viernes, 22 de mayo de 2015

Crítica: LAS AVENTURAS DE FORD FAIRLANE (1990) -Parte 1/3-

RENNY HARLIN













Estamos ante un ejemplo perfecto de lo que es una película de culto, un fracaso de taquilla y de crítica que poco a poco y a través del boca-oreja se va convirtiendo en un éxito generalizado, una película a recomendar y que hay que ver, como así ocurrió en no pocos países. Una película mala pero que triunfa porque está llena de ingenio y carisma.


Las aventuras de Ford Fairlane” es mala, muy mala, cinematográficamente nula, pero es una película mala consciente de serlo, y apuesta con autenticidad por hacértelo pasar bien si aceptas sus reglas y condiciones, si te entregas a su oferta, su parodia del cine negro, su transgresión y, sobre todo, si te entregas a su protagonista… Si haces eso, el visionado de esta comedia desfasada y sin sentido que se ríe de las convenciones del cine negro te hará pasar hora y media de diversión sin prejuicios, con un añadido especial si la ves en versión doblada, el hilarante, tronchante e imprescindible doblaje que Pablo Carbonell hace del detective rockanrolero. Además en el look físico, con esas hombreras anchas, nuestro protagonista tiene un toque a Loquillo.




Una película que va a frase memorable por minuto. Si no estás dispuesto a cumplir con estas premisas o tienes la piel muy fina no te molestes en sumarte a las aventuras con Ford Fairlane (Andrew Dice Clay).

Ni la dirección, ni el guión, ni las interpretaciones pasan el corte, todo muy discreto, aunque veamos a Renny Harlin como responsable del asunto, director de “La jungla de cristal 2” (1990) y otras cintas de acción, que es un competente artesano y llegó a beneficiarse a Geena Davis, pero el encanto del conjunto, su desenfadado y trasgresor sentido del humor y sus míticas frases la convierten en un referente del cine malo/bueno.



Parodiando constantes del cine negro.

Las aventuras de Ford Fairlane” basan su éxito en la idea de parodiar las convenciones del cine negro clásico desde el thriller moderno. Así la trama, desarrollo y caracteres seguirán los paródicos pasos del cine negro clásico de detective privado que se ve metido en un caso cada vez más complejo, con un personaje principal especialmente carismático y todas las constantes y tópicos habituales del género que iré mencionado, pero desde una estética típica del thriller de los 80 y los 90.


  • Lo primero que se destacará en este viaje retro y paródico será al personaje protagonista. Nuestro Bogart/Mitchum, Spade/Marlowe, anacrónico y rockanrolero tendrá una presentación espectacular para dotarle de todo el carisma posible sin regatear en recursos… Lo primero que veremos será su Ford Fairlane, marcando tono y personalidad; sus llaves; su pitillera en la solapa, porque evidentemente nuestro detective fuma y tendrá su propio ritual con su mechero, que tiene a buen recaudo en su particular cinturón, y su manera de encenderlos; su tic con la boca; su cazadora; su imposible tupé; su look rockero anticuado; ligón; mujeriego; su fálica pistola eréctil...
  • Como todo detective duro que se precie tendrá una buena retahíla de salidas en forma de frases lapidarias. El tema de los diálogos y las frases divertidas es una de las claves del éxito de la cinta, ya sea en versión original o en la adaptación doblada que resulta aún más hilarante si cabe. Son tal la cantidad de frases gloriosas que se han hecho míticas que abruma.


Me llaman Ford Fairlane, el detective rockanrolero. Tengo derecho a entrar en los clubs, en los mejores camerinos y en las mejores chicas”.


“… y mi entrada fue increíble ble…”



  • Habrá varios casos aparentemente sin conexión pero que acaban confluyendo en uno solo, al estilo Chandler. Así el amigo locutor de Ford le hablará de un asunto familiar, que encuentre a su hija, Susu Pétalos (Maddie Corman); lo mismo le pedirá la sofisticada Colleen Sutton (Priscilla Presley); el chaval amigo de Ford ofrecerá 100 dólares para que encuentre a su padre y el productor Julian Grendel (Wayne Newton) le hablará de un asunto de desfalco en su empresa… Todos estos encargos confluyen en el mismo caso.
  •  Como el clásico detective de los Hammett y Chandler, Ford vivirá casi al día, con muchos apuros económicos y cogiendo el primer caso que le surge para salir como puede del paso...
  • Un personaje nada extraño en los relatos negros, el policía mal encarado y pesado que no para de echar la bronca y recriminar a nuestro detective. Aquí estará interpretado por Ed O’ Neill y tendrá ínfulas musicales…




-Teniente Conrad: Vete a tomar por culo, MenosMola.

-Ford: Tócame las bolas.


  •  El uso de la voz over, recurso habitual en el cine negro, será constante y plenamente paródico, uno de los recursos más divertidos y a los que se les saca mejor partido en la película como parodia del cine negro.
  • Como en todo relato negro habrá una mujer fatal, esa es Priscilla Presley, la ex de Elvis, que en una trama musical es un rostro más que apreciable. Pasará por millonaria, otro clásico del relato negro, y en su primer encuentro con Ford dejará algunas de las frases más divertidas. Los millonarios suelen ser imprescindibles en las novelas negras clásicas.


Odio a los ricos”.


-Colleen: Cuando tenía 11 años sorprendí a mi padre con el pony que me había regalado por mi cumpleaños. ¿Le excita?

-Ford: No lo sé, no conozco a su padre.

¡Venga, abajo Decker! ¡Margaret Thatcher en bolas! Ya está". (En la original no se cita a Thacher sino a Roseanne Barr). En la original no se habla de Decker, por Black and Decker, pero sí de los taladros Stanley.


  • La sordidez, el sexo, la perversión, también tendrán su momento en la película, algo bastante común en el relato negro, por citar un clásico: “El sueño eterno” de Chandler adaptado por Howard Hawks en 1946. Aquí el sexo aparece, aparte de por el incontenible deseo del protagonista, por las relaciones que mantenían furtivamente Johnny Crunch y Colleen Sutton. Su barco tendrá el sutil nombre de “Mighty Penis” (pene poderoso) y estará lleno de penes de goma y muñecas hinchables. Allí Ford encontrará un video con las perversiones del locutor y la millonaria.
  • Se parodian incluso las frases típicas de este tipo de películas, sobre todo en los clímax, estilo “No juegues conmigo, Fair”.


  • Hay un sensacional homenaje a “Al rojo vivo” (Raoul Walsh, 1949) en el clímax de la película, con Ford y Susú en lo alto de la azotea, un homenaje que se pierde en el doblaje desgraciadamente. La sincronización en el gesto de ambos personajes es excepcional y Ford grita, “Top of the world, Ma”, pero el doblaje lo sustituye por algo indefinido…



La influencia estética del thriller de los 80 y 90 lo observamos en los neones de las discotecas que frecuenta Fairlane y, sobre todo, en las luces filtradas del exterior que hace visible el polvo y el humo del interior, más en penumbra, clásico recurso de los hermanos Scott (Ridley y Tony), por ejemplo.



Nuestro protagonista es un chulo mastodóntico, un machista redomado, un mujeriego sin escrúpulos, un cínico orgulloso, un desastre viviente… Su comportamiento y conversaciones con las chicas son tan irritantes para ellas como divertidas en general, siempre que se sea un poquito flexible.

-Chica: Hijo de puta.

-Fairlane: Otra cliente satisfecha.





-Gemela: … la fiesta con el video de Guns and Roses

-Fairlane: ¡Ah sí, las gemelas! Pero no sois idénticas ¿eh? Apunta mi número, 5556321.

-Gemela: ¡Eh! Un momento, 555 no es un número real, sólo lo utilizan en las películas.

-Fairlane: No jodas niña, ¿qué te crees que es esto, la vida real?

Hay que depilarse antes de salir de casa con un vestido así… Y no me refiero a las piernas…”. “¡Oh sí!”. Justo al arrancar el coche y pasar junto a dos chicas ligeras de ropa… “Toma una magdalena, ridículo”.




Ford es tremendamente egocéntrico, lo denota su look y la necesidad constante de sentirse superior, sobre todo a las mujeres. Le resulta imprescindible hacerse notar e incluso en las discusiones, como un niño pequeño, tendrá que decir la última palabra para quedarse satisfecho, como en sus surrealistas conversaciones con el detective Conrad (Ed O’ Neill).




Un ejemplo perfecto de ese egocentrismo y necesidad de hacerse notar lo tenemos en cómo resuelve el caso del “fanático pelirrojo”, a puñetazos, deslizando al desdichado pervertido por la barra del bar y disparando a una bola de esas brillantes de discoteca para que le aplaste la cabeza… Un Clint Eastwood de la vida, como él mismo verbaliza. Todo muy sutil.




sábado, 16 de mayo de 2015

Crítica: MONSTRUOSO (2008)

MATT REEVES











Bajo la producción de J. J. Abrams (Perdidos, Star Trek XI), “Monstrroso” es un mainstream en estado puro de apariencia indie, o una cinta de apariencia indie con medios de superproducción, lo que es una apuesta arriesgada y loable, distinta a este tipo de superproducciones de catástrofes y monstruos, pero sólo desde el punto de vista estético, es decir, engaña al ojo, pero no al cerebro. Distinción estética para contar lo mismo.



Un monstruo gigante aparece repentinamente en la ciudad de Nueva York, asistiremos a semejante acontecimiento desde el punto de vista subjetivo de la videocámara que portan unos amigos que ven interrumpida su fiesta de despedida a otro amigo por culpa este incómodo invitado.

Esta intención de querer dar una nueva perspectiva al género de catástrofes y criaturas monstruosas, hacerlo más realista, es elogiable desde todo punto, como he comentado, el problema radica en que dicha propuesta se queda en lo visual, sin nada más que echarse a la boca, una cuestión estética que pretende asemejarse a un testimonio periodístico en primera persona, como vemos tantos en la actualidad, de la mano de gente anónima que se enfrenta al hecho excepcional.

Esta idea de apariencia realista, concepción indie, pero medios de superproducción, de un mainstream en toda regla, presenta además problemas tanto en sus resultados y resoluciones como a nivel filosófico, de concepción.






El mayor problema de la propuesta estética, ese permanente uso del punto de vista subjetivo en formato “video casero” que pretende provocar mayor impacto y reproducir el hecho de forma más realista, es, de forma evidente, que resulta mareante, una cámara en mano que no para de moverse, hacer panorámicas radicales, encuadres poco definidos, saltar… que llega a cargar hasta la nausea. Es una concepción periodística, es como lo veríamos en un telediario producto de la inmediatez, de la grabación en el mismo “campo de batalla”, desde móviles o cámaras digitales, pero que estirado casi hora y media, aunque sea una cinta corta, satura al más pintado…


Además de esta evidente incomodidad visual, todo lo que vemos resulta artificioso. La idea de estar siempre pegado al móvil o la cámara digital puede ser buena, pero que en las situaciones más extremas ni uno de los “operadores amateurs” las suelten ni para salir a la carrera desesperadamente no se la cree nadie. En el momento que viéramos un monstruo de esos cerca todos sabemos dónde iba la cámara a parar, y en la mayoría de casos, una vez empieza lo bueno, la buscaríamos un lugar adecuado para tener las manos libres y estar más cómodos, pero se ve que a estos chicos se la pegaron con Super Glue y la mantienen permanentemente encendida y enfocando… Muy artificioso, muy forzado…


Estas ideas contrapuestas, look indie en un mainstream, aspecto de realismo que cae en la más absurda artificiosidad, es lo que acaba provocando que la película no sea satisfactoria finalmente, que haga zozobrar la propuesta desde su misma concepción filosófica.

La idea de video casero recuperado de una tragedia casi nos remite a la versión “Godzilla” de “El proyecto de la bruja de Blair” (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999). Escenas cotidianas de pareja, bromas intrascendentes, un conflicto de pareja… y la misma cámara en manos de distintos personajes para hacerlo aún más forzado en la presentación, justificado porque el dueño de la cámara quiere un recuerdo de no se sabe muy bien qué para su despedida... Si te pones a grabar, podrías grabar algo más interesante…

El protagonista se va a Japón, así el guiño a Godzilla queda más simpático. La puesta en escena deja buenos detalles de aparente naturalidad, el chico que lleva la ex novia del protagonista desconcertado buscándola con las copas en la mano, apariciones fugaces de otros personajes ante la cámara sólo con la intención de que vayamos teniéndolos presentes…

Pasado el cuarto de hora empezará la aventura, un posible terremoto, explosiones, caos, carreras, encierros claustrofóbicos, destrozos que adelantan el 11-S, La Estatua de la Libertad perdiendo la cabeza en plena fiesta, la fugaz aparición del monstruo, más terrorífico porque apenas lo vemos, en un buen detalle…




Otro de los problemas de la cinta es que aunque el impacto del suceso pueda ser eficaz en cierta medida, nuestra indiferencia por los personajes es total. Los 15 minutos donde se pretende hacernos cómplices de ellos, de sus motivaciones, su futuro y sus anhelos, no resultan efectivos, son meros muebles y el espectador nunca se implica emocionalmente con ellos, nos da igual lo que les ocurra, lo único que interesa es ver al monstruo y cómo terminarán con él, si es que lo hacen…

Una huida y un objetivo para crear suspense y generar algún tipo de interés dramático, que nuestro protagonista, Rob (Michael Stahl-David), llegue hasta su ex novia, Beth (Odette Annable), que se fue enfadada de su fiesta de despedida.


La confusa escena del puente, de grandes efectos especiales y donde vemos la cola del monstruo, es buen ejemplo del artificio, sólo oímos a una de las chicas gritar “Jasoooon” constantemente, por encima de la muchedumbre y de forma cansina, mientras se derrumba el puente y nuestro guía no suelta la cámara ni aunque le vaya, literalmente, la vida en ello…



Gracias a los noticiarios se amplía en cierta medida la mitología de la película, con esos pequeños monstruitos de gran movilidad que parecen salir del gigantesco monstruo y que irán cobrando protagonismo. Por ejemplo en las escenas en el metro, donde volverán a aparecer para acabar con alguno de los miembros del grupo protagonista y descubrirnos algo de su funcionamiento. Estas escenas en el metro son de gran poderío visual, con ese juego de luces intermitentes, oscuridad, tenebrismo y claustrofobia, un suspense creciente con las ratas y los ruidos hasta el ataque de los bicharracos, sin que se minimice el estilo visual, caótico y confuso. Magnífico el plano en el que pasamos a visión nocturna para descubrir a los monstruitos en el techo.




Por supuesto, nuestros protagonistas terminarán involucrados en los momentos más complicados, desde la mencionada destrucción de un puente a ver cara a cara al monstruo mientras el ejército lo bombardea con tanques con ellos en medio, pasando por el hospital de campaña… De nuevo el artificio camuflado de naturalidad.



Cuenta atrás para huir y misión de rescate en un edificio semiderruido que permite momentos de menos frenesí visual dentro del continuo balanceo de la cámara en mano. Una vez todos juntos sólo quedará huir en helicóptero de Manhattan antes de que lo destruyan.


Los impactos sobre el monstruo, casi moribundo, y su repentina resurrección para destrozar el helicóptero en el que se iban tres de nuestros protagonistas, uno de ellos el de la cámara, es el punto álgido de la película, aunque de nuevo profundamente artificial. Tras el accidente del helicóptero lo primero que harán nuestros protagonista será, efectivamente, coger esa cámara a prueba de bombas, para seguir grabando… El monstruo, además de brincar para cazar el helicóptero de los protagonistas, como si de algo personal entre él y ellos se tratara, aparecerá tras el accidente para observarlos, como si fueran su causa o misión última, algo que resulta un poco absurdo, aunque a nivel dramático tenga más impacto, claro… Eso sí, se comerá al portador de la cámara, casi entero, pero dejará el aparato para que la parejita de enamorados pueda seguir grabando.


La puesta en escena, los decorados, rodados en planos secuencias inestables, y los efectos especiales y de sonido, son muy notables, un trabajo y look de primera para una apariencia indie.

En el final, bajo un puente que no tardará en ser destruido, la parejita de enamorados quedará sepultada bajo unos escombros en romántica conclusión…



A pesar de todos estos problemas, hay que reconocer grandes virtudes en la cinta, su apuesta por no hacer exhibición gratuita de efectos especiales, muy buenos y adecuados por otra parte, además de lograr una gran tensión y momentos de magnífico suspense, sobre todo porque decide insinuar más que mostrar. Puntos muy a su favor en una cinta que no deja de respetar las convenciones del género ni renuncia a la espectacularidad en ningún momento.



He mencionado alguna referencia, desde la evidente “Godzilla” o cualquier título análogo a este, hasta “El proyecto de la bruja de Blair”, pero debo añadir que en esta película está el germen de “Chronicle” (Josh Tank, 2012), que apuesta por la misma idea, coger un género, en su caso el de superhéroes, y dotarlo de realismo y una estética indie, con la omnipresente cámara en mano.

Pros y contras en una cinta que tiene su punto reivindicable aunque no termine de convencer en absoluto. Es muy corta, no llega a la hora y media, lo que se agradece. Es poderosa en muchos momentos, aunque podría dar para más cosas, pero necesitaría un grado mayor de complejidad y depuración para hacerla creíble de verdad. Es exactamente lo mismo de siempre en el fondo, con una coartada estética que acaba por resultar irremediablemente contradictoria, como subterfugio para hacerla pasar por algo que en realidad no es, algo original. Entretenida.

Atentos al último plano de la cinta, clave para entender de donde sale el monstruo.