martes, 27 de enero de 2015

Crítica: BOYHOOD (2014) -Parte 1/3-

RICHARD LINKLATER












La infancia, el lugar donde todo y nada se teme. Donde todo y nada avergüenza.

El señor Richard Linklater es uno de los directores que mejor retrata el paso del tiempo, pero no como algo nostálgico o doloroso, sino como fiesta de la vida, con lo bueno y lo malo. No es la senda de Proust la que coge Linklater, no es tanto una idea o concepción reflexiva como meramente expositiva, emotiva e incluso festiva. Un director de evoluciones, un retratista de épocas y sus matices en breve tiempo.




Boyhood” es una película única, algo extraordinario en estos tiempos por distintas razones, su propuesta sencilla y sincera, su ejecución. “Boyhood” está rodada a lo largo de 12 años con los mismos actores, es decir, el niño pequeño que vemos al inicio es el mismo actor que vemos al final ya de adolescente, 12 años después, pero el rodaje se limita a 39 días a lo largo de esos 12 años. Vemos, de esta forma, los cambios en los actores, de igual manera que en sus personajes, las pequeñas diferencias a la hora de interpretar en los más adultos, que supone el mismo cambio que se produce en una persona con el transcurrir del tiempo, unos cambios auténticos y naturales porque son reales… Del mismo modo observamos las sutiles diferencias en la dirección de Linklater, que se va haciendo más sobria, madura y con planos más largos conforme avanzamos en la narración (y en el tiempo). Su cámara será siempre inquieta, respetuosa, compañera de fatigas, atenta y entrañable observadora.

Ya vimos este aspecto esencial en su filmografía en el proyecto de más prestigio y de mayor repercusión hasta la fecha de Linklater, la trilogía de “Antes de…”. Una trilogía que está en la antología del cine por derecho propio y donde asistimos a la creación, evolución y desarrollo de una historia de amor. Asistimos al surgimiento de un enamoramiento, a la entrega a la pasión, al nacer de los sentimientos ante nuestros ojos en “Antes del amanecer” (1995). A la constatación de dicho amor, asumido con madurez tras varios años de separación, y la apuesta por el compromiso y la estabilidad en “Antes del atardecer” (2004). En 2013 se llegó al final del camino en el transitar por el tiempo de la relación de la pareja Céline y Jesse con la madurez de sentimientos, los problemas de convivencia, los deterioros y el amor adulto de “Antes del anochecer”. De nuevo el paso del tiempo trascurriendo con naturalidad y cómo éste afecta a las personas y las relaciones, es la vida impactando naturalmente contra nosotros lo que muestra Linklater con su mirada limpia y auténtica, como un documentalista cariñoso e incisivo. 

La excepcionalidad no radica en una historia especial, la normalidad también merece la pena ser contada, lo que vivimos y sentimos todos, porque aunque no sea estrafalario sí es genuino. Esta es la apuesta de Linklater.



Boyhood” es la épica de la normalidad y lo cotidiano. Linklater pervierte toda convención narrativa y cinematográfica, de desarrollo de historia y personajes, para retratar la vida en su convencional y minimalista excepcionalidad, una vida de tantas ante la que nos sentiremos identificados en numerosas ocasiones, una vida sin nada aparentemente especial, pero única al fin y al cabo. Destruye la estructura narrativa convencional, la construcción de guión, a todos los niveles… sólo coinciden en que va hacia delante, como la vida.




Lo que Linklater nos enseña en “Boyhood” es como un álbum de fotos, estampas cotidianas, rutinarias, puramente vitales, instantáneas al tiempo que pasa sin darnos cuenta, como aquellas fotos que hacía el personaje de Harvey Keitel en “Smoke” (1995) desde el mismo lugar todas las mañanas. Un álbum de fotos en celuloide. Además Linklater guiña a este concepto con una memorable secuencia simbólica. Mason (Ellar Coltrane) es aficionado a la fotografía desde pequeño, su vocación y su mayor afición. Un profesor suyo le mandará hacer un reportaje fotográfico de un partido de fútbol americano, pero sus fotografías no se centrarán en el juego, sino en lo que lo rodea, el público, los banquillos, los pequeños gestos que nadie ve… En esa idea se engloba toda la película.






Linklater huye de la narración  y el desarrollo convencional, huye de una historia, por eso pasa de forma tangencial por los conflictos que surgen, los que se ven en todas las películas, sólo los menciona o mira de lejos, para centrarse en lo que nadie suele mirar, los tiempos muertos, las conversaciones, los momentos de soledad, lo intrascendente, mundano, cotidiano y normal, lo que se resuelve elípticamente en la mayoría de las películas.






Uno de los mejores ejemplos donde se fusiona ese estilo que relaciona la vida con los momentos elípticos habituales de otras películas, y a su vez con el paso del tiempo, lo tenemos con el nutrido grupo de personajes que aparecen de pronto y desaparecen sin más, de la misma forma que aparecieron. Así sucede en nuestras vidas, llenas de gente que aparecerán, compartirán algunos momentos de nuestras vidas y quizá no volvamos a verlos o no dejen apenas huella. Serás muchos los personajes así utilizados en la película, o que aparecen mucho tiempo después, cuando casi no nos acordábamos de ellos. Todo eso marca a la persona y tiene una concepción documentalista y vagamente psicológica, pero nunca narrativa en el sentido estricto o convencional. Son ladrillos que forman la vida, la esencia de la película, como cualquier parte digresiva de la misma. Entender esto es clave para disfrutar de “Boyhood”. Es cine capaz de captar la vida, el cambio y el crecimiento… el paso del tiempo. La vida y su evolución en el cine.


Lo mismo ocurre con las historias, planteadas nada más en muchos casos, pequeños retazos, historias que se sugieren o comienzan a exponer pero no se desarrollan, historias inconclusas, aristas de la vida que no llegan ni llevan a nada, como tantas en nuestra existencia… El trabajo fotográfico de Mason, el amago de bullying, la relación con amigos o hermanastros…





Por todo esto no hay que ver “Boyhood” esperando que pase algo, que se defina o se centre en una trama o elemento concreto de la historia para desarrollarlo, ya que si se plantea el visionado así no se entenderá la propuesta y provocará el aburrimiento que algunos han señalado. Si se entiende esto el espectador asistirá a algo especial, una propuesta única, una película ágil y fresca. Las escenas duras o supuestamente importantes están tratadas como escenas de transición, como cuando vemos desplazarse un coche o un viaje fugaz de un lado a otro en el resto de películas, y dar paso así a los cambios que vemos, sutiles.


No hay que ver ni valorar "Boyhood" con términos estrictamente cinematográficos a nivel artístico, es decir, las interpretaciones, el tipo de narración, la dirección… porque los defectos que se puedan encontrar ahí son en realidad sus virtudes, no son defectos en el sentido de que es eso lo que se busca… Ver una mala interpretación en algo que se pretende natural no es un defecto, porque si escenificamos la vida infantil y adolescente de un chico en concreto, que puede ser cualquiera, como es el protagonista de la película, podemos encontrarnos con un chico simpático, expresivo, o un chico soso, inexpresivo o introvertido… Que nos caiga peor o nos guste menos ese chico que vemos, no es un defecto del film porque sólo quiere mostrar cómo es uno en concreto, en este caso Mason, no sacarle un carisma que quizá no tiene… Mason creció y es así, sin más. ¿O me vais a decir que no habéis conocido adolescentes con la torta que éste tiene encima? ¿Y adolescentes sosos, raros, introvertidos o solitarios? Pues claro, a millones… Quizá incluso fuisteis uno de ellos.



La primera escena, la conversación entre madre e hijo en el coche, está rodada con planos escindidos, un plano-contraplano que casi contradice el habitual estilo del director en plano secuencia siguiendo las conversaciones, así como contradice el momento anterior donde ambos iban juntos. Es una pequeña llamada de atención de la madre al hijo.




Condensando lo elíptico. La vida en la elipsis. Retrato de la vida. Cotidiano y normal.

-Lo habitualmente elíptico en la narración cinematográfica es lo que muestra Linklater en esta joya sobre la vida y el crecimiento. ¿Y por qué? Pues porque la vida está compuesta en su casi totalidad por esos momentos que el cine omite elípticamente, logrando transmitir así además el inapreciable transcurrir del tiempo de una manera tan auténtica como deslumbrante.

Al asistir a lo cotidiano, a lo digresivo, como fundamento de la narración, Linklater hace sentir ese paso del tiempo, el envejecimiento, sin efectismos, con delicadeza. Mirar lo cotidiano, lo trivial, ayuda a apreciar el imperceptible paso del tiempo, ese que creemos eterno, pero que va pasando. Esa es la mirada que pretende Linklater y que si no se entiende llega a aburrir a algunos.

Es la esencia de esta pequeña joya contemplativa.

La vida es digresión y se recurrirá a ella en la película en todo momento.

-Linklater muestra en su film lo que se evita en el resto para darles ritmo y contar una historia interesante, y omite desarrollar las partes en las que se centran el resto de películas. Coge todos esos momentos elípticos a nivel cinematográfico, que son los que forman la vida en realidad, en su esencia, en la mayor parte del tiempo, y hace un retrato auténtico, natural, realista, documentalista, con lo cotidiano y la normalidad como columna vertebral.

-Linklater huirá despavorido de todo amago de dramatismo o conflicto, de la narrativa convencional o todo lo que pueda desembocar en el desarrollo de un tema concreto, como harían otras cintas. Esos momentos que darían para una trama son siempre vistos de forma tangencial, insinuados o mostrados de pasada, para centrarse en lo que le interesa, en el transcurrir cotidiano e imperceptible del tiempo y la vida, del crecimiento. Se pretende exponer el fluir vital con sus alegrías y problemas.


-Así, los romances, los coqueteos, el desarrollo de relaciones, los conflictos entre personajes, los malos tratos, las broncas familiares, las amenazas alcohólicas, el acoso escolar, los cambios drásticos y sus causas… son vistos de pasada y resueltos en una escena sin más. Aspectos meramente funcionales de la narración, que sirven para apreciar cómo afectan dichos cambios a la vida de los personajes, sin incidir en más.

-Las estampas cotidianas lo son todo en “Boyhood”, la madre con sus traviesos hijos; los chicos con sus juegos; sus videojuegos; las chicas con sus líos de faldas; el golf y las reflexiones sobre la mediocridad junto a la nueva pareja de la madre, el profesor; diversiones en familia; los chicos con su padre viendo el beisbol; los complejos; los primeros amores; el ocio con los amigos de Mason, también de Samantha (Lorelei Linklater); fumar; beber; las charlas intrascendentes con los colegas…





-El desamor, la incomprensión, la decepción por la traición, amorosa o de cualquier tipo, las rupturas adolescentes, los cuernos, los éxitos escolares… Todo esto también se expone en diversa estampas en la vida de Mason y queda rubricado con excelentes diálogos junto a su padre.




-El obligado corte de pelo al que somete el padrastro a Mason desvela los clásicos complejos en la infancia, aunque también servirá para que veamos el primer guiño amoroso. En la conversación que Mason mantiene con su madre a colación de ese corte de pelo, se retrata el conflicto interior del personaje, que sale a la luz con sutileza en todo momento, fiel al carácter introvertido del chico.




-El desconcierto, la búsqueda del camino propio, de la madurez… son temas que se van desgranando por la propia corriente vital que observamos en la película.



-El primer trabajo, la primera novia, la escapada junto a ella, las reflexiones de la joven pareja sobre su futuro, el paso previo a la universidad, una vida universitaria que se plantea de forma hedonista… son más retazos de vida.

-Linklater, como ya demostró en “Antes del anochecer” (2013), utiliza lo cotidiano del entorno para retratar el momento en el que sucede su historia, en este caso recurriendo a las nuevas tecnologías, los videojuegos, las videollamadas, el skype, el facebook, los móviles… esto dará para una interesante conversación entre Mason y su novia.




lunes, 26 de enero de 2015

RANDAL'S MONDAY

VIDEOJUEGOS











Esta aventura gráfica me ha sorprendido gratamente, uno de los mejores juegos de este estilo en los últimos tiempos que nos hace recordar los años dorados de las aventuras gráficas de LucasArt.

De hecho el juego  es una especie de homenaje a todos aquellos juegos, a todas aquellas aventuras gráficas, guiños constantes en los nombres de las calles, en cuadros, objetos en tiendas… Cualquiera que jugara aquellos juegos lo recordará.




Esta aventura gráfica, ideal para nostálgicos y apasionados, empieza con la melodía de 'I Got You Babe  sonando en un despertador. Nuestro protagonista, Randal, se encuentra atrapado en el tiempo,  siempre es el mismo lunes, como en “Atrapado en el tiempo” (1993), esa obra maestra de Harold Ramis que protagonizó Bill Murray, pero en este caso es debido a una maldición provocada por un anillo que robó la noche anterior a su amigo Matt, cuando celebraban el compromiso con su novia. La misión será solucionar esto para romper dicha maldición. Podría verse una pulsión gay en lo que motiva al protagonista a robar un anillo de compromiso a su mejor amigo, pero eso es otro tema…

Al haber cambiado el continuo espacio tiempo cada lunes tendrá cosas distintas, pequeñas anomalías que se irán haciendo cada vez más grandes hasta llegar al Apocalipsis.




También tenemos numerosos homenajes a películas, cómics y videojuegos, que iremos descubriendo poco a poco. Así, por ejemplo, aparecerán personajes como el Doctor Emmet Brown de “Regreso al Futuro” (Robert Zemeckis, 1985), el indispensable HAL 9000 de “2001: Una odisea del espacio” (Stanley Kubrick, 1968) o Jay y Bob el Silencioso, personajes que creó Kevin Smith para “Clerks” (1994)... De hecho, el doblaje al español de Randal corre a cargo de David Rolles, que doblaba a Randal en “Clerks”, además de a Leonardo DiCaprio entre otros. Todos estos personajes tendrán objetos que nos ayudarán a lo largo de juego. Homenajes velados a “Expediente X” o a "Star Wars" y "Star Trek", como ese wookiee con el uniforme de la flota estelar, consecuencias de alterar el continuo espacio- tiempo, un personaje de Trek Wars… Sí amigo, en el futuro que se va modificando asistimos a la fusión de Star Wars y Star Trek




Los diálogos gamberros y provocadores son otra de las señas de identidad de esta aventura gráfica, en la onda de South Park, Padre de familia o Los Simpson, por poner unos cunatos ejemplos.

En el doblaje disfrutamos del gran Ramón Langa, el imprescindible doblador de Bruce Willis, poniendo voz en esta ocasión al Sargento Kramer. Imposible no reconocerle.

Muy recomendable.


 




RAY SHEEN ( @Ray_ Sheen)

viernes, 23 de enero de 2015

Crítica: EL ÚLTIMO BOY SCOUT (1991) -Última Parte-

TONY SCOTT













La trama cobrará nuevo impulso cuando todas las culpabilidades se dirijan hacia Hallenbeck, un testigo hará que las sospechas sobre la muerte del amante de su mujer se focalicen en él, y los villanos, poco después, querrán inculparle en la muerte del senador Baynard (Chelcie Ross) aprovechando su pasado y problemas con él.



En la mansión de Marcone (Noble Willingham), tendremos una de las escenas que mejor escenifica el ser de Hallenbeck, el heredero perfecto de los Bogart y Mitchum. Aquí no hay chascarrillos, aquí hay dureza y chulería que acaba vinculada al humor. Sus advertencias tras recibir puñetazos, su compostura, su comportamiento y sus reacciones, nos llevan al placer de los clásicos, a la época dorada del cine, a los 40 y los 50.



Se me ha caído el pitillo, ¿me das otro?

¿Me das fuego? Y si me tocas, te mato”. “Te lo advertí”.

¿Qué coño importa? Tú eres el malo, ¿verdad?”.


Repetirá la amenaza, “si me tocas te mato”, con el sibilino esbirro de Marcone, Milo (Taylor Negron), que, por supuesto, cumplirá, aunque tarde un poco más.









La conversación entre Hallenbeck (Bruce Willis) y Milo se inicia con los dos mirando a cámara, con el villano en segundo plano al fondo y desenfocado y Willis enfocado y en primer plano, un gran encuadre para retratar la apariencia de dominación y la incertidumbre, la inquietud y extrañeza por no entender por qué no le han matado. La explicación de guión a esto es convincente.



Investigación policial, interrogatorios a la mujer de Hallenbeck, Dix ejerciendo de detective por su cuenta y el villano desvelando sus chanchullos con los sobornos para legalizar las apuestas deportivas. El único senador que se resiste al soborno es Baynard (Chelcie Ross)… pero porque quiere más. Un mundo deportivo corrupto poco alentador. Es cierto que el villano podría ahorrarse las explicaciones de más con el protagonista, es tentador eso del egocentrismo y presumir de inteligencia con el bueno de la película, pero resulta un tópico excesivo, hay otras maneras de explicar los vericuetos de una trama.






Ya no hay héroes”. Quizá, pero si boy scouts.

Por eso te culparemos a ti de su muerte”.

La falsedad de Baynard es retratada visualmente mostrándole a través de un monitor en la escena siguiente, durante una entrevista.



Venga, vamos, Jimmy. Piensa, piensa, piensa. ¿Qué haría Joe ahora? ¿Se los cargaría y se fumaría un pitillo después?



La escena del intercambio del dinero con el senador resulta irregular, con momentos de gran ingenio y otros algo más deficientes, sobre todo desde la puesta en escena. Darian (Danielle Harris), la hija, tendrá un papel importante en esta escena, y se confirma como un ser insoportable. Su peluche, en un magnífico juego con los cebos y los ecos, que vimos en la escena de su presentación, será perfectamente usado por Scott.




El intercambio en sí se inicia con un picado general, algo socorrido en la película, y sigue con ingeniosos detalles de guión, como el truco del maletero que cambia el maletín con el dinero por otro con una bomba. Hallenbeck sigue mostrando su ironía y dureza mientras toma nota de todo, pero necesitará de la proverbial ayuda de sus amigos para salir de allí en una escena que resulta algo escapista en la parte de la evasión.

-Milo: Te crees más chulo que nadie, ¿verdad? Te crees el más chulo. Por una vez me gustaría oírte gritar… de dolor.

-Joe Hallenbeck: Pues ponme un rap.

Las amenazas de Milo a Hallenbeck, con navaja incluida, nos recuerdan a “Chinatown” (Roman Polanski, 1974), no en balde estamos en una cinta de cine negro moderno y actualizado.


Lo hace con todo el mundo, ¡a mí me llama Joseph!"

La evasión reitera la táctica de la distracción basada en el humor que ya le vimos en otras ocasiones a Hallenbeck, por ejemplo en el callejón con el matón que iba a ejecutarle. Un showman. En la huida, aparte de ver los imprescindibles naranjas en la parte superior del encuadre, en el cielo, tendremos una niña salvadora, un peluche pistola y un montaje acelerado y escapista. No me queda claro de dónde saca Willis su segunda pistola, salvo que los villanos cometieran la sensacional torpeza de no registrarle y quitarle el arma… Cámaras lentas para la acción y una elipsis que situará a los tres, Hallenbeck, su hija y Dix, ya en el coche y huyendo a toda prisa, en otro detalle algo escapista.




Resulta tronchante la pasmada tranquilidad con que el dueño de la piscina donde cae un coche al final de la persecución se toma la situación. Recuperarán el dinero e irán a por la bomba en una escena algo escapista con pasables persecuciones.








-Hallenbeck: Deme las llaves o mato a la niña.

-Dueño de la piscina: Bueno, vale, de acuerdo.

-Dix: Eres el tío más tonto del mundo, Joe.

-Hallenbeck: ¿Por qué?

-Dix: Porque intentas salvarle la vida al tío que arruinó tu carrera y vengar la muerte del tío que se tiraba a tu mujer…” 

Claro Dix, es un boy scout.

Se me olvidó decirte que “Bom” significa “que te jodan” en polaco”. “Te lo juro por Dios, si sobrevivo a este puto caso voy a ponerme a bailar”. “Voy a ponerme a bailar. Lo juro”.


Clímax, cebos y ecos.

El clímax seguirá el desenfreno que ha sido toda la película, como no podía ser de otra forma. Acción y humor. En el segundo punto Scott y su guionista, Shane Black, jugarán con los cebos y los ecos, pero con cebos y ecos intrascendentes, con chorradas. Por ejemplo, el peluche de la niña comentado antes, el jugador compañero de Dix al que rompió la nariz de un pelotazo al inicio de la película o el caballo que utiliza el propio Dix (Damon Wayans) para saltar al campo y que había anunciado como uno de sus sueños, montar. El más notable de todos lo tendremos cuando Willis cumpla su promesa y mate a Milo como anunció.




Te lo dije, si me tocas, te mato”.

Siempre he querido hacer eso”. A mí también me han entrado ganas de rayar coches a veces… Es muy oportuno que aparquen al lado del coche del villano… Otro cebo y otro eco.



Suerte en el partido”.

Una vez todos los personajes juntos, Milo con la hija de Hallenbeck, el detective y Dix amenazados a punta de pistola por los esbirros de Marcone… tendremos otra escena de aciertos ingeniosos y soluciones escapistas. Todo el mundo golpea a Hallenbeck, y Marcone no iba a ser menos.





Las licencias escapistas mencionadas son esas escopetas que caen oportunamente en las manos de los protagonistas para así poder matar villanos a pesar de tenerlo todo en contra tras el ingenioso recurso de Dix y la bala que hace estallar, y unos villanos torpes y lentos, utilizando planos cortos para que no se note mucho la cosa… Truco de experto artesano, ya que un plano general descubre los defectos de puesta en escena y movimientos de personajes si no se ha ensayado mucho y planificado bien la secuencia. Además Scott, como Peckinpah, volverá a usar las cámaras lentas, algo que hace en todas las escenas de acción.




Milo (Taylor Negron), que es un profesional, no se descentrará lo más mínimo ni siquiera ante excentricidades tan llamativas como ver a Dix recorrer el campo de fútbol en un caballo… Por eso extraña que luego pierda los papeles y los nervios. Su muerte, a manos de un helicóptero que pasaba por allí, es tan retorcida como truculenta. Hallenbeck, cumpliendo su palabra de boy scout, bailará una vez resuelto el caso, por supuesto.




¿Sabes? Para ser bailarín es un estupendo detective”.

¿Arriba o abajo?

 


La parte final es para la reconciliación y reunión familiar, con una de las declaraciones de amor más sensacionales del cine moderno. Declaración de amor y de perdón. Incluso veremos una lágrima en el rostro del duro Willis. Además, dicha declaración supone un nuevo eco del cebo plantado al inicio con la misma frase. Una maravilla. 






Un final de redenciones, reconciliaciones y asociaciones.

Me compraré un perro”.

Jódete, Sara. Eres una puta mentirosa. Si no estuviera la policía te escupiría”.




También es un hallazgo curioso que el villano reciba su merecido sin querer, por un error de él mismo al coger el maletín, dejando el del dinero y cogiendo el de la bomba, cuando se daba ese asunto un tanto por perdido.



-Darian: Papá, ¿puedo enseñar a Jimmy a mis amigos?

-Hallenbeck: No es un animalito, cariño.

El final confirma la alianza, incluso laboral, de esa pareja de detectives, el veterano y el novato, con un memorable diálogo que confirma el carácter de reflexión de género, metalingüística, que acaba suponiendo “El último boy scout”. La modernización del cine negro clásico desde sus postulados clásicos.

El último boy scout” debe ser considerado un clásico imprescindible del cine de los 90 y una modernización y evolución en las claves del cine negro clásico, y no dejarse llevar por el tópico y la proliferación de películas similares que en realidad quedan lejos de ella, sólo parecidas en apariencia. Una vez se escarba en sus claves, más allá del encanto de la historia, el carisma del protagonista, los giros del guión y la notable dirección, se aprecia la categoría de un film sensacional y de referencia. Véanla y disfruten, si les gusta el género lo harán y mucho.