No puede caber ya duda de lo que venía anunciando años
atrás. Juan Antonio Bayona sería algo así como nuestro Spielberg, guardando las inmensas
distancias. Es algo que pretende y se nota.
Hay cierto paralelismo, desde sus inicios con productos de género
de buena calidad, aunque hubiera mucha más pureza en Spielberg, a la indagación en ciertas temáticas donde la infancia, el suspense y el espectáculo
tienen gran importancia. Ahí dejó “El orfanato” (2007), un exitoso mecanismo
de terror con fantasmas, “Lo imposible” (2012), que se convirtió en un descomunal
taquillazo, y “Un monstruo viene a verme” (2016), que es lo más parecido a “E.T. El extraterrestre” (Steven Spielberg, 1982) a lo que Bayona puede aspirar… Y
ahora retoma en una secuela uno de los legendarios proyectos del genio de
Cincinnati, “Parque Jurásico”, con la segunda entrega del reboot “Jurassic World”. Más pistas imposible.
Asombra ver cómo ha ido metiendo la cabeza en proyectos internacionales
el bueno de Bayona, lo que nos alegra enormemente, porque si algo tienen los
americanos es falta de complejos para valorar el talento, venga de donde venga.
(Os dejo el tráiler
original y el doblado, con añadidos simpáticos, este último al final del artículo).
No es un reto fácil. Hablamos de una saga imperecedera, de
un icono que Spielberg hizo eterno, y que han querido reverdecer por aquello
del “Money”. Y no fue mal, ya que la primera entrega de este reboot, “Jurassic World” (2015), se convirtió en una de las películas más taquilleras de la
historia. De la mano de Colin Trevorrow se dio impulso a la saga con un aceptable
entretenimiento que, a pesar de estar a años luz de la calidad de la original
de Spielberg, satisfizo a los aficionados. Podéis leer el análisis pulsando en el título.
Todo parecía indicar que Trevorrow iba a coger velocidad de
crucero, siendo seleccionado para dirigir la novena entrega, cierre de la nueva
trilogía, de “Star Wars”, pero por H o por B, el caso es que terminó cayéndose
del proyecto, sin contar con que su nueva película, que se estrena hoy mismo en
España, “El libro secreto de Henry” (2017), no ha recibido, precisamente, elogios.
Ese es el reto de Juan Antonio Bayona, mantener el interés
que suscitó la primera parte y, a ser posible, mejorarla, al menos en cuanto a
calidad se refiere. Desde Cinemelodic sólo diremos que la elección del
catalán es un acierto, un director más que adecuado. Desde luego el tráiler deja algunas imágenes muy poderosas.
Más remakes (esta aparte de un reboot es casi un calco de la original en su cantidad de guiños), secuelas o reboots. De nuevo, los dinosaurios
que Spielberg llevara al éxito vuelven a la gran pantalla con una surrealista
continuación que, aunque entretenida, era completamente innecesaria y no aporta
absolutamente nada… Pero bueno, si los espectadores se divierten, ya es algo…
Es más, tendrán una secuela de este reboot bien pronto.
“Jurassic world” cuenta, exactamente, la misma historia que
las anteriores. Un nuevo parque construido donde nos dicen que ahora sí que
sí, que la seguridad es lo más y nada puede pasar. Lo mismo pero más
grande. Como ahora es más seguro, hacen un parque más grande y hacen
dinosaurios en plan Frankenstein, construidos ad hoc para el espectáculo, puras
creaciones humanas jurásicas. Dinosaurios jamás vistos, más grandes y más
inteligentes…
Expuesto esto, sólo queda esperar a ver cuando a alguno de
ellos le da por escaparse, que generalmente será el más grande, cruel y listo.
Por fortuna tendremos a un gran héroe que, no, no es Robert
Redford, pero sí es “El hombre que susurraba a los dinosaurios”, interpretado
por Chris Pratt.
La fascinación infantil, tan apegada al universo Spielberg,
vertebra una de las escisiones de la trama, que se unirá a la otra, la del
héroe Pratt y su relación con los dinosaurios y Bryce Dallas Howard, que
interpreta a Claire.
De hecho, Owen (Chris Pratt) también entroncará con esa
idealista y romántica infancia de diversas maneras. Para eso es el héroe.
Dos hermanos: uno entusiasmado por su viaje al parque de
atracciones jurásicas, fan de los dinosaurios; otro, en plena edad del pavo,
estupidito, que se cree por encima de esas diversiones, renegando de su
hermano, con una novia a la que no se atreve a demostrarle muchos afectos… La
llegada al parque será con el gran John Williams irrumpiendo, aunque se echa en
falta que su mítica banda sonora aparezca más veces. El director, Colin
Trevorrow, volverá a incidir en los niños, sus caras de asombro al entrar en el
parque.
Planos muy sostenidos nos presentan el espectacular parque,
a destacar ese que deja salir la cámara por la ventana de la habitación de los
chavales para sobrevolarlo. Un parque con la Coca Cola y el Starbuscks como
prestigiosas marcas presentes.
Por supuesto debe haber un toque romántico en la película, y
este lo presentarán los dos protagonistas: Claire (Bryce Dallas Howard) y
Owen (Chris Pratt). Una parejita que, como se intuye desde el principio, ya se
conocían antes de que les veamos juntos, y que tienen ciertas desavenencias porque
su relación, o intento, no debió salir del todo bien…
En la primera parte nos queda claro que el flipado y salido
hermano mayor y la fría tía nos caen mal, y el entrañable e ilusionado hermano
pequeño y el domador intelectual de bestias, sobre todo velociraptores, nos caen bien.
Conoceremos a los nuevos dinosaurios, como el mosasaurio,
una bestia marina gigantesca, que despertará y empezará a derribar las barreras
del hermano mayor, Zack (Nick Robinson), que se entretenía con una
videollamada a su novia, devolviéndole un poco del espíritu infantil del que reniega por el crecimiento. Su evolución está bien tratada, como la de Claire,
aunque sean sencillas. En cambio, las menciones y conversaciones repentinas a
los divorcios paternos como sustento psicológico de los chavales resultan
superficiales y poco cohesionadas narrativamente.
El otro gran dinosaurio será creación humana, el Indominus,
que nos lo presentarán entre Masrani (Irrfan Khan), el director del parque, y el
propio Owen (Chris Pratt), que asistirá a su inteligente evasión. Acompañados de Claire. La
presentación del Indominus será escindida, lo que alimenta el misterio sobre su
figura y manifiesta un enrome tamaño. Masrani, jefe del parque, tendrá también
su redención y demostrará sensatez tras ser consciente del error cometido.
El primer encuentro entre el Indominus y Owen deja un duelo de ingenios,
la inteligencia del animal para huir y los recursos el héroe, camuflándose con
gasolina, para evitar ser engullido… porque el bicho se los zampa que da gusto…
Se nos irán comentando las posibles fallas de los
dinosaurios manipulados genéticamente, para advertirnos de lo que ya sabemos va
a pasar. Es interesante un aspecto del megadinosaurio creado genéticamente, el
Indominus, que protagonizará la película, y es que mata por placer, no por
necesidad, lo que podría insinuar el uso de un gen humano… Dejará un reguero de
dinosaurios y hombres muertos.
El tema de las dimensiones del monstruo y las distintas
comparativas en escala con los personajes y demás, no sé si estará muy
conseguido, pero es lo de menos y logra transmitir su grandiosidad, que resulte amenazante, que es lo que importa.
Habrá 4 velociraptores que variarán sus fidelidades según
convenga. El más simpático es “Blue”, que terminará ayudando a su domador,
Owen. Más majo que las pesetas. Los otros son Delta, Charlie y Echo.
Dando la mano al señor Spielberg.
Hay dos detalles apreciables en la cinta: su ligero discurso
metalingüístico en relación a los nuevos tiempos, la sociedad, el cine y sus
secuelas, así como el evidente homenaje a Spielberg, pero no limitado a “Parque
Jurásico”, sino a todo su cine.
Un mensaje metacinematográfico que reflexiona sobre la
necesidad de seguir sorprendiendo haciéndolo todo cada vez más grande, porque
esa sorpresa tiende a desaparecer pronto, así como la fascinación, por tanto
esos dinosaurios que tanto llamaron la atención en su momento, la ilusión que
suscitaron, la magia que transmitían, pasan rápido a convertirse en rutina e
indiferencia… Un camino y una tendencia extrapolable a todo, por ejemplo a las
mismas películas y, por concretar, a las mismas de “Parque Jurásico”, ¿o no os
suena ese proceso?
Se hace aquí una gran broma sutil, un manifiesto y
justificación de la secuela, su razón de ser y pura esencia, sobre todo en las
mediocres: hacerlo todo más grande.
Y es inteligente esto porque la película demuestra
autoconsciencia, un ligero desprecio por sí misma, una resignada autocrítica.
Más bromas metalingüísticas: la camiseta del encargado de la
seguridad, Lowery (Jake Johnson), un friki simpático que homenajea a la primera
parte de la saga, al que Claire obligará a no llevarla más por el recuerdo de lo
sucedido en aquella… Lowery tiene un punto ecologista.
“Aquel primer parque era auténtico. Yo le tengo un respeto
enorme, no necesitaban híbridos genéticos, sólo dinosaurios, dinosaurios de
verdad”.
“Ya está. No vuelvas a traerla”.
Este personaje nos dejará algún gag divertido, como en la
parte final y su conversación con su compañera de trabajo, de la que está
enamorado y por la que es rechazado.
Fan de Spielberg.
Las menciones a Spielberg son abundantes y podríamos hacer
una relación de las películas del genial director que son referenciadas en esta
“Jurassic World”, en su detalle más interesante.
-Ni que decir tiene que los guiños a la primera parte de la
saga son constantes. Ya mencioné las bromas metacinematográficas con el
merchandising, la camiseta, de “Parque Jurásico”, pero habrá más. Es buen entretenimiento encontrarlos, porque son numerosos, algunos muy simpáticos (ese nudo que se ata en su camisa Claire imitando al personaje de Laura Dern, entre otros muchos). Mencionaré alguno de los más claros, pero podéis buscar y encontrar muchos más. Visitaremos
escenarios de la primera parte, veremos una maqueta del mosquito conservado en
ámbar que inició todo y recuperaremos al T-Rex para el final, lo que supone una
reivindicación de respeto a la cinta original. En el clímax los personajes se
protegerán detrás de dicha maqueta. Hasta veremos una estatua de Richard
Attenborough. Incluso desde el punto de vista estilístico, el director,
Trevorrow (que participa también brevemente como actor), recoge planos calcados en forma de guiño: El ojo del dinosaurio, el
ataque al vehículo de los protagonistas, un plano casi calcado al de la primera parte con el nuevo dinosaurio en
un escenario que ya vimos en la película de Spielberg y ahora abandonado, el
juego con los segundos planos… BD Wong es el único actor del reparto original que reaparece.
-Ya he mencionado que la mirada del crío, Gray (Ty Simpkins), es puramente spielbergiana. Podríamos citar muchas
de su filmografía donde esto encajaría, y no necesariamente con niños como
protagonistas, ya que esa fascinación infantil puede estar en un chaval, como
en “E. T. El extraterrestre” (1982), o en un adulto, como el Richard Dreyfuss
de “Encuentros en la 3ª fase” (1977).
-El retrato de Claire no por estereotipado deja de ser
simpático. Es la tía de los chavales protagonistas y lleva toda la gestión del
parque. Ella les suministra pases para que vean todo, pero parece muy ocupada
para ocuparse de ellos. Es fría, poco familiar y poco empática. Una administrativa
sin escrúpulos que tendrá un viaje de redención y que parece ajena a ese mundo
infantil que se reivindica de forma expresa en la película. Una cínica
descreída.
En ese retrato, en ese personaje y en su evolución, es
imposible no recordar “Hook” (1991), la versión que Spielberg hizo de Peter
Pan, una estupenda película que no recibió la valoración que merecía. El
personaje que interpreta Robin Williams sería primo hermano de esta Claire que
encarna Bryce Dallas Howard y que no cree en las hadas.
”Oye, tú tienes claro que son animales de verdad, ¿no?”
Su redención quedará vinculada a las pantallas o los móviles: su hermana le recordará su obligación familiar con sus sobrinos por teléfono,
de lo que no debe desentenderse; y Owen le inspirará la idea para ayudar a los
desdichados chavales a través de otra pantalla.
-Me gusta Chris Pratt como héroe en pantalla, tiene ese
punto divertido, de chulito simpático, como ya demostró en “Guardianes de la galaxia” (James Gunn, 2014), que también mantiene aquí, aunque mezclado con
algún toque amanerado que le convierte a veces en “El hombre que susurraba a
los dinosaurios”, como he comentado. Un Tarzán moderno, un Cocodrilo Dundee. Sería
un buen Indiana Jones, y en su look y rol nos pueden recordar al héroe
spielbergiano en esta cinta. Él es tradicionalista y defensor de los animales.
Siempre tendrá razón en todo, por supuesto, aunque a menudo su lucidez resulte
excesiva y poco creíble, pero como los demás son tontos, torpes o avariciosos
tardarán en hacerle caso más de lo necesario en muchas ocasiones, lo que creará
problemas. Sus diálogos con Claire dejan momentos divertidos.
-Uno de los homenajes más entrañables se realiza a “E. T. El extraterrestre”. Lo tenemos con ese agonizante dinosaurio al que Owen susurra
cositas bonitas antes de morir. Si os fijáis en su cara es la viva imagen del
extraterrestre que nos ablandó el corazón. Se parece una barbaridad. Además,
este momento humanizará a la fría Claire.
-¿Cómo no recordar en las escenas con el mosasaurio a
“Tiburón” (1975), en especial esa en la que la cuidadora de los chavales es lanzada al
agua por un pterosaurio? De hecho, el gigante dinosaurio se come un tiburón, para acentuar la cosa.
-Podríamos intuir en la persecución obsesiva de los
velociraptores a la furgoneta que conduce Claire, un remedo jurásico de “El
diablo sobre ruedas” (1971).
-La escena final, con todos los visitantes reunidos buscando
a sus familiares o esperando la ayuda, nos recuerda al final de “El imperio del
sol” (1987). Hasta la rueda de hámster con la que los chavales pasean por el
parque y a la que ataca el Indominus podría llevarnos a escenas de “Minority
report” (2002) y la persecución de coches.
-Relacionado con Pratt y su jefe tendremos una escisión de
la trama, que empeorará la situación cuando el “Indominus” se escape, y que
entronca la narración con la saga “Alien” y el uso de las criaturas en el
ámbito militar. La escena en el laboratorio, donde se ven probaturas de esos
dinosaurios modificados genéticamente, también remite a la saga “Alien”.
-Más homenajes aunque no spielbergianos. La escena del
ataque de los pterosaurios, que nos remite a “Los pájaros” (1963) de Hitchcock,
“Los Dinopájaros”. La escena es algo torpe en muchos momentos. Además, parece
ser que los pterosaurios no podrían levantar a un ser humano, pero lo
justificaremos por aquello de la manipulación genética… Resaltar la cruel
muerte de la cuidadora de los chavales, a la que todo el mundo hace perrerías,
especialmente los pterosaurios y el mosasaurio.
Lo curioso de esta escena es que la verdadera heroína es
Claire, que esprinta como Usain Bolt, pero ella con tacones. Debe imponer mucho
esta chica, porque los “dinopájaros” se ponen a atacar a todo el mundo, pero en
cuanto ella mata a uno no sabremos más de ellos, se volatilizan…
Hay otro momento algo extravagante, y es que en esta escena
los dos chavales manifiestan su admiración por Owen, al que no han visto jamás
antes, y mucho menos hacer algo heroico aún... De hecho, lo que han visto es cómo
le salva su propia tía, en su momento más bajo como héroe… En fin.
“¡Tu novio es una pasada!”. La sonrisilla de ella al oír
esta frase de sus sobrinos es divertida, sobre todo porque no han concretado
nada como pareja.
Hay algún toque ochentero, licencias light a lo gore, con la
mano ensangrentada, a lo “Náufrago” (Robert Zemeckis, 2000), que mancha un
cristal ante el rostro de Claire o un salpicón de sangre por una mano mordida a
un villano… El propio Trevorrow se rinde homenaje a sí mismo y su ópera prima, "Seguridad no garantizada" (2011), en una frase de la cinta.
Hay excesivas coincidencias en la película, que en muchos
casos son obligadas, pero que aquí resultan algo incómodas por hacerlo todo
demasiado artificioso: La parejita se conoce de antes y vivirán juntos la
aventura; el desastre se produce justamente cuando nuestros protagonistas más
jovenzuelos van a visitar el parque; los únicos visitantes perdidos cuando
todos regresen ante el mensaje de advertencia serán, precisamente, los sobrinos
de Claire; nuestro protagonista es un domador de dinosaurios superdotado…
El Indominus irá dejando muestras de su violencia e
inteligencia, terminando con un comando militar especial, pero resistiéndoseles
los dos chavales protagonistas... Espectaculares escenas con huidas “afortunadas”.
Todo esto debe resolverlo un comando más especial aún, unos
mercenarios en los que sólo falta Stallone. El caso es que volvemos a tener a
lo militar como un lastre. Demasiado tópico.
El clímax es de los peores momentos del film, aunque tenga
sus instantes brillantes, como ese plano secuencia con la pelea final entre el
Indominus y el T-Rex, que no podía faltar a la fiesta.
Indominus podrá matar a nuestros protagonistas en un buen
número de ocasiones, pero unas veces se entretiene charlando con sus compañeros
velociraptores y en otras se regodea viendo como dichos velociraptores incumplen sus
órdenes asesinas, como cuando 3 de ellos los tienen
rodeados... En el resto de ocasiones simplemente será torpe o desafortunado.
Los deus ex machina se multiplican, oportunas apariciones de
personajes, objetos, velociraptores, tiranosaurios, dinosaurios de todo tipo... hasta el mosasaurio aparecerá para resolver la situación desde su piscinilla.
La película está correctamente interpretada, con solvencia y
carisma, sin alardes. Comentar la aparición de Omar Sy, conocido por su papel
en “Intocable” (Eric Toledano y Olivier Nakache, 2011).
Entretiene, dará para más entregas, pero es completamente
innecesaria.