Otro de los momentos más recordados de “Con la muerte en los
talones” es la escena de la subasta. De la espectacular demostración de ingenio
repleta de acción con que nos deleitó Thornhill a cielo abierto, pasaremos a
otra demostración de ingenio, en este caso más verbal y en un lugar reducido
sin aparente salida con la misma misión, huir y salvar la vida. Un ingenio
desbordado, alcanzando el cénit, con un sentido del humor como sólo Cary Grant
sabe dar. Hitchcock fusionando todos los elementos, inteligencia, suspense,
ingenio, humor…
“Con la muerte en los talones” es una cinta
extraordinariamente técnica, donde cada plano, encuadre y movimiento de cámara
están muy medidos, cuidados y tienen una intención muy definida, tanto
narrativamente como a nivel de significación.
-La escena comienza con un plano corto, algo muy habitual en
Hitchcock, como he ido comentando. Una siniestra mano en una nuca, la siniestra
mano de Vandamm (James Mason) en la nuca de Eve (Eva Marie Saint), que sin más
elementos logra transmitir increíblemente la dominación, miedo y amenaza que él
ejerce sobre ella. Esta es la definición de poder visual, un solo plano que
explica en qué se fundamenta la relación de dos personas.
-Desde ese plano de la mano en la nuca, Hitchcock hará un
travelling de retroceso para que veamos a quien pertenece dicha mano. En ese
movimiento de cámara está contenida toda la filosofía narrativa de la propia
película, su misma estructura, de algo mínimo y concreto (una mano en una nuca
o una confusión en un restaurante) a ir desvelando respuestas y descubriendo
toda la información según se abre el plano o avanzamos en la narración
siguiendo a Cary Grant, encontrando explicación a todo. Un plano que se abre
para mostrarnos a donde iba y con quien la buena de Eve.
-La idea de ver a Eve Kendall en una subasta junto a
Vandamm, su primera escena juntos, no es en absoluto gratuita, de nuevo
Hitchcock juega con los escenarios de forma simbólica. Ella es para él otro
trofeo más, como se aprecia en la actitud dominadora que ejerce, de pie en
plano de superioridad agarrándole el cuello, como si fuera un perrito al que
hubiera que mantener atado, mientras ella se mantiene sumisa, sentada, en plano
de inferioridad. De hecho, Thornhill se referirá a ella como una escultura
explícitamente.
-Los celos, el amor y el despecho, son poderosas
motivaciones para Thornhill, que no dudará en dar la cara, dejarse ver y
reprochar la actitud a su amada delante de su amante al sentirse traicionado.
La tradicional decisión de los personajes hitchcockianos.
“El trío de la cordialidad. Arrancado de un poema de Edgar
Allan Poe”.
-La mano en la nuca es la clave de la puesta en escena de
Hitchcock en esta secuencia, puramente hitchcockiana además. Un elemento
concreto al que se da especial relevancia desde el mismo inicio, es el plano
inicial de la secuencia, que le servirá para retratar los sentimientos y
variaciones que van sufriendo los personajes en sus relaciones según se van
desvelando claves. Uno de los momentos más increíblemente soberbios y sutiles
de la escena, es cuando Vandamm pasa de las caricias cariñosas y dominadoras
sobre el cuello de Eve a retirar su mano de él, tras el comentario de Thornhill
sobre su relación con ella y la “entrada libre en su habitación de hotel”…
Decepcionado con su perrito. Es escalofriante el miedo que llega a producir ese
sencillo gesto, perfectamente visualizado en el rostro de ella y gracias al
sofisticado trabajo de un inconmensurable James Mason, capaz de imponer ese
temor de la manera más sutil y elegante.
-Leonard: ¿Estaba en su habitación?
-Thornhill: ¡Claro! ¿No es entrada libre?
-Eva Marie Saint está magnífica en esta escena, sus ojos
vidriosos, encajando las duras, despreciativas y humillantes palabras de Cary
Grant, nos dicen todo lo que bulle en su interior, todo lo que siente por él.
Del mismo modo, su tensa actitud inicial delatan su miedo a Vandamm y a su
desconfianza.
-Vandamm se recompondrá con clase de las indirectas y las
ironías del despechado Thornhill en un duelo dialéctico de altura, tocándole la
fibra por su relación con Eve. Thornhill apelará a lo personal con respecto a
Eve mientras Vandamm intenta mantener la concentración para conseguir una pieza
concreta en la subasta. El macguffin hitchcockiano que oculta un valioso
microfilm y del que tenemos noticia por primera vez a la hora y media de
narración. Maravilloso. Siempre
siguiendo los descubrimientos y punto de vista de Cary Grant.
-Thornhill: En su opinión el papel que me va mejor es el de
difunto, en ese le gustaría.
-Vandamm: Su próximo papel. Estará muy convincente, se lo
aseguro.
-Hay varios planos enfáticos sobre Vandamm (James Mason), de
forma que se resalta su creciente desconfianza en Eve. Uno de ellos será un
travelling de acercamiento que lo aísla en el plano del trío donde Eve se
revuelve hacia Thornhill, con lo que queda claro que acaba de comprender que
hay algo entre ellos. Hitchcock sitúa la cámara de forma adecuada con un
travelling semicircular anterior al de acercamiento hacia Vandamm, en lo que es
una planificación de la puesta en escena perfecta. Detalles de maestro del
cine.
-Tras la intensa conversación llega la hora de sacar a
relucir el ingenio, planear la evasión, en un giro de guión deslumbrante y
repleto de humor, con un Cary Grant en su salsa, exudando clase y elegancia
hasta el paroxismo. También descubriremos al jefe de la CIA observándolo todo.
-Cary Grant esta sublime durante toda la película, pero el
abanico de registros que muestra en esta secuencia es deslumbrante. Perfecto y
contenido en su dolor, un rostro serio, contundente, agrio en los momentos más
dramáticos al sentirse traicionado por Eve. La tensión y el temor también se
reflejarán en su rostro cuando pretenda huir y vea las salidas cubiertas por
asesinos y la amenaza de un cuchillo en su espalda, pero todo finalizará con un
derroche cómico cuando comience su plan de evasión, su gran “actuación” ante
los directores de la subasta. Un ejemplo de por qué no sólo era el mejor actor
de comedia, sino de cualquier género que le pusieras por delante.
-El manejo del punto de vista de Hitchcock en esta escena
vuelve a ser ejemplar. Desde el punto de vista subjetivo de Cary Grant, que se
hace sitio a lo bruto en las butacas de la sala, sabremos donde está situado
cada personaje y cada elemento de la escena, por ejemplo cuando vemos salir a
Vandamm con Eve.
-Los hilarantes momentos donde Cary Grant se desmelena en
una sublime locura son inolvidables y deja perlas en forma de diálogos para
troncharse. Podéis observar que la señora sentada al lado de Cary Grant se lo
está pasando en grande con él. También veremos como la seguridad del esbirro
Leonard (Martin Landau) se va resquebrajando ante la surrealista puja que va
protagonizando Thornhill. Momentos de humor excelso.
“Tres dólares”.
-Señora: Una cosa sabemos, usted no está falsificado. Usted
es idiota.
-Thornhill: Gracias.
-La sonrisilla de complacida satisfacción cuando ve que
están llamando a seguridad de Cary Grant es otro de esos detalles que nos deja
este maravilloso actor, y nos recuerda a la que le vimos en la escena de la
avioneta cuando al esconderse en el
maizal su amenaza pasó de largo. Lo curioso es que a pesar de esto seguirá
haciendo chistes e incluso montará una trifulca, en una manifestación de puro
exhibicionismo gratuito, un rasgo definitorio del personaje, como hemos ido
viendo a lo largo de la narración, y que queda perfectamente retratado en esta
maravillosa escena.
“Hágalo a 2500”.
“¿Por qué han tardado tanto?”
“No, no, un momento, aún no he terminado de pujar. ¡3000,
ofrezco 3000!”
“Lo siento amiguito, siga probando.”
“Con delicadeza, guardia. Soy un objeto de valor.”
Por sentido común e incluso lógica, los villanos deberían
suponer o sospechar que están equivocados con respecto a Thornhill, ya que si
éste fuera un agente secreto con ir voluntariamente a la policía o a su agencia
sería suficiente, en cambio su comportamiento no tiene sentido y menos cuando
se muestra ante ellos de forma tan descarada. El caso es que los malos siguen
creyendo que miente y es George Kaplan.
El camino hacia la comisaría será interrumpido y desviado hacia el aeropuerto por el jefe de la CIA que vimos en la subasta. Allí le desvelará a nuestro protagonista que George Kaplan no existe, pero la excusa para la oportuna intervención en ese momento no resulta convincente, sobre todo cuando habían decidido no intervenir, proteger la fachada de Eve Kendall, que es agente del gobierno. Teniendo esto en cuenta, era factible que hubieran intervenido antes para evitar problemas al pobre Thornhill. Es extraño que Thornhill diga que no quiere hacer de señuelo para que no descubran a un agente secreto porque él no sabe que ese es el motivo, ya que nadie se lo explica, nadie le dice a Thornhill que Kaplan era una mascarada para proteger a otro agente real, por lo que la deducción de Thornhill resulta excesivamente lúcida… Supone demasiado antes las explicaciones que le dan (esto lo justifica Hitchcock con el momento donde la conversación es ocultada por el ruido de motores de aviones, donde se daría dicha explicación, aunque en la versión doblada esto no es así). Ciertas lagunas en esta conversación donde se explica todo de nuevo, haciendo que aquella escena insertada en un despacho de la CIA sea más innecesaria. Sutil es el gesto de circunstancias y la pausa de Cary Grant cuando el agente de la CIA le explica que Eve es la novia de Vandamm. Mayor impacto sufrirá, resaltado con un travelling de acercamiento a primer plano y su rostro iluminado, cuando se entere de que Eve es, en realidad, un agente secreto y todo lo que hizo lo hizo obligada por las circunstancias. Ya son tres las identidades distintas de Eve. Será el impulso definitivo para que nuestro héroe acepte colaborar.
“Calma señor mío y escuche. Soy agente de publicidad, no un
perro vagabundo. Tengo un cargo, una secretaria, una madre, dos ex esposas y
varios bármanes que dependen de mí. No pienso defraudarles metiéndome yo mismo
en la ratonera”.
“Sí, por utilizar sus atractivos con premeditación y
alevosía."
El monte Rushmore en primer plano, ya estamos allí,
planeando la mascarada para recomponer la confianza de Vandamm. Thornhill
recibirá los halagos del agente de la CIA (Leo G. Carroll) y no podrá disimular
su satisfacción por todo lo que le explica de Eve, a pesar de los problemas en
los que le ha metido. El amor.
Podremos disfrutar de nuevo de una conversación entre Cary
Grant y James Mason, en una puesta en escena repleta de detalles. Leonard
(Martin Landau), de fiel protector. Da gusto y placer físico ver andar a Cary
Grant. Veremos en plano general al “Profesor” junto a Eve, en un gran detalle,
ya que deducimos que están hablando del plan…
Thornhill propondrá un trato a Vandamm, hacer la vista gorda
con sus planes a cambio de la chica, aunque no para tenerla, sino para
castigarla. La mirada nerviosa y fugaz de Thornhill al “Profesor” (Leo G.
Carroll) cuando Eve amenaza con irse es un pequeño detalle para engañar al
espectador, para que piense que el conflicto es verdadero y hacer más
sorprendente la supuesta muerte de Thornhill a menos de la bella agente doble. Por
supuesto será el agente de la CIA el que compruebe y se lleve de allí el cuerpo
de Thornhill para confirmar su muerte y certificar el engaño. Todo esto debería
confirmar la lealtad de Eve hacia Vandamm.
En el encuentro entre Thornhill y Eve, Hitchcock recurrirá a
uno de sus clásicos rasgos de estilo, el plano corto que se abre desde
Thornhill para que la veamos a ella, de la parte a la comprensión total. Frente
a frente, como vimos al protagonista con el hombre que esperaba el autobús en
la escena de la avioneta, pero en esta ocasión con tono romántico y redentor.
Los dos se irán acercando y Hitchcock pasará a una planificación
distinta, en plano y contraplano, y luego en plano medio incluyendo a los dos
en el encuadre. De la frialdad y distancia inicial, la timidez incluso, a los
planos más cercanos conforme evolucione la conversación. Planos y contraplanos
más cercanos para la historia sobre su pasado que cuenta Eve, su dura vida, su
historia con Vandamm y su reclutamiento por la CIA. Fundidos en un abrazo se
declararán su amor, reduciendo por completo su distancia finalmente.
-Thornhill: Siempre es bonito.
Asistiremos a todo esto con el monte Rushmore al fondo, como
una amenaza latente.
-Eve: ¿Del lado de quién estás?
-Thornhill: Del tuyo siempre, cariño.
Eva Marie Saint vuelve a estar magnífica en su emoción casi
incontenible de ojos llorosos. Sabe que su misión no ha terminado, un trabajo
que la hace sentir importante aunque resulte indigno para ella. Su conflicto
emocional viene dado cuando ve lo que significa para Thornhill, ahora le
resulta importante a alguien de verdad, que la valora por sí misma. Huye de
allí por la debilidad que le causan sus sentimientos, que podrían hacerla
zozobrar en su obligada misión.
Thornhill, por su parte, es un individualista, como ha
quedado demostrado, por ello, tras ser noqueado, huirá para enfrentarse en
soledad a la misión de rescatar a su amada, buscando lo mejor aunque todos se
opongan. Tiene una hora. La broma sexual al escapar de su habitación de
hospital, de nuevo utilizando su ingenio, es estupenda.
-Thornhill: Perdone señora…
-Señora: Deténgase (con dulzura ahora).
-Thornhill: Ahhh.
Dedicada a los que jamás subastan sus principios y valoran el talento.
Después de dejarme anonadada y tremendamente abrumada con el magnífico detalle con que relataste la escena de la "avioneta" hoy llegamos a otro punto colosal. La subasta, la escena de las miradas...de las miradas duras, firmes...de esas miradas que fulminan...y, que decir, del gesto casi inhumano, pétreo de la genial Eve...
ResponderEliminarYa te comente ayer que no me quedan adjetivos para calificar adecuadamente la magnitud de tu análisis, la calidad de tus apreciaciones y el enorme regalo que a los espectadores nos estas haciendo con esta tesis doctoral en la que se ha convertido este maravilloso y soberbio análisis. Así que cuán profesor de universidad evaluare esta tesis con un docena de Cum Laude.
Lo único que me entristece que es vamos llegando al final...y como en los romances...ya nada será igual después de este análisis...otros vendrán...pero nunca será igual.
Querido Sambo decir cine es ya decir tu nombre.
Agradecimiento humilde una vez más por darme el honor inmerecido de poder leerte.
Un beso
Abrumado quedo yo con estas palabras, Sara!!!! De honor inmerecido nada, es un honor verte por aquí siempre, y un orgullo.
EliminarMe alegra enormemente que lo estés disfrutando tanto y que el análisis esté teniendo tan buena acogida. Satisface mucho.
Un beso enorme para ti.
Poco más se puede decir a lo ya dicho.
ResponderEliminarEstupenda manera de llevarnos a los lectores por las escenas. Sin prisas, con minuciosidad pero con una pedagógica frescura que permite aprender dejando que la información fluya por los canales del disfrute del buen cine, a partir de un texto ligero sin perder profundidad y unos fotogramas clave, como un mando en pausa donde conviene fijar la atención.
Me admira.
Y, sí, esta peli está siendo especialmente buena. La conoces como la palma de tu mano, y nos estás regalando en cada entrega todo lo que hay que saber, habiendo trabajado a fondo back office para que esté recopilado.
Eso es lo que hacen los maestros de vocación. Los que marcan y no se olvidan.
Como Cary, haces q todo fluya como si eso fuera lo natural para dejarlo al alcance de tus lectores.
Queda poco ya para sentir ese efecto de vacío que deja lo bueno cuando se acaba. Pero jugamos con la ventaja de poder releer. Mientras, disfrutemos, que nos lo pones muy facil.
Muchas gracias por compartir generosamente con nosotros tus conocimientos y talento.
Siempre lo he dicho, haces que el placer de una afición, que es el cine, se enriquezca de forma placentera con conocimientos.
Así que gracias de corazón.
Nos vemos en la siguiente.
Bss,
Es duro fijar los fotogramas, por la enormidad a la que me lanzo, haciendo capturas sin medida ni pereza. Es un trabajazo que me mata, ciertamente jejeje
EliminarPero luego llega este reconocimiento y merece la pena. Me alegra eso que comentas, que se sienta que una vez leído estas ideas y argumentos se hacen de uno, como si los recordara, y cite como si de suyos propios fueran, por ejemplo, aunque los leyeran aquí.
Muchas gracias, quedo enormemente agradecido y orgulloso por tus palabras y por como va quedando todo.
Un besazo.
Bueno, SrSambo, se va acercando el final. Después de las loas escritas por Dña. Sara y Dña. Menuda, ya no se que decirle. Algo tiene Ud. con las féminas que las tiene embelesadas, será por su foto en el Twitter, ya que mas guapo no se puede ser.
ResponderEliminarLa sexta parte, tan estupenda como las anteriores, desmenuzando esos pequeños detalles que distinguen a los grandes del resto.
La escena de la subasta es un clásico del cine, como la anterior de la avioneta. A mí, particularmente me parece la de la avioneta la mejor escena de la película. Hitch es un director de "imágenes" más que de "diálogos", y la película entera son una sucesión de imágenes con excelentes diálogos entrelazados. Desde los magníficos títulos de crédito de Saul Bass con esas líneas entrelazadas que dejan paso a la superficie acristalada y cuadriculada del edificio CIT en Manhattan, ya sabemos lo que nos tiene preparado Hitch para el resto de la película.
Esos momentos de diálogos inteligentes, cómicos, atrevidos, sensuales e incluso sexuales. El momento de la subasta tiene un poco de todo: tensión, dominación y comicidad a raudales. El maestro nos hace pasar un buen rato para desengancharnos de todo lo que llevamos de película y también para prepararnos para el epílogo.
SrSambo se supera Ud., da gusto leerle cada día. La pena es que mañana se acaba, pero sepa Ud. que nosotros siempre estaremos ahí.
Un abrazo.
Jajaja ya sabe usted, Don Manuel, a los galanes nos sale natural jajaja.
Eliminar¿Para qué elegir? Hitchcock se lo pasa en grande, plantea dos situaciones aparentemente irresolubles, opuestas, y las sublima, una en plan espectacular y la otra en plan minimalista. Puro goce cinematográfico.
Reitero mis agradecimientos, es un honor tener esta fidelidad en la lectura y estos amables comentarios, mañana será la última, pero vendrán más!!
Yo intentaré corresponder esa fidelidad. Un abrazo fuerte, amigo.