lunes, 5 de junio de 2017

MI DUODÉCIMA

DEPORTE






La Décima condensando en un latido toda una experiencia vital de emociones. La Undécima en un aliento contenido en lo que se tarda en lanzar un penalti.  Y ahora la Duodécima.

Sin respiro hemos pasado de la agonía de la sequía a la lluvia que sacia. Encaramos la final de la Duodécima con la tranquilidad de quien está donde debe estar, pero con el vértigo y la tensión de quién quiere seguir haciendo historia, elevando el listón hasta lo imposible. Unas emociones distintas tras ganar la Undécima y la Liga "treintaytres", pero que al final nos volvió a desbordar.

En 2014 se nos llenaron las dos manos de gloria y éxito, que lo abarcaron todo. Esas manos llenas que de nuevo el 3 de junio sellaron el abrazo a un padre celebrando un gol o a un desconocido que encontramos al lado, esas manos que cogen un vaso, a veces en soledad, para brindar por los que ya no están, pero que desde allí arriba, en su sentimiento compartido, impulsaron las piernas de Cristiano. En 2014 estrechamos las dos manos y ahora esa gloria y ese éxito se nos desbordan entre ellas, emprendiendo desde el año pasado un nuevo camino inexplorado, que son los caminos que siempre y únicamente transita el Real Madrid.

Sí, viví esta Champions con inusitada tranquilidad, lo que estoy descubriendo, en dejes supersticiosos, que es buena señal. Una tranquilidad que desvela seguridad en la victoria. Y en honor a ello cumplí escrupulosamente todos mis rituales para mantener en orden el mundo, ese en el que el Real Madrid está en lo más alto, más allá de lo mundano. Mi atuendo, mi sitio, mi compañía, mis rutinas. Nada podía fallar con todo esto. Y no falló.



Una tranquilidad que no sólo era seguridad. Ya habíamos vencido antes a la Juventus en una final, nuestro rival no vivía en el constante complejo que le lleva al odio hacia nosotros, no existía la necesidad extra de callar las bocas a los faltones, simplemente era deporte de altura. Pura competición, y por si fuera poco traíamos la Liga bajo el brazo.

Pero es que ganarla otra vez y completando el doblete más importante, ¡sería tan bonito, sería tan perfecto! Ese era uno de los grandes alicientes, ¡y vaya si ha valido la pena!

Tanto en la segunda Liga de Capello llena de remontadas, en la Décima y aquella existencia completa condensada en un segundo o la Undécima y la angustia alargada hasta los penaltis, las lágrimas se empeñaron en ser indiscretas, aunque yo sí lo fui por ellas ocultando su desnudez al resto, que uno es muy suyo.

No ocurrió los mismo en esta ocasión, aunque sí sentí el latigazo de las grandes ocasiones cuando Cristiano Ronaldo marcó el primero, ese latigazo que te recorre por la espalda y se asoma a los ojos. Luego, quizá porque la exhibición del segundo tiempo fue tremenda, con los goles que siguieron cayendo como una consecuencia lógica, me sumergí en una orgía de alegría y felicidad, con un punto de tranquilidad (sólo un punto), teniendo en cuenta el sufrimiento casi en cada partido de esta temporada, que no evitó que con cada tanto, que iba acercando a lazo la Champions, la euforia y los abrazos con mis padres fueran cada vez más intensos.

Por desgracia, este año, como el anterior, no he podido disfrutar de la presencia en persona de mi hermano, pero gracias al whatsapp todo está más cerca y los lazos se mantienen firmes. Esas redes sociales que de alguna forma nos permiten estar tan cerca de los nuestros y de tantos otros, a veces desconocidos, pero extrañamente queridos también, porque reconocemos en ellos el mismo sentimiento.

Un año más en la excepcionalidad, en ir por donde nadie fue, en pedir lo que nadie sueña, en lograr ser pioneros. Nuestro sino. 12 Champions y 33 ligas, los primeros en lograr dos consecutivas con el nuevo formato… ¿Cómo no lo van a entender, si a todos les encantaría estar aquí, en el camino que hemos abierto?

Estoy inmensamente feliz, andando por la calle con cierta altanería, esa que sale sola cuando algo nos ha salido bien, creyendo que sólo con mirarme descubrirán que he conseguido un gran logro, como levitando un poco. Un logro que es de millones y en el que tuve mucho que ver gracias a mis rutinas, rezos y manías, como los de tantos de vosotros, y que en mi pose a mi paso despertará el cuchicheo admirado o envidiado de: Mira, ahí va un madridista.




Os he visto hacer lo mismo que hago yo. Unos solos, otros en familia, otros con amigos, otros rodeados de desconocidos… Chillar, saltar, reír, como se hace en cada punto del planeta, como si fuéramos uno, como si fuéramos el mismo, y es que en esos momentos en realidad lo somos. Primitivos, básicos, auténticos y luminosos. Éramos el mismo.

También llantos, lágrimas, esas que esta vez contuve, pero que otras no, vuestras lágrimas, que son las mías, las mías, que son las de todos.


Y mientras los estertores de la celebración de la duodécima van desapareciendo, empieza a bullir una angustiosa sensación en nuestro interior, un picorcito, un escozor que reconocen todos los madridistas cuando se presenta. Es el ansia por conquistar la decimotercera.


4 comentarios:

  1. Qué bonito lo cuentas! Me alegro mucho por ti, y lo sabes. Con esa alegría desprejuiciada, sincera y un punto envidosilla de quien celebraY lo que otros a los q se quiere bien consiguen, y q quisiera para sí.
    Disfrútalo. Ha sido en buena lid y a lo campeón.
    Bss!!'

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    1. Lo sé, Reina! Tú seguro has disfrutado mucho también y sabes lo que es. Muchas gracias. Besazos.

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  2. Querido, ha sido para mí algo inenarrable.
    Y encima, por cosas de la vida, un hijo en Oporto, otro en Cardiff viendo el partido (maldito bastardo) y yo en casa junto a mis perros.
    Y en una lluvia constante de wasaps y llamadas, segundo a segundo, vibrando más que nunca. El Madrid es como echar un polvo o comer queso, siempre te quedas con ganas de más. Algo que no comprenden los demás, sólo nosotros.
    A esos pobres infelices, que los folle un pavo (desde el cariño).
    Prefiero que me envidien a que me tengan lástima (palabras de mi padre q.e.p.d.)

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    1. Qué gran frase de tu padre! Ha sido tremendo, y veo que has reunido una gran cantidad de esas emociones que intentaba relatar jejeje.

      Un abrazo, fuerte!

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