Son muchos los
defectos que tiene la cinta, fácilmente discernibles y que son muy interesantes
a nivel didáctico, cinematográficamente hablando.
El guión tiene enormes
fisuras y torpezas que llaman mucho la atención, más viniendo de alguien que
cuida tanto los textos como Christopher Nolan. Da la impresión de que o se hizo
con prisas o quizá se cambiaron ciertos aspectos a última hora por algún motivo,
pero lo cierto es que hace aguas por muchos sitios y de formas muy diversas. Un
guión muy enrevesado, con demasiadas cosas cogidas con alfileres. Muchas de
estas lagunas los más acérrimos harán malabarismos para encajarlas, pero
poniendo todo de su parte, o sea inventándoselo, opciones que podrán ser más o
menos plausibles pero que no evitan el resultado artificioso general, algo que
contrasta con las dos anteriores de la saga. En las anteriores entregas, salvo
algunas cosillas, todo funcionaba con naturalidad, algo que aquí no acaba de
apreciarse, todo es muy rígido, encorsetado para que funcione y como metido con
calzador.
Nolan acumula una
enorme cantidad de personajes y es fácil prever que muchos no estarán a la
altura. Nos satura y desvía nuestra atención con pequeños personajes que parece
van a ser importantes en ese entramado empresarial-financiero, que constituye
algunas líneas de la trama, para desaparecer sin más, cuando el resultado habría
sido el mismo de una manera mucho más sencilla y directa, sin desviaciones. El
problema es que no sólo son personajes muy secundarios sino otros que parecen
importantes para no serlos o indispensables para decepcionarnos por su falta de
desarrollo. El congresista (Brett Cullen), Miranda (Marion Cotillard), Foley
(Matthew Modine)… Unos no se desarrollan por ser metáforas que sobran
completamente, otros porque su desarrollo supondría desvelar claves… pero todo
ello redunda en el mencionado artificio y rigidez del entramado. Claros
defectos.
Otro defecto muy
evidente es que Nolan sigue mostrándose tremendamente incómodo en las escenas
de acción, no se le ve suelto, y eso que la inicial es espectacular y en
“Origen” (2010) nos dejó una para la antología del cine. El hecho es que las
rueda mal, son tremendamente sosas, y tópicas, confusas, con cambios de planos
continuos que no dejan apreciar qué sucede en las peleas o con planos
excesivamente cercanos que provocan lo mismo. Abuso de los planos cortos…
Ejemplos muchos, desde la pelea a dúo entre Batman y Catwoman en un tejado a la
final entre Batman y Bane.
Nolan se muestra torpe
en muchas de las escenas de acción, pero la pelea donde Batman es vencido por
Bane, la potencia visual, la sensación de amenaza y fatalidad, así como la gran
idea de no utilizar música, hacen de ella una de las más destacadas. Hubiera
gustado ver a un Batman que se impone de forma más contundente a su rival posteriormente. También es cierto que nuestro héroe da una buena tunda al villano en este primer enfrentamiento, que se
beneficia de que ni siente ni padece para acabar derrotando a su rival.
Algunos de estos
defectos se habían insinuado en películas anteriores pero quedaban bien
engarzados o justificados en la trama, como el exceso de verbalización o las
elipsis en “Origen”. Aquí en cambio esos defectos muestran su peor cara. El
extensísimo discurso de Bane, que hay que amenizar con un montaje paralelo,
podría haberse reducido enormemente, además de que resulta inverosímil que por el
hecho de que un terrorista lea unas cosas acusando a alguien (Gary Oldman), la gente se lo
vaya a creer. Bien es cierto que salvo a Robin, no vemos a nadie más que dé
pábulo a ese discurso. Otro ejemplo de verbalización que lastra la narración es la
mediocre escena donde se desvela la identidad de Miranda, con el cuchillo
clavado y, como en los peores thrillers, contándole los secretos al héroe para
que le dé tiempo a salvar a todos, además su eterno discurso con el cuchillo clavado
en el hombre murciélago subraya el flashback que vemos en imágenes, otro error
por redundante. Nunca hay usar una voz over sobre lo que ya vemos en imágenes.
Excesivamente tópico y artificioso.
Toda la trama sobre el
sometimiento de Gotham por los hombres de Bane es redundante, se le da excesiva
importancia a cosas que quedan claras hurtando otras que nos interesarían más,
no hace falta ver a Bane dos o tres veces en un juicio para captar lo que se
hace, no hace falta ver hasta tres escenas de juicios para entenderlo, todo eso
podía concretarse en una escena.
Son múltiples también
las incoherencias o licencias que usa la película en el transcurrir de su
trama. Escenas como la evasión del edificio de la bolsa, una escena donde
muchos han querido ver una apología contra los bancos, cuando acaba
convirtiéndose en justo lo contrario, contra la demagogia de los que pretenden
su hundimiento, resultan muy artificiales, no ya por la evasión en sí con las
motos y rehenes como escudo que salvan toda la vigilancia sino por la
incomprensible decisión del jefe de policía, Foley, de que todo el cuerpo,
absolutamente todo, se dirija en persecución de un reaparecido Batman, dejando
a su aire a quien acaba de asaltar el edificio. Una decisión que tiene un eco
que roza ya el ridículo cuando
introducen, de nuevo, a todo el cuerpo de policía en unos túneles, un
plan previsto por el malísimo Bane, para sepultarlos allí y que la ciudad quede
desprotegida… Nadie en su sano juicio haría tal cosa. Este tema del cuerpo
policial sepultado ha dado bastante que hablar, y con razón, ya que tras su
largo tiempo de encierro, salen de allí como si nada, dispuestos al combate sin
el más mínimo asomo de suciedad o deterioro físico y en plena forma para
embarcarse en una guerra de guerrillas.
Otro detalle
desconcertante es la entrada de Bruce Wayne en Gotham tras su encierro. Nolan
nos hurta de manera lamentable lo que de verdad queremos ver, cómo Batman se prepara
y en base a su ingenio e inteligencia se pone al nivel físico, psicológico y
logístico. Resulta que en una ciudad cerrada y sitiada, de donde nadie puede
salir, de hecho resulta extraño no ver a nadie intentándolo, de donde para escapar
sólo hay un camino, el mar de hielo al que condenan en los juicios, el llamado
“éxodo”, de repente vemos a Bruce Wayne, que ha escapado de su prisión sin
vigilancia en una ciudad del Oriente Medio, aparecer de la nada ya dentro,
además aparece en un callejón donde está
Catwoman, que se dedicaba por allí a resolver rencillas de chavales. El uso de
la elipsis de Nolan para resolver agujeros de guión. Cualquier teoría sobre
cómo entró me vale, pero tenemos que verlo o que nos lo expliquen al menos.
Tampoco me vale que Batman haga cuatro abdominales y cinco fondos en su prisión para
mostrar su recuperación física. Queremos ver si es capaz de enfrentarse a Bane
físicamente con una prueba anterior, verle prepararse a lo bestia, el tema de
perder el miedo es muy poético y muy bonito, pero no nos engañemos, que Batman
no logre lo que sí hizo una niña es, cuanto menos, cuestionable. No sabemos si
Wayne conserva el aparato que le ayuda a superar su ausencia de cartílagos en
las piernas en su encierro. Vimos su preparación en la primera parte, aquí se
le plantea un nuevo reto y el seguidor de Batman espera algo más que lo que ve
en el agujero. Especialmente cuando es sustituido por escenas reiteradas del
sitio a Gotham.
Continuando con los
momentos en el agujero, Bane dice que su prisión era muy oscura, que se moldeó
en la oscuridad, desde luego no sé lo dura que será esa prisión, pero es
cualquier cosa menos oscura. Otro aspecto cogido con alfileres es la torpeza de
Bruce Wayne para no darse cuenta de que el prisionero que le ayuda no puede
referirse a Bane como el niño que escapó. Desde luego es retorcido que no sea
claro, se supone que por desconocimiento, con eso juega Nolan en su artificioso
guión, pero es que llega a decir expresamente que el niño tenía un protector,
que los presos se lanzaron a Bane, que la máscara le ayuda a no sentir dolor,
de ahí su gran poder… Difícilmente podía ser un niño. Otro detalle más, que te
coloquen una vértebra de la espada de un puñetazo debe ser medicina muy
especializada.
Otro detalle que
indica bastante dejadez con respecto a la elaboración del guión es el uso
descontrolado del recurso del “Deus ex machina”, es asombrosa la cantidad de
escenas que Nolan resuelve así, algunas seguidas, con un Batman que parece poder
estar en todas partes a la vez, algo que también le ocurre a Bane. Como punto
culminante tenemos la decepcionante muerte de Bane, con Catwowan haciendo las
veces de “Deus ex machina”, por esa manía de Nolan de que Batman nunca mate a
nadie…
Miranda, la mala malísima,
como se verá al final, descubre que Bruce Wayne ha vuelto a Gotham antes que
Bane, resulta que está presa por éste, pero aún así el villano se sorprende al ver el
símbolo, la comunicación entre los dos malotes no es muy fluida.


Otro aspecto incómodo
es la extraña fidelidad de los miembros de la Liga de las Sombras a Bane.
Podría asumirse como una regla de Nolan a la película, estilo las que crea en
“Origen”, donde una panda de locos están dispuestos a todo para destruir Gotham, y el espectador intentaría asumirlo. Se ha entendido como una crítica a los
fanatismos religiosos y cosas parecidas, pero la Liga de las Sombras no
consistía en eso. La Liga de las Sombras pretende destruir civilizaciones
decadentes, las más poderosas, pero en ningún momento hay referencias
religiosas que justifiquen fanatismos ni se menciona la inmolación como un
rasgo de ellos, es más, en ningún momento pretenden desaparecer, destruyen y se
marchan. Resulta extraño que se pidan sacrificios y nadie cuestione tal hecho y
que todo un ejército, incluidos los mandamases Miranda y Bane, estén dispuestos
a morir cuando podrían escapar… No se entiende con qué función, es un
batiburrillo confuso en esa crítica que parece querer mostrar Nolan. La Liga de
las Sombras tiene la voluntad y los medios para destruir Gotham, no hacen falta
esos sacrificios rituales. Estos aspectos estaban mucho más cuidados en cintas
anteriores donde las fidelidades se compraban con sobornos e implicaban una
serie de actos concretos. En la primera cinta jamás se habla de sacrificio ni
inmolaciones, Nolan, que pierde el tiempo en otras cuestiones, debería, al
menos, haber desarrollado más este aspecto. En cualquier caso si el espectador
admite la regla encontrará satisfacción en esa referencia a los fanatismos
descerebrados y llenos de demagogia anticapitalista que acabaron atentando
contra Nueva York, por ejemplo. Al fin y al cabo lo que pretenden es lo mismo,
destruir esta civilización.
Son muchas tonterías,
muchas incoherencias, muchos elementos cogidos por los pelos, en esa rigidez de
la que hablaba, para que todo encaje. La cuestión es que a pesar de todo, su
estructura es una maravilla narrativa y su poderío visual y oscuridad
conceptual, esa sensación de amenaza y apocalipsis, se mantiene presente como en
la primera entrega. Una película notable.
Todos estos errores y
defectos son muy interesantes a nivel cinematográfico para darse de cuenta de
en qué consiste una buena estructura, donde se encuentran defectos habituales de
guión, para una mejor comprensión del lenguaje cinematográfico, pero a nivel
efectivo, con respecto a la película en sí, son defectos que no resultan
esenciales, nos dejan un regusto amargo con respecto a la historia pero no
afecta al fondo último de la cinta, que es lo principal.
Entre sus referencias
tenemos dos cómic de manera principal, ”Knightfall” o “No Man’s Land”
además de las referencias en tono y demás aspectos comunes a la trilogía de las
creaciones de Frank Miller y Alan Moore. Aparte de las referencias típicas al
cómic, se ha mencionado a “Historia de dos ciudades” de Dickens como uno de los
referentes, la visión nada positiva que de la revolución francesa dio el genio
inglés. Una idea acertada en esa revolución que pretende Bane y Miranda con su
demagogia y confusión intelectual a la que Nolan mira también con mucho
desprecio. “Metropolis” (1927) de Fritz Lang, también parece un referente
tenido muy en cuenta por Nolan.
Esta mirada de Nolan pasará desapercibida o se
malinterpretará a conveniencia, pero es verdaderamente brillante y valiente,
completamente a contracorriente. Uno de los grandes logros no ya de la cinta,
sino de la trilogía.
Otro detalle interesante es la idea que se menciona en el
agujero de que el niño que escapó lo hizo por haber sido forjado en el
sufrimiento, en referencia a Bane, pero desmentir luego que se trate de él. El
hombre de privilegios también logrará salir, pero no por el tópico mencionado,
sino por la idea del todo o nada.
El epílogo, que
también ha tenido muchos detractores, me parece un acierto más, toda la
historia de Alfred con respecto a Bruce, y el aparente relevo del héroe, son un
verdadero acierto.
La exigencia era
máxima, las dos cintas anteriores son referentes del cine de superhéroes, quizá
de los títulos más prestigiosos, y por ello cualquier bajón o defecto iba ser
mirado con lupa o llevar a la decepción. Aquí nos hemos explayado con muchos de
sus defectos, hay más, pero ello no debe ocultar la brillantez de la trilogía y
de este título en concreto, inferior pero notable.
La trilogía sobre
Batman de Christopher Nolan es un referente indiscutible, se la ha comparado
con la de “El padrino”, no poniéndola a su altura, sino como ejemplo, cada una en
su género. Si bien es cierto que esta tercera presenta muchas fisuras en su
trama, los pilares sobre los que se asienta son tan brillantes y sólidos que
aguanta defectos en su historia. Una trilogía muy importante en la carrera del
director porque le ha ayudado a definir su estilo visual. Conste que los
pilares mencionados no son simplemente visuales, eso es sólo un añadido más, la
importancia por los personajes, y las historias, por la coherencia y la
profundidad es lo que hace que una película imperfecta como esta tercera
entrega acabe resultando notable, se tenga en pie. Sean exigentes, disfruten de
las interioridades del cine en sus defectos y de una película que cierra una
trilogía ambiciosa y con talento.




















































