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viernes, 14 de septiembre de 2012

Crítica: SOMBRAS TENEBROSAS (2012)

TIM BURTON










Desde “Ed Wood” (1994), Tim Burton ha vagado en la irregularidad máxima, director algo sobrevalorado por ser poseedor de una deslumbrante estética única que ha sido alzado a los altares por sus seguidores. Un director que dista mucho de poder ser considerado un autor con todas las letras ya que más allá de esa estética personalísima sus constantes conceptuales son pocas y no especialmente significativas. El cuestionamiento de la realidad, la creación de mundos paralelos y alternativos (porque le sirve de excelente excusa para regocijarse en esa estética suya), como evasión de la realidad, una mirada cínica hacia la familia y un gusto por las disfuncionales, cierto toque dickensiano… pero poco más y con falta de calado. Es emotivo y fascinante en sus mejores proyectos, pero se le ve el cartón y un exceso de vacuidad en el resto.


Tras la magistral “Ed Wood”, Burton nos ha deleitado con obras realmente excelentes como “Big Fish” (2003), quizá su última gran película, con otras notables o apreciables como “La novia cadáver” (2005), disfrutables como “Sleepy Hollow” (1999) o “Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet” (2007), pero lo que ha abundado han sido proyectos que dejaban mucho que desear y donde lo que predomina es una alarmante falta de imaginación, eso que derrochaba en una estética que parece ir, como se ve en esta película, con el piloto automático, de una franquicia cualquiera, puesto. Tim Burton puede ser catalogado sin problemas como el director de los remakes… “El planeta de los simios” (2001), “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005), “Sweeney Todd” (2007), “Alicia en el país de las maravillas” (2010) o ésta que nos ocupa, que adapta una serie de 1966. Además estrenará un largo de su corto “Frankenweenie” (2012) y “Pinocho” en 2014… Pura creatividad.



Me gusta Burton, pero desearía volver a ver la pureza en la mirada de sus inicios.

La cinta que nos ocupa tiene las habituales virtudes estéticas del cine de Burton, aunque con la sensación de deja vu. Volveremos a tener el contacto habitual con lo tenebroso, lo diabólico, lo entrañable, lo tierno, lo lúgubre, lo truculento, lo humorístico, lo sombrío… pero donde la mezcla sólo deja pequeños momentos de inspiración, en líneas generales pocas cosas encajan o funcionan en un guión muy mal elaborado. La dispersión y la falta de inspiración son los grandes lastres de la cinta.


Sombras tenebrosas” ancla sus referentes en el romanticismo alemán más puro. Un enamorado caído en desgracia por los celos y el amor desbordado de una perversa bruja. Despechada, la bruja mató a sus padres, a su enamorada mediante un hechizo, lo convirtió en vampiro y lo enterró. No se andaba con chiquitas la bruja. Después de 197 años nuestro romántico vampiro vuelve a la vida dispuesto a poner las cosas en su sitio, recuperar el prestigio de su familia y vengarse de la pérfida bruja que aún pulula por allí.

Desde los primeros planos podemos disfrutar de la deslumbrante estética burtoniana. La introducción es de una gran belleza plástica y la referencia a Caspar David Friedrich especialmente evidente. Burton calca en multitud de ocasiones la estética y cuadros de Friedrich. Bella estética y muy tributaria del pintor alemán.


El tema de la familia no tarda en aparecer.

La familia es la riqueza verdadera”.

Total aliento romántico, amores arrebatados, la muerte, suicidios de amor, “Werther”, “Drácula” y demás referentes andan bien cerca. La estética de Friedrich, con esas olas golpeando las rocas, esos paisajes que minimizan al individuo que lucha impotente contra la naturaleza, está muy presente en la introducción y aparecerá también en otros momentos. 



Tras la potente introducción llegamos a 1972, planos aéreos de un tren que localizan a una niñera (Bella Heathcote), que pretende ir a trabajar al lugar donde acontecieron los hechos narrados anteriormente. Una chica clavada a la enamorada de nuestro vampiro.
 
Este personaje parece que va a tener una historia y papel importantísimo, incluso se insinúa que sabe más de lo que parece… para luego darnos cuenta de que nada de eso es así, desaparecer durante la mayor parte de la narración y reincorporarse a la misma en la conclusión, producto de la dispersión de un guión tremendamente deslavazado. Veremos calabazas a su llegada, estamos cerca de Halloween.

Se presentará a la pareja de enamorados mediante cuadros, veremos a la niñera, Victoria Winters/ Josette DuPres, con un cuadro de su antepasado en el mismo encuadre y luego el de Barnabas Collins (Johnny Depp), el enamorado vampirizado y caído en desgracia.

Chloë Grace Moretz, joven actriz tremendamente de moda y de gran talento, tiene un sabroso papel de mujer loba, como sabremos al final. Una chica muy melómana. Jonny Lee Miller es el hermano de Michelle Pfeiffer, la mandamás de la familia. Él es otro ejemplo de personaje intrascendente, protagonista de otra historia intrascendente que no aporta nada al conjunto y desvía la atención de lo principal. El problema no es ya que haya muchas historias distintas sino la falta de cohesión entre las mismas. Burton se dispersa en una multitud de historias que acaban difuminando tremendamente el conjunto. Helena Bonham Carter interpreta a la doctora Julia Hoffman y le sucede más de lo sismo, al menos ella nos deja algún momento excéntrico que resulta divertido. Christopher Lee tiene un pequeñísimo papel, abonado a Burton.


Son los años 70, el movimiento feminista en boga, especialmente resaltado en el personaje de Michelle Pfeiffer. En la escena de la cena conoceremos a toda la familia al completo, aunque algunos nos habían sido presentados antes. Son una familia “bien avenida”, en decadencia además. Nuestra niñera verá fantasmas cuando su personaje parece aún importante, fantasmas que parecen anunciar la llega de Depp, Barnabas Collins, que tendrá una contundente y violenta aparición. Simpática broma sobre Mefistófeles y McDonalds. Mefistófeles nos vuelve a remitir a Goethe.


Johnny Depp lo eclipsará todo, el actor fetiche de Burton se lo vuelve a pasar en grande y nos ofrece una de sus típicas interpretaciones “burtonianas”. Su look, con las ojeras características del cine de Burton, también clásico del director. La forma de hipnotizar a sus víctimas que tiene Barnabas, Depp, nos recuerda al Bela Lugosi de “Ed Wood”. Un autohomenaje.


Es fácil deducir que muchos de los momentos de humor son producto del contraste que se produce entre ese ser del pasado y la época moderna en la que aparece. Un esquema muy clásico.

El primer encuentro entra Barnabas y la bruja, Angelique Bouchard (Eva Green), está muy bien rodado con una buena y sencilla puesta en escena que acaba con la mujer en posición dominante sobre el vampiro. La conversación en sí resulta anodina y previsible. Puestos a buscar referentes, el siempre recurrente “Nosteratu  (1922) de Murnau, viene a la cabeza. También saldrá Scooby-Doo, aunque éste no como referente.


Eva Green no hace una interpretación sutil, pero eso es justo lo que se le pide y aguanta dignamente a Depp.


El personaje de Barnabas es muy influenciable y débil de carácter, la seductora bruja le tentará en múltiples ocasiones y él caerá alguna vez en esa tentación y le costará resistirse en otras. El sentido del humor de la cinta es bastante ingenuo e infantil, aunque en ocasiones resulta muy brillante y acertado, como en la magnífica escena donde Barnabas comparte velada con unos hippies. Vampiros y hippies, ambos anticuados.

Amar significa no tener que decir nunca lo siento”. “Love Story” (Erich Segal).


La narración, como comenté, parece olvidar a la niñera y al niño que debe cuidar, sólo aparecerán al final y de forma muy tangencial al personaje principal.

Los Collins, impulsados por Barnabas, comienzan a reverdecer viejos laureles, vuelven a crear una empresa con maquinaria pesquera moderna… y nuestra malísima bruja espera a que ésta esté acabada y construida por completo para ofenderse, preocuparse y mosquearse… es mala pero calmada… a veces.


La narración se irá salpicando de planos del mar salvaje golpeando a las rocas, como los que vimos al inicio, como un destino que parece acercarse a su repetición en el mismo lugar, como así sucederá. Una repetición que debe darse para superarse. Magia, muerte, destino… Mundos muy queridos por Burton y que serán referenciados por la niñera en una conversación con Barnabas, en una escena con un plano que vuelve a calcar a Friedrich.


La película tiene una música setentera excelente T-Rex; Hendrix; The Stooges; The Carpenters; Elton John; Black Sabbath; Barry White; The Killers en su versión del “Go All The Way” de los Raspberries, escrita por Eric Carmen; The Moody Blues; Deep Purple; Iggy Pop… También Alice Cooper, que tendrá un cameo donde nos cantará dos de sus clásicos en una estupenda broma… No More Mr. Guy Nice” y “Ballad Of Dwight Fry”.


La irresistible atracción que la bruja produce en Barnabas queda consumada en la escena del polvo salvaje por una habitación que contiene pinturas de sangre, muy acorde con el tono de la propia escena, pura pasión. Barnabas triunfa enormemente con las mujeres, la brujilla, la niñera, la doctora… La niñera reaparece para ver a su fantasma, igual que al inicio, pero esta vez le pide ayuda. Además nos contará su trágica historia y un vago relato de por qué viajó hasta Collinsport y su misterioso comportamiento.


Así tenemos que en la parte final todo se repite. La mala malísima bruja vuelve a pillar a los dos enamorados, con lo que sus celos renacen. Intentará en última instancia chantajear a Barnabas como recurso desesperado, y ante la negativa de éste volverá a encerrarlo en un ataúd para que reflexione unas cuantas décadas más. Esa manía que tiene la brujilla. Esto, gracias a Dios y al chavalín que cuida Victoria que pasaba por allí, no se producirá y nos conducirá a la batalla final, muy “tenebrosa”, donde la villana se redime en cierta medida cuando vemos que amaba desesperadamente a Barnabas, hasta el punto de entregarle su corazón. Una bella y romántica imagen.


El final vuelve a ser de un romanticismo exacerbado, un romanticismo vampírico donde la buena de la niñera, Victoria, se parecerá en su look a “La novia cadáver”.

Una película fallida, muy irregular, con una gran estética visual, aunque vista, y algunos buenos momentos, pero en general descompensada, vacua, vacía, superficial y poco entrañable, un guión muy deslavazado y disperso que se pierde en multitud de tramas sin que ninguna acabe de funcionar por completo. Un discreto divertimento.


 

jueves, 1 de marzo de 2012

Crítica: LA INVENCIÓN DE HUGO (2011) -Parte 3/4-

MARTIN SCORSESE







Hugo observará todos los rincones de la estación, incluido el despacho del policía, una extraordinaria y nuevamente simbólica idea que confronta el aparente exterior al esencial interior.

Tendremos un momento de humor adulto con la conversación entre los dos policías, y las dudas sobre la fidelidad de la mujer de uno de ellos, muy conseguido.



En la nueva visita a la librería la película pega su giro definitivo y pone la mirada en el cine, el amor de Scorsese ya no se esconde más y lo declara abiertamente. Referencias a “Robin Hood” interpretado por Douglas Fairbanks, personaje también referenciado en la maravillosa “The Artist”. Iremos con ellos a un cine donde ponen un festival de cine mudo y veremos posters de Harold Lloyd, Charles Chaplin, Charley Chase… ¿Qué película muda se puede entrar a ver teniendo en cuenta los componentes de “La invención de Hugo”? Exacto. “El hombre mosca” de Harold Lloyd y la mítica escena del reloj, como es lógico. No puede ser una idea más brillante. Ambos vivirán con pasión el espectáculo de esa obra maestra, viviendo como si fueran ellos el riesgo que corre el bueno de Harold Lloyd, sucumbiendo a la magia del cine y quedando completamente hechizados por el cinematógrafo.

Más carteles “Judex” (Louis Feuillade, 1916), Rodolfo Valentino, también referenciado en “The Artist” (Michel Hazanavicius, 2011), Buster Keaton

Tras sincerarse Isabelle sobre la oposición de su padrino a que viera películas será Hugo el que cuente como él iba a menudo con su padre al cine para evadirse de la muerte de su madre. Una vez más la idea del arte, aquí el cine, como redentor.

Ya tenemos que el cine para Scorsese es muchas cosas, redentor, mecanismo de evasión y escapismo, nuestra memoria, olvido, pasión, generador de sueños, aventura…

Hugo hablará de la primera película que vio su padre y que le marcó. “Viaje a la Luna”. El padre definió su experiencia como “ver sus sueños de día”. El cine generador de sueños y viceversa. Scorsese nos va adentrando en el universo del metacine y el metalingüismo. Hugo contándole a Isabelle que su padre vio una película de su padrino, sin que ellos mismos sepan la verdadera identidad de éste. El destino, la conexión… y para realzarlo, Scorsese hará sonar un tren en off cuando Isabelle pregunte a Hugo donde vive.

Ya son tres las veces que un tren se cruza con Hugo, primero pasó por debajo suya, luego por encima cuando estaba frente a la casa de los Méliès y ahora en off al mismo nivel en la lejanía, símbolo de su destino, se va acercando, al llegar a aquella casa se nos indica que va por buen camino, cuando suena en off al preguntarle Isabelle nos indica que su futura vivienda está relacionada con ella.

Aparecerá otra vez el tren en un sueño y en la secuencia final para redondear esta evolución.

Las referencias literarias, nueva vinculación del arte en la vida, salvará a Hugo, a través de Isabelle, de una situación comprometida con el policía (Sacha Baron Cohen), en esta ocasión será Christina Rossetti.

Hugo se siente algo despreciado por ser llamado inculto, palabra que usó Isabelle para salvaguardar su seguridad, y decide dejar a la chica para irse a su rincón en el reloj, en ese momento una marea de adultos ajenos al sentir de los críos irrumpe en la estación tirando al suelo a la chica que desesperada, y con unos planos muy clásicos de Scorsese partiendo la pantalla, en un uso muy típico también del cine mudo, pide ayuda. Hugo regresará y será su salvador, ejemplificando su carácter redentor. Es por ello que en ese momento descubrirá la llave que le falta a su autómata en el cuello de Isabelle, con lo que invitará e incluirá, por primera vez, a una persona en su micro universo. De paseo por los humeantes y oscuros pasillos de las interioridades de la estación Isabelle nos dedicará otra referencia literaria, Jean Veljean, el protagonista de “Los miserables”.


Es fascinante ver como se pone en funcionamiento cada pieza del autómata, piezas pequeñas o grandes pero todas absolutamente imprescindibles para que funcione. Un autómata que unirá todas las claves y vínculos sugeridos durante la cinta mediante el arte, nuevamente, la pintura del plano más mítico de “El viaje a La Luna”, con el cohete en el ojo del satélite. Hugo ya no se sentirá solo.




















El ojo de la Luna y el ojo en la cerradura. Los ojos, como vengo comentando, importantes, la mirada, que es el cine. Los críos ya en casa de los Méliès indagan en el significado del dibujo y encerrados en una habitación descubren pinturas de los antiguos trabajos del gran director, con los mencionados recursos visuales de Scorsese alimentando la idea de la unión entre realidad y ficción, la inexistencia del concepto de la realidad que carece de límites. Un misterio, el descubrimiento de un secreto y una aventura apasionante y necesaria para los chicos.

La frustración de Méliès lo lleva a definirse a sí mismo como “un comerciante, un juguete roto”. La coherencia y solidez de los conceptos de la cinta son increíbles.

Christopher Lee regalará el libro de “Robin Hood” a Hugo, en un reconocimiento de su persona. De las reticencias iniciales del librero con él, por su aspecto, ahora le incita con ese regalo a ser más él mismo que nunca. Un acto simbólico de lucidez por parte Monsieur Labisse.

Seguimos con la evolución de las, aparentemente, historias superfluas de la película con la entrañable escena de seducción del policía a la florista (Emily Mortimer), que nos recuerda a la chapliniana de “Luces en la ciudad” (Charles Chaplin, 1931). Un paso definitivo en el personaje del policía que queda aquí humanizado dando mayor cohesión a su posterior evolución. Personajes secundarios perfectamente dibujados. El personaje de la florista está más difuso pero lo suficientemente cuidado para intuir su soledad y necesidad de dar cariño.


Scorsese no centra de forma clara su discurso en el cine hasta casi la hora de película, antes sólo lo insinuó sutilmente (el sonido del proyector para los recuerdos de Hugo, los dibujos del autómata en la libreta del chico…). En la biblioteca del cine encontrarán información sobre el gran Georges Méliès, y tendrán la fortuna de coincidir con el autor del libro que leen  (un truco de guión pero que se acepta en ese universo mágico que Scorsese propone), “La invención de los sueños” de René Tabard, admirador incondicional de Méliès y que ayudará a los chicos.

Allí descubren la magia e importancia de los orígenes que, como he comentado, es tema básico en la película, descubren el cine como generador de sueños y la formación de un nuevo lenguaje.


Al respecto puede llamar la atención que Scorsese ruede una película en 3D, algo que han criticado algunos por verlo comercial, supongo que los mismos de siempre que por no entrar en el fondo se quedan en absurdeces como ésta. El hecho es que la idea de Scorsese de usar el 3D no puede ser más acertada porque no sólo la usa como recurso visual sino metacinematográfico. Me explico, en la escena donde Hugo e Isabelle buscan información sobre Méliès veremos que leen sobre la reacción de la gente cuando vio por primera vez una película, un simple tren entrando en la estación de los hermanos Lumière (“Llegada del tren a la estación de La Ciotat”, 1895). Scorsese recreará la escena y veremos la incredulidad en el rostro de los muchachos por la ingenuidad de sus ancestros. Es en ese momento cuando la cabeza del espectador, como un mecanismo de relojería perfecto, recuerda como ellos dos que tanto se asombran de la incredulidad de los primeros espectadores han vivido apasionadamente como Harold Lloyd pasaba apuros para mantenerse en una cornisa en “El Hombre mosca”, hecho que podía despertar la sonrisa del espectador actual por la ingenuidad e inocencia de esos dos chicos que ve en pantalla, porque él, en ese preciso instante, se asombra de cosas mucho más avanzadas… el 3D.


Esta idea es para estar haciendo la ola al autor de esta obra maestra cada vez que se le nombre. La fantástica evolución pero la importancia de la creación, del fondo, de la historia, de los maestros y los orígenes. Todos, los que se sorprendían con la llegada de un tren, con una cinta muda o con el mundo de “Avatar” (James Cameron, 2009), somos los mismos. Esto y la importancia de las cosas pequeñas, nimias, esa capacidad de sorprenderse con ellas, algo ligado siempre con la infancia o el espíritu infantil.

La idea de mostrar alguna película de los Lumière es también un homenaje al documental (es lo que son las cintas de los Lumière), un género que Scorsese frecuenta con tanta devoción y proliferación como el de ficción. Una vez más lo biográfico y profundamente personal, traspasa la pantalla.

En esta escena Scorsese recreará momentos de las épocas sobre las que los chavales leen, una vez más la imaginación de Hugo se verá reflejada como en un proyector, un cuadro pintado en el techo de la biblioteca de un hombre que lanza un rayo de luz desde su dedo se convertirá en el artilugio y veremos escenas de múltiples películas mudas, entre ellas un vaquero que nos dispara a los espectadores que a todo seguidor de Scorsese le recordará a Joe Pesci disparándonos al final de “Uno de los nuestros” (1990). Una espectacular escena que homenajea a los pioneros.

Las películas tienen el poder de capturar los sueños”. “Salida de los obreros de la fábrica” (Louis Lumière, 1895), “Llegada del tren a la estación” (Louis Lumière, 1895), “El hombre mosca” (Fred C. Newmeyer, Sam Taylor, 1923), “La caja de Pandora” (Georg Wilhelm Pabst, 1928), “El ladrón de Bagdad” (Raoul Walsh, 1924), “El maquinista de la general” (Buster Keaton, 1926) , “El chico” (Charles Chaplin, 1921), “El gabinete del doctor Caligari” (Robert Wiene, 1920), “Los 4 jinetes del apocalipsis” (Rex Ingram, 1921), “La hija del agua” (Jean Renoir, 1925), “El hijo de la pradera” (King Baggot, William S. Hart, 1925), “Asalto y robo de un tren” (Edwin S.Porter, 1903), “Intolerancia” (D. W. Griffith, 1916), “Hell’s Hinger (Charles Swickard, 1916), “Dickinson experimental sound film” (1894), “Corbett and Courtney before the Kinetograph" (William K. L Dickson, William Heise, 1894), “The Kiss” (William Heise, 1896)...

René Tabard (Michael Stuhlbarg) nos narrará sus recuerdos y sueños con el propósito de ayudar a los chavales, un fan de Méliès. Estos recuerdos también serán mostrados con los encuadres difuminados por los bordes. Un autor que conserva todos los fetiches y recuerdos posibles del gran cineasta francés y que al conocer que está vivo acompañará a los chicos a conocer al director. En esos recuerdos Scorsese nos sumerge en el rodaje de ese maestro pionero, una auténtica gozada para los cinéfilos donde veremos “cómo y dónde se crean los sueños”, los juegos de perspectiva que con el 3D cobran aún más sentido e impacto y toda la magia del creador. Si, como se dice en la película, todos estamos aquí por una razón y cada uno debe hacer lo que sabe, el creador debe crear.