"Blade Runner" es la mejor película de ciencia ficción, junto
a “Metrópolis” de Fritz Lang, que jamás se ha realizado. Una obra
inconmensurable y descomunal, inabarcable, con tal cantidad de lecturas y temas
que da para escribir largo, muy largo, y tendido sobre cada una de ellas. Una
película infinita tanto en fondo como en forma.
Un clásico indiscutible que fue un fracaso de público y crítica
y sólo a través del boca-oreja y el video ha alcanzado, algo que le ha ocurrido
a no pocas películas, el estatus que ahora tiene. El tiempo, una vez más, pone
las cosas en su sitio.
Una película pausada, hipnótica, casi onírica, de ciencia
ficción filosófica y raigambre en el cine negro. Una obra cumbre tanto de la
ciencia ficción como del cine negro en esencia. Con todos estos detalles es
lógico pensar que cree tanta fascinación.
La apuesta estética es tan deslumbrante y arriesgada como
elegante y sublime.
Usa la ciencia ficción para lograr las más complejas
reflexiones sobre la naturaleza humana, la naturaleza de los sentimientos, la
deshumanización, planteamientos filosóficos eternos, sobre el sentido de la
vida y donde radica la propia humanidad, qué nos hace humanos, de dónde
venimos, la aceptación de la naturaleza… y usa el cine negro en muchas de sus
características, el individuo, la soledad, la ciudad, la mujer fatal, el
aislamiento en la urbe, la supervivencia, el destino… y muchos más en ambos
aspectos que iremos desgranando.
Ridley Scott parecía decidido a ser incluido en la lista de
los mejores directores de la historia del cine al encadenar tres títulos
realmente sobresalientes, maestros. “Los duelistas” (1977), “Alien, el octavo
pasajero” (1979) y “Blade Runner” (1982). Esos tres títulos son sus tres
primeras películas, casi nada, los dos últimos incluidos entre las mejores
películas de sus géneros sin excepción. Pero la trayectoria posterior de Scott
se ha antojado fallida, salvando algunos títulos interesantes o notables que
han salpicado una filmografía más bien mediocre. Gracias a Dios esta
mediocridad en su trabajo posterior no ha logrado infravalorar la maestría de
sus mejores obras pero sí que lo ha puesto en cuarentena como autor. Es por
ello que sus interminables y desesperados intentos por trastocar, casi cada
año, su cinta más prestigiosa, "Blade Runner", afiancen en la certeza de que
cuando ha triunfado ha sido cuando ha tenido un guión y una historia
verdaderamente notables, que junto a su indiscutible poderío visual, da como
resultados obras deslumbrantes, pero cuando debe imponer un fondo de calado
intelectual, como no lo tenga desde la base literaria, la cosa se debilita.
Aunque es difícil considerar un autor a Scott desde el punto
de vista conceptual, tiene una filmografía muy ecléctica, sí se descubren
rasgos comunes desde el punto de vista estilista, estético, visual, sus cinta
son muy reconocibles. Es un innovador en este sentido, un referente.
Con todo, en sus películas más personales aprecio temas
comunes como la transformación o la evolución radical hacia lo opuesto en sus
personajes (las inofensivas amas de casa de “Thelma y Louise” convertidas en
sanguinarias viajeras sin rumbo; de luchador en los ejércitos romanos por la
gloria de su ciudad y con total lealtad a su emperador a la búsqueda de
venganza y ansias de sangre contra otro emperador de Máximo en “Gladiator”; del
desprecio a los replicantes de Deckard al enamoramiento de uno de ellos...) , la
confrontación de sus protagonistas contra un antagonista que es su opuesto y la
violencia (“Los duelistas”, Ripley contra Alien, Thelma y Louise contra los
hombres, Máximo contra Cómodo, Deckard contra los replicantes…), todo fundido
en la reflexión de que esa confrontación de opuestos es inevitable, como
irremediable es que sea mediante la violencia, por tanto ésta es inherente al
ser humano ya que para que algo exista siempre debe existir su opuesto.
También el viaje o la llegada de un tránsito es una
estructura que usa Scott muy a menudo, el viaje de Thelma y Louise, el de la
nave Nostromo, la llegada de Roy Batty a Los Ángeles, la búsqueda de Máximo, "Tormenta Blanca" (1996), "1492: La Conquista del Paraíso" (1992)…
La narración y la dirección de Scott son tan brillantes y
precisas, son tan hipnóticas y adictivas, tan absorbentes y fascinantes, te atrapan y
envuelven de tal forma que quedas sumergido en ese universo creado que se
presenta ante tus ojos haciéndote sentir una calidez y un gozo inconmensurables. "Blade Runner" te mece, te obnubila, te deleita en grado sumo, baila contigo un
lento cuando la madrugada ya ha acabado y estás solo con tu pareja moviendo los
pies sin darte cuenta, flotando de placer.
Las imágenes, el sonido, la música hacen la mayoría de la
película. "Blade Runner" es puro cine.
"Blade Runner" es una obra maestra absoluta a todos los
niveles, tanto estética como intelectualmente es una obra inabarcable, de
una densidad y profundidad inauditas como suele ocurrir con las obras maestras
absolutas. No es ya una de las mejores películas de ciencia ficción, o la
mejor, de todos los tiempos, sino que además es una extraordinaria película de
cine negro, tanto en sus componentes estéticos como en los elementos
dramáticos, de trama y de fondo, característicos del mencionado género. Además
transmite las mismas sensaciones que leer novela negra, esa intriga
confortable, tensa, violenta y placentera, como café matutino, que nos regala
la buena literatura, y cine, negra.
Todas estas virtudes son aplicables a todas las versiones
que de la película hay, pero alcanzan su mayor gloria en la versión de los
productores. El empecinamiento, que denota inseguridad, en reinventar la cinta
para convertir su final en un truco de prestidigitador, tan de moda en la
actualidad, un final sorprendente que deje a todo el mundo patidifuso es lo que
deja en cuestión la labor de Scott, que tira por tierra la coherencia de su
propia obra maestra. Pero sobre esto ya hablaré. Scott ha hecho innumerables
“montajes definitivos” para eliminar la ambigüedad calculada y profunda de la
versión de los productores para, añadiendo elementos, como hace Lucas con su
saga galáctica, eliminar dicha ambigüedad y definir su final. Una decisión
equivocada en la intención y en la coherencia.
El mundo de "Blade Runner" es asombroso, lleno de matices y
detalles que van más allá de lo estético y recrea un universo que es visionario,
profundamente complejo y entroncado con el fondo mismo de la historia. La
arquitectura, los decorados, la sociedad ecléctica que muestra, todos los
elementos que componen "Blade Runner" están cuidados al detalle y producen
fascinación en lo visual como en lo intelectual.
"Blade Runner" hipnotiza y seduce desde el primer fotograma
con la música de Vangelis, esa noche eterna con lluvia permanente envuelve al
espectador de tal forma que acaba entregado a esa narración pausada y
fascinante al mismo tiempo que reconoce como real y verdadero, auténtico, ese
mundo de ficción que se presenta ante sus ojos.
“Blade Runner” se adelantó a su tiempo sin ningún lugar a
dudas, era una época donde el gusto de la gente tiraba más para una ciencia
ficción positiva, alegre, emotiva, aséptica, de ritmo trepidante ("Star Wars", "E.T. El extraterrestre"…) y se encontraban con una ciencia ficción
extremadamente realista, sucia, desagradable, extraña, oscura, densa, donde
Chandler y Hammett se daban la mano con Nietzsche, de una complejidad adulta,
de estética deslumbrante y ritmo pausado y una dirección basada en el encuadre.
Una ciencia ficción nada complaciente, negativa, pesimista… que encajaba mal
con los gusto de la época. Todo esto ayuda a entender su poco éxito de público
en su estreno y que haya gente a la que no le guste. Todo clásico “indiscutible”
tiene sus detractores.
El rodaje fue realmente duro y exigente, trabajadores
estresados, al borde del colapso, condiciones muy difíciles, una auténtica
epopeya con guionistas cambiantes e intenciones de cambio de director… un
rodaje y un presupuesto que se alargó mucho más de lo que estaba previsto y que
afectó, por su dureza, a todos los que participaron. Pero el resultado valió la
pena.
La excepcional dirección de Scott se basa en una maestría
inconmensurable para el encuadre, mimado al detalle, donde cada plano es un
deleite visual y donde los movimientos de cámara son muy pocos y muy sutiles.
Desarrollaré la crítica en varias fases, el análisis
habitual siguiendo la trama y los temas y conceptos que se desarrollan en ella,
así como los detalles, luego me entretendré un poco en la polémica del
replicante y hablaré de curiosidades al final, aunque también daré detalles
varios, curiosos, durante el mismo análisis.
Un blade runner retirado es solicitado de nuevo para un
trabajo. Cinco replicantes, seres creados genéticamente a imagen y semejanza de
los humanos, se han escapado de las colonias que hay en el espacio exterior, y
suponen una amenaza ya que han decidido volver a la Tierra. El trabajo del blade
runner consiste en descubrir a esos replicantes y “retirarlos”.
Con Vangelis comienza el hipnotismo.
Pocas veces la música electrónica ha alcanzado la elegancia,
sobriedad, sensualidad... en el cine como en la banda sonora que Vangelis
compuso para “Blade Runner”. Hipnótica, cálida, también gélida, sugerente,
subyugante, atmosférica como pocas, acogedora, densa… Una banda sonora no
sinfónica que sigue siendo moderna y eterna.
Una cortinilla de texto, como en "Star Wars", nos introduce en
la trama y nos habla de la situación y el universo que nos vamos a encontrar,
así como de algunas de las claves de la cinta y personajes, o más bien sus
trabajos, como los blade runners, o “innovaciones tecnológicas”, los
replicantes, seres creados genéticamente a imagen y semejanza de los humanos
que en su generación Nexus 6 son superiores en fuerza y agilidad al hombre y
tan inteligentes como los ingenieros de genética que los crearon. Estos
replicantes eran usados como esclavos en las colonias del espacio exterior, a donde
van todos los humanos que pueden o cumplen los requisitos debido a las
insoportables condiciones de la Tierra, y tienen prohibido el paso al planeta por una rebelión que acometieron, al ser considerados peligrosos. Es aquí donde
entran los blade runner en juego.
“Los replicantes son como cualquier otra máquina, pueden ser
un beneficio o un peligro. Si son un beneficio no son asunto mío.”
¡Qué gran frase!
El primer plano de “Blade Runner” te hace caer de la silla,
asombroso, es el Hades, de una belleza espectacular, con un sutil movimiento de
cámara que parece flotar acercándose a esa extraña Los Ángeles, nocturna,
iluminada de dorados, de combustiones constantes y tormentas eléctricas. Coches
voladores y la música de Vangelis redondean este alucinante plano de situación
mítico en la historia del cine.
La llegada de un coche volador, la noche eterna, la lluvia
incesante, el fuego, el infierno… y un ojo. La fascinación en ese ojo que ocupa
todo el encuadre y que plantea ya la importancia que tendrá esa parte del
cuerpo a lo largo de la película, los ojos son algo esencial en “Blade Runner”.
Pasmados e hipnotizados, como parece estar la mirada de Roy Batty ante lo que
ve, una perturbadora belleza. Batty está viendo cosas que nunca creeríamos.
Los ojos son como la llave de la verdad, esa idea de que son
el espejo del alma. Un dorado en los ojos de los personajes parece indicar su
naturaleza artificial, incluida la de los animales (el búho), el ojo de Batty
verá reflejada su llegada a la ciudad de Los Ángeles como he comentado. El test
de Voight-Kampff enfoca el ojo del cuestionado, es el elemento clave para la
distinción de los replicantes. Roy Batty matará al “dios de la biomecánica”
hundiéndole los ojos, unos ojos que aparecen agrandados por unas gafas
gigantescas. El propio Batty gastará una broma a J. F. Sebastian con unos ojos
de mentira. Batty entrará en un laboratorio donde se crean ojos genéticamente y
Leon usará varios para atemorizar al bueno de Hannibal Chew (James Hong). Leon
intentará matar a Deckard también hundiéndole los ojos. Roy Batty hará
referencia a lo que sus ojos han visto en su memorable monólogo final.
Los ojos, por tanto, son un elemento indispensable en el
universo “Blade Runner”. No sólo porque sí, sino como cuestión de fondo y
elemento dramático.
La mirada, el ojo y la mirada como en el cine, como
reflexión vital. El ojo es la vida.
Llegamos a la Tyrell, de estética profundamente nazi (sobre
las referencias estéticas entraremos luego), donde un blade runner, Holden
(Morgan Paull), espera para hacer un test de Voight-Kampff. El cine negro
comienza a mezclarse ya con la ciencia ficción.
Leon Kowalski (Brion James) es la persona que debe pasar el
test. Uno de los replicantes. Un interrogatorio, como en las películas
policiacas, donde la iluminación contrastada tiene una enorme presencia pero
donde los elementos del cuestionario son rutinarios y fiados a una máquina. Una
sala de gélidos azules en la iluminación, que suelen implicar violencia.
Tenemos el ojo de Leon y un magistral uso del sonido que acrecienta la tensión,
que se va mascando en una progresión perfecta, casi efervescente.
La dirección de Scott en esta escena es perfecta, así como
las interpretaciones. Una dirección sobria, como durante toda la película,
donde el interrogatorio se resuelve en un estricto plano-contraplano. Un plano
picado sitúa la escena y luego comenzaremos la conversación con la cámara a ras
de la mesa. Cuando el test comienza los planos se harán más cortos filmando los
rostros más de cerca y aumentando así la tensión. En ocasiones se harán planos
más cercanos aún a Leon que a Holden, sobre todo cuando se siente perturbado
por alguna pregunta. Posteriormente se hará lo mismo con Holden cuando presione
más a su interrogado.
Holden no es mostrado con simpatía, el espectador no siente
la más mínima complicidad con él, es displicente y chulo. El plano general que
usa Scott, tras preguntar Holden por su madre a Leon, anuncia segundos antes el
clímax y la explosión de violencia que acontecerá de inmediato.
Volvemos al exterior, entramos de lleno en la ciudad,
caótica, coches voladores, rascacielos, el mundo de “Metrópolis” (Fritz Lang,
1927) redivivo, luces de neón, pantallas de video gigantes, elementos
orientales por todos lados, noche eterna, publicidad por todos lados, lluvia
constante… un retrato perfecto de las grandes metrópolis actuales, de hecho se
inspiraron en varias (Tokio, Nueva York...). Un retrato tan real como único. Espectacular contrapicado
donde vemos la inmensidad de los edificios y naves publicitando la emigración a
las colonias del mundo exterior, lo oriental inundándolo todo, una comunidad
china que parece no poder salir de la Tierra.
La verticalidad se acentúa en los exteriores, primero un
plano aéreo, luego un contrapicado y por último una grúa en picado que
desciende para presentarnos a nuestro protagonista, una excepcional
presentación además, que lee un periódico mientras espera para ser atendido en
un bar de comida china. Un plano que muestra la masificación desbordada de la
ciudad, la noche y las iluminaciones que crean un ambiente especial reflejadas
en el agua, que no para de caer y formar charcos, los neones siempre presentes…
Es un entorno poco acogedor.
Jamás se ha retratado la masificación urbana, las
aglomeraciones en la gran ciudad, el agobio de la muchedumbre como aquí. La
puesta en escena y el trabajo en los decorados son magistrales y perfectamente
integrados con un fondo al que hace aún más creíble. Una película repleta de
detalles de puesta en escena, los motivos orientales, los paraguas
fluorescentes, la comida china, la globalización… El neón que tiene Deckard
detrás significa “origen”.
El Los Ángeles de “Blade Runner” es puro caos urbano.
Deckard es la manifestación de esa vida social en ese entorno tan poco
acogedor. Un solitario.
Una voz en off (tema del que ya hablaré) del protagonista
nos cuenta más cosas de ese mundo en el que empezamos a sumergirnos y también
aspectos de su pasado, está divorciado y es un ex policía que está sin trabajo
aparentemente. Suponemos que irá por libre. Una persona consciente de su
pasado, y amargado por él.
“Ex policía, ex blade runner, ex asesino.”
El bar de comida rápida está inspirado, como el tono que
Scott quería para su film, en el cuadro de Edward Hooper “Nighthawks”.
Mencionar que el cocinero del restaurante chino conoce a
Deckard, aspecto importante.
Un extraño personaje se acerca a Deckard, un policía, Gaff,
y le pide que vaya a la comisaría por orden de un tal Bryant, su antiguo jefe.
Habla una extraña lengua, interlingua se denomina. Esta intelingua fue creada
en su totalidad por Edward James Olmos, que da vida a Gaff. Dicha comisaría
está recreada en la Union Station, una estación de ferrocarriles.
La idea de la interlingua es perfecta, totalmente coherente
con esa sociedad multiétnica y globalizada que muestra “Blade Runner”. Deckard
la entiende, aunque fingirá no hacerlo. También conoce de vista a Gaff.
Los edificios y el uso de las espectaculares maquetas son
puro “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927).
Dedicada a Eddie79, que creo que me la pidió antes de tener el blog incluso. Este es su blog http://lalibretademou.es/





























