viernes, 1 de julio de 2016

Crítica LA MUJER PANTERA (1942) -Parte 2/4-

JACQUES TOURNEUR











La capacidad de sugerencia.

Desde el mismo inicio, con ese travelling que vincula a la pantera con Irena y el viento que mece y muestra el dibujo de una nueva pantera atravesada por una espada, es un ejemplo perfecto de cómo sugerir desde lo visual, de cómo crear inquietud, extrañeza y a la vez ir dando información que intrigue al espectador, metiéndole de lleno en la historia. Es pura poesía.


-Tourneur usa todos los elementos a su disposición para crear atmósferas y usar la poesía, no en balde el terror es el género más poético del cine, el más sugerente, y cuando está bien tratado es un auténtico deleite. Y Tourneur era un maestro en esto. Todos los elementos encajan a la perfección en una cinta de terror, pero es que además son elementos por los que tengo devoción, me hacen sentir un placer indescriptible. Elementos sencillos, mínimos, cotidianos, pero que dan un sabor inigualable a las escenas y a esta película en concreto. El sonido de los pasos, la humedad en las aceras, las luces intermitentes, las sombras, niebla atravesada por lámparas… es pura sugerencia, pura atmósfera, pura tensión contenida. Alguien siguiendo a alguien, una calle solitaria, el agobio creciente por un seguidor invisible… Excelso, tanto que no se ha parado de imitarlo.




-Cuando Oliver regale un gatito a Irena, el felino reaccionará de forma airada cuando nuestra protagonista intente cogerlo, una aversión incontrolable la del gatito que vuelve a sugerir con otro detalle extraño y de forma sencilla que Irena tiene algo oculto en su interior.

No gusto a los gatos”.



-En esta misma línea irá la escena de la tienda de animales, la escandalosa reacción de todos ellos ante la entrada de Irena, a la que ven como alguien amenazante, es un nuevo elemento intrigante que aumenta la tensión y el interés sobre ese personaje y lo que oculta, lo que lleva dentro.

-La mencionada escena que juega con la sombra de la jaula y el dibujo de la pantera en el biombo de Irena termina de forma magistral. Es francamente excepcional la sensación de amenaza, inquietud y terror que logra Tourneur con lo mínimo. Cuando vemos a la encantadora Irena meter la mano en la jaula para coger el periquito nos recorre un escalofrío ilógico, sin sentido, un acto sencillo se convierte en algo casi violento, amenazador, extraño… Cuando el pajarito muera de miedo por la presencia de esa mano, la mano de una pantera reprimida, tenemos otro elemento más de extrañeza, sin aparente sentido, pero que logra el impacto buscado: ir introduciendo en el espectador una sensación cada vez más intensa de terror a través de la sugerencia, de la sugestión, de lo intangible y lo inexplicable. La definición máxima del miedo.




-Una vez Irena y Oliver hablen de matrimonio nuestra protagonista comenzará a ir habitualmente de negro, con especial mención a su abrigo. La excusa desde el guión para que veamos esa prenda es perfecta: es invierno. Un negro simbólico y que relaciona a Irena con la pantera más íntimamente aún.



-La dirección y la puesta en escena de Tourneur deslumbra en esa capacidad de sugerencia usando todos los elementos a su disposición, con una mínima cantidad de recursos. Otro ejemplo lo tenemos con su forma de mover a los actores, integrando esta idea con la historia de forma perfecta y excepcionalmente sugerente. La poesía del terror, la atmósfera inquietante que logra Tourneur, son difíciles de superar, como en la escena donde los rugidos despiertan y levantan a Irena. La noche, su visita al zoológico, al que debió colarse… y los insinuantes paseos detrás de la cadena que la separa de las jaulas, sinuosos, exactamente como los que dan las panteras, como los que da la pantera que mira en ese mismo momento, a la que el director hará un plano más corto a continuación logrando un vínculo sensacional una vez más. Un vínculo cada vez más marcado que va acercando a Irena a su definitiva conversión.




-El sensacional y escalofriante momento en el que vemos a Irena rasgar un cojín con sus uñas es tremendo, sugestivo, terrorífico, otro detalle visual excelso.



-La escena, hacia el final de la película, en la oficina con la aparición de la pantera mientras Oliver (Kent Smith) y Alice (Jane Randolph) trabajan, es otra nueva muestra de terror sugerido, una obra de arte de la sugestión y el saber hacer cinematográfico. Una llamada; la alarma; las sombras; la puerta que parece cerrarse sola; la escalofriante aparición de la pantera; las reglas, símbolos fálicos, colgadas en la pared; reglas que tornan en cruz protectora contra el demonio de Irena (Simone Simon), reflejándose su sombra en la pared; el ascensor que se cierra; la puerta giratoria girando… Lugares solitarios donde sólo se intuye, ya que no se ve nada, sólo se siente la constante presencia de Irena, de la pantera. Esa es la sugerencia, esa es la maestría de Tourneur para crear una atmósfera.




-La escena de la muerte del doctor Judd (Tom Conway) retrata la película por completo, la escasez de medios y la abundancia de talento. El doctor quiere seducir a Irena, que dejará salir su pantera interior. Un juego visual brillante, ensombreciendo y distorsionando ligera y paulatinamente el rostro de Irena tras el beso del doctor, las sombras frenéticas reflejadas en la pared para la lucha entre ambos, los rugidos de pantera, el plano de la pantera en el biombo… nos dan la sensación de estar viendo al felino en todo momento cuando en realidad sólo aparece de forma fugaz al final de la secuencia… Pura maestría y capacidad de sugerencia sin mostrar nada explícitamente.




La modulación de la tensión con estos detalles extraños e inquietantes que van salpicando la narración es sencillamente extraordinaria, un magistral trabajo de guión y, sobre todo, dirección. El dibujo de la pantera de Irena, la historia sobre su pueblo, el rechazo del gato, el escándalo en la tienda de animales… Una leyenda, una superstición, haciéndose cada vez más tangible, patente, perfectamente modulada con elementos extraños e inquietantes.


En los años 40 y 50 se puso muy de moda y pegó muy fuerte el psicoanálisis, lo que dio para muchas intrigas psicológicas y películas sobre trastornos psicológicos. Eran tramas interesantes, en muchas ocasiones, que jugaban con dichos trastornos psicológicos, aunque habitualmente de forma algo burda o simplista, con el especial defecto de que se recreaban en exceso en las explicaciones verbales sobre esos trastornos… Satisface ver el talento e inteligencia de una propuesta como “La mujer pantera”, una serie B, en la que teniendo también como trasfondo un trastorno psicológico atractivo, morboso y profundo, se usa la metáfora y la sugerencia con una historia absorbente e inquietante repleta de genialidad narrativa y visual sin necesidad de subrayados ni verbalizaciones excesivas, huyendo de lo fácil constantemente.

Irena manifestará a su marido su sentimiento, el complejo que la atenaza, esa prisión interior de la que se ve incapaz de salir por el miedo que le provocan sus instintos.

Envidio a todas las mujeres que veo en la calle. Las envidio. Son felices. Hacen felices a sus maridos. Llevan vidas normales y felices. Son libres”.


Por supuesto dirá esta frase al lado de la jaula, de nuevo simbólica.




Es muy divertido el momento en el que Oliver dice “Necesitamos un psiquiatra”, con una afectación cómica casi paródica, y que irá relacionado con lo mencionado anteriormente sobre el psicoanálisis. Esta conversación en la parte final será frente a la estatua del rey Juan con la pantera clavada en su espada.


En la escena de hipnosis Irena verbalizará sus miedos, gatos simbólicos en su interior que la atormentan. Un miedo forjado en el pasado por la muerte del padre antes de que ella naciera, dando veracidad a la leyenda de las mujeres-gato. La idea de que el contacto sexual pueda convertirla en una, que cualquier pasión la lleve a matar a su pareja.





jueves, 30 de junio de 2016

Crítica LA MUJER PANTERA (1942) -Parte 1/4-

JACQUES TOURNEUR











Si por algo ha pasado el grandísimo Jacques Tourneur a la historia ha sido por sus películas de terror y su capacidad para crear atmósferas, ese estilo y aroma especial que desprendían y hacían especiales todas sus obras. Esto, por supuesto, entre los cinéfilos más superficiales, porque para los más exigentes, dedicados y sabios, Jacques Tourneur está por derecho propio entre los directores más grandes de la historia, aparte de por lo mencionado, por sus genialidades en todos los géneros, con mención especial al negro, el género más completo junto al western de la historia del cine, donde realizó la que, posiblemente, sea la mejor película del mismo. Hablo de “Retorno al pasado” (1947).




El terror fue el primer amor del director, allí forjó esas cualidades estéticas que le harían grande, esa magia, el aura especial e irrepetible, misteriosa, poética, sugerente y seductora, que harían de esos títulos de serie B clásicos eternos que siguen siendo referentes. Una estética y una sabiduría narrativa excelsa, vertebrada en su capacidad para la sugerencia por encima de la explicitud, su dominio de la elipsis; del sonido, que manejaba de forma magistral; del fuera de campo; de los juegos lumínicos; de los contrastes de luces y sombras… sacando el máximo partido a la imprescindible influencia del expresionismo alemán.

Nadie como Tourneur ha demostrado que el cine de terror es el género más poético que tiene el Séptimo Arte, precisamente por esa capacidad de sugerencia y potencia visual. En el cine de terror moderno, y no sólo de terror, la evidencia, lo explícito, lo subrayado es la norma a seguir, como si fuera el signo de los tiempos, donde hay que darlo todo mascado, tratarnos como tontitos en la creencia de que pudiendo mostrar todo para hacerlo más realista con grandes efectos especiales se logra transmitir más, cuando suele ser lo contrario. Lo mágico, lo fantástico, siempre es misterioso, intangible, es ahí donde está la fascinación, eso es lo que nos perturba y aterra. Tourneur entendía esto y por eso su cine es pura sugestión, pura sugerencia, pura insinuación definiendo la esencia pura del misterio. Unas sesiones de Tourneur a los cineastas modernos les vendrían muy bien, aunque lo mismo no captaban sus enseñanzas o quizá las despreciaran.

Los trabajos de Tourneur para la RKO casi definen un estilo. Los que adoramos el cine clásico tenemos devoción y un cariño especial por esa productora que tantos títulos mayúsculos nos regaló, y que de la mano, entre otros, del productor Val Lewton apostaba por el talento y la imaginación. Su estética nos hipnotizaba y absorbía completamente, ver una cinta de la RKO es una de las grandes gozadas estéticas para los amantes del Séptimo Arte.

La colaboración de Jacques Tourneur con la RKO está ya en la antología de las grandes colaboraciones cinéfilas, una colección de títulos inolvidables e imprescindibles para todos los amantes del cine, referentes absolutos con el valor especial de su particularidad. Cintas de terror, aventuras o negras… Por supuesto, Val Lewton fue el productor de muchas de estas (“Yo anduve con un zombie” de 1943; “El hombre leopardo” de 1943 o la que nos ocupa, de 1942…).



Así, tras varias cintas en Francia y dos títulos de intriga detectivesca con el personaje de Nick Carter como protagonista: “Nick Carter, master Detective” (1939), un medio metraje, y “Phamtom Raiders” (1941); así como la comedia francesa “Toto” (1933) y otro título poco reseñable como “Doctors don’t tell” (1940), Jacques Tourneur empezó a desplegar su talento en el cine de terror. Su primera incursión en el género no pudo ser más deslumbrante, “La mujer pantera”, un título de referencia que aún hoy día es imitado por su poética capacidad de sugerencia, de la que se han cogido todos y cada uno de sus brillantes recursos para crear tensión e inquietud, para generar atmósferas, saqueándolos vilmente y en muy pocas ocasiones ejecutados con el talento que podemos disfrutar en ella.



Luego llegarían joyas indiscutibles del calibre de “Yo anduve con un zombie” (1943) o “El hombre leopardo” (1943), inferior a las anteriores pero muy apreciable. Lamentablemente el director abandonaría el género y no sería hasta 1957 cuando retornaría a él con una obra maestra mayúscula, de las mejores cintas de terror que se han rodado, “La noche del demonio”, con Dana Andrews en el papel protagonista.

Entre medias, cintas de todo tipo y de todos los géneros: aventuras, dramas, westerns y cine negro, que es donde logró sus mejores títulos, en gran medida por su poderío visual.

Debo hacer mención especial a sus westerns porque todos ellos son realmente especiales, no porque sean paradigmas del género ni obras de referencia, sino por esa capacidad que tenía el director para las atmósferas, ese tono lechoso, misterioso, poético, intrigante, que tenían sus cintas, su fotografía… Son westerns con un aspecto fantasmagórico que los hace especiales, distintos, muy atractivos y a tener en cuenta, rarezas excepcionales de un director que debe ser considerado por todo cinéfilo como uno de los grandes. “Tierra generosa” (1946), “Estrellas en mi corona” (1950), “El jinete misterioso” (1955), “Wichita, ciudad infernal” (1955), “Una pistola al amanecer” (1956) son westerns del maestro.


En el género de aventuras dejó películas inolvidables, referentes del género, como ”El halcón y la flecha” (1950), y otras que se disfrutan enormemente como “La mujer pirata” (1951), “Martin el gaucho” (1952), “Cita en Honduras” (1953) o “Tombuctú” (1959).


El cine negro ha sido el otro gran género para Tourneur. Películas como “Berlín Exprés” (1948) o “Al caer la noche” (1956), una obra excepcional que a buen seguro vio Tarantino, son ejemplos perfectos de su talento; pero si hay una película que está por encima de todas estas, la mayor obra maestra del cineasta, esa es “Retorno al pasado” (1947), la mejor y más completa película que ha dado el género, con todos y cada uno de los ingredientes y elementos que distinguen al mismo sublimados, estética y conceptualmente.

Además tenemos destacables y disfrutables intrigas, más o menos acertadas, como “Noche en el alma” (1944), “Círculo de peligro” (1951) o “Los intimidadores” (1958). Además, en otros géneros, “Días de gloria” (1944), un bélico romántico; el drama “Vida fácil” (1949) con Victor Mature; o sus colaboraciones con Vincent Price en “La comedia de los horrores” (1963) y “La ciudad sumergida” (1965).

Un grande, sin más.

Metiéndonos en faena con la obra maestra que nos ocupa, lo primero que tengo que señalar es que podemos encontrar a Mark Robson en los títulos de crédito como encargado del montaje. Mark Robson, un estupendo director que también realizó sus pinitos en la RKO junto a Val Lewton en el cine de terror, un Val Lewton productor de la cinta.


Curiosamente la cinta se abre y se cierra con dos intertítulos, el primero de ellos es realmente curioso, es de un tal Louise Judd, doctor, que en realidad es uno de los personajes de la película, por lo que el texto está creado ad hoc para ella. El segundo es un soneto de John Donne.

Irena Dubrovna (Simone Simon), una atractiva mujer de origen rumano, se enamora y se casa con Oliver (Kent Smith), un joven americano al que conoce en el zoológico mientras observaba una pantera. Este amor y esta atracción crean un conflicto interno en la joven, que vive traumatizada y aterrada por una maldición ancestral de su pueblo. Una maldición que poco a poco se demostrará muy real.






El talento de un maestro.

La dirección de Jacques Tourneur es de un talento desmesurado en todas sus películas. Una capacidad para la sugerencia y la creación de atmósferas fuera de rango. “La mujer pantera” es una eminente cinta de director, por lo que los recursos de Tourneur son la clave de todo, los que la han convertido en un clásico imitado hasta la saciedad. Un referente.

Una cinta con un análisis técnico que es gloria bendita. Es un deleite comprobar lo bien dirigida y cuidada que está la película.

-La primera escena es un buen ejemplo. Plano de una pantera encerrada en una jaula, expectante, insinuante, que mediante un travelling de retroceso se vincula con una mujer que la está pintando, Irena (Simone Simon)… Un sencillo movimiento de cámara que genera un vínculo, un elemento intrigante y otro cotidiano. El primer plano perfecto para la película.


-No termina aquí la cosa. Ahora, usando el montaje, Tourneur crea el vínculo entre Irena y Oliver (Kent Smith). Ella lanzará un papel pero no acertará con la papelera, caerá al lado del chico, que aprovecha el suceso para acercarse a la atractiva mujer. Es decir, se han generado dos vínculos distintos de dos formas distintas, usando el lenguaje cinematográfico con significación. En el primer caso un vínculo en un solo plano, una relación íntima, secreta, inseparable, la de la pantera y la mujer; en el segundo caso se usa el montaje, cortes, es una relación sentimental, susceptible de separación y problemas que conforme avance la narración se confirmará, una relación que no es íntima ni irrompible. Sencillo y perfecto, es el lenguaje clásico en su máximo esplendor.





-Tourneur usa un objeto para el vínculo, el papel, el cuaderno, primero como creación artística, mientras pinta a la pantera, luego hecho un ovillo, arrugado, para su encuentro con Oliver.

No puedo evitar comentar que entiendo a Irena y Oliver y su impulso irrefrenable de lanzar un papel a la papelera. Existe una íntima y ególatra satisfacción cuando lo encestamos, aunque nadie nos vea.

-La poesía visual, la capacidad de sugerencia y la creación de una atmósfera extraña, enrarecida, no tarda en comenzar. Otra hoja, ahora mecida por el viento, nos muestra el dibujo que hacía Irena: una pantera atravesada por una espada. La evolución psicológica del personaje ha comenzado…


Irena no tarda en mostrarse descarada y lanzada, un tanto "guarrilla" en todos los sentidos (la vimos lanzar papeles al suelo y eso está feo), y se insinuará sin remilgos a su nuevo amigo, aunque luego veremos su contención sexual. Son llamativos los broches que lleva Irena en la película.
  
-En el paseo de Irena y Oliver hacia la casa de la chica tendremos otro ejemplo de lenguaje cinematográfico clásico y sencillo, un travelling que salta de un plano general a otro más corto en el preciso momento en el que la conversación se vuelve íntima con la invitación del galán a la bella dama.




Sorprende la magnitud del apartamento de Irena, una chica coqueta y pizpireta, de exótica procedencia, es serbia, que hace diseños y a la que deben pagar mejor de lo que nos hace suponer viendo donde vive. Es simpática su pícara sonrisilla ladeada hacia el lado derecho.

¡Nunca dejará de maravillarme lo que puede haber dentro de la cabeza de una mujer!”.

Esta frase la pronunciará nuestro protagonista justo cuando suben las escaleras, justo cuando van al lugar íntimo de Irena, como si fuera a introducirse en su psique.




-La estupenda, y barata, nieve que cae en la escena en la que Irena le pide tiempo a Oliver resulta además simbólica, un elemento perfectamente adecuado para la situación de pausa en su relación, gélida en lo sexual.



-Tourneur también era un maestro del encuadre… con los que lograba generar también esa atmósfera tan personal y especial suya. Uno de los mejores ejemplos lo tenemos en ese plano donde vemos el dibujo de la pantera en el biombo de la casa de Irena como encerrada por la sombra de la jaula del pajarito que le regaló Oliver. Una pantera enjaulada de nuevo, instintos reprimidos. Del mismo modo es una imagen amenazante, ver la cabeza de la pantera en la jaula da la sensación de que el periquito corre peligro, como si fuera a comérselo, el deseo pujando por salir. Luego veremos la jaula real, cuando Irena intenta coger al pajarito, pero una vez lo haga, muerto ya, la sombra sobre el dibujo de la pantera habrá desaparecido, como si de un paso más en la evolución para dejar salir esos impulsos que contiene se tratara.




Este encuadre además de simbólico actúa como presagio.

-Otra obra maestra del encuadre, que también podría estar en el apartado de la capacidad de sugerencia de la película, lo tenemos en la escena posterior a que Irena entregue el pájaro a la pantera para que coma. Un plano aparentemente intrascendente que marca ya la relación de la pareja y como será en el futuro. Oliver en la cocina preparando unas copas de Jerez y una ligera panorámica que incluirá también en plano a Irena, al fondo del encuadre, junto a la jaula, taciturna, preocupada. El encuadre está dividido por el biombo de la pantera. No se puede decir más con menos. Hay una barrera entre la pareja, como la puerta que vimos en una escena anterior y que Irena no abre, una barrera relacionada con la pantera y con la jaula, sus deseos reprimidos. En esta escena hablará de no sentirse libre y de cómo envidia a las otras mujeres que sí lo son al lado de la mencionada jaula, que mantiene su simbolismo y significación relacionado con Irena.




-La sesión de hipnosis es puro expresionismo, una iluminación muy marcada que busca los contrastes bruscos entre luces y sombras. Todo en tinieblas salvo el rostro tumbado y con los ojos cerrados de Irena mientras el doctor realiza la sesión. Una iluminación y escena tremendamente sugerente y visual, un maravilloso juego lumínico que marca la diferencia, entre otras cosas, de esta película con respecto a otras.



-La forma de usar las luces en entornos en penumbra, los claroscuros, los contrastes lumínicos marcados, una estética profundamente enraizada en el expresionismo alemán, son claves en esa atmósfera que consigue Tourneur. Hay infinidad de ejemplos en la película: las lámparas en la noche, las sombras reflejadas en el apartamento de Irena (la jaula por ejemplo), y en casi todos los decorados; el foco de luz en la penumbra en el estudio donde Alice recibe la llamada; el seguimiento de Irena a Alice; la mítica escena de la piscina… Las sombras están siempre presentes, enormes, incluso en las escenas más luminosas… Lo que es saber crear atmósferas.


El perfume de Irena, Lali, es definido como algo que tuviera vida, en otra intrigante sugerencia que de alguna forma sugiere un hábitat extraño, su casa.

La truculenta historia del pueblo serbio que de cristiano torna en satánico es la leyenda que genera el miedo en Irena. Siente estar bajo esa oscura maldición de las mujeres pantera.


Un extremo picado en la escalera será el plano que Tourneur usará para la despedida cordial de la pareja. Desde luego el enamoramiento es rápido, incluso el matrimonio, pero desarrollar este aspecto no es imprescindible en la historia, tan sólo afianzar la atracción y la relación para hacerla evolucionar a partir de ahí con el conflicto interno de Irena y su condición. Además, las elipsis están bien manejadas para sugerir el paso del tiempo. Por ejemplo, tras el inicio y la propuesta de matrimonio nos veremos en Navidad, con la cena de los amigos de Oliver y la mujer que se asemeja a un gato, una escena que se inicia con varias cabezas de cordero en el escaparate.