martes, 6 de junio de 2017

VIDES PRIVADES

TEATRO











“Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio…
contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero…” Antonio Machado (apócrifo)


La divertida adaptación de la obra del dramaturgo británico Noël Coward (Teddington, Middlesex, Reino Unido, 1899), que se escribió en los primeros años 20 del pasado siglo, describe la profunda complejidad y, a la vez, ese lugar común donde todos podemos reflejarnos que son las relaciones de pareja; los entresijos del amor, de la atracción, de las marcas que otros nos han dejado cuando se ha amado, el abismo de las relaciones tóxicas, a veces irremediablemente atractivas hasta clonarlas inconscientemente, lo fina que es la línea que va del amor al odio…

Planteamiento

Empieza la acción en un hotel. Un hotelito para parejas en la Costa Brava, en Begur, donde una pareja, Eduard (David Selvas) y Silvia (Mima Riera), acaban de llegar a su habitación. Mientras se instalan, vamos conociéndoles un poco. Él es mayor que ella, llevan unos meses juntos y se llevan más de 10 años.

 Silvia, joven pero preparada, le pregunta a Eduard por su anterior pareja, a la que llevaba a un hotel similar (si bien lo sitúa en otra ciudad), lo que provoca una cierta incomodidad. Ella era una mujer algo desequilibrada, exigente, histriónica, con quien no podía parar de pelear, pero eso ya pasó. Eduard y Silvia, que, como digo, es joven pero culta (habla japonés, sabe de fotografía), no quieren polemizar, están enamorados y tienen ganas de pasarlo bien en esta escapadita. En tranquilidad, Eduard saldrá a tomarse una copa a la terraza…

Mientras, en la habitación de al lado, otra pareja disfruta del sexo con una música muy alta. Veremos cómo charlan y se van arreglando para cenar. Amanda (Marta Marco), algo más mayor que Víctor (Javier Beltrán), tiene ganas de pasarlo bien, de olvidar su anterior experiencia de pareja en la que un marido egocéntrico hacía la relación de difícil a imposible, con broncas continuas que convirtieron la situación en insostenible hasta la ruptura. Sabremos que en las reconciliaciones viajaban a un hotel parecido (si bien Silvia lo sitúa en otro lugar). Víctor quiere cuidar a Amanda, a quien admira (sabe japonés, ha vivido más), ser quien le ayude a pasar página definitivamente, suponiendo un punto y aparte hacia un futuro feliz. Mientras Víctor termina de arreglarse, Amanda se sirve una copa y sale a la terraza…

Nudo

De repente ¡¡¡ZAS!!! Amanda y Eduard coinciden en la terraza. Efectivamente, como nos temíamos, son la pareja rota y, al verse, quedan aterrados. Ambos se reprochan que traigan a sus respectivas parejas a “su hotel”. Discuten, se acaloran, pero resulta evidente que aún se quieren aunque se odien a la vez.

A la desesperada, planean salir de allí ante la incomprensión de sus actuales parejas que, claro, no entienden nada. Y, fruto de los nervios por la situación, ambas parejas discuten, descubriendo la razón de tanta alteración.

Debido al enfado, Silvia y Víctor dejan a Eduard y Amanda en sus respectivas habitaciones, mientras salen a cenar solos.

Amanda y Eduard vuelven a salir a la terraza, emplean el sarcasmo para ridiculizar su nueva elección de pareja, pero cada vez se aproximan más. Una copa juntos, conversaciones donde se recuerdan las historias en común, esas que les marcaron a fuego, esas que hicieron que se amaran intensamente y que tanto han echado de menos…

Sin saber cómo, se encuentran uno en brazos del otro, reconociéndose, viendo como cobra fuerza el calor del antiguo amor, cómo su química está intacta… y deciden escaparse juntos, sin avisar, a hurtadillas de sus nuevas parejas, al piso que Amanda tiene en Barcelona para alquilar a los turistas y que ahora está libre…

Silvia y Víctor, que regresan a sus respectivas habitaciones, las ven vacías. Salen a la terraza, se conocen, charlan y se dan cuenta de la situación.

Y desenlace

Amanda y Eduard han pasado varios días de efervescencia y de “revival” sentimental en el piso turístico. Encerrados, bebiendo y follando como cosacos, en divertidas escenas donde los “arrebatos de pasión” dejan paso a los achaques de la edad (Eduard tiene un ataque de ciática imprevisto cuando lleva a Amanda a la mesa de la cocina, como ésta le ha pedido, para tener sexo allí).

Poco a poco, los encontronazos de la pareja vuelven a darse, cada vez con más intensidad y, para prevenir que la discusión suba de tono se imponen una “palabra clave” ante la que se comprometen a callarse, aunque discuten hasta por esa palabra clave.

Como están encerrados, por el pánico de Amanda a que sus nuevas parejas les encuentren y haya que dar explicaciones, piden comida preparada a un restaurante japonés…




Pero lo inevitable se hace presente y Silvia y Víctor les encuentran. En ese momento, se comportan de una manera más sensata y sólida que Amanda (que se esconde tras las cortinas, como una niña) y Eduard, y lo hacen porque quieren intentar retomar la relación tras esa “locura transitoria”. Como despedida, cuando llega finalmente la comida preparada e intentan compartirla antes de separarse, por un lado Eduard y Silvia y por otro Amanda y Víctor (con momentos muy divertidos en los que las dos mujeres luchan por demostrar sus amplísimos conocimientos de la cultura nipona), se produce una discusión que hace que los jóvenes se den cuenta de lo muy hondo que es aún el sentimiento mutuo de la antigua pareja, que siguen atrapados en su espiral de amor y odio, a la vez que reconocen que el acercamiento circunstancial que han vivido mientras buscaban a Eduard y Amanda les ha unido más de lo que creen. Y salen del piso juntos, mientras Amanda les observa por la ventana, y le relata a Eduard ese encuentro, que acaba en beso…

Amanda vuelve a la mesa de la cena, se sienta frente a Eduard y, en silencio, en un gesto de resignación y complicidad, se tiran mutuamente una servilleta de papel y un palillo.
Fin.


Valoración

La primera comedia de La Brutal (los productores de otra obra que trajimos aquí, La Treva), es un hallazgo en esta temporada, y la elección de la sala, el Teatre Borrás, un acierto por tener un aforo amplio pero aún contenido, con lo que la experiencia resulta mucho más cercana, pudiéndose captar, por tanto, el buen trabajo gestual de los actores.

Realmente divertida, con una temática con la que es muy fácil empatizar, bien adaptada (¡recordemos que el original tiene casi un siglo!), muy gamberra en los diálogos, lo que la hace fresca y provoca continuamente sonoras carcajadas en el patio de butacas, por las idas y venidas de los actores con sus ex y con sus actuales parejas… La interpretación del dúo Selvas-Marco destaca por su gran complicidad, se les ve cómodos, dominando la acción, desenvolviéndose con tal naturalidad que los espectadores parecen unos ‘voyeurs’ que espían la acción desde una cerradura, como una vecina cotilla. Este perfecto entendimiento del que hablamos hace que la pareja Riera-Beltrán, dos de los jóvenes actores (rondan la treintena y pertenecieron a la primera Kompanyia Jove del Teatre Lliure) de la actual escena teatral y que no paran de trabajar (dándose la circunstancia de que Selvas y Riera ya compartieron escenario en La Treva), quede un poco a la sombra, pese a su buen hacer.

La escenografía, sencilla, está planteada con una gran inteligencia, habilidad y muy buen gusto (aunque hay que reconocer que sólo debe recrear dos espacios: el hotel de Begur y el piso de Barcelona, donde se refugian tras su huida). Versátil y moderna, está perfectamente resuelta en los momentos más ‘vodevilescos’. La acción deviene sin entreactos, como un gran plano-secuencia teatral, en la que los propios actores ayudan en las transiciones de escena “modificando” el escenario y caracterizando a sus compañeros a ojos del público, lo que hace que se mantenga el vínculo de los espectadores con los personajes.

Unos personajes expresivos, cercanos, inteligentes, actuales, en una acción en la que es muy fácil entrar en dinámica de lo complejo que es el mundo de la pareja, y a la vez lo universal que resultan esas tramas.

Para finalizar, una buena noticia: se ha podido ver en Barcelona, pero (dado que la adaptación está hecha originariamente en castellano), la productora no descarta presentar la obra en Madrid… Si así fuera, la recomendamos vivamente. Carcajadas aseguradas, y mucho más fondo de lo que parece…

FICHA TÉCNICA

Vides Privades  (Private Lives) de Noel Coward (traducción al catalán de Cristina Genebat y adaptación y actualización de Juan Cavestany).
Dirección: Norbert Martínez y David Selvas
Intérpretes: David Selvas (Eduard), Marta Marco (Amanda), Mima Riera (Silvia), Javier Beltrán (Víctor).
Escenografía: José Novoa
Iluminación: Mingo Albir
Sonido: Ramón Ciércoles
Sala: Teatre Borrás; primera función 25 marzo 2017
Producción: La Brutal.

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