Scott acierta en mantener la atmósfera y ritmo pausado del “Alien”
original, creando un buen suspense, aunque la película está muy lejos de
generar terror, al contrario que el referente.
Las sospechas del espectador sobre el personaje de
Fassbender no tardan en generarse con su gesto al abrir unas misteriosas puertas…
Encontrarán pinturas, la creación artística siempre presente en todo tiempo y
civilización. Veremos a David ir por su cuenta recopilando cosas. Cogerá algo
que suponemos será un “invitado”.
La escena de la tormenta aglutina todas las virtudes del
film, la gran belleza y espectacularidad estética, el suspense y la acción, una
cinta de aventuras de ciencia ficción deslumbrante técnica y estéticamente.
Dos de los componentes del equipo, los que quisieron irse
antes por miedo, uno de ellos nada más y nada menos que geólogo, se pierden y
no logran subir a la nave, con lo que deberán quedarse en la cueva encontrada a
pasar la noche. Estos dos personajes nos dejarán otros momentos tronchantes.
“Las cosas grandes tienen comienzos pequeños”.
Un montaje paralelo mostrará que David va a por todas.
Mientras vemos la investigación de Elisabeth con la cabeza estallada, David
manejará el líquido que se llevó de la cueva/nave. El robot mantendrá una
conversación con Charlie, al cual usará como conejillo de indias, sobre la
búsqueda de respuestas y de sus respectivos creadores. Así comienza una
progresión genética que desencadenará el desastre y el nacimiento de Alien.
Las respuestas parecen ser decepcionantes.
“Porque podemos”.
El hecho es que “Prometheus” no responde a ninguna pregunta
trascendente, tan solo intenta cerrar aspectos de la cinta original, aspectos
sugerentes y fascinantes que elevaban esa obra maestra precisamente por la
ausencia de respuestas explícitas que el espectador cubría con su imaginación.
Como sucede con las grandes obras maestras habitualmente. La conversación entre
Charlie y David sucede en una mesa de billar. La creación como un juego.
Una vez Charlie ha sido contaminado por David toco se
desboca. Hay un susto en “Prometheus” que me recordó a otro que existe en “Alien”.
En ésta que nos ocupa es al hacer una conexión con los científicos rezagados,
en la original era al buscar al pequeño Alien por una habitación y tropezar uno
de los protagonistas.
Las referencias cristianas son constantes en la película. El
padre de la protagonista se manifiesta religioso e inculca esa idea en su hija
que siempre llevará su crucifijo y jamás dudará de su fe, incluso tras sus
nuevas averiguaciones. Los sucesos tendrán lugar en las fechas navideñas. Algunos
de los científicos harán exclamaciones mencionando a Jesucristo. La
protagonista quedará embarazada cuando en realidad no podía… Una mezcolanza
confusa de ideas.
La angustia de la protagonista por su imposibilidad para
concebir se convertirá en terror tras tener relaciones sexuales con su chico.
Charlie está contaminado y gracias a ello hará madre prematura a su mujer. Esto
simbolizado con la rosa, signo vital, que Charlie regala a Elizabeth.
El misterio de la creación reducido al origen, no a la
creación en sí misma.
Volvemos con nuestros expedicionarios. El guión en esta
parte parece escrito por principiantes sin talento. De repente, y extrañamente,
a Charlize Theron le entran ganas de tener sexo con el capitán de la nave, así
sin más. Esto, no piensen que se va a desarrollar, es una mera excusa para
quitar al capitán de su lugar en el momento justo en que los expedicionarios
sean atacados y él no pueda oírlos. Un truco tan burdo, cutre y evidente que es
sonrojante. Aquí se plantea cierta ambigüedad que es posible surgiera en el
espectador, que la propia Theron fuera también un robot.
Pero si lamentable es este recurso más lo es aún la escena
con los expedicionarios. Resulta que estos dos intentaron irse a la nave por lo
que se pudieran encontrar, huyen de todo lo que pueda significar algo extraño…
Pues bien, cuando se encuentran a un bicho de otro planeta, una especie de
anguila extraterrestre se ponen a jugar y vacilar con ella, es más cuando vemos
que la anguila se pone en posición de ataque, y a ningún espectador le cabe la
menor duda de que el bicho va a atacar, estos dos siguen sin inmutarse haciendo
el tonto delante de ella, como si no se enterasen. Estos comportamientos ilógicos
e incoherentes de los personajes, contradictorios con respecto no ya sólo al
sentido común sino a su propia personalidad toscamente mostrada, salpican toda
la cinta. Por supuesto serán atacados sin compasión.
Los síntomas de infección se hacen evidentes en Charlie,
todo está dispuesto para que la tensión se dispare. David seguirá yendo por su
cuenta, una misión especial paralela a la de rescate de los científicos atacados
por el gusano extraterrestre.
Resulta edificante la idea de las recreaciones en 3D del
pasado, como rastros, huellas que quedaron grabadas, mudas, para que alguien
las descubra. “Metrópolis” (1927), de Fritz Lang viene a la cabeza.
Tras la muerte de Charlie todo son problemas para Elisabeth,
está embarazada, un embarazo exprés, en 10 horas está de 3 meses. El plan de
David sigue su curso. David parece saber más que los científicos de todo, lo
cual hace extraño su papel allí. Hay que volver a destacar el papel de
Fassbender, su inquietante frialdad y sutileza hacen de su interpretación algo
brillante.
Al final tenemos a un inquilino en otro vientre, no es el de
John Hurt, pero sí el de la protagonista Elisabeth Shaw. Esto nos regala la
mejor escena de la película, la auto cesárea, repleta de tensión, energía y
talento. Un gore sofisticado y sorprendente para un mainstream, una escena
digna de la cinta original que te pondrá sobre el filo de la butaca y los pelos
de punta.
Comenzamos a ver las consecuencias que producen los líquidos al
mezclarse con los bichejos del planeta, uno de los cobardes expedicionarios que
fue “ultrajado” por la anguila extraterrestre se ha convertido en un
superhombre ultra dopado que parece poseído y con ansias de sangre. Esto como
pequeño ejemplo. Será abatido por unos lanzallamas, imprescindibles también en
el universo "Alien".
Se pueden entrever ciertas referencias a “La cosa” (John
Carpenter, 1982), así como tenemos a nuestra nueva Ripley en acción.
La supuesta sorpresa de descubrir que el jefe del proyecto en realidad estaba vivo y que David trabajaba para él se desvela. Su motivación, ansias de inmortalidad. Veremos resolver el conflicto paterno-filial entre Theron y él, una conversación sobre la naturalidad de morir… algo que al padre de la chica no se le pasa por la cabeza, se negará con un simple gesto de puño.
Poco antes, nuestra heroína, dopada hasta las cejas, entrará
sin mayor complicación en la secreta habitación del jefe Guy Pearce. Cosas.
David enseñará la tecnología que encontró, las referencias a
Dios se multiplican. Encontrarán un superviviente pero no será muy amistoso.
Scott rueda las escenas de acción con un montaje en exceso sincopado. La
decapitación de David es impactante, recuerda al desmembramiento de Bishop
(Lance Henriksen), en “Aliens, el regreso” (James Cameron, 1986), por ejemplo.
Ya se sabe que los robots tienden a perder partes de su cuerpo en el universo
Alien, especialmente la cabeza. En este momento tendremos otro guiño al “Alien”
original con la aparición del asiento del “space jockey”.
El rigor y los comportamientos gratuitos de los personajes
vuelven a hacerse patentes con ese sacrificio extraño de los pilotos, gente que
está allí por compromiso y que sin explicación aparente deciden morir por la
causa con total naturalidad. Cuanto menos cuestionable. Desde luego los
guionistas Damon Lindelof (“Perdidos”), y John Spaihts se han lucido en la
creación de personajes. Científicos, en teoría brillantes, que se comportan como
fantoches con la estupidez como rasgo más significativo de su personalidad,
comportamientos repentinos sin sentido alguno, incoherencias múltiples en el
desarrollo dramático o en detalles de la trama…
El final es muy similar al de “Alien, el octavo pasajero”
(1978), con una Ripley que usará su ingenio para librarse del humanoide que
viene a acabar con ella. Aquí además veremos otro ejemplo de guión descuidado
en esa intuición sobrenatural del humanoide para encontrar a Elisabeth…
Nuestra heroína descubrirá que su “hijo” ha crecido hasta
proporciones gigantescas, así que lo usará y liberará en el momento en el que
el vengativo humanoide vaya a atacarla para que el súper pulpo gigante se
encargue de él. Por supuesto lo “fecundará”, con lo que el espectador supondrá
que de allí saldrá el futuro Alien. Algo que queda confirmado en el epílogo.
“Prometheus” es a “Alien, el octavo pasajero”, lo mismo que
“Robin Hood” (2010) era a “Gladiator” (2000), en realidad es peor, bastante
peor. Una fórmula reiterada basada en el conocimiento de donde estuvo el éxito
de la original, pero sin la mirada pura de aquella. Un Scott maleado. Una
precuela pretenciosa que quiere ser más grande donde no hacía falta nada.
“Prometheus” está planeada de la misma forma que "Alien", aquí
se trata de un Alien escindido, separado en un entorno completamente hostil al
ser humano que acaba, al final de la película, reunificado mediante fusiones y
mutaciones genéticas en el mítico monstruo.
Una cinta, a pesar de todo, entretenida, un buen título
taquillero sin más, correcta para pasar una tórrida tarde de verano en el cine.
Los más positivo, un magnífico Fassbender, la bella Theron,
una digna Noomi Rapace, la escena de la auto cesárea y el diseño de producción,
un gran aspecto formal.






















































