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miércoles, 4 de abril de 2012

Crítica: BLADE RUNNER (1982) -Parte 3/6-

RIDLEY SCOTT








Comenzamos a entender lo que buscan los replicantes. Respuestas, que resultan que son muy comunes, aunque a diferente escala temporal, que las que se ha preguntado la humanidad desde que tiene consciencia. Quieren saber cuánto tiempo les queda. Quieren hablar con su creador. De aquí saldrá el nombre de J. F. Sebastian. Batty se recrea en cada frase.

Volvemos a oír un fragmento de la entrevista entre Holden y Leon mientras Deckard atraviesa un túnel, la referencia a la madre del replicante.

Deckard llega a casa, su número, 9732. Pocas veces se ha visto reflejada la calidez, el relax y lo acogedor del hogar tras un mal día, la comodidad y confianza, el refugio que supone ese lugar,  como en las escenas en la casa de Deckard. Antes de entrar entre bostezos se verá sorprendido por la presencia de Rachel en el ascensor, el susto lo trastorna, se muestra nervioso, tenso, agitado y distante. Una casa donde predominarán los dorados, por supuesto. Un lugar que contrasta con lo hostil de lo exterior, de esa ciudad superpoblada, con su lluvia eterna y demás. La relajación en la actuación de Ford, la intimidad que se crea entre los dos personajes, no ya en esta escena, sino sobre todo en otra posterior, cuando lo vemos lavándose, tomándose una copa o quedándose dormido, abruma por su veracidad. Es su universo privado, íntimo, donde resetear de la deshumanización. Un confortable abrazo.












Se ha comentado mucho sobre la deshumanización de Deckard. Es evidente que no es un personaje simpático, es un asesino, aunque sea de máquinas, pero no es cierto que no muestre rasgos humanos. Es un cínico descreído y asqueado de la vida, un detective clásico del cine negro, como ya he comentado. 
Deckard está amargado, es un solitario, bebedor, es frío y desagradable, pero también muestra compasión, por ejemplo con Rachel cuando lo visita, o remordimientos con las muertes de los replicantes, muestra rencor con su jefe, especialmente cuando habla de Holden, siente amor, pena… sentimientos puramente humanos desde el mismo inicio de la película.


Deckard admitirá a Rachel en ese universo íntimo y personal, y si bien es cierto que su habilidad en las relaciones sociales es escasa, trata de corregirse y mostrarse simpático. Son verdaderamente hermosas las escenas en las que Deckard, el asesino de replicantes, se comporta con absoluta naturalidad y confianza en presencia de ella, allí en su casa, incluso llegará a dormirse tras la muerte de Leon. Una intimidad compartida.

Harrison Ford está magistral, como en él es costumbre, en este rol tan distinto a los que le habíamos visto en cintas anteriores. Un actor de aspecto y carisma clásico que pasa de ser Han Solo e Indiana Jones a ser machacado por todos los villanos, deambular amargado como alma en pena, pasar sus ratos libres bebiendo solo y asqueado de sí mismo. Un héroe de lo más normal, y además puede caer antipático, lo opuesto a sus míticos héroes creados por Spielberg y Lucas.










Hay que comenzar diciendo que no puede caber duda de que en la versión original de 1982 Deckard no es un replicante, igual que hay que mantener que en la de 1992 sí lo es. Nada hace pensar en la primera versión que Deckard lo sea, suponerlo queda profundamente gratuito y todo lo que se dice en la película va encaminado a confirmar que no lo es. En cambio en la de 1992, con la aparición del unicornio, el paralelismo con el final nos lleva a otra evidente conclusión, que Deckard sí lo es. El problema en realidad no es si Deckard es o no un replicante, sino la coherencia, el rigor, la profundidad… que una decisión u otra presenta a nivel técnico y conceptual en la película. Esto es lo que voy a tratar.

Básicamente son tres los argumentos recurrentes para sostener la idea de que Deckard sea un replicante. El primero, el dorado de los ojos en la escena íntima con Rachel, donde él aparece desenfocado en segundo plano. El segundo, las fotos antiguas que tiene en el piano y que se relacionan con esa idea de que los replicantes las coleccionan. El tercero, el plano del unicornio en un supuesto recuerdo de Deckard. Los dos primeros están en esta versión original pero por sí solos no tienen la más mínima consistencia, salvo para crear cierta ambigüedad que es la que enriquece a la película, pero que además ya se crea en el diálogo en el que Rachel pregunta directamente a Deckard si se hizo él mismo el test Voight Kampff. El último de los argumentos, el del unicornio, se añadió en la versión del director en 1992 y con éste queda clara la naturaleza replicante en dicha versión.

En la versión original encontraremos gente que mantenga que es replicante, como en la del director encontraremos gente que mantenga que no lo es (Hampton Fancher, guionista y productor de la película o Frank Darabont, director, por poner algún ejemplo famoso), interpretando o retorciendo las imágenes para que encajen con la idea.

El hecho es que nada hay en la versión original que indique que Deckard es un replicante, absolutamente nada, pero sí existen elementos que llevan a la ambigüedad y a plantearse la opción. Ese es el principal acierto de la versión original, ya que obliga a reflexionar y usar las neuronas para dilucidar efectivamente que no es un replicante en coherencia con la historia y lo visto, pero también para obligar al espectador a plantearse todas las posibilidades y las implicaciones que supondría el hecho de que sí lo fuera. Enriquecer la obra en suma.

Dicho esto queda por dirimir cuál de las dos opciones tiene sentido o si lo tienen ambas.

Tras un análisis exhaustivo, y sin él, la idea del final con un Deckard replicante se demuestra gratuita y con la única intención de buscar el impacto y la vuelta de tuerca final, algo muy de moda ahora, porque no aporta nada absolutamente a lo ya desarrollando en la cinta, es más, redunda en casi todo.

Un final con un Deckard replicante dilapida no sólo la coherencia de la trama sino también la profundidad y densidad de los conceptos limitándolos y reduciéndolos a puro fuego de artificio.

La idea de que cualquiera puede ser un replicante (como idea de la deshumanización) está desarrollada durante la cinta, es más, se menciona en varios momentos de la misma con la consiguiente desconfianza que genera, de ahí el uso de los test.  Como ejemplos los animales que no se sabe si son reales, los test de Voight Kampff para comprobar la verdadera naturaleza de alguien y especialmente el personaje de Rachel.

La idea de que alguien que se cree humano descubre que no lo es también está desarrollada con el personaje de Rachel, como lo está la realidad de que los replicantes pueden sentir afectos, tener sentimientos, tanto hacia humanos como hacia el resto de replicantes. No sólo lo verbaliza Tyrell, es que el propio Batty se emociona al recordar a Leon o ante la muerte de Pris, ha creado afectos sinceros. Unas ideas y una evolución ya mostradas con otros personajes y otras tramas que limitan el punto de vista e ideas.
 
También la propia Rachel enamorándose de Deckard. ¿Qué aporta la idea de un Deckard que se cree humano pero en realidad no lo es? Absolutamente nada, redundaría en lo que acabo de comentar.

En cambio la idea de que un humano, que son mostrados faltos de humanidad precisamente, sienta como crecen sentimientos y vínculos hacia un replicante sí que es un aspecto no mostrado en la película que la sobredimensiona y amplifica a todos los niveles, de trama, conceptual, filosófico… y además crea verdaderos vínculos con el espectador que se identifica consecuentemente, y que de la otra forma recibiría la idea de manera fría. Se hurta al espectador su identificación, sintiendo, por tanto, la historia como ajena. Un Deckard humano dota de sentido y coherencia a toda la historia e identifica al espectador con la misma, es la única posibilidad de que todo tenga sentido, la única manera para que el entramado y la película funcionen.

Es por ello que un Deckard replicante hunde la maestría conceptual de "Blade Runner", reduciendo el nivel de una obra maestra absoluta digna de cualquier listado de las mejores películas de la historia a una obra coja, redundante y confusa desde la trama, que para justificarla habría que ir haciendo malabarismos, y mediocre desde el guión reiterando tramas y aspectos, limitando y reduciendo sus vías filosóficas, conceptuales y de todo tipo.

Desde el punto de vista de un manual de guión la idea de un Deckard replicante es un error de principiante, una torpeza mayúscula, por lo que tiene de redundante. Además deteriora un guión en el que los elementos que implicarían la “replicancia” de Deckard no están en el mismo, es cosa exclusiva de Scott y su unicornio.

Un Deckard replicante elimina el verdadero conflicto dramático, la idea de contraste que viene desde Aristóteles y que implica al espectador. Además que Batty salve a un humano que lo quiere matar da mayor valor y sentido, mayor potencia dramática a su acto de piedad final, aspecto que disminuiría de ser replicante Deckard.

Pero vayamos a más, a la coherencia y lógica de muchas de las ideas de la cinta que se verían masacradas con la idea de la “replicancia” de Deckard.

Tenemos el hecho de que Holden ha sido asesinado o disparado poco tiempo antes de que lleven a Deckard a la comisaría para reengancharle en el servicio. Esto supondría que todos en la comisaría estarían en el ajo, fingiendo y actuando para hacer creer a Deckard lo que no es, haciéndole pensar que su pasado implantado es real. Esto de por sí ya es surrealista, pero apurando un poco la cosa no se sostiene bajo ningún concepto. Deckard debería haber sido construido en tiempo récord ya que Holden ha muerto poco antes, por tanto, su construcción e implantes, con todo lo que supone, un piso, fotos, documentos, y que todo encaje sin fisuras, debe haber sido ejecutado en cuestión de horas… Si sabemos que Rachel es un experimento y el más sofisticado de los replicantes, poco sentido le encontramos.


Es coherente que Rachel sea un experimento ya que los Nexus 6 son los modelos más modernos, tanto es así que el propio Deckard, y Holden, los desconocen.

La construcción en tiempo récord queda además descartada cuando vemos que el cocinero del restaurante chino conoce a Deckard e incluso su rango.

Ya dije que la escena entre Deckard y Bryant es clave, y ésta Scott no la puede eliminar.

Resulta surrealista también que si se pretende que ese replicante no sospeche que lo es se arriesgue de esa forma. Que se le de semejante trabajo a un “experimento”, un trabajo relacionado con él mismo donde le dan todas las facilidades que se supone quieren ocultarse… Le dan un arma, le equipan con el test con el que podría descubrirse a sí mismo, es más, Rachel le pregunta si lo hizo, como es lógico, y todo esto con el peligro que supondría de que se volviera contra ellos… ¿Por qué arriesgarse? ¿Para qué se hace a Rachel si Deckard ya existía y funcionaba? Si Rachel es un experimento, ¿qué es Deckard si es anterior?... Todo un poco absurdo, o un mucho.

Es bastante ilógico que con la simple excusa de unos implantes, que es con lo que se pretende justificar todo, y no es factible, se haya enseñado a Ford, en tiempo récord, a manejar con solvencia práctica todo el material e instrumental de su trabajo, y no sólo eso, sino a desenvolverse en el mismo con demostrada experiencia tratando a policías, mostrando seguridad en situaciones extremas, manejando conversaciones complicadas… una experiencia policial con todo lo que eso conlleva. Lo mismo ocurre con su piso, que debería ser un piso franco o algo así, y sin ninguna fisura y defecto que Deckard extrañara… Implicaría unos recuerdos de tal detallismo que es imposible, simple y llanamente, además de que los recuerdos no implican experiencia.

Unos recuerdos basados en fotos, por tanto no narrativos, ya que éstos difícilmente pueden implantarse.

Veremos a Bryant hablar del pasado de Deckard con total naturalidad, así como de la “rareza” de Rachel, nada nos hace pensar que finja en su actitud, absolutamente nada. Pero por si fuera poco hay una escena que se cortó en la que Bryant habla con Gaff, por tanto no tiene por qué fingir, casi para sí mismo, mientras espía una conversación entre Holden, que en realidad no ha muerto, y el propio Deckard, en la que dice explícitamente “dos viejos blade runners hablando de metafísica”, lo que denota que el pasado de Deckard es verdadero y él mismo lo vivió como vimos en la primera escena.

Añado que Holden está vivo, Deckard va a verle, en otra de las escenas cortadas, y el policía convaleciente le reconoce y habla con total naturalidad con él, redundando en ese pasado verdadero de nuestro protagonista.


Otro aspecto llamativo es que si Deckard es un replicante tiene que ser de los más modernos,  similar a Rachel. Esto es así porque tendría también implantes de cerebro. Curiosamente se acusa a Deckard de ser frío e inhumano, es por ello por lo que se añadió la voz en off entre otras cosas, pero si tiene recuerdos volvemos a una contradicción, ya que en teoría esos implantes le dotarían de sentimientos, por tanto encaja mal con una evolución hacia la “humanidad”. Si Deckard, por el contrario, sí muestra sentimientos, que efectivamente los muestra como he explicado, la evolución directamente no existe, ¿cuál sería?, ¿de tener sentimientos a seguir teniéndolos?

Es evidente que la evolución existe, pero sólo se ve considerándolo humano. Deckard tiene sentimientos pero no por los replicantes. Al enfrentarse a un nuevo tipo como los Nexus 6, que él no conocía de antes, y aún más a ese experimento que es Rachel, su vínculo afectivo hacia esos seres aumenta, una evolución que va del desprecio al enamoramiento, una evolución respecto a los replicantes. Una vez más un ejemplo clarificador.

A esto se añade la evolución de un ser humano frio, como todos los retratados, pero humano al fin y al cabo, que recobra los rasgos más positivos de su humanidad.

Si Deckard es un modelo más nuevo de replicante encaja también bastante mal que sea apaleado de forma continua por todos y cada uno de los replicantes que aparecen en la película. Se tiende a argumentar que es para que no sospeche su naturaleza, pero ¿con qué motivo, si está tratando con ellos constantemente y le dotan de los medios para comprobarlo por sí mismo…?

La amargura, la desolación, el cinismo del personaje de Deckard sólo tienen sentido con experiencias y un  pasado verdadero, no tienen sentido con un robot de reciente creación ni implantes de cerebro, es precisamente la experiencia lo que hará surgir esa forma de ser, esto sólo es coherente con un Deckard humano, una vez más.

La relación de confianza y amor, que se expresa verbalmente en la escena final, cuando Deckard descubre en la cama a Rachel viva, cobra todo su sentido si se trata de un humano hablando a una replicante, lo demás ya lo vimos y sería redundante, como he explicado.

Es cristalino y evidente que un Deckard humano es lo que da riqueza y amplía el nivel conceptual, filosófico y dramático de la película ya que se tocan todas las posibilidades y reflexiones que se pueden dar sobre el tema, que es lo que convierte a “Blade Runner” en una de las mejores películas de la historia por derecho propio.

Blade Runner” presenta emociones y reflexiones absolutamente brillantes, ¿qué somos?, ¿nuestro pasado?, ¿nuestros recuerdos?, si son impostados ¿quiénes somos en realidad?, ¿qué es la realidad?, si lo más íntimo que tenemos no es nuestro, ¿qué es nuestro?...

Rachel también mostrará una foto como prueba, es ella, supuestamente, con su madre, pero es una foto de ella de niña, por tanto podría ser falsa. Deckard será sincero, lo que provocará una fuerte emoción en Rachel que llora. Dirá que sus recuerdos no son suyos, son implantes, seguramente de la sobrina de Tyrell. Esto hará que Deckard intente rectificar y mostrarse más sensible y comprensivo aunque ella huirá de allí frustrada, desorientada y afligida. La escena está rodada con la misma perfección, con estrictos planos y contraplanos, con Deckard sentado, y guardando siempre el punto de vista y la perspectiva con escrupulosa precisión. Siempre sabemos en qué lugar del apartamento estamos. Magistral la lección de dirección y encuadre de Ridley Scott.


Es posible que esa obsesión por los robots que no parecen que lo son viniera del personaje que interpreta Ian Holm (Ash), en “Alien, el octavo pasajero” (1979) donde parece un pasajero más pero en realidad es un androide.

Los recuerdos nos atormentan a menudo, pero los necesitamos indefectiblemente. El pasado es algo importante en el cine negro, ya sea explícita o implícitamente, que justifica esos personajes atormentados y cínicos que pueblan estas películas. En “Blade Runner” se reflexiona sobre ello, un personaje sin pasado que recuerda uno.

Deckard también tiene fotografías antiguas, pero en ningún momento se explicita que sean de él, pueden ser tanto las que ha encontrado de Leon como de otros replicantes. Como curiosidad, en el montaje se ha hurtado una foto de Deckard con su mujer (aparece en un travelling, pero es indistinguible, en cambio había una escena donde se mostraba claramente), y no de niño, donde sale él, y por tanto, confirma un pasado real no impostado. De hecho si nos fijamos, en la famosa escena donde aparece el unicornio y vemos a Deckard pensando, cuando se incorpora, la foto a la que mira es precisamente en la que está él con su mujer, poco tiene que ver con unicornios, es curioso comprobarlo. Esto por no contar que Deckard  no se plantee la propia antigüedad de esas fotos en blanco y negro, que pueden ser perfectamente verdaderas.

En estas escenas en el apartamento de Deckard el contraste mencionado entre el turbulento exterior y el acogedor interior se mostrará en un solo plano cuando el policía mira desde su terraza la moderna y decadente ciudad.


Pris (una estupendísima Daryl Hannah) hará acto de presencia, una espectacular, sexy y maciza replicante que fingirá desorientación y miedo, haberse perdido para hacerse la encontradiza con J. F. Sebastian (William Sanderson). En la novela de Philp K. Dick el nombre de este personaje es J. R. Isidore, y su inteligencia es limitada, menor a la media. En la película es un brillante diseñador genético, muy inteligente, que sufre una enfermedad que le hace envejecer prematuramente (síndrome de Matusalén).


Dedicada a Eddie79, que espero se coma mucho la cabeza con esta entrada.











lunes, 2 de abril de 2012

Crítica: BLADE RUNNER (1982) -Parte 1/6-

RIDLEY SCOTT







"Blade Runner" es la mejor película de ciencia ficción, junto a “Metrópolis” de Fritz Lang, que jamás se ha realizado. Una obra inconmensurable y descomunal, inabarcable, con tal cantidad de lecturas y temas que da para escribir largo, muy largo, y tendido sobre cada una de ellas. Una película infinita tanto en fondo como en forma.

Un clásico indiscutible que fue un fracaso de público y crítica y sólo a través del boca-oreja y el video ha alcanzado, algo que le ha ocurrido a no pocas películas, el estatus que ahora tiene. El tiempo, una vez más, pone las cosas en su sitio.

Una película pausada, hipnótica, casi onírica, de ciencia ficción filosófica y raigambre en el cine negro. Una obra cumbre tanto de la ciencia ficción como del cine negro en esencia. Con todos estos detalles es lógico pensar que cree tanta fascinación.

La apuesta estética es tan deslumbrante y arriesgada como elegante y sublime.


Usa la ciencia ficción para lograr las más complejas reflexiones sobre la naturaleza humana, la naturaleza de los sentimientos, la deshumanización, planteamientos filosóficos eternos, sobre el sentido de la vida y donde radica la propia humanidad, qué nos hace humanos, de dónde venimos, la aceptación de la naturaleza… y usa el cine negro en muchas de sus características, el individuo, la soledad, la ciudad, la mujer fatal, el aislamiento en la urbe, la supervivencia, el destino… y muchos más en ambos aspectos que iremos desgranando.

Ridley Scott parecía decidido a ser incluido en la lista de los mejores directores de la historia del cine al encadenar tres títulos realmente sobresalientes, maestros. “Los duelistas” (1977), “Alien, el octavo pasajero” (1979) y “Blade Runner” (1982). Esos tres títulos son sus tres primeras películas, casi nada, los dos últimos incluidos entre las mejores películas de sus géneros sin excepción. Pero la trayectoria posterior de Scott se ha antojado fallida, salvando algunos títulos interesantes o notables que han salpicado una filmografía más bien mediocre. Gracias a Dios esta mediocridad en su trabajo posterior no ha logrado infravalorar la maestría de sus mejores obras pero sí que lo ha puesto en cuarentena como autor. Es por ello que sus interminables y desesperados intentos por trastocar, casi cada año, su cinta más prestigiosa, "Blade Runner", afiancen en la certeza de que cuando ha triunfado ha sido cuando ha tenido un guión y una historia verdaderamente notables, que junto a su indiscutible poderío visual, da como resultados obras deslumbrantes, pero cuando debe imponer un fondo de calado intelectual, como no lo tenga desde la base literaria, la cosa se debilita.

Aunque es difícil considerar un autor a Scott desde el punto de vista conceptual, tiene una filmografía muy ecléctica, sí se descubren rasgos comunes desde el punto de vista estilista, estético, visual, sus cinta son muy reconocibles. Es un innovador en este sentido, un referente.

Con todo, en sus películas más personales aprecio temas comunes como la transformación o la evolución radical hacia lo opuesto en sus personajes (las inofensivas amas de casa de “Thelma y Louise” convertidas en sanguinarias viajeras sin rumbo; de luchador en los ejércitos romanos por la gloria de su ciudad y con total lealtad a su emperador a la búsqueda de venganza y ansias de sangre contra otro emperador de Máximo en “Gladiator”; del desprecio a los replicantes de Deckard al enamoramiento de uno de ellos...) , la confrontación de sus protagonistas contra un antagonista que es su opuesto y la violencia (“Los duelistas”, Ripley contra Alien, Thelma y Louise contra los hombres, Máximo contra Cómodo, Deckard contra los replicantes…), todo fundido en la reflexión de que esa confrontación de opuestos es inevitable, como irremediable es que sea mediante la violencia, por tanto ésta es inherente al ser humano ya que para que algo exista siempre debe existir su opuesto.

También el viaje o la llegada de un tránsito es una estructura que usa Scott muy a menudo, el viaje de Thelma y Louise, el de la nave Nostromo, la llegada de Roy Batty a Los Ángeles, la búsqueda de Máximo, "Tormenta Blanca" (1996), "1492: La Conquista del Paraíso" (1992)…

La narración y la dirección de Scott son tan brillantes y precisas, son tan hipnóticas y adictivas, tan absorbentes y fascinantes, te atrapan y envuelven de tal forma que quedas sumergido en ese universo creado que se presenta ante tus ojos haciéndote sentir una calidez y un gozo inconmensurables. "Blade Runner" te mece, te obnubila, te deleita en grado sumo, baila contigo un lento cuando la madrugada ya ha acabado y estás solo con tu pareja moviendo los pies sin darte cuenta, flotando de placer.

Las imágenes, el sonido, la música hacen la mayoría de la película. "Blade Runner" es puro cine.

"Blade Runner" es una obra maestra absoluta a todos los niveles, tanto estética como intelectualmente es una obra inabarcable, de una densidad y profundidad inauditas como suele ocurrir con las obras maestras absolutas. No es ya una de las mejores películas de ciencia ficción, o la mejor, de todos los tiempos, sino que además es una extraordinaria película de cine negro, tanto en sus componentes estéticos como en los elementos dramáticos, de trama y de fondo, característicos del mencionado género. Además transmite las mismas sensaciones que leer novela negra, esa intriga confortable, tensa, violenta y placentera, como café matutino, que nos regala la buena literatura, y cine, negra.

Todas estas virtudes son aplicables a todas las versiones que de la película hay, pero alcanzan su mayor gloria en la versión de los productores. El empecinamiento, que denota inseguridad, en reinventar la cinta para convertir su final en un truco de prestidigitador, tan de moda en la actualidad, un final sorprendente que deje a todo el mundo patidifuso es lo que deja en cuestión la labor de Scott, que tira por tierra la coherencia de su propia obra maestra. Pero sobre esto ya hablaré. Scott ha hecho innumerables “montajes definitivos” para eliminar la ambigüedad calculada y profunda de la versión de los productores para, añadiendo elementos, como hace Lucas con su saga galáctica, eliminar dicha ambigüedad y definir su final. Una decisión equivocada en la intención y en la coherencia.


El mundo de "Blade Runner" es asombroso, lleno de matices y detalles que van más allá de lo estético y recrea un universo que es visionario, profundamente complejo y entroncado con el fondo mismo de la historia. La arquitectura, los decorados, la sociedad ecléctica que muestra, todos los elementos que componen "Blade Runner" están cuidados al detalle y producen fascinación en lo visual como en lo intelectual.

"Blade Runner" hipnotiza y seduce desde el primer fotograma con la música de Vangelis, esa noche eterna con lluvia permanente envuelve al espectador de tal forma que acaba entregado a esa narración pausada y fascinante al mismo tiempo que reconoce como real y verdadero, auténtico, ese mundo de ficción que se presenta ante sus ojos.



Blade Runner” se adelantó a su tiempo sin ningún lugar a dudas, era una época donde el gusto de la gente tiraba más para una ciencia ficción positiva, alegre, emotiva, aséptica, de ritmo trepidante ("Star Wars", "E.T. El extraterrestre"…) y se encontraban con una ciencia ficción extremadamente realista, sucia, desagradable, extraña, oscura, densa, donde Chandler y Hammett se daban la mano con Nietzsche, de una complejidad adulta, de estética deslumbrante y ritmo pausado y una dirección basada en el encuadre. Una ciencia ficción nada complaciente, negativa, pesimista… que encajaba mal con los gusto de la época. Todo esto ayuda a entender su poco éxito de público en su estreno y que haya gente a la que no le guste. Todo clásico “indiscutible” tiene sus detractores.

El rodaje fue realmente duro y exigente, trabajadores estresados, al borde del colapso, condiciones muy difíciles, una auténtica epopeya con guionistas cambiantes e intenciones de cambio de director… un rodaje y un presupuesto que se alargó mucho más de lo que estaba previsto y que afectó, por su dureza, a todos los que participaron. Pero el resultado valió la pena.

La excepcional dirección de Scott se basa en una maestría inconmensurable para el encuadre, mimado al detalle, donde cada plano es un deleite visual y donde los movimientos de cámara son muy pocos y muy sutiles.

Desarrollaré la crítica en varias fases, el análisis habitual siguiendo la trama y los temas y conceptos que se desarrollan en ella, así como los detalles, luego me entretendré un poco en la polémica del replicante y hablaré de curiosidades al final, aunque también daré detalles varios, curiosos, durante el mismo análisis.


Un blade runner retirado es solicitado de nuevo para un trabajo. Cinco replicantes, seres creados genéticamente a imagen y semejanza de los humanos, se han escapado de las colonias que hay en el espacio exterior, y suponen una amenaza ya que han decidido volver a la Tierra. El trabajo del blade runner consiste en descubrir a esos replicantes y “retirarlos”.

Con Vangelis comienza el hipnotismo.

Pocas veces la música electrónica ha alcanzado la elegancia, sobriedad, sensualidad... en el cine como en la banda sonora que Vangelis compuso para “Blade Runner”. Hipnótica, cálida, también gélida, sugerente, subyugante, atmosférica como pocas, acogedora, densa… Una banda sonora no sinfónica que sigue siendo moderna y eterna.



Una cortinilla de texto, como en "Star Wars", nos introduce en la trama y nos habla de la situación y el universo que nos vamos a encontrar, así como de algunas de las claves de la cinta y personajes, o más bien sus trabajos, como los blade runners, o “innovaciones tecnológicas”, los replicantes, seres creados genéticamente a imagen y semejanza de los humanos que en su generación Nexus 6 son superiores en fuerza y agilidad al hombre y tan inteligentes como los ingenieros de genética que los crearon. Estos replicantes eran usados como esclavos en las colonias del espacio exterior, a donde van todos los humanos que pueden o cumplen los requisitos debido a las insoportables condiciones de la Tierra, y tienen prohibido el paso al planeta por una rebelión que acometieron, al ser considerados peligrosos. Es aquí donde entran los blade runner en juego.

Los replicantes son como cualquier otra máquina, pueden ser un beneficio o un peligro. Si son un beneficio no son asunto mío.”

¡Qué gran frase!






El primer plano de “Blade Runner” te hace caer de la silla, asombroso, es el Hades, de una belleza espectacular, con un sutil movimiento de cámara que parece flotar acercándose a esa extraña Los Ángeles, nocturna, iluminada de dorados, de combustiones constantes y tormentas eléctricas. Coches voladores y la música de Vangelis redondean este alucinante plano de situación mítico en la historia del cine.

La llegada de un coche volador, la noche eterna, la lluvia incesante, el fuego, el infierno… y un ojo. La fascinación en ese ojo que ocupa todo el encuadre y que plantea ya la importancia que tendrá esa parte del cuerpo a lo largo de la película, los ojos son algo esencial en “Blade Runner”. Pasmados e hipnotizados, como parece estar la mirada de Roy Batty ante lo que ve, una perturbadora belleza. Batty está viendo cosas que nunca creeríamos.










Los ojos son como la llave de la verdad, esa idea de que son el espejo del alma. Un dorado en los ojos de los personajes parece indicar su naturaleza artificial, incluida la de los animales (el búho), el ojo de Batty verá reflejada su llegada a la ciudad de Los Ángeles como he comentado. El test de Voight-Kampff enfoca el ojo del cuestionado, es el elemento clave para la distinción de los replicantes. Roy Batty matará al “dios de la biomecánica” hundiéndole los ojos, unos ojos que aparecen agrandados por unas gafas gigantescas. El propio Batty gastará una broma a J. F. Sebastian con unos ojos de mentira. Batty entrará en un laboratorio donde se crean ojos genéticamente y Leon usará varios para atemorizar al bueno de Hannibal Chew (James Hong). Leon intentará matar a Deckard también hundiéndole los ojos. Roy Batty hará referencia a lo que sus ojos han visto en su memorable monólogo final.




Los ojos, por tanto, son un elemento indispensable en el universo “Blade Runner”. No sólo porque sí, sino como cuestión de fondo y elemento dramático.

La mirada, el ojo y la mirada como en el cine, como reflexión vital. El ojo es la vida.

Llegamos a la Tyrell, de estética profundamente nazi (sobre las referencias estéticas entraremos luego), donde un blade runner, Holden (Morgan Paull), espera para hacer un test de Voight-Kampff. El cine negro comienza a mezclarse ya con la ciencia ficción.




Leon Kowalski (Brion James) es la persona que debe pasar el test. Uno de los replicantes. Un interrogatorio, como en las películas policiacas, donde la iluminación contrastada tiene una enorme presencia pero donde los elementos del cuestionario son rutinarios y fiados a una máquina. Una sala de gélidos azules en la iluminación, que suelen implicar violencia. Tenemos el ojo de Leon y un magistral uso del sonido que acrecienta la tensión, que se va mascando en una progresión perfecta, casi efervescente.


La dirección de Scott en esta escena es perfecta, así como las interpretaciones. Una dirección sobria, como durante toda la película, donde el interrogatorio se resuelve en un estricto plano-contraplano. Un plano picado sitúa la escena y luego comenzaremos la conversación con la cámara a ras de la mesa. Cuando el test comienza los planos se harán más cortos filmando los rostros más de cerca y aumentando así la tensión. En ocasiones se harán planos más cercanos aún a Leon que a Holden, sobre todo cuando se siente perturbado por alguna pregunta. Posteriormente se hará lo mismo con Holden cuando presione más a su interrogado.



 Holden no es mostrado con simpatía, el espectador no siente la más mínima complicidad con él, es displicente y chulo. El plano general que usa Scott, tras preguntar Holden por su madre a Leon, anuncia segundos antes el clímax y la explosión de violencia que acontecerá de inmediato.











Volvemos al exterior, entramos de lleno en la ciudad, caótica, coches voladores, rascacielos, el mundo de “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927) redivivo, luces de neón, pantallas de video gigantes, elementos orientales por todos lados, noche eterna, publicidad por todos lados, lluvia constante… un retrato perfecto de las grandes metrópolis actuales, de hecho se inspiraron en varias (Tokio, Nueva York...). Un retrato tan real como único. Espectacular contrapicado donde vemos la inmensidad de los edificios y naves publicitando la emigración a las colonias del mundo exterior, lo oriental inundándolo todo, una comunidad china que parece no poder salir de la Tierra.



La verticalidad se acentúa en los exteriores, primero un plano aéreo, luego un contrapicado y por último una grúa en picado que desciende para presentarnos a nuestro protagonista, una excepcional presentación además, que lee un periódico mientras espera para ser atendido en un bar de comida china. Un plano que muestra la masificación desbordada de la ciudad, la noche y las iluminaciones que crean un ambiente especial reflejadas en el agua, que no para de caer y formar charcos, los neones siempre presentes… Es un entorno poco acogedor.



Jamás se ha retratado la masificación urbana, las aglomeraciones en la gran ciudad, el agobio de la muchedumbre como aquí. La puesta en escena y el trabajo en los decorados son magistrales y perfectamente integrados con un fondo al que hace aún más creíble. Una película repleta de detalles de puesta en escena, los motivos orientales, los paraguas fluorescentes, la comida china, la globalización… El neón que tiene Deckard detrás significa “origen”.

El Los Ángeles de “Blade Runner” es puro caos urbano. Deckard es la manifestación de esa vida social en ese entorno tan poco acogedor. Un solitario.



Una voz en off (tema del que ya hablaré) del protagonista nos cuenta más cosas de ese mundo en el que empezamos a sumergirnos y también aspectos de su pasado, está divorciado y es un ex policía que está sin trabajo aparentemente. Suponemos que irá por libre. Una persona consciente de su pasado, y amargado por él.

Ex policía, ex blade runner, ex asesino.”

El bar de comida rápida está inspirado, como el tono que Scott quería para su film, en el cuadro de Edward HooperNighthawks”.



Mencionar que el cocinero del restaurante chino conoce a Deckard, aspecto importante.


Un extraño personaje se acerca a Deckard, un policía, Gaff, y le pide que vaya a la comisaría por orden de un tal Bryant, su antiguo jefe. Habla una extraña lengua, interlingua se denomina. Esta intelingua fue creada en su totalidad por Edward James Olmos, que da vida a Gaff. Dicha comisaría está recreada en la Union Station, una estación de ferrocarriles.



La idea de la interlingua es perfecta, totalmente coherente con esa sociedad multiétnica y globalizada que muestra “Blade Runner”. Deckard la entiende, aunque fingirá no hacerlo. También conoce de vista a Gaff.

Los edificios y el uso de las espectaculares maquetas son puro “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927).



 


Dedicada a Eddie79, que creo que me la pidió antes de tener el blog incluso. Este es su blog http://lalibretademou.es/