Mostrando entradas con la etiqueta Marion Cotillard. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marion Cotillard. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de octubre de 2012

Crítica: EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE (2012) -Última Parte-

CHRISTOPHER NOLAN










Son muchos los defectos que tiene la cinta, fácilmente discernibles y que son muy interesantes a nivel didáctico, cinematográficamente hablando.

El guión tiene enormes fisuras y torpezas que llaman mucho la atención, más viniendo de alguien que cuida tanto los textos como Christopher Nolan. Da la impresión de que o se hizo con prisas o quizá se cambiaron ciertos aspectos a última hora por algún motivo, pero lo cierto es que hace aguas por muchos sitios y de formas muy diversas. Un guión muy enrevesado, con demasiadas cosas cogidas con alfileres. Muchas de estas lagunas los más acérrimos harán malabarismos para encajarlas, pero poniendo todo de su parte, o sea inventándoselo, opciones que podrán ser más o menos plausibles pero que no evitan el resultado artificioso general, algo que contrasta con las dos anteriores de la saga. En las anteriores entregas, salvo algunas cosillas, todo funcionaba con naturalidad, algo que aquí no acaba de apreciarse, todo es muy rígido, encorsetado para que funcione y como metido con calzador.

Nolan acumula una enorme cantidad de personajes y es fácil prever que muchos no estarán a la altura. Nos satura y desvía nuestra atención con pequeños personajes que parece van a ser importantes en ese entramado empresarial-financiero, que constituye algunas líneas de la trama, para desaparecer sin más, cuando el resultado habría sido el mismo de una manera mucho más sencilla y directa, sin desviaciones. El problema es que no sólo son personajes muy secundarios sino otros que parecen importantes para no serlos o indispensables para decepcionarnos por su falta de desarrollo. El congresista (Brett Cullen), Miranda (Marion Cotillard), Foley (Matthew Modine)… Unos no se desarrollan por ser metáforas que sobran completamente, otros porque su desarrollo supondría desvelar claves… pero todo ello redunda en el mencionado artificio y rigidez del entramado. Claros defectos.


Otro defecto muy evidente es que Nolan sigue mostrándose tremendamente incómodo en las escenas de acción, no se le ve suelto, y eso que la inicial es espectacular y en “Origen” (2010) nos dejó una para la antología del cine. El hecho es que las rueda mal, son tremendamente sosas, y tópicas, confusas, con cambios de planos continuos que no dejan apreciar qué sucede en las peleas o con planos excesivamente cercanos que provocan lo mismo. Abuso de los planos cortos… Ejemplos muchos, desde la pelea a dúo entre Batman y Catwoman en un tejado a la final entre Batman y Bane.



Nolan se muestra torpe en muchas de las escenas de acción, pero la pelea donde Batman es vencido por Bane, la potencia visual, la sensación de amenaza y fatalidad, así como la gran idea de no utilizar música, hacen de ella una de las más destacadas. Hubiera gustado ver a un Batman que se impone de forma más contundente a su rival posteriormente. También es cierto que nuestro héroe da una buena tunda al villano en este primer enfrentamiento, que se beneficia de que ni siente ni padece para acabar derrotando a su rival.



Algunos de estos defectos se habían insinuado en películas anteriores pero quedaban bien engarzados o justificados en la trama, como el exceso de verbalización o las elipsis en “Origen”. Aquí en cambio esos defectos muestran su peor cara. El extensísimo discurso de Bane, que hay que amenizar con un montaje paralelo, podría haberse reducido enormemente, además de que resulta inverosímil que por el hecho de que un terrorista lea unas cosas acusando a alguien (Gary Oldman), la gente se lo vaya a creer. Bien es cierto que salvo a Robin, no vemos a nadie más que dé pábulo a ese discurso. Otro ejemplo de verbalización que lastra la narración es la mediocre escena donde se desvela la identidad de Miranda, con el cuchillo clavado y, como en los peores thrillers, contándole los secretos al héroe para que le dé tiempo a salvar a todos, además su eterno discurso con el cuchillo clavado en el hombre murciélago subraya el flashback que vemos en imágenes, otro error por redundante. Nunca hay usar una voz over sobre lo que ya vemos en imágenes. Excesivamente tópico y artificioso.


Toda la trama sobre el sometimiento de Gotham por los hombres de Bane es redundante, se le da excesiva importancia a cosas que quedan claras hurtando otras que nos interesarían más, no hace falta ver a Bane dos o tres veces en un juicio para captar lo que se hace, no hace falta ver hasta tres escenas de juicios para entenderlo, todo eso podía concretarse en una escena.


Son múltiples también las incoherencias o licencias que usa la película en el transcurrir de su trama. Escenas como la evasión del edificio de la bolsa, una escena donde muchos han querido ver una apología contra los bancos, cuando acaba convirtiéndose en justo lo contrario, contra la demagogia de los que pretenden su hundimiento, resultan muy artificiales, no ya por la evasión en sí con las motos y rehenes como escudo que salvan toda la vigilancia sino por la incomprensible decisión del jefe de policía, Foley, de que todo el cuerpo, absolutamente todo, se dirija en persecución de un reaparecido Batman, dejando a su aire a quien acaba de asaltar el edificio. Una decisión que tiene un eco que roza ya el ridículo cuando  introducen, de nuevo, a todo el cuerpo de policía en unos túneles, un plan previsto por el malísimo Bane, para sepultarlos allí y que la ciudad quede desprotegida… Nadie en su sano juicio haría tal cosa. Este tema del cuerpo policial sepultado ha dado bastante que hablar, y con razón, ya que tras su largo tiempo de encierro, salen de allí como si nada, dispuestos al combate sin el más mínimo asomo de suciedad o deterioro físico y en plena forma para embarcarse en una guerra de guerrillas.



Otro detalle desconcertante es la entrada de Bruce Wayne en Gotham tras su encierro. Nolan nos hurta de manera lamentable lo que de verdad queremos ver, cómo Batman se prepara y en base a su ingenio e inteligencia se pone al nivel físico, psicológico y logístico. Resulta que en una ciudad cerrada y sitiada, de donde nadie puede salir, de hecho resulta extraño no ver a nadie intentándolo, de donde para escapar sólo hay un camino, el mar de hielo al que condenan en los juicios, el llamado “éxodo”, de repente vemos a Bruce Wayne, que ha escapado de su prisión sin vigilancia en una ciudad del Oriente Medio, aparecer de la nada ya dentro, además aparece en un callejón  donde está Catwoman, que se dedicaba por allí a resolver rencillas de chavales. El uso de la elipsis de Nolan para resolver agujeros de guión. Cualquier teoría sobre cómo entró me vale, pero tenemos que verlo o que nos lo expliquen al menos. Tampoco me vale que Batman haga cuatro abdominales y cinco fondos en su prisión para mostrar su recuperación física. Queremos ver si es capaz de enfrentarse a Bane físicamente con una prueba anterior, verle prepararse a lo bestia, el tema de perder el miedo es muy poético y muy bonito, pero no nos engañemos, que Batman no logre lo que sí hizo una niña es, cuanto menos, cuestionable. No sabemos si Wayne conserva el aparato que le ayuda a superar su ausencia de cartílagos en las piernas en su encierro. Vimos su preparación en la primera parte, aquí se le plantea un nuevo reto y el seguidor de Batman espera algo más que lo que ve en el agujero. Especialmente cuando es sustituido por escenas reiteradas del sitio a Gotham.



Continuando con los momentos en el agujero, Bane dice que su prisión era muy oscura, que se moldeó en la oscuridad, desde luego no sé lo dura que será esa prisión, pero es cualquier cosa menos oscura. Otro aspecto cogido con alfileres es la torpeza de Bruce Wayne para no darse cuenta de que el prisionero que le ayuda no puede referirse a Bane como el niño que escapó. Desde luego es retorcido que no sea claro, se supone que por desconocimiento, con eso juega Nolan en su artificioso guión, pero es que llega a decir expresamente que el niño tenía un protector, que los presos se lanzaron a Bane, que la máscara le ayuda a no sentir dolor, de ahí su gran poder… Difícilmente podía ser un niño. Otro detalle más, que te coloquen una vértebra de la espada de un puñetazo debe ser medicina muy especializada.

Otro detalle que indica bastante dejadez con respecto a la elaboración del guión es el uso descontrolado del recurso del “Deus ex machina”, es asombrosa la cantidad de escenas que Nolan resuelve así, algunas seguidas, con un Batman que parece poder estar en todas partes a la vez, algo que también le ocurre a Bane. Como punto culminante tenemos la decepcionante muerte de Bane, con Catwowan haciendo las veces de “Deus ex machina”, por esa manía de Nolan de que Batman nunca mate a nadie…



Miranda, la mala malísima, como se verá al final, descubre que Bruce Wayne ha vuelto a Gotham antes que Bane, resulta que está presa por éste, pero aún así el villano se sorprende al ver el símbolo, la comunicación entre los dos malotes no es muy fluida.




Otro aspecto incómodo es la extraña fidelidad de los miembros de la Liga de las Sombras a Bane. Podría asumirse como una regla de Nolan a la película, estilo las que crea en “Origen”, donde una panda de locos están dispuestos a todo para destruir Gotham, y el espectador intentaría asumirlo. Se ha entendido como una crítica a los fanatismos religiosos y cosas parecidas, pero la Liga de las Sombras no consistía en eso. La Liga de las Sombras pretende destruir civilizaciones decadentes, las más poderosas, pero en ningún momento hay referencias religiosas que justifiquen fanatismos ni se menciona la inmolación como un rasgo de ellos, es más, en ningún momento pretenden desaparecer, destruyen y se marchan. Resulta extraño que se pidan sacrificios y nadie cuestione tal hecho y que todo un ejército, incluidos los mandamases Miranda y Bane, estén dispuestos a morir cuando podrían escapar… No se entiende con qué función, es un batiburrillo confuso en esa crítica que parece querer mostrar Nolan. La Liga de las Sombras tiene la voluntad y los medios para destruir Gotham, no hacen falta esos sacrificios rituales. Estos aspectos estaban mucho más cuidados en cintas anteriores donde las fidelidades se compraban con sobornos e implicaban una serie de actos concretos. En la primera cinta jamás se habla de sacrificio ni inmolaciones, Nolan, que pierde el tiempo en otras cuestiones, debería, al menos, haber desarrollado más este aspecto. En cualquier caso si el espectador admite la regla encontrará satisfacción en esa referencia a los fanatismos descerebrados y llenos de demagogia anticapitalista que acabaron atentando contra Nueva York, por ejemplo. Al fin y al cabo lo que pretenden es lo mismo, destruir esta civilización.

Son muchas tonterías, muchas incoherencias, muchos elementos cogidos por los pelos, en esa rigidez de la que hablaba, para que todo encaje. La cuestión es que a pesar de todo, su estructura es una maravilla narrativa y su poderío visual y oscuridad conceptual, esa sensación de amenaza y apocalipsis, se mantiene presente como en la primera entrega. Una película notable.

Todos estos errores y defectos son muy interesantes a nivel cinematográfico para darse de cuenta de en qué consiste una buena estructura, donde se encuentran defectos habituales de guión, para una mejor comprensión del lenguaje cinematográfico, pero a nivel efectivo, con respecto a la película en sí, son defectos que no resultan esenciales, nos dejan un regusto amargo con respecto a la historia pero no afecta al fondo último de la cinta, que es lo principal.




Entre sus referencias tenemos dos cómic de manera principal, Knightfall” o “No Man’s Land” además de las referencias en tono y demás aspectos comunes a la trilogía de las creaciones de Frank Miller y Alan Moore. Aparte de las referencias típicas al cómic, se ha mencionado a “Historia de dos ciudades” de Dickens como uno de los referentes, la visión nada positiva que de la revolución francesa dio el genio inglés. Una idea acertada en esa revolución que pretende Bane y Miranda con su demagogia y confusión intelectual a la que Nolan mira también con mucho desprecio. “Metropolis” (1927) de Fritz Lang, también parece un referente tenido muy en cuenta por Nolan.

Esta mirada de Nolan pasará desapercibida o se malinterpretará a conveniencia, pero es verdaderamente brillante y valiente, completamente a contracorriente. Uno de los grandes logros no ya de la cinta, sino de la trilogía.

Otro detalle interesante es la idea que se menciona en el agujero de que el niño que escapó lo hizo por haber sido forjado en el sufrimiento, en referencia a Bane, pero desmentir luego que se trate de él. El hombre de privilegios también logrará salir, pero no por el tópico mencionado, sino por la idea del todo o nada.

El epílogo, que también ha tenido muchos detractores, me parece un acierto más, toda la historia de Alfred con respecto a Bruce, y el aparente relevo del héroe, son un verdadero acierto.

La exigencia era máxima, las dos cintas anteriores son referentes del cine de superhéroes, quizá de los títulos más prestigiosos, y por ello cualquier bajón o defecto iba ser mirado con lupa o llevar a la decepción. Aquí nos hemos explayado con muchos de sus defectos, hay más, pero ello no debe ocultar la brillantez de la trilogía y de este título en concreto, inferior pero notable.

La trilogía sobre Batman de Christopher Nolan es un referente indiscutible, se la ha comparado con la de “El padrino”, no poniéndola a su altura, sino como ejemplo, cada una en su género. Si bien es cierto que esta tercera presenta muchas fisuras en su trama, los pilares sobre los que se asienta son tan brillantes y sólidos que aguanta defectos en su historia. Una trilogía muy importante en la carrera del director porque le ha ayudado a definir su estilo visual. Conste que los pilares mencionados no son simplemente visuales, eso es sólo un añadido más, la importancia por los personajes, y las historias, por la coherencia y la profundidad es lo que hace que una película imperfecta como esta tercera entrega acabe resultando notable, se tenga en pie. Sean exigentes, disfruten de las interioridades del cine en sus defectos y de una película que cierra una trilogía ambiciosa y con talento.


 


martes, 23 de octubre de 2012

Crítica: EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE (2012) -Parte 1/2-

CHRISTOPHER NOLAN










Notable cierre para la trilogía de Christopher Nolan sobre el hombre murciélago. Una trilogía que pasa por derecho propio a estar entre las más destacadas de la historia del cine, la última gran trilogía de la que hemos podido disfrutar.

El caballero oscuro: La leyenda renace”, es la más floja de las tres, tiene bastantes más defectos que sus predecesoras y es víctima del talento de las anteriores, pero es un colofón tremendamente ambicioso que funciona muy bien en líneas generales. Sus defectos, múltiples, no son especialmente significativos, son lagunas de guión y ciertas incoherencias, además de cierta rigidez provocada por las exigencias de una trama que pretende sorprender, y para ello no quiere salirse de unos patrones muy encorsetados intentando que todo funcione, cayendo en las mencionadas lagunas, en dicha trama, que si bien restan calidad no implican el descarrilamiento de la cinta. Hay errores y errores. Lo que abundan en esta tercera parte de Batman son virtudes aunque sus defectos son más interesantes en un análisis cinematográfico, para entender mejor su lenguaje, en el plano didáctico.


Es posible que acabe centrándome más en esos defectos, porque las virtudes quedarán mejor reseñadas en las anteriores entregas de la trilogía.

Es pronto para saber qué influencia tendrá esta trilogía en el cine posterior, pero ya parece claro que va a tener bastante, aunque quizá se centre en géneros coincidentes con ella, thrillers, ciencia ficción o incluso género fantástico. Esto ya se está apreciando con meridiana claridad con cintas de superhéroes que pretenden más seriedad e indagar en los personajes, con un mayor realismo y oscuridad (“The amazing Spiderman”) o cintas inmersas de lleno en el fantástico como la reciente “Blancanieves y la leyenda del cazador”. Aparentemente puede que no tengan que ver, pero la idea de dar otro enfoque más realista y duro a iconos tiene en los Batman de Nolan un evidente referente.


Esta tercera entrega no se aleja demasiado de la segunda en su trasfondo, pero se hace mucho más profunda e indaga en reflexiones de gran calado. Es más ambiciosa aunque menos perfecta y depurada.

En esta tercera entrega podemos observar de nuevo muchos de los aspectos temáticos de Nolan, la muerte de alguien importante que sirve de motivación para los personajes, la búsqueda de redención, la escisión de la personalidad, la muerte aparente…


Nolan prepara un entramado socio político muy rígido y se esfuerza por respetar sus reglas, pero esto, al contrario que en "Origen”, que quizá por ser una cinta con unas reglas más definidas era más sólida, acaba provocando muchas de las mencionadas lagunas. Con todo, más densa, ambiciosa, política y social que las anteriores.


El principal defecto de la cinta es que se centra de forma excesiva en ese universo del caos que crea el villano Bane en Gotham. La idea ya la desarrolló Nolan en la anterior cinta con su reflexión sobre ese caos, algo sobre lo que se reincide añadiéndole reflexiones políticas muy interesantes, pero excediéndose en la reiteración de escenas. Nolan podía contar toda esa parte de la trama con bastantes minutos menos, porque muchos de ellos son reiteraciones, y haberse centrado en otros aspectos que al espectador le interesaban más, como el renacimiento completo y a todos los niveles de Batman, que acaban siendo resueltos en base a elipsis más que cuestionables.

El caos puro que se regodeaba en la corrupción, la podredumbre moral y la anarquía de la segunda entrega, aquí se transforma en una reflexión más aguda sobre las realidades políticas actuales, la manipulación de demagogos y socialismos varios. Esto da como resultado una película más ambiciosa pero también más concreta por necesidad, quizá una de las posibles causas de sus defectos, esa desviación del personaje protagonista hacia vericuetos menos interesantes.


La cinta de Nolan es tremendamente brillante en su estructura, su intensidad y su potencia visual, mantiene las constantes que hicieron grandes a las dos entregas anteriores, el realismo, la sensación constante de amenaza y de que pueda pasar cualquier cosa en cualquier momento, la verosimilitud, esto mucho menos conseguido en esta ocasión, y una intensidad y exuberancia narrativa como pocas veces podemos disfrutar en el cine actual, con un clímax alargadísimo y magnífico.


La primera escena de la película es una de las más brillantes, un rescate al villano Bane en pleno vuelo realmente espectacular. Su voz con reverberación es un gran elemento en la caracterización del personaje. 

Si bien Jocker era la maldad pura, la anarquía sin fundamento, porque sí, por el mero placer de destruir, por abandonarse a la locura destructora y aniquiladoramente perversa como sentido vital, Bane, en cambio, es un militante, sus motivaciones son políticas o idealistas, en principio, luego acaban descubriéndose como un ciego sentimiento hacia la venganza que pretende su jefe. Esto dota de más cercanía a la película pero de menos potencia.



Batman, Bruce Wayne, ha decidido retirarse, como vimos en el final de “El caballero oscuro”, para que Gotham pueda idealizar a Harvey Dent. De esta forma Batman pasa a ser un villano al que odiar. De este modo vemos a un Bruce Wayne realmente acabado, una forma de mostrarlo bastante exagerada, especialmente en lo físico, donde deambula amargado y alejado del resto del mundo. Dolido y sufriendo por la muerte de su amada Rachel, cosa lógica, optó por desaparecer ya que las cosas parecían reconducirse en la ciudad. Nolan, no contento con ese abatimiento, nos lo muestra cojo, con bastón, y en esa idea de dar verosimilitud a las cosas, nos cuenta que no tiene cartílagos en las articulaciones de las piernas, producto de sus excesos heroicos. Un poco excesivo. Un Batman muy hecho polvo que salvará este pequeño problema de no tener cartílagos con un aparatito que se pone en la pierna. 


Son una multitud los nuevos personajes que se suman a esta nueva entrega, Catwoman, Robin, la hija de Ra’s Al Ghul… Nos los irán presentando poco a poco para ir tejiendo el complejo entramado que Nolan quiere crear.




Entre todos los nuevos personajes destaca, evidentemente, Bane (Tom Hardy). Bane es un demagogo de tomo y lomo, todo su discurso está de plena actualidad, "los ricos son malos", "el pueblo debe tomar el poder", "sois vuestros dueño"… la revolución del proletariado… Es en la concepción de este personaje donde están las grandes virtudes conceptuales del film, una película que va contra corriente y mira con desprecio al uso demagógico de situaciones de crisis, cuando a menudo son los propios demagogos los que las han creado. Gotham está lejos de ser ideal, pero parece vivir una época de resurgimiento, Bane creará el caos y él solo se lo dirá todo, él es el problema pero desviará la atención hacia ricos y poderosos para justificar su sometimiento unilateral. Hablará de idealismo, de dar al pueblo el poder, pero a la vez lo condena al no darle opción de salvación, no dice más que mentiras, jamás ha pensado en el pueblo, porque en realidad lo que quiere es destruirlo. Nolan se posiciona claramente en contra de los manidos y facilones mensajes socialistas en tiempos de crisis, desenmascarándolos por completo. Los considera una farsa, lo que en realidad es todo el discurso de Bane.


Nolan convierte en crítica al populismo panfletario, leninista y pro proletario lo que parecía dirigirse a la típica crítica manida a banqueros y ricos, una visión profunda y transgresora, que seguramente pasará algo desapercibida, pero es uno de los aspectos más brillantes, por no decir el que más, de toda la película.
 
Ya en la anterior entrega el estilo geométrico de Nolan va más allá de la mera cuestión estética, el caos generado por el Joker y ahora por Bane, es contrapuesto al orden y la justicia que ejemplifica Batman. La necesidad de unas leyes y unas libertades individuales indispensables. Batman, su misma concepción, es una apología del individuo.

Uno de los aspectos más polémicos y que crearon más expectativas, y también más resquemores, ha sido el personaje de Catwoman, interpretada por Anne Hathaway. Lo cierto es que la actriz lo resuelve con gran brillantez. No tiene la cara felina de Michelle Pfeiffer pero sus ademanes espléndidamente ágiles y su sensualidad en los movimientos le dan el tono perfecto a Catwoman, una Catwoman realista alejada del cómic. Uno de los grandes aciertos de la cinta.



Nolan no es un director que logre transmitir emociones con solvencia, es frío y cerebral, pero uno de los puntos más sorprendentes en su filmografía y acertados en esta trilogía es que el director alcanza cotas emocionales inéditas en ella, algo sumamente interesante y que pone a la trilogía de Batman en un lugar muy especial. Esta tercera entrega no va a la zaga en este sentido. El personaje de Alfred, interpretado por el inigualable Michael Caine, es conmovedor, por poner un ejemplo.


Los actores que encarnan al héroe enmascarado siempre han sido criticados y minimizados por los villanos. Hay que entender que esto no deja de ser normal, como decía Hitchcock, y podéis leer en el artículo sobre villanos en el blog, una película de este tipo funciona si el villano lo hace. Es normal que en la segunda y tercera entrega el personaje de Batman, de Bruce Wayne, tenga algo menos de importancia o impacto con respecto a sus antagonistas. Su gran desarrollo lo tuvimos en la primera entrega, allí todo fueron parabienes para el personaje y el actor que lo interpreta, un magnífico Christian Bale. Las posteriores entregas limitan sus apariciones para desarrollar a los villanos, algo lógico, por eso las críticas en contra del personaje son profundamente injustas. Lo que sí es cierto es que en este episodio Nolan debería haber mostrado bastante más interés en el resurgir el héroe, mucho más, tanto a nivel físico como moral o logístico. El aspecto emocional, tras ser sometido por Bane, queda salvado por su estancia en el agujero, pero el seguidor de la saga y del personaje quiere ver mucho más que unas cuentas flexiones, abdominales y que alguien le diga que tiene que perder el miedo, para ese resurgir físico y mental que nos haga creer que va a volver y apalear al villano en cuestión. Nolan lo soluciona todo con breves retazos y elipsis para centrarse en juicios y escenas que se repiten en la aislada Gotham.


Bale está magnífico en esta entrega, una interpretación matizada y muy sutil que pasará inadvertida a los que busquen cosas más excéntricas. Una interpretación que va de la sutil apatía inicial, producto de su estado, a una progresión perfectamente modulada de forma constante que gana en intensidad. Un gran trabajo.

Ha sido muy cuestionada, todo en esta película lo ha sido, desde uno u otro lado, la primera parte por lenta. Es cierto que la película tiene baches de guión por esas reiteraciones y forma de estirar escenas que ralentizan el ritmo, pero también lo es que esto no está localizado en una parte concreta de la película, hay momentos de este estilo durante todo el metraje y es precisamente en la primera parte donde posiblemente menos se aprecien. En otros momentos, como el larguísimo y cansino discurso de Bane o la mediocre escena de la confesión de Miranda (Marion Cotillard), es donde más se aprecian esos estiramientos, redundancias etc. pero que son disimulados y pasan más desapercibidos por el uso del montaje o la situación de clímax. Lo cierto es que esa parte pausada inicial, como en las anteriores películas, es la que marca el excelente tono que tiene la trilogía, una progresión dramática creciente y perfectamente modulada, un crescendo épico y una narración excelente a nivel estructural, una progresión como se ven pocas en el cine de entretenimiento. Un acierto.


Debo destacar de manera especial a Michael Caine, está maravillo y conmueve en cada aparición, se le dan las escenas de más intensidad emocional y las clavas todas. Una maravilla.

Del mismo modo todo lo que tiene que ver con el personaje de Joseph Gordon-Levitt es magnífico.


Otras de las múltiples virtudes, además de la interesante historia, la encontramos en el uso artesanal de los efectos especiales que tiene Nolan, es verdaderamente de agradecer y ayuda en ese realismo que busca el director, realismo que aquí aparece algo más minimizado. Efectos que limitan el uso del ordenador acertadamente. Además el director, si bien es cierto que se permite ciertas licencias, es retorcido y manipulador, y en muchas ocasiones incoherente, pocas veces engaña. El personaje de Miranda al espectador avezado le huele mal de inicio, la pronta confianza, la absurda y precipitada relación entre ella y Bruce Wayne y su falta de desarrollo, hace indicar que es falsa. Esto se hace más patente cuando sabemos que alguien de dentro del entorno de Wayne está infiltrado, para los más despistados sólo habría dos posibles sospechosos, Miranda o Blake, y éste segundo no puede ser porque le vemos, en soledad, ir contra los planes de Bane y frustrarse, también en soledad, cuando algo sale mal. Si hubiera sido Blake el traidor, Nolan nos habría hecho una bochornosa trampa. No la hace, la aplicación de la lógica, aunque lo haga previsible, nos lleva a Miranda como traidora. Hay un gran detalle de puesta en escena cuando la vemos en un plano fugaz usar un móvil o dispositivo de algún tipo, lo que indica que estaba avisando a Bane y los suyos, aunque pase casi desapercibido. Nolan juega limpio. También es cierto que todo esto crea muchas inconsistencias.