lunes, 18 de junio de 2012

EL SEÑOR JOHNSON: SEXTA PARTE.

ROSE BRADBURY

Atención: Este texto forma parte de una saga, no olvides leerla para poder comprenderlo mejor:
-QUINTA PARTE: MICHELLE
 

Muchos pensarán que si esta historia trata de Rose Bradbury habría que dudar de su veracidad.




Su pelo era lo más parecido a un estropajo, y no a uno cualquiera, sino a los que usan las madres para limpiar las sartenes quemadas; esta característica de su cabello era debido a que durante muchos años había sufrido múltiples transformaciones, Rose había sido rubia, morena, pelirroja, se había puesto rizos, extensiones, se había hecho incluso un tratamiento para tener el pelo liso asiático, estos cambios tenían su razón de ser en la moda seguida por los famosos de Hollywood, Bradbury quería ser una diva, una diosa, deseaba ante todo llamar la atención y lo conseguía, aunque no como ella pensaba.

Se había creído guapa, sofisticada, moderna, en definitiva, una mujer perfecta, sin embargo la gente le veía como una loca, excéntrica, con demasiados aires de superioridad. Una cutre.
Desde pequeña había querido destacar, se había apuntado (por iniciativa propia cuando apenas contaba con siete años) a todos los concursos de belleza existentes, pero nunca ganó ninguno, aunque ella siempre "olvidaba" contar ese final.




Siempre se había inventado su vida, dependiendo del caso se hacía pasar por millonaria, actriz de teatro, cantante de pop japonés, bailarina, directora de una petrolera, diseñadora de moda...desde luego no se le podía tachar de tener poca imaginación. Su intención era la de rodearse, desde muy jóven, de personas que, según ella, consideraba "exquisitas": Magnates, actores, empresarios...

Pero todo eso era ya pasado pensaba Rose mientras se miraba al espejo, ya no quedaba nada de su vanidosa imagen, únicamente su horrible cabellera como único testigo de sus cambios; pocas amistades le quedaban ya puesto que la verdad siempre salia a la luz. Había perdido muchas cosas en su camino a la fama: familia, amigos y sobre todo al amor.


Ahora, intentaba arreglar sus errores, había vuelto a hablar con sus padres y estos le habían perdonado que se llevase todos los ahorros de la familia para viajar a Los Ángeles dejando solo una nota:
"Os lo devolveré cuando triunfe." 
Lamentablemente, tanto para Rose como para su familia, eso nunca ocurrió y tuvo que regresar 8 meses después totalmente arruinada...

El timbre le sacó de sus recuerdos, eran los chicos del piano; Maurice le habia pedido que fuera a su casa para recibir al gran Weimar de roble puesto que no sabía como de tarde iba a salir de su entrevista de trabajo. La nueva Rose si hacía favores a sus amigos e intentaba recuperar y/o reconstruir su verdadera vida.
 Unos minutos más tarde, los chicos ya se encontraban izando el piano hasta el séptimo piso, Bradbury se asomaba curiosa por la ventana, no siempre se veía subir a un piano tan alto.


Jack!- Dijo en voz alta cuando vio a un hombre intentando entrar por la ventana, pero éste no se dio cuenta de la llamada. El corazón de la mujer latía con fuerza, le iba a saltar del pecho, no podía respirar, después de tantos años volvía a verlo...

Rose sacó medio cuerpo por la ventana y siguió gritando:
Jack, Jack! ¡Jack, soy Lucy!-


Rose era su nombre artístico, pensaba que nunca podría triunfar llamándose Lucy Fernández Fernández, demasiado común y vulgar. Un obstáculo para su camino a la fama.
Jack Valance era su amor de infancia, esos que no se olvidan nunca, pero, un día Valance cayó mal del trampolín de la piscina e hizo el ridículo delante de todos, perdiendo en el accidente además, las dos paletas. Hecho que propició que Lucy le retirara la palabra y lo ignorara completamente, ¡No trataba con mediocres!


 Durante años se había arrepentido de su actitud y había buscado a Valance, siempre había querido volver a verlo, tocarlo, saber como se encontraba, en su fuero interno estaba convencida de que si Jack no se hubiese tirado ese día del trampolín estarían casados.Y allí lo tenía, tan cerca...

Jack, estoy aquí, soy Lucy!- fue lo último que dijo justo antes de que el hombre que manejaba los cables de los contrapesos para subir el piano se tropezara con el pie de la mujer, lo que hizo que los soltara provocando que los demás cedieran por el peso y se terminaran rompiendo.


Escribiéndose así el triste final del Weimar de roble, que no era otro que terminar estrellándose contra el suelo sin importarle que entre su destino y el cemento de la calle se interpusiera el Señor Johnson.

Entrada dedicada a MrSambo por hacerlo esperar tanto y por ver posteado algo que empezó como un juego privado.





4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho pequeña, aunque no esperaba menos, especialmente como has hilado lo de Lucy y la vuelta de tuerca que le has dado con la mención a ese personaje que fue nombrado de pasada. Ha quedado de lujo.

    Un beso.

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  2. Ya, pero lo habéis preparado para tener que recordar ¿no?. Era algo de un piano,....¿¿¿?????

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  3. Esto de la escritura talentosa se hereda, parece ser.
    Para ser un juego privado, me parece interesante y entretenido.

    Enhorabuena!

    R

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  4. Muchas gracias por la parte que me toca.

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