domingo, 24 de julio de 2016

TITANES MADRIDISTAS

FÚTBOL









“Es muy caro, no merece lo que se ha pagado por él, es un insulto ese desembolso, viene a cerrar discotecas, es un chupón, un egoísta, sólo busca meter goles y le da igual el equipo, no entiende el juego, no se asocia, sólo busca su gloria…"

Si os preguntara si os suenan estas cosas, si os preguntara a quién iban destinadas, estoy convencido de que me diríais que sí, y unos contestarían que a Cristiano Ronaldo y otros que a Gareth Bale… y ambos grupos tendrían razón, porque se las dedicaron a los dos, no se molestaron ni en cambiar la plantilla…

Con Bale se ahorraron lo de las discotecas, pero sumaron una hernia y que no se integra por negarse a hablar español... Majísimos, ¿verdad?

¿Cómo hay que entender algo que va contra toda lógica, que resulta tan absurdo, estas acusaciones tan gratuitas? Pues desde el puro antimadridismo, desde la pura envidia, desde la rabia… Desde el miedo, en definitiva, a dos jugadores que saben determinantes.

Ambos han sufrido en sus carnes los beligerantes ataques del periodismo más infausto y del antimadridismo, un clásico recibimiento a toda estrella madridista, pero sostenido en el tiempo e impertérrito ante sus incontestables números y merecimientos.

Estos dos cracks se han enfrentado de forma opuesta a estos ataques, uno de los motivos por los que los aficionados los han mirado de manera distinta, incluso dentro del madridismo.

Bale ha apostado por pasar olímpicamente del ruido de toda esta gente, de sus acusaciones, infamias y mentiras, de sus vacuas valoraciones absurdas, mirándoles como si no estuvieran, traspasando con su mirada sus insignificantes figuras para posarla en su único objetivo: triunfar y ganar muchos títulos con el Madrid.

Para ello se ha limitado a comportarse como el profesional ejemplar que es, dejar constancia de sus números, mantener una postura tan natural como ajena a todo lo que parece soliviantar a ese periodismo herniado.

Cristiano Ronaldo, por su parte, también decidió ser él mismo, y su vehemencia se ha enfrentado contundentemente con todo esto, retándoles con altivez y golpeando sin misericordia a todos los ataques. Pasando por encima de ellos como una apisonadora. Este comportamiento se cuestiona entre el madridismo de radio y falso señorío, que prefiere poner la otra mejilla eternamente, pero Ronaldo no funciona así, y por eso es quién es.

Cuando atacan a Bale, éste se limita a meter más goles, dar más asistencias y colocarse su coletilla. Cuando atacan a Ronaldo, éste mete más goles, da más asistencias… deja de hablar a los periodistas, lanza micrófonos de medios que le acusan de abuso de menores a un lago, saca músculo y se señala el muslo… Cuando los pitan en el Bernabéu, porque han pitado a ambos jugadores, Cristiano pone caras y se señala la oreja, mientras que Bale se va al mediocampo tras el partido a devolver aplausos (aunque alguna vez no lo hizo decepcionado). El yin y el yang.

En ellos dos radica toda la esencia madridista de toda la vida. La caballerosidad y la vehemencia, el saber estar y la garra desbocada, el espíritu ganador y la ambición sin límites, la conciencia de ser el mejor y el orgullo de serlo. Las dos posturas y formas de proceder me parecen maravillosas y seductoras, pero no puedo evitar sentir especial simpatía por la visceralidad de Ronaldo, porque es la que pide el cuerpo en la intimidad y es la que más solivianta a todos los que pretenden hacer daño, que se adjudican todas las libertades que no permiten al Real Madrid ni a ninguno de sus componentes.

El antimadridismo, que nunca ha sido muy aficionado a los datos ni los números, prefiere quedarse con las vaguedades y las hipótesis, con las mentiras o invenciones que nos desprestigien. Es obstinado y hace como dos de los tres monos sabios: se tapa oídos y ojos, pero nunca la boca para seguir sosteniendo que Franco nos ayudó en su día y que Cristiano no aparece en los momentos importantes…

Bale: 12 asistencias en 2013/2014, 10 asistencias en 2014/ 2015 y 11 asistencias en 2015/2016.

Cristiano: 12 asistencias en 2010/2011, 15 en la 2011/2012, 11 en la 2012/2013, 16 en la 2013/2014, 18 en la 2014/2015, 13 en la 2015/2016…

¡Qué falta de generosidad la de ambos!

Bale: 22 goles en la temporada 2013/2014, 17 en la 2014/2015 y 19 en la 2015/2016… Y llevar a Gales a rozar una final de la Eurocopa, arrastrando pesadamente una hernia… ¡A Gales!

De Cristiano no pondré el número de goles y su porcentaje porque resulta insultante, no se ha visto nada igual y ha batido todos los récords en el Real Madrid. Pero además es que ha batido una cascada de récords también en la Eurocopa, el último el de goles en fase final, y ha llevado a Portugal a su segunda final de Eurocopa (la primera también fue de su mano)… Una vez conquistada, y en la forma en que se ha producido, ha sido un auténtico placer surcar ese océano de bilis surgido del antimadridismo… ¡Con Portugal!

Estos son los datos, que son tozudos e incontestables, orgullosos y firmes. Lo demás son poesías de la infamia, el rencor y la envidia, muy habituales.

Cristiano Ronaldo.

Cristiano Ronaldo, aún hoy, debe aguantar acusaciones que deberían sonrojar a quienes las realizan. Nunca cayó del todo bien a cierta parte del madridismo por ese aire chulesco -que tiene, por supuesto-, esa arrogancia del que se sabe mejor, pero no han sido capaces de captar la humildad subyacente que demuestra exigiéndose al máximo para lograr serlo, machacándose como una bestia en los entrenamientos y demostrando su compromiso en el campo.

Se acordarán ustedes de las críticas: La espaldinha para humillar rivales; los gestos prepotentes como señalarse el muslo o sacar músculo; que no regateaba en seco o en mojado; que sólo marcaba de falta o penalti; luego que si no marcaba de falta; que si era un egoísta que solamente buscaba engordar sus estadísticas; un chupón; que no celebraba los goles de los compañeros; que ponía etiquetas en los chándal para escenificar pulsos al club; lo mal que hacía en contestar a los gritos racistas y ofensivos de las gradas; que no daba la talla en los partidos importantes, tampoco marcaba contra el Barcelona; sus goles eran intrascendentes… En definitiva, un ser despreciable que no merecía el más mínimo reconocimiento, sobre todo si el Real Madrid “no daba nada a cambio”, como reconoció el subdirector del diario As…

También recordarán que esto cambió cuando esos mismos que le atacaban se enteraron de su enfrentamiento con una bicha mayor, Mourinho. Entonces los gestos y su afición por el gol pasaron de egoísmo a ambición bien entendida. Se produjo una increíble transformación en Ronaldo, según contaban, donde… seguía haciendo los mismos gestos ante compañeros, rivales y aficiones.

Claro, sostener que no rinde en los partidos importantes cuando ha marcado en todas las rondas de Champions League varias veces, incluidas las Champions que ha ganado, batiendo el récord de goles de la competición; o que no le marcaba al Barcelona, cuando ni siquiera jugaba contra ellos al estar en Inglaterra, después de ser el jugador que más ha goleado a los azulgrana de forma consecutiva convirtiéndose en la peor pesadilla del club culé; o que es un chupón que sólo busca goles cuando suele ser el mejor asistente del equipo… marcando más goles aún… resulta hilarante.

Hasta empezó a parecerles barato… generoso… entregado… ¡Un cambio radical! Hasta el punto de que en su metamorfosis ha pasado de pagar tratamientos a niños con cáncer cuando era un "despreciable chulo" a hacerse donante de médula cuando dejó de serlo. ¡Qué… sutiles!

Las discotecas pasaron a mejor vida cuando se descubrió a un profesional como han pasado pocos por aquí, y lo sé de buena de tinta.

Una vez marchó Mourinho, el periodismo y el antimadridismo han podido centrarse otra vez en despreciar a Cristiano, obtusos e indiferentes a los incontestables datos, algo a lo que se presta jovial cierta parte del madridismo, que con su encantador respeto habitual ahora ha cambiado su mantra para despreciarle llamándole “acabado”; o criticarle por no irse de nadie (en su reedición de 2016); o por vincular en exceso el juego del equipo, que rinde menos con él en el campo (seguro que os suena, es otro mantra legendario). Ahora debe jugar centrado para evitar el desastre absoluto, o no jugar. Lo curioso es que Ronaldo está jugando más centrado desde hace tiempo, e interviene menos en la gestación de jugadas, cargando sobre sí la atención de las defensas rivales, moviéndose por todo el frente de ataque, especialmente por el centro… Pero todo da igual, si no escarmientas con los cabezotas números y los hechos, ¿cómo vas a escarmentar con otra cosa?  Él, por su parte, se limita a seguir cerrando bocas.

Ha batido todos los récords con el Madrid, e incluso en las Eurocopas, ¡con Portugal! Nos ha traído dos Champions y la Liga de los récords, ha ganado una Eurocopa… Si no han venido más cosas, desde luego no será porque él no ha puesto todo de su parte…

Ronaldo, un jugador que lleva 10 u 11 temporadas seguidas en lo más alto, en la élite, sin altibajos y superándose en cada una de ellas, algo que no se ha visto en la historia del fútbol, y difícil será que se vuelva a ver. Un jugador  que en sus años en el Real Madrid ha facturado más de 50 goles por temporada, alguna más de 60 (con la salvedad de la primera por culpa de una lesión), y siendo habitualmente el máximo asistente.

Cristiano es un espejo que devuelve un reflejo difícil de asumir para los mediocres.

Gareth Bale.

Desde que Crono castrara a Urano sujetando sus genitales con la mano izquierda, esa ha sido considerada como la mano del mal agüero… Herencias mitológicas.

Esto fue así hasta que el Real Madrid vino a cambiar las cosas, y de la mano de otro héroe legendario, Paco Gento, los zurdos quedaron redimidos para siempre. Gareth Bale es heredero de esa heroica estirpe redimida con el hombre de las Seis Copas de Europa.

No es mal heredero. Tras recibir palos por su precio, poner en duda sus cualidades futbolísticas, su entendimiento del juego (todo el mundo sabe la necesidad de saber resolver logaritmos neperianos en esto del fútbol), ser azotado a golpe de hernia e insultado al grito de “atleta”, el bueno de Gareth nos ha traído dos Champions y una Copa del Rey en las que ha sido determinante… Cosas de atletas herniados...

Bale es el yerno perfecto, el novio que toda madre querría para sus hijas, pero esto no lo oirán en la prensa generalista –coto acotado para Casillas y, como mucho, Iniesta-. Un chico formal y sensato asentado con su familia y ajeno a la tentadora noche madrileña, para desgracia de periodistas deportivos y del corazón (si es que no son lo mismo). Un hombre de mirada limpia, tanto que observa a sus “odiadores” como si nos los viera. Los ignora sincera y benevolentemente.

Ya ha pasado a la historia -no de la ciencia médica por jugar herniado-, sino porque en su primera temporada marcó en casi todas las finales (Copa, Champions, Mundialito)… Por si fuera poco, en un gesto muy madridista por su épica, lanzó un penalti con la pierna hecha polvo en la tanda decisiva de la Undécima.

Ha sabido guardar un rol más secundario a la sombra de Cristiano Ronaldo, en una prueba más de su educada y respetuosa humildad, para ir cobrando protagonismo y refulgiendo cada vez más, siendo determinante desde su llegada, pero tirando del carro cuando tocó, como ha demostrado no sólo con Gales, una selección más que modesta, sino con el mismo Real Madrid, al que se echó a las espaldas en la parte final de esta temporada, sobre todo cuando no estaba Cristiano.

Las críticas le hacen más fuerte, las lesiones más poderoso, otro aspecto que lo une a Cristiano Ronaldo.

Bale es ya un insigne miembro de la saga de los grandes zurdos. Es su destino, y su cenit parece no tener límite. Listo para dominar Europa en los próximos años.


El Rey y el Príncipe, el uno y su contrario, se unen desde polos opuestos, se dan la mano formando el perfecto círculo madridista para forjar una dinastía que esperemos traiga muchos más títulos. Dos ganadores irremediables e insaciables. Por lo demás, confiemos en que el ruido de fondo antimadridista siga sonando, siempre es muy buena señal.


lunes, 18 de julio de 2016

Crítica: OPERACIÓN U.N.C.L.E (2015)

GUY RITCHIE











El otrora nuevo enfant terrible del cine americano, considerado por algunos como el sucesor de Quentin Tarantino, parece firmemente asentado en el mainstream, y además cómodo en tal situación.

El hermano pequeño, Pop e hipervitaminado de Tarantino, se beneficia de su frescura visual, comedido gamberrismo y agilidad expositiva para convertirse en una voz poderosa y respetada a la hora de afrontar proyectos taquilleros o potenciales sagas. Ahí tenemos la de Sherlock Holmes, que tiene prevista una tercera parte, o esta que nos ocupa, de la que no será raro haya más entregas. De hecho, el final da pie a ello con ese trío formado. Un nuevo equipo.



Un agente americano y otro ruso deben trabajar juntos para impedir un ataque nuclear de una organización de tendencias nazis. Una organización con vínculos nazis y el uso de bombas atómicas como misión. Basada en la conocida serie de televisión “El agente de CIPOL”.

Un duelo URSS-EEUU, centrado en dos competentes y brillantes agentes que colaboran contra el nazismo.






La primera escena es la mejor de la película, puro espectáculo de acción al estilo Bond con buenas dosis de humor y magníficamente rodada con el habitual vigor de Ritchie. Ninguna otra escena espectáculo está a esa altura, pero la película encuentra otros elementos destacados en los que triunfar.



Una introducción con espías competentes, seguimientos, chips de localización, un ingeniero que trabajó para los nazis desaparecido, una mecánica que es su hija y a la que el americano pide ayuda… y el comienzo de una magnífica persecución cuando el espía ruso se sume al juego.



Una excelente secuencia de persecución maravillosamente rodada, repleta de tácticas y trucos brillantes (el coche escondido y la emboscada por la espalda, la evasión final...), donde el ingenio y la inteligencia sobresalen, saliéndose de lo convencional en este tipo de secuencias, a menudo escenificadas con pirotecnia y el piloto automático. Aquí sabemos dónde está todo en cada momento, la situación de los personajes y su evolución por los decorados. El momento final con la liana en la huida de Napoleon Solo es brillante.





Un juego y duelo de ingenios que remite en cierta medida a la saga de Sherlock Holmes, también de Ritchie. Del mismo modo, la presencia de un tablero de ajedrez, que parece fetiche en Ritchie, nos remite a la saga del famoso detective. Aquí vemos a Kuryakin con uno.

Estilo Ritchie.

Guy Ritchie tiene un estilo personal, que en su frescura y libertad ha sido comparado con Tarantino, con el que tiene algunas semejanzas, bien es cierto.

De igual manera, dentro de las similitudes, también hay rasgos que los distinguen. Un estilo fresco y burbujeante que obliga al espectador a digerir sus títulos sin darse cuenta.




Como a Tarantino, a Guy Ritchie le gusta mucho la fragmentación narrativa, sin un sentido concreto, como muestra de libertad, para dar agilidad y potenciar elementos de suspense, sorpresa o humor.

El inserto narrativo, esa fragmentación repentina, que era muy Leone, es un uso recuperado y muy utilizado por Tarantino, que ha tenido multitud de imitadores con el éxito del cineasta americano. Ritchie también lo utiliza a menudo y en esta película tenemos muchos ejemplos. También el inserto en forma de flashback. Uno de ellos al inicio, con esa interrupción narrativa que en plena escena de persecución nos lleva al adiestramiento de Kuryakin y la información que se le da sobre Napoleon. Atentos porque David Beckham hace aquí un cameo.




El uso de la música, con guiños a Leone, también nos recuerda a Tarantino.

Aunque muy tarantiniano, a Ritchie le gusta mucho el montaje muy sincopado, los juegos de montaje, el ritmo acelerado ocasional, el frenesí visual, los barridos... De hecho, el montaje paralelo será un uso habitual en Ritchie, que aquí hasta divide la pantalla a lo “24”, la serie, por ejemplo en el asalto a la isla. Montajes sincopados y musicales, paralelos, histriónicos… Todo para dar un tono fresco al conjunto.




Del mismo modo, Ritchie jugará con las elipsis y las fragmentaciones, silencios donde se nos omiten informaciones para sorprendernos posteriormente con lo que allí se dijo, revelándonos lo que allí ocurrió. Un ejemplo lo tenemos en el coche con Gaby y su tío, luego cuando delate a sus compañeros agentes. Es un truco honesto aunque pueda resultar previsible por su explicitud.



Las angulaciones, los picados y los contrapicados para sostener ese estilo visual llamativo y ritmo trepidante, pero eso sí, sin temor a la sobriedad cuando es menester, son también rasgos distintivos del director.

Personajes. Napoleon Solo e Illya Kuryakin.


Henry Cavill, nuestro moderno Superman, interpreta al espía americano Napoleon Solo, mientras que Armie Hammer encarna al espía ruso Illya Kuryakin. El primero es sofisticado y elegante, inteligente, educado, poseedor de una divertida tranquilidad y seguridad que regala buenos momentos de humor. El segundo es visceral (se le va la olla a menudo y le cuesta contenerse), tiene impulsos psicopáticos, es poco sutil y comunicativo, es incontrolado y físicamente muy fuerte. El primero es follador, el segundo más bien puritano y tímido. El primero se desfoga con sexo, el segundo con violencia. Napoleon es liberal, Kuryakin es posesivo. La única coincidencia es que tienen un pasado que los atormenta de forma distinta. Polos opuestos. George Clooney y Tom Cruise estuvieron a punto de protagonizar la película, ambos para encarnar a Napoleon Solo.




De nuevo Ritchie apuesta por el conflicto de caracteres antagónicos para vertebrar su cinta, en lo que es el mejor aspecto de este entretenidísimo y acertado film. Es un James Bond pasado por las manos de Guy Ritchie.

Aunque Hammer es un hombre alto y fuerte, lo cierto es que se le nota algo forzadillo en las escenas de acción. Eso sí, respondiendo a esa fuerza, vencerá a Solo en un combate cuerpo a cuerpo, aunque pillándolo por sorpresa. Este encuentro comenzará a sellar su relación.



Conoceremos más cosas de Solo en su conversación con su jefe, en el piso franco. Ex convicto liberado con la condición de ayudar al gobierno. Cumple condena realizando misiones, y enriqueciéndose mientras.



Solo es buen cocinero, un bon vivant, y experto en diversas disciplinas, como la moda... Kuryakin también presumirá de conocimiento de moda, aunque su gusto es algo menos sofisticado, del mismo modo que sus conocimientos sobre arquitectura dejarán mucho que desear. Es muy divertida la escena donde Solo y Kuryakin discuten de moda. También cuando el ruso pretende presumir ante Gaby (Alicia Vikander) de sapiencia arquitectónica.





Esa pajarita no va con ese traje”.

Aquí comenzará una entrañable relación entre Kuryakin y Gaby, que fingirán estar prometidos. Una encantadora y romántica relación que nunca llegará a consumar si quiera un beso, ya que en los momentos cruciales siempre serán interrumpidos. Todo lo contrario ocurre con Napoleon, que no desaprovechará las ocasiones en las que pueda “tapar boquetes”. Así lo hará con la chica del hotel y la propia villana, aunque los encuentros con esta última funcionan regular.






La broma en la terraza cuando los dos agentes hablan y se lazan reproches, quedando solos en el lugar, es también simpática. Complejos, pasados turbulentos, la competencia en su trabajo… los dos muy bien informados, pero con Napoleon saliendo victorioso del envite. El humor funciona realmente bien en la película.




Los dejaremos para que se conozcan”.

La relación entre ambos personajes es uno de los grandes puntos, una relación de vacile y provocación continua que va gestando una amistad. Lo cierto es que se saca un gran partido a las relaciones entre personajes, lo que engrandece la película y la mantiene en alto en todo momento, incluso cuando las escenas de espectáculo dejan de ser tan grandiosas. Una desconfianza que regala buenos momentos de humor, como esa escena donde ambos encuentran ingentes cantidades de micrófonos en sus habitaciones…

Se supone que deberíais protegerme, así que ¿por qué parezco vuestra madre?

Sus duelos en las misiones conjuntas son divertidos, duelos de mañas y habilidades, de tecnologías patrióticas, con un Bond americano compitiendo contra un Bond ruso en comandita y lucha de egos.





Aún luchado de forma conjunta, la principal satisfacción de ambos es cuando pueden exhibir sus habilidades ante el otro, una autosatisfacción egocéntrica realmente divertida para el espectador. Esto tiene su punto culminante en la escena donde los dos agentes van a investigar a la fábrica de satélites en busca de uranio. Una escena que sin ser espectacular, sí resulta muy entretenida y original, sobre todo en su resolución musical, cuando Napoleon se dedica unos momentos a sí mismo para cenar y tomar una copa de vino en un camión mientras observa como Kuryakin se las ve y se las desea para huir de los malos antes de ir a salvarle la vida. Y es que en esa escena se confirma el vínculo, cuando Solo se arrepiente en el último momento y en vez de irse de allí acude en la ayuda de Kuryakin.




Y es que el gran triunfo de la película está ahí, en las digresiones, los vaciles, las bromas y disputas de los tres protagonistas, mucho más que en las escenas de acción, que también las hay aceptables.

El vínculo entre los dos personajes, Napoleon Solo e Illya Kuryakin, será el reloj que le regaló el padre al segundo, con el que tendremos un bonito detalle al final. Una resolución donde ambos personajes usan espejos (retrovisores) para ver qué sucede a su espalda.





El humor aparece para fusionarse con la muerte, humor negro, en la escena de la tortura a Napoleon. Un torturador (Sylvester Groth), el tío de Gaby, despiadado, que relatará la historia de su vida, su mediocridad y su talento.



¡Vaya! Me he dejado la chaqueta ahí dentro…”







Audrey Hepburn.

Operación UNCLE” tiene algo de rendido homenaje a la figura de Audrey Hepburn como estrella inmortal e icono de la moda. Son muchos los guiños a la actriz o a películas suyas como para que resulte una casualidad.


Una película con un look puramente Pop, chispeante, alegre y vivaz. Muy Pop y muy Bond.

Esa moto que recuerda a “Vacaciones en Roma” (William Wyler, 1953). Esas gafas con las que Gaby se marca un Tom Cruise en “Risky Business” (Paul Brickman, 1983), en la simpática escena de atracción, borrachera, pelea y sueño, así como los sucesivos looks que la vemos.


¿Cómo no recordar “Desayuno con diamantes” (Blake Edwards, 1961) o "Cómo robar un millón y..." (William Wyler, 1966) en las gafas citadas y las escenas en tiendas de lujo o junto a Peter O'Toole? O “Charada” (Stanley Donen, 1963), con ese juego continuo de engaños, falsas apariencias e identidades… De hecho, la chica, Gaby, haría aquí más las veces de Cary Grant en la cinta de Donen, que las de Audrey.





















Gaby (Alicia Vikander) es una miniAudrey manipuladora y mentirosa, como bien escenificará Ritchie con un espejo en su habitación de hotel mientras mantiene una conversación telefónica. Una traidora, en apariencia, a sus amigos, que se descubrirá agente secreto británica.

La bondniana escena de intriga en la fiesta a la que asisten nuestros tres protagonista para hacer contacto con los villanos, deja estupendos diálogos con segundas intenciones, casi siempre sexuales, y bromas varias. La jefa, el tío, el heredero nazi… una completa reunión en la fiesta. Allí se nos presentará a Waverly (Hugh Grant), al que veremos fugazmente a la llegada para que Napoleon le robe su invitación.






-Victoria (Elizabeth Debicki): Se tapará el rostro.

-Napoleon: A veces, pero nunca cuando robo.

-Victoria: ¿Qué es exactamente lo que cree que puede hacer por mí?

-Napoleon: Digamos que tapo boquetes… de colecciones importantes.

Especialista en adquisiciones complicadas”.



La película recurre a artificios para hacer más efectivas sus sorpresas, a menudo camuflados en rasgos de estilo, como esas elipsis o juegos donde se omite el sonido en conversaciones clave. Me incomodó el envenenamiento en la bebida a Napoleon, ya que si yo sospeché de esa copa, un agente cualificado debería haberlo hecho más aún…




En ese conflicto entre agentes de distintos países, sus naciones, sus mentiras y falsas identidades, subyace una interesante reflexión que reivindica el individualismo. Países sin lealtades, pero individuos con ellas. Países que manejan a su gente a su antojo, sin mirar en nada, e individuos contenedores de valores a reivindicar.



La persecución final es la otra gran escena espectáculo de la película, bien rodada, y donde destacan los planos generales para mostrarnos por donde va cada vehículo, muy bien acompañada por la rítmica música. Esto nos lleva a una simpática resolución o clímax, original, aunque sin acción ni espectáculo, a distancia, con una bomba lanzada, una conversación y usando el truco de las elipsis y los diálogos omitidos.





Muy entretenida. Una desenfadada cinta de espías que nunca se toma especialmente en serio, clave de su triunfo como uno de los mejores y menos reivindicados blockbuster del verano de 2015.







Dedicada a mi amiga madridista, BeaQ (@Beaquf).