La serie B siempre ha sido bastante denostada, pocos se la
toman en serio, como si sus bajos presupuestos la imposibilitaran para lograr
algo a ser tenido en consideración verdaderamente. Esto, como toda
generalización y argumentos basados en aspectos tan superficiales, se acaban
sosteniendo más bien poco. Nada.
La imaginación ha sido una de las grandes bazas de la serie
B, que se atrevía con géneros nada sencillos como la ciencia ficción, un género
que tiene en los efectos especiales uno de sus puntos fuertes.
Como siempre pondré un pequeño listado de grandes obras que
entran en la catalogación de serie B, la mayoría dentro de la mencionada
ciencia ficción. “La invasión de los ladrones de cuerpos” (Don Siegel, 1956), “Yo anduve con un
zombie” (1943), “La mujer pantera” (1942) o “La noche del demonio” (1957) de Jacques Tourneur, “El
ladrón de cadáveres” (Robert Wise, 1945), “El desvío” (Edgar G. Ulmer, 1945), “La humanidad en peligro” (Gordon Douglas, 1954), “El pueblo de los
malditos” (Wolf Rilla, 1960), “La mosca” (Kurt Neumann, 1958), “Asalto a la comisaría del distrito 13” (John Carpenter, 1976)… Ahí queda eso.
“El increíble hombre menguante” es un derroche de
imaginación y de aprovechamiento de los escasos medios con talento desmesurado.
Una historia absorbente, atrayente, agobiante, terrorífica, pesadillesca y
entretenidísima… y todo en menos de hora y cuarto. Una muestra de ciencia ficción
y cine fantástico ejemplar.
Jack Arnold fue un director que hizo sus pinitos en la serie
B con películas de ciencia ficción además de alguna serie de televisión.
Películas que tenían en los modestos efectos especiales y las historias
fantásticas su principal atractivo, suyas son “Tarántula” (1955), se ve que el
bueno de Arnold tenía predilección por las arañas, “La mujer y el monstruo”
(1954) o “El regreso del monstruo” (1955). Su filmografía no tiene nada de
excepcional salvo la película que nos ocupa, que ha pasado a ser un clásico
absoluto increíblemente moderno aún en la actualidad. Como mucho podremos
destacar algún western correcto como “Sangre en el rancho” (1957) en la que
participó Orson Welles, o “Bala sin nombre” (1959). Sorprende menos la brillantez
de la película si tenemos en cuenta que su guionista es Richard Matheson,
escritor y guionista (“Soy leyenda”, “El hombre menguante”, guionista de “El
diablo sobre ruedas", la cinta de Spielberg de 1971…)
El reparto también es de actores poco conocidos para el gran
público, Grant Williams tuvo momentos de gloria en los 50 al protagonizar
“Muerte al atardecer” (1956), también de Jack Arnold, en un rol secundario, la obra
maestra de Douglas Sirk “Escrito sobre el viento” (1956) también como
secundario o la película de ciencia ficción y serie B, bastante apreciada por
los fans, “Monstruos de piedra” (John Sherwood, 1957). La carrera de Randy
Stuart, que interpreta a la mujer del protagonista, es también poco destacable aunque participó con Cary Grant en “Hogar, dulce hogar” (Norman Taurog, 1952), una
comedia discreta, y “La novia era él”
(Howard Hawks, 1949), o en “Eva al desnudo” (Joseph L. Mankiewicz, 1950), como
trabajos más reseñables, además de la que nos ocupa.
Pero la modestia de los que participaron no impidió que
entre todos lograran una de las obras maestras de la serie B de todos los
tiempos.
La película se inicia con una voz en off en primera persona,
es la del protagonista, Scott Carey (Grant Williams), que nos va a contar los
extraños sucesos que acontecieron en su vida. La trama se inicia con un viaje
de placer de un matrimonio en un yate, disfrutan de la soledad y el entorno
marítimo. Estas primeras escenas nos muestran paisajes amplios, la inmensidad
del mar, el cielo despejado… que contrastará con el paulatino encierro que irá
sufriendo el personaje y el aumento de la claustrofobia. Una extraña niebla
embadurnará al protagonista que se resistió a ir por una cerveza, hecho que
salva a la mujer de correr la misma suerte al pillarla el suceso en el interior
del barco. El azar, las decisiones inconscientes que pueden cambiar una vida.
La presencia de esa niebla radiactiva es fácil relacionarla con los peligros nucleares que servían de excusa para este tipo de películas de
ciencia ficción y serie B, donde la moraleja nos avisaba del peligro del uso de
bombas nucleares y demás historias. Lo bueno de “El increíble hombre menguante”
es que ni da explicación ni lo usa para una moralina en ese sentido.
Arnold maneja la narración de forma escueta, sin renunciar a
los detalles, concisa, con una progresión dramática excepcional y llevando
todos los elementos de la historia con un pulso asombroso. Un ejemplo lo
tenemos en como usa al gato durante toda la película. La primera escena en la
vida cotidiana de la pareja tras el extraño suceso será con Louise Carey (Randy
Stuart) dando leche a un inofensivo gato, conforme la narración avance, el
gato, que es siempre el mismo, se irá convirtiendo en una amenaza terrorífica,
hasta el punto de ser el desencadenante de los acontecimientos de la última
parte.
El tamaño sí importa.
“El increíble hombre menguante” es una profundísima
reflexión sobre la adaptación, la adaptación como la clave de la supervivencia.
El problema de Scott Carey no es simplemente que su cuerpo esté encogiendo, su
verdadero problema es su incapacidad para adaptarse al mismo ritmo que se
produce el cambio. Scott tiene anclados vínculos de todo tipo, afectivos,
culturales, a los que no piensa renunciar, pero el cambio sigue su progreso y
su sufrimiento radica en ese hecho. Todo está cambiando pero él sigue anclado.
Algo lógico y humano como nos pasaría a todos. Cuando se libere de esas
ataduras se irá readaptando y por tanto asumiendo su circunstancia con
naturalidad y madurez, en la conclusión de la película.
Scott con su menguante estatura no logra hacer
determinadas cosas, con lo que si sus esquemas mentales no cambian no podrá
progresar. Una araña no se deprime por su altura ni limitaciones, las ha
asumido siempre porque nació así, ese proceso es el complicado, cambiar tus
esquemas para reinventarte, convertirte en otro yo distinto al que eras.
Scott lo logrará al final de la película en un doloroso
proceso de pérdida. Todo tiene un sentido, todos tenemos una misión, aunque sea
con nosotros mismos.
Todo es relativo.
No hay divagaciones, desde el primer momento Scott nota que
algo va mal, que su ropa le queda grande, la narración no da rodeo alguno. Ropa
grande, primeras extrañezas. Rápida consulta al médico que resta importancia.
Reducción de la altura y pérdida de peso. La reducción de estatura y de peso no
cesa, Scott se muestra cada vez más preocupado, algo le pasa seguro. Scott se
hace consciente de su circunstancia, está menguando. Al meterse en la cama
acariciará al gato, otra vez presente e inofensivo. El médico confirmará los
peores pronósticos. Scott está menguando. Los médicos se pondrán manos a la
obra en la investigación para solucionar un problema sin parangón. Scott y su
esposa recuerdan la niebla de su viaje en yate y la relacionan con lo que está
ocurriendo. La película no tiene frenos y se dirige hacia la fatalidad sin
reparos.
La escena donde Scott pierde el anillo de boda, presagia un
destino fatal para esa relación.
Arnold usará una impactante elipsis para mostrar el proceso
menguante de Scott, una conversación entre Louise, Scott y su propio hermano
(Paul Langton) nos encuadra al protagonista sentado en un sillón, pero no se le ve,
tras unas frases se nos mostrará de frente ese mismo sillón con un pequeñísimo
Scott de metro y 24 centímetros sentado en él. Un momento escalofriante. Louise
tendrá al gato en sus brazos.
Todo esto en un cuarto de hora de película.
Espero con impaciencia la segunda parte, Sambo.
ResponderEliminarQué gran película. La vi de pequeño en el programa aquel de "Mis terrores favoritos" de Chicho Ibáñez Serrador y no me podré olvidar de la jodida araña nunca.
¡Urge volverla a ver cuanto antes!
Wsmith, ya te digo, no se puede olvidar, hay momentos absolutamente terroríficos, un plano que también se queda grabado es la cara gigante del gato en la puerta de la casita.
ResponderEliminarUna obra maestra hecha con 4 duros
Creo que a todos nos pasó lo que cuenta winston. Esa araña.... años después reproducida en El Señor de los Anillos....
ResponderEliminarNo he leído aún la crónica, pero quería entrar para recomendar el maravilloso libro de Matheson, autor también de Soy leyenda. Ambos libros absolutamente magistrales y que elevan la ciencia ficción a categoría superior del arte. Hace ya unos años que los leí, pero recuerdo el impacto que me produjo la última página de El hombre menguante. Es una cosa soberbia.
Yo también he pensado en la escena de Sam contra Ella-Laraña al recordar al menguante.
EliminarOsiris
ResponderEliminarSí, y como dice Sambo, el gato... Ese gato es luego Nicholson destrozando a hachazos la puerta en El Resplandor y el velocirraptor en Parque Jurásico.
Me apunto el libro. A ver si lo localizo.
Ya la he leído, como es más cortita que otras veces :):)
ResponderEliminarTambién relaciono esta historia con la de Stephen King, Maleficio ("Y se comió un trozo de pastel gitano")
Mi señora tiene pánico a las arañas, así que imaginaros el impacto que le causó de pequeña esta película.
Pero el libro, ay, el libro. Leedlo, coñoya.
La película es una adaptación magnífica, no en vano Matheson tiene a su cargo el guión. Pero se queda un poco corta en cuanto a la trascendencia metafísica de lo que le sucede al personaje, a la cuestión filosófica de menguar, de hacerse tan pequeño hasta... hasta no desaparecer, sino integrarse en el universo.
ResponderEliminarCuriosamente esta película muestra cierto paralelismo con "El hombre con rayos-x en los ojos" justo en eso. La relación directa entre la degeneración del sujeto con el horror.
Eliminar¿El libro se llama así, "El increible hombre menguante"?
ResponderEliminarjajaja Osiris es más cortita porque la dividí en dos.
ResponderEliminar"El hombre menguante" a secas, Wsmith
Gracias Sambo
ResponderEliminar(Y a Osiris por la recomendación). A ver si la localizo.
'El hombre menguante'
ResponderEliminarYo me la compré, junto con 'Soy leyenda', de una colección que saqué hace años Círculo de Lectores.
Siempre diré lo mismo de "Soy leyenda": Matheson se cansó a mitad de novela y la acabó a brochazos.
EliminarGracias Osiris
ResponderEliminarTengo que mirar, porque tengo un montón de libros de ciencia ficción bajados en epub y es posible que esté, porque me suena que el de "Soy leyenda" está entre ellos.
Habrás visto Osiris que he citado tus referencias en el crítica no? jajaja. Es más corta pero matona jajajaja
ResponderEliminarClaro, has leído mi comentario y luego has escrito la crónica. Así se puede...
ResponderEliminarWsmith macho, te adelantas a mis comentarios. Así no se puede. Yo también la vi en ese programa.
ResponderEliminarPor cierto, MrSambo. No te has referido en las pelis de serie B a "El hombre con rayos x en los ojos" Otra puñetera obra maestra.
Felicitaciones de nuevo por la entrada. No pares.
Jajajaja... La verdad es que en aquel programa Ibáñez Serrador de vez en cuando ponía pelis muy interesantes.
EliminarPues efectivamente, tenía el libro en epub. Ya está cargado en el ebook para cuando termine con Sinuhe.
ResponderEliminar(Verás, Osiris, que sigo tus recomendaciones al pie de la letra... :-) )
Yo probaría algún audiolibro. Experiencia muy grata. Casi como que te lean un cuento en la cama.
EliminarMe apunto la recomendación. :-)
EliminarBipancho, muchas gracias, la de "rayos X" te la dejé a ti jajaja.
ResponderEliminarWsmith, es usted muy aplicado y obediente.
Eso quisiera mi mujer... :-))))
EliminarNacho:Mr Sambo me recomendaria esta pelicula.¿Es imprescindible?
ResponderEliminarMerece la pena, muy recomendable.
EliminarNacho:Muchas gracias Mr sambo ya me la vere.
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