jueves, 1 de diciembre de 2016

BON JOVI: This House Is Not For Sale (2016)










El que busque Hard Rock, el estilo ochentero del grupo, riffs poderosos, coros grandilocuentes, sentimiento exacerbado y rockero en los temas duros y las baladas, así como en general las demás características clásicas de Bon Jovi, que deje de leer ahora y prescinda de la escucha del disco.

Y una vez eliminados los radicales y sectarios, pongámonos manos a la obra en el análisis del nuevo disco de una de las más grandes bandas de Rock de todos los tiempos.

Catalogué al “What About Now” de 2013 como el peor álbum de Bon Jovi, el último con un hastiado y casi desaparecido Richie Sambora, en lo que era una evidente pista sobre lo que bullía dentro de la banda y la postura del guitarrista ante la deriva del grupo.



Pues bien, este nuevo trabajo, ya sin el talentoso y excepcional guitarrista, está al mismo nivel que aquel, dejando al gusto personal cual es más flojo.


Hay, quizá, una mayor cohesión, una mayor regularidad en el nivel general de este álbum, siendo además un disco más alegre, que mantiene más constante su estilo Pop-Rock, que en “What About Now”, que tenía más altibajos y que quedaba perjudicado por una serie de bonus extra en su versión de lujo lentas y acústicas que lo hacían más aburrido. Pero también es cierto que los puntos álgidos de aquel son superiores a los de este nuevo trabajo. Himnos más que dignos y un estilo que insinuaba una senda que con elaboración, rodaje y madurez podía marcar los pasos a seguir por la banda, cosa que no se ha confirmado con esta nueva entrega, donde aquello sólo se atisba ocasionalmente. Estilísticamente es mucho más deslavazado aún que aquel. Un disco desconcertante y preocupante que deja a la banda en tierra de nadie, como si no supiera definir hacia dónde va.




Comenté en relación al “What About Now” que, con sus defectos, se apreciaba en determinados temas la idea de un Rock moderno, acorde a los nuevos tiempos, la forja de un nuevo estilo aún en pañales donde la banda podría encontrar un personal camino a explorar, que siguió su senda con el single que lanzaron con “Burning Brigdes”, “We Don’t Run”. La decepción ha llegado cuando esa supuesta evolución ha quedado truncada, resultando un trabajo sin una definición clara, desorientado, problema que no es la primera vez que comento en relación al grupo desde 2000, que en su eclecticismo estilístico termina por entregar trabajos faltos de cohesión y algo deslavazados. No se sabe si querían ir hacia el Hard, hacia el Pop, hacia el Modern… en una mezcolanza que resta personalidad al conjunto. Han vuelto a transitar por caminos conocidos, apostando a diversas opciones sin centrarse en una concreta, despistando sobre sus objetivos. Caminos manidos y en ocasiones extraños que sólo levantan la cabeza gracias al talento para las melodías de Jon y su facilidad para hacer temas que lleguen.


Esto nos lleva a cierta impersonalidad, donde se toman recursos y tics de otros grupos como U2 o Coldplay (y algunos otros que citaré), confiando a la voz de Jon, los característicos estribillos largos y alguna estructura melódica la esencia de la personalidad del grupo. Sólo en canciones sueltas se intuye ese logro de un estilo personal y auténtico que parecen buscar, aunque a menudo resultan sobreproducidas y les faltan guitarras con más peso, ese toque hardrockero que terminaría por sacar todo el partido a estas composiciones. En este álbum tenemos varios ejemplos (“Born Again Tomorrow”, “The Devil’s In TheTemple”…).



El hecho es que caemos en lo mismo redundando y aumentando los defectos, aunque todo ello no evite que haya un buen número de canciones agradables, adictivas y con acertadas melodías, como es habitual en los discos del grupo y en las composiciones de Bon Jovi, pero alejados, cada vez más permanentemente, de la genialidad y la desgarrada emoción que desbordaba la banda.

Una falta de fuerza y de garra, de esa emoción que ponía los pelos de punta, que tiene que ver con esa evolución donde cada vez sobra más lo rockero, especialmente lo que tiene que ver con las guitarras, cada vez más asfixiadas y con menos protagonismo, convertidas en acompañamiento testimonial y funcional. Se viene viendo a lo largo de la trayectoria del grupo, llegando a su clímax con el anterior disco (me refiero a “What About Now"), que aquí parecen confirmar un propósito al que sólo parecía resistirse Sambora, lo que terminó por provocar su marcha, entre otras cosas.

Un disco que parece confirmar, si alguien lo dudaba, que los Bon Jovi de antaño no volverán. Los hilos que quedaban como posibilidad fueron cortados con la marcha del guitarrista.



La ausencia del guitarrista es ensordecedora. ¿Cómo no se va a notar la ausencia de un guitarrista que es puro sentimiento y que cuando está en un escenario suena como si hubiera dos guitarristas más? Tan sólo tenemos tres temas donde se incluyen punteos, de una brevedad que no hace raro pensar que incluso se los podían haber ahorrado y haber insistido en esos ritmos de transición como acompañamiento a los que suelen ceder.  Los riffs hardrockeros han desaparecido por completo, salvo en un tema y sin grandes alardes, y el conjunto del trabajo guitarrero es impersonal y convencional, de tal forma que podría ser ejecutado por cualquier guitarrista.

Riffs sustituidos por acompañamientos tributarios de U2. Sorprende que se hagan comparaciones con los irlandeses por estas cuestiones más encendidamente con este álbum, ya que es un aspecto que he comentado en este mismo blog en relación a trabajos anteriores, por ejemplo en “The Circle” o en “What About Now”, sin ir más lejos.

Un Sambora que quizá fue demasiado complaciente o lo fue demasiado tiempo, pero que no podía ocultar ese conflicto iniciado en 2000 sobre hacia donde quería dirigirse el destino y sonido de la banda, por lo que sólo podía acabar como acabó, salvo que uno se sometiera por completo.



Suena duro, y más en un fan acérrimo de Bon Jovi, pero es que yo he visto y oído hasta la saciedad su excelencia sacando partido a todas sus virtudes características, a su estilo y al talento de sus músicos. Hay buenas canciones, algunas notables, pero en otra onda que no vuela a la misma altura que antes porque queda amordazada, más limitada, es menos rica de lo que era antes, por lo que el potencial mismo que tienen las composiciones, que lo tienen en ocasiones, aparece reducido y sepultado en excesos de producción y timoratos miedos a lo instrumental por ser poco comercial. Sí, un solo de guitarra o de teclado no lo es.



Aquella sentimentalidad desbordada, aquella pasión o aquella profundidad reflexiva que hundía sus raíces con firmeza en el Hard Rock clásico, el Blues, el Soul, el Country… sin perder de vista todo estilo moderno, el Pop, el Nu Metal, el Modern Rock, fue virando, desde el año 2000, hacia sonidos más ligeros donde esas tendencias modernas pasaron a ser columna vertebral, desde que Jon se empapara del Brit-Pop en sus excusiones a la isla en la pausa que se tomó el grupo tras “These Days”.


Maldito el día en el que Jon se fue a Inglaterra y se empapó del Brit-Pop de la época, con sus producciones orquestales que fueron filtrándose cada vez más en el estilo del grupo junto a ese sonido oxigenado que restaba autenticidad. Los solos de guitarra amenazaban con extinguirse, las apariciones de Richie escaseaban, los riffs cada vez tenían menos cabida y, por consiguiente, los directos eran cada vez menos ese oasis en los que exponer las dotes instrumentales de los músicos, en especial Sambora, principal ejecutor de solos, como bien podréis comprobar si los coleccionáis de todas las épocas. Yo lo he hecho, como obsesivo fan del grupo que soy…



Así hemos llegado a estribillos felices, alegres, blancos, como de villancico, efectivos, pegadizos a menudo, pero superficiales, alejados del sentimiento y el desgarro desaforado que siempre adornó al grupo. Esto no significa anular o despreciar la tendencia actual, que ha funcionado en muchas ocasiones y con muchas canciones como ejemplo que han logrado el éxito, que incluso han conducido al grupo a explorar atmósferas distintas que, beneficiados del talento para crear himnos de Jon y Richie, son triunfos de otro tipo que los engrandecen, pero de alguna forma quedan lejos de sus mejores victorias y en conjunto se presentan menos logrados.



Así, Jon ha ido adecuando a la banda a lo que lleva persiguiendo desde la reunión de 2000, algo a lo que sólo parecía oponerse un Sambora que aceptó y aguantó acurrucándose en pequeños refugios en forma de canción, directos o momentos que cada vez escaseaban más, hasta que en un acto de rebeldía artística decidió decir basta y aprovechar su madurez, una vez ha logrado todo, en hacer lo que siente de verdad, algo que casaba mal con la tendencia marcada por Jon. Las formas con las que Richie dejó la banda, según ha explicado Jon, dejan en mal lugar al guitarrista, para acentuar esta fastidiosa situación para todos los fans. No hay culpas, las dos posturas son entendibles, pero irresolubles si no hay cesión y equilibrio.

Esto se hace evidente, porque con este disco tenemos lo más cerca que la banda puede estar de un disco Pop de Jon sin desnaturalizar lo que han sido del todo. Es una evidencia que si “These Days” se parecía más a “Undiscovered Soul” (1998) de Sambora en aquella época, este último álbum está mucho más cercano a “Destination Anywhere” (1997)… Con todo, habrá opiniones para todos los gustos, empezando por los que consideran que esa desnaturalización se produjo hace tiempo, destrozando un legado, que los hechos obstinados se empecinan en demostrar vigente.



Desde aquella potencia y con las condiciones en todo su esplendor, la banda podía llegar a cualquier lado y acometer cualquier reto, donde la voz de Jon no tenía límites. Con el paso de los años y las lógicas limitaciones es normal que exista una readaptación, que Jon vio conveniente que fuera estilística, para nuestra desgracia. Desde aquella potencia e intensidad desbocada se han buscado otras formulas y estilos más suaves donde recurrir al juego con las modulaciones, que resultan un éxito (como resultaban) cuando son ricas (en este mismo disco hay ejemplos), pero que decepcionan en otros muchos casos cuando esos míticos y largos estribillos que nos enamoraban se nos presentan planos, monótonos e, incluso, aburridos, donde la emoción apenas llega y todo se entrega al acierto melódico de la composición, que no suele ser suficiente. De la agresividad melódica pasamos a la melosidad.


De las influencias hardrockeras de antaño a las influencias del Pop en un amplio espectro, desde la New Wave británica más Pop-Rock, el New Romantic y el Pop ochentero, a tendencias modernas como Coldplay, The Killers o 30 Seconds To Mars, pasando por unos toques Country, que nunca pueden faltar…




Y aunque parezca una crítica dura, en realidad sólo es exigente con un grupo que estuvo más de una década sumido en la excelencia, y que después ha seguido dejando buenos trabajos y excelentes canciones. Y eso también lo tenemos aquí, algunas buenas canciones, que en su estilo resultan excelentes y eficaces, con menos altibajos que en su anterior trabajo, aunque ninguna fascine tanto como las más destacadas de aquel (que ya dejaban que desear), algo ya comentado. Las nueve primeras canciones funcionan bien y, sin resultar algo sublime en líneas generales, definen un conjunto fresco, ágil y agradable. En la parte final del disco, lo que sería la cara B de antes, la cosa baja, aunque el estilo Pop-Rock se mantiene.

Por eso quiero dejar claro que no es que lo considere un mal disco, no es eso, es un “mal disco comparado con…”

Buenas canciones, pero que difícilmente serán clásicos, atractivas, que ganan con las escuchas en muchos casos, pero que en la mayoría al poco tiempo dejarán de llamarte la atención, perdidas tras los grandes clásicos o los temas más virtuosos. Ese es el gran problema, que el nivel general queda muy lejos de los mejores temas que han ido entregando, hasta hace poco, por lo que muchas veces se es algo injusto por culpa de su propio buen hacer.


En los temas extra de la edición Deluxe, como he explicado, se ha prescindido del aluvión de acústicas que hacía aquella parte del “What About Now” bastante soporífera, sustituidos por más temas Pop-Rock, aunque menos inspirados. Así, tendríamos dos partes bien diferenciadas, con los matices que queramos, donde la primera contiene las mejores canciones y la segunda baja el nivel ostensiblemente.




Desde luego, queda claro que Bon Jovi es una banda que lleva mucho tiempo haciendo lo que le da la gana, sin seguir estereotipos, críticas o modas, acomodándose a los nuevos tiempos en base a su estilo, aunque eso implique ir perdiendo capas, como una cebolla, en una clara demostración de honestidad artística, muy reivindicada en este disco, e independencia creativa. Aunque nos gusten menos.


Bon Jovi, como he explicado en muchas ocasiones, es una banda de amplio espectro musical, aunque siempre se había vertebrado en el Hard Rock melódico. Ahora eso se ha difuminado, por lo que no podemos encontrar un estilo definido que lo vertebre. Sí, el Rock, pero de muy variados tipos. En muchas ocasiones esto es muy placentero y además le sirve a Jon para fusionar forma y fondo, el estilo de la canción y su tono con el sentido de sus letras, eligiendo entre los muchos géneros en los que se ha zambullido. Aquí lo volvemos a observar. Desde la senda de su propio estilo en algunos temas, con todo el bagaje anterior, a guiños Country (por ejemplo a los Mumford & Sons), de un Rock moderno al estilo “The Killers” o “30 Seconds To Mars”, pasando por el Pop de U2 o Coldplay… Un vaivén estilístico que apuesta por prescindir de una definición estilística, paradójicamente, rizando el rizo, ya que a su vez se busca en ello el propio camino.

Decepción, desconcierto y preocupación ante una banda, mi banda, que dejando buenas canciones, parece perdida en el rumbo que pretende tomar. Un disco difícil, con ruptura y reconciliación con el sello de toda la vida, Mercury Records.

Jon Bon Jovi a las voces, David Bryan al teclado, Tico Torres a la batería, Hugh McDonald al bajo, Phil X a la guitarra, John Shanks a la guitarra, Lorenza Ponce con la viola y el violín.





-This House Is Not For Sale: Los singles de Bon Jovi en los últimos tiempos llevan una misma línea, que no es la de “It´s My Life”, desgraciadamente, y eso que se criticó que los sucesivos singles que sacaron tras “Crush” eran tributarios de aquel, aunque en absoluto se parecían. Singles eficaces, pegadizos, bien resueltos, alegres, pero que son el perfecto ejemplo de ese cambio melódico que he comentado en el grupo. Los estribillos buscando los agudos en una progresión frenética, las melodías fieras y viscerales, de agresivo poder rockero y sentimiento descarnado, han dado paso a una positividad que aún siendo rockera resulta más naïf, simpática, incluso monótona. Estos singles presentan características similares, el uso de guitarras rockeras algo desnudas, que en ocasiones se mezclan con acústicas, donde se prescinde del riff para centrarse en un acompañamiento alegre y vivo sin más. El más destacado en esa tendencia fue “Have A Nice day”, que aún insinuaba un riff. Luego vinieron los temas del “Lost Highway”, el mismo “Who Says You Can’t Go Home”, también del “Have A Nice Day” y en esa onda Country, “We Weren't Born To Follow” y su polémica con el solo de guitarra, hasta “Because We Can”, que se salía un tanto de esta tendencia, aunque mantenía ciertas características guitarreras, para peor. Estribillos largos, elaborados, que en la acumulación más o menos acertada de frases adquieren la intensidad que antes se sublimaba con esa búsqueda progresiva de agudos en la melodía. Esa línea mantiene este “This House Is Not For Sale”, un tema positivo y alegre, eficaz, pero que no te pondrá los pelos de punta, primo suave de “Have A Nice Day”. Y así comienza el tema, con una base de guitarra característica, marca ya de la casa, que incluso se autoplagia en este mismo disco en “God Bless This Mess”, definiendo todas las intenciones. Rock melódico con calidad. Una guitarra con esa característica amplificación que, solitaria, abre las puertas de este nuevo trabajo. Una canción muy rítmica y con un interesante uso de los coros, que cubren los espacios entre frase y frase de Jon, acentuando ese estilo rítmico del tema. Estrofas rockeras sucediéndose con una buena base de ritmos donde destaca, como durante todo el álbum, la batería. La guitarra lleva la base melódica, pasando de latentes ritmos a acordes con más melodía en el puente que nos introduce de inmediato en el estribillo, larguísimo, donde los coros vuelven a destacar para rubricarlo. Un estribillo característico, de frase y título del tema. Ese final a coro nos remite a himnos de estadio pretendidos para ser coreados en concierto, al estilo de “Who Says You Can’t Go Home”, por ejemplo. La estrofa alternativa, más lírica, da entrada al solo de guitarra, uno de los pocos y de los más decentes del álbum, a cargo de Phil X. Reinicio con la guitarra que abrió el tema y estribillo aplicándose concienzudamente hasta el final, donde se incluyen improvisaciones de Jon en armonías. Un buen tema. Efectivo.

-Living With The Ghost: Este es un más que aceptable ejemplo de ese juego acertado con las inflexiones vocales, que han sustituido al vigor de antaño en Jon. Uno de esos temas que también os ganarán con las escuchas. Tiene esa producción "espacial" que hemos ido viendo en discos anteriores y que también insinuaban un camino a seguir para el grupo, estilo al sonido de “The Circle”. Estupendo trabajo de los teclados dando el contraste y rellenando los huecos melódicos de la base de guitarra y batería. Potente bajo atronador. Suaves estrofas, juveniles, veraniegas, de Rock naïf, y magnífica progresión en un puente que va creciendo con una guitarra que se incorpora para dar impulso y marcar la melodía. Un tema muy ligero y vibrante, muy melódico, que juega fantásticamente con las inflexiones en el estribillo, lo que puede recordar a algunos momentos de discos como “Have A Nice Day”, “The Circle” o “What About Now”. Estribillo larguísimo y con una tonalidad de voz que contrasta sutilmente, en una interesante propuesta, con la luminosidad del conjunto. Una voz más apagada, nostálgica, que se mantiene en tonos bajos. Las nuevas estrofas se siguen acompañando con una base fresca y moderna, de una guitarra aguda y rítmica destacada, una atmósfera hímnica al estilo de los crescendos de U2 pero completamente distinta. También de Coldplay. Transición simulando una especie de solo de sutil punteo repetitivo y muy efectivo, que nos lleva a un parón comandado por el piano y una magistral recuperación que está entre lo más brillante del disco. Escúchenla, porque en esto de recuperar temas Bon Jovi siempre han sido los maestros. El estribillo final nos lleva a una fase instrumental con la banda a todo poder y los teclados destacando para despedir el tema. Un gran Pop-Rock, con toques de Power-AOR. Destacado.

-Knockout: Me desconcertó este tema, quizá influido por unas malas opiniones iniciales. Me dejó frío. Pero tras unas pocas escuchas merece ser considerado uno de los mejores hits del grupo en los últimos tiempos, ejemplo perfecto de esa línea que parecía buscarse con los anteriores trabajos. Sólo echaría en falta un riff guitarrero contundente y un solo, porque lo demás es excelente. Un tema sustentado en una poderosísima base rítmica, con una batería que lo inunda todo, pletórico Tico Torres. Coros modernos, al estilo de los que escuchamos en “We Don’t Run”. Una canción que ejemplificaría la definición de un nuevo camino sin perder las esencias, pero a la que le falta algo de valentía rockera. Esfrofas con Jon, la batería y algún coro y truco de producción, avanzando hasta el puente donde van apareciendo los teclados y más coros. Soberbio estribillo, un mazazo pegadizo, contundente y rockero, que se te pega irremediablemente. La segunda parte del estribillo es excelente, alargándolo hasta lo imposible. Guitarras eclipsadas por una batería que pretende noquear, como reza el título. Coros varoniles y rítmicos. Algún detalle guitarrero se incorpora en las nuevas estrofas. Repetimos estructura hasta llegar al gran estribillo, que desemboca en una transición de guitarra breve y una estrofa alternativa que termina en unos bombos a lo “It’s My Life”, para enfilar el estribillo final. De nuevo nos despedimos con esos coros que amenazan con ser marca de la casa, los iniciales, y la base instrumental. Seco, contundente, un gran hit.

-Labor Of Love: Si “Amen” fue la “Hallelujah” de Bon Jovi, esta podríamos considerarla la “Wicked Game”, el tema de Chris Isaak. Una mezcla de tono Elvis Presley, que también tiene Isaak, con la atmósfera nostálgico playera de aquel tema, del que se calca hasta el video. No es la primera vez que cito a Isaak en relación a la banda, en especial con respecto a este tema, lo que confirma mi acierto. Una balada de sensual noche playera. En esta canción se constatan una par de cosas comentadas. Es bonita, tiene una buena melodía y juega con acierto con las inflexiones vocales, pero no tiene ninguna sorpresa, y siendo uno de los temas más largos del disco acabará por hacerse monótono, no ahora, quizá tampoco después de las primeras escuchas, que en el mejor de los casos te harán no pasarla o incluso volver a ella, pero en breve tiempo esa falta de alicientes es fácil que la condene. Contrasta con tantas canciones de la banda que han sido acústicas o minimalistas, donde siempre hay un cambio de ritmo, un solo de guitarra, una fase instrumental o de transición que sorprende, revuelve emociones o hace vibrar. Ese es su gran problema. El tono y la conseguida atmósfera se vertebran en el trabajo de las desnudas eléctricas y los platillos de Tico Torres, sutiles y envolventes. Jon desgrana las estrofas como si de caricias vocales se tratara, un íntimo susurro de deseo añorado, constantes que se mantienen hasta el estribillo, donde Jon hace delicadas inflexiones en cada frase, subiendo y bajando la intensidad a su gusto, pero manteniendo siempre el tono sutil de una remembranza nostálgica y amorosa. Las transiciones, con la mencionada base de guitarra y platos, son las que definen a la canción. Hay mimo y una progresión melódica conseguida, de ensimismamiento amoroso, caricias placenteras y semiadormecidas. Bonito estribillo, largo, como es costumbre, que se repite por segunda vez cayendo en una nueva transición que insinúa unos coros. Estrofa alternativa, algo más intensa, que desemboca en un parón (aquí solía entrar un solo…), como en un latido cesante. El estribillo nos despedirá repitiéndose con ciertos matices en las inflexiones de Jon y la aparición de coros. Un liviano y bello soplo de nostalgia.



-Born Again Tomorrow: Este tema es paradigma de muchas de las cosas comentadas, de muchos de los defectos del disco y de la banda en los últimos tiempo para los fans de toda la vida. Una canción con un potencial tremendo, un tema que lo tiene todo para ser un hit y que escuchada en directo tiene una gran contundencia rockera, pero a la que los múltiples arreglos de sintetizador y la sobreproducción la convierten en una mezcolanza de difícil calificación. Algunos han dicho que era música disco, algo incierto, pero determinados aspectos y elementos de la producción y la mezcla dejan retazos y ramalazos de ese estilo, mezclado con estructuras típicamente rockeras en la melodía, el estribillo y la base, además de contener otro de los escasos solos de guitarra. Esto debía haber sido un himno hardrockero que se queda en una peculiaridad indefinida y eclipsada. En su comienzo, con la voz de Jon arrancando, me recuerda a un tema de Joey Tempest, pero pasa rápido, enseguida quedamos inundados por efectos de sonido, ecos y teclados, una melódica guitarra, una base repetitiva y sintetizador… Estrofas latentes dan paso a ese acompañamiento discotequero y la batería que lo entregan todo al exceso de producción, escondiendo la esencia rockera. Estribillo de neones y luces intermitentes, corto, directo y eficaz, lleno de sintetizador y algún eco vocal, también tributario de la música disco, donde la melodía de transición funciona a pesar de todo. Un estribillo que casi carece de acompañamiento, sólo de atmósfera de sintetizador acompañando a Jon. Las nuevas estrofas se hacen algo más rockeras, aunque la base de batería sigue algo sobreproducida. El nuevo estribillo ahora sí recibe acompañamiento, en un imposible diálogo rockero discotequero. Un estribillo que ahora se alarga y dobla hasta caer en el solo de guitarra. Parón con el estribillo y recuperación para encarar el final donde dicho estribillo comparte protagonismo con la base melódica. No es un mal tema, pero a los fans más rockeros les puede salir sarpullidos. Juro que en directo la cosa cambia extraordinariamente. Es otro de esos intentos de nuevo rumbo del grupo, pero en el que se les fue la mano con la “modernez”…

-Roller Coaster: Estupendo tema rockero, directo, acelerado, vivo y melódico, ligero y agradable, ideal para botar en vivo, que recuerda a algunos de los escuchados en “Have A Nice Day”. Rock melódico pegadizo que coquetea con el Modern Rock al estilo de “Story Of My Life”, “Last Cigarrete” o el “Thorn In My Side” del “The Circle”. Un inicio latente de eléctricas desnudas y apuntes de piano, lento en apariencia, al que Jon no suelta las riendas a pesar el empuje de la entrante batería desnudando las estrofas, dejando, finalmente, que todo se desboque en esencia rockera en el estribillo. Los apuntes de los coros en las estrofas y el puente son excelentes. El estribillo, acelerado y frenético, es una maravilla que te taladrará la cabeza. Lírico y acertado. Las intervenciones de David Bryan son un portento, como siempre. Merecerían entrada aparte resaltar los sutiles apuntes de uno de los mejores teclistas del Rock. Reiniciamos y marcamos con más fluidez la progresión melódica hasta romper de nuevo con el estribillo, en puro goce, que no cesa tan pronto como antes. Pequeñas variantes placenteras. Jon cantará el estribillo en tono suave y acústico para volver a fracturar el tema en magistral contraste, repitiéndolo de nuevo con todo el acompañamiento. Un gran tema con el que no podrás evitar mover la pierna... o la cabeza.

-New Year’s Day: Me encanta este tema, tributario del Pop ochentero (british y escocés incluso) y las nuevas tendencias, estilo "30 Seconds To Mars". Una canción peculiar que en otro tiempo desquiciaría viniendo de Bon Jovi, pero la costumbre y la obcecación de un servidor en eliminar prejuicios me lleva a disfrutar como un enano. Lo que no perdonaré nunca a Jon es que incluya los dichosos “sha lala” en un disco de Bon Jovi. No es la primera vez y debería ser considerado sacrilegio. Se me revolvieron las tripas al oírlo en su disco Pop “Destination Anywhere”, donde aparecieron por primera vez, pero (un nuevo ejemplo de la desviación que Jon ha propiciado en el grupo), cuando trasladó eso a la banda me di cabezazos contra la pared… Aquí también tenemos el jodido “sha lala”, pero en fin, hago como que no lo oigo y disfruto del resto… Su melodía me tiene entregado, tiene un algo adictivo, mezcla de Rock, Pop añejo y sentimiento navideño visceral que la convierte en una de esas rarezas indescriptibles de esta maravillosa banda. De nuevo guitarras melódicas como base y una batería ágil y vigorosa dan inicio al tema con un buen bajo, mezcla buscada de melodía y contundencia Pop-Rock. Las estrofas que Jon desvela tienen el tono íntimo de una nana esperanzada, un cuento alegre antes de dormir, que va tornando en plegaria luminosa y salvaje de un futuro esperanzador, un himno a los buenos tiempos sublimado en el estribillo, donde Jon desgarra y las guitarras reaparecen para dar fuerza al conjunto. Magníficos los teclados por detrás sosteniendo la base y creando esa especial atmósfera, que tiene algo de eclesiástica. La madurez compositiva de Jon es innegable, fundiendo el espíritu de sus canciones en los más diversos estilos y atmósferas con plena coherencia. Forma y fondo, prescindiendo de géneros. Las variantes de la letra en los estribillos son otro elemento de goce. Tras el segundo, una guitarra solista hará una transición hacia una estrofa alternativa, la del maldito “sha lala”. Parón, siempre imprescindible, base latente y ruptura frenética y contundente para que el estribillo nos cobije hasta el final junto a la fase instrumental que sostiene la canción. Una canción con el mismo título que una de U2. Tendrá tantos detractores como admiradores. A mí me encanta.

-The Devil’s In The Temple: Lo más cercano al Hard Rock que estaremos en todo el disco. Una canción que por fin se vertebra en un riff rockero, sencillo y simple, pero eficaz y auténtico, y pasado por el filtro de la producción moderna, claro. Al reclamo de la guitarra acude Jon, y juntos desmembran las primeras estrofas. Me encanta el juego que se les saca a los ritmos, con una particular cadencia más lenta de lo esperado en la caja y un bombo omnipresente. Oscuro estribillo con coros sutiles y duros, de puro Hard Rock. Dramática transición instrumental, donde destacan los teclados. Estribillo en parón y arranque para concluir con un Jon forzando la voz en un quejido angustioso. Un buen tema, corto pero efectivo.

-Scars On This Guitar: Otro de los grandes temas del álbum, una de esas baladas acústicas que sí honran el grupo y hacen recordar a los buenos tiempos del “These Days” o a gloriosos ejemplos de la caja “100.000.000 Bon Jovi Fans Can’t Be Wrong”. Una maravillosa declaración de amor a la creación artística (cualquiera que escribe o compone se sentirá identificado), a la música y a la guitarra, a la autenticidad del músico. Durante todo el disco la reivindicación de la autenticidad y honestidad artística de Jon y la banda es uno de los temas principales. Una canción a la que sólo le falta un solo de guitarra para rematar la jugada, aunque contiene unos apuntes de piano, incluida una transición, sencillamente maravillosos y que recuerdan a “Bitter Wine” del “These Days”. La progresión melódica y estructural es ejemplar, con una melodía exquisita, cálida, sentida, desprendiendo feelling en cada nota. Así avanzamos por las primeras estrofas, guitarra y piano mediante, por la aparición de la suave batería y la esencia Country, por el sublime estribillo eterno, largo, perfecto, lleno de matices. Realmente emocionante. Pero lo bueno no termina ahí, ya que saliendo del perfecto estribillo caemos en una sensacional estrofa alternativa que aumenta incluso la intensidad, en la que se incluye una segunda voz acompañando a Jon (inevitable no echar de menos a Sambora en estos momentos, porque hubiera sido de poner los pelos de punta), en un crescendo estructural y melódico impecable. Un segundo estribillo, podría ser tranquilamente. Y de ahí de vuelta al estribillo oficial. Aquí llega la transición con el protagónico piano, breve, para reiniciar el último tramo del camino. Magnífico David. Estrofa, estribillo casi desnudo y el estruendo acústico y con coro para completarlo. Escúchenla con calma antes de dilapidar a la banda. Una maravilla.

-God Bless This Mess: A partir de aquí la cosa va para abajo, aunque mantiene la vivacidad y no llega a aburrir en ningún momento. Este décimo tema es rockero, otro Rock melódico que parece copiar su base de guitarra de la inicial “This House Is Not For Sale”. Calcado. La cuestión es que la melodía no funciona igual de bien. Una canción que transita por los mismos parámetros que la mencionada, quizá algo más naïf y alegre, Pop, que la que ha sido primer single del disco, algo que también se escenifica en la ausencia de solo, sustituido por una de esas fases y transiciones de guitarra rítmica y melódica. Voz solitaria y arranque guitarrero, estrofas cayendo y vitalidad reinante hasta llegar al estribillo, positivo, festivo, divertido, aunque algo insustancial e insulso. Transición guitarrera y vuelta a la andadas, un nuevo estribillo y una nueva transición guitarrera. Estrofa alternativa y estribillo con parón, piano y repentinos estruendos encarando el final, que será para la guitarra y su consabida melodía. Movidito, pero olvidable.

-Reunion: Con un inicio que parece sacado de “Whole Lot Of Leavin’” del “Lost Highway” comienza este agradable tema de guiño Country mezclado con un Pop maduro, una fusión interesante. Muy pegadiza. Una acústica y un bombo que llaman a un vaquero Jon. La ambientación sube con el sintetizador de fondo y la batería incorpora matices en el puente para cabalgar por el estribillo, que en su segunda mitad cede a un estilo más Pop, de calidad. Los ritmos de caja se añaden a las estrofas, pero el tono general se va inclinando hacia el Pop, aunque con la acústica de fondo y esos ritmos de jinete. De nuevo por el estribillo, con mucho arreglo, largo y sabroso. Transición melódica, estrofa y parón con el estribillo, que luego sigue con todo el acompañamiento. Así nos vamos despidiendo, con algunas improvisaciones de Jon y la melodía, comandada por la eléctrica popera. El final, circular, es para la acústica incesante que despertó el tema. Peculiar, agradable, pero nada del otro mundo.

-Come On Up To Our House: Tema Pop con toque góspel. Una canción para la camaradería, el buen rollo y el sano compañerismo, por la convivencia civilizada, la unión y la comunión. Pegadizo y eficaz, pero insulso, falto de garra en esa positividad exacerbada. Este es el tercer tema con solo de guitarra, en extremo corto, por supuesto. Piano y voz la inician y la melódica guitarra con la batería y el resto la precipitan a las primeras estrofas. Tiene un punto de navideña vuelta a casa, como con El Almendro. Puente y estribillo están perfectamente integrados, parecen todo uno, una consecuencia lógica. Largo estribillo, como siempre, muy eficaz, pero no brillante. Las acústicas destacan en el estribillo, también en el puente, en los momentos álgidos. El piano lo hace en las partes más suaves, las estrofas. Solo de guitarra, parón y arranque intermitente. Estribillo final al que se incorporan los coros, perfecto para cantar con las manos unidas en alto, la ideal comunión. Coros y voz en armonía para el final. En realidad, es un tema perfecto en su esencia. Es con el que concluye el disco convencional, el que no es versión Deluxe, con lo que resulta un apañado remate.

Y en la versión de lujo se añaden:

-Real Love: Balada acústica, que hace temer que los bonus sean como en el anterior “What About Now”, pero no es así. Además es un tema bonito, preciosista, sostenido por las teclas de David Bryan y la cuerdas de la viola y los violines (participa Lorenza Ponce, vieja conocida del grupo). Todo ese acompañamiento abrigando sutilmente, como una suave sábana, a la sensual y cálida voz de Jon. El estribillo es precioso, especialmente en su parte final. Ese “if it can break your heart, it’s real love”. Es en él donde aparecen las cuerdas en su máximo esplendor para decorarlo bellamente. En el puente se insinúan. Cuerdas que van cobrando protagonismo, se hacen rítmicas en las siguientes estrofas, voz de apoyo en el nuevo estribillo (ay Sambora), aún más lírico gracias a los violines. Estrofa alternativa, intensa. Nuevo estribillo, casi en susurro, en lamento, sin más apoyo que el piano, y aparición de las cuerdas para la segunda parte del mismo. Sin percusión. Es preciosa, ciertamente.

-All Hail The Kings: Un tema bastante épico, entre el Power Pop y el Rock melódico dramático, un Rock moderno que no queda mal, pero está algo sepultado en excesos de producción y un conjunto demasiado blando, que con algo más de garra podría haber dado algo muy destacable. Batería y ritmos entrecortados, guitarra de base casi desaparecida, coros de apoyo ocasionales, latente melodía, subida de transición con más ritmos entrecortados, arreglos de sintetizador, voz con cierto eco y el estribillo épico con un Jon en tono algo apagado, lo que da cierto matiz melancólico al conjunto. Los ritmos se mantienen y las guitarras aparecen, aunque eclipsadas en el conjunto melódico. Estribillo largo y elaborado, como es costumbre. Algún juego de guitarra, melódico, aparece en las nuevas estrofas mientras repetimos estructuras. Solo de guitarra (el cuarto, el primero en los bonus) y base atronadora. Acústica en el parón y recuperación paulatina con un bombo que crece hasta el estribillo, que tiene mucho oxígeno en su épica melodía, que se mantendrá hasta el final. No es un mal tema, tampoco especialmente brillante.

-We Don’t Run: Un gran hit, que bien podría marcar el camino y el sonido a seguir por la banda, depurando los excesos de producción. Me remito a lo comentado sobre el tema en el análisis del “Burning Bridges”.

-I Will Drive You Home: Otro tema lento de atmósfera Pop ochentera, como mucho oxígeno, nocturna, que tiene un gozoso estribillo con un Jon en tonos muy bajos acompañado por coros suaves, lo más destacado del mismo. Una batería que suena ahogada y sobreproducida, ecos y guitarra con reverberaciones para esa onírica atmósfera. Un Jon cantando al volante en la noche, pasando por heridas de luz provocadas por farolas aisladas y un coro, el de sus pensamientos, como un eco, subrayando sus reflexiones en ese estupendo estribillo. El piano la sostiene de inicio, con esa sorda batería, que parece eléctrica. Estrofas sucediéndose, sintetizador apareciendo para crear la atmósfera y estribillo, sin coros. Piano en las transiciones, con arreglos de sintetizador por detrás. Guitarra apuntando en las nuevas estrofas y estribillo, al que ahora sí se incorporan los coros. Repetimos estribillo con inicio de puente más intenso. Guitarra de transición con la melodía y la misma cadencia avanzando. Parón, Jon y fondo sutil de sintetizador, para entrar de nuevo en el estribillo que desemboca en una estrofa intensa que es soberbia, lo mejor del tema, cayendo de nuevo en el nostálgico y ensoñado estribillo. Voces robóticas nos despiden junto al acompañamiento… Una canción a la que buscándole su momento es un éxito, en su peculiaridad.

-Goodbye New York: Una guitarra calcada a los sonidos de "The Edge" abre el último tema, en un poco disimulado tributo al personal sonido del guitarrista irlandés de U2. Otro Pop-Rock, más Pop que Rock, en la línea del disco, que se pasea por estrofas movidas y alegres hasta llegar a otro estribillo con esas mismas características. Buenos teclados punteando el estribillo, largo y vitalista, pero no precisamente inolvidable. Otro tema de intención luminosa y alegre, que tiene ese punto naïf que contienen demasiadas composiciones de Jon últimamente. Falta de garra en su exceso de felicidad. No acaba de coger el punto a esa integración. Sólo ocasionalmente. El tema es incesante, con un ritmo constante en el que sólo varían los arreglos y la intensidad del acompañamiento. Lo mejor, David cubriendo todo hueco y dando un sutil contrapunto nostálgico con sus teclas. Estrofa alternativa con acústicas presentes y ritmos entrecortados. De nuevo la guitarra a lo “The Edge” para recuperar el tema y caída en el estribillo con coros. Agradable, pero olvidable.



Es un mal disco, el peor de la carrera del grupo junto a “What About Now” (no cuento Burning Bridges), pero sólo es malo comparado con la trayectoria de la banda. En un sentido más objetivo resulta agradable, aunque un fracaso en la aparente búsqueda de un nuevo sonido propio, que sólo se alcanza en ocasiones, cayendo en un Pop naïf falto de garra y cobijándose en demasía en temas resultones que saben eficaces, aunque no de la brillantez añorada. El caso es que sí han alcanzado y ejecutado buenos temas en ese estilo que parecen buscar, desde hace varios discos, pero o bien no acaban de definirlo o bien su eclecticismo, una vez más, va en su contra, porque en la falta de cohesión destaca la idea de inseguridad, divagación, indecisión, falta de valentía y paso vacilante. Cuando apuesten por discos donde exploren ese nuevo Rock, Rock moderno, aunque no tenga riffs, pero Rock con todas las letras, y se alejen de guiños poperos insulsos, tendremos muy buenos trabajos. Pero pasa el tiempo y los discos y no rematan, con lo que de la seguridad pasamos a la esperanza y de la esperanza al escepticismo.


Lo bueno es que tendremos respuesta a estas incógnitas, porque seguirán sacando trabajos que valoraremos... y el día que no suceda, será otra respuesta. Como el regreso de Sambora, que estoy convencido que tarde o temprano se producirá…


domingo, 27 de noviembre de 2016

EN EL METRO

RELATO








La veía a diario con el rostro lleno de maquillaje y la mirada vacía de vida mientras atravesábamos cada mañana los oscuros túneles del metro. La sombra de ojos, la mascarilla, la base, la máscara para pestañas, el lápiz y demás apliques apenas ocultaban las consecuencias de la noche anterior. Casi nunca me dirigía la mirada, ni a mí ni a nadie, la tenía lejos, en el lugar a donde querría huir, que quizá fuera muy oscuro.

Su rostro alicaído, de haber visto y vivido demasiado para su edad, no lograba ocultar su serena belleza recién entrada en la madurez. Una belleza enmascarada por surcos de sufrimientos y laceraciones.

Siempre llevaba un libro consigo, que leía con devoción cuando no dejaba vagar su mirada por los alrededores sin pasión alguna o se ensimismaba en la contemplación de su anillo de casada con desoladora concentración. Parecían momentos de disfrute, su pequeña e íntima evasión que la anclaba a la vida.

Era una desconocida, pero sentía una acogedora atracción hacia ella que me impulsaba a hablarle, a entrometerme en su vida, preguntarle por sus pesares e inmiscuirme en sus cuitas, protegerla… Un sinsentido.

Nada podía hacer. Traspasar la barrera del anonimato por sospechas, violentar su intimidad sin saber nada, era una oposición demasiado poderosa, por lo que me quedaba allí mirándola día a día, observando su tétrico desfile de modelos con funestos complementos, escayolas y tiritas que decoraban un conjunto descuidado. El de una mujer que no espera nada ni a nadie.

Sentí impotencia, sentí frustración y sentí muchas más cosas que no eran tan malas. Tenía que ser lo más sutil posible, acorde con la languidez de sus movimientos, para no perturbar los hilos que aún la mantenían en el camino. Decidí entablar un diálogo silencioso, por lo que me propuse llevar el mismo libro que ella leía para compartir la lectura en nuestro breve viaje. A menudo no los tenía, por lo que tenía que comprarlos, algo que hacía de buena gana.

Debía ser una lectora compulsiva, porque cambiaba de libro a una velocidad que no era capaz de seguir, aunque eso no evitaba que yo llevara su nueva elección en un tiempo prudencial para exhibirla ante ella. Observé que gustaba de los relatos románticos y trágicos, especialmente decimonónicos, sobre todo ingleses y rusos.

Lo que al principio eran vagas miradas a una coincidencia agradable, se convirtió en ávida curiosidad. Y las miradas esquivas y escurridizas dieron paso a cómplices sonrisas basadas en el silencio.

Conforme las páginas, los libros y los meses pasaban, observaba sutiles cambios en su aspecto, donde su despreocupado desaliño dejó paso a una discreta coquetería. Cada vez vestía mejor, más elegante y resuelta. En contraste, su maquillaje iba menguando, lo que hacía relucir aún más su rostro, y cada vez eran más excepcionales los días donde parecía ocultar alguna horrenda historia.

Mantuvimos esta codificada conversación durante varias semanas, hasta que decidí dar otro pequeño paso, un guiño arriesgado que quizá se tomara mal, pero al que no quería renunciar. Un día me puse una de esas camisetas horteras con mensajes, encargué varias para una lastimosa pasarela de moda en el metro. En la primera ponía “Tú tienes la llave”, en la segunda “Ánimo”. No sabía cómo reaccionaría y pareció desconcertarla, porque tras este atrevimiento estuvo varios días sin aparecer.




Una semana después, cuando pensaba que la había perdido, que la había fastidiado, volvió a sentarse frente a mí en su lugar habitual en el metro. No me miró en todo el viaje, enfrascada en la lectura de su libro, que en esta ocasión era “Orgullo y prejuicio”. Se levantó de su asiento, como todos los días cuando se acercaba su parada, y abrió distraídamente su chaqueta dejando ver una camiseta con un mensaje: “Gracias”. Lo interpreté egoísta e íntimamente como un gesto de cariño, pero sólo para mi propio consuelo, con agitada alegría.

En ese momento, en vez de dirigirse a la puerta por la que habitualmente salía, se acercó a la que tenía yo más próxima. Apoyó su mano en la barra y miró al frente, indiferente a mi escrutador gesto. No tenía traza de maquillaje alguna en su rostro, que refulgía como nunca. Cuando se abrió la puerta giró su cabeza y me miró con esos ojos que tanto habían cambiado, que ya no miraban resignaciones dolorosas ni pasados funestos, eran ojos llenos de vida, que habían vuelto al presente. Sonrió, pero no como otras veces, no era aquella sonrisa de discreta complicidad que tenía grabada en mi cabeza, era una sonrisa cálida en la que cabían varios universos. Dirigió su mirada a la mano que seguía apoyada en la barra, en la que ya no había ningún anillo, y al soltarla para marcharse dejó ver un post-it pegado.


Cogí el papel con rapidez y ansiedad. Era su número de teléfono y su nombre. Esperanza.


sábado, 26 de noviembre de 2016

A TRAVÉS DEL ESPEJO

RELATO










Sentía una mezcla de miedo, curiosidad, angustia y excitación. Desde hacía un mes, todos los martes recibía un paquete con un objeto, un regalo sin aparente sentido de alguien desconocido.

Su miedo y su angustia procedían de sus recuerdos, que le jugaban malas pasadas. Esos misteriosos detalles le recordaban a su anterior pareja, tan detallista, tan atento, que la agasajaba con regalos y atenciones constantes en los inicios de su noviazgo…

La curiosidad y la excitación venían el propio misterio, de la atractiva idea de gustarle a alguien de nuevo, de iniciar algo lleno de incertidumbres, de volver a seducir y sentirse plena. Ella nunca se consideró especialmente guapa, una chica normal, aunque en aquella oscura época no quería ni mirarse a los ojos. Y aún hoy le costaba asimilar su reflejo.

Cada uno de los regalos que llegaban puntualmente a su casa tenía que ver con ella de una forma íntima y a la vez acogedora. La persona que los enviaba parecía conocerla bien, pero no sólo en lo referente a sus gustos, también en lo concerniente a aspectos de su vida que reservó a su grupo de amigos más cercano y a sus familiares. Unos regalos que la llevaban al pasado y a momentos duros, pero desde un prisma positivo. Era toda esta ambivalencia la que la tenía agitada y expectante cada martes.

El primer envió que recibió fueron dos entradas para un concierto de su grupo favorito. Desde luego ella iba a ir al concierto, pero aún no había podido comprar las entradas porque llegaba apurada a fin de mes. Ese concierto, de Coldplay, fue al que no pudo ir hace cuatro años cuando estaba preparada, tenía las entradas compradas y sus amigas la esperaban, porque a Él no le gustaba como iba vestida. La única música que escuchó aquella noche fue la de los golpes de Él impactando contra su cuerpo. Recuerda su impotencia y su sorpresa más incluso que su dolor. Él generalmente no era así, había visto malos modos y desplantes, pero nunca había llegado a eso. Lloró, se recompuso como pudo e inventó una torpe excusa para sus amigas disculpándose por no poder acompañarlas…

El segundo martes le llegó un libro de historia. La carrera que nunca pudo cursar. Siempre le apasionó la historia. Era una buena estudiante, no extraordinaria pero sí aplicada, y siempre había sentido una especial inclinación por los temas históricos. Por ello, se matriculó en esa carrera hasta que Él decidió que no valía para “esas cosas”… Esa amargura siempre la ha llevado consigo, sentirse inútil y con un apetito nunca saciado.

Si este segundo regaló la intrigó, el tercero la dejó tocada. El martes a primera hora llegó un nuevo paquete que contenía una muñeca. La muñeca de su infancia que Él destrozó sin miramientos en una de aquellas noches infernales de alcohol y golpes. Esa muñeca era la posesión más preciada de su infancia, un regalo de su padre, al que perdió cuando aún era niña, y que conservaba desde entonces con absoluto fervor. Él lo sabía y por eso la destrozó cuando se enfadó con ella por el motivo que fuera… Esta muñeca era una réplica exacta y la historia sólo la conocían unos pocos, lo que hizo volar sus pensamientos hacia sus más íntimos. Indagó, pero nadie parecía saber nada…

Todo esto tenía un punto inquietante, pero volver a aquellos recuerdos ya no la dañaba, aunque la agitase en cierta medida. Nunca olvidaría todo aquello, pero su efecto llegaba anestesiado.

El último envío fue un espejo. Odiaba esos objetos del demonio y el reflejo que le devolvían. Se había odiado, se había despreciado, se había visto como Él decía. Horrorosa, fea, acabada. Cuando perdió toda ilusión, en lo último que pensaba era en arreglarse, y le horrorizaba mirarse al espejo, una fobia que aún conservaba.



Todos estos objetos llegaban de forma anónima y sin mensaje alguno, en una sucesión tan extraña como sugerente, tan inquietante como atractiva. Con esta expectativa esperaba ansiosa la llegada del cartero. Era martes, por lo tanto debía llegar un nuevo envío. Esperaba tensa, sentada a la mesa con su café y su cigarro, deseándolo y temiéndolo.

Llamaron a la puerta.

No era el cartero, sino el portero de su bloque de pisos para entregarle un sobre sin remitente con una carta dentro. No dio más explicaciones. Ella lo abrió con ansiedad y comenzó a leer.

Era de Marco. Uno de los chicos de su grupo de amigos. El más silencioso y discreto de ellos, el que se azoraba y ruborizaba cuando le hablaba, el que apenas emitía palabra, al que había confiado pocas cosas pero siempre escuchaba, al que los otros habían informado de casi todo, el que se había comunicado con regalos…

En esa carta explicaba lo que sentía por ella, los motivos de sus regalos, que efectivamente tenían que ver con aquel turbulento pasado, la decisión de mandarlos los martes porque fue el día en el que abandonó a aquel desgraciado (un martes, 25 de noviembre de 2014), al tiempo que justificaba su particular manera de proceder por el temor que le producía parecer indiscreto y su proverbial carácter tímido y vergonzoso. Una declaración de amor en toda regla.

No quiero que seas mía, pero me encantaría estar junto a ti”.


Su mirada se perdió al fondo de la cocina, pensativa, meditabunda. Tras unos pocos minutos se levantó y se acercó a los objetos que habían ido llegando esas semanas. Los miró con atención, los acarició. Cuando llegó al espejo dudó, pero terminó cogiéndolo. Con cierto temor puso su rostro frente a él, y cuando vio reflejada a aquella mujer supo que ya estaba preparada para cruzar al otro lado.