viernes, 10 de marzo de 2017

UN GRAN PASO

RELATO










Pronto llegaron las primeras lluvias a Berlín. No era un día feo, pero desde luego tampoco parecía uno de esos días perfectamente diseñados para cambiar el mundo. Un día como cualquier otro, incluso algo tristón, pero después de aquel día nada volvería a ser exactamente igual. A pesar de que nada iba a cambiar en bastante tiempo definitivamente, aquel día fue un punto de no retorno, un eslabón más del mecanismo inexorable que nos lleva al futuro.

Me puse elegante, bien guapa y distinguida, porque también me gusta gustar, sentirme bella, de hecho estoy francamente orgullosa de mi cuerpo, de mis pechos, de mi rostro, de mi belleza, aunque siempre luché para ser algo más que mi apariencia. En aquellos días era básicamente lo que debía tener una mujer, apariencia, si eso te faltaba, te podía faltar casi todo, pero siempre supe que esa postura sólo llevaba a un pseudo respeto, a una condescendencia opresiva ante la que me rebelaba instintivamente, sin ira alguna, por impulso natural, que me llevaba a la arena a competir de tú a tú contra lo establecido, lo establecido por quien fuera, sin esperar recibir la egoísta limosna del que busca algo y tiene la sartén por el mango, a fuerza de trabajo y talento.

Me recordaban a menudo aquello de las tres k (kircher, kinder, küche), o sea, la iglesia, los niños y la cocina, que era el ámbito circunscrito a la mujer, y no me parecía mal, no me parecen mal ni los niños, ni la iglesia, ni la cocina, todo lo que sea añadir, sumar, me satisfacía, me enriquecía, lo que no soportaba es que me limitaran, que ir a la cocina no me dejara entrar en el estudio, que ir a la iglesia no me dejara ser científica, que tener niños me impidiera trabajar simple y llanamente porque estaba así establecido, porque se me imponía una elección que no tenía porqué tomar.

Recuerdo que temía no estar presentable por culpa de la dichosa humedad, bien parapetada bajo mi paraguas camino de mi gran día, más decidida y satisfecha que emocionada. Era algo que se me antojaba lógico, que tenía que caer por su propio peso, algo que se imponía al hecho sin precedentes que iba a acontecer.

Siempre pensé que una sociedad que limita a parte o a uno solo de sus miembros está luchando contra sí misma, perjudicándose absurdamente, limitándose, enfermándose. ¡Cuánto más a toda una raza, a todo un género, especialmente a ese que contiene y da vida! Todo eso lleva a la radicalización, a vivir sepultado en el pasado, anclado en lo reaccionario.

Fueron muchas las lágrimas contenidas e incontenibles, muchos los desprecios y humillaciones obviados y pasados por alto, muchas las palabras presas y amordazadas, los gestos esposados y amarrados ante cada obstáculo del camino para no perder pie, para que el objetivo no se desvaneciera. Aún quedaban muchos libros que firmar con anónimos, muchos avances que realizar sin reconocimiento, muchos fingimientos a los que entregarse para seguir avanzando, quedaban muchas absurdeces que soportar, muchas opresiones que gestionar… quedaba un largo camino de espinas que transitar, pero ese siempre ha sido el sentido de la existencia para todos, infinitos viajes donde cada uno, hombres y mujeres, injusticias y problemas, tienen sus tiempos y sus lugares, pero todo llega, irremediablemente, como acude la luz al sol.

Soy prueba viviente de que todo se puede lograr, de que los muros se derriban, las convenciones se destruyen, los órdenes se pervierten, las cosas mejoran. Tan sólo tuve que convertirme en la primera mujer ingeniera. Una minucia…

Y allí me veo, ante la puerta de la sala en la que se me iba a entregar mi título de ingeniería. La primera mujer que lo logró. Yo, Elisa Leonida Zamfirescu.



Me fui hace 43 años. Fui especial en su día, pionera y única, una de tantas mujeres pioneras y únicas, como Hipatia, Amelia Earhart, Tereshkova, Fatima al-Fihri, Marie Curie... que andan por aquí discutiendo de sus cosas… Pero lo que despierta la más satisfecha de mis sonrisas es haberme convertido en una vulgaridad, en cierto sentido, porque aquello que logré, que logramos, ahora es algo normal, incuestionable, lógico y natural.


Aquello que logré, que logramos, que sólo parecía un pequeño paso para la mujer, pero que fue un gran salto para la igualdad.


jueves, 9 de marzo de 2017

TALENTO

RELATO










¿Es cierto, como han manifestado, que ha sido el jugador que más les ha sorprendido en su carrera?

-Es asombroso, seguramente el mejor jugador que he visto, en esto creo que coincidimos todos. Tiene unas cualidades extrañas, que no habíamos visto nunca, al menos aglutinadas en un mismo futbolista. Lo comentamos todos los entrenadores. Una especie de determinación dulcificada, de asesino suave e implacable, de gimnasta flexible e irrompible, que es capaz de cualquier cosa.

-Sí, sí, totalmente cierto. Es imposible quitarle el balón, tiene un regate diabólico, un quiebro vertiginoso, es rapidísimo y sumamente hábil. Siempre lleva el balón pegado al pie. Por si fuera poco, su visión de juego es excelsa, siempre sabe dónde están situados sus compañeros, y con su calidad acaba colocando el balón donde quiere. Muchas veces pienso que no podemos perder con él en el campo, dentro de nuestra modestia…

-No es tanto su potencial físico, es un jugador liviano, pero sumamente hábil. Ese regate corto lo he visto pocas veces, una capacidad de desborde asombrosa.

-Tiene una inteligencia especial, intuitiva, como un sexto sentido que le permite estar siempre donde debe, que le ayuda a anticiparse a la jugada, a las intenciones del rival, por eso recupera tantos balones, por eso siempre lo encontramos en la zona adecuada para el remate.

-Efectivamente, es un don natural, pero que trabaja día a día. En mi carrera deportiva he visto pocos futbolistas más profesionales. Puede estar horas ensayando remates, probando nuevos regates. Casi todos los días está en el campo de entrenamiento antes de que llegue el primero del equipo, ya hablemos de jugadores o del cuerpo técnico, y cuando nos vamos, ¡allí lo dejamos! Parece un tópico, pero en su caso es la pura verdad.

-Y una capacidad de sacrificio, una solidaridad con el grupo que sorprende, ¿verdad? Es sumamente empático.

-Además se cuida como pocos, nunca viene pasado de peso, nunca se excede en nada, es sumamente discreto, incluso en el vestuario. Muy humilde y trabajador.




¿Qué ocurrió y cómo se tomaron el hecho de que se descubriera que aquel jugador tan destacado en realidad era una mujer?

-Una decepción. Nos sentimos humillados y engañados. Dimos toda nuestra confianza, pusimos a su disposición todos nuestros medios y nos utilizó para alcanzar sus propósitos…

-Sé que muchos sostienen que de no haber mediado engaño no hubiera podido competir a este nivel ni ponerse en el escaparate para que la vieran los mejores equipos, pero creo que se deben respetar las normas. Entendemos que de haberse sabido antes pudiera haber surgido un prejuicio contra ella, pero esto es inevitable…

-Muchos dicen que nos agarramos a tecnicismos y demás para esconder prejuicios y machismo, pero esto es hilarante, las reglas están para cumplirse. Sin más.

-De hecho, es posible que los rivales intuyeran su naturaleza... No, no, ya sé que su participación les perjudicaba porque muchos la veían como el principal activo de este equipo, el jugador más importante, pero no es cierto, el gran éxito se debe a un trabajo conjunto que permitió a esta chica destacar y demás. Que ahora los resultados sean peores se debe al desequilibrio que toda esta polémica ha generado en el equipo. Tampoco podemos convertir la sospecha o creencia en una realidad, pero es posible que en ciertos momentos se aprovechara de cierta condescendencia rival. Ha sido muy perjudicial para el fútbol en general.

-Físicamente las mujeres son inferiores, esto es un hecho. No podemos engañarnos ni hacernos trampas. El jugador debe conocer con quién se enfrenta, pero claro, al no ser un equipo profesional ha sido más fácil engañarnos. Si se arremete con una fuerza desmesurada contra ella podría haber problemas. No creo que haya excepciones. Individualizar es perder el tiempo. Es posible que muchos vean en ella esa excepción, que piensen que demostró que podía competir contra hombres, pero en el aspecto deportivo es engañarse, y contraproducente para el fútbol.

-No veo contradicción alguna, por mucho que digan por ahí. ¡Parece que nos quieren poner de machistas! No es una cuestión de machismo, es una realidad física. No tienen la misma capacidad para ir al choque con un hombre, su integridad física corre peligro. No es por ser paternalista, pero esto también se hace por su propio bien.

- Sí, sabemos que hay jugadores, que son hombres, más livianos, y que ella nunca tuvo un problema mientras compitió con nosotros, ¡pero esto no significa que no pueda haberlo!

-Es posible que comentáramos que destacaba, pero esto es algo que hacemos con todos nuestros futbolistas. Es algo lógico y normal, para que se sientan respaldados y apoyados.

-Ya, ya hemos oído todas esas zarandajas de que en siglos anteriores decían que tampoco podían hacer las labores de mando y gestión de los hombres ni involucrarse en la vida política y demás, pero, ¡por el amor de Dios, esto no tiene nada que ver!


-Somos defensores a ultranza de la igualdad, pero debemos ser coherentes, rigurosos y huir de la hipocresía. Hay que respetar las normas, claro… No tenemos más declaraciones que hacer…


martes, 28 de febrero de 2017

LOS OSCARS DE TRUMP

OPINIÓN










Antes de la septuagésimo cuarta gala de los Premios Oscar en 2002 existía un runrún, cierta polémica, aunque no tan aguda como la que se formó en 2016 cuando no se nominó a ningún afroamericano, acerca de los Oscars y el tema racial. Un runrún que fue creciendo hasta poner su foco en el supuesto racismo de la Academia, que no había entregado jamás un Oscar a un actor afroamericano como protagonista.

Bien, esa gala la presentó Whoopi Goldberg, se dio el Oscar honorífico al gran Sidney Poitier y, por primera vez en la historia, dos actores afroamericanos alzaron sus estatuillas como mejor intérprete principal: Denzel Washington como mejor actor por “Training day” (Antoine Fuqua, 2001) y Halle Berry como mejor actriz por “Monster’s ball” (Marc Forster, 2001).



¿Coincidencia? ¿Se alinearon los astros para que en la septuagésima cuarta edición de los Oscar la comunidad afroamericana consiguiera un reconocimiento tantas veces esperado? Evidentemente, no.

Y no porque no lo merecieran, que esto podemos debatirlo, ya que ambos están estupendos, pero como lo habían estado ellos y otros actores afroamericanos antes y no se les había concedido. ¿La diferencia? Ausencia de runrún…

Poitier fue el primer actor negro en conseguir un Oscar como actor principal por “Los lirios del valle” (Ralph Nelson, 1963), con lo que Washington recogía aquel relevo y Halle Berry hacía historia como pionera en categoría femenina.

Antes de esta gala de 2017, sólo catorce actores negros habían conquistado algún Oscar. A los mencionados sumamos la pionera Hattie McDaniel en 1939 por “Lo que el viento se llevó” (Victor Fleming, 1939), pasando por Louise Gossett Jr. por “Oficial y caballero” (Taylor Hackford, 1982), Whoopi Goldberg por “Ghost” (Jerry Zucker, 1990), Cuba Golwin Jr. por “Jerry Maguire” (Cameron Crowe, 1996), Morgan Freeman por “Million dollar baby” (Clint Eastwood, 2004), Denzel Washington en “Tiempos de gloria” (Edward Zwick, 1989), Octavia Spencer por “Criadas y señoras” (Tate Taylor, 2011), Mo’nique por “Precious” (Lee Daniels, 2009), Jennifer Kate Hudson por “Dreamgirls” (Bill Condon, 2006) como actores secundarios.

Jamie Foxx consiguió el Oscar a mejor actor en 2004 por “Ray” (Taylor Hackford, 2004) y Forest Whitaker consiguió lo mismo en 2006 por “El último rey de Escocia” (Kevin Macdonald, 2006).

Dorothy Dandridge fue la primera actriz negra en ser nominada a mejor actriz en 1954 por "Carmen Jones" (Otto Preminger, 1954). Preminger siempre fue transgresor y pionero.



Parecen pocos, son pocos, pero tampoco debemos pedir que sean mayoría por pura lógica y matemáticas. Si sólo el 13% de los estadounidenses es afroamericano, menos que latinos, que no han recibido muchos más premios, es normal que haya más candidatos y premiados blancos, pero como se va viendo en los últimos años, sobre todo a partir de 2000, la presencia afroamericana es constante, por lo que debería normalizarse con naturalidad, sin cuotas, sin discriminaciones positivas ni forzando las cosas de manera injusta.

Si en algún momento debe haber el mismo número de afroamericanos que de caucásicos o incluso más, aunque el porcentaje sea menor, me parecerá genial, siempre y cuando sea por méritos propios, no por quejas, protestas y polémicas.

El siguiente paso es lanzar una polémica sobre los orientales, musulmanes, homosexuales o cualquier minoría y acusar a cualquiera de discriminarlos si los premian poco, con lo que al año siguiente ya sabemos por qué temas apostarán y a quienes galardonarán…

El año pasado estalló la polémica al saberse que entre los nominados no había ningún afroamericano, con lo que proliferaron las acusaciones de racismo hacia la Academia, que le pidió al actor negro Chris Rock que hiciera las veces de maestro de ceremonias. Quizá para compensar…

¿Y qué ha ocurrido este año? Por arte de magia, tres de las nominadas a mejor película tratan el tema racial o son afroamericanas (Moonlight, Figuras ocultas y Fences), varios actores afroamericanos aparecen nominados (Denzel Washington, Viola Davis, Ruth Negga, Mahershala Ali, Naomie Harris, Octavia Spencer) y alguna otra producción tuvo alguna nominación (Loving). Además, Mahershala Ali se convierte en el primer actor musulmán en recibir un Oscar, para así rizar el rizo. Minoría general aún, lógicamente, pero en alguna categoría, como actriz secundaria, las afroamericanas eran mayoría.

Nunca han sido sutiles los Oscar, pero la compensación era evidente, y la extraña insistencia de los comentaristas en aupar un título como “Moonlight” insinuaba una posible sorpresa de última hora.

Y a todo esto aparece en escena Donald Trump, el presidente más mediático y polémico de la historia de los Estados Unidos, que ha dado nuevo impulso al tema racial, algo ideal para que el mundo del espectáculo saque su vena reivindicativa y comprometida, que otros años se obvia u olvida.

Claro, uno queda perplejo, porque al final todos los que no son blancos en Hollywood van a tener que darle las gracias a Trump, porque cuando estaba Obama resulta que no nominan a ningún afromaericano y cuando viene “el presidente racista” regalan hasta el Oscar a mejor película…

Como Trump ha hablado de deportar inmigrantes ilegales (algo que no escandalizó, por lo que se ve, cuando Obama lo hizo con 3 millones que no debían importar a nadie, fijando un récord), de muros y demás historias, sumado a las acusaciones del año pasado, tocaba escenificar lo progresista y tolerante que es la Academia, lo poco racista que siempre ha sido y lo mucho que defiende a las minorías étnicas… pero no por ellas, sino para zurrar al odiado Trump y limpiar su imagen.

Esto es creíble si fuera una tendencia, si fuera normal, no justo cuando el tema es candente o vienen críticas.

Este gesto político que responde a polémicas y noticias de moda en la actualidad, muchas veces encubierto en pretendido compromiso, no sólo se ha limitado al tema racial, también lo hemos visto en otras categorías galardonadas, como “Mejor corto documental” (aunque lo de documental habría que verlo), “Cascos blancos”, organización envuelta en casos de terrorismo, algo que a la Academia le ha dado igual ya que trata el tema del conflicto sirio y los refugiados, lanzando así otro claro mensaje. Un cortometraje falsario donde muchos rescates están escenificados, por ejemplo. Resulta casi obsceno. O la ganadora a mejor película de habla no inglesa, “El viajante”, donde el director Asghar Farhadi (ganador del Oscar por “Nader y Simin, una separación”, de 2011) no acudió a la gala por ser Irán uno de los países incluidos por Trump en su lista de sospechosos de terrorismo, lo que permitió escenificar dicha ausencia en el escenario.

Puede que una o dos de estas circunstancias se den, pero aquí las tenemos todas juntas, en una nueva tormenta perfecta ideológica y que responde con precisión a las polémicas suscitadas antes de la gala y del año pasado. Coincidencias, ¿no?

Alguna de estas circunstancias pueden ser coincidencia, todas ni de coña. Es tendencioso, una Academia que ha fijado un rumbo muy concreto valiéndose de la gala.

Todo esto me resulta desagradable, prepotente, altivo y profundamente condescendiente, migajas para una comunidad ultrajada históricamente que cuando protestan les dan algún regalito para que no molesten mucho. Apesta a condescendencia, a compensación prepotente, con aires de superioridad, pasando la mano por el lomo cuando alguien protesta, camuflando que todo esto no les importa absolutamente nada con gestos de cara a la galería, donde lo que de verdad se pretende es una protesta política, no una sincera valoración de la comunidad afroamericana. ¿Por qué este año? ¿Por qué a mansalva, como en 2002? Háganlo cuando toque y lo merezcan, no lo fuercen, no lo imposten, no lo interpreten, no hagan que resulte tan cutre y tan falso.

¿Alguien se cree que la Academia pasa de racista a no racista de un año para otro? ¿De premiar a “12 años de esclavitud” (Steve McQueen, 2013) a no nominar a ningún afroamericano por racismo de quita y pon?

La reflexión es más profunda y, en muchos casos, cuestión de números. Si un actor blanco atrae a más público a las pantallas, un productor contratará a ese actor blanco. ¿Hay que normalizar? Háganlo, en eso es en lo que la industria debe trabajar. Hagan cambios estructurales, valoren también el mérito para contratar, pero no engañen… Hay muchísimos actores negros de talento, denle papeles, igual que arriesgan con actores jóvenes blancos en papeles de proyectos importantes háganlo con negros, pero no premien por cuota, porque los que somos soñadores y creemos en el mérito y el arte, aunque nos demuestran día a día que todo es puro cinismo, política e interés, miramos desde niños premios como los Oscar en la esperanza de que sea eso lo único que se mire, la calidad, el mérito y el cine, no modas, polémicas, compensaciones y cuotas, porque es un asco. Soy defensor de la igualdad de oportunidades y de la libertad, de la idea de que seas negro o blanco se valore lo que haces, sin matices, y de que si un productor cree más rentable contratar a determinado actor, sea negro o blanco, lo haga sin que se le tenga que llamar racista. Hagan lo que sea necesario para que esa igualdad de oportunidades sea un hecho, pero déjense de discriminaciones positivas y engañar a los que siguen y pagan esas películas que tanto rédito dan.

Llamar racista a un productor que sólo piensa en recuperar el dinero invertido es cínico e injusto. Si un público mayoritario se siente identificado con determinadas cosas el productor apostará por ellas, buscará las mejores estrellas y los temas más atractivos. Y cuando sale un Will Smith no se tiene problema alguno en darle los mejores papeles protagonistas.


No lo digo yo, lo dicen los números, las taquillas e, incluso, las encuestas. Fue curiosa la que presentó Chris Rock en la ceremonia del año pasado, donde los afroamericanos entrevistados por el actor no conocían las películas “blancas” nominadas ni a muchos de los actores, mientras reivindicaban otros títulos que habían sido de su agrado y que eran películas “negras”. Puede pasar al contrario, y por mucho que nos empecinemos, los caucásicos son mayoría en los Estados Unidos. No mezclemos churras con merinas…

Además, los Oscar son dados a compensar, supongo que por eso algunos actores y directores jamás tuvieron premio o tardaron décadas en conseguirlo, mientras auténticas vulgaridades daban en el clavo a las primeras de cambio… Manda huevos…

Yo mismo me he permitido hacer una modesta encuesta bastante extensa para ser de carácter personal, de varias decenas de personas que no son ultracinéfilos con una sencilla pregunta, para confirmar algo que comenté el año pasado: ¿Qué película recuerdas que ganó el año pasado?

Algunos no recordaban ninguna o se iban a años anteriores, pero la gran mayoría, casi todos a decir verdad, salvo honrosas excepciones, contestaron “la de DiCaprio” o “la del oso”, “El Renacido”… Evidentemente… 2016 fue el año de “El renacido” (Alejandro González Iñárritu, 2015), pero ganó “Spotlight” (Thomas McCarthy, 2015), una buena película, pero que era imposible trascendiera ni calase, y esto lo podía suponer cualquiera, te gustase más una u otra. Y eso que “El renacido” no es ninguna obra maestra tampoco, ojo.

Lo mismo, bueno, en realidad aumentado, ocurrirá con “La LaLand”, con el matiz de que el bochornoso, patético y ridículo final de gala sí será recordado, lo que quizá salve del olvido a “Moonlight” en este caso. Un film correcto, elegante visualmente, pero con varios defectos y una propuesta y exposición de ideas que hemos visto en multitud de ocasiones, en películas superiores incluso. Una película que no se distingue de otras muchas, de sobrevalorada y reiterativa sutileza, aunque alguno la pueda considerar notable.



Cuando un film está nominado en 14 categorías no es una película cualquiera, por mucho que algunos odiadores quieran sacar la cabeza ahora (las nominaciones eran injustas, pero la victoria de "Moonlight" les carga la razón… esas cosas), sino que la convierte en la película más completa, y con muchísima diferencia, para la Academia. Esto sin hablar de los Globos de Oro, los BAFTA etc. etc. etc.

Si a esto añadimos que en el momento del último premio, a “Mejor Película”, “La La Land” llevaba 6, incluidos mejor actriz principal, mejor director y mejor fotografía, y “Moonlight” 2 (mejor guión adaptado y mejor actor secundario), sigue siendo evidente cual era la película más completa… Lo que ocurrió después lo achacaremos al procedimiento de elección, que explicaré otro día…

Es una evidencia el éxito a todos los niveles de “La La Land” (camino de los 400 millones de euros recaudados), por lo que darle el premio a “Moonlight” (unos 26 millones de euros recaudados) completaba la jugada perfecta ya que la beneficiaría en taquilla, aumentaría su repercusión y limpiaría la imagen de la Academia, que gana por todos lados subiendo a dos películas a los altares (no sólo dos, en los últimos años hacen una repartición muy condescendiente para que todos tengan su pedacito).

Porque todo ha girado alrededor de “La La Land”, e incluso los escasos odiadores, en general,  querían que ganara otra simplemente por manía a la cinta de Chazelle, porque no cumplió las expectativas que otros les habían generado, porque se habló mucho de ella, porque gustó a la mayoría, porque gustó a la crítica, porque la nominaron mucho y arrasó en todos los premios por los que pasó…

"Moonlight" se une así al grupo de injustas ganadoras (respetando cada opinión) de “Gente corriente” (Robert Redford, 1980), “Shakespeare in love” (John Madden, 1998), “Chicago” (Rob Marshall, 2002), “Crash” (Paul Haggis, 2004) o “Slumdog millonaire” (Danny Boyle, 2008), que ganaron a “Toro salvaje” (Martin Scorsese, 1980), “Salvar al soldado Ryan” (Steven Spielberg, 1998), “El pianista” (Roman Polanski, 2002), “Brokeback mountain” (Ang Lee, 2005) o “El curioso caso de Benjamin Button” (David Fincher, 2008) respectivamente…

Si el mundo del cine quiere lanzar mensajes, lo tiene muy fácil, porque se dedica a ello, que hagan películas y los lancen, pero que no premien por compromiso, complejo o expiar supuestas culpas, que no premien a quien no lo merece y nos hagan comulgar con ruedas de molino diciéndonos que sí.


Algunos inconscientes aún pensamos que en una entrega de premios cinematográficos lo que solamente debe primar es el cine.



sábado, 25 de febrero de 2017

89ª EDICIÓN DE LA GALA DE LOS OSCAR














MEJOR PELÍCULA:






MEJOR DIRECTOR:






MEJOR ACTOR PROTAGONISTA:






MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA:






MEJOR ACTOR DE REPARTO:








MEJOR ACTRIZ DE REPARTO:







MEJOR PELÍCULA ANIMADA:


-Kubo y las Dos Cuerdas Mágicas, de Travis Knight
-Vaiana, de Ron Clements, Don Hall, John Musker y Chris Williams
-La vida de Calabacín, de Claude Barras
-La Tortuga Roja, de Michael Dudok de Wit
-Zootrópolis, de Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush (Apuesta Cinemelodic) (GANADORA)



MEJOR GUIÓN ORIGINAL:






MEJOR GUIÓN ADAPTADO:






MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA:


-El Viajante (Irán, Asghar Farhadi) (GANADORA)
-Toni Erdmann (Alemania, Maren Ade) (Apuesta Cinemelodic)
-Land of Mine (Bajo la arena) (Dinamarca, Martin Zandvliet)
-Tanna (Australia, Bentley Dean y Martin Butler)
-Un hombre llamado Ove (Suecia, Hannes Holm )



MEJOR FOTOGRAFÍA:


-Linus Sandgren (La La Land(Apuesta Cinemelodic) (GANADOR)
-Bradford Young (La Llegada)
-Rodrigo Prieto (Silencio)
-James Laxton (Moonlight)
-Greig Fraser (Lion)



MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN:


-La Llegada (Patrice Vermette y Paul Hotte)
-Animales fantásticos y dónde encontrarlos (Stuart Craig y Anna Pinnock)
-¡Ave, César! (Jess Gonchor y Nancy Haigh)
-La La Land (David Wasco y Sandy Reynolds-Wasco) (Apuesta Cinemelodic) (GANADORA)
-Passengers (Guy Hendrix Dyas y Gene Serdena)



MEJOR VESTUARIO:


-Aliados (Joanna Johnston)
-Animales fantásticos y dónde encontrarlos (Colleen Atwood) (GANADORA)
-Florence Foster Jenkins (Consolata Boyle)
-Jackie (Madeline Fontaine)
-La ciudad de las estrellas (La La Land) (Mary Zophres) (Apuesta Cinemelodic)



MEJOR MONTAJE:


-La llegada (Joe Walker)
-Hasta el último hombre (John Gilbert) (GANADORA)
-Comanchería (Jake Roberts)
-La ciudad de las estrellas (La La Land) (Tom Cross) (Apuesta Cinemelodic)
-Moonlight (Nat Sanders y Joi McMillon)



MEJORES EFECTOS VISUALES:


-El libro de la selva (Robert Legato, ASC, Andrew R. Jones, Adam Valdez y Dan Lemmon) (Apuesta Cinemelodic) (GANADORA)
-Rogue One: Una historia de StarWars (John Knoll, Mohen Leo, Hal Hickel y Neil Corbould)
-Marea negra (Craig Hammack, Jason Snell, Jason Billington y Burt Dalton)
-Kubo y las dos cuerdas mágicas (Steve Emerson, Oliver Jones, Brian McLean and Brad Schiff)
-Doctor Strange (Stephane Ceretti, Richard Bluff, Vincent Cirelli y Paul Corbould)



MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA:


-A Man Called Ove (Eva von Bahr y Love Larson)
-Star Trek: Más allá (Joel Harlow y Richard Alonzo)
-Escuadrón Suicida (Alessandro Bertolazzi, Giorgio Gregorini y Christopher Nelson) (Apuesta Cinemelodic) (GANADORA)



MEJOR MONTAJE DE SONIDO:


-La llegada (Sylvain Bellemare) (GANADORA)
-Marea negra (Wylie Stateman y Renée Tondelli)
-Hasta el último hombre (Robert Mackenzie y Andy Wright)
-La La Land (Ai-Ling Lee y Mildred Latrou Morgan) (Apuesta Cinemelodic)
-Sully (Alan Robert Murray y Bub Asman)



MEJOR MEZCLA DE SONIDO:


-La llegada (Bernard Gariépy Strobl y Claude La Haye)
-Hasta el último hombre (Kevin O’Connell, Andy Wright, Robert Mackenzie y Peter Grace) (GANADORA)
-La La Land (Andy Nelson, Ai-Ling Lee y Steve A. Morrow) (Apuesta Cinemelodic)
-Rogue One: Una historia de Star Wars (David Parker, Christopher Scarabosio y Stuart Wilson)
-13 horas: Los soldados secretos de Bengasi (Greg P. Russell, Gary Summers, Jeffrey J. Haboush y Mac Ruth)



MEJOR BANDA SONORA:


-Mica Levi, por Jackie
-Justin Hurwitz, por La ciudad de las estrellas (La La Land) (Apuesta Cinemelodic) (GANADORA)
-Dustin O’Halloran y Volker Bertelmann, por Lion
-Nicholas Britell, por Moonlight
-Thomas Newman, por Passengers



MEJOR CANCIÓN:


-Audition (The Fools Who Dream), de La ciudad de las estrellas (La La Land)
-Can’t Stop the Feeling, de Trolls
-City of Stars, de La ciudad de las estrellas (La La Land) (Apuesta Cinemelodic) (GANADORA)
-The Empty Chair, de Jim: The James Foley Story
-How Far I’ll Go, de Vaiana



MEJOR PELÍCULA DOCUMENTAL:


-O. J.: Made in America, de Ezra Edelman (Apuesta Cinemelodic) (GANADORA)
-Life, Animated, de Roger Ross Williams
-13th, de Ava DuVernay
-Fuego en el mar, de Gianfranco Rosi
-I Am Not Your Negro, de Raoul Peck



MEJOR CORTOMETRAJE DE FICCIÓN:


-Timecode, de Juanjo Giménez
-Sing (Mindenki), de Kristof Deák (GANADOR)
-Ennemis Intérieurs, de Sélim Azzazi
-La Femme et le TGV, de Timo von Gunten
-Silent Nights, de Aske Bang (Apuesta Cinemelodic)



MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL:


-Extremis, de Dan Kraus
-Joe’s Violin, de Kahane Cooperman
-Watani: My Homeland, de Marcel Mettelsiefen
-The White Helmets, de Orlando von Einsiedel (GANADOR)
-4.1 Miles, de Daphne Matziaraki (Apuesta Cinemelodic)



MEJOR CORTOMETRAJE ANIMADO:


-Blind Vaysha, de Theodore Ushev
-Borrowed Time, de Andrew Coats y Lou Hamou-Lhadj
-Pear Cider and Cigarettes, de Robert Valley
-Pearl, de Patrick Osborne
-Piper, de Alan Barillaro (Apuesta Cinemelodic) (GANADOR)







Lee aquí las críticas de:





















MANCHESTER FRENTE AL MAR (6 nominaciones)









LION (6 nominaciones)






















COMANCHERÍA (4 nominaciones)


















FENCES (4 nominaciones)



















FIGURAS OCULTAS (3 nominaciones)


















ANIMALES NOCTURNOS (1 nominación)




















ZOOTRÓPOLIS (1 nominación)

Lee aquí el análisis.



















KUBO Y LAS DOS CUERDAS MÁGICAS (2 nominaciones)


Lee aquí el análisis.


















CAPTAIN FANTASTIC (1 nominación)


Lee aquí el análisis.

Crítica CAPTAIN FANTASTIC (2016)

MATT ROSS









Sublimación perrofláutica de postulados comunistas y antisistema, profundamente tramposa y manipuladora que no se sostiene bajo ningún concepto, porque lo que plantea esta película es que en el sistema capitalista nada funciona, el progreso vino por ciencia infusa y viviendo al margen de él, en la selva, te conviertes en un superdotado, sin excepciones y sin edad para lograrlo, además de en un brillante deportista. Deidades terrenales.


Sí, mientras que en la familia protagonista todos tienen un nivel académico como para dar clases a doctores, incluidos los niños pequeños, y podrían competir contra los mejores atletas, el resto de la humanidad, contaminados de capitalismo, son torpes, estúpidos, ignorantes, limitados y superficiales. Vamos, que no se sabe muy bien cómo hemos llegado hasta aquí y logrado todas esas cosas de las que disfrutamos… Todos sabemos que Estados Unidos es ejemplo paradigmático de país subdesarrollado…



Una historia que va exasperando a medida que avanza con su encubierto buenismo y filosofía idealizada e inconsistente, sus personajes encantadores y buena estética para que todo se digiera mejor. Un maniqueísmo atroz y vulgar, naïf y estúpido, que además va de profundo con aires de superioridad moral y ese tono ligero y condescendiente tan actual. Puede que si ven el cartel crean que están ante una película de Wes Anderson o una secuela de “Pequeña miss Sunshine” (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2006), pero nada más alejado de la realidad.

Y no, amigos, no se justifica con el argumento de que “es una fábula”, porque las fábulas pueden tener tantas inconsistencias como las historias que no son fabuladas, cuando sus planteamientos son absurdos o rezuman incoherencias y contradicciones en las normas planteadas por ellas mismas.



Si de verdad quieren una reflexión profunda con un planteamiento similar, vean la fantástica, esta sí, “La costa de los mosquitos” (1986), el magnífico título de Peter Weir, que se aleja de la brocha gorda y se adentra con lucidez en las contradicciones de las distintas ideas.

¿Alguien piensa que si todos viviéramos así tendríamos el nivel de doctores o licenciados y seriamos deportistas de élite? Hay muchos lugares donde están obligados a vivir de forma parecida y, desgraciadamente, no salen científicos precisamente, sino que se dan con un canto en los dientes si logran comer… Gente que vive en condiciones lamentables sin acceso a nada, sin opciones, que gracias a la sistematización, indispensable en todo, han salido de ese lodo… Así que esta generalización buscando la crítica es, sencillamente, desafortunada, como mínimo.


¿Y cómo congeniar esto con las grandes mentes e innumerables profesionales que se han educado en el tan deficiente sistema capitalista? ¿Cómo es posible que ocurriera?

Captain fantastic” cuenta la historia de una idílica familia que vive al margen de la sociedad establecida, en la naturaleza, donde el padre se dedica en exclusiva a la educación y entrenamiento de sus hijos, planteamiento que pretende desnudar las contradicciones e inconsistencias del sistema capitalista americano cuando, tras la muerte de la madre, la familia se vea obligada a integrarse brevemente en esa civilización y sistema que aborrecen.

No es una crítica ideológica, que también podría plantearse así, porque no es el aspecto que me interesa, sino una crítica a su inconsistencia conceptual y filosófica, por manipuladora, maniquea, falsaria y tramposa. Es la película la que pretende ser ideológica. No contrapone una abstracción, como teníamos en “Forrest gump” (Robert Zemeckis, 1994).

Su crítica al capitalismo y demás historias son loables, pero falta profundidad, contraste, para que la reflexión sea mínimamente valorable. Y aún así su crítica es meliflua, lánguida, cobardona, aparte de mal elaborada. Se pretenderá eludir el maniqueísmo inútilmente, con pequeños detalles sin elaboración, por ejemplo en las confrontaciones de Ben (Viggo Mortensen) con su suegro, Jack (Frank Langella), donde el veterano sonrojará a su yerno. Y todo esto no significa que no se pueda disfrutar de la historia si te mantienes al margen, como esa familia, de sus cavilaciones, porque es amena en líneas generales y tiene un estilo aceptable.

Por supuesto, la crítica al capitalismo tiene sus matices y contradicciones. El capitalismo es malo, pero si no logras matar una oveja para comer bien está robar en un centro comercial, porque al fin y al cabo robas al capitalismo explotador, que es explotador pero está bien montado, es práctico, útil y cómodo… "Liberación de comida", lo llaman, al estilo Sánchez Gordillo… La oprimida comida… También se meterán en una cafetería, el problema es que allí sirven comida que “no es de verdad”, no es saludable. Los nenes querían probar, pero se quedarán con las ganas. Un padre que va de tolerante pero que sólo se esmera en comer el coco con postulados radicales y extremos. Porque hablará muy mal del capitalismo, pero no dirá ni "mú" si una hija pequeña idealiza a Pol Pot...





Si además lo que se pretende es criticar la sistematización, es que nos estamos volviendo locos, porque a parte de una soberana tontería contradice el propio planteamiento alternativo, de estricto sistema.


La primera parte de la película es efectiva presentando la particular forma de vida de esa familia, en la que ya se filtran las preferencias ideológicas de esos brillantísimos cerebros. Vaivenes en las preferencias que su padre, de pretendida y confusa liberalidad, deja que se desarrollen pacientemente. Angelitos como el camboyano dictador y genocida Pol Pot, estalinistas, trotskistas, maoístas… todo lo que viene a ser la alegría de la huerta y ejemplos de libertad, vamos… Una familia que se enfrenta por hechos azarosos y circunstanciales al sistema de vida americano, su odiado capitalismo, para escenificar las bondades de aquellos y los defectos de este. Al menos Ben (Viggo Mortensen) se mostrará condescendiente y reconocerá que los marxistas pueden ser tan genocidas como los capitalistas, que da por hecho que lo son… Así se define el mayor de los hermanos, maoísta tras ser trotskista. Una familia que rezuma prepotencia cultural y de todos los colores continuamente.

¡El poder para el pueblo!” “¡Abajo el sistema!





Como antisistemas y anticristianos celebran el día de Noam Chomsky (7-12-1928), filósofo y activista estadounidense, para suplir la ausencia de la celebración de la Navidad… porque claro, los antisistema también merecen tener un día y gustan de celebrar cosas. Habrá incluso regalos, armas, porque este es un clásico imperecedero en Estados Unidos. Armas blancas, eso sí. Para exponer esta idea uno de los hijos pretenderá cierta normalidad al ver absurdo esto, pero le pedirán que argumente su postura a favor de la Navidad y, por supuesto, no tendrá argumento alguno, porque nadie con cerebro e inteligencia puede defender ni argumentar a favor de tal cosa, y este chico, que también será un genio, hay cosas a las que no puede llegar…






En cambio, pondrá al republicano Calvin Coolidge como ejemplo para sus aseveraciones (el negocio de los Estados Unidos son los negocios). Elogiará irónicamente la democracia americana, cuestionando la compra compulsiva como la principal fórmula de interacción social. La compra frenética ridiculizada, pero expuesta como esencia capitalista. Es cierto también que en varias frases de guión se pretende marcar diferencias con el comunismo (también con China), para sostener débilmente la idea de antisistema puro, pero todo esto se queda a medias. Se criticará a China veladamente cuando la niña de 8 años explique la Carta de Derechos americana. Menudo cacao los antisistema new age estos…



Su crítica al sistema educativo está conseguida, así como la concepción global de cultivarse a uno mismo fuera de ese sistema en estado de excepción, donde la exigencia, el esfuerzo y el sacrifico es cuestionado constantemente y parecen valores a extirpar, apoyados por esas asociaciones de padres que han terminado por eliminar toda autoridad.



Entroncados con la naturaleza, la primera escena muestra una especie de rito de iniciación, de paso del mundo infantil al adulto, casi ancestral, que muestra el entorno en toda su brutalidad, con la caza, y toda su belleza. De hecho, el agua será un interesante elemento purificador. Lo vemos en este inicio, cuando Ben se baña tras recibir la noticia del suicidio de su mujer y al final, tras leer la carta de su mujer.





Una vida sana y rutinaria, disciplinada, mostrada con naturalidad, incluso tras las dramáticas noticias. Pequeños sabios expertos en todo: medicina, matemáticas, física, política, deporte… Vamos, una familia renacentista.

Incluso los niños más pequeños se comportarán como auténticos adultos, dedicando sus noches a leer junto a su padre y hermanos complejos libros de ciencia, novelas seleccionadas, de premios Pulitzer, que además son capaces de exponer analíticamente. Es lo que tiene la vida al aire libre. Mentes analíticas adiestradas por el padre, como en la escena de la montaña donde exige a su hijo no dejarse llevar por el miedo y la desesperación y use la frialdad y el sentido común. O en el autobús, cuando pide una opinión analítica sobre “Lolita”, sin poder utilizar palabras como “interesante” por evasivas…



Los hermanos Karamazov” de Dostoievsky; “Armas, gérmenes y acero” de Jared Diamond, ganador del Pulitzer; “El tejido del cosmos” de Brian Green; “Middlemarch: Un estudio de la vida en provincias” de George Eliot; las teorías del Nobel de Física Max Planck, el entrelazamiento cuántico, la teoría M; “Lolita” de Nabokov






También son artistas, saben tocar instrumentos de percusión, cuerda o viento, improvisan música étnica o coqueteos rockeros… Y para étnica la versión del “Sweet Child O’ Mine” de “Guns n’ Roses” en el incalificable funeral a la madre.



Las universidades de Estados Unidos se pelean por el mayor (Yale, Princeton, Harvard, Stanford, Darthmouth, MIT, Brown…), seguramente para que les dé clases a ellos (no lo digo yo, se verbaliza en la película cuando Ben dice explícitamente que en la universidad no van a enseñarle nada), ya que habla seis idiomas y domina las matemáticas complejas y la física teórica, mientras critican la subeducación y sobremedicación estadounidense.




Los típicos antisistema, vamos… Abominan de todo lo que tenga que ver con el sistema y el progreso que nos hemos dado, por ejemplo los hospitales, que no sirven para nada, y menos teniendo a unos genios superdotados en la familia gracias a vivir al aire libre al margen del capitalismo reinante para solucionar cualquier contingencia. Odio a la industria médica y farmacológica. Vamos, que no tienen desperdicio.

Y allí viven ellos sin molestar a nadie, metiéndose como mucho con los gordos y los cristianos, pero reprendiéndose unos a otros por burlarse de los inferiores y defectuosos, que es feo hacer gala de su superioridad moral e intelectual… Se muestran comprensivos y compasivos con esos pobres ignorantes productos del “sistema”. Insoportable tufillo paternalista.

Entre ellos la relación es entrañable, con un padre extremadamente sincero con sus hijos, a los que no atenúa ni esconde casi nada. El mejor ejemplo es cuando la niña pequeña pregunta por la “violación” y “las relaciones sexuales”, explicadas científicamente por el padre.


El gran conflicto con la vida capitalista viene cuando la madre se suicida y esta familia debe bajar al mundo de los inferiores para relacionarse con ellos, exponiéndose todos los defectos y debilidades de ese sistema, que palidece y queda ridiculizado por el medio de vida de nuestros protagonistas. Este conflicto se circunscribe a la comparativa con la familia de la difunta y la del padre, con su hermana. La familia de su mujer es religiosa y representarían todo lo que Ben aborrece y ha enseñado a sus hijos como negativo. Al poner en el testamento la mujer que quería ser incinerada, como budista que era, el problema está servido, ya que la familia pretender darle sepultura… Ben ve venir el problema nada más leer el testamento, pero querrá ser fiel a la memoria de su mujer, bipolar perturbada, como es lógico.

Curiosamente, la hermana de Ben, Harper (Kathryn Hahn), organizará un banquete para sus familiares pleno de tolerancia, con comida orgánica y nada transgénico. Cena que contrastará esos dos modos de vida, las formaciones y educaciones de las dos familias, donde Nike será una marca deportiva para los chicos de la familia convencional y la diosa griega de la victoria para nuestros protagonistas, escenificando así las carencias, la incultura en unos y cierta marginalidad social en otros. Dos modos de vida contrastados, escenificado en el brindis con vino, normalizado en los protagonistas, chocante y clandestino para la familia de la hermana de Ben; en las palabrotas, la sinceridad y franqueza de Ben en su exposición de cualquier tema con sus hijos chocando con la discreción y protección de la familia convencional.



Poco después, para que quede claro quién manda, ridiculizarán a los hijos de su hermana en una demostración de cultural conocimiento y reflexión de la hija de 8 años de Ben. El sistema educativo americano al descubierto... También quedarán impactados por la violencia de los juegos de consola de sus primos.






El único problema que padecen los chicos de esta súper desarrollada familia es que tienen ciertos problemas con las relaciones sociales, lógicos al haberse mantenido al margen también de la gente, no fueran a contaminarse con sus estupideces. Así se va insinuando con el personaje de Bo (George McKay). Se lo echará en cara a su padre. Primero veremos a Bo sin saber reaccionar ante dos chicas, luego tentado ante otra (como lo tientan las universidades), sin saber comportarse muy bien, quedando perplejo ante las referencias Pop que ella da (música, Spock de Star Trek), mientras él se refiere a la música clásica, extraño para ella. Tendrá su primera experiencia, un beso, a la que responderá con una inadecuada y extravagante petición de matrimonio. Un amor fugaz donde mentirá para integrarse y le hará consciente de sus carencias.





Toda esta aventura mostrará vagas grietas en la familia, con conflictos entre el amable y tolerante padre y dos de sus hijos, Bo con el tema de la universidad, y Rellian (Nicholas Hamilton) al no saber conducir su dolor por la muerte de su madre, culpando al padre. Un padre al que idealizan, como es normal. Bo mantuvo el secreto de las universidades con la madre como cómplice, conscientes de la intolerancia de su padre sobre el tema, acusándole del aislamiento y encierro en su filosofía antisistema, que los convirtió en marginales, raros, inadaptados que no logran moverse fluidamente en ese mundo del que se alejaron… Pelillos a la mar, la cosa no irá a mayores y al final harán las paces y viajará en busca de aventura para compensar sus lagunillas… Rellian acudirá a su abuelo, personificación capitalista, porque escuchó las quejas de su madre acerca de la vida que tenían (claro, la madre estaba trastornada), pero tampoco irá a mayores el coqueteo, no era más que un berrinche emocional.

Con la familia de su mujer el conflicto estallará en el funeral, donde de nuevo las distintas concepciones llevan a un encontronazo. Anunciará la última voluntad de su mujer entrando por las bravas en la iglesia.



Lo cierto es que en ocasiones Ben no parece muy maduro, como en la escena del rescate a Rellian que acaba con su hija Vespyr (Annalise Basso) en el hospital al caer del tejado de la casa. Esto se justificará con la plena confianza que él tiene en sus hijos, incluso se le elogiará, ya que de no estar tan bien preparados físicamente la caída podría haber sido mortal… Genial… A pesar de que se presenta a la familia materna como la negativa de la función, se la redimirá en cierta medida en la persona de la abuela, Abigail (Ann Dowd), que entrega a Ben una segunda carta que recibió de su hija, en este caso positiva, donde pedía quemar la primera, que era negativa hacia él, reivindicando su plan de vida junto a Ben, junto a sus hijos, “filósofos reyes, en un paraíso salido de la República de Platón”.





Se produce así una lucha bastante forzada por los hijos, donde Ben está dispuesto a renunciar a ellos al ver su adaptación y al cariño que sus abuelos les profesan. Falta de profundidad filosófica y emocional también en los conflictos y procesos dramáticos. Sentimiento de culpa, decepción, sensación de fracaso, llanto, huida, soledad… que será compensada con amor, la semilla que plantó en sus hijos, y la conclusión de la aventura en truculentos momentos, robando el cadáver de la madre, que parece Blancanieves rodeada de sus enanitos y con mejor aspecto que ustedes o yo mismo…




El estilo visual, algo new age, tiene un montaje impresionista que describe ese micromundo en el que se desenvuelve la familia, donde hay sitio para los pequeños recuerdos, apegados a la emoción, lugares íntimos con libros y fotos para la evasión solitaria, algunos objetos de limitada tecnología (una máquina de coser o un tocadiscos, por ejemplo)… Su rutinaria vida cocinando, plantando, recolectando, tendiendo… Meditación, yoga, deporte, defensa personal, salud… El plano final, largo y tranquilo, retrata un desayuno pleno de felicidad relajada con esa familia bien avenida en su platónico retiro.




Matt Ross utiliza muchos planos cortos, especialmente sobre los rostros, con ello resalta con más fuerza las emociones, como en los chicos al recibir la noticia de la muerte de su madre o sobre el propio Ben (llanto, rabia, gestos, gritos, cuchillos, percusión…). Se añoran planos generales que se piden con fuerza y no acaban de aparecer. Su planificación es bastante clásica en ocasiones. Un ejemplo lo tenemos en la escena en el bar donde Ben habla con el padre de su mujer, con cambios de ángulo sobre el rostro de Mortensen y plano general al inicio y final de la secuencia.




El uso de los sueños que tiene Ben es otro elemento poético y expresivo utilizado en varias ocasiones. Interesante el uso de los espejos, especialmente en el autobús (es un hombre práctico y tiene un autobús para poder ir y venir con sus 6 hijos, aspecto, este último, que quizá no sea tan práctico). Ben dará un discurso de aceptación, resignación y sometimiento por la prohibición recibida por parte de la familia de su esposa de asistir al funeral, pero cuando aparezca la rebeldía, acto seguido, hablará a la cara a sus hijos, volviéndose y dando la espalda al espejo.





Del mismo modo, los cambios físicos también inducen a cambios vitales, en sus decisiones. Ben se afeitará cuando abandone a sus hijos, Bo se rapará para emprender su viaje aventurero al final…



La conversación sobre “Lolita” también será ante el espejo, pero por motivos funcionales (está conduciendo), pero cuando la chica profundice en su análisis se recurrirá a primeros planos.




Viggo Mortensen hace un estupendo trabajo y además enseña el pene. El resto del reparto también cumple con creces, incluidos los niños protagonistas. Aceptable fotografía de Stéphane Fontaine.


Trasnochada pseudo fábula, banal y tópica, con una buena idea que se queda a medias en todo, en sus intenciones, su desarrollo y su elaboración. Poco novedosa, el movimiento hippie ya dejó muchos títulos, Weir abrió un camino conceptual a este, y las cintas de amor a la naturaleza que no necesitan de lo urbano han tenido en Kurosawa, por ejemplo, mejores embajadores. El tono dramático es acertado, con momentos de sutil comicidad y drama atenuado que nunca cae en la sensiblería y emocionan moderadamente.


Dogmática e intelectualmente perniciosa, pero interesante para abrir debate.