domingo, 31 de agosto de 2014

TIEMPO DE HÉROES: La Venganza De PekinP

LITERATURA. Novela Ilustrada.











Se critica muchas veces que no haya proyectos o propuestas verdaderamente interesantes en nuestras fronteras, que en España el mercado del entretenimiento en cine, series, cómics o lo que sea, no  esté a la altura de otros lugares, siempre sometido y casi obligado a la mediocridad salvo excepciones. El espectáculo grandilocuente y decidido, profundo, nos parece vedado, pero lo cierto es que el talento existe, está presente, y los proyectos y propuestas también, sólo hay que apostar por ellos con decisión y, por supuesto, intentar no rebajar sus ambiciones… Si para ello se necesita una coproducción, pues bienvenida sea, hay ejemplos…

Aquí os presento uno de esos proyectos que rezuma talento por los cuatro costados y que si alguien se decidiera a apostar con fuerza por él podría dar muchísimas alegrías… y en muchos formatos. Presentada como novela ilustrada, “Tiempo de héroes” es una historia que casi pide a gritos una buena serie o una saga de películas, pero bien hechas y realizadas, sin “cutradas”.

Uno de los principales motivos por los que este proyecto podría tener éxito, y no sólo aquí, ser exportable a cualquier otro lado, es por la universalidad del mismo, de su estilo, ambición y propuesta. Una universalidad, que como ocurre con el cine americano, no impide que además el proyecto sea muy nuestro, castizo, autóctono... Podemos discernir montones de personalidades y referencias de todo tipo, ecos a personajes eternos e historias y situaciones con las que se puede reconocer e identificar la gente de cualquier lugar.

Renuncia a esa tosquedad tan acostumbrada en nuestro cine, incluso en las cintas más comerciales, como si hubiera que reivindicar lo kitsch, lo desagradable u hortera como si eso fuera la pura esencia de lo español, en una visión completamente equivocada. “Tiempo de Héroes” apuesta por la depuración de todo esto, universalizando pero siendo auténtico y reconocible por cualquier espectador de aquí, o sea, cogiendo los elementos e instrumentos americanos, por ejemplo, para su concepción en tono y narrativa sin perder de vista nuestra realidad.

Tiempo de héroes” integra lo cotidiano con lo extraño, uno de sus grandes elementos de interés, lo realista y social con lo fantástico, retratando el lado más oscuro del mundo en el que vivimos. Esto se logra equilibrando todos los componentes y elementos con naturalidad y apostando por una realidad que nos rodea, la española, con terrorismo, lugares reconocibles, personajes cercanos… que es perfectamente extrapolable a otras latitudes y a cualquier sociedad.

Esta novela ilustrada es una amalgama de géneros, influencias y referencias, por lo que satisfará a todo el mundo que disfrute con el serial, el cine y las novelas negras, los superhéroes, la intriga, las asociaciones secretas, el género fantástico, el terror, el cómic, los videojuegos…

INFLUENCIAS.

Tiempo de héroes” no sólo es una gozada para todo amante de los cómics o incluso el cine, sino para todo amante de la cultura en general porque tiene en su vientre multitud de influencias y referencias que se sugieren o muestran, unas explícitas otras más implícitas. Muchas se escaparán, pero resulta francamente apasionante ir recorriéndolas y descubriéndolas, o al menos detectando muchas aunque no fueran voluntarias.

Es evidente que los cómics y muchos de sus héroes aparecen sugeridos de alguna forma, desde el toque Fran Miller y su “Sin City”, por ejemplo, a clásicos como Spiderman en ese magnífico personaje llamado Aire.

Hay muchos homenajes a novelas y cómics, menciones a Arthur Dayne de Juego de Tronos, Rorschach de Watchmen, Don Cristal, El Cuervo… Del mismo modo hay mucho del mundo del videojuego, algo con la que la propia novela bromea, autoconsciente de sus influencias, que como he dicho en muchas ocasiones, en la actualidad lejos de ser un defecto es una gran virtud.

Me fascina el poderío visual que transmiten las páginas de la novela, sin contar, por supuesto, con las magníficas ilustraciones que la adornan, porque son tremendamente cinematográficas. De hecho hay mucha influencia cinematográfica en esta obra, grandes nombres vienen a la cabeza mientras recorremos sus líneas. Uno de los que me parece más llamativo es Brian De Palma, no ya en el toque “Carrie” que tiene la historia de Silvia, sino en el juego de puntos de vista distintos para el mismo hecho. Aparte del toque sangriento que tanto gusta al cineasta. Ese toque sangriento también relaciona “Tiempo de Héroes” con Tarantino, quizá el cineasta más influyente de las últimas décadas, entre otras cosas por cómo están cuidados los tempos antes de las explosiones violentas, el gusto por la violencia y la aventura, la idea de venganza que vertebra a buena parte de los personajes y sus historias, y esa amalgama de influencias que estoy desentrañando en este apartado y de la que podemos disfrutar en toda la filmografía del director americano, donde es capaz de mezclar con naturalidad todo tipo de géneros, estilos y texturas. “Kill Bill” sería la película que más cerca estaría de “Tiempo de héroes”, sobre todo su primera parte, ya que tiene su misma energía y filosofía.

Esa mezcla de lo cotidiano y lo extraño, de hacer de una historia con superhéroes algo realista, nos lleva a propuestas tan interesantes como “El protegido” (2000) de M. Night Shyamalan o “Chronicle” (Josh Trank, 2012), pero explorando más facetas de la sociedad y la realidad que rodea a los personajes.

No sólo tenemos influencias modernas o cinematográficas, la literatura y el fantaterror y terror clásicos están muy presentes y sugeridos en muchos momentos de la historia, es fácil intuir a Drácula y los vampiros (Lilith), a Frankenstein (Sebastian Alenda), a Jeckyll y Hyde (PekinP) a los zombies (el ejército de Silvia)… en muchos momentos durante la lectura…. Por supuesto hay que nombrar a Stephen King, del que ya mencioné su “Carrie”, y del que se ve su toque durante la historia.

UNIVERSO DE HÉROES.

No sólo son referencias e influencias lo que forma “Tiempo de héroes”, como ha quedado claro a lo largo de este análisis y con todas las claves desarrolladas al inicio. Estamos ante un universo de personajes y conceptos muy bien desarrollados, inteligentes y de enjundia.

En “Tiempo de héroes” sus responsables cogen el lado oscuro, terrorífico, de la sociedad supuestamente civilizada y hacen un ejercicio de “realismo escabroso” o “naturalismo truculento”, donde la excepcionalidad de algunos de los personajes casi resulta menos llamativa que el espeluznante y realista entorno en el que se mueven.

-La sed de venganza, enraizada en la idea de justicia, va uniendo a los personajes más positivos de la historia, pero también influirá en algunos de los villanos. Este aspecto también es muy tarantiniano, como he comentado. Las ansias y búsqueda de libertad, el desarraigo, el abuso… son temas recurrentes durante toda la novela y que vemos en muchos personajes, sobre todo protagonistas. Los look muy definidos y carismáticos, llamativos, son un elemento obligado en las historias de superhéroes y usado muy a menudo por cineastas como el propio Tarantino, para seguir con el vínculo.

-Hay muchos recursos narrativos y medios diversos para contar la historia, el uso de noticias, diarios o relatos que se encuentran o cuentan los personajes aparecen en abundancia durante la narración de manera recurrente. En relación a esto es muy interesante como se va gestando el personaje de Iván Sicilia a través de relatos ajenos, sobre todo de su hermano.

-Los desdoblamientos de personalidad son comunes en la obra, son muchos los personajes con dualidad en una aguda reflexión sobre una sociedad que no permite mostrar el verdadero yo o a la que hay que ocultárselo para resultar aceptado o poder enfrentarse a ella. Gato, Lilith, Silvia, Andrés Sicilia y su hermano Iván

-Las familias y las relaciones paterno-filiales de todo tipo, a menudo problemáticas, son uno de los motores principales que mueven a los personajes. Unas veces por el trauma que les hicieron sufrir, otras por su ausencia, otras por el amor sincero que se profesan… Andrés e Iván Sicilia, Lilith, Gato o Silvia, son algunos de los personajes que nos sirven de ejemplo sobre esta idea. Multitud de familias rotas, desestructuradas, disfuncionales, falsas... Pasados perturbadores y vinculadores, donde la muerte de los padres suele resultar un momento definitorio.

-De hecho el pasado es otro elemento importante en la novela, perturbador, vinculador o por descubrir (ahí tenemos a la madre de Silvia, el diario del caníbal Alenda, el de los Sicilia…). El reencuentro con el pasado, de hecho, será una clave básica dentro de la obra.

-Es interesante, algo que personalmente me encanta siempre que se hace bien, como es el caso, observar la gestación de héroes o de villanos, como se va formando ese carácter, la conversión paulatina. Un elemento que marca la excepcionalidad de los personajes y que entendamos el interés que se les presta y despiertan.

Alguien tiene que hacerlo”.

-Los encierros, los retiros, el aislamiento y la lejanía de la sociedad como impulso de los personajes e incluso definición de sus motivaciones, aparecen de forma constante en las diversas historias que se van cruzando en esta estupenda novela ilustrada (Andrés, PekinP, Silvia, Alenda…)

-Se juega mucho con los paralelismos, situaciones parecidas o coincidencias en las historias de los personajes, por ejemplo el vínculo entre Andrés Sicilia y Sebastián Alenda o, a nivel narrativo, las incursiones en casas ajenas, que vemos con Gato (Raúl Fuentes) y Silvia o los abusos sexuales que sufren algunos personajes…

- Nuestros protagonistas y buena parte de la nutrida gama de personajes son seres rotos, con complejos, problemas y vicios (adicciones, deformaciones, enfermedades...). Seres luchadores que buscan redención, además de venganza o reafirmación. Luchadores que buscan superar sus traumas, arreglar sus desperfectos, olvidar… Un fascinante universo de seres grises, héroes nada puros ni ejemplares y villanos con rasgos y motivaciones comprensibles y bondadosas…

Por supuesto tendremos suspense, acción, apasionantes escenas repletas de tensión, mucha violencia, tanto física como psicológica… Escenas vibrantes, emotivas, escalofriantes…

Hay ciertos tópicos, como esos villanos ricos que además son poderosos y no tiene ningún escrúpulo, ISLA. Las asociaciones secretas son otro elemento con el que se juega hábilmente y se es fiel a las convenciones de uno de los múltiples géneros que amalgama “Tiempo de héroes”. También se aprecia que a la historia de Silvia le cuesta avanzar, en ocasiones parece algo estancada y reiterativa. Nada problemático, es de las más sugerentes. Habrá otra asociación, NIDO, y según avancemos veremos en la villana asociación, ISLA, el objetivo de nuestros desperdigados protagonistas, algo que ocurre de forma fascinante y que es uno de los grandes atractivos de la novela, cómo confluye todo.

La venganza de PekinP” es la primera novela ilustrada de la trilogía “Tiempo de héroes”, que podéis seguir leyendo en su página web, a la que podéis acceder pinchando AQUÍ o en los títulos entrecomillados. La publica Norma Editorial y que está basada en la ambientación de la novela 'Hoy me ha pasado algo muy bestia', de Daniel Estorach.


Si te gusta este género o alguno de ellos ¿a qué esperas para hacerte con ella?

Productores, ¿a qué esperan para dar impulso a un proyecto como este, que lo está pidiendo a gritos, de todas las formas posibles, televisión, cine…?

No pierdas la oportunidad de disfrutar de un trabajo bien elaborado y de calidad.


Si pincháis aquí podréis ver la presentación de la novela con ALEX DE LA IGLESIA.




ILUSTRACIONES.

Julián López
CalaveraDiablo
Santiago Ramos
Jordi Armengol
Estela Gaona
Fany Carmona
Daniel Eduardo Mendoza
Mamen Iglesias
Jose Barrero
Olga Masià
Miren Leyzaola



ESCRITORES.

J. G. Mesa
Díaz de Tuesta
Jordi Armengol
Rosa G. Panera
Jordi Armengol
Rafael Nebrera Ruiz
Daniel Estorach
Antonio G. Mesa


domingo, 29 de junio de 2014

Crítica: 300: EL ORIGEN DE UN IMPERIO (2014)

NOAM MURRO













Otro péplum digital más para seguir la nueva moda. Una moda que hasta el momento da pocas alegrías porque la mayoría de los proyectos no pueden ser más lamentables. Con todo, la que nos ocupa no es la peor de ellas, tiene un digno referente, la exitosa “300” (2006) de Zack Snyder, de la que es precuela/secuela.

Esta “300. El origen de un imperio” toca de forma tangencial la cinta protagonizada por Gerard Butler. Si en la cinta original la narración se centraba en un episodio concreto de la 2ª Guerra Médica (480-479 a.C.), la batalla de las Termópilas, en la que nos ocupa se abarca buena parte de ella, con mención y referencias a la 1ª Guerra Médica inclusive, la batalla de Maratón. Así asistiremos a lo que aconteció temporalmente antes de la mencionada batalla de las Termópilas, coincidiremos en paralelo al momento en el que Leónidas se bate con los persas, mientras se nos cuenta la historia de Temístocles, y luego seguiremos para continuar conociendo los acontecimientos tras el sacrificio de los 300 espartanos. Una narración, por tanto, que amplifica lo narrado en “300” tocándolo de forma tangencial.



300” de Zack Snyder tampoco es ninguna obra maestra, pero es un relato épico más que apreciable que saca gran partido a su poderosa estética.

Temístocles (Sullivan Stapleton) lidera las tropas griegas que se enfrentan a los persas de Jerjes (Rodrigo Santoro). Aunque venció inicialmente a Darío (1ª Guerra Médica, 492-490 a.C.), los persas reunirán un poderoso y numeroso ejército para invadir y destruir Grecia y su capital. Temístocles deberá reunir a todos los griegos y aliados para defenderse, ya que estando en clara inferioridad tiene todas las de perder.



La primera escena, donde se nos muestra la definitiva batalla de Maratón donde los griegos vencieron a los persas de Darío, sirve de buen ejemplo para exponer virtudes y defectos del film, aunque como es de las que más virtudes tiene me centraré en ellas, ya que durante el resto del metraje será obligado centrarse en los defectos. 10 años antes del grueso de la narración.



Una escena para mayor gloria de nuestro protagonista, Temístocles, que casi se vale él solo para terminar con el ejército persa y su líder. Y menos mal que le pararon porque si no hubiera empezado también con su propio ejército. Una fiera. La escena es brillante, estéticamente muy conseguida y de la que se goza especialmente gracias a los planos sostenidos, planos largos, planos secuencia, que permiten ver la acción al completo… El problema viene cuando se ve en exceso hasta hacerse cansina por culpa de las cámaras lentas constantes, que si bien eran un rasgo de identidad de la cinta de Snyder aquí resultan tremendamente abusivas, gratuitas, excesivas y esteticistas… En cualquier caso ver a nuestro protagonista seguido por la cámara ir matando persas y derramando su sangre a cámara lenta, en ese gore esteticista imprescindible en esta saga, se disfruta mucho. Visualmente muy apreciable, es la gran virtud del film, aunque le debe casi todo a su predecesora, claro. Un contundente inicio.



Se sabe de antemano que la gran virtud de la película la vamos a tener en la estética que recoge la herencia de su predecesora, el gore estilizado, lujoso y embellecido, de colores saturados e intensos, pero lamentablemente aquí esa virtud no se gestiona lo bien que debería, resultando a menudo excesivamente cargante, esteticismo gratuito.

Afectación impostada.

Del mismo modo que estos puntos son elogiables, en esta misma escena tenemos cristalinos ejemplos de los peores defectos. El momento en el que vemos a Jerjes intuir a Temístocles y localizarle con la mirada según se vuelve a 200 metros, para acto seguido gritar “Noooo” a cámara lenta e intentar salvar a su padre, Darío, de una flecha que aún no ha lanzado aquel, es tan patético como bochornoso y ridículo. Caer a estas alturas y sin rubor en un tópico tan afectado no deja de sorprender. 





De hecho la forzada y artificiosa afectación es uno de los lastres de la cinta. Lo que en “300” era épica aquí es afectación impostada, lo que allí era intensidad emotiva aquí es artificiosidad cargante y grandilocuente. A esto ayuda poco el trascendido tono en el que hablan, también en la versión original, cabe decir.


Se trata de crear un tono épico señalando la grandeza persa y la diferencia en número con respecto a los griegos liderados por Temístocles, es decir, la misma idea que en “300”, pero aquí resulta burda por evidente y reiterativa, artificiosa, esclava de esa grandilocuencia afectada sin autenticidad. Que quede claro, que los persas son muchos y los griegos pocos y torpes, que quede claro ¡eh!


Las arengas, los discursos, que se intercalan entre batalla y batalla, son de un simplismo francamente cansino, reiterativo. Lo que en “300” funcionaba como lógica motivadora, aquí vuelve a resultar falso y pesado. Por si fuera poco Temístocles tendrá el detalle de informar a su escaso ejército del plan de combate a 10 segundos de iniciar el mismo… No digo que hiciera falta más viendo los resultados, pero hombre, un poco más de preparación desde el guión para disimular no hubiera quedado mal. Eso no da mucha seguridad ni resulta muy profesional.



Lo peor de todo es que en esas arengas y esos monólogos a veces nos da la impresión de estar viendo “La delgada línea roja” (1998) de Terrence Malick… En los discursos se desarrollará la idea de camaradería, la fraternidad y el vínculo irrompible que crea el combate. Arengas sobre el patriotismo llenas de testosterona.

Elegimos morir de pie a vivir de rodillas”.

Por si fuera poco no sólo son cansinas las arengas, es que muchos de los diálogos son para darlos de comer aparte por ridículos, producen sonrojo en su afectación… Un ejemplo, la frasecita del traidor jorobado a Temístocles

¡Pero habrá muerte y destrucción…!


El maniqueísmo también resulta bastante insufrible, los persas son malos malísimos, porque sí, por ser persas, y los griegos los guays, los buenos, cuna de la democracia.



Lastres dramáticos.

Tampoco funciona la coherencia interna de la cinta a nivel dramático por forzar los conflictos y desarrollar horriblemente los antagonismos. No tiene mucho peso la cinta en este apartado dramático más allá de la lucha de unos hombres por defender lo que creen justo y suyo, pero los pocos elementos que contiene están tratados con brocha gorda o torpeza infinita.

Así, por ejemplo, se plantea un conflicto personal claro entre Jerjes y Temístocles inicialmente, un duelo claro y vertebrado en la venganza. La idea planteada y luego obviada, o no mostrada en ningún momento, es un supuesto tormento, miedo o arrepentimiento de Temístocles por no haber matado a Jerjes en la batalla de Maratón, aunque tampoco vimos la opción ni se justifica por qué no lo intentó. El caso es que jamás se aprecia ese tormento o miedo en Temístocles, ni que pierda un segundo de su tiempo pensando en Jerjes como tal. Mal contado, mal expuesto. Aquí se abriría un camino para la venganza de Jerjes contra Temístocles por matar a su padre, también forzado porque esto jamás ocurrió en verdad, licencia histórica, pero tampoco en ningún momento se desarrolla ni muestra esta idea o motivación más allá de la presentación. Será Artemisia (Eva Green), por el contrario, la que se enfrentará con Temístocles (Sullivan Stapleton), la verdadera antagonista. Es ella la que tiene el protagonismo como “villana”, en contra de lo que se hace ver al inicio. 

Solemos juzgar el futuro por lo que hemos sufrido en el pasado”.

Otro lastimoso error dramático lo tenemos en la supuesta tensión que debería crear la alianza con Esparta. En los primeros planos vemos como la viuda de Leónidas, Gorgo (Lena Headey), se dirige junto a sus soldados al encuentro naval de los griegos, precisamente, con lo que el supuesto suspense en el clímax final sobre la llegada o no de los espartanos queda reducido casi a cenizas…


El novato Calisto (Jack O’ Connell), hijo de la aparente mano derecha de Temístocles, Scyllias (Callan Mulvey), habla como si le importase a alguien lo que dice, un personaje que se mete con calzador, que no se desarrolla en ningún momento y que se dedica a inmiscuirse en conversaciones de manera forzada y ridícula para que lo tengamos en cuenta. Ese afán de protagonismo impostado por culpa de un guión mal trabajado sólo logra que se le coja manía. Este personaje tendrá otro de esos momentos dramáticos lamentables que tiene la cinta, la muerte de Scyllias, forzadísima desde la puesta en escena para que su hijo llegue a su altura y lo vea justo en el momento en el que cae al suelo al recibir el impacto de una flecha, por supuesto a cámara lenta…





Lo peor es que acto seguido vemos más afectado por la muerte de Scyllias a Temístocles que a su propio hijo, que parece estar allí porque tiene que estar, con cara de cansada resignación… Al final tendrán a bien mostrar un plano del hijo junto a su padre, por el qué dirán…





El aspecto histórico hace aguas, Darío murió varios años después de Maratón y no precisamente por nada acaecido en esa batalla ni a manos de Temístocles, por supuesto. Son licencias que hay que asumir. Pero no nos centraremos en estos aspectos.








Temístocles se convertirá en leyenda por matar a Darío, ser el héroe de Maratón, y Jerjes se transformará en una especie de deidad mediante ritos iniciáticos. Elementos fantásticos dentro de la narración, legendarios. Le cambiará hasta la voz, con eso os lo digo todo, aunque para él no será un trauma como sí ocurre con los niños del coro, su voz grave le servirá para atemorizar… A su vez habrá avisos de oráculos, la desgracia que caerá sobre Atenas, la advertencia de dejar en paz a los griegos… Por supuesto los intentos infructuosos, inicialmente, de Temístocles de convencer a los espartanos en su lucha contra los persas servirán para reiterar los valores del pueblo de Leónidas… Que no falte nada.


Sin los espartanos sólo somos granjeros”.

Artemisia (Eva Green) será presentada con contundencia, pero de una forma insufriblemente reiterativa. La veremos manipular a Jerjes y su contundencia en las acciones, algo que volveremos a comprobar en la escena del traidor en el barco, que aporta más bien poco a nivel narrativo. Por si esto fuera poco tendremos que sufrir otro tópico de esos que piensas ya no verás, como es el socorrido flashback de la traumática infancia de un personaje, que ve morir a su familia generalmente, para posteriormente comprobar su evolución y darle un carácter mítico o legendario. Esto no faltará con Artemisia. La leyenda a través del un pasado lo más efectista posible.

No sólo hay defectos dramáticos, también los hay narrativos, la historia no avanza, hay baches narrativos constantes, reiteraciones, repeticiones y tiempos muertos que frenan el fluir de la historia, que no es nada compleja, por otro lado. A las arengas repetitivas le suceden batallas, todas en la misma línea, lo que tampoco hace avanzar la narración aunque entretengan, pero es que además se repiten los mismos aspectos varias veces, Temístocles intentando convencer a Gorgo (Lena Headey), las distintas pausas entre batallas sin más elemento narrativo que esperar la siguiente contienda, las batallas en el mar en sí… Por si fuera poco nos repetirán el flashback con la muerte de Darío, por si se nos había escapado… Todo hace de “300. El origen de un imperio” una cinta morosa, que se alarga de manera absurda, vacua.




Son más los defectos que las virtudes, bastantes más, en esta película, pero no cae en desastres incoherentes para despreciarla del todo, por lo que finalmente puede resultar un aceptable espectáculo gracias a su aspecto estético, básicamente.





Batallas.

300. El origen de un imperio” son tiempos muertos, a menudo insufribles, entre batalla y batalla, ahora navales, como novedad respecto a su predecesora. Esto de las batallas navales será en plan boxeo, por asaltos, cuatro asaltos con sus pausas, para las arengas y los discursos… ya sabéis.

Por supuesto las escenas de acción son lo mejor de la cinta, aunque en la mayoría hay irregularidades. La primera batalla bajo la tempestad deja grandes momentos, como la defensa en círculo, que se disfrutan gracias a las mencionadas virtudes de dirección, planos sostenidos, montaje sobrio, planos secuencia... que permiten ver todo con detalle, pero resulta insulsa y breve para la expectación que habían levantado y la sensación de fatalidad que pretendían transmitir. Además se echa en falta mayor amplitud, se omiten en exceso los planos generales, por lo que todo parece minimalista con la jugada de las embestidas de los barcos griegos en inferioridad, se ven cuatro choques mal contados. Por ello cuando dan los datos de la derrota persa entendemos que no se nos ha mostrado todo en su enormidad, que nos hemos perdido la verdadera dimensión de la batalla y la victoria griega. 75 barcos destruidos, 30 irreparables y 20 reparables.




La siguiente batalla será en un mar en calma y nos dejará detalles del ingenio naval y táctico de Temístocles, aprovechando la niebla para hacer una embocada entre acantilados, lugar adecuado para minimizar la superioridad numérica persa. Está contado de aquella manera, pero resulta eficaz.




Tercer asalto, con momentos muy espectaculares y visualmente brillantes con el fuego y el mar en llamas producto del aceite vertido. Con todo se abusa de los planos esteticistas, que si bien son bellos acaban siendo excesivos y recargados. Por ejemplo, el momento onírico con el que finaliza la batalla resulta absurdo y desquiciante. Aquí se producirá una derrota en el bando griego, pero estaba prevista en cierta forma, con lo que tampoco produce un especial impacto dramático, salvo el forzado de la muerte de Scyllias (Callan Mulvey).



El duelo y confrontación más notable, que además supone el mejor momento de la cinta, la mejor escena, es el polvo entre los antagonistas Artemisia (Eva Green) y Temístocles (Sullivan Stapleton), un duelo, un combate, una seducción, que choca en frenesí sexual. Un gran momento. La sobriedad en la dirección, durante la misma conversación, sigue predominando. 







La última batalla naval, la cosa se repite un poco, será la definitiva. La tremenda inferioridad griega será subsanada con la llegada salvadora de los espartanos. De la heroica contienda para una muerte resignada de los griegos a la victoria gracias a Esparta. Aquí el director Noam Murro sublimará los aspectos más brillantes de su dirección, la sobriedad en el montaje, la buena puesta en escena y los planos muy sostenidos en la acción, con un plano secuencia espectacular siguiendo al caballo de Temístocles mientras salta de barco en barco matando persas y su posterior lucha a espada. Bien es cierto que al pixel se le ve el cartón… No se ve del todo bien la batalla hasta la llegada de los espartanos, momento en el que se usan planos más generales que permiten verlo todo algo mejor.




Luchas mejor que follas”.

El último duelo, como no podía ser de otra forma, será entre Artemisia y Temístocles, pero en esta ocasión a espada, no sexual, aunque hay connotaciones en ese sentido en la lucha y sobre todo en la muerte de Artemisia. La anterior frase de Artemisia es algo injusta porque ninguno de nosotros la vio pasarlo mal en su polvo con nuestro protagonista.


El final será con más insufribles cámaras lentas…

Esteticismo excesivo.

Es evidente que la estética de “300” fue uno de sus puntos fuertes, sumado a una buena historia a la que se sacó buen partido épico. Aquí era obligado conservar esas virtudes y el film visualmente resulta muy atractivo, el problema viene cuando parece que se ha prestado más atención a esto que a contar bien la historia. Se gestiona mal esa virtud heredada de su predecesora.



Es por ello que vemos innumerables escenas hermosas desde lo visual pero gratuitas desde lo narrativo, que tendremos la impresión de que los responsables se preocupan más de que a cada muerto no le falte su salpicón de sangre que de narrar con coherencia lo que ocurre, que se preocupan más de que se note como flota la paja y el polvo en cada plano que de que los diálogos resulten naturales…



El esteticismo llega a ser insufrible y lastra el ritmo en no pocas ocasiones, no sólo con el exceso de cámaras lentas, a veces muy lentas, sino con detalles constantes. Un ejemplo, la gota de sangre que se desliza por la barba de Temístocles… Insufrible.

Irregular dirección, mal guión, pasables interpretaciones, donde sólo destaca verdaderamente Eva Green como Artemisia, buen look visual y el “War Pigs” de Black Sabbath… En definitiva, un film que aprueba ajustadamente como espectáculo visual, pero que en todo lo demás fracasa estrepitosamente, quedando realmente lejos de su referente. Decepcionante.