viernes, 28 de noviembre de 2014

Crítica: SERENDIPITY (2001) -Parte 2/3-

PETER CHELSOM












El tiempo no existe.

He comentado que durante la narración el director, Peter Chelsom, usa en las escenas de transición planos acelerados de nubes, de relojes, de coches por las carreteras, una forma de escenificar ese universo propio, mágico, de cuento de hadas, en el que inserta a los personajes. El primer plano de la película es, precisamente, así, un día acelerado y un reloj por el que pasan las horas frenéticas.




Un universo irreal con reglas propias, donde el destino juega a ser Cupido.

Un tiempo indeterminado en un cuento de hadas que se reafirma con la imprecisión de los carteles que marcan las elipsis temporales, el inicial de “hace unos años” o el que aparece tras la separación de nuestra romántica pareja que reza “unos pocos años después”, tras planos de distintos relojes acelerados, como es habitual.



Tras esta elipsis una nueva grúa se asoma a una ventana del Waldorf Astoria, como en el plano inicial, son secuencias de inicios similares. Una cena previa a la boda de Jonathan, John Cusack… pero que no tiene como afortunada a Sara (Kate Beckinsale), algo que el director evita mostrar de forma algo artificiosa, como si quisiera que nos planteáramos la posibilidad de que fuera Sara, aunque era previsible que no. Aquí se volverá a hablar del destino… que unió a Jonathan con su futura mujer. Halley Buchanan (Bridget Moynahan). Un nuevo eco.




Se presenta aquí a otro de los personajes que tendrán cierto peso en la cinta, el amigo de Jonathan, Dean Kansky (Jeremy Piven), amigo gracioso, aunque algo cargante en ocasiones. De hecho, va de más cargante a menos, reconduciéndose de forma acertada según avanza la película.

Detalles.

Serendipity” es una comedia clásica y aunque tiene muchos detalles suele darlos mascados para que los capte todo el mundo. Así, el bello gesto de Jonathan parándose en un puesto de libros de segunda mano callejero para comprobar si encuentra el libro con el número de la chica que aún recuerda, será especialmente recalcado. Hubiera sido de agradecer más sutileza, como de pasada, pero se ve que son servidumbres obligadas. Lo importante es el hecho y el momento en que se produce. A poco de su boda Sara sigue estando presente, es el guiño definitivo al espectador, sigue recordando aquella tarde en Nueva York. Es la perfecta forma de mostrar el estado del personaje, insatisfecho, inseguro, con la futura boda.



Y de cómo se encuentra Jonathan (John Cusack) pasamos a cómo se encuentra Sara (Kate Beckinsale).

La película así tiene una estructura lógica y sencilla, primero se genera el vínculo entre los personajes, la semilla amorosa, para luego separarlos, mostrarlos tiempo después en su vida cotidiana de forma independiente, con sus respectivas parejas y compromisos, pero con el cebo inicial en sus corazones que posibilite un reencuentro. 



Sara trabaja como psicóloga en el Counseling Center, y allí oculta su visceral creencia en el destino y su romanticismo exacerbado. Es cerebral y cabal, así se lo demostrará al chico sensible y romántico que va a su consulta. El chico contará una historia similar a la de Sara y ella intentará evitar que se centre en cuestiones mágicas y el destino. Es un poco hipócrita, aunque supongo que buena profesional. A Jonathan le pasará lo mismo, empieza a recibir señales, referencias a Sara de forma indirecta o no tan indirecta, ya que oye su nombre por todas partes, en la canción que escucha un ciclista, el nombre de la peluquera...




Ecos. Siguiendo un rastro romántico.

-La mención al destino y las coincidencias como señales del mismo son constantes, en cada inicio de secuencia se menciona, en el restaurante “Serendipity", en la cena previa a la boda, en la consulta de Sara

-En la primera secuencia oímos una mención de Cusack, Jonathan, a unos palos de golf que le gustaría recibir como regalo, el golf será un nuevo eco, ya que lo veremos en una instalación para practicarlo por cuestiones de trabajo al tiempo que reacciona al nombre de Sara. Cuando ella llegue a  Nueva York recibirá publicidad sobre la instalación donde vimos a Jonathan e irá allí.




-“La leyenda del Indomable” (Stuart Rosenberg, 1967), será citada por Cusack como su película favorita y tendrá su eco cuando veamos que Sara se cruza con un carel que la anuncia y se queda mirándolo.

-Sara y Eve volverán al restaurante “Serendipity”, y allí el director tendrá un guiño con el espectador cuando a cámara lenta nos presente al ansiado y buscado billete con el número de Jonathan, siendo metido en el monedero de Eve.



-El juego con las constelaciones, Casiopea especialmente, que Jonathan hace a Sara cuando ella se da un golpe con el hielo tendrá su correspondiente eco al final de la cinta.

-”Serendipity”, el restaurante, será uno de los lugares que volverá a visitar Sara en su regreso a Nueva York.

-El libro llegará a manos de Jonathan como el billete lo hace a manos de Sara.



-La pista de patinaje que fue lugar del conocimiento y seducción lo será también del reencuentro y confirmación del amor.



-Uno menos trascendente lo tendremos en la escena final, con la pareja rememorando su encuentro en el centro comercial, comprando guantes y encontrándose con el dependiente Eugene Levy.


-Por supuesto la película tiene estructura circular, finalizando donde empezó, el mismo lugar y la misma época, la Navidad, como Dios manda.


El novio de Sara, Lars Hammond (Josh Corbett), se lo trabaja mucho y es muy romántico, pero le falta algo, no acaba de rematar, le falta un punto de tacto y encanto. En la presentación del chico, donde Sara recibirá su anillo de compromiso, descubriremos que su sentido común y carácter cerebral era tan solo fachada profesional, ella sigue siendo la romántica empedernida de siempre, que cree en las señales del destino, cosa que preocupa a su novio al ver que el anillo no le entra en el dedo… Hace bien en preocuparse.




Jonathan recibe señales y empieza a sentir que el tiempo para cumplir su deseo, volver a encontrarse con Sara, se le acaba… Eso será lo que le impulse a su búsqueda de todas las formas posibles. Hay que decir que en toda esta primera parte él se muestra mucho más decidido a ese encuentro, ella parece más ajena, aunque en realidad procura guardas las formas… como en el trabajo.

Vimos que Jonathan sigue obsesionado con Sara y el libro, mirando cada vez que puede en librerías si descubre el que contiene el teléfono. Con Sara no vemos lo mismo, es como si procurará negarse a sí misma esos impulsos, aunque los tenga. Jonathan recibirá la ayuda de su inicialmente reticente amigo Dean para buscar el libro por todas las librerías de Nueva York. Sara, por su parte, no reaccionará hasta apreciar ciertos gestos en su pareja.

Lo que nos queda claro en este momento de la narración, especialmente a los más románticos, es que Jonathan no encontrará el libro, sino que el libro llegará a él, manteniendo el clima de cuento de hadas.

De compromisos rotos.

La relación entre Jonathan y Halley está mejor llevada, todo lo relacionado con Jonathan parece estar mejor cuidado, el intentar mostrar diferencias en los comportamientos de los dos enamorados perjudica al personaje de Sara. Ella es una chica estupenda y desde el guión y la dirección no se usan coartadas para que nos resulte desagradable, para justificar que Jonathan busque a Sara, es una buena chica sin más a la que su prometido dejará por otra.

En cambio, con el novio de Sara, Lars, sí presenta ciertas debilidades, falta de tacto y cierto egoísmo… Es cierto que también tiene otras cosas buenas, quiere sin duda a Sara y es romántico, quizá esos matices busquen la sutileza, pero no suele darse mucho en la comedia romántica más convencional.

Jonathan (John Cusack) y Halley (Bridget Moynahan) tendrán varios momentos íntimos, uno de ellos será la mejor escena de la película, y en otro comprobaremos las dudas e incertidumbres del chico y el enamoramiento de la chica, que pedirá a su novio declaraciones de amor, esas cosas femeninas tan sui generis, de las que la campana, o el aviso del horno, salvará a nuestro protagonista.

La relación entre Jonathan y Halley acaba resultando cruel, pero que no se remate y se olvide al personaje femenino es uno de los defectos de la cinta, como comentaré. Hay bastante crueldad en lo que rodea a esta relación, un primer detalle lo tendremos cuando un momento íntimo de la pareja quede interrumpido por el avisador del horno y Jonathan encuentre la bolsa con el guante que se quedó el día que conoció a Sara. El gesto de olerlo, fetichista, mientras su novia pasea por detrás, es significativo, porque el espectador se identifica con Sara, quiere que Jonathan la encuentre, pero si se pone por un momento en la piel de Halley, los matices y aristas comienzan a surgir.

Con todo, la motivación que mueve a Jonathan para buscar a Sara está por definir, quizá deseo, quizá una mágica sensación poco definida que quiere saciar, quizá insatisfacción…




Lars y Sara (Kate Beckinsale) presentan otro tipo de relación, aquí es un poco ella la que parece ir detrás de él, un músico de cierta fama en su extraño estilo exótico. Las servidumbres del éxito y el trabajo tienen algo despistado al chico, lo que acarreará ciertas decisiones egoístas y descuidar a su chica antes de la boda. Sara lo mira libidinosa, casi lasciva, mientras lo ve actuar, pero esos comportamientos parecen despertarla de un sueño en el que parecía querer sumirse. Esto nos lleva a una reflexión sobre Sara, quizá no sienta lo que cree que siente por Lars, sino que su relación es consecuencia de la negación, se niega a sí misma y a sus creencias en el destino, con lo que su relación con el músico tendría más de fachada con la que blindar esos impulsos que otra cosa, como la vimos hacer en su trabajo. Sara huye en cierta medida de sí misma, no es sincera con ella misma y usa fachadas y coartadas, el trabajo, su pareja, para no entregarse a lo que quiere de verdad. Es miedo a su excesivo romanticismo.



 


Dedicada a Nora, espero que le esté gustando.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Crítica: SERENDIPITY (2001) -Parte 1/3-

PETER CHELSOM













Agradable comedia romántica que hará las delicias de los seguidores de este tipo de cine, con el gran John Cusack como protagonista, la bella Kate Beckinsale y el azar y el destino como irremediable Cupido.

He comentado en alguna ocasión que las coincidencias y el abuso del azar en las películas incomodan y desagradan al espectador, lo alejan porque ven falta de credibilidad. En cambio, si estas coincidencias son al comienzo de la cinta, al inicio o como planteamiento incluso, el público lo acepta mucho mejor, las asume y asimila como reglas del juego o situación atípica que sirve de pistoletazo a una historia. Si además el concepto y tema de la película gira en torno al azar, las coincidencias y el destino, son la base de la historia y sobre la que ésta va a girar, poco se puede oponer.


Esto ocurre con "Serendipity", una cinta que reflexiona sobre el destino y donde hay multitud de coincidencias durante todo el metraje, pero que no tiene sentido criticar básicamente porque esa es la idea esencial de la propuesta, la locura de un destino romántico vertebrador  y generador de un universo de constantes situaciones inverosímiles que  fundamenta la esencia misma del amor. En cualquier caso veremos cuáles se fuerzan demasiado y cuáles no, que siempre resulta interesante, así como en qué circunstancias interviene el destino y en cuales la voluntad.


El pero a las coincidencias vendría por cómo se traten éstas Si se puede aplicar una lógica o son coincidencias puras, el público lo aceptará como parte del juego, pero si se retuercen o fuerzan obligando a los personajes a comportarse de forma ilógica o contraria a su carácter, la cosa comenzará a fallar. “Serendipity” acierta en la mayoría de las ocasiones.

Un flechazo entre dos jóvenes comprometidos en unas navidades les hace replantearse si no están destinados a estar juntos y romper con todo, pero la mala suerte los separará. El azar y su voluntad tendrán que decidir si están destinados a reencontrarse.

La cinta se inicia con una gran grúa que recorre el exterior de unos grandes almacenes, Bloomingdales. Es Navidad.




Hay algo de cuento de hadas y magia en esta cinta, especialmente reseñable por los numerosos planos en los que vemos el tiempo acelerado, planos de relojes frenéticos, manecillas alocadas o calles y autopistas semejantes a torrentes de neones y luces. Curiosamente, cuando descubramos que las dos parejas han roto su compromiso, tendremos planos picados más pausados, en tiempo real, como si el destino, una vez cumplido su trabajo, se amoldase a otras reglas.



Aunque “Serendipity" es una comedia romántica clásica, que posee todas las convenciones y tópicos del género y además todo se da mascado, tiene elementos realmente interesantes y notables, además de un acertado halo mágico-romántico.

Objetos predestinados.

Serendipity”, en un rasgo diferenciador de talento y que la coloca por encima de otras cintas similares, hace un uso realmente brillante de los objetos con contenido narrativo, íntimamente ligado además a la esencia de la trama. Objetos vinculados al destino. A través de esos objetos el destino se acaba manifestado, esa fuerza invisible.

-Los guantes serán el objeto clave que una por primera vez a nuestros enamorados, los veremos justo al entrar en el centro comercial que nos presentan al inicio. El destino aparece cuando vemos a los dos personajes coger los mismos guantes al mismo tiempo. Unos guantes que vimos en la grúa inicial como bajaban hasta el mostrador de venta. Inicio de la relación, enredo, coincidencias y destino. Objeto vinculador.

-Los guantes o, más concretamente, el guante que se quedó Jonathan, dará un nuevo impulso al chico al encontrárselo dentro de la bolsa del día que lo compró en su habitación y encontrar una factura con el número de cuenta de Sara. El guante, un objeto clave con función narrativa.


-La bufanda que se olvida Cusack en el restaurante “Serendipity” es un nuevo objeto importante, vinculador, lo olvidará y al regresar a por él se reencontrará con Sara (Kate Beckinsale), que olvidó sus guantes, el objeto anteriormente mencionado.

-Un billete con el número de teléfono de él y un libro con el de ella, serán otros dos objetos esenciales en la trama. Objetos del anhelo, los recordarán, querrán encontrarse con ellos, ya que estos objetos serán lanzados al mundo a la espera de que puedan cruzarse en su camino de nuevo. Son los objetos que simbolizan el deseo oculto por ese destino que los uniría. El destino que ansían. El libro será “Amor en los tiempos del cólera”, de García Márquez.



-El anillo que no entra en el dedo de Sara es otro objeto importante que ella acabará tomando, en cierta medida, como mensaje del destino.

-El chicle que Jonathan pega en el banco de la instalación donde se practica el golf, volverá a ser un vínculo, el destino a través del tacto, de alguna forma. Una vez que Sara toque el chicle irá siguiendo las pistas que la lleven a Jonathan.



-El monedero de Prada, o mejor dicho Prado, que compra Eve (Molly Shannon), la amiga de Sara, contendrá el billete con el número de Jonathan, así que también será un objeto fundamental, aunque pudiera ser accesorio al principio. Un dálmata aparecerá en dos escenas distintas, y casi seguidas, una con Cusack y otra con Beckinsale, además. Sutilezas.







-Otro objeto olvidado, la chaqueta de ella, será el que una a la pareja definitivamente, un nuevo contacto, una coincidencia perfectamente posible, una opción y casualidad como otra cualquiera.




-Podríamos incluir en este apartado la misma nieve, nieve vinculadora y perfecto símbolo de la pureza y el amor de la pareja, que retrata, conforma y cierra el círculo de la historia en forma de cuento de hadas, con una atmósfera mágica indudable. La nieve aparecerá en la pista de patinaje oportunamente, como buen relato mágico, para el definitivo reencuentro.


Tras el primer y casual encuentro, nuestra amorosa pareja irá a merendar a un restaurante llamado “Serendipity”, título de la película y lugar que acaba por convertirse en clave del concepto general del film. Si una “serendipia” es un hallazgo o descubrimiento afortunado, la relación de nuestros protagonistas estará rodeada de ellos, aunque el destino también pondrá sus trabas, con lo que este restaurante, que tiene un nombre tan adecuado, casi confirma esa idea de cuento de hadas, ese halo mágico que sobrevuela toda la película, como si de un lugar para el conjuro amoroso se tratara.




Ella es una creyente del destino, de la magia, él es más descreído pero a la vez se muestra más decidido a jugársela, a pesar de que los dos tienen pareja. Los sentimientos de ella, confusa por la extrema conexión que comienza a sentir con ese chico tras tomar sólo una merienda, y a la vez consciente de sus responsabilidades y compromiso con su pareja, decide interrumpir la “cita” y entregar esa posible relación a un futuro destino, ese destino en el que cree. Un destino que no tardará en contestar.

El segundo encuentro de estos románticos personajes, pocos minutos después, resulta algo más forzado, aunque perfectamente creíble. Ya comenté que analizaría las coincidencias, las que resultaran más forzadas y las más naturales. Aquí, dentro de que pueda resultar forzado, es creíble y además la película juega con la baza y el colchón que el espectador debe aceptar de la propia propuesta, una historia sobre coincidencias imposibles en apariencia. Así, vemos lógico que Cusack pueda olvidarse su bufanda, pero que ella olvide los guantes cuando incluso los mencionan al salir del restaurante quizá sea más cuestionable. Al regresar para recuperarlos se encontrarán e iniciarán una cita de verdad.


Así se iniciará una hermosa relación, una conexión irrompible, eterna, un “breve encuentro” que se hace inolvidable, que marca una vida, donde el tiempo no existe, como bien recalca el director en esos planos acelerados. Conociéndose en unas pocas horas, una tarde-noche de romanticismo, cosquilleos, amor naciente que nos descoloca, conversaciones triviales con ansias de descubrirse… Es decir, uno de los grandes goces de la vida, el comienzo de una relación, el enamoramiento. Charlarán  sobre el destino y las coincidencias, tema adecuado, pero luego irán preguntándose cosas para conocerse, sus gustos, sus aficiones… incluso su postura sexual preferida, que interesará a una pícara Beckinsale en una demostración de confianza creciente, aunque esto será interrumpido por una inoportuna caída… lamentablemente. El golf, que tendrá un eco posterior ligado a más coincidencias y “serendipias”; “La leyenda del indomable” (Stuart Rosenberg, 1967), que es la película preferida de Cusack, Jonathan Trager… Conociéndose mientras patinan bajo la nieve… no puede ser más romántico. Esta escena, por supuesto, también tendrá su eco al final. Jonathan es cinéfilo, a John Cusack le gustan los papeles con referencias, así también mencionará lo buenas que son “Los puentes de Madison” (Clint Eastwood, 1995) y las dos primeras partes de “El Padrino” (Francis Ford Coppola, 1972 y 1974), en este último caso para comparar a las chicas de su vida.






Toda la película es un juego de ecos fundamentado en esta primera secuencia del enamoramiento.

Románticos poniendo a prueba al destino.

Sara es una creyente, pero a la vez se nos muestra tremendamente desconfiada, ya que no parará de hacer pruebas para contrastar que lo que ocurre es real, hasta el punto de que parece no querer nada con el pobre Cusack


Comenté con anterioridad que el destino busca unirlos, pero no ponerlo fácil, así el viento se llevará el papelito con el número de la chica, que ella toma como señal negativa. Quizá el destino no busque complicar, sino simplificar del todo las cosas, es decir, parece querer indicar que si ya os habéis encontrado, no hacen falta números de teléfono, lanzaos a ese destino sin miedo… pero Sara lo tendrá.







En cualquier caso esto dejará ideas extraordinariamente románticas y bellas, como la del billete. Como prueba definitiva Sara planteará una idea bastante rocambolesca, y es que para ser una loca del destino tiene unas ideas algo retorcidas y forzadas. El destino, por su parte, tiene un humor peculiar y desde luego no se deja vacilar. Dos ascensores, deben pulsar un piso sin saber cual pulsará el otro, si se encuentran es que están destinados… Lo harán, los dos pulsarán el 23, pero como prueba es bastante mala ya que en realidad demuestra poco. La mala fortuna, el destino también, suponemos, jugará una mala pasada a Jonathan, que verá como se sube gente en su ascensor. Al retrasarse ella lo tomará como una señal de que no deben estar juntos, cuando en realidad no prueba nada, ya que pudo ocurrir lo que justamente ocurrió. Aquí a Sara se le fue un poco la cabeza, pero es un necesario recurso de guión, no el mejor, para separarlos, la obligada separación para hacer más romántico y especial un posible reencuentro, como es menester en toda comedia romántica que se precie.

Su voluntad les une, una fuerza misteriosa los separa o dificulta su encuentro.




 



Dedicada a Nora, por ser una de sus películas favoritas.