viernes, 7 de agosto de 2015

UNA HISTORIA DE AMOR

CINE









Si me piden que escoja algo en mi vida que me haya influido, que haya sido una constante, tanto por estancia como por ausencia, escogería sin ninguna duda el cine.

El cine y yo nos conocimos estando en párvulos, señores, era la niña repelente a la que la “seño” se llevaba a merendar por ahí y a todos los estrenos de Disney en el Cine Real Cinema, siendo esta sala la única donde estrenaban todas las pelis de la famosa factoría. Así que mis primeros recuerdos cinéfilos consisten en tardes de merienda, momento en que tuve también mis primeros contactos con los donuts, en tardes de cine con mi cabeza llena de dibujos e historias increíbles… De manera indiscutible  "El Libro de La Selva" se convirtió en mi película favorita, ganando por muchos enteros a las demás.

Pero el RECUERDO de mi relación con el Séptimo Arte en mi infancia fue, sin duda, el día del estreno de "La Guerra De Las Galaxias" (George Lucas, 1977). Esa tarde fue memorable, fui feliz, muy feliz, de hecho. Fuimos mis padres, mi hermano y yo al cine a verla. Cierro los ojos y me veo en la sala a oscuras, nerviosa, esperando a que empiece la película. La sensación cuando comenzó la mítica música y las letras tumbadas paseándose por la pantalla ante mis ojos como platos fue indescriptible… Cuando salí del cine no era consciente de que esa película iba a marcarme para siempre, amén, aunque mi padre, incomprensiblemente, se durmió y salían sonidos guturales de su garganta como los de la berrea. Yo lo miraba y pensaba “jo, lo que te estás perdiendo, papá” y me reía con mi hermano. A la salida del cine merendamos en Rodilla, mi sitio favorito entonces, y me compraron un Hula Hop de color rojo brillante. Fue una de las tardes más felices de mi vida.





He pasado todas las etapas de mi vida ligada al cine. En los 80 vi todas las películas que había que ver, todas. Recuerdo que mis padres me daban la paga para el fin de semana y lo tenía todo controlado: el sábado a Madrid Rock a comprarme mi disco de The Cure, Depeche Mode, U2, Psychedelic Furs... Lo que hubiese nuevo. Y el domingo... el domingo al cine sin perdones ni nada que me apeteciese más. Perdonaba hasta el fútbol. Era un ritual y lo cumplía a rajatabla. Incluso cuando llegó mi momento de salir por ahí, los domingos eran sagrados.

Recuerdo también mis días de Año Nuevo, hecha un rastrojo humano, yendo al cine, por lo general al Cine Azul, en Gran Vía, que tenía los mejores asientos de Madrid y eran ideales para mi estado de post Nochevieja. Allí vi "Lady Halcón" (Richard Donner, 1985), vi "Piratas" (1986) de Polanski, vi incluso "La Máscara" (Chuck Russell, 1994), una de las pocas películas que me ha hecho dormir a pierna suelta en el cine. La otra fue "Calles de Fuego" (Walter Hill, 1984).

También estaban los Cines Fantasio. ¡Qué buen cine vi allí! Todo un repertorio de cine clásico, en todas las categorías: negro, comedia, drama... Películas como "Atraco Perfecto" (1956) de Kubrick, "La Novia Era Él" (Howard Hawks, 1949), "Historias de Filadelfia" (George Cukor, 1940), "La Soga" (Alfred Hitchcock, 1948), "El Halcón Maltés" (John Huston, 1941), "La Fiera de Mi Niña" (Howard Hawks, 1938)... Amaba y amo esas películas, me quedo embobada viéndolas y las vería una y mil veces.



Allí me enamoré de Billy Wilder, Ernst Lubitsch, Alfred Hitchcock, John Huston y un largo etcétera que ocupa mi mente ahora mismo, pero sería interminable. Descubrí que cualquier historia es hermosa vista en la pantalla grande, todas tienen algo nuevo que enseñarte y todas tienen matices y pequeñas cosas que te llegan al subconsciente sin darte cuenta de ello. Lecciones de vida.

Tuve una etapa en la que sólo iba a los Cines Renoir, y no a cualquiera de ellos, a los de la calle Martín de Los Heros. Mi cine favorito por méritos propios, íntimo, versión original subtitulada, no hay bar (por descontado no hay palomitas, pipas, nachos y demás alimentos del infierno en una sala de cine), cine independiente o joyas escondidas Dios sabe por qué... En esta sala he visto mucho cine bueno, bueno de verdad, he visto pequeñas perlas británicas como "Tocando el Viento" (Mark Herman, 1997), "Despertando a Ned" (Kirk Jones, 1998), "Agenda Oculta" (Ken Loach, 1990), "Juego de Lágrimas" (Neil Jordan, 1992)... Y he visto algunas de mis películas favoritas como "En El Nombre del Padre" (Jim Sheridan, 1993), "Trainspotting" (Danny Boyle, 1996)... Un hallazgo imperial en mi vida cinéfila, que me causó horror por su dureza y sentimientos de estar viendo lo que cualquiera quiere de una película, fue "Guerreros de Antaño" (Lee Tamahori, 1994). Película neozelandesa que debería estar en la colección de cualquier cinéfilo.





Pero hubo una película por encima de las demás, la que me hizo ser consciente de lo que es el cine, esa sensación única que te da vivir una historia a través de personajes de ficción, absorberte hasta el tuétano mientras las imágenes desfilan delante de tus ojos. Todo, absolutamente todo de esta película es perfecto, se trata de "Senderos de Gloria" (Stanley Kubrick, 1957). Esta película es CINE en estado puro.

Pero toda cara tiene su cruz y en este cine vi también, probablemente, la peor película que se ha hecho jamás, "Amo Los Uniformes" (1993) de David Wellington. Si se les cruza por su camino... ¡HUYAN! ¡Como alma que lleva el Diablo! Una película que en un cine como éste, que es todo silencio, respeto al Séptimo Arte y degustación de cine auténtico, media sala pidiera, por favor, que se suicidara el protagonista y se terminara esa tortura, algo tiene que tener de horror...

Después de mucho ir y venir por cines de todo Madrid, definí mis gustos, aunque me dio por etapas de todo tipo, como veréis. Tuve etapas paseando por todo tipo de películas, incluso etapas de cine comercial a tope. No me arrepiento nunca de lo que hago, las cosas se hacen o no se hacen por haber tomado previamente una decisión, y no tiene ningún sentido llorar luego por haber decidido mal o por haber decidido no hacer algo. Hay que apechugar con lo que uno hace, no con lo que no ha hecho. Así que sí, he visto un montón de cine comercial, muchas me han gustado y muchas no, pero había que verlas para poder opinar.

Con todos estos conocimientos en mi cabeza, decidí que era hora de ir un paso más allá y estudié Historia del Cine y Montaje de Vídeo y Cine. Escribí un guión, grabé entrevistas, estudié toda la Historia de este Arte, grabé un vídeo-reportaje y lo monté... Aprendí que lo que me gustaba era esto último, el montaje de las películas. Me fascina lo que se puede hacer, y cuando se hace bien... uffffff... te hace realmente feliz.

Ahora he pasado una época que por circunstancias ajenas a este artículo, mi historia de amor con el cine se ha visto truncada, pero espero, con todas las fuerzas, retomarla y que me perdone por haberlo tenido abandonado. Como dice aquel, no eres tú, soy yo...




@PILISINMAS

jueves, 6 de agosto de 2015

Crítica: INTERSTELLAR (2014) -Última Parte-

CHRISTOPHER NOLAN











Religión y ciencia.

Hay muchas referencias religiosas a las que Nolan se empeña en dar sentido científico. Ha sido elogiada “Interstellar” por su rigor científico, que no evita, ni parece pretender, como ha explicado Nolan, la especulación y las licencias que permitan el debate. En algunas de estas cuestiones tenemos los peores momentos del film, como comenté.





El caso es que se hablará del apocalipsis, del fin de la Tierra, de plagas que van eliminando la vida y los alimentos (ya sólo el maíz parece sobrevivir, pero será por poco tiempo), como en la Biblia, así como de elegidos y deidades.





-Se bautizará con el nombre de “Misiones Lázaro” a las naves enviadas a explorar los agujeros de gusano oportunamente situados que se han encontrado. Con el nombre de Lázaro se introduce la idea de resurrección, además.





-Cooper, luego Murph, serán considerados “elegidos”.

-Profesor Brand: Ellos te han elegido.

-Cooper: ¿Ellos? ¿Quiénes?


-El profesor Mann dirá: “Literalmente me habéis resucitado”. Otro detalle más.

-Esos “ellos” se interpretan como deidades, que luego serán reformulados como hombres del futuro.



-La misma idea de la expedición tiene tintes cristianos. Un hombre, Cooper, que sale de la Tierra, al que se le da por muerto, pero regresa para salvar a la humanidad a través de su hija.



-La idea de elegido sobrevuela toda la película, primero parece Cooper, con sueños y señales llamándole, luego Murph… Ambos serán elegidos.

-Los esperanzados mensajes lanzados al espacio, sin saber si el padre vive, si los oirá, tienen algo de plegaria divina.




-Hay una clara idea de Dios que se desarrolla en la película, aunque se niegue su existencia en términos globales. La idea de Dios a través de la idea de amor.


-La fe será apelada por Murph para lograr solucionar el problema, así como el amor será la pieza fundamental de la ecuación. Un “presentimiento” será lo que terminará por iluminar a Murph.




Teseracto.

El último paso en la aventura de nuestros expedicionarios, que han quedado reducidos a dos, Brand y Cooper, será introducirse en Gargantúa, el agujero negro, el nuevo y último peligro.

La 3ª ley de Newton: La única forma que conocen los humanos de llegar a alguna parte es dejando algo atrás”.



Cooper se sacrificará, abandonará a Brand y la lanzará hacia el planeta de su amado Edmund, decidido a cruzar el agujero negro, eyectándose antes de la destrucción de la nave, soltando al fiel robot TARS y viendo flashes de sus hijos al acercarse a la muerte y a algo indeterminado… El Teseracto.







El Tesaracto será una construcción de la humanidad futura, que condensa todo el tiempo, pasado, presente y futuro en un mismo lugar. La misión de Cooper será intentar comunicarse con ese pasado, desde ese presente, gracias a esa construcción futura, con ese lugar en la Tierra, mandar un mensaje a su hija que pueda entender y así guiarla para salvar a la humanidad desde otra dimensión. El tiempo como dimensión física, la gravedad atravesando dimensiones, incluida la del tiempo. Pasado, presente y futuro dialogando y convergiendo.





¡Quédate!"

"Creía que me habían elegido. Pero no me eligieron a mí, sino a ella”.



El amor y el reloj que Cooper dejó a su hija como regalo y recuerdo serán la variable esencial para resolver la ecuación que permita la comunicación a través del espacio, el tiempo y las distintas dimensiones. Como reflexión, Brand (Anne Hathaway) hará hincapié en que el amor es una variable que puede tener un poder a nivel inconsciente del que aún no se tiene conocimiento. Científico no es, pero bonito sí.








Esta parte final con el Tesaracto también ha sido comparada con “2001: Una odisea del espacio” (Stanley Kubrick, 1968) por aquello del paso a otra dimensión, y lo que supone esa creación como impulso para la humanidad, renacida o salvada. Los paralelismos son estructurales, ya que conceptualmente no tienen nada que ver. Las reflexiones de Kubrick son nietzscheanas, mientras que las de Nolan adquieren un punto sentimental dentro de su aspiración científica, así como los aspectos filosóficos no tienen que ver con Nietzsche. La película de Kubrick se eleva en su abstracción y pureza analítica y filosófica por encima de la mezcolanza confusa, finalmente, de “Interstellar”.







La resolución es decepcionante, el final lógico sería con la muerte de Cooper, pero una elipsis nos lo trae de vuelta, sin mayor explicación, a un hospital tras verle orbitando distraídamente por Saturno, como el que toma el sol. En el guión original estaba prevista, precisamente, la muerte de Cooper. Al mandar el mensaje y ser recibido, se crea un mundo en los alrededores, por lo que sería rescatado en ese momento por unos rangers espaciales cuando apenas le quedaba oxígeno una vez hizo uso del Tesaracto… Cogido por los pelos sería ser generoso. Una hija, Murphy Cooper, convertida en leyenda y con 124 años de edad a sus espaldas. Puro escapismo arbitrario. Este final es de los peores aspectos de la película, un forzado y gratuito final feliz.





Lo del Morse y el reloj, pues eso…




Reunión familiar, el impacto de la vejez, ver a tu hija anciana, mucho mayor que tú, y a su nutrida familia, que también es la tuya. Momentos contenidos en su emotividad. Es entrañable también la relación de amistad entre TARS, el robot, y Cooper, desarrollada a lo largo de la película y que se mantiene cuando todo se ha solucionado. Una amistad sincera y con buenos momentos de humor.




No me hace gracia esto de fingir que estamos otra vez donde empezamos. Quiero saber dónde estamos, dónde vamos”.

Era yo, Murph. Yo era tu fantasma”.

Porque mi padre me lo prometió”. Aunque dudó, ciertamente.




Una vez asumido que todo pasó, Cooper entenderá que para vivir necesitamos el presente, que su tiempo pasó con respecto a la vida que conoció, que la hija que conoció ya no existe, que todo cambió salvo el recuerdo y el amor, y como en el Tesaracto el presente dialogará con el pasado, haciéndole consciente de que somos seres de presente, por lo que volverá a la aventura para reencontrarse con la vida que sí tiene sentido para él ahora, la que le permitirá vivir y ser él mismo, yendo a buscar a Brand, como si de unos Adán y Eva se tratara, y que crezca la humanidad.






Defectos y conclusiones.

Nolan divaga entre el alma y la física, entre el corazón y las matemáticas, entre la intelectualidad y el espectáculo, y se queda irremisiblemente a medias, funcionando mejor en lo que habitualmente se le da peor, lo humano y emocional, que en lo cerebral y de diseño. Esas dos facetas no terminan de estar del todo bien integradas. Y no lo están porque la fase científica, bien expuesta desde lo verbal con ciertas peripecias, se aparece episódica, arbitraria, sin cohesión en el contexto global de la película, alejadas de todo lo anterior.

Una película mucho más emotiva que las anteriores de Nolan, ambiciosa como todas las suyas, donde el director demuestra a todos, y en especial a sí mismo, que es capaz de tocar la fibra y manejarse con soltura por las emociones de sus personajes y sus relaciones, lo que parece un reto conseguido que a los seguidores y admiradores del director nos hace albergar grandes esperanzas, la sensación de que obras gigantescas, totales, pueden llegar para nuestro deleite. Ambición y emoción en uno de los grandes talentos del cine moderno es lo que cabe esperar.

La exposición dramática es bastante buena, aunque la cinta resulta algo vacua conceptualmente en esa intención de congraciar ciencia y sentimientos, difuminando su mensaje, exponiendo muchos temas repentinamente, por lo que quien mucho abarca poco aprieta. Tras la exposición la película cobra vigor, pero se pierde en efectismos aventureros intrascendentes, como la parte con Matt Damon.





Hay exceso de verbalización en algunos momentos, defecto habitual de Nolan, aunque menos agudo en esta ocasión, sobre todo al inicio de la película, donde la narración fluye muy bien. Es como si estuviera inseguro de que no se fuera a entender algo, eso sí, cuando le conviene se marca una elipsis y resuelve cualquier problema, aunque no sea muy coherente. Aquí ese defecto, la verbalización, ha procurado corregirse. El tema de las elipsis sigue sin hacerlo.


Hay un exceso de metraje, es una película innecesariamente larga. Con todo, puede que le faltara otra media hora para explicarlo todo sin recurrir a elipsis.

Nolan suele abusar del uso injustificado y excesivo del "Deus ex machina" e “Interstellar” no es una excepción. Debería ir corrigiendo este aspecto en sus momentos de aventuras o acción.





El final romántico y feliz es bastante absurdo y poco convincente, aunque complaciente con el gran público. Esa sensación de amenaza, de fatum trágico, que Nolan logra con una facilidad pasmosa, con poderío visual y cinematográfico, casi nunca se cumple, apostando por el final feliz. Del mismo modo, las apelaciones poco científicas y amorosas que realiza el personaje de Hathaway resultan un agujero negro conceptual en la película.

Nolan mantiene el vicio del plano corto en los momentos más épicos, aspecto visual de su cine que más me saca de quicio, anhelo siempre planos generales que nos lo muestren todo.

La dirección de Nolan sigue siendo clásica, con sus defectos, pero con virtudes que denotan una evolución e inteligente aprendizaje, corrigiendo errores y mejorando en sus puntos débiles. El guión de Jonathan Nolan y él mismo también muestra aciertos y defectos. Las interpretaciones son impecables, con mención especial para el protagonista, Matthew McConaughey, que sigue en racha.


Hans Zimmer vuelve a dejar una soberbia partitura que eleva los célebres clímax largos de Nolan, además de puntuar con acierto y multitud de texturas y matices, sinfónicos y electrónicos, cada recoveco de la narración.




Nolan factura una estupenda película que aporta cosas nunca antes vistas en el director, pero queda lejos de sus mejores títulos. Con todo, esas novedades que se aprecian son muy esperanzadoras, ya que integradas con las habituales virtudes de su cine puede depararnos auténticas obras maestras, no en balde es uno de los autores más importantes del cine actual.