domingo, 4 de marzo de 2012

Crítica: TWO LOVERS (2008)

JAMES GRAY







Drama de altos vuelos, de sobresalientes interpretaciones, en especial del protagonista Joaquin Phoenix, que es a través de quien vemos toda la película. Una notable cinta que se estrena aquí con retraso ya que es de 2008.

Una historia de soledades y personalidades complejas, de personajes densos y profundos y algunos sumidos en la angustia vital. Personajes que se agarran en algunos casos a, lo que creen, las últimas oportunidades pero no renuncian a nada aunque esa elección no sea la más afortunada. Un drama de personajes, soledad, complejidad y profundidad, un drama y unas personas en el límite de la desesperación, inestables y cambiantes, al menos dos de ellos, los interpretados por Gwyneth Paltrow y Joaquin Phoenix.


Leonard (Phoenix), ha intentado suicidarse varias veces, es sumamente inestable y tiene a su familia preocupada. Sus padres planean buscarle una novia y para ello le presentan a una joven que mostró interés por él, de buena familia, una chica encantadora, sensible y honesta, Sandra (Vinessa Shaw), pero él conoce por su cuenta a otra (Paltrow), divertida, imprevisible y complicada, lo contrario. Una rubia y otra morena.

Leonard siente enseguida más afinidad con respecto a Michelle (Paltrow), quizá como oposición a sus padres y también por cierta identificación con su inestabilidad y sus problemas acuciantes que va notando. Analizando un poco parece que es más por atracción inicial que rebelión contra sus padres, ya que muestra un especial interés en ella desde el principio.

Leonard casi en ningún momento es honesto, sólo dice la verdad si no le involucra o cree que no le va a perjudicar, si puede sacar un beneficio o algo parecido mentirá en todo momento. Nunca parece sentirse a gusto en ningún lado, todo lo que hace en sociedad es impostado, como si para funcionar tuviera que actuar, como en la escena donde se va de fiesta con Michelle y sus amigas.


James Gray rueda con unos tonos azulados, grises y apagados que transmiten frialdad, algo muy efectivo al estar la narración centrada en el punto de vista de Leonard en casi todo momento. Un personaje frío pero que a la vez sufre por dentro. Incapaz de mostrarse como es, inseguro, que debe  fingir ser otro o de otra manera en  la creencia de que así será mejor aceptado, aunque no reaccione precisamente ante la chica que se muestra más comprensiva con él. En cualquier caso siempre da una imagen calculada de sí mismo. La película tiene una gran fotografía.


Vemos personajes que nadan en la infelicidad pero que no se conforman con ella, que se agarran a lo que les da una apariencia de bien estar, son capaces de "arriesgarse" tan solo cuando no ven otra opción, pero si no prefieren la seguridad de lo “menos malo”. Esto último sobre todo se refiere a los dos personajes centrales, Leonard y Michelle.

Esos tonos usados por el director no sólo transmiten la frialdad mencionada sino depresión, decaimiento, tristeza… Una película que contiene mucho desgarro y donde hay vencedores, vencidos y meros supervivientes, personajes heridos que seguirán así y otros que acaban aceptando una vida que aunque no deseada al menos es soportable. Todo ello está tratado con desnudez y un, como comenté, desgarro interior que se lleva a nivel individual y que quizá, sólo alcance a entender esa madre interpretada por Isabella Rossellini. Ella es la testigo silenciosa que es consciente de lo que le ocurre a su hijo y su conflicto interior, un personaje que ve impotente cómo no puede hacer nada para que su hijo sea feliz salvo dejándolo ir y que vive esperanzada su vuelta.


Me llama la atención especialmente la estructura en cadena que tiene la película con respecto a los personajes, como si no lograrán sobrevivir solos y subsistiesen agarrándose unos a otros.

Así el personaje de Sandra será la única que no tendrá en un principio caída posible si fuera rechazada, es ninguneada por Leonard y un segundo plato clarísimo a pesar de que dice que tiene muchos pretendientes, su colchón es que es totalmente estable. Ella se agarra a Leonard, que la rechaza en realidad porque él a su vez se agarra a Michelle, que rechaza a éste como pareja porque ella se agarra de esa forma a un hombre casado. Ese hombre casado no la da tranquilidad porque no acaba de dejar a su mujer. Así Michelle sirve de colchón al marido interpretado por  Elias Koteas, Leonard sirve de colchón en caso de fracaso a Michelle y Sandra sirve de lo mismo a Leonard. Esta estructura se mantiene hasta que el personaje de Elias Koteas decide no usar más de colchón a Michelle y estar con ella de forma definitiva dejando a su mujer. Esto provoca un terremoto en toda la cadena, Leonard que era usado por Michelle como paño de lágrimas se queda sin su sueño y se ve abocado a usar su colchón con Sandra y ésta, que ajena a todo lo que ocurre parecía quedarse sola, acaba siendo la gran triunfadora, pero una triunfadora en la inconsciencia. Sandra persigue a Leonard que persigue  Michelle que persigue a Ron (Elias Koteas).


Michelle tiene lo que quiere, Sandra tiene lo que quiere, pero Leonard  sólo tiene el segundo plato.
Una interesante reflexión sobre el riesgo o la seguridad, sobre la inestabilidad o improbabilidad y la comodidad, Leonard es el único que está dispuesto al riesgo anteponiéndolo a la opción segura y por supuesto es el que se da el mayor batacazo. Sandra ve en Leonard su mejor opción y no hay otras seguras, Michelle cede a la comodidad y premia el riesgo que también toma Ronald cuando deja a su mujer. Una reflexión sobre la dependencia, sobre la necesidad del otro, sobre dejar en manos de los demás nuestra propia felicidad.

Gray combina muy bien o contrasta acertadamente ambientes incómodos, lluviosos, fríos, con otros que sin perder ese tono triste y gélido son más confortables, como algunos momentos en casa de Leonard con Sandra o en su propia habitación, el refugio del protagonista.


El jersey de Sandra en la primera escena se confunde con muebles del decorado, resaltando su carácter discreto, pacífico, tranquilo. Es marrón. Michelle en su primera aparición aparece de negro en contraste con las paredes blancas donde se enmarca. Posteriormente la veremos introducirse en un coche negro que como su abrigo del mismo color indica su total integración en ese mundo laboral, el símbolo de la comodidad a la que se ha entregado y entregará finalmente, se homogenizan los colores. En esa vida ella parece estar más cómoda y sus actitudes rebeldes e independientes parecen una forma de evasión. Michelle va siempre de negro si exceptuamos cuando está en su casa que lleva alguna camiseta de color rosa o anaranjado. Todos son muy sobrios, el que más se sale de esa tendencia es el propio Leonard, como por otro lado es normal.



Toda la relación con Michelle, y sobre todo los momentos más culminantes de la misma, están rodados en sitios que parecen clandestinos, ocultos, opuestos a lo que sería la comodidad de un hogar o un lugar para ellos, se conocen en el rellano de la casa, hablan a través de las ventanas de sus habitaciones que dan a un patio interior, se encuentran en la azotea del edificio y allí tiene su relación sexual, tienen otra conversación fuera de una discoteca e incluso caminando por la calle. Su relación se rompe en el patio interior de la casa. Contrasta con la relación con Sandra que siempre es en interiores cómodos, confortables, cotidianos, así mantendrán su relación sexual en la habitación de Leonard, que es su refugio.












En ocasiones los escenarios se muestran opresivos, fríos y producen cierta claustrofobia que sirven muy bien para mostrar o subrayar los sentimientos de Leonard.


Escenas íntimas muy bien filmadas, con un tono lento y pausado realmente intenso, como la escena de sexo entre Sandra y Leonard y la panorámica una vez ésta sale de la habitación hacia la ventana siguiendo la mirada del protagonista como colofón, o también la relación entre Michelle y el propio Leonard. Destacable también la escena, casi de suspense, donde Leonard escondido tras una puerta escucha la conversación entre Ronald y Michelle.


En la parte final un simple objeto, unos guantes, cambian las perspectivas de suicidio de Leonard, unos guantes que simbolizan el amor y la preocupación, el detallismo de una persona que quiere a otra y por extensión el símbolo de lo que es sentirse querido. Un objeto que alivia un llanto y hace comprender muchas cosas.


El epílogo con la reconciliación y total asunción de sí mismo de Leonard sin apenas palabras es muy bueno también, un ejemplo de la extraordinaria, sobria y pausada dirección de Gray. Esa mirada a cámara final es escalofriante. No es en absoluto un final conservador, que no sería nada malo por otra parte, es un final cruel y frío.

Es ahí donde quizá la película tiene el mayor problema, la escasa afinidad que se acaba sintiendo, especialmente, por el personaje protagonista, que es al que seguimos en todo momento, una víctima por la que no llegamos a sentir compasión pero también una especie de verdugo por quien se puede llegar a sentir cierta repulsión. Un conflicto de sentimientos que deambulan en una excesiva frialdad.

Las interpretaciones, como comenté, son estupendas pero es necesario volver a destacar el trabajo maravilloso de Joaquin Phoenix, simplemente magnífico.

Two lovers” es la mejor película, hasta la fecha, de James Gray en un género complicado, un drama romántico de contenido desgarro que evita en todo momento caer en la sensiblería y la lágrima fácil, un drama que conmueve pero en el que esas lágrimas se congelan antes si quiera de salir.



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