
Desde “Ed Wood” (1994), Tim Burton ha vagado en la
irregularidad máxima, director algo sobrevalorado por ser poseedor de una
deslumbrante estética única que ha sido alzado a los altares por sus seguidores.
Un director que dista mucho de poder ser considerado un autor con todas las
letras ya que más allá de esa estética personalísima sus constantes
conceptuales son pocas y no especialmente significativas. El cuestionamiento de
la realidad, la creación de mundos paralelos y alternativos (porque le sirve de
excelente excusa para regocijarse en esa estética suya), como evasión de la
realidad, una mirada cínica hacia la familia y un gusto por las disfuncionales,
cierto toque dickensiano… pero poco más y con falta de calado. Es emotivo y
fascinante en sus mejores proyectos, pero se le ve el cartón y un exceso de
vacuidad en el resto.
Tras la magistral “Ed Wood”, Burton nos ha deleitado con
obras realmente excelentes como “Big Fish” (2003), quizá su última gran
película, con otras notables o apreciables como “La novia cadáver” (2005),
disfrutables como “Sleepy Hollow” (1999) o “Sweeney Todd: El barbero diabólico
de la calle Fleet” (2007), pero lo que ha abundado han sido proyectos que
dejaban mucho que desear y donde lo que predomina es una alarmante falta de
imaginación, eso que derrochaba en una estética que parece ir, como se ve en
esta película, con el piloto automático, de una franquicia cualquiera, puesto.
Tim Burton puede ser catalogado sin problemas como el director de los remakes…
“El planeta de los simios” (2001), “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005),
“Sweeney Todd” (2007), “Alicia en el país de las maravillas” (2010) o ésta que
nos ocupa, que adapta una serie de 1966. Además estrenará un largo de su corto
“Frankenweenie” (2012) y “Pinocho” en 2014… Pura creatividad.
La cinta que nos ocupa tiene las habituales virtudes
estéticas del cine de Burton, aunque con la sensación de deja vu. Volveremos a
tener el contacto habitual con lo tenebroso, lo diabólico, lo entrañable, lo
tierno, lo lúgubre, lo truculento, lo humorístico, lo sombrío… pero donde la mezcla
sólo deja pequeños momentos de inspiración, en líneas generales pocas cosas
encajan o funcionan en un guión muy mal elaborado. La dispersión y la falta de
inspiración son los grandes lastres de la cinta.
“Sombras tenebrosas” ancla sus referentes en el romanticismo
alemán más puro. Un enamorado caído en desgracia por los celos y el amor
desbordado de una perversa bruja. Despechada, la bruja mató a sus padres, a su
enamorada mediante un hechizo, lo convirtió en vampiro y lo enterró. No se
andaba con chiquitas la bruja. Después de 197 años nuestro romántico vampiro
vuelve a la vida dispuesto a poner las cosas en su sitio, recuperar el
prestigio de su familia y vengarse de la pérfida bruja que aún pulula por allí.
Desde los primeros planos podemos disfrutar de la
deslumbrante estética burtoniana. La introducción es de una gran belleza
plástica y la referencia a Caspar David Friedrich especialmente evidente.
Burton calca en multitud de ocasiones la estética y cuadros de Friedrich. Bella
estética y muy tributaria del pintor alemán.
El tema de la familia no tarda en aparecer.
“La familia es la riqueza verdadera”.
Total aliento romántico, amores arrebatados, la muerte, suicidios
de amor, “Werther”, “Drácula” y demás referentes andan bien cerca. La estética
de Friedrich, con esas olas golpeando las rocas, esos paisajes que minimizan al
individuo que lucha impotente contra la naturaleza, está muy presente en la
introducción y aparecerá también en otros momentos.
Tras la potente introducción llegamos a 1972, planos aéreos
de un tren que localizan a una niñera (Bella Heathcote), que pretende ir a
trabajar al lugar donde acontecieron los hechos narrados anteriormente. Una
chica clavada a la enamorada de nuestro vampiro.
Este personaje parece que va a tener una historia y papel importantísimo,
incluso se insinúa que sabe más de lo que parece… para luego darnos cuenta de que
nada de eso es así, desaparecer durante la mayor parte de la narración y
reincorporarse a la misma en la conclusión, producto de la dispersión de un
guión tremendamente deslavazado. Veremos calabazas a su llegada, estamos cerca
de Halloween.
Se presentará a la pareja de enamorados mediante cuadros,
veremos a la niñera, Victoria Winters/ Josette DuPres, con un cuadro de su
antepasado en el mismo encuadre y luego el de Barnabas Collins (Johnny Depp),
el enamorado vampirizado y caído en desgracia.
Chloë Grace Moretz, joven actriz tremendamente de moda y de
gran talento, tiene un sabroso papel de mujer loba, como sabremos al final. Una
chica muy melómana. Jonny Lee Miller es el hermano de Michelle Pfeiffer, la
mandamás de la familia. Él es otro ejemplo de personaje intrascendente,
protagonista de otra historia intrascendente que no aporta nada al conjunto y
desvía la atención de lo principal. El problema no es ya que haya muchas
historias distintas sino la falta de cohesión entre las mismas. Burton se
dispersa en una multitud de historias que acaban difuminando tremendamente el
conjunto. Helena Bonham Carter interpreta a la doctora Julia Hoffman y le
sucede más de lo sismo, al menos ella nos deja algún momento excéntrico que
resulta divertido. Christopher Lee tiene un pequeñísimo papel, abonado a
Burton.
Son los años 70, el movimiento feminista en boga,
especialmente resaltado en el personaje de Michelle Pfeiffer. En la escena de
la cena conoceremos a toda la familia al completo, aunque algunos nos habían
sido presentados antes. Son una familia “bien avenida”, en decadencia además.
Nuestra niñera verá fantasmas cuando su personaje parece aún importante,
fantasmas que parecen anunciar la llega de Depp, Barnabas Collins, que tendrá
una contundente y violenta aparición. Simpática broma sobre Mefistófeles y
McDonalds. Mefistófeles nos vuelve a remitir a Goethe.
Johnny Depp lo eclipsará todo, el actor fetiche de Burton se
lo vuelve a pasar en grande y nos ofrece una de sus típicas interpretaciones
“burtonianas”. Su look, con las ojeras características del cine de Burton,
también clásico del director. La forma de hipnotizar a sus víctimas que tiene
Barnabas, Depp, nos recuerda al Bela Lugosi de “Ed Wood”. Un autohomenaje.
Es fácil deducir que muchos de los momentos de humor son
producto del contraste que se produce entre ese ser del pasado y la época
moderna en la que aparece. Un esquema muy clásico.
El primer encuentro entra Barnabas y la bruja, Angelique
Bouchard (Eva Green), está muy bien rodado con una buena y sencilla puesta en
escena que acaba con la mujer en posición dominante sobre el vampiro. La
conversación en sí resulta anodina y previsible. Puestos a buscar referentes, el
siempre recurrente “Nosteratu” (1922) de
Murnau, viene a la cabeza. También saldrá Scooby-Doo, aunque éste no
como referente.
Eva Green no hace una interpretación sutil, pero eso es
justo lo que se le pide y aguanta dignamente a Depp.
El personaje de Barnabas es muy influenciable y débil de
carácter, la seductora bruja le tentará en múltiples ocasiones y él caerá
alguna vez en esa tentación y le costará resistirse en otras. El sentido del
humor de la cinta es bastante ingenuo e infantil, aunque en ocasiones resulta
muy brillante y acertado, como en la magnífica escena donde Barnabas comparte
velada con unos hippies. Vampiros y hippies, ambos anticuados.
“Amar significa no tener que decir nunca lo siento”. “Love
Story” (Erich Segal).
La narración, como comenté, parece olvidar a la niñera y al
niño que debe cuidar, sólo aparecerán al final y de forma muy tangencial al
personaje principal.
Los Collins, impulsados por Barnabas, comienzan a reverdecer
viejos laureles, vuelven a crear una empresa con maquinaria pesquera moderna… y
nuestra malísima bruja espera a que ésta esté acabada y construida por completo
para ofenderse, preocuparse y mosquearse… es mala pero calmada… a veces.
La narración se irá salpicando de planos del mar salvaje
golpeando a las rocas, como los que vimos al inicio, como un destino que parece
acercarse a su repetición en el mismo lugar, como así sucederá. Una repetición
que debe darse para superarse. Magia, muerte, destino… Mundos muy queridos por
Burton y que serán referenciados por la niñera en una conversación con
Barnabas, en una escena con un plano que vuelve a calcar a Friedrich.
La película tiene una música setentera excelente T-Rex;
Hendrix; The Stooges; The Carpenters; Elton John; Black Sabbath; Barry White; The
Killers en su versión del “Go All The Way” de los Raspberries, escrita por Eric
Carmen; The Moody Blues; Deep Purple; Iggy Pop… También Alice Cooper, que
tendrá un cameo donde nos cantará dos de sus clásicos en una estupenda broma… “No More Mr. Guy Nice” y “Ballad Of
Dwight Fry”.
La irresistible atracción que la bruja produce en Barnabas
queda consumada en la escena del polvo salvaje por una habitación que contiene
pinturas de sangre, muy acorde con el tono de la propia escena, pura pasión. Barnabas
triunfa enormemente con las mujeres, la brujilla, la niñera, la doctora… La
niñera reaparece para ver a su fantasma, igual que al inicio, pero esta vez le
pide ayuda. Además nos contará su trágica historia y un vago relato de por qué
viajó hasta Collinsport y su misterioso comportamiento.
Así tenemos que en la parte final todo se repite. La mala
malísima bruja vuelve a pillar a los dos enamorados, con lo que sus celos
renacen. Intentará en última instancia chantajear a Barnabas como recurso
desesperado, y ante la negativa de éste volverá a encerrarlo en un ataúd para
que reflexione unas cuantas décadas más. Esa manía que tiene la brujilla. Esto,
gracias a Dios y al chavalín que cuida Victoria que pasaba por allí, no se
producirá y nos conducirá a la batalla final, muy “tenebrosa”, donde la villana
se redime en cierta medida cuando vemos que amaba desesperadamente a Barnabas,
hasta el punto de entregarle su corazón. Una bella y romántica imagen.
El final vuelve a ser de un romanticismo exacerbado, un romanticismo
vampírico donde la buena de la niñera, Victoria, se parecerá en su look a “La
novia cadáver”.
Una película fallida, muy irregular, con una gran estética
visual, aunque vista, y algunos buenos momentos, pero en general descompensada,
vacua, vacía, superficial y poco entrañable, un guión muy deslavazado y
disperso que se pierde en multitud de tramas sin que ninguna acabe de funcionar
por completo. Un discreto divertimento.

















































