se vive” (George Seaton, 1947), cinta profundamente navideña, conmovedora, divertida y con el elemento mágico perfectamente integrado; las distintas adaptaciones de “Cuento de Navidad”, de Dickens, con “Los fantasmas atacan al jefe” (Richard Donner, 1988) entre ellas; la clásica “La cerillera”(Jean Renoir y Jean Tédesco, 1927), también adaptada varias veces del cuento de Hans Christian Andersen; ”La mujer del obispo” (Henry Coster, 1947), otra película clásica navideña con dos de los más elegantes actores que ha dado el cine, David Niven y un “angelical” Cary Grant, y donde el componente mágico y aspectos que recuerdan a “¡Qué bello es vivir!” están muy presentes; la exaltación del amor en la taquillera y coral “Love actually” (Richard Curtis, 2003); la cinta que lanzó a la fama a Macaulay CulkinSolo en casa” (Chris Columbus, 1990), una sencilla comedia que batió récords con muchas dosis de comedia y un protagonista que enamoró al público; otra apropiada fábula moral navideña con Nicolas Cage y Téa Leoni es “Family man” (Brett Ratner, 2000); la cinta de animación navideña de Zemeckis  Polar express” (Robert Zemeckis, 2004); la surrealista “Jack Frost” (Troy Miller, 1998), con un Michael Keaton convertido en muñeco de nieve como protagonista; la bellísima, emotiva y frankensteiniana “Eduardo Manostijeras” (Tim Burton, 1990), con un periplo similar al de Cristo además; “Feliz Navidad” (Christian Carion, 2005), una sorprendente historia basada en hechos reales en medio de la 1ª Guerra Mundial que reivindica los valores navideños de forma enternecedora…



2º. Películas ambientadas en la Navidad sin que ella sea importante. Hay muchas películas que se localizan temporalmente en las fechas navideñas, pero donde el tema navideño en sí no es importante en las mismas. Pretenden ambientar, dar un contraste o una vaga significación a la narración. La Navidad aquí es algo tangencial, poco o nada importante y si no te fijas, tras acabar la cinta lo olvidarás o pasará inadvertido.



Los amigos de Peter” (Kenneth Branagh, 1992), la magnífica cinta de Branagh sobre la amistad, con drama, comedia y gran banda sonora; el estupendo film negro “Blast of silence” (Allen Baron, 1961); comedias románticas como “Mientras dormías” (Jon Turteltaub, 1995); melodramas intensos como “Te volveré a ver” (William Dieterle y George Cukor, 1944); imprescindibles cintas de animación, de romanticismo inolvidable como “La dama y el vagabundo” (Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1955); “La cena de los acusados” (W. S. van Dyke, 1934), la mejor cinta de la saga sobre “El hombre delgado”; “Sibila” (Serge Bourguignon, 1962), una hermosísima historia sobre la trágica pureza del amor; una de las más indiscutibles cintas de acción, trepidante y entretenidísima, como es “La jungla de cristal” (John McTiernan, 1988), con el incombustible Bruce Willis; esa joya absoluta que es “Dublineses” (John Huston, 1987); más comedias famosas como “Cena de Navidad” (Peter Godfrey, 1945) o “Entre pillos anda el juego” (John Landis, 1983), una más que aceptable parábola moral…son algunos ejemplos.



3º. Películas que usan la Navidad como contraste irónico o crítico. Aquí la Navidad sí tiene importancia pero se usa para transgredir el uso habitual que se le da. Se pretende cuestionar los valores clásicos, dar un tono provocador, transgresor, distinto al positivo y “buenista” habitual. En unos casos quiere ser una crítica, en otros es un simple recurso estilístico o estético, ambientando, por ejemplo, géneros poco habituales en estas fechas (terror), usando elementos también poco relacionado con la Navidad (violencia, suciedad…), pero finalmente se acaban manteniendo los valores más tradicionales. De hecho ese uso atípico busca en muchas ocasiones presentar desde otro punto de vista los tradicionales valores navideños.

Obras maestras como “Plácido” (Luis García Berlanga, 1961) ejemplifican a la perfección lo referido. Una de las más grandes películas del cine español que retrata brillantemente la hipocresía que se da en muchas ocasiones y en muchas personas en tan entrañables fechas, así como examina lúcidamente los aspectos más mezquinos y oscuros del alma humana. Otras como “Pesadilla antes de Navidad” (Henry Selick, 1993), son buen ejemplo de transgresión de la estética y fundamentos clásicos del cine navideño. “El día de la bestia” (Álex de la Iglesia, 1995), pretende también trasgredir los elementos típicos navideños; la encantadora “Gremlins” (Joe Dante, 1984), que combina elementos de aventura, acción y estética gamberra y de terror de forma magistral; “El Grinch” (Ron Howard, 2000), con Jim Carrey y su personaje que odia la Navidad; comedias que parodian de forma respetuosa y entrañable iconos navideños para acabar reivindicando sus valores como “¡Vaya Santa Claus!” (John Pasquin, 1994) o “Bad Santa” (Terry Zwigoff, 2003); cintas terroríficas como “Navidades negras” (Bob Clark, 1974)…


Aparte de todo esto siempre hay que señalar las numerosas películas sobre el nacimiento de Jesús, sobre el origen de todo, como es lógico.

La bondad, la familia, el sacrificio, la redención, la recuperación tras tocar fondo, el elemento mágico o milagroso… la sensiblería también en muchos casos… son componentes recurrentes al cine navideño clásico, un cine que pretende transmitir toda esa sensación de alegría, emotividad y sentimientos puros de las señaladas fechas. Cine alegre, positivo.

La mayoría de series han tocado el tema o han dedicado episodios especiales a la navidad cada temporada, clásicos son los de Los Simpson, entre innumerables ejemplos. Recuerdo un capítulo navideño de Expediente X, un capítulo que reflexionaba sobre la soledad, con casa encantada de fondo, y en ese espíritu transgresor del tercer punto señalado, quizá el más sangriento de toda la serie.

Apetece fundirse en estas épocas, junto a los seres queridos, en días de nieve, lluvia o frío, ante algunas de estas películas, regocijarse con buenos valores, divertirse y congraciarse con el ser humano. Disfrutar de buena compañía, una buena manta o calefacción, el cariño de los tuyos y algo rico para picar. Estas fechas navideñas parecen pedirlo cuando no estamos de compras o buscando algún regalo adecuado. Son fechas que pueden ser una buena cura para el alma. Aprovéchenla con una mirada positiva a lo que nos ofrecen.

¡Feliz Navidad!

domingo, 1 de enero de 2012

Crítica: ¡QUÉ BELLO ES VIVIR! (1946) -Última Parte-

FRANK CAPRA








La muerte y la idea del suicidio es un tema socorrido de Capra, una idea que manifiesta una sociedad podrida y sin principios que impulsa a ello, desde el intento de Juan Nadie al de George Bailey, por motivos distintos, pero también “el suicidio generoso”, que dirían algunos progres, de las abuelitas de “Arsénico por compasión” (1944). Una sociedad que parece impulsar a ello o que los demás lo vean como la mejor opción para sus prójimos. En todas las películas donde sale este tema Capra pone como solución, como única salida, agarrarse a los valores tradicionales, a la honestidad, la familia, el amor, la sinceridad… Supongo que teniendo esto en cuenta se entiende más que se le tachara de facha, o retrogrado, pero la realidad es que es auténtico y ahora, incluso, políticamente incorrecto. Las tres películas mencionadas van seguidas en su filmografía, salvando algunos documentales patrióticos entremedias.

Pottersville es una especie de retrato del infierno, el mundo sin George Bailey, un mundo tosco, desagradable, violento, arisco, sin valores, comandado por el demonio, Potter, que de algún modo su maniqueo personaje, cobra sentido aquí.

Esta idea del mundo alternativo es una defensa a ultranza del individuo, como siempre en Capra, una concepción que va mucho más allá de la idea social o comunitaria que se ha querido vender, el retrato solidario. La clave es el individuo, el individuo competente, generoso, bueno… el infierno puede llegar por la falta de una simple persona, de un individuo, la medida de todo. Un infierno que llega y que George cambió con su sola presencia y sacrificio.
En el bar al que van George y Clarence se mencionará la ya mítica idea de que cada sonido de campanas significa que un ángel ha logrado las alas. Clarence, por supuesto, es tomado por loco, poniendo Capra sobre la mesa la idea de la locura y la santidad. En este bar veremos al señor Gower, el jefe de George cuando era niño, y todo el trabajo de antelación del guión empieza a funcionar como un reloj. George no estuvo para evitar el envenenamiento del niño y el droguero estuvo 20 años en la cárcel por ello, ahora vive borracho mendigando. Nick, el dueño del bar, no conoce a George, y los pétalos de Susie no están en el pantalón de su padre, donde debían estar como vimos. Además el coche con el que chocó ha desaparecido y el dueño de la casa no recuerda tal suceso.

George decide comprobar, solo, cómo está el pueblo y sale huyendo. Una vez más expresivos travelling, tanto sobre él, como sobre las calles repletas de neones y música jazz, muestran su turbación e incomprensión ante lo que sucede, y aumenta su paulatino pánico y desesperación por lo que ve. Un travelling con una espectacular grúa.








George carece de personalidad, de documentos que acrediten su “existencia”, una vez más surge la importancia del individuo diferenciado y único respecto del resto de individuos, la idea de que la sociedad es un término difuso, ya que ésta no puede ser un ente en sí mismo, sino que consiste en la suma de individuos totalmente distintos unos de otros. Eliminar esa idea (comunismos, socialismos…), es eliminar nuestra propia esencia, la naturaleza misma del ser humano.
Clarence es un personaje absolutamente entrañable y sus pequeños diálogos con el invisible San José de una naturalidad y humor encantadores. “No, no he bebido nada.”
En esta fase se coquetea claramente con la estática del cine de terror, un cuento pesadillesco, de cierto aire kafkiano en la incomprensión que transmite James Stewart sobre lo que le acontece, sumido en un absurdo que escapa a su sentido común.
El viaje de George le conduce a su casa en la calle Sycamore donde descubre que su acogedor hogar ha tornado en casa del terror de estética expresionista.

He mencionado varias veces la importancia de los primeros planos y el magistral uso que Capra hace de ellos, pero de todos, el más impactante es el que nos muestra la cara de James Stewart después de hablar con su madre y que ésta no le reconociera. Una carrera hacia la cámara, casi hasta tocarse con ella, su mirada haciendo una panorámica a su alrededor, hasta mirar cara a cara a la propia cámara, rompiendo la cuarta pared una vez más, y su rostro descompuesto por el pánico y la incomprensión. Ahora sí cree haberlo perdido todo.
La labor de anticipación creada durante toda la cinta sigue su función a la hora de presentar el mundo alternativo sin George, así, su tío Billy está internado en un manicomio tras cerrar el banco, su hermano murió en el hielo el día que cayó y George le salvó, al no estar éste allí para hacerlo no pudo evitar la tragedia. Por supuesto su oído funciona perfectamente. Su madre amargada y sin reconocerle, su mujer una solterona. Este último aspecto puede ser cuestionable, ya que Donna Reed es una mujer atractiva que podría encontrar otro marido, como en algún momento dice el propio George, pero el hecho de ser solterona debemos verlo como una definición de su personaje, como la idea de ser también una mujer de principios que si no logra enamorarse no se compromete, que estaba predestinada a George y sin estar él su matrimonio con cualquier otro no tendría sentido.

Violet es una mujer de mala reputación en este mundo alternativo. De alguna manera Violet es una chica a la que le encanta provocar y estar rodeada de chicos, como la Escarlata O’Hara de “Lo que el viendo se llevó” (Victor Fleming, 1939), pero que sólo quiere a quien no puede tener, o sea a George, él actúa como moderador de su carácter pasional, su ayuda y figura la mantienen centrada, al desaparecer él, su figura y jerarquía moral, el sentirse valorada, pierde toda consideración por sí misma.
Cuando después de todo esto George alcanza la lucidez se da cuenta de lo que tenía y no acabó de valorar sumido en sus sueños, percatándose de que había cumplido otros aún mejores sin darse cuenta, vuelve al puente de su frustrado intento de suicidio y pide ayuda a Clarence, su canto de vida. Por supuesto nuestro entrañable Clarence no le negará una cosa así. Deseo concedido. Ipso facto.

El detallismo de Capra es absoluto y se dedica a reconstruir todos los cambios que había realizado, ahora los amigos de George le vuelven a reconocer, su labio vuelve a sangrar, lo que le produce gran felicidad, el coche chocó en el sitio que vimos, los pétalos de Susie están en su pantalón, se abraza en su reencuentro con sus hijos con entusiasmo y hasta el adorno de la escalera que siempre está suelto y tanto le frustraba ahora es besado con ganas. Por supuesto Capra no nos hurtará un nuevo travelling por el pueblo, un travelling entusiasta y alegre, lleno de vitalidad, alegría y ganas de vivir, con la nieve purificadora y los andares infantiles, que recuerdan a los del comienzo de la película, del grandioso James Stewart o su alter ego George Bailey.

Un final no tan feliz.
La exacerbada felicidad del clímax final, con el pueblo ayudando a George, las campanas del árbol de Navidad sonando para indicar que Clarence ha conseguido sus alas después de 200 años, el dinero que prestan todos que excede con generosidad los 8000 dólares que perdió el tío Billy, sobre todo gracias a la donación de 25.000 que hace Sam, el ex novio de Mary (memorable el gesto y la mirada de James Stewart al oír la noticia de esa donación), la llegada de Harry, su hermano, ha sido la causa de los comentarios y acusaciones de sensiblería a la película, ya que como hemos visto hasta llegar aquí no ha habido ni rastro de semejante afirmación. Este final que, ciertamente, es de una euforia, alegría, emotividad y vitalidad contagiosa, y que logra desparramar lágrimas a tutiplén en el espectador, es sólo una manera de camuflar, compensar o distraer el trasfondo y sufrimiento de la historia que hemos vivido, una historia de sueños rotos, decepciones, frustraciones, pérdidas, desesperación, intentos de suicidio… George Bailey al final entiende que lo que tiene es riqueza, riqueza interior y lo que logra en ese final es una victoria íntima, personal, aunque definitiva para él en la consecución de su madurez, de su lucidez. Pero el hecho es que nada cambia con ese final. La generosidad del pueblo lo que evita es que George vaya a la cárcel, algo que era injusto, y su posible suicidio, que como le muestra Clarence no solucionaba nada y suponía una incomprensión absoluta del regalo de la vida y lo que hacemos con ella, de lo que él mismo hizo con ella.



La situación es que George se queda como está de forma funcional, aunque más maduro y rico por dentro, pero Potter seguirá siendo una amenaza y teniendo el mismo poder, el peligro monopolístico que supone sigue tan fuerte como al principio, nadie vence a Potter. En su triunfal paseo por el pueblo George saluda a Potter, que le dedica unas frases de desprecio ante lo que cree será su encarcelamiento en poco tiempo, pero en el clímax final, inteligentemente, Capra nos omite su presencia, no hay un plano corto de un Potter frustrado, o decepcionado, no puede haberlo, sólo ha sido un plan que salió mal pero su posición no queda mermada para nada.
A este desolador panorama debemos añadir como se produce la epifanía de George Bailey. La desesperación y la situación de George le lleva a plantearse el suicidio, que es muy posible que cometiera, de hecho por los que comentan San José y el propio Dios sobre el caso parece seguro que lo hará, pero George tiene la suerte de la intervención divina que evita el fatal acontecimiento. No todo el mundo tiene esa suerte, tiene que ser el propio Dios el que intervenga para tornar el destino fatal de los acontecimientos.
Un punto interesante es que la idea esencial no es el dinero sino que George tenga su epifanía y alcance su madurez, que se dé cuenta de lo verdaderamente importante y del regalo de la vida. Es por esto por lo que Clarence no viene con los 8000 dólares bajo el brazo, sino que le hará sufrir una catarsis mostrándole el mundo paralelo sin su presencia.
Capra es positivo, optimista, alegre y en esta cinta además el milagro, lo católico, lo cristiano siempre estará presente como parte fundamental de todo.
Desde luego George sembró y tendrá su victoria íntima, el cumplimiento de sueños inconscientes, y nos reconforta a todos porque por esa victoria vemos que priman los valores y principios auténticos, que todos predicamos y pocos llevan a cabo, pero que nos gusta comprobar que siguen vigentes y te puedes agarrar a ellos. Un aprendizaje para George Bailey y todos los espectadores que harán bien en seguir su camino para lograr esas victorias íntimas, verdaderas y auténticas.




Dedicada a JuanchoFurquet, si es que ha llegado hasta aquí. Dedicada a mi prima Nora, por todo y más. Dedicada a Cisco, para una buena entrada de año.


Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la 3ª Parte del análisis.