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viernes, 6 de abril de 2012

Crítica: BLADE RUNNER (1982) -Parte 5/6-

RIDLEY SCOTT










Los acontecimientos se disparan, Bryant volverá a hablar con Deckard, con total naturalidad, de Rachel y su rareza, un nuevo aspecto a tener en cuenta. En seguida aparecerá Leon que interceptará a Deckard mientras éste persigue a Rachel, que estaba mirándole entre la multitud.

Es penoso vivir con miedo, ¿verdad?

¡Espabila! Es hora de morir.”

Ambas frases las dice Leon pero también serán pronunciadas por Batty en su última escena, en un sentido inverso.

Leon ni se entera del puñetazo que le da Deckard y juega zarandeando de un sitio a otro a nuestro protagonista. Rachel aparecerá en el momento oportuno para salvar la vida a Deckard y matar a Leon.


La secuencia que sigue en casa de Deckard la he comentado antes brevemente. Una secuencia memorable, hipnótica, donde los silencios y las miradas cobran especial significación, donde los dorados resultan especialmente acogedores, donde el relax tras la tormenta se hace especialmente palpable. Una escena que es perfecto contraste con la violencia vivida en la anterior. La secuencia está repleta de sutiles detalles, la sangre que se diluye en el chupito que bebe Deckard y que tiñe de rojo el pequeño vaso, los focos de luz externos que no paran de oscilar, una luz que en los planos cortos de Rachel llega a inundar y cegar el encuadre. La intermitencia lumínica sobre el rostro de Rachel remarca su incertidumbre, su conflicto y sus dudas internas.


Deckard también entrará en conflicto ante la frase de RachelYo soy ese trabajo”. Ella es un objetivo pero se está enamorando y además le ha salvado la vida. Es una escena de infinita intimidad, donde vemos la comodidad de ambos, como ella se irá relajando, como él se lavará delante de ella, buscando una depuración ante lo que acaba de hacer, y se dormirá, ella se sentará a tocar el piano y se soltará el pelo...







La camisa de Deckard no deja de ser verdaderamente fashion.


Esta es la escena donde, además de a Rachel de nuevo, vemos a Deckard, distorsionado y desenfocado, también con un cierto tono dorado en los ojos cuando le dice que no la perseguirá pero que es posible alguien sí lo haga. Además Rachel preguntará explícitamente a Deckard si él se ha hecho el test Voight Kampff, momento en el que él no contesta y se queda dormido. Con esos dos momentos la ambigüedad ya es más que suficiente para que el espectador se plantee la posibilidad de que Deckard pueda ser un replicante y llegue a sus conclusiones, para dar la riqueza necesaria a la cinta y que tiene la versión original del film. No hace falta absolutamente nada más.



La secuencia está acompañada por un sensual saxo que da el clima perfecto a estos sutiles, delicados e íntimos momentos. Rachel también sabe tocar el piano.

Rachel fascinada viendo como Deckard se lava sus heridas, intentando quitarle con delicadeza su chupito de las manos al quedarse dormido, la forma en la que aparece Deckard tras el rostro de Rachel mientras ella toca el piano sentándose al lado, el sexo… Momentos maravillosos.


Rachel dirá que recuerda sus lecciones de piano pero no sabe si son reales o no. Una vez más el tema de la naturaleza de la realidad y la esencia de la persona.

El espectador quedará embelesado.

La narración se centrará ahora en los replicantes. Pris se pinta como un mapache, es su animal, y veremos el reflejo dorado en sus ojos, sonará un reloj de cuco, símbolo de muerte, la escasez de tiempo. Pris jugueteará alrededor de un Sebastian dormido a la espera de Batty, que parece su amante. Sebastian siempre está rodeado de juguetes recalcando su carácter infantil. El beso de Batty y Pris parece tirar por tierra las ilusiones de Sebastian con la chica. Batty mostrará sentimientos cuando se emociona al recordar a Leon, su evolución y desarrollo de sentimientos es evidente.




Pris juega con una muñeca rota, de alguna forma es simbólico, ya que ellos son juguetes rotos, creados con una función concreta, para la esclavitud, pero “averiados” al salirse de la ruta fijada.

La escena siguiente tratará el tema que ha llevado a los replicantes a la casa de Sebastian, quieren que les ayude a entrar en la Tyrell. Unos huevos hirviendo, que Scott usa como elemento de tensión, serán usados por Pris para mostrar sus habilidades. Scott maneja los efectos de sonido con una sensacional brillantez. Aquí los pantalones “pecheros” de Batty son realmente impactantes…


Los replicantes se muestran algo ofendidos ante la petición de Sebastian de que “hagan algo”, es su orgullo herido, son más que mascotas de feria o simples robots, a pesar de todo Pris lo complacerá. Es extraordinaria la ambigüedad y riqueza de los replicantes, y en especial de Roy Batty, del que hablaré luego, son seductores, amenazantes, amables, crueles…


Toda la escena de la Tyrell, con la entrada de Roy por medio de Sebastian, lleva los postulados de Nietzsche, una parte de la trama donde el filósofo alemán cobra el absoluto protagonismo. Además cada elemento usado en la puesta en escena es profundamente simbólico y hunde las raíces en los conceptos y estéticas nazis también.

Un dios y su creación, que busca respuestas y que está capacitado para hablar con él e incluso superar su dependencia. Es capaz de matarlo porque, simple y llanamente, puede hacerlo. Esa creación, Roy Batty, se elevará hacia el cielo en un simbólico ascensor para hablar con su creador, su dios, que se encuentra allí. Su dios y su padre, como verbalizará el propio Batty.


Roy Batty es perfecto en todos los sentidos, como la personificación hecha carne del ideal nazi, ario, rubio, de ojos azules, superdotado en todos los sentidos… la pureza de raza buscada por Hitler… Allí intentará alargar su vida pero su creador se muestra incapaz. Batty fundirá sus sentimientos ambivalentes en un mismo gesto, primero un beso y luego aplastará la cabeza y hundirá los ojos de Eldon Tyrell, su padre. Es la muerte de dios postulada por Nietzsche, Batty es el superhombre. Mata, hace cosas horrendas, las hace porque puede, porque tiene esa capacidad. Pris también es una rubia perfecta, su pareja.




La escena de la muerte está planificada en base a primerísimos planos toda ella.

La llave de entrada a la “sala de dios” será el ajedrez, con lo que ello supone. En la habitación de Tyrell veremos otro águila, símbolo que también recuerda a la iconografía nazi, en esta ocasión está cayendo en picado. El interior de la habitación de Tyrell es dorado, por tanto acogedor en teoría, nada hacía suponer que algo fuera a pervertir ese lugar pero Batty lo hace, convirtiendo esa habitación aparentemente inviolable en un lugar de violencia y muerte.




Yo quiero vivir más, padre.”

También veremos el famoso dorado de los ojos en Batty en esta escena. Ridley Scott casi no mueve la cámara, una vez más, usando planos generales de mucha profundidad, usando objetivos con mucha angulación para definir todos los componentes del encuadre.

Los objetivos más comunes son el 9.8 mm, 18 mm, 25 mm, 32 mm, 40 mm, 50 mm, 75 mm, del 100 al 250 mm… aunque esto va cambiando mucho. El 9,8 es el gran angular o denominado ojo de pez, el cual permite enfocar todos los componentes del encuadre. Todos los objetivos tienen sus peculiaridades y hay que saber usarlos. Los objetivos de 18, 25 y 32 mm son los que suelen usarse para planos generales, los de 40 y 50 mm para planos medios, el de 75 mm es el ideal para un primer plano etc.… Explico esto porque el uso de un objetivo que incluya un primer plano pero en el que esté definido el entorno tendrá una significación distinta que si este entorno aparece difuminado, siendo el rostro lo único que se ve con nitidez. El uso del encuadre y su significación por parte de Ridley Scott en “Blade Runner” es maestro, como ese plano general donde se incluye a Tyrell en su cama y vemos ese águila a su lado.


Batty descenderá frustrado y perturbado en el ascensor desde un cielo estrellado, ha matado (también a J. F. Sebastian), pero ha matado por impulso, es un ángel caído que en realidad ha iniciado su camino a la redención.

La parte final será en el edificio Bradbury. Batty cambia de actitud ante la vida en el último momento.


Esta es una parte de puro cine negro, tanto en la trama de perseguidor y perseguido, de perseguidor que se convierte en perseguido, suspense, asesinatos… como en lo estético, repleto de claroscuros, sombras y luces, oscuridad, lluvia… Deckard lleva su gabardina, sólo le falta el sombrero.

Deckard llegará al edificio Bradbury, allí todo está repleto de juguetes, sabe que allí hay uno de ellos pero no sabe dónde. Pris se camufla como si fuera un juguete más, al fin y al cabo ella también es artificial. Deckard entra en la habitación donde se camufla Pris, Scott encuadra en un plano general, crea el suspense y nos sitúa, conforme Deckard se acerque a su presa, que quizá sea más cazador que presa, los planos se irán haciendo más cortos hasta llegar a primeros planos. La violencia, muy seca, irrumpe de repente. Esta escena fue aligerada de violencia en esta versión. Pris apaleará a Deckard para no perder la costumbre. Cuando Pris gira la cabeza de Deckard siempre pienso que le está retorciendo el cuello, como no se ve el cuerpo… Me perturbó la primera vez que lo vi. La muerte de Pris es tremendamente impactante.



 A pesar de todo Deckard logrará su objetivo y esperará la llegada de Roy Batty, su definitivo antagonista. Roy llorará a Pris y le dará un beso con el que le introducirá la lengua en la boca, sus sentimientos a flor de piel, la quería de verdad. Su amor por la vida es cada vez más pleno. Ahora está solo, en teoría no tiene nada que perder, eso le llevará a apreciar la vida más que nadie al final.




Batty parece jugar con Deckard, le perdona la vida en varias ocasiones cuando lo tiene a su merced. Medio desnudo Batty se entregará a sus instintos, su naturaleza más primaria, aullará como un lobo, este será su animal, junto a la paloma del final, dos animales opuestos.



En estas escenas habrá algún travelling de seguimiento para dar fluidez a la acción y aumentar el suspense. Los picados y los contrapicados se multiplican, sobre todo en los exteriores, mostrando así desde la puesta en escena, o en cuadro, la tensión y la confrontación. El gesto de Batty, dejándose mojar por las gotas de lluvia que parecen relajarle, es mítico y puede que inspirase a uno parecido que hace Heath Ledger en “El caballero oscuro” de Christopher Nolan (2008).



El sonido de la lluvia…

Luces, sombras, picados, contrapicados, la voz en off de Batty, expresionismo… un mundo de pesadilla para Deckard.


Siendo una película tan estética lo cierto es que también transmite con increíble potencia la fisicidad, el dolor, la lluvia, la incomodidad, la humedad… todo traspasa la pantalla. Ridley Scott da una lección de domino del tempo cinematográfico, de la pausa, del mimo por el detalle, un ejemplo de todo esto lo tenemos en esa mano herida de Deckard que busca en una cornisa desesperadamente donde agarrarse empapándose con la lluvia constante.

 

El salto de la azotea de un edificio a otro nos muestra, de nuevo, la exagerada superioridad física de los replicantes con respecto a Deckard, el policía no logrará alcanzar su objetivo completamente, quedando colgado de una viga de la que se sujeta a duras penas, mientras que el replicante salta al otro edificio con total suficiencia, sobrado. Batty parece un atleta ario y griego al mismo tiempo, de los juegos olímpicos, medio desnudo.


Los picados y los contrapicados se exageran.

Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.”

Batty salvará a Deckard de su caída en el último segundo y con su mano “crucificada”. Su gesto es casi instintivo y será el inicio de uno de los grandes momentos de toda la historia del cine.








Es un ser perfecto y un ángel caído. No hay nada en Batty que lo diferencie de un humano, esto acaba desembocando en reflexiones existencialistas, de hecho el existencialismo, Sartre, son otra referencia que se aprecia en “Blade Runner”. Batty se sabe superior física e intelectualmente, no puede evitar esa prepotencia y hará cosas tan horrendas como brillantes. Su inexperiencia vital, emocional, le hace gestionar mal ese poder. Mata porque puede, impone porque puede, es el superhombre de Nietzsche. Cuando sepa que su búsqueda es vana y sus preguntas no sean respondidas como quiere caerá en la frustración. Todo esto es absolutamente humano, no hay nada que lo diferencie de nosotros, ni su búsqueda, ni sus preguntas, ni sus angustias. Una vez tiene a su merced al hombre que ha matado a sus seres queridos, su disfuncional familia, se enciende en él una luz, la luz de la comprensión. Ha vivido con miedo y odio pero eso no va a impedir lo irrefrenable, lo natural. Batty asume que la muerte es parte de la vida y que el tiempo del que ha dispuesto y cómo lo ha aprovechado ha dependido básicamente de él. Aprecia lo que ha vivido, aprecia la libertad, lo grande de la vida, es por ello que aunque el cuerpo le pidiera en un primer momento matar a Deckard entenderá que si tiene el poder de matar también tiene el de perdonar, una vez más una idea muy cristiana. Como es una idea cristiana que tras su redención su alma suba al cielo.


Batty se siente por fin humano, con todo lo que eso conlleva, en esos último momentos bajo la lluvia.

Batty rectifica y decide que no merece la pena matar, que la muerte es inexorable y por tanto no tiene sentido precipitarla, que la vida es lo más hermoso.

Deckard verá morir bajo la lluvia a Batty, una escena inmortal, que estará en la antología de las escenas más hermosas, bellas y emotivas de la historia del cine.



La interpretación de Rutger Hauer es absolutamente maravillosa. Nunca ha estado más justificado definir una interpretación como “el trabajo de su vida” como en esta ocasión. Uno de los grandes personajes, de los grandes villanos, de la historia del cine, al que dota de una profundidad y sensibilidad increíbles, tan tierno como violento, tan seductor como amenazante, tan humano como frío. Una interpretación inolvidable.


De vuelta a su casa verá que Gaff ha estado allí, le advirtió mientras Deckard veía morir a Batty. Su puerta está abierta. Teme que Rachel haya sido “retirada” pero no ha sido así. El beso invertido de “Spiderman” también está en “Blade Runner”.


En su marcha encontrará el famoso unicornio que ha dejado allí Gaff, una figurita en papel de aluminio que hará entender a Deckard que han sido perdonados pero que deben irse de allí. Una vez más, la idea de una muerte inexorable que es absurdo adelantar. Este perdón se relaciona con el anterior de forma absolutamente coherente.

Deckard apreciará la vida también, una vida por la que ha vagado amargado. Podrán vivir el tiempo que sea. En el montaje del director este unicornio se relacionará con el recuerdo que vimos en una escena anterior, lo que implicaría que Deckard es en realidad un replicante.


Se ha criticado mucho el final feliz de la cinta. No entiendo el porqué. Es cierto que si ese final no estuviera no pasaría nada, pero también lo es que no molesta y usa el contraste, de la oscuridad pasamos a la luminosidad de esa escena y de lo urbano pasamos a paisajes naturales, para afianzar, precisamente, las ideas anteriores. Es por tanto coherente con todo lo contado. Un mundo inhumano del que salir, un tiempo perdido a recuperar y disfrutar. Si no estuviera estaría genial pero estando no desmerece la obra, además no creo que resulte más impostado que el famoso unicornio.

La escena donde Deckard y Rachel se prometen confianza y amor mutuos es clave en el discurso.


Dedicada a Eddie79, que estoy seguro lo flipa con esta escena como todos a los que nos apasiona la película.