Arnold realiza una panorámica por la casa donde encuadra al
gato, solo, jugueteando. Subconscientemente el gato va siendo una amenaza mayor
para el espectador.
Scott se ve obligado a vender su particularidad. Se ha
convertido en un freak, en un espectáculo, consentido, para su desgracia.
Aparte de los hallazgos visuales la progresión dramática es
ejemplar en “El increíble hombre menguante”, del temor ante lo que sucede al
deterioro psicológico que conlleva el conocimiento de la verdad de su
situación. La asunción en sociedad de su circunstancia, el deterioro de la
relación con su mujer, su frustración, sus ademanes despóticos, su intolerancia
y susceptibilidad, su agresividad, su impotencia. Louise aguantará fielmente el
duro trance.
Arnold volverá a vincular al gato con el protagonista a
través de una pelota que se le cae al animal mientras juega. Un plano virtuoso
en lo formal. La pelota rodará hasta el encogido protagonista que mira dificultosamente
por la ventana.
La dirección artística es tan modesta como brillante. Las
transparencias ejemplares.
En medio de este virtuosismo formal tenemos la escena, de
conflicto matrimonial, donde vemos al gato al fondo, agigantado, el
protagonista encogido, en medio, y a la mujer entrando en primer plano en el
encuadre. La integración en un mismo plano de los tres tamaños distintos. Una
auténtica virguería para la época. Además desde la dirección se potencia el
empequeñecimiento de Scott con contrapicados desde el punto de vista de él, que
engrandecen a Louise y picados desde el punto de vista de ella, que lo
minimizan más aún.
Una relación deteriorada.
Detalles de planificación excelente, como ese cacho de
bizcocho que deja Louise mientras trabaja en un vestido que posteriormente
será el principal objetivo y sentido vital de Scott. Un plano desconcertante de
inicio, un inserto que parece gratuito y que posteriormente cobrará toda la
importancia del mundo.
Su condición de freak, subrayada con la feria por la que
pasea, su asimilación, su reflexión, la conciencia del deterioro de su
relación. Un sufrimiento continuo que tendrá un breve alivio en su relación con
Clarice Brown (April Kent), una enana que trabaja en la feria. Scott ve en ella
a un igual, pero contrasta su proceso de asimilación con el que ella tuvo, al
nacer así su adaptación fue menos traumática. Esto realza lo comentado antes
sobre la necesidad de adaptación y la misma como la clave de la supervivencia.
Clarice se asemeja a la araña que se encontrará Scott en el futuro en que no se
plantea las cosas como él. Ellas no han debido adaptarse del mismo modo, siendo
por tanto situaciones menos traumáticas, aunque Clarice también tuviera que
pasar su proceso.
Los juegos de perspectiva en la casita de juguete con un
micro Scott en su interior son casi un homenaje al propio cine y sus trucos.
Grandes momentos.
La cinta va a girar y convertirse en una pesadilla para
Scott, una segunda parte negrísima y agobiante al máximo. ¿Por qué da más miedo
ese gato agigantado que cualquier monstruo de película fantástica? La respuesta está en el componente cotidiano, la perversión de lo inocente, de lo
intrascendente en apariencia. Todo esconde un lado amenazante, cuando se lo
descubrimos a lo que aparentemente no lo tiene el impacto es mucho mayor. El
manejo de lo cotidiano (tijeras, pedazos de bizcocho, hilos y agujas…), es también sublime y magistral.
La película se convierte en una cinta de acción, terror y
aventuras, el suspense con el gatito es insoportable por momentos, su aparición
gigantesca a la puerta de la casa donde se esconde Scott es terrorífica e
icónica de la historia el cine. Así mismo las escenas en el sótano son puro
cine, puro talento visual, sin diálogos, sólo acompañada por una voz en off que
nos explica el estado psicológico del personaje, porque no hace falta en
absoluto para entender lo que pasa en la narración. El terror y la aventura
minimalista, la claustrofobia y el suspense, que contrasta con la escena
inicial, que como ya comenté era en unos luminosos exteriores.
Arnold demuestra un sorprendente virtuosismo en la
dirección, es asombroso su magnífico uso de las panorámicas descriptivas para
mostrar las dificultades y el recorrido que deberá superar Scott para lograr
sus objetivos, acciones cotidianas elevadas a aventuras increíbles.
Brillantísimas escenas de suspense y acción con una caja de
cerillas, una pequeña inundación, unas agujas, unas tijeras, unos hilos, un
cacho de bizcocho, unas gotas de agua… una araña.
Si terrorífico es el gato ¡qué decir de la araña!, protagonista de terribles momentos y pesadillas en la infancia de muchas personas. Inolvidable.
Kafka y “La metamorfosis” están íntimamente relacionados con
este relato, si bien cada uno realiza reflexiones distintas, la idea de la
transformación, de la posible desnaturalización de la persona y la
personalidad, la dependencia, el sentido de la existencia, la naturaleza
verdadera de los afectos… están presentes en ambos.
La última escena, con esa voz en off que habla a Dios y las
estrellas, se sale de alguna manera del tono del film, y aunque da reflexiones
interesantes no parece encajar del todo, aunque cierra el círculo de manera
perfecta con respecto a la evolución de Scott. “El increíble hombre menguante”
se erige con este discurso final en una gran reflexión sobre la existencia, que trasciende a la identidad, la muerte y lo físico. Sobre la verdadera
dimensión del hombre.
El componente intelectual y cultural es básico e inherente
al ser humano, contrasta con el impulso meramente instintivo del animal, pero
ese componente instintivo también lo poseemos. Cuando a Scott se le usurpe todo
su mundo, cuando sus desarrollos intelectuales, su trabajo y aficiones le sean
arrebatados los elementos instintivos cobrarán mayor importancia. Su lucha por
sobrevivir, por comer o beber serán su dedicación, pero una dedicación para la
que pondrá en liza también su cultura e intelecto, sólo que aplicado a
circunstancias más básicas. El sentido de la vida es…vivir.
La adaptación.
La cinta tiene sus defectos en determinadas licencias con el
físico y las capacidades de Scott, así como la poca búsqueda que la mujer hace
de él creyendo que el gato se lo comió, pero se pasan por alto ante lo que
verdaderamente importa.
Una obra de arte de increíble sencillez, narración precisa y
escueta, sin adornos ni vulgaridades. Absolutamente recomendada.
































