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viernes, 30 de marzo de 2012

Crítica: EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE (1957) -Última Parte-

JACK ARNOLD









Arnold realiza una panorámica por la casa donde encuadra al gato, solo, jugueteando. Subconscientemente el gato va siendo una amenaza mayor para el espectador.

Scott se ve obligado a vender su particularidad. Se ha convertido en un freak, en un espectáculo, consentido, para su desgracia.

Aparte de los hallazgos visuales la progresión dramática es ejemplar en “El increíble hombre menguante”, del temor ante lo que sucede al deterioro psicológico que conlleva el conocimiento de la verdad de su situación. La asunción en sociedad de su circunstancia, el deterioro de la relación con su mujer, su frustración, sus ademanes despóticos, su intolerancia y susceptibilidad, su agresividad, su impotencia. Louise aguantará fielmente el duro trance.


Arnold volverá a vincular al gato con el protagonista a través de una pelota que se le cae al animal mientras juega. Un plano virtuoso en lo formal. La pelota rodará hasta el encogido protagonista que mira dificultosamente por la ventana.

La dirección artística es tan modesta como brillante. Las transparencias ejemplares.

En medio de este virtuosismo formal tenemos la escena, de conflicto matrimonial, donde vemos al gato al fondo, agigantado, el protagonista encogido, en medio, y a la mujer entrando en primer plano en el encuadre. La integración en un mismo plano de los tres tamaños distintos. Una auténtica virguería para la época. Además desde la dirección se potencia el empequeñecimiento de Scott con contrapicados desde el punto de vista de él, que engrandecen a Louise y picados desde el punto de vista de ella, que lo minimizan más aún.

Una relación deteriorada.


Detalles de planificación excelente, como ese cacho de bizcocho que deja Louise mientras trabaja en un vestido que posteriormente será el principal objetivo y sentido vital de Scott. Un plano desconcertante de inicio, un inserto que parece gratuito y que posteriormente cobrará toda la importancia del mundo.

Su condición de freak, subrayada con la feria por la que pasea, su asimilación, su reflexión, la conciencia del deterioro de su relación. Un sufrimiento continuo que tendrá un breve alivio en su relación con Clarice Brown (April Kent), una enana que trabaja en la feria. Scott ve en ella a un igual, pero contrasta su proceso de asimilación con el que ella tuvo, al nacer así su adaptación fue menos traumática. Esto realza lo comentado antes sobre la necesidad de adaptación y la misma como la clave de la supervivencia. Clarice se asemeja a la araña que se encontrará Scott en el futuro en que no se plantea las cosas como él. Ellas no han debido adaptarse del mismo modo, siendo por tanto situaciones menos traumáticas, aunque Clarice también tuviera que pasar su proceso.


Los juegos de perspectiva en la casita de juguete con un micro Scott en su interior son casi un homenaje al propio cine y sus trucos. Grandes momentos.



La cinta va a girar y convertirse en una pesadilla para Scott, una segunda parte negrísima y agobiante al máximo. ¿Por qué da más miedo ese gato agigantado que cualquier monstruo de película fantástica? La respuesta está en el componente cotidiano, la perversión de lo inocente, de lo intrascendente en apariencia. Todo esconde un lado amenazante, cuando se lo descubrimos a lo que aparentemente no lo tiene el impacto es mucho mayor. El manejo de lo cotidiano (tijeras, pedazos de bizcocho, hilos y agujas…), es  también sublime y magistral.

La película se convierte en una cinta de acción, terror y aventuras, el suspense con el gatito es insoportable por momentos, su aparición gigantesca a la puerta de la casa donde se esconde Scott es terrorífica e icónica de la historia el cine. Así mismo las escenas en el sótano son puro cine, puro talento visual, sin diálogos, sólo acompañada por una voz en off que nos explica el estado psicológico del personaje, porque no hace falta en absoluto para entender lo que pasa en la narración. El terror y la aventura minimalista, la claustrofobia y el suspense, que contrasta con la escena inicial, que como ya comenté era en unos luminosos exteriores.



Arnold demuestra un sorprendente virtuosismo en la dirección, es asombroso su magnífico uso de las panorámicas descriptivas para mostrar las dificultades y el recorrido que deberá superar Scott para lograr sus objetivos, acciones cotidianas elevadas a aventuras increíbles.

Brillantísimas escenas de suspense y acción con una caja de cerillas, una pequeña inundación, unas agujas, unas tijeras, unos hilos, un cacho de bizcocho, unas gotas de agua… una araña.



Si terrorífico es el gato ¡qué decir de la araña!, protagonista de terribles momentos y pesadillas en la infancia de muchas personas. Inolvidable.

Kafka y “La metamorfosis” están íntimamente relacionados con este relato, si bien cada uno realiza reflexiones distintas, la idea de la transformación, de la posible desnaturalización de la persona y la personalidad, la dependencia, el sentido de la existencia, la naturaleza verdadera de los afectos… están presentes en ambos.


La última escena, con esa voz en off que habla a Dios y las estrellas, se sale de alguna manera del tono del film, y aunque da reflexiones interesantes no parece encajar del todo, aunque cierra el círculo de manera perfecta con respecto a la evolución de Scott. “El increíble hombre menguante” se erige con este discurso final en una gran reflexión sobre la existencia, que trasciende a la identidad, la muerte y lo físico. Sobre la verdadera dimensión del hombre.

El componente intelectual y cultural es básico e inherente al ser humano, contrasta con el impulso meramente instintivo del animal, pero ese componente instintivo también lo poseemos. Cuando a Scott se le usurpe todo su mundo, cuando sus desarrollos intelectuales, su trabajo y aficiones le sean arrebatados los elementos instintivos cobrarán mayor importancia. Su lucha por sobrevivir, por comer o beber serán su dedicación, pero una dedicación para la que pondrá en liza también su cultura e intelecto, sólo que aplicado a circunstancias más básicas. El sentido de la vida es…vivir.

La adaptación.

La cinta tiene sus defectos en determinadas licencias con el físico y las capacidades de Scott, así como la poca búsqueda que la mujer hace de él creyendo que el gato se lo comió, pero se pasan por alto ante lo que verdaderamente importa.

Una obra de arte de increíble sencillez, narración precisa y escueta, sin adornos ni vulgaridades. Absolutamente recomendada.








 






jueves, 29 de marzo de 2012

Crítica: EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE (1957) -Parte 1/2-

JACK ARNOLD







La serie B siempre ha sido bastante denostada, pocos se la toman en serio, como si sus bajos presupuestos la imposibilitaran para lograr algo a ser tenido en consideración verdaderamente. Esto, como toda generalización y argumentos basados en aspectos tan superficiales, se acaban sosteniendo más bien poco. Nada.

La imaginación ha sido una de las grandes bazas de la serie B, que se atrevía con géneros nada sencillos como la ciencia ficción, un género que tiene en los efectos especiales uno de sus puntos fuertes.

Como siempre pondré un pequeño listado de grandes obras que entran en la catalogación de serie B, la mayoría dentro de la mencionada ciencia ficción. “La invasión de los ladrones de cuerpos” (Don Siegel, 1956), “Yo anduve con un zombie” (1943), “La mujer pantera” (1942) o “La noche del demonio” (1957) de Jacques Tourneur, “El ladrón de cadáveres” (Robert Wise, 1945), “El desvío” (Edgar G. Ulmer, 1945), “La humanidad en peligro” (Gordon Douglas, 1954), “El pueblo de los malditos” (Wolf Rilla, 1960), “La mosca” (Kurt Neumann, 1958), “Asalto a la comisaría del distrito 13” (John Carpenter, 1976)… Ahí queda eso.

El increíble hombre menguante” es un derroche de imaginación y de aprovechamiento de los escasos medios con talento desmesurado. Una historia absorbente, atrayente, agobiante, terrorífica, pesadillesca y entretenidísima… y todo en menos de hora y cuarto. Una muestra de ciencia ficción y cine fantástico ejemplar.

Jack Arnold fue un director que hizo sus pinitos en la serie B con películas de ciencia ficción además de alguna serie de televisión. Películas que tenían en los modestos efectos especiales y las historias fantásticas su principal atractivo, suyas son “Tarántula” (1955), se ve que el bueno de Arnold tenía predilección por las arañas, “La mujer y el monstruo” (1954) o “El regreso del monstruo” (1955). Su filmografía no tiene nada de excepcional salvo la película que nos ocupa, que ha pasado a ser un clásico absoluto increíblemente moderno aún en la actualidad. Como mucho podremos destacar algún western correcto como “Sangre en el rancho” (1957) en la que participó Orson Welles, o “Bala sin nombre” (1959). Sorprende menos la brillantez de la película si tenemos en cuenta que su guionista es Richard Matheson, escritor y guionista (“Soy leyenda”, “El hombre menguante”, guionista de “El diablo sobre ruedas", la cinta de Spielberg de 1971…)

El reparto también es de actores poco conocidos para el gran público, Grant Williams tuvo momentos de gloria en los 50 al protagonizar “Muerte al atardecer” (1956), también de Jack Arnold, en un rol secundario, la obra maestra de Douglas SirkEscrito sobre el viento” (1956) también como secundario o la película de ciencia ficción y serie B, bastante apreciada por los fans, “Monstruos de piedra” (John Sherwood, 1957). La carrera de Randy Stuart, que interpreta a la mujer del protagonista, es también poco destacable aunque participó con Cary Grant en “Hogar, dulce hogar” (Norman Taurog, 1952), una comedia discreta,  y “La novia era él” (Howard Hawks, 1949), o en “Eva al desnudo” (Joseph L. Mankiewicz, 1950), como trabajos más reseñables, además de la que nos ocupa.

Pero la modestia de los que participaron no impidió que entre todos lograran una de las obras maestras de la serie B de todos los tiempos.

La película se inicia con una voz en off en primera persona, es la del protagonista, Scott Carey (Grant Williams), que nos va a contar los extraños sucesos que acontecieron en su vida. La trama se inicia con un viaje de placer de un matrimonio en un yate, disfrutan de la soledad y el entorno marítimo. Estas primeras escenas nos muestran paisajes amplios, la inmensidad del mar, el cielo despejado… que contrastará con el paulatino encierro que irá sufriendo el personaje y el aumento de la claustrofobia. Una extraña niebla embadurnará al protagonista que se resistió a ir por una cerveza, hecho que salva a la mujer de correr la misma suerte al pillarla el suceso en el interior del barco. El azar, las decisiones inconscientes que pueden cambiar una vida.

La presencia de esa niebla radiactiva es fácil relacionarla con los peligros nucleares que servían de excusa para este tipo de películas de ciencia ficción y serie B, donde la moraleja nos avisaba del peligro del uso de bombas nucleares y demás historias. Lo bueno de “El increíble hombre menguante” es que ni da explicación ni lo usa para una moralina en ese sentido.

Arnold maneja la narración de forma escueta, sin renunciar a los detalles, concisa, con una progresión dramática excepcional y llevando todos los elementos de la historia con un pulso asombroso. Un ejemplo lo tenemos en como usa al gato durante toda la película. La primera escena en la vida cotidiana de la pareja tras el extraño suceso será con Louise Carey (Randy Stuart) dando leche a un inofensivo gato, conforme la narración avance, el gato, que es siempre el mismo, se irá convirtiendo en una amenaza terrorífica, hasta el punto de ser el desencadenante de los acontecimientos de la última parte.

El tamaño sí importa.

El increíble hombre menguante” es una profundísima reflexión sobre la adaptación, la adaptación como la clave de la supervivencia. El problema de Scott Carey no es simplemente que su cuerpo esté encogiendo, su verdadero problema es su incapacidad para adaptarse al mismo ritmo que se produce el cambio. Scott tiene anclados vínculos de todo tipo, afectivos, culturales, a los que no piensa renunciar, pero el cambio sigue su progreso y su sufrimiento radica en ese hecho. Todo está cambiando pero él sigue anclado. Algo lógico y humano como nos pasaría a todos. Cuando se libere de esas ataduras se irá readaptando y por tanto asumiendo su circunstancia con naturalidad y madurez, en la conclusión de la película.

Scott con su menguante estatura no logra hacer determinadas cosas, con lo que si sus esquemas mentales no cambian no podrá progresar. Una araña no se deprime por su altura ni limitaciones, las ha asumido siempre porque nació así, ese proceso es el complicado, cambiar tus esquemas para reinventarte, convertirte en otro yo distinto al que eras.

Scott lo logrará al final de la película en un doloroso proceso de pérdida. Todo tiene un sentido, todos tenemos una misión, aunque sea con nosotros mismos.

Todo es relativo.

No hay divagaciones, desde el primer momento Scott nota que algo va mal, que su ropa le queda grande, la narración no da rodeo alguno. Ropa grande, primeras extrañezas. Rápida consulta al médico que resta importancia. Reducción de la altura y pérdida de peso. La reducción de estatura y de peso no cesa, Scott se muestra cada vez más preocupado, algo le pasa seguro. Scott se hace consciente de su circunstancia, está menguando. Al meterse en la cama acariciará al gato, otra vez presente e inofensivo. El médico confirmará los peores pronósticos. Scott está menguando. Los médicos se pondrán manos a la obra en la investigación para solucionar un problema sin parangón. Scott y su esposa recuerdan la niebla de su viaje en yate y la relacionan con lo que está ocurriendo. La película no tiene frenos y se dirige hacia la fatalidad sin reparos.

La escena donde Scott pierde el anillo de boda, presagia un destino fatal para esa relación.

Arnold usará una impactante elipsis para mostrar el proceso menguante de Scott, una conversación entre Louise, Scott y su propio hermano (Paul Langton) nos encuadra al protagonista sentado en un sillón, pero no se le ve, tras unas frases se nos mostrará de frente ese mismo sillón con un pequeñísimo Scott de metro y 24 centímetros sentado en él. Un momento escalofriante. Louise tendrá al gato en sus brazos.


Los espectaculares y brillantemente realizados efectos especiales se basan en una dirección artística muy trabajada, donde los objetos cotidianos son creados gigantes para empequeñecer al bueno de Scott en las escenas, y un uso absolutamente maestro de las transparencias. Magistrales.

Todo esto en un cuarto de hora de película.