Mostrando entradas con la etiqueta Chloë Grace Moretz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chloë Grace Moretz. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de marzo de 2012

Crítica: LA INVENCIÓN DE HUGO (2011) -Última Parte-

MARTIN SCORSESE







Todo está repleto de relojes. Hugo y su padre leían a Julio Verne, autor que también mencionará el librero y al que adaptó el propio Méliès en “20.000 leguas de viaje submarino”. Otro hacedor de sueños.

Hugo comparará el propósito de las máquinas con el de las personas, todos tienen uno. Ese es el motivo por el que las arregla, le pone triste que no funcionen, aplicará lo mismo, por tanto, a las personas. El redentor. Arreglar, reparar, redimir

Es en este momento cuando volveremos a ver los planos generales sobre París, el mundo como un mecanismo dice Hugo, con lo que cobrarán todo su sentido los planos iniciales.

El sueño o la pesadilla de Hugo contendrá relojes y trenes, como no podía ser de otra manera, un presagio de que su destino se acerca, un destino que teme porque no sabe lo que le deparará, así si vimos trenes recorrer las vías por encima, por debajo y a lo lejos de Hugo, en su sueño uno lo atropellará. Pero no es un simple sueño, es un sueño dentro de un sueño, en el segundo lo veremos convertirse en el autómata, necesitado de reparación y a la vez reparador del destino de los demás.

Christopher Nolan en “Origen” (2010) ya se introdujo en el mundo de los sueños, de los sueños dentro de los sueños y los vinculó con el cine y la ficción, pero en un lenguaje codificado.


Esa constante vinculación entre vida, sueños, memoria, recuerdos, ficción y cine, y la idea de éste último como redentor no sólo está desde el guión, también lo vemos en la puesta en escena. Así veremos como el escritor fan de Méliès quedará fascinado con el modo en que se crean los sueños haciendo películas, como le dice el propio director; Hugo e Isabelle mirarán igualmente fascinados esa magia creada que sale de un proyector en el cine en el que se cuelan (Isabelle por tanto vive una aventura, su mayor deseo), la misma mirada que tienen junto a “Mamá Jeanne” cuando ven “Viaje a la Luna” (superando los miedos y frustraciones tras el visionado); Méliès sentirá lo mismo la primera vez que ve el cinematógrafo; Hugo rememorará lo que le contó su padre sobre su primera experiencia viendo una película, “Viaje a la Luna” de nuevo… miradas fascinadas, soñadoras…


El tío Claude aparece muerto a la rivera del río, dejó de dar cuerda a los relojes y, por tanto, el desenlace no podía ser otro.

Hugo da cuerda a los relojes, y a las personas, la profesión se convierte en metáfora, todos necesitamos que nos den cuerda de una forma u otra. Todo ejemplificado en el autómata.

Los chicos y Tabard irán a ver a la familia Méliès y tras discutir un poco y rememorar el pasado “Mamá Jeanne” accederá a ver la única película que, en teoría, se conserva de su marido, donde ella participa como actriz. “Viaje a la luna” (1902).

Pocas veces ha sido tan emocionante una proyección como la que vemos en casa de los Méliès. Manual, donde el arte, el pasado, los orígenes, el respeto, el amor, los recuerdos y la emoción se funden en las miradas de las 4 personas que ven la película.


Georges Méliès descubrirá la proyección y caerá derrotado en su rencor con el mundo, redimido por fin por ese chaval que no cejó en su determinación de descubrirle al gran cineasta su verdadero lugar en el mundo, su verdadero propósito.


Méliès nos contará su pasado como mago, la construcción de su propia cámara, como quedó fascinado por el invento de los Lumière, aunque estos pensaban que no era más que una moda pasajera. Veremos al fascinador fascinado, al mago hechizado. Lumiére no fue un visionario con respecto al futuro del cine, D. W. Griffith tampoco, pensó que en las películas jamás se hablaría.

George Méliès relatará cómo después de la guerra dejó de interesar su arte y su frustración. Todo un ejercicio de metacine totalmente disparado y rubricado con el cameo del propio Martin Scorsese como fotógrafo.


El montaje es la magia del cine, como bien muestra Nolan también en su soberbia “Origen”, es la posibilidad y el mecanismo de los sueños. Extraordinaria la escena donde vemos como el montaje produce una escena mágica.

La cima, el éxito, el celuloide inmortal convertido en tacones de zapatos o botas militares, los decorados de los sueños derruidos en una pesadilla. El signo de los tiempos.

Georges Méliès aceptará su pasado, renunciará a olvidarlo y se redimirá gracias a Hugo.


Las historias cotidianas en la estación siguen su curso, así el quiosquero encontrará la forma de acercarse a la dueña el café comprando otro perro, la amistad de los chuchos posibilitará la tranquilidad de la relación.


El policía no cejará en su persecución a Hugo, este se escapará y dará lugar a una de las escenas más impactantes visualmente, con Hugo colgando del reloj de la estación para ocultarse de los dos sabuesos y recordando de paso a Harold Lloyd en la película que vio. Una vez más Scorsese vincula la ficción de lo que vio en el cine con la vida usando lo que vio de manera práctica. Pura magia constante.


Al final de esta persecución la pesadilla de Hugo casi se hará realidad al intentar rescatar al autómata de las vías del tren, al caer éste allí en un forcejeo con el policía. Un tren se acerca a toda velocidad dispuesto a pasarle por encima pero será el propio policía quien lo rescate. Cine, sueños y vida, siempre unidos como veis. El destino ha llegado, el tren parará al lado de Hugo.


La historia de Hugo apelando a la vida que también ha tenido el policía y la aparición de Georges Méliès para defenderle y adoptarle terminan el ciclo de redenciones, la confirmación de la del propio Méliès, la del policía ante las miradas interesadas de la florista…


El homenaje al gran Georges Méliès, la recuperación de muchas de sus películas que se creían perdidas, nos deja otro momento de desbordante emoción. Cuando Méliès da las gracias por la “reparación” que Hugo le ha hecho y el gesto cada vez más emocionado y avergonzado del chico, que en esta escena está sencillamente magistral. Luego tendremos otro ejemplo de metacine cuando el Méliès interpretado por Ben Kingsley se convierte en el Méliès real en un mismo plano.

El cine como redentor. Como se aprecia “La invención de Hugo” encaja perfectamente con los temas más personales de Scorsese.

La mirada emocionada de Méliès en su homenaje es la del orgullo ante su obra, el orgullo que debemos intentar sentir todos ante nuestras obras, artísticas o vitales.

Arreglar. Reparar. Redención.

La invención de Hugo” está tan desbordante de creatividad y magia como el cine de Méliès. Pura imaginación.

Ven las cintas del grandioso cineasta francés, son cortas y realmente mágicas. Las películas de Méliès referenciadas con imágenes son “El viaje a la Luna” (1902), "Le mélomane” (1903), “El reino de las hadas” (1903), “El rey del maquillaje” (1904), “Viaje a través de lo imposible” (1904), “Las cuatrocientas farsas del diablo” (1906),“La fée carabousse ou le poignard fatal” (1906), “Papillon fantastique” (1909), “Les illusions fantaisistes” (1910), “A la conquista del polo” (1912). Las recreadas en “La invención de Hugo”, en rodajes etc. son un buen número… “Le cauchemar” (1896), “Cenicienta” (1899), “La libellule” (1901), “El hombre de la cabeza de goma” (1901), “Faust aux enferns” (1903), “La chrysalide et le papillon dór” (1903), “Le cake-walk infernal” (1903), “Le palais des mille et une nuits” (1905), “Le menuet lilliputien” (1905), “Le raid Paris-Monte Caro en deus heures” (1905), “Las cuatrocientas farsas del diablo” (1906), “El eclipse: El cortejo entre el sol y la Luna” (1907), “Grotte avec flames”, “La dithguika”.


El plano secuencia final redondea la película, estilísticamente se podría decir que le da forma circular al empezar ésta con un plano secuencia también. Más minimalista en la forma pero intenso en el fondo con todos los personajes reunidos en la casa de los Méliès, policía y florista unidos como pareja, él con un artilugio nuevo para su pierna que funciona perfectamente creado por Hugo, otra reparación hecha por el chaval; Hugo haciendo trucos de magia; Méliès hablando apasionadamente con su mujer y Tabard, el escritor, sobre su trabajo; el librero recomendando libros, lo que más le apasiona, al quiosquero y la dueña del café sobre perros; los músicos que veíamos en la estación ponen música en el mismo decorado e Isabelle observa como Hugo disfruta y escribe sobre él en un libro mientras la cámara de Scorsese nos lleva a otra habitación donde encontramos al autómata, que es la creación en sí misma, y la clave de todo, satisfecho con lo que ha logrado. La voz en off de la propia Isabelle, que cierra la película con unas bellas palabras, rubrica la cinta con un final feliz donde la familia, el hogar y el amor son la razón de ser. Una bellísima escena.

Por si alguien duda, comentar que Hugo no existió, es un personaje de ficción en una historia real. Todo lo que acontece con Méliès es cierto. Una vez más la mezcla y la confrontación difuminando los límites de la realidad y la ficción. La concepción visual tan fantástica recrea la magia del cine y de la imaginación infantil de forma deslumbrante.

Hemos visto como muchos de los temas clásicos de Scorsese se mantienen en “La invención de Hugo” adaptados al género y tipo de película, infantil y familiar, así el calvario para redimirse, el camino habitual de los atormentados personajes del cineasta aquí se convierte en un camino, que también redime, pero hacia el descubrimiento de uno mismo, de cuál es nuestra función en el mundo.

Los seres solitarios, antisociales, buenos en ocasiones, que se enfrentan a un mundo injusto también está presente en Hugo, donde tanto Méliès como el propio Hugo, incluso Isabelle, son seres solitarios pero a diferencia de los títulos más famosos de Scorsese no son personajes perturbados o lindantes con la psicopatía (“Taxi Driver”, “Malas calles”, “Toro Salvaje”). Las películas de Scorsese suelen tener una fuerte presencia individualista, todo suele girar en torno a un personaje, el resto son, a menudo, complementarios del mismo. Aquí también sucede. Los personajes femeninos han ido cobrando presencia en las películas más personales de Scorsese, pero su cine es masculino en su mayoría. Aquí, Isabelle tiene una presencia importante. La soledad de sus personajes suele supeditar su psicología, aquí ocurre de forma clara. La puesta en escena es deslumbrante y virtuosa pero los movimientos de cámara no son nerviosos ni la violencia tiene presencia en la cinta, algo coherente respecto al género y estilo del film y que Scorsese ha hecho en varias ocasiones, cambiando su estilo frenético para adecuarlo con el fondo del tema tratado. Con todo, la cámara se mueve libre, fluida, juvenil, como corresponde también a la cinta, con extraordinarios planos secuencia.

Los componentes autobiográficos, habituales en su cine, aquí son especialmente íntimos, ese padre cinéfilo que acompaña a Hugo a ver películas se corresponde con la vida del cineasta, así como la infancia solitaria entre otras cosas… como su pasión por el cine. Esa pasión por el cine que le lleva a incluir referencias cinéfilas más o menos encubiertas en todas sus películas.

Johnny Depp es productor de la cinta.

Pocos defectos pueden ponerse a la película, algún truco de guión que no molesta y acaba resultando encantador, como la aparición del escritor en la biblioteca, y poco más.

Una película para los que amen el cine, les guste soñar, vivir, amar y reflexionar. Sí, la magia existe, y aunque algunos lo olvidan o se consideran demasiado importantes para tenerla en cuenta, ahí está.




jueves, 1 de marzo de 2012

Crítica: LA INVENCIÓN DE HUGO (2011) -Parte 3/4-

MARTIN SCORSESE







Hugo observará todos los rincones de la estación, incluido el despacho del policía, una extraordinaria y nuevamente simbólica idea que confronta el aparente exterior al esencial interior.

Tendremos un momento de humor adulto con la conversación entre los dos policías, y las dudas sobre la fidelidad de la mujer de uno de ellos, muy conseguido.



En la nueva visita a la librería la película pega su giro definitivo y pone la mirada en el cine, el amor de Scorsese ya no se esconde más y lo declara abiertamente. Referencias a “Robin Hood” interpretado por Douglas Fairbanks, personaje también referenciado en la maravillosa “The Artist”. Iremos con ellos a un cine donde ponen un festival de cine mudo y veremos posters de Harold Lloyd, Charles Chaplin, Charley Chase… ¿Qué película muda se puede entrar a ver teniendo en cuenta los componentes de “La invención de Hugo”? Exacto. “El hombre mosca” de Harold Lloyd y la mítica escena del reloj, como es lógico. No puede ser una idea más brillante. Ambos vivirán con pasión el espectáculo de esa obra maestra, viviendo como si fueran ellos el riesgo que corre el bueno de Harold Lloyd, sucumbiendo a la magia del cine y quedando completamente hechizados por el cinematógrafo.

Más carteles “Judex” (Louis Feuillade, 1916), Rodolfo Valentino, también referenciado en “The Artist” (Michel Hazanavicius, 2011), Buster Keaton

Tras sincerarse Isabelle sobre la oposición de su padrino a que viera películas será Hugo el que cuente como él iba a menudo con su padre al cine para evadirse de la muerte de su madre. Una vez más la idea del arte, aquí el cine, como redentor.

Ya tenemos que el cine para Scorsese es muchas cosas, redentor, mecanismo de evasión y escapismo, nuestra memoria, olvido, pasión, generador de sueños, aventura…

Hugo hablará de la primera película que vio su padre y que le marcó. “Viaje a la Luna”. El padre definió su experiencia como “ver sus sueños de día”. El cine generador de sueños y viceversa. Scorsese nos va adentrando en el universo del metacine y el metalingüismo. Hugo contándole a Isabelle que su padre vio una película de su padrino, sin que ellos mismos sepan la verdadera identidad de éste. El destino, la conexión… y para realzarlo, Scorsese hará sonar un tren en off cuando Isabelle pregunte a Hugo donde vive.

Ya son tres las veces que un tren se cruza con Hugo, primero pasó por debajo suya, luego por encima cuando estaba frente a la casa de los Méliès y ahora en off al mismo nivel en la lejanía, símbolo de su destino, se va acercando, al llegar a aquella casa se nos indica que va por buen camino, cuando suena en off al preguntarle Isabelle nos indica que su futura vivienda está relacionada con ella.

Aparecerá otra vez el tren en un sueño y en la secuencia final para redondear esta evolución.

Las referencias literarias, nueva vinculación del arte en la vida, salvará a Hugo, a través de Isabelle, de una situación comprometida con el policía (Sacha Baron Cohen), en esta ocasión será Christina Rossetti.

Hugo se siente algo despreciado por ser llamado inculto, palabra que usó Isabelle para salvaguardar su seguridad, y decide dejar a la chica para irse a su rincón en el reloj, en ese momento una marea de adultos ajenos al sentir de los críos irrumpe en la estación tirando al suelo a la chica que desesperada, y con unos planos muy clásicos de Scorsese partiendo la pantalla, en un uso muy típico también del cine mudo, pide ayuda. Hugo regresará y será su salvador, ejemplificando su carácter redentor. Es por ello que en ese momento descubrirá la llave que le falta a su autómata en el cuello de Isabelle, con lo que invitará e incluirá, por primera vez, a una persona en su micro universo. De paseo por los humeantes y oscuros pasillos de las interioridades de la estación Isabelle nos dedicará otra referencia literaria, Jean Veljean, el protagonista de “Los miserables”.


Es fascinante ver como se pone en funcionamiento cada pieza del autómata, piezas pequeñas o grandes pero todas absolutamente imprescindibles para que funcione. Un autómata que unirá todas las claves y vínculos sugeridos durante la cinta mediante el arte, nuevamente, la pintura del plano más mítico de “El viaje a La Luna”, con el cohete en el ojo del satélite. Hugo ya no se sentirá solo.




















El ojo de la Luna y el ojo en la cerradura. Los ojos, como vengo comentando, importantes, la mirada, que es el cine. Los críos ya en casa de los Méliès indagan en el significado del dibujo y encerrados en una habitación descubren pinturas de los antiguos trabajos del gran director, con los mencionados recursos visuales de Scorsese alimentando la idea de la unión entre realidad y ficción, la inexistencia del concepto de la realidad que carece de límites. Un misterio, el descubrimiento de un secreto y una aventura apasionante y necesaria para los chicos.

La frustración de Méliès lo lleva a definirse a sí mismo como “un comerciante, un juguete roto”. La coherencia y solidez de los conceptos de la cinta son increíbles.

Christopher Lee regalará el libro de “Robin Hood” a Hugo, en un reconocimiento de su persona. De las reticencias iniciales del librero con él, por su aspecto, ahora le incita con ese regalo a ser más él mismo que nunca. Un acto simbólico de lucidez por parte Monsieur Labisse.

Seguimos con la evolución de las, aparentemente, historias superfluas de la película con la entrañable escena de seducción del policía a la florista (Emily Mortimer), que nos recuerda a la chapliniana de “Luces en la ciudad” (Charles Chaplin, 1931). Un paso definitivo en el personaje del policía que queda aquí humanizado dando mayor cohesión a su posterior evolución. Personajes secundarios perfectamente dibujados. El personaje de la florista está más difuso pero lo suficientemente cuidado para intuir su soledad y necesidad de dar cariño.


Scorsese no centra de forma clara su discurso en el cine hasta casi la hora de película, antes sólo lo insinuó sutilmente (el sonido del proyector para los recuerdos de Hugo, los dibujos del autómata en la libreta del chico…). En la biblioteca del cine encontrarán información sobre el gran Georges Méliès, y tendrán la fortuna de coincidir con el autor del libro que leen  (un truco de guión pero que se acepta en ese universo mágico que Scorsese propone), “La invención de los sueños” de René Tabard, admirador incondicional de Méliès y que ayudará a los chicos.

Allí descubren la magia e importancia de los orígenes que, como he comentado, es tema básico en la película, descubren el cine como generador de sueños y la formación de un nuevo lenguaje.


Al respecto puede llamar la atención que Scorsese ruede una película en 3D, algo que han criticado algunos por verlo comercial, supongo que los mismos de siempre que por no entrar en el fondo se quedan en absurdeces como ésta. El hecho es que la idea de Scorsese de usar el 3D no puede ser más acertada porque no sólo la usa como recurso visual sino metacinematográfico. Me explico, en la escena donde Hugo e Isabelle buscan información sobre Méliès veremos que leen sobre la reacción de la gente cuando vio por primera vez una película, un simple tren entrando en la estación de los hermanos Lumière (“Llegada del tren a la estación de La Ciotat”, 1895). Scorsese recreará la escena y veremos la incredulidad en el rostro de los muchachos por la ingenuidad de sus ancestros. Es en ese momento cuando la cabeza del espectador, como un mecanismo de relojería perfecto, recuerda como ellos dos que tanto se asombran de la incredulidad de los primeros espectadores han vivido apasionadamente como Harold Lloyd pasaba apuros para mantenerse en una cornisa en “El Hombre mosca”, hecho que podía despertar la sonrisa del espectador actual por la ingenuidad e inocencia de esos dos chicos que ve en pantalla, porque él, en ese preciso instante, se asombra de cosas mucho más avanzadas… el 3D.


Esta idea es para estar haciendo la ola al autor de esta obra maestra cada vez que se le nombre. La fantástica evolución pero la importancia de la creación, del fondo, de la historia, de los maestros y los orígenes. Todos, los que se sorprendían con la llegada de un tren, con una cinta muda o con el mundo de “Avatar” (James Cameron, 2009), somos los mismos. Esto y la importancia de las cosas pequeñas, nimias, esa capacidad de sorprenderse con ellas, algo ligado siempre con la infancia o el espíritu infantil.

La idea de mostrar alguna película de los Lumière es también un homenaje al documental (es lo que son las cintas de los Lumière), un género que Scorsese frecuenta con tanta devoción y proliferación como el de ficción. Una vez más lo biográfico y profundamente personal, traspasa la pantalla.

En esta escena Scorsese recreará momentos de las épocas sobre las que los chavales leen, una vez más la imaginación de Hugo se verá reflejada como en un proyector, un cuadro pintado en el techo de la biblioteca de un hombre que lanza un rayo de luz desde su dedo se convertirá en el artilugio y veremos escenas de múltiples películas mudas, entre ellas un vaquero que nos dispara a los espectadores que a todo seguidor de Scorsese le recordará a Joe Pesci disparándonos al final de “Uno de los nuestros” (1990). Una espectacular escena que homenajea a los pioneros.

Las películas tienen el poder de capturar los sueños”. “Salida de los obreros de la fábrica” (Louis Lumière, 1895), “Llegada del tren a la estación” (Louis Lumière, 1895), “El hombre mosca” (Fred C. Newmeyer, Sam Taylor, 1923), “La caja de Pandora” (Georg Wilhelm Pabst, 1928), “El ladrón de Bagdad” (Raoul Walsh, 1924), “El maquinista de la general” (Buster Keaton, 1926) , “El chico” (Charles Chaplin, 1921), “El gabinete del doctor Caligari” (Robert Wiene, 1920), “Los 4 jinetes del apocalipsis” (Rex Ingram, 1921), “La hija del agua” (Jean Renoir, 1925), “El hijo de la pradera” (King Baggot, William S. Hart, 1925), “Asalto y robo de un tren” (Edwin S.Porter, 1903), “Intolerancia” (D. W. Griffith, 1916), “Hell’s Hinger (Charles Swickard, 1916), “Dickinson experimental sound film” (1894), “Corbett and Courtney before the Kinetograph" (William K. L Dickson, William Heise, 1894), “The Kiss” (William Heise, 1896)...

René Tabard (Michael Stuhlbarg) nos narrará sus recuerdos y sueños con el propósito de ayudar a los chavales, un fan de Méliès. Estos recuerdos también serán mostrados con los encuadres difuminados por los bordes. Un autor que conserva todos los fetiches y recuerdos posibles del gran cineasta francés y que al conocer que está vivo acompañará a los chicos a conocer al director. En esos recuerdos Scorsese nos sumerge en el rodaje de ese maestro pionero, una auténtica gozada para los cinéfilos donde veremos “cómo y dónde se crean los sueños”, los juegos de perspectiva que con el 3D cobran aún más sentido e impacto y toda la magia del creador. Si, como se dice en la película, todos estamos aquí por una razón y cada uno debe hacer lo que sabe, el creador debe crear.

 






miércoles, 29 de febrero de 2012

Crítica: LA INVENCIÓN DE HUGO (2011) -Parte 2/4-

MARTIN SCORSESE







Todo tiene un porqué en “Hugo”, nada es baladí y, por el contrario, sí es muy simbólico. El hecho de que Hugo viva en una estación dentro de un reloj no es gratuito. La estación representa su estatismo, está en “stand by” tras la muerte de su padre, el destino le impulsará a salir de su cascarón para dar cuerda a su vida y a la de los que le rodean. Se siente a salvo en su estatismo y siente miedo al salir de la coraza, pero un destino poderoso le impulsa. El reloj cumple las veces de corazón, todos los personajes tendrán relación de una forma u otra con relojes, son la vida y hay que darles cuerda. Estatismo vital por tanto.


El misterio.

Como en toda buena película infantil que se precie debe haber un misterio, un secreto, una aventura. Aquí ya está planteada, ¿qué es esa libreta?, ¿por qué la persigue con ansia Hugo?, ¿por qué afectó tanto a “Papá Georges”?

En la vuelta de Hugo veremos cómo vuelve a recorrer el pasillo de las estatuas pero al fondo intuiremos una leve lámpara de resplandor dorado. Una esperanza. El París que nos presenta Scorsese es espectacular visualmente.

Llegan las primeras respuestas con el flashback donde Hugo recuerda a su padre y entendemos así su obsesión por la libreta, en el fondo Hugo es otro personaje obsesivo más en la filmografía de Scorsese. Dicho flashback será precedido por el sonido de un proyector, sonido que cesará cuando el flashback termine. Scorsese nos dice que el cine es la vida, es la memoria, es la conservación. Puro amor al cine. Maravilloso momento.


El cine como memoria.

Aquí encaramos otro de los temas clásicos de Scorsese el conflicto entre realidad y ficción, como la ficción influye en la vida o como sólo podemos vivir una vida a través de la ficción. Si el protagonista de “Toro salvaje” (1980) sólo es admisible en sociedad, es un psicótico de cuidado, dedicándose al boxeo, un mundo ajeno al “real” que admite su anomalía, o los protagonistas de “El rey de la comedia” (1982) o “New York, New York” (1977) sólo están cómodos y dan prevalencia a su trabajo, artístico, sobre su vida personal, o el de “Taxi Driver” tiene su mirada perturbada o el de “Shutter Island” prefiere inventarse una realidad para soportar su dolor… aquí Hugo tendrá en el cine su evasión, y el cine, el arte, lo artesanal, será la vida misma, redentora al final del propio “Papá Georges” y los que le quieren.


El cine no es sólo un entretenimiento para Scorsese, es salvador, beatífico, es la memoria de nuestros maestros, sin la memoria estamos perdidos, es evasión, es una forma de conservar lo bueno y es vida. El amor de Scorsese por el cine es incondicional.

Jude Law es el padre de Hugo, un relojero, un artesano que enseñó su oficio a nuestro protagonista. Veremos por primera vez al autómata y se nos explicará en el flashback de donde procede. Entenderemos así la obsesión de Hugo y su objetivo.

Padre e hijo trabajarán y soñarán para sobrellevar la muerte de la madre de Hugo, esta circunstancia la iremos conociendo conforme se desarrolle la película. También usarán el cine como evasión, por supuesto.

La familia, otro de los temas indispensables en Scorsese, su falta o su dependencia, aquí estará especialmente presente. La orfandad, Isabelle acogida por la familia de los Méliès, Hugo y la pérdida de sus padres, su búsqueda de un mensaje de su progenitor, el policía encarcelador de chavales huérfanos que también lo fue a su vez… La familia, en un italoamericano como Scorsese y con sus historias sobre la mafia en la memoria, siempre indispensable.

Magníficos planos del padre rodeado de relojes. La vida en curso. El corazón del autómata es otra complicación, el padre de Hugo lo definirá como un misterio y este responderá que eso le hace feliz seguro. Una vez más el misterio presente como impulso vital, la necesidad de intrigarse, de la curiosidad como cuerda vital.

Las ensoñaciones o recuerdos serán mostrados por Scorsese con los bordes del encuadre difuminados, la idea de magia siempre sobrevuela la cinta, tanto en el aspecto visual como en los efectos de sonido.

La muerte del padre está tratada con toda la concisión del mundo, con sequedad y dureza, especialmente cuando el tío Claude (Ray Winstone), se lo comunica a Hugo. Como comenté todos los personajes tendrán su vinculación con relojes, el tío Claude es el encargado de poner en hora los de la estación, trabajo que enseñara a Hugo y además robará uno de bolsillo de la casa de éste. Hablará del tiempo “Tiempo. Tiempo es… 60 segundos en un minuto, 60 minutos en una hora. El tiempo lo es todo.” Esta última frase se dirá frente a la tumba del padre de Hugo. El tiempo no es nada si no das cuerda a tu reloj.


Continúa la vida en la estación. Hugo observándola y buscando el momento de poder robar algún croissant humeante y apetecible, mientras la rutina cotidiana y las historias que Scorsese presentó siguen su curso, el quiosquero que sigue sin poder acercarse a la dueña del café sin que su perro le ataque, la florista con sus flores y la pierna del policía, su rasgo distintivo, vigilante. Este personaje también tendrá su reloj, que sacará y oiremos de forma contundente en una simpática escena donde Hugo se oculta de él tras una farola, homenaje a los clásicos del humor mudo. Los travelling de acercamiento ansioso de Scorsese son míticos, todos recordaréis en muchas de sus películas como transmite la urgencia al acercar la cámara velozmente a un teléfono que suena, en esta secuencia tendremos uno acercándose a los croissants que roba Hugo.


Estas historias, que son aparentes digresiones, tendrán todo el sentido del mundo y formarán un conjunto perfecto al final de la película. Un gran fresco redimido.

Una de estas historias que evoluciona poco a poco es la de amor entre el policía y su pierna atrofiada y la florista. Ella perdió a su hermano en la guerra, él se siente acomplejado por su pierna y canaliza su frustración con una meticulosa dedicación a su trabajo, especialmente meticulosa en lo que a los huérfanos se refiere, que le recuerdan un pasado doloroso. Dos personajes sumidos en el dolor.

Tras la crueldad de “Papá Georges”, Isabelle (Chloë Grace Moretz) ayudará y dará esperanza a Hugo, y aliviará el susto al creer éste que su libreta había sido quemada. Ella está fascinada por los libros y las aventuras, pero no ha vivido ninguna y tiene ganas de hacerlo, así comprendemos por qué bajó a la calle a interesarse por Hugo y por qué lo ayuda ahora, está viviendo la primera aventura real de su vida. Isabelle no parará de darnos referencias literarias, ella no ha visto nunca una película, su padrino, “Papá Georges”, no le deja, tiene algo en contra de ellas, pero no para de leer cultivando su aventurera, entusiasta y fantástica imaginación.

Hay un aire a Dickens, además la cinta cuenta con la presencia de Ben Kingsley, que ya hizo de Fagin en la adaptación de Polanski a “Oliver Twist” (2005).

Sidney Carlton, el protagonista de “Historia de dos ciudades”, Heathcliff, el de “Cumbres borrascosas”, “El país de nunca jamás", “La isla del tesoro”, “Oz”, "David Copperfield"… serán algunas de las referencias que Isabelle nos irá dejando.

Una buena amalgama de referencias para esta adaptación de la novela gráfica de Brian Selznick.


En la librería a la que Isabelle lleva a Hugo tendremos el placer de ver a Christopher Lee (Monsieur Labisse), el dueño de la misma.


La influencia del arte, su evocación en la vida, está representado en el personaje de Isabelle, sus lecturas crearon su carácter y espíritu y es lo que la impulsa, lo que le da cuerda.

Robin Hood era el libro que padre e hijo leían juntos, una nueva referencia cultural, por supuesto nada gratuita, Hugo será la pieza básica en ese engranaje de los seres que le rodean, dará sentido a sus vidas con generosidad, pero a cambio robará algunas herramientas y croissants. La escena en la librería se cerrará con un picado total tras la mención al padre, como si lo observara desde el cielo. Esta idea no es gratuita ya que Hugo busca un mensaje de su padre en el autómata. Como siempre en Scorsese la idea religiosa estará presente.

El examen del dueño de la juguetería, “Papá Georges”, a Hugo para que repare el ratoncito que rompió me produce mucha emoción, la forma en que está rodado, el acto de la creación artesanal, el mimo de los planos en contrapicado dando importancia a las miradas y al acto de reparación en sí crean un momento hipnótico y conmovedor.

Scorsese utiliza en varias ocasiones recursos visuales, como el ratón reparado o las hojas de la caja que esconde la mujer de Georges, “Mamá Jeanne”, que parecen cobrar vida, para unir, vincular, una vez más, la fantasía, la ficción en la vida misma, en la supuesta realidad. Es por ello que lo que cobra vida en esos recursos visuales (ratón, dibujos…) son trabajos artísticos o artesanales.

El colorido de la cinta, sobre todo en la estación de trenes de aspecto bohemio, especialmente en esos músicos que tocan en el café, remite a pinturas de Toulouse Lautrec por ejemplo.

Hugo pasó el examen y trabajará para “Papá Georges”, que le enseñará magia y trucos de cartas ante la atenta y fascinada mirada del chico. Durante el trabajo Scorsese nos sorprende con una sensibilidad y sutileza para el mundo infantil que nadie pensó tendría, así una mirada curiosa y disimulada es cazada por “Papá Georges” mientras hace uno de sus trucos de magia, en la escena siguiente veremos cómo éste enseña a Hugo esos trucos. El vínculo entre ellos se ha estrechado. El arte, la magia, los sueños, el cine…


Las miradas siguen, como durante toda la película, y ahora nos muestran el creciente enamoramiento de los chavales, sutil y sin subrayado, miradas furtivas y embobadas, creciendo el amor, como va creciendo el autómata de Hugo.

Es el nacimiento, el respeto y la importancia de los orígenes, en todo. Como Méliès es el origen de la historia del cine, su nacimiento. Esa es la esencia de la película y del homenaje.

La música es otra maravilla. Es de Howard Shore.

Una vez el trabajo parece concluido el autómata sigue sin funcionar, falta la pieza clave, la llave en forma de corazón. El corazón, la esencia del arte. Scorsese sigue de forma maestra enlazando sus conceptos en ese vínculo y confrontación de la ficción y la realidad. El interior repleto de mecanismos de un reloj para que funcione, la necesidad de darle cuerda, la importancia de cada pieza, llevado a la vida, cada persona como una pieza importante para que el mundo funcione y el corazón como la llave para darle sentido a todo.

Falta el corazón, el alma, necesario e indispensable en toda creación artística y, por supuesto, en la vida.

Un mensaje simbólico y codificado de Scorsese realmente bello.