jueves, 11 de septiembre de 2014

SANTIAGO NAVAJAS: De Nietzsche a Mourinho

LITERATURA. Filosofía











Como mourinhista convencido que soy, satisface sobremanera que gente de la talla de Santiago Navajas le dedique un libro reivindicativo de semejante calado al entrenador portugués, un libro valiente, provocador, adecuado y contracorriente.

Licenciado en Filosofía y letras por la Universidad de Granada, maestro, crítico de cine, futbolero, tuitero… es un talentoso todoterreno que ama las artes y el deporte rey, como debe ser. Siempre es un placer leer a Santiago Navajas, al que conocía gracias a sus artículos en Libertad Digital, especialmente los de cine, que recomiendo fervientemente desde este otro lugar de culto al Séptimo Arte.

Ya nos dejó su “Manual de filosofía en la pequeña pantalla” en 2011, otro libro recomendable repleto de hondura y humor, una de las señas de identidad de Navajas. Los más afortunados incluso podemos interactuar con él en twitter (@santiagonavajas) y deleitarnos con su caviar en 140 caracteres, donde habla de todo, desde liberalismo al último partido de fútbol, pasando, por supuesto, por sus siempre atractivas opiniones cinéfilas. Si no tienes twitter al menos ahora tienes un motivo para tenerlo.



En este brillantísimo “De Nietzsche a Mourinho”, Santiago Navajas fusiona dos de sus pasiones, la filosofía y el fútbol, personificados en el imprescindible filósofo alemán y el genio portugués, sin por ello renunciar a las otras, ya que tendremos citas y referencias culturales de todo tipo, como nos gusta en este blog. Así por el libro pasan filósofos, directores de cine, músicos, jugadores y entrenadores de fútbol, escritores… que harán deshacerse de placer a todo amigo de la cultura.

La lista de personajes reseñable y referencias es extensa, filósofos como Aristóteles, Nietzsche, Ayn Rand, Heráclito, Parménides, Heidegger, Walter Benjamin, Kant, Maquiavelo, Sun Tzu y su “Arte de la Guerra”, Sartre… científicos, escritores o grandes personalidades de la talla de Arquíloco, Einstein, William Blake, Kafka, Dante, Joseph Conrad, Plutarco, Atila, Alejandro Magno, Michel Houellebecq, David Gistau… Musicos y deportistas reconocidos como Lou Reed, Noel Gallagher, Valentino Rossi, Mick Jagger, Keith Richards, Bob Dylan, Loquillo… películas y personajes cinematográficos tan conocidos como “El protegido”, “Star Wars”, “X-Men”, Hannibal Lecter, Darth Vader, Vito Corleone, “Apocalypse Now”, “La ley de la calle”…

Santiago Navajas hace un agudo y profundo desarrollo analítico y un recorrido filosófico por las claves del fútbol a todos los niveles, emocional, científico y, por supuesto, puramente filosófico. Claves, reglas y entorno futbolístico desde una base filosófica atractiva y sugerente.

El libro tiene una extraordinaria dimensión, llegando a desmontar de manera brillante las contradicciones comunistas y socialistas, por ejemplo. Por tener, tiene hasta una buena zurra a Carlos Boyero

Por supuesto, el libro gira en torno a la figura de Jose Mourinho. El Mourinho motivador, verdadero líder, el Mourinho estratega, personaje, dentro y fuera del campo, en un análisis exhaustivo repleto de ironía, humor fino, socarrón y travieso. Un análisis que alcanza no sólo a la esencia del mourinhismo, sino del madridismo y el protomourinhismo de Bernabéu, Di Stéfano y cía., demostrando la absoluta relación entre todos ellos…

Santiago Navajas retrata y defiende a Jose Mourinho porque es el ejemplo perfecto de hombre libre, absolutamente libre, algo que ha dado, da y dará mucho miedo al resto de la sociedad. Mourinho tiene principios, estrictos, ideas que defiende a rajatabla, decididos por él, liberado de anclajes, servidumbres o deudas, apologeta radical de su propia individualidad, defensor a ultranza de la misma, que ve en ella, en el desarrollo individual, el mejor medio para el progreso de todo lo demás, de la “sociedad”. Desde su individualidad se fundamenta la mejor manera para relacionarse o integrarse en la sociedad, si es esa su voluntad. Es por ello que el entrenador portugués consigue afinidades tan fuertes, tan honestas y radicales, por eso consigue fidelidades máximas, a prueba de bombas, por eso logra empatías leales, irrompibles… y odios desaforados. Ahí tenemos a un “superhombre” nietzscheano…

La libertad es algo que se reivindica siempre pero que la mayoría teme en su esencia, les vale con ser un poco libres o tener apariencia de libertad. Cuando la libertad extrema, pura, se manifiesta ante nosotros, muchos la temen, les da miedo, vértigo, y por eso tantos se vuelven contra ella o contra esas personas que la encarnan. Siempre ha sido así y parece que siempre será. A la mayoría le da miedo ser verdaderamente libre, prefieren estar a cobijo en el grupo, en la sociedad, en lo políticamente correcto, en lo vulgar. La libertad nunca es vulgar porque define seres únicos, a nosotros mismos en plenitud.

Mourinho, en su talento, retrata como si fuera un espejo la mediocridad del resto, y eso es insoportable para los verdaderos prepotentes, que se agarran a un gesto o una salida de tono para usar la brocha gorda, enfundados en su rencor, más allá de la verdad y la tozudez de los hechos.

La gran valentía y descaro de esta obra de Santiago Navajas no radica en la defensa de Mourinho, que también, pero no tanto porque tiene el apoyo de una buena parte de la masa social del madridismo y de internet, a los que el propio escritor rinde homenaje en el libro… La gran valentía de este “De Nietzsche a Mourinho es que se acaba definiendo como una aguda reivindicación del talento propio y ajeno, de saber reconocerlo y del orgullo que éste debe producir, así como una firme apología a favor de la excelencia y en contra de la mediocridad que se siente ofendida e insegura ante ese talento y su reivindicación.

Si te gusta la cultura, la exposición brillante y la inteligencia, desarrollada de forma amena y llena de buena ironía y humor, este libro es perfecto, como lo es cualquier cosa que tenga la firma de Santiago Navajas.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Crítica: BLUE JASMINE (2013) -Última Parte-

WOODY ALLEN













Hay muchos planos secuencia en la película, una de las columnas vertebrales del estilo de Woody Allen, como he comentado. Un ejemplo lo tenemos en la escena donde vemos la decepción del hijo junto a Jasmine, el paso de la admiración que vimos en flashbacks anteriores al desprecio en esta secuencia sin cortes. Los veremos en plano general acercándose a cámara, con Jasmine intentando calmar la ira de su hijastro.





Jasmine no es mala madre, al menos lo que se la ve con el hjo de su marido casi siempre es positivo… en principio.

Bofetón de realidad.

-Un elemento muy notable de la película dentro del retrato de Jasmine es que es como el agua y el aceite con la mediocridad, no puede mezclarse con ella. Acostumbrada al lujo, al trato especial, a tener todo lo que deseaba, a ser mimada a tiempo completo, a la vida fastuosa y selecta, cuando debe codearse con esa mediocridad que siempre despreció y de la que abominó, la bofetada de realidad es brutal para ella, llevándola a la locura. Jasmine sabe en el fondo que no podrá adaptarse, que es literalmente incapaz, por eso sólo le queda vagar y sumirse en esa locura, evadirse refugiándose en unos recuerdos que la alejan de ese lugar terrorífico, la vida mundana, la vulgaridad. Prefiere engañarse a sí misma, recrear una ficción de felicidad en su cabeza, de hecho es una actriz a tiempo completo, pura fachada y mentira, mera apariencia. Jasmine terminará la película tan resignada que no tendrá capacidad ni para pedir ayuda, consuelo que le quedaba a Kenneth Branagh al final de “Celebrity” (1998).

Jasmine está en muchos momentos al borde del colapso.

Necesito que me firmes esto, cariño.”

-Sus ínfulas la llevarán a querer ser decoradora de interiores on line, pero deberá dar muchos pasos antes, conviviendo con la mediocridad en la creencia de que será temporalmente. Será secretaria de un dentista para poder pagarse su curso de informática y así poder saciar su aspiración… Constancia frustrada. Una dosis de humildad que no pega con su carácter, donde la inmediatez lo es todo, y cuando vea que la cosa va para largo se rendirá…



El otro personaje importante de la película es el prometido de Ginger, Chili (Bobby Cannavale), un hombre rudo, un tanto macarra, de clase media baja, pocos modales, la antítesis de Jasmine, pero auténtico y que quiere a Ginger sinceramente. Allen, en contra de lo que suele hace en muchas ocasiones, no usará este contraste y el desprecio para terminar uniendo a la pareja, Chili-Jasmine, al contrario, nuestra protagonista hará todo lo posible para que su hermana lo deje, pero no por interés propio sino por desprecio absoluto y para buscarle alguien de clase alta, o al menos más alta que ChiliGinger encontrará una ilusión vacua en Al (Louis C. K.), en la misma fiesta donde Jasmine conoce a Dwight, y vivirá una fogosa y fugaz aventura con él… Jasmine llevando por el mal camino a su hermana, el camino de su propio complejo.




Michael Stuhlbarg interpreta al doctor Flicker, un dentista algo lascivo que pretende a Jasmine, un personaje intrascendente y de puro relleno, que sirve para mostrar las ambiciones de la protagonista, sus gustos y aspiraciones. Desde luego el dentista no las colma, pero Dwight (Peter Sarsgaard), las saciará con creces.




-Jasmine es una actriz a tiempo completo, no descansa, está actuando todo el día de cara a la galería, y su problema es que lo disfruta, no la fatiga, está adaptada a ser así, por eso no se resiente. Su mejor actuación la tendrá cuando conozca a Dwight, precisamente, un adinerado diplomático, ambrosía para Jasmine… la panacea. Con él se hará pasar por diseñadora, decoradora, viuda y sin hijos… le contará una vida completamente falsa que fingirá tener. Su relación será vertiginosa, paseos, compra de antigüedades, sexo, mar…




-El otro gran detalle que detalla su constante actuación es cuando Hal amenaza con dejarla y descubrimos la mezquindad rencorosa de la que es capaz Jasmine, dejando de fingir que no se enteraba de nada para denunciar a su marido sin miramientos.





-Cuando Jasmine toque fondo, vea todas sus aspiraciones pisoteadas y tiradas por tierra, se enfrentará a su hermana, que vuelve a sentirse feliz al reconciliarse con Chili, para mentirla, inventarse una historia completa sin sentido, en lo que es el último escalón para su caída libre, ya que con Ginger siempre había sido sincera hasta ese momento.



-Jasmine elige por prejuicio instantáneo, basado en el éxito, el dinero y las buenas formas, poco más. Esta relación con Dwight parecerá relajar a Jasmine, más cordial y colaboradora con su hermana, a la que cubrirá en su infidelidad y por la que pasará ratos con sus hijos. A resaltar una simpática escena de diálogos sinceros entre los muchachos y nuestra protagonista.


El momento en el que Jasmine llora en soledad tras recibir una llamada de Dwight, un hombre que puede devolverle su antigua vida, es glorioso y el momento cumbre de su evolución, ya que esa relación se encamina hacia una petición de matrimonio, que si acepta es una apuesta para seguir como antes, renunciar a una posible madurez, a un cambio en su personalidad, mientras que rechazarlo para perseguir su “sueño” de ser decoradora sería el camino más difícil, pero que implicaría una madurez… Jasmine no lo dudará, llorará porque tiene en la punta de los dedos recuperar su vida de lujo y suntuosidad.




El pasado.

Otro truco de guión, una nueva aparición repentina, un encuentro surgido de la nada en el momento más adecuado derrumbará salvajemente el débil castillo de naipes creado por Jasmine. Será cuando Augie (Andrew Dice Clay) aparezca mientras Jasmine mira anillos junto a su prometido. Al menos en esta ocasión la idea del pasado que viene para tomarse justa venganza, el retorno de un pasado del que no se puede huir, le da peso y enjundia al momento.


Augie hará todo el recorrido por los lugares más oscuros del pasado de Jasmine, el fraude de su marido, su suicidio, el hijo… Una conversación donde se destaca de forma expresa el pasado inconcluso, un pasado que vendrá para poner las cosas en orden, descubrir el engaño del que estaba siendo víctima Dwight, la reconciliación de Ginger con Chili y el reencuentro de Jasmine con su hijastro…

“…algunos no dejamos las cosas atrás fácilmente.”


El encuentro de Jasmine con su hijastro es duro, los sencillos reproches del chico, contundentes y sin subrayado alguno, donde descubrimos que superó una adicción a las drogas gracias a su novia y que trabaja en una tienda de música, son auténticos latigazos emocionales. También mencionará al pasado, pidiendo que se mantenga alejado de él para avanzar.





Los momentos finales de la película son excelentes, una ducha depuradora que desembocará en la caída definitiva de Jasmine en la locura. La brillantísima panorámica que lleva de la felicidad de la pareja, Ginger y Chili, a una errante Jasmine completamente alocada, para acto seguido y sin corte volver hacia la pared y sostener el plano ante ella mientras oímos en off a la pareja, es una metáfora deslumbrante de la situación de la protagonista, impotente e incapaz de traspasar ese muro, esa pared, de entender en qué consiste la verdadera felicidad, condenándola a la evasión de la locura, de la ficción de felicidad que vivió en base a lo material y el engaño. Jasmine es incapaz de salir de ese caparazón, con lo que se sumerge en la irrealidad y la locura, de nuevo el conflicto entre realidad/ficción tan adorado por Allen y mencionado con anterioridad.






Todo acaba resultando lo mismo que en muchas otras películas de Allen en cuanto a sus reflexiones se refiere, por ejemplo podemos citar “Celebrity” (1998), la película que cerraba su época gloriosa de tres décadas sublimes, donde hasta el último plano, con el rostro perturbado de Blanchett, no se aleja un ápice del de la película protagonizada por Branagh y el “Help” que se dibuja en el cielo. Lo que le ocurre a Jasmine es que acaba tan resignada que ni siquiera tiene la capacidad para pedir ayuda… Además Allen ha tratado el tema de la fama, el lujo y el éxito, sus pros y contras, en muchas películas, uno de los últimos ejemplos lo tuvimos en la mediocre “A Roma con amor” (2012), que tiene algún episodio dedicado a ello.




Un resultado que nos deja un Allen moralista en esta ocasión, cerrando de forma brillante una película que coge bastante altura en su parte final, de gran intensidad dramática. Un Allen bastante contenido en cuanto a los líos de faldas e infidelidades se refiere, a pesar de todo.








En definitiva, tenemos una buena película a nivel estructural, correcta en líneas generales, con sus luces y sus sombras, mejorando ostensiblemente títulos anteriores, pero que repite conceptos de forma simplista de otras cintas del maestro que los trataron con mayor profundidad, talento, enjundia y brillantez. Una película que no aporta nada al universo Allen ni al que conozca un poco su obra, pero que resultará apreciable para los menos exigentes y apasionados del Allen mayúsculo de décadas anteriores. En cualquier caso no despreciaremos nunca obras tan aseadas como esta de uno de los mayores talentos que ha dado el cine moderno.

Por lo demás sólo queda rendirse ante la portentosa y descomunal actuación de Cate Blanchett, una magnífica actriz más que se beneficia del talento de su director dirigiendo actores.