miércoles, 22 de febrero de 2012

Crítica: WAR HORSE (CABALLO DE BATALLA) (2011) -Parte 1/2-

STEVEN SPIELBERG
























Charles Dickens ha sido cuestionado por muchos, incluidos no pocos ilustres contemporáneos suyos, por considerar que su estilo e historias pecaban de exceso de sentimentalismo. En la actualidad a Steven Spielberg no pocos le han acusado de lo mismo. El hecho es que tanto Dickens como Spielberg han triunfado y cada obra suya es una auténtica gozada que muestra un talento excepcional en las distintas especialidades que abordaron, uno la literatura otro el cine. “Caballo de batalla” no es la mejor película de Spielberg, ni de las mejores si quiera, pero vuelve a triunfar de forma indiscutible a nivel artístico y comercial.

¿Veremos algún día a Spielberg adaptar a Dickens? Ojalá.

War horse” cuenta una historia épica, grandiosa, conmovedora, bigger than life, ambientada en las fechas anteriores a la 1ª Guerra Mundial y durante la misma, una guerra que no ha tenido para el cine el mismo interés que la segunda. Emotiva, emocionante, desbordante, asombrosa visualmente, tanto que podrías verla hipnotizado sin atender a la trama o prescindiendo de los diálogos, es de una belleza formal increíble y, sobre todo, profundamente clásica.

El legado de John Ford, Howard Hawks o Anthony Mann está aquí.

La mirada de Spielberg en esta cinta es la mirada de “E.T. El extraterrestre” (1982), pero en el contexto de una guerra mundial, ante lo que no se escatima el aspecto épico a lo “Salvar al soldado Ryan” (1998), guardando las distancias. Una película de aúna todas las cualidades de un cineasta al que gusta mostrar y demostrar más que verbalizar. Talento visual perfecto y mayúsculo.

Como en E.T., o “Amistad” (1997), el protagonista será una figura metafórica, alegórica. El caballo, como nos dicen reiteradas veces en la película, no es un simple caballo, y si no se capta esto la película puede parecer ñoña o ridícula en ocasiones, por eso es importante hacer hincapié en una idea que eleva la cinta a cotas emocionales desbordantes, quizá no tanto como la del amigo extraterrestre, pero en cualquier caso capaces de conmover al más duro.


Si en "E.T. El extraterrestre" éste simbolizaba la infancia y la inocencia, el caballo de la presente obra personifica al valor y el coraje, pero sobre todo la idea de compromiso y fidelidad familiar, en definitiva siempre los aspectos más positivos y a salvaguardar de las personas. Se podría decir que el caballo abarca a la familia, y todo lo que ella representa y obliga. Una idea siempre mística, divina, así la película empezará, como si  de “El resplandor” (Stanley Kubrick, 1980) se tratara, con unos bellísimos planos aéreos, pero la maligna presencia de la cinta de Kubrick aquí es lo contrario, es un Dios que busca un lugar donde dejar una señal, un nacimiento, en concreto de nuestro caballo protagonista.


Spielberg muestra ya de inicio con esos planos el carácter casi divino, y milagroso, como también definirán al animal, del personaje que vertebrará la película.

La fortaleza del caballo recién nacido será observada por la típica mirada fascinada de un niño spielbergiana, la fascinación que no cesa de un cineasta irrepetible que conserva intacto su espíritu infantil, captando todos los matices de esa edad. El momento en el que el caballo nace no lo veremos, en plano, será reflejado en un suave gesto del protagonista, Albert Narracott (Jeremy Irvine).


Sin palabras llegará el vínculo entre el caballo y Albert, como no, una mirada. Un lazo completamente sellado, casi como un pacto de sangre, la fidelidad a la familia consagrada. Spielberg es, sin duda, uno de los más grandes cineastas en retratar los vínculos invisibles entre personas o personajes. Una mirada, un vínculo, igual que en E.T.

También como en E.T. nuestro protagonista tentará a la criatura con comida, los m&ms de la primera aquí se convierten en una manzana, pero si en aquella E.T. aceptaba, aquí el caballo, aunque le demuestra su interés, respetará la voluntad de su madre. La fidelidad familiar.

Spielberg plantea un buen número de sus películas con la estructura de búsqueda, como bien señala Santiago Navajas: “Tiburón” (1975), “Las aventuras de Tintín” (2011), “E.T. El extraterrestre” (busca volver a casa), “La guerra de los mundos” (2005) (Cruise busca reunir a sus hijos con su madre), todos los Indiana Jones, por motivos obvios… Aquí el caballo jamás busca a ninguno de los personajes, son los personajes los que necesitan al caballo, la gran mayoría se lo encuentran y no lo quieren abandonar y sólo uno, el legítimo dueño, el más necesitado, lo buscará. Es por ello que tiene tanta importancia la escena en la que el caballo queda solo y desamparado, acabando una frenética huida en tierra de nadie, en medio de una batalla, herido con multitud de alambres.

Si en E.T., Elliot se asustaba a la par que se fascinaba, Albert se fascinará sin matices.

El famoso primer plano de Spielberg, con ese travelling que se acerca al rostro realzando el sentimiento de sorpresa, preocupación, tensión, fascinación, interés, miedo... en ligero contrapicado, o en ligero picado, es una marca imprescindible en su cine y aquí la veremos en no pocas ocasiones. Por ejemplo en el chaval viendo a los dos caballos juguetear. La identificación absoluta con el espectador. Son muchos y siempre brillantes los recursos estilísticos de Spielberg, como he comentado en otras críticas.

Todo esto sin palabras hasta llegar a la subasta. Cuando llevan al caballo a dicha subasta lo separarán de su madre, él se despedirá, pero el sentimiento familiar siempre será conservado, a través de sus distintos dueños. Emotiva despedida de los dos animales.

El padre de Albert, Ted Narracott (Peter Mullan), sentirá la fascinación, ese algo inexplicable que le llevará a cometer una absurdez. Las absurdeces en los actos de los personajes son habituales en la cinta, de ahí insistir en el componente alegórico que representa el animal. Se fascinará como el hijo con el animal y dará rienda suelta a su orgullo derrochando dinero para comprarlo. Lo necesita, y ese animal es el vehículo que esa familia en concreto disfrutará para su absoluta comprensión.

El padre es impulsivo e inmaduro, en cambio la madre es responsable y visceral, la incomunicación lleva a cierta incomprensión, sobre todo del hijo hacia el padre. El caballo es la solución y Spielberg el guía. Spielberg resolverá los conflictos con grandes aventuras. No resuelvas tus problemas hablando, las palabras se las lleva el viento, resuélvelos viviendo una epopeya, una aventura.

La madre tendrá un plano de introspección junto a un ganso, este animal se relacionará con la madre y su carácter en todo momento. Así el ganso será recriminatorio con el padre cuando va a beber o con los que pretenden quitarles la granja, y mirará fascinado la relación de Albert con el caballo cuando el chaval ponga el arnés al animal. La madre, Rose Narracott (Emily Watson), es una madre puramente fordiana.


Otro detalle sobre el carácter alegórico de ese caballo, que es cualquier cosa menos un caballo, es la doma, una vez más la ilógica se impone y Albert domará al caballo hablándole como a una persona y éste le entenderá siempre, sin problemas.

La llamada de Albert al caballo, Joey, será un eco, como en el buen cine, que será importante en el futuro, emocionalmente sobre todo.

La posible pérdida de la granja si no logran cosechar, ante la presión de esa especie de señor Scrooge dickensiano, una vez más, que es Lyons (David Thewlis), frustra al padre de tal manera que quiere deshacerse del caballo en un nuevo arrebato impetuoso, Albert lo domará igual que al caballo.

Spielberg ha cogido el gusto a las transiciones virtuosas, de las cuales tuvimos varios ejemplos en “Tintín”, aquí el trabajo de costura de la madre se fundirá con el trabajo con el arado del caballo y su hijo.


La ilimitada capacidad de Spielberg para la épica, la emoción, lo conmovedor, es asombrosa, inabordable. Las humillaciones de Lyons al padre de Albert, la forma de regular el tempo y los sentimientos, la puesta en escena y el poderío visual, una magia intangible sólo al alcance de los más grandes. Todo eso y más lo  tendremos en la emocionantísima escena del arado con el hijo y su caballo Joey dándolo todo por salvar la granja de sus padres. Del luminoso y fracasado inicio del trabajo a la mágica y exitosa conclusión bajo una copiosa, y bella, lluvia. Una escena rubricada con los imprescindibles primeros planos spielbergianos que transmiten toda la satisfacción, ilusión, emoción y asombro de los padres del chico. Me encantan especialmente los que coge en diagonal muy cerca del rostro en ligero contrapicado y encuadrados en un lateral del plano.

 
 














Esto añadido a que la inspiración de ese otro genio que es John Williams no acaba nunca, pues redondea momentos antológicos.
 
Después del sacrificio vienen las recriminaciones familiares, incomprensiones y la falta de comunicación, todo englobado en un objeto, el pañuelo de la compañía en la que sirvió el padre que recorrerá nuevamente otra guerra. Un objeto importante y simbólico que representará una cosa al inicio y otra al final del viaje.

Joey sólo tendrá un miedo. Saltar.

Las desavenencias familiares desembocarán en una tempestad, de la tempestad épica de los logros de Albert y Joey a la tempestad destructora de los sueños de la familia. Nuevo primer plano a lo Spielberg de Peter Mullan, ahora mostrando toda la desesperación.


Con la cosecha destruida la venta del caballo se hace imprescindible aprovechando el reclutamiento masivo de estos animales para servir en la guerra.

Nueva despedida del caballo, esta vez de Albert. Ahora será de un oficial (Tom Hiddleston) que promete devolvérselo. También Albert hará una promesa a Joey, con el regalo del pañuelo de su padre incluido.


Es un caballo no un perro”.

Transcurridos tres cuartos de hora termina esta primera parte de película de profundo estilo fordiano.



 







17 comentarios:

  1. Hoy mismo me hablaban de esta película....

    Pero desde luego, y pese al entusiasmo con el que lo han hecho, tras leer esta primera parte, creo que gran parte del contenido, de los símbolos q tan bien explicas, no se han percibido...mañana le pongo tu blog...

    Lo que más me gusta es cómo describes la vinculación de chico/caballo, y la palabra fascinación, que ejerce mucha atracción en mí...

    Esperando la segunda parte, gracias por tu trabajo, querido sensei!

    Un beso,

    R

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias Reina, pues sí, Spielberg es la fascinación de la mirada, siempre está presente. Una palabra cojonuda. Ya me contarás si la ves, y ya sabes, hay hacer quiniela de los Oscar

    ResponderEliminar
  3. En primer lugar, felicidades por el blog. Acababa de ver esta película y buscaba opiniones sobre ella. Mira tú por dónde que me he topado con esta página.

    Aún no he leído todas las críticas pero me encanta sobremanera cómo hablas de los encuadres y los introduces estructuralmente en el film. Pocas páginas hacen eso y estaría bien que lo potenciaras porque es muy interesante. De hecho, tras leer tu crítica, la película acabó gustándome mucho más. Spielberg es un director muy visual. Yo casi lo considero un hijo ilegítimo de Capra pues comparten muchos rasgos estilísticos.

    Así que nada, soy un nuevo fan de esta página.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bienvenido José, muchísimas gracias por tus palabras, son un honor. La verdad es que esas cosas que citas son el propósito de la página de alguna forma, ir un poco más allá y tratar de explicar esas cosillas, así que el hecho de que las aprecies es un orgullo.

      Sé que la película ha sido criticada por sensiblera y estas cosas, algo que ha perseguido a Spielberg, pero vuelve a ser un gran trabajo, porque como dices el talento visual le sale por todos lados.

      Me ha encantado la expresión "hijo ilegítimo de Capra" referida a Spielberg, un acierto total. Si me permites la haré mia a partir de ahora.

      Un saludo y muy honrado.

      Eliminar
  4. Respuestas
    1. José tienes una segunda parte del análisis de esta película, por si no lo has visto.

      Eliminar
    2. Claro que lo he visto. De hecho, ya tenías mi admiración pero al descubrir cuánto aprecias E.T. no he podido reprimir una reverencia virtual hacia ti. Un verdadero placer leerte

      Eliminar
    3. Hola José, es que es una joya sin parangón, lo que hace Spielberg ahí es pura magia!! Muchísimas gracias por tus palabras

      Eliminar
    4. Ya que hablamos de E.T. tengo interés en saber tu crítica de "La Guerra de los Mundos".

      Visualmente me gusta mucho, aunque hay cosas que me gustaría arrojarle luz. Por ejemplo, un plano en concreto del cual no entiendo bien qué quiere expresar Spielberg y que se repite al menos tres veces (el protagonista mirando a través de un cristal roto).

      Eliminar
    5. Hola José. No tengo crítica de esa, debo decir que me gustó, aunque tuvo mala prensa. Lo peor de la peli es la historia familiar o más concretamente la del niño mayor, ya que la familia siempre está presente en Spielberg. Los planos que citas tendré que comprobarlo para ver que sentido llevan, aunque ya me has metido el gusanillo jajaja.

      Eliminar
  5. Te los sitúo. El primero aparece justo después de que Ray Ferrier (Tom Cruise) rompa de un pelotazo la ventana de su casa jugando al béisbol. Otro, en un momento en el que el mismo personaje ve a su hija siendo acosada por un trípode desde dentro de un coche.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es probable que tenga que ver con la desestructuración familiar y su paulatina recomposición, pero habría que verla entera para ver los detalles.

      Eliminar
    2. Esperaré ansioso ese ánalisis el día que te apetezca hacerlo. :)

      Eliminar
    3. A ver qué tal queda y si damos con las claves jiji

      Eliminar