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viernes, 8 de diciembre de 2017

JURASSIC WORLD 2: EL REINO CAÍDO (2017) (Trailer)

TRAILER









No puede caber ya duda de lo que venía anunciando años atrás. Juan Antonio Bayona sería algo así como nuestro Spielberg, guardando las inmensas distancias. Es algo que pretende y se nota.

Hay cierto paralelismo, desde sus inicios con productos de género de buena calidad, aunque hubiera mucha más pureza en Spielberg, a la indagación en ciertas temáticas donde la infancia, el suspense y el espectáculo tienen gran importancia. Ahí dejó “El orfanato” (2007), un exitoso mecanismo de terror con fantasmas, “Lo imposible” (2012), que se convirtió en un descomunal taquillazo, y “Un monstruo viene a verme” (2016), que es lo más parecido a “E.T. El extraterrestre” (Steven Spielberg, 1982) a lo que Bayona puede aspirar… Y ahora retoma en una secuela uno de los legendarios proyectos del genio de Cincinnati, “Parque Jurásico”, con la segunda entrega del reboot “Jurassic World”. Más pistas imposible.

Asombra ver cómo ha ido metiendo la cabeza en proyectos internacionales el bueno de Bayona, lo que nos alegra enormemente, porque si algo tienen los americanos es falta de complejos para valorar el talento, venga de donde venga.

(Os dejo el tráiler original y el doblado, con añadidos simpáticos, este último al final del artículo).





No es un reto fácil. Hablamos de una saga imperecedera, de un icono que Spielberg hizo eterno, y que han querido reverdecer por aquello del “Money”. Y no fue mal, ya que la primera entrega de este reboot, “Jurassic World” (2015), se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia. De la mano de Colin Trevorrow se dio impulso a la saga con un aceptable entretenimiento que, a pesar de estar a años luz de la calidad de la original de Spielberg, satisfizo a los aficionados. Podéis leer el análisis pulsando en el título.

Todo parecía indicar que Trevorrow iba a coger velocidad de crucero, siendo seleccionado para dirigir la novena entrega, cierre de la nueva trilogía, de “Star Wars”, pero por H o por B, el caso es que terminó cayéndose del proyecto, sin contar con que su nueva película, que se estrena hoy mismo en España, “El libro secreto de Henry” (2017), no ha recibido, precisamente, elogios.


Ese es el reto de Juan Antonio Bayona, mantener el interés que suscitó la primera parte y, a ser posible, mejorarla, al menos en cuanto a calidad se refiere. Desde Cinemelodic sólo diremos que la elección del catalán es un acierto, un director más que adecuado. Desde luego el tráiler deja algunas imágenes muy poderosas.



martes, 18 de noviembre de 2014

Crítica: LO IMPOSIBLE (2012)

JUAN ANTONIO BAYONA












La segunda película más taquillera del cine español tras "Los otros" (Alejandro Amenábar, 2001), uno de los mayores éxitos de nuestra historia. Película muy americana en todos sus componentes, cine catastrófico y de sensiblería excesiva, que es donde radica una de sus virtudes, visto lo visto, y uno de sus grandes defectos.

Lo imposible” cuenta la odisea de una familia española que sufrió de lleno el impacto de un tsunami en la costa del sudeste asiático en 2004. Una historia de separaciones, sacrificios, generosidad y amor.




La película se plantea de inicio con la estructura de búsqueda, algo que la entronca en cierta medida con el cine de Steven Spielberg, que ha sido un referente muy usado al hablar de esta cinta de Bayona y algo que ya se vio en su anterior obra, “El orfanato”.

Es digno de elogio que el cine español vaya apostando definitivamente por otro tipo de propuestas alejadas de los panfletos políticos partidistas, manipulados o maniqueos sobre la Guerra Civil, y donde lo hortera, el sexo gratuito y el mal gusto han sido preponderantes todos estos años. Cineastas que han mamado de los grandes maestros americanos, clásicos o modernos, y que apuestan por historias que de verdad conecten con el público. Esto es germinal aún, pero poco a poco se irán creando grandes historias y películas. “Lo imposible” es buen ejemplo de todo esto, una cinta de factura impecable, buena narración, emocionante e intensa que busca el entretenimiento y provocar sensaciones en el espectador, sin más. El éxito ha sido descomunal.


La historia que cuenta “Lo imposible” es muy básica y sencilla, una familia separada que busca reunirse. No hay más. Las historias paralelas que se intercalan durante la narración funcionan con mayor o menor fortuna, pero a menudo aportan poco más que sensiblería excesiva.

La dirección es digna de un buen artesano, sin presentar genialidades ni grandes detalles de puesta en escena lleva la narración de forma fluida, manejando al espectador medio a su antojo hacia donde pretende, creando el estado anímico perfecto para buscar la lágrima que haga de la cinta algo especial para ellos.




Se ha comentado muy a menudo que Spielberg era sensiblero y forzaba las situaciones para conmover, pero lo cierto es que aunque Spielberg no disimula sus intenciones en ningún sentido, la autenticidad del fondo de sus propuestas refuta los argumentos en esa línea. Un ejemplo lo tenemos con “E.T. El extraterrestre” (1982), que podéis leer aquí mismo. Con Bayona no ocurre exactamente lo mismo, es más vacuo y vacío y de sensible pasa a ser sensiblero, pero su narrativa es eficaz y elogiable. Está todo demasiado medido.




La cinta se inicia presentando a la familia protagonista, una familia que se dispone a pasar unas vacaciones. Lo cotidiano, vidas en transcurso con preocupaciones sobre cambios y futuros que se debaten… Esto lo que pretende es crear un necesario e intenso vínculo emocional, sin existir esta presentación lo que le ocurra a los personajes nos daría igual. Pero además de esto hay una reflexión interesante de fondo, cómo todos los problemas cotidianos, dudas e incertidumbres sobre qué caminos tomar, acaban resultando superfluos e intrascendentes cuando acontece un hecho trágico como el que veremos. En ese momento el futuro, los proyectos y las planificaciones pierden sentido, el único futuro es sobrevivir, encontrar y estar junto a los tuyos. Es decir, eso es lo único por lo que merece la pena desvivirse, lo único verdaderamente importante.








Lo más notable de la cinta está en esta primera parte con las escenas del tsunami, realmente deslumbrantes y con un presupuesto pequeño para este tipo de cintas. Muy bien dirigido, impactante, asfixiante, aterrador, bien rodado y en su extensión desasosegador y desesperante. Transmite a la perfección el miedo, la desorientación, el pánico y la impotencia que se debe sentir en un momento así.

Tras esto, la larga búsqueda. Las escenas que siguen a madre e hijo tras el tsunami tienen una mezcla de fisicidad y depuración estética que forman una asumible fusión, dolor y sufrimiento light, suavizado por dicha estética.

Naomi Watts está muy acertada en su papel, un personaje que no hace más que sufrir, algo que es muy agradecido en el cine. Ewan McGregor es uno de esos actores que siempre apetece ver, su agradable rostro, su simpatía y el ser un actor competente hacen fácil la identificación con él. Aquí tiene un papel menos sabroso que su compañera, pero está correcto. Los niños no desentonan en exceso.




La cinta empieza y acaba con una hoja de papel en manos de los protagonistas, de muy distinto sentido, el ocio de la lectura en primer lugar y el dolor de la tragedia en el final. Nada volverá a ser lo mismo.


La película está salpicada de varias set pieces que pretenden hacer un fresco sobre temas y sentimientos que aparecen en las desgracias, comportamientos humanos, así como retratar el suceso en su globalidad, con bastante acierto. Veremos la pequeña trama del niño rubio que recogen madre e hijo protagonistas, que tendrá final feliz; la del francés y su generosidad ofreciendo su móvil sin apenas batería; la búsqueda, en una trama de estructura igual a la de la película, pero a pequeña escala y diversificada, del hijo mayor, Lucas (Tom Holland), por el hospital a familiares de los convalecientes… Todas ellas pretenden ofrecer un fresco general sobre esa situación excepcional y de desgracia, pero no con intención documental, sino para enfatizar las emociones, poner al espectador en el punto emocional adecuado y extraer hasta la última lágrima en el momento justo. Estas set pieces funcionan de forma eficaz pero resultan poco naturales. De nuevo emociones excesivamente manipuladas y edulcoradas, sensibleras. La entrega, el sacrificio, la solidaridad, el amor, la familia, son temas que se tratan y se subrayan durante toda la trama, con eficaz emotividad y exceso de sensiblería. Una vez más demasiado calculado todo.





Otra búsqueda, la de Lucas a su desaparecida madre en el hospital, presenta aspectos kafkianos, pero no acaba de funcionar del todo tampoco. Excesivamente artificiosa.

Uno de los aspectos visuales más reseñables llega con ese montaje paralelo donde María (Naomi Watts), como la virgen, y otra mujer compañera de cama en el hospital, se juegan la vida. Veremos el quirófano preparándose para las intervenciones y volveremos al tsunami visto en primera persona por María. En esta escena tenemos el que es el plano de la película, foto de los carteles incluso, cuando María renazca, suba a la superficie, agarrándose a la vida con esa mano que brota del agua, escenificando un parto, un nacimiento… Una vuelta a la vida, como así fue.



Las escenas donde madre e hijo vagan sin un rumbo definido están algo estiradas y caen en el ensimismamiento de un anuncio de compresas depresivo. Con todo, el talento visual y la claridad en el objetivo que tiene Bayona logran que todo llegue a buen puerto. Si bien la emoción puede resultar algo artificial, no se puede negar que ha conectado con el público, lo cual es una excelente noticia y promete futuras experiencias igual de placenteras si Bayona mantiene estas credenciales.








Como ya hiciera en su anterior trabajo, “El orfanato” (2007), la familia y la búsqueda son piezas claves de la narración. Si en su opera prima eran unos padres, especialmente la madre, los que buscaban desesperadamente a su hijo desaparecido, aquí todo será más épico y diversificado, ya que serán todos los miembros de una familia los que se busquen los unos a los otros, logrando el ansiado reencuentro al final como catarsis emotiva a tanta tensión acumulada. El milagro, lo imposible.




Estos dos temas son muy spielbergianos, un director que parece uno de los referentes más evidentes del realizador español. Buena cosa.

El trabajo interpretativo es muy correcto, a Naomi Watts le valió una nominación al Oscar incluso, y la dirección es competente, si bien sobran pinceladas musicales excesivas y demasiados planos New Age presuntamente poéticos que, como he comentado, contrastan con la dureza de la historia para hacerla asumible, pero que resultan poco auténticos.

En cualquier caso, si te gusta el cine de emociones en todos los sentidos, no dejes de apostar por esta cinta que ya ha marcado un hito en el cine español.






sábado, 30 de marzo de 2013

Crítica: EL ORFANATO (2007)

JUAN ANTONIO BAYONA










Juan Antonio Bayona, que ahora triunfa de forma total con “Lo imposible” (2012), pegó el pelotazo con su ópera prima, una cinta de terror que aprovechó el tirón de títulos de enorme éxito como “El sexto sentido” o “Los otros” (Alejandro Amenábar, 2001) (a pesar de ser de varios años después recuerda mucho a éstas, entre otras), de las cuales difiere más bien poco. Una cinta de terror que recurre, acertadamente, a la atmósfera y la tensión creciente, limitando todo lo posible los golpes de efectos. Así nos regala una aseada cinta de fantasmas y casa encantada sin mucha novedad pero bastante aceptable.


Belén Rueda interpreta a Laura, una niña que creció en un orfanato al que vuelve para abrir una pequeña residencia para niños discapacitados. Allí su hijo, Simón, comenzará a jugar con una serie de amigos invisibles que despiertan la inquietud de su madre. Un día Simón desaparecerá repentinamente y Laura tendrá que recurrir a esos invisibles amigos de su hijo para encontrarlo.

La residencia” (Narciso Ibáñez Serrador, 1969) es otro referente, tratándose de un orfanato en esta ocasión, que vendrá con facilidad a la cabeza.



Si bien es cierto que Bayona acierta en su atmósfera, recurriendo a referentes de talento, también lo es que desde el guión y la dirección no se limita a manipular al espectador, lo cual sería legítimo y coherente como ya he comentado en otras muchas ocasiones, sino que se le hace trampa de forma bastante descarada, lo cual nunca es positivo. Son muchos los detalles gratuitos, el comportamiento aleatorio y sin sentido de los niños fantasma, que Belén Rueda tarde tanto en jugar a su juego, el personaje de la anciana que visita a Belén Rueda, su comportamiento, las decisiones de muchos de los personajes, el artificio de la sorpresa final, que el niño sea incapaz de emitir sonido al quedar atrapado…



Si indagamos la película tiene evidentes fisuras pero lo fascinante del terror no es eso, sino las atmósferas que crea y la poesía que se extrae de sus imágenes, siempre sugerentes en los casos más brillantes.

Bayona renuncia casi por completo al golpe de efecto sin que por ello el terror y el suspense se reduzca, precisamente su apuesta por la atmósfera es lo que acaba erizando la piel en distintos momentos. Un terror en lo sugerido, en lo que descubriremos, en lo que no conocemos y no basado en el susto repentino y gratuito. Con todo es un terror light, no hay nada que no hayamos visto mil veces con mayor acierto y diera más miedo.



El planteamiento es el clásico de casa encantada donde referentes indispensable como “Suspense” (1961) de Jack Clayton o “Al final de la escalera” (Peter Medak, 1980) son más que evidentes, incluso se calcan escenas. Es imprescindible en estas películas tener una secuencia sobre una sesión espiritista, aquí no faltará y nos recordará a la citada película de Medak o incluso a ese maravilloso momento con el magnetófono en “El sexto sentido” (M. Night Shyamalan, 1999).


Hay escenas muy notables de verdadero terror donde Bayona demuestra su talento, por ejemplo el juego del “1,2,3, toca la pared” donde Belén Rueda ve a sus antiguo amigos de orfanato en la desesperada búsqueda de su hijo. La aparición del niño con la cabeza cubierta con un saco que ataca a nuestra protagonista… La resolución sorpresa y posteriormente poética (pretendidamente), donde el artificio se resuelve con buenos recursos visuales.



Por lo demás la cinta no escapa del tópico, los movimientos de cámara sugerentes y flotantes por la casa, los travellings lentos para acrecentar la tensión, la iluminación y juego con la oscuridad… están correctamente utilizados.


La trama paranormal acaba resultando bastante incoherente, no acaba de saberse nunca lo que quieren los niños, más allá de jugar, además cuando les interesa son tremendamente comunicativos… La progresión dramática tampoco es un acierto, la manera de actuar de Belén Rueda y su lentitud para darse cuenta de las cosas acaban desesperando un poco.


Una vez acaba la película uno observa que le sobran muchas escenas, el personaje de Benigna (Montserrat Carulla) o la misma escena del espiritismo y todos los personajes que están involucrados… aportan más bien poco. Y eso que la escena del espiritismo es una de las más notables, pero sin ella la película hubiera avanzado y desembocado en lo mismo.



Es por ello que en base a esa tensión, esa búsqueda de engañar al espectador, la película acaba cayendo en ciertos baches narrativos.

Expectantes sobre cómo evolucionará la carrera de Bayona, que parece haber absorbido con eficacia  y acierto las influencias hollywoodienses y estar muy dotado para el entretenimiento, parece observarse un gusto por temas como el sentimiento de pérdida, la familia, la estructura de búsqueda, muy de Spielberg… lo cual indica ciertas constantes y tener las ideas claras.





Es normal que en el limitado espectro en el que lleva años moviéndose el cine español sea bien acogida una película que se sale del tópico (dentro de nuestro cine), con una propuesta bien elaborada y que procura hacer algo potable, pero esto no puede evitar que se aprecien sus debilidades. 



El trabajo de Belén Rueda ha sido justamente alabado, pero en realidad todo el reparto está muy correcto, desde Fernando Cayo, que interpreta al marido, a los niños que aparecen en escena, en especial Roger Príncep, que interpreta al hijo de Belén Rueda, Simón.

La dirección de Bayona es acertada, tiene lo que tiene que tener en cada momento, creando la tensión adecuada. La factura del film es impecable.


Con todo, a los amantes del terror sugerido, de atmósfera, del buen terror, no creo que les disguste y pasarán un rato entretenido y lleno de tensión.

Un digno trabajo, sin sobrevaloraciones. Sin más.