miércoles, 17 de diciembre de 2014

Crítica: APARTADO DE CORREOS 1001 (1950) -Parte 1/2-

JULIO SALVADOR













Desconocida joya del cine español que conviene reivindicar con fuerza. Desconocida joya de puro cine negro de detectives para dotarla de más interés aún.

Película depuradísima, de narración y exposición cristalina y extraordinariamente diáfana y precisa, ejemplar. Un guión detallista, detallado, preciso, tan bueno que parece sencillo pero que en realidad tiene muchos elementos de interés, que junto a la puesta en escena de Julio Salvador y pequeños giros narrativos hacen de esta extraordinaria película un placer cinéfilo de primera. Un ritmo incesante, constante, sabroso en todo momento, sacando el máximo partido a todos los elementos, sin apresurarse jamás y sin descanso. Un película cohesionada y sin fisuras, magnífica en todos sus aspectos.



El retrato del procedimiento policial, incluso postal, es impecable, realista y casi documental, lo que nos puede llegar a recordar a esa joya que dirigió Jules Dassin, “La ciudad desnuda”, en 1948. La narración se inicia con un encendido elogio a las fuerzas de seguridad, que serán a las que seguirá atentamente la cámara de Julio Salvador en la búsqueda de un asesino. En los títulos de crédito observaremos las imprentas haciendo periódicos, “La Vanguardia” exactamente, que será un elemento clave en la investigación, con lo que actúa de cebo en apariencia intrascendente.






Un joven es asesinado al bajar del autobús sin aparente motivo. Dos policías, uno novato y otro experimentado, irán indagando punto por punto y paso a paso cada pista para ir descubriendo las relaciones y los motivos que pudieron llevar a ese crimen, así como descubrir todo un entramado de estafadores y a los asesinos.

La descripción de los procedimientos policiales irá en paralelo a los del servicio postal. Así veremos cómo llegan las cartas en tranvía y son repartidas por un cartero. Una de esas cartas llegará a la futura víctima que desencadenará la investigación. Se nos presenta a él y a su padre, y a un pollito cojo que cuidan ambos y que será otro cebo que tendrá su eco poco después, cuando los agentes inicien su investigación. La carta será problemática y cambia la actitud de ambos personajes, especialmente la del hijo, que se pone enseguida en marcha hacia… su muerte.



Apartado de correos 1001" es una cinta tremendamente urbana, como suele ser en el género negro, y Julio Salvador desarrollará la trama en las calles de Barcelona, de las que podremos disfrutar plenamente, así como de algunos lugares señalados, como la redacción de La Vanguardia, Las Atracciones Apolo, célebres en su época, o la sede de Correos. Veremos hasta anuncios del Circo Price. Las calles que se mencionan se corresponden con las reales y el crimen al joven Rafael Quintana (Carlos Muñoz) será, precisamente, en plena calle. Calles magníficamente mostradas.



Uno de los mejores ejemplos en ese estilo urbano de la película lo tenemos en el seguimiento que los agentes hacen a la chica sospechosa que recoge las cartas del apartado de correos 1001 para enviarlas posteriormente. Siguiéndola a ella veremos el metro, las calles, los tranvías, la gente movilizándose, los coches…




En el momento del asesinato se nos dejarán elementos intrigantes, un pasajero del autobús que se fija demasiado en Rafael y un joven vendedor de periódicos que cae junto a la víctima salvándose de las balas. Estos personajes serán usados luego por la policía como testigos.





Un montaje encadenado de varios planos nos llevará del suceso al inicio de la investigación, donde la voz over objetiva, no participa en la trama, situará la acción y volverá a hacer una apología de la policía. Una apología que era obligada por censura, temiendo que el crimen resultara demasiado atractivo, algo que no sólo ocurría en nuestro cine, también en el americano, por ejemplo. ¿Qué mejor que el cine negro para retratar y mostrar lo que se palpa en la calle y en la sociedad de una época? En este caso la de la década de los 50 en España.

Los dos agentes son prototípicos, sus personalidades apenas quedan esbozadas, son casi neutros, eficientes investigadores en una pareja tipo habitual de esta clase de cintas, un novato que irá mostrando su competencia, Miguel (Conrado San Martín), y un agente experimentado que sirve de mentor, Marcial Velasco (Manuel de Juan). En películas negras de Kurosawa, como “El perro rabioso” (1949), se ve este mismo planteamiento con la pareja de policías, aunque el cineasta japonés desarrolla una relación paterno-filial, de aprendizaje, que aquí no se hace. Hay muchas cintas con este tipo de parejas.






Punto de vista policial.

-El planteamiento clave de la puesta en escena de Julio Salvador estriba en mostrar el punto de vista policial, de los policías, de la policía en abstracto. Para ello, uno de los rasgos estilísticos más destacados serán las panorámicas, usadas de una manera magnifica en muchas ocasiones y que sirven de ejemplo clarificador para lo comentado. Un primer ejemplo lo tenemos en la panorámica que lleva del novato que cuenta sus inquietudes a sus compañeros al despacho del comisario jefe, donde además se encontrará su futuro y experimentado compañero. Un vínculo.





-Otro ejemplo, excelente, lo tenemos cuando en un pasillo de la comisaría se nos encuadra, dando especial importancia, al padre del difunto, pero se le abandonara, mediante una de las citadas panorámicas, para seguir a los dos agentes que pasan distraídos junto a él. Cuando a ellos les informen de quién es esa persona, volverán hacia él junto con la cámara. De esta sencilla forma se marca ese punto de vista en el que se muestra todo pero se sigue con precisión casi documental los pasos policiales.





-Una de las panorámicas más extrañas la tenemos cuando la pareja de detectives encuentra el taxi asesino. Un hombre pasa fugazmente, como vimos hacer a otras personas, tras nuestros protagonistas, a los que mirará, y una vez salga de encuadre la cámara hará una panorámica como para seguirle, pero un coche se interpondrá en nuestra visión… Poco después alguien con unos zapatos llamativos observará los movimientos de los agentes en el interior del lugar, cabría suponer que la panorámica pretendía resaltar el hecho de que esa persona pasó por allí.




-Más panorámicas interesantes desde el punto de vista formal y de rigor con la propuesta mencionada de puesta en escena. Los policías se disponen a seguir y espiar al cartero corrupto. Una panorámica nos situará a la puerta de la central de correos, de una furgoneta dirigirá su mirada a la salida del cartero y lo seguirá hasta que se cruza con Miguel, el agente novato, momento en el que la cámara parará su movimiento para quedarse con éste. Esta elección a la hora de planificar la panorámica es distinta a la que vimos al comienzo con el apesadumbrado padre sentado en la comisaría, pero la filosofía es la misma, mantener el punto de vista policial, una cámara siempre cómplice con ellos.



-El punto de vista policial llega a su clímax desde la puesta en escena con la llegada del cartero al lugar donde se hospeda. Una vez entre en su habitación la cámara se quedará con Velasco, incluso cuando interrumpa su camino para volver a escuchar la conversación que el cartero tendrá con un extraño que acaba de llegar, a la que asistiremos desde el punto de vista del policía desde la escalera, por supuesto, que sólo nos permitirá ver los pies de ambos… Ninguno con los zapatos que vimos en la calle Castillejos, donde se abandonó el taxi.







-Esta escena continúa en la habitación del agente. No veremos absolutamente nada de lo que ocurre en la habitación del sospechoso, sólo oiremos la grabación cuando Velasco encienda la grabadora, un extraordinario detalle. No vemos nada porque el policía tampoco lo vio y, como he comentado, se respeta el punto de vista policial de forma muy escrupulosa. La escena concluye con un plano de la grabadora, objeto que iniciará también la siguiente escena inundando el encuadre.







-En la parte final, la más estética del film, en la casa donde se ocultan los villanos, una panorámica misteriosa se centrará en una puerta para que asistamos a la aparición del asesino, Julián (Eugenio Testa), al que vimos merodear por allí, a sus zapatos concretamente, que será de nuevo lo que veamos de él. Otra panorámica significativa que aquí además es perfecta para marcar el tono y atmósfera de la escena.

Unos objetos, mostrados en primer plano, serán el inicio de la investigación. En esta primera secuencia, con el comisario jefe y el agente veterano reflexionando y analizando los elementos de que disponen, los mencionados objetos, los testigos, la descripción y matrícula del taxi, las primeras pesquisas... se recurrirá a ligeros contrapicados en varias ocasiones para encuadrarlos, resaltando su figura.




Don Rafael Quintana (Luis Pérez de León), padre del difunto Rafael Quintana (Carlos Muñoz), explicará su situación y las intenciones de su hijo, una herencia gastada, una hipoteca a punto de vencer, un hijo cariñoso que pretendía ayudar, el difunto, del que además se hará un gran retrato sin que apenas aparezca en pantalla. Solitario, responsable, estudioso, generoso, cariñoso con su padre, con poca vida social… y recibiendo numerosas cartas en los últimos tiempos, los previos a su muerte. La cámara se acercará al padre y al comisario cuando el primero inicie sus confidencias, solidarizándose con él. Lo mismo sucederá al final de la escena, cuando haya contado todo. Hay ciertas correcciones de encuadre, ligeros defectos de dirección que no son raros de ver en muchos títulos.





Del interrogatorio al padre a la casa familiar, saqueada y presidida por un pollito muerto, en el eco mencionado. Allí comprobaremos que el chico asesinado era ordenado y responsable, disciplinado. La casa está descrita con precisión excepcional en pocos planos, un ejemplo más del detalle y la claridad de la exposición a todos los niveles que tiene la película. Un apartado de correos, el 1001, y un anuncio en el periódico “La Vanguardia” serán las nuevas pistas que impulsen a los policías, que explicarán sus pasos y averiguaciones con todo detalle.