domingo, 29 de junio de 2014

Crítica: 300: EL ORIGEN DE UN IMPERIO (2014)

NOAM MURRO













Otro péplum digital más para seguir la nueva moda. Una moda que hasta el momento da pocas alegrías porque la mayoría de los proyectos no pueden ser más lamentables. Con todo, la que nos ocupa no es la peor de ellas, tiene un digno referente, la exitosa “300” (2006) de Zack Snyder, de la que es precuela/secuela.

Esta “300. El origen de un imperio” toca de forma tangencial la cinta protagonizada por Gerard Butler. Si en la cinta original la narración se centraba en un episodio concreto de la 2ª Guerra Médica (480-479 a.C.), la batalla de las Termópilas, en la que nos ocupa se abarca buena parte de ella, con mención y referencias a la 1ª Guerra Médica inclusive, la batalla de Maratón. Así asistiremos a lo que aconteció temporalmente antes de la mencionada batalla de las Termópilas, coincidiremos en paralelo al momento en el que Leónidas se bate con los persas, mientras se nos cuenta la historia de Temístocles, y luego seguiremos para continuar conociendo los acontecimientos tras el sacrificio de los 300 espartanos. Una narración, por tanto, que amplifica lo narrado en “300” tocándolo de forma tangencial.



300” de Zack Snyder tampoco es ninguna obra maestra, pero es un relato épico más que apreciable que saca gran partido a su poderosa estética.

Temístocles (Sullivan Stapleton) lidera las tropas griegas que se enfrentan a los persas de Jerjes (Rodrigo Santoro). Aunque venció inicialmente a Darío (1ª Guerra Médica, 492-490 a.C.), los persas reunirán un poderoso y numeroso ejército para invadir y destruir Grecia y su capital. Temístocles deberá reunir a todos los griegos y aliados para defenderse, ya que estando en clara inferioridad tiene todas las de perder.



La primera escena, donde se nos muestra la definitiva batalla de Maratón donde los griegos vencieron a los persas de Darío, sirve de buen ejemplo para exponer virtudes y defectos del film, aunque como es de las que más virtudes tiene me centraré en ellas, ya que durante el resto del metraje será obligado centrarse en los defectos. 10 años antes del grueso de la narración.



Una escena para mayor gloria de nuestro protagonista, Temístocles, que casi se vale él solo para terminar con el ejército persa y su líder. Y menos mal que le pararon porque si no hubiera empezado también con su propio ejército. Una fiera. La escena es brillante, estéticamente muy conseguida y de la que se goza especialmente gracias a los planos sostenidos, planos largos, planos secuencia, que permiten ver la acción al completo… El problema viene cuando se ve en exceso hasta hacerse cansina por culpa de las cámaras lentas constantes, que si bien eran un rasgo de identidad de la cinta de Snyder aquí resultan tremendamente abusivas, gratuitas, excesivas y esteticistas… En cualquier caso ver a nuestro protagonista seguido por la cámara ir matando persas y derramando su sangre a cámara lenta, en ese gore esteticista imprescindible en esta saga, se disfruta mucho. Visualmente muy apreciable, es la gran virtud del film, aunque le debe casi todo a su predecesora, claro. Un contundente inicio.



Se sabe de antemano que la gran virtud de la película la vamos a tener en la estética que recoge la herencia de su predecesora, el gore estilizado, lujoso y embellecido, de colores saturados e intensos, pero lamentablemente aquí esa virtud no se gestiona lo bien que debería, resultando a menudo excesivamente cargante, esteticismo gratuito.

Afectación impostada.

Del mismo modo que estos puntos son elogiables, en esta misma escena tenemos cristalinos ejemplos de los peores defectos. El momento en el que vemos a Jerjes intuir a Temístocles y localizarle con la mirada según se vuelve a 200 metros, para acto seguido gritar “Noooo” a cámara lenta e intentar salvar a su padre, Darío, de una flecha que aún no ha lanzado aquel, es tan patético como bochornoso y ridículo. Caer a estas alturas y sin rubor en un tópico tan afectado no deja de sorprender. 





De hecho la forzada y artificiosa afectación es uno de los lastres de la cinta. Lo que en “300” era épica aquí es afectación impostada, lo que allí era intensidad emotiva aquí es artificiosidad cargante y grandilocuente. A esto ayuda poco el trascendido tono en el que hablan, también en la versión original, cabe decir.


Se trata de crear un tono épico señalando la grandeza persa y la diferencia en número con respecto a los griegos liderados por Temístocles, es decir, la misma idea que en “300”, pero aquí resulta burda por evidente y reiterativa, artificiosa, esclava de esa grandilocuencia afectada sin autenticidad. Que quede claro, que los persas son muchos y los griegos pocos y torpes, que quede claro ¡eh!


Las arengas, los discursos, que se intercalan entre batalla y batalla, son de un simplismo francamente cansino, reiterativo. Lo que en “300” funcionaba como lógica motivadora, aquí vuelve a resultar falso y pesado. Por si fuera poco Temístocles tendrá el detalle de informar a su escaso ejército del plan de combate a 10 segundos de iniciar el mismo… No digo que hiciera falta más viendo los resultados, pero hombre, un poco más de preparación desde el guión para disimular no hubiera quedado mal. Eso no da mucha seguridad ni resulta muy profesional.



Lo peor de todo es que en esas arengas y esos monólogos a veces nos da la impresión de estar viendo “La delgada línea roja” (1998) de Terrence Malick… En los discursos se desarrollará la idea de camaradería, la fraternidad y el vínculo irrompible que crea el combate. Arengas sobre el patriotismo llenas de testosterona.

Elegimos morir de pie a vivir de rodillas”.

Por si fuera poco no sólo son cansinas las arengas, es que muchos de los diálogos son para darlos de comer aparte por ridículos, producen sonrojo en su afectación… Un ejemplo, la frasecita del traidor jorobado a Temístocles

¡Pero habrá muerte y destrucción…!


El maniqueísmo también resulta bastante insufrible, los persas son malos malísimos, porque sí, por ser persas, y los griegos los guays, los buenos, cuna de la democracia.



Lastres dramáticos.

Tampoco funciona la coherencia interna de la cinta a nivel dramático por forzar los conflictos y desarrollar horriblemente los antagonismos. No tiene mucho peso la cinta en este apartado dramático más allá de la lucha de unos hombres por defender lo que creen justo y suyo, pero los pocos elementos que contiene están tratados con brocha gorda o torpeza infinita.

Así, por ejemplo, se plantea un conflicto personal claro entre Jerjes y Temístocles inicialmente, un duelo claro y vertebrado en la venganza. La idea planteada y luego obviada, o no mostrada en ningún momento, es un supuesto tormento, miedo o arrepentimiento de Temístocles por no haber matado a Jerjes en la batalla de Maratón, aunque tampoco vimos la opción ni se justifica por qué no lo intentó. El caso es que jamás se aprecia ese tormento o miedo en Temístocles, ni que pierda un segundo de su tiempo pensando en Jerjes como tal. Mal contado, mal expuesto. Aquí se abriría un camino para la venganza de Jerjes contra Temístocles por matar a su padre, también forzado porque esto jamás ocurrió en verdad, licencia histórica, pero tampoco en ningún momento se desarrolla ni muestra esta idea o motivación más allá de la presentación. Será Artemisia (Eva Green), por el contrario, la que se enfrentará con Temístocles (Sullivan Stapleton), la verdadera antagonista. Es ella la que tiene el protagonismo como “villana”, en contra de lo que se hace ver al inicio. 

Solemos juzgar el futuro por lo que hemos sufrido en el pasado”.

Otro lastimoso error dramático lo tenemos en la supuesta tensión que debería crear la alianza con Esparta. En los primeros planos vemos como la viuda de Leónidas, Gorgo (Lena Headey), se dirige junto a sus soldados al encuentro naval de los griegos, precisamente, con lo que el supuesto suspense en el clímax final sobre la llegada o no de los espartanos queda reducido casi a cenizas…


El novato Calisto (Jack O’ Connell), hijo de la aparente mano derecha de Temístocles, Scyllias (Callan Mulvey), habla como si le importase a alguien lo que dice, un personaje que se mete con calzador, que no se desarrolla en ningún momento y que se dedica a inmiscuirse en conversaciones de manera forzada y ridícula para que lo tengamos en cuenta. Ese afán de protagonismo impostado por culpa de un guión mal trabajado sólo logra que se le coja manía. Este personaje tendrá otro de esos momentos dramáticos lamentables que tiene la cinta, la muerte de Scyllias, forzadísima desde la puesta en escena para que su hijo llegue a su altura y lo vea justo en el momento en el que cae al suelo al recibir el impacto de una flecha, por supuesto a cámara lenta…





Lo peor es que acto seguido vemos más afectado por la muerte de Scyllias a Temístocles que a su propio hijo, que parece estar allí porque tiene que estar, con cara de cansada resignación… Al final tendrán a bien mostrar un plano del hijo junto a su padre, por el qué dirán…





El aspecto histórico hace aguas, Darío murió varios años después de Maratón y no precisamente por nada acaecido en esa batalla ni a manos de Temístocles, por supuesto. Son licencias que hay que asumir. Pero no nos centraremos en estos aspectos.








Temístocles se convertirá en leyenda por matar a Darío, ser el héroe de Maratón, y Jerjes se transformará en una especie de deidad mediante ritos iniciáticos. Elementos fantásticos dentro de la narración, legendarios. Le cambiará hasta la voz, con eso os lo digo todo, aunque para él no será un trauma como sí ocurre con los niños del coro, su voz grave le servirá para atemorizar… A su vez habrá avisos de oráculos, la desgracia que caerá sobre Atenas, la advertencia de dejar en paz a los griegos… Por supuesto los intentos infructuosos, inicialmente, de Temístocles de convencer a los espartanos en su lucha contra los persas servirán para reiterar los valores del pueblo de Leónidas… Que no falte nada.


Sin los espartanos sólo somos granjeros”.

Artemisia (Eva Green) será presentada con contundencia, pero de una forma insufriblemente reiterativa. La veremos manipular a Jerjes y su contundencia en las acciones, algo que volveremos a comprobar en la escena del traidor en el barco, que aporta más bien poco a nivel narrativo. Por si esto fuera poco tendremos que sufrir otro tópico de esos que piensas ya no verás, como es el socorrido flashback de la traumática infancia de un personaje, que ve morir a su familia generalmente, para posteriormente comprobar su evolución y darle un carácter mítico o legendario. Esto no faltará con Artemisia. La leyenda a través del un pasado lo más efectista posible.

No sólo hay defectos dramáticos, también los hay narrativos, la historia no avanza, hay baches narrativos constantes, reiteraciones, repeticiones y tiempos muertos que frenan el fluir de la historia, que no es nada compleja, por otro lado. A las arengas repetitivas le suceden batallas, todas en la misma línea, lo que tampoco hace avanzar la narración aunque entretengan, pero es que además se repiten los mismos aspectos varias veces, Temístocles intentando convencer a Gorgo (Lena Headey), las distintas pausas entre batallas sin más elemento narrativo que esperar la siguiente contienda, las batallas en el mar en sí… Por si fuera poco nos repetirán el flashback con la muerte de Darío, por si se nos había escapado… Todo hace de “300. El origen de un imperio” una cinta morosa, que se alarga de manera absurda, vacua.




Son más los defectos que las virtudes, bastantes más, en esta película, pero no cae en desastres incoherentes para despreciarla del todo, por lo que finalmente puede resultar un aceptable espectáculo gracias a su aspecto estético, básicamente.





Batallas.

300. El origen de un imperio” son tiempos muertos, a menudo insufribles, entre batalla y batalla, ahora navales, como novedad respecto a su predecesora. Esto de las batallas navales será en plan boxeo, por asaltos, cuatro asaltos con sus pausas, para las arengas y los discursos… ya sabéis.

Por supuesto las escenas de acción son lo mejor de la cinta, aunque en la mayoría hay irregularidades. La primera batalla bajo la tempestad deja grandes momentos, como la defensa en círculo, que se disfrutan gracias a las mencionadas virtudes de dirección, planos sostenidos, montaje sobrio, planos secuencia... que permiten ver todo con detalle, pero resulta insulsa y breve para la expectación que habían levantado y la sensación de fatalidad que pretendían transmitir. Además se echa en falta mayor amplitud, se omiten en exceso los planos generales, por lo que todo parece minimalista con la jugada de las embestidas de los barcos griegos en inferioridad, se ven cuatro choques mal contados. Por ello cuando dan los datos de la derrota persa entendemos que no se nos ha mostrado todo en su enormidad, que nos hemos perdido la verdadera dimensión de la batalla y la victoria griega. 75 barcos destruidos, 30 irreparables y 20 reparables.




La siguiente batalla será en un mar en calma y nos dejará detalles del ingenio naval y táctico de Temístocles, aprovechando la niebla para hacer una embocada entre acantilados, lugar adecuado para minimizar la superioridad numérica persa. Está contado de aquella manera, pero resulta eficaz.




Tercer asalto, con momentos muy espectaculares y visualmente brillantes con el fuego y el mar en llamas producto del aceite vertido. Con todo se abusa de los planos esteticistas, que si bien son bellos acaban siendo excesivos y recargados. Por ejemplo, el momento onírico con el que finaliza la batalla resulta absurdo y desquiciante. Aquí se producirá una derrota en el bando griego, pero estaba prevista en cierta forma, con lo que tampoco produce un especial impacto dramático, salvo el forzado de la muerte de Scyllias (Callan Mulvey).



El duelo y confrontación más notable, que además supone el mejor momento de la cinta, la mejor escena, es el polvo entre los antagonistas Artemisia (Eva Green) y Temístocles (Sullivan Stapleton), un duelo, un combate, una seducción, que choca en frenesí sexual. Un gran momento. La sobriedad en la dirección, durante la misma conversación, sigue predominando. 







La última batalla naval, la cosa se repite un poco, será la definitiva. La tremenda inferioridad griega será subsanada con la llegada salvadora de los espartanos. De la heroica contienda para una muerte resignada de los griegos a la victoria gracias a Esparta. Aquí el director Noam Murro sublimará los aspectos más brillantes de su dirección, la sobriedad en el montaje, la buena puesta en escena y los planos muy sostenidos en la acción, con un plano secuencia espectacular siguiendo al caballo de Temístocles mientras salta de barco en barco matando persas y su posterior lucha a espada. Bien es cierto que al pixel se le ve el cartón… No se ve del todo bien la batalla hasta la llegada de los espartanos, momento en el que se usan planos más generales que permiten verlo todo algo mejor.




Luchas mejor que follas”.

El último duelo, como no podía ser de otra forma, será entre Artemisia y Temístocles, pero en esta ocasión a espada, no sexual, aunque hay connotaciones en ese sentido en la lucha y sobre todo en la muerte de Artemisia. La anterior frase de Artemisia es algo injusta porque ninguno de nosotros la vio pasarlo mal en su polvo con nuestro protagonista.


El final será con más insufribles cámaras lentas…

Esteticismo excesivo.

Es evidente que la estética de “300” fue uno de sus puntos fuertes, sumado a una buena historia a la que se sacó buen partido épico. Aquí era obligado conservar esas virtudes y el film visualmente resulta muy atractivo, el problema viene cuando parece que se ha prestado más atención a esto que a contar bien la historia. Se gestiona mal esa virtud heredada de su predecesora.



Es por ello que vemos innumerables escenas hermosas desde lo visual pero gratuitas desde lo narrativo, que tendremos la impresión de que los responsables se preocupan más de que a cada muerto no le falte su salpicón de sangre que de narrar con coherencia lo que ocurre, que se preocupan más de que se note como flota la paja y el polvo en cada plano que de que los diálogos resulten naturales…



El esteticismo llega a ser insufrible y lastra el ritmo en no pocas ocasiones, no sólo con el exceso de cámaras lentas, a veces muy lentas, sino con detalles constantes. Un ejemplo, la gota de sangre que se desliza por la barba de Temístocles… Insufrible.

Irregular dirección, mal guión, pasables interpretaciones, donde sólo destaca verdaderamente Eva Green como Artemisia, buen look visual y el “War Pigs” de Black Sabbath… En definitiva, un film que aprueba ajustadamente como espectáculo visual, pero que en todo lo demás fracasa estrepitosamente, quedando realmente lejos de su referente. Decepcionante.