¿Y
qué tal unas cuantas curiosidades y datos interesantes de este clásico?
-En
2002, “Alien, el octavo pasajero” entró, por derecho propio, en el Registro
Nacional de cine de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos por su importancia
estética, cultural e histórica.
-“Alien,
el octavo pasajero” fue rodada en un cementerio de aviones, lo que permitió
ahorrar bastante en decorados. Finalmente la película costó 11 millones de
dólares y recaudó 104.
-El
huevo que aparece en los carteles y trailers de la película es un simple huevo
de gallina o avestruz maquillado, ya que Scott y O’ Bannon no tenían decidido
cómo serían estos huevos. El resultado final lo apreciamos en la película, un
diseño posterior al que se fueron añadiendo elementos. El interior de dichos
huevos está formado por hígados, carne de vaca, trozos de pescado… La mano del
director Ridley Scott es la que se ve en el interior del huevo a través de la
fibra de vidrio de la que estaba formado. La parte de arriba tenía un sistema
hidráulico para abrirse, a la que se añadieron un par de pétalos porque el
diseño inicial se asemejaba demasiado a una vagina.
-Meryl
Streep rechazó el papel de Ripley, y Veronica Cartwright, que vimos de pequeña
en “Los Pájaros” (1962) de Alfred Hitchcock, tuvo por cierto tiempo el papel
protagonista… Desolador para ella viendo el éxito que logró la película que se
convertiría en saga. También se pensó en un principio que Ripley fuera un
hombre.
-Directores
barajados para el puesto: Walter Hill, Robert Aldrich, Peter Yates, Jack
Clayton…
-Como
comenté en varios momentos del análisis y sabréis los que lo hayáis leído
completo, en “Alien, el octavo pasajero” no pasa nada en los primeros 40
minutos. Es satisfactorio comprobar, no es el único aspecto en el que me ha
pasado (el silencio en los momentos de terror, sin música, también ha sido
comentado por los responsables), que los encargados me dan la razón. Precisamente
los productores recriminaron a Scott que en esos primeros 40 minutos no ocurría
nada, a lo que Scott replicó que “podía ser, pero eran 40 minutos muy
intensos”. Leer este tipo de cosas que desconocía antes de hacer un exhaustivo
análisis resulta gratificante.
-El
nombre de la nave, Nostromo, es una referencia al autor Joseph Conrad, que
llamó así a una de sus novelas. De hecho, en la segunda parte de la saga,
“Aliens: El regreso”, la nave se llamará “Sulaco”, que corresponde al nombre de
la población en la que se ambienta la misma novela citada de Conrad. Por si
fuera poco, el debut cinematográfico de Ridley Scott es una adaptación de una
novela de Joseph Conrad, “El duelo”, titulada “Los duelistas” (1977).
-En
un primer borrador el título de la película iba a ser “Star Beast”. Del mismo
modo se barajaron distintos nombres para la nave (Snark o Levithan), antes del
definitivo Nostromo.
-Se
pensó en pirámides con atmósfera apta para humanos en vez de la estructura
donde nuestros protagonistas encuentran los huevos. Una estructura que sería
una especie de nave derribada. En esas pirámides encontrarían jeroglíficos
donde se mostrarían aspectos de la vida de los aliens y los space jokeys, los
ingenieros. Estos aspectos se tratan en “Prometheus” (2012). Se realizaron los
trabajos para estas escenas, pero, por presupuesto, se rechazaron.
-Las
ilustraciones "Necronom 4" de H. R. Giger fueron las que decidieron a los
responsables de “Alien” a contratarle para los diseños de la película, si bien
en un principio se le rechazó por el carácter perturbador y explícitamente
sexual de los mismos. Por fortuna rectificaron, una de las varias
rectificaciones afortunadas del proyecto, y Giger realizó los diseños de los
decorados, las formas de los mismos y el Alien. Lo primero que diseño Giger
para la película fue el “abrazacaras” (facehugger), el organismo que inocula el Alien a su
huésped, que fue retocado por O’ Bannon y Ron Cobb posteriormente. A estos
últimos se les ocurrió la idea de que tuviera ácido como sangre. El pequeño Alien
que sale del vientre de Kane está inspirado en una obra de Francis Bacon,
concretamente un tríptico llamado “Tres estudios para figuras en la base de una
crucifixión”. Moebius diseñó los trajes espaciales.
-Parece
ser que Ridley Scott ha explicado algunas de las claves que quedan ambiguas o
sin respuesta en la cinta, en lo que sería la idea inicial de la película. Así,
la nave que encuentran los expedicionarios se dedicaría a dejar esos huevos
para que infectaran a sus enemigos, pero algo debió salirles mal y acabaron
infectados ellos mismos, por ese motivo vemos al space jockey muerto y con el
vientre reventado. Este misterioso ser enviaría una señal de emergencia o advertencia antes
de morir para advertir de que no se acercaran al planeta, pero sería confundida
por nuestros amigos como una señal de socorro… Lo del interés de la división de
armamento en la criatura también se menciona, pero son aspectos que no se
explican en la película, aunque sí se desarrollarán en títulos posteriores de
la saga, como “Aliens: El regreso” (James Cameron, 1986), e incluso en la nueva
saga de “Prometheus” (2012).
-La
escena del ingeniero, el space jockey, tuvo muchos problemas para rodarse, ya
que el estudio se negaba a realizarla por ser un decorado demasiado caro para
el poco uso que se le iba a dar. Afortunadamente de nuevo rectificaron. La
figura medía 8 metros
y el director, Ridley Scott, uso además a sus hijos vestidos de astronautas
para que merodeasen entorno a esa figura y dar así una mayor sensación de
grandeza.
-La
neblina que cubre a los huevos y que parece reaccionar cuando algo la atraviesa
se logró gracias a los míticos The Who. El grupo británico presto un láser que
utilizaban en sus actuaciones, aprovechando que tenían una al lado del set de
rodaje.
-La
idea de un organismo que inocula un huevo en un huésped, fue recogida del
comportamiento de una avispa cazadora de arañas.
-Se
tenía clara la idea de matar a algunos de los actores más conocidos por el
público, dejando como última superviviente a la menos conocida, Weaver.
-Scott
quiso que primara mucho la improvisación, tanto a la hora de ejecutar los
diálogos como en las reacciones de los personajes. Para ello limito los textos
y dejó libertad a los actores en las escenas más digresivas, del mismo modo que
ocultaba determinadas sorpresas para que sus reacciones fueran más naturales.
El caso más conocido es en la escena del alumbramiento del Alien. Los actores
tenían una vaga idea de lo que iba a ocurrir, pero Scott ocultó las claves y cómo
sucedería, por ejemplo la explosión que habría en el pecho del actor y las
bombas de aire que expandirían la sangre salpicándolo todo. La más afectada fue
Veronica Cartwright, que se llevó un buen remojón y una mayor sorpresa, con lo
que no terminó la escena muy contenta. Esta escena se rodó con 4 posiciones de
cámara a la vez.
-El
personaje del oficial médico Ash, el androide traidor interpretado por Ian
Holm, no estaba en un principio en el guión, fue incluido por los productores,
en un acierto más de éstos. Su interior, que vemos en la escena de su muerte,
estaba compuesto por spaghettis, caviar barato, leche y aros de cebolla… Rico,
rico.
-La
cabeza del Alien tenía 900 piezas articuladas y necesitaba mucha lubricación,
lo que ayudó además a darle un aspecto aún más amenazante con esas babas que
caen constantemente de sus fauces. Se le intentó dotar con la cualidad de la
invisibilidad, pero se descarto porque no había una tecnología que permitiera
hacerlo efectivo. Esto lo recogió “Depredador” en 1987, película hermana de
“Alien”, ya que se realizó un spin off de varios títulos, “Alien versus
Predator”. También se le quitaron los ojos que estaban previstos de inicio,
porque sin ellos la bestia adquiría un aspecto más aterrador. Percy Edwards
hace los ruidos del Alien, mientras que Bolaji Badejo, un chaval que medía 2’18,
lo interpretó físicamente.
-El
título original era un contundente “Alien”, pero en España se añadió “el octavo
pasajero”. Esto generó dudas, ya que muchos comentaron que el octavo pasajero
debía ser el gato, con lo que el Alien sería “el noveno pasajero”.
-Ya
comenté que la escena de la muerte de Dallas a manos de Ripley era básica en la
mitología de “Alien”, aunque Ridley Scott la dejara fuera en un principio,
recuperándola en 2003. Con todo, esa secuencia resulta muy artificiosa, en su
ejecución, ya que no sabemos para qué ni por qué baja allí Ripley variando su
camino establecido de ida y vuelta para huir de la nave (quizá oyera algo…).
Como curiosidades en esta parte final de la película, los más observadores
podrán ver un rail de un travelling y un cámara grabando un plano desde otro
punto de vista.
-Como
he desarrollado en el análisis, la muerte de Lambert tiene elementos claramente
sexuales, morbosos y sugerentes (otro punto que me satisfizo leer con
posterioridad). La escena completa se censuró por su violencia y connotaciones
sexuales, precisamente, ya que la desdichada tripulante moría porque el Alien
la ensartaba entre las piernas con su cola… Otra escena sensual se desechó, un
encuentro sexual entre Ripley y Dallas. Del mismo modo se ha hablado de un final
alternativo en el que el Alien decapitaba a Ripley y se hacia pasar por ella,
imitando su voz incluso, de camino a la Tierra.
-Las
imágenes de los monitores son las mismas que en "Blade Runner". El molinillo de
café que vemos en la cocina de la nave es el mismo que apreciamos en el Delorean al
final de “Regreso al futuro” (Robert
Zemeckis, 1985).
-En
“Aliens: El regreso” (James Cameron, 1986), podemos ver los perfiles de los
tripulantes de la nave Nostromo. Entre ellos el de Dallas, que nos deja una
divertida curiosidad: Trabajaba para la Tyrell Corporation, conocida por todo
cinéfilo gracias a “Blade Runner” (1982), también dirigida por Ridley Scott.
-Podemos
ver la compañía que contrató a nuestros protagonistas en la parte baja de un
monitor, pero sólo en la versión del director. Es la Weyland Yutani. Es algo
que no se menciona en ningún momento de la narración.
-A.
E. Van Vogt acusó a los responsables de “Alien” de plagiar su obra “El viaje del Beagle Espacial”. O’ Bannon se defendió explicando la multitud de influencias que
había en “Alien”, donde además de las que he ido citando podemos señalar “2001:
Una odisea del espacio” (Stanley Kubrick, 1968) o “La matanza de Texas” (Tobe
Hooper, 1974).
-Como
en toda película podemos encontrar errores de continuidad, como la camiseta
rota y con remiendo de Parker que pasa a estar en perfecto estado de un plano a
otro, hachas que desaparecen en el habitáculo donde una desnuda Ripley se pone
un traje espacial o el marcador de la cuenta atrás que marca tiempos distintos
al final de la película… y aunque estos son curiosos no es necesario centrarse
mucho en estos aspectos.
“Alien, el octavo pasajero” escenifica el
terror en estado puro, el terror a lo desconocido, a lo que no se ve, con esa
inteligente elección de ocultar al monstruo, mostrarlo sólo lo necesario,
sugerir más que explicitar. Pero también el terror a lo que tienes enfrente, a
lo tangible, a lo real, a lo físico. El terror global.
Una
dirección perfecta, magistral, un guión más que correcto y unas acertadas
interpretaciones redondean una película extraordinariamente técnica, con una
sabiduría cinematográfica que la mantiene completamente vigente hoy día.
Asombrosa.
Aparte
de un hito del género de terror y ciencia ficción, de ser una de las películas
más influyentes del cine moderno, “Alien” es una de las cintas más
claustrofóbicas jamás rodadas. Sudarás de terror y angustia, de agobio.
Todo
está aquí, todo un género, toda una estética, tienen su base en este
espectacular ejercicio de estilo eternamente imitado pero jamás igualado.
Déjense mecer y aterrar por sus subyugantes imágenes que son historia esencial
del cine.
Uno
de los aspectos que hacen de “Alien, el octavo pasajero” algo extraordinario y
asombrosamente impredecible es el monstruo, su uso y su evolución.
Y
es que no es un monstruo establecido ni que aparece repentinamente para sembrar
el terror, sino que no existe al comienzo de la película y asistimos, para
nuestro asombro, a su gestación, nacimiento, crecimiento y madurez, que es
provocada por los propios protagonistas para su pasmo y desconcierto.
Su
estética, creada por H. R. Giger, es puro ciberpunk.
-Primero
será un huevo, suponemos que puesto por una Alien nodriza, una reina. El huevo
atacará a un huésped para desarrollarse en él, estrangulándolo si hace falta al
más mínimo intento de desligarlo de su presa, inoculando algo en su interior
para pasar al siguiente estadio.
-Una
vez inoculado el nuevo ser, nacerá del vientre del huésped convertido en otra cosa. Es un
monstruo que va transformándose, evolucionando, de la reproducción ovípara a la
vivípara. Un monstruo pequeño que irá creciendo, adquiriendo forma humanoide,
como corresponde al huésped del que nace, y convirtiéndose en una máquina de
matar perfecta. Huevo, criatura inoculadora, ser vivo nacido, pequeño aún, pero
potencialmente amenazador que se desarrollará ampliando su carácter letal a
medida que avanza la cinta…
-Otro
de los grandes hallazgos y elementos imprescindibles en la mitología de “Alien,
el octavo pasajero”. El ácido del organismo adherido a la cabeza de Kane
(facehugger), lo que hace imposible separarlo de su huésped, a la vez que lo
convierte en esa perfecta máquina de matar sin puntos débiles. Ácido como
sangre. Un perfecto mecanismo de defensa. El momento en el que el ácido va traspasando
las plantas de la nave, con el peligro para la integridad de la misma que esto
supone, es sensacional.
-El
nacimiento del monstruo es la escena más impactante de la película. Ya tenemos
al verdadero monstruo funcional, pero aún no atemoriza, es pequeño, accesible,
controlable, cazable…
Así,
con cebos y pistas, se va creando la mitología del monstruo. Vimos a un
alienígena con su vientre reventado al que recodaremos cuando le suceda lo
mismo a Kane; veremos como el monstruo se reproduce, como busca huéspedes, como
nace y crece, como se transforma a una velocidad de vértigo, mutando y mudando
sus pieles constantemente... Una magistral forma de narrarlo y mostrarlo.
Monstruo. El
Xenomorfo.
Uno
de los aspectos que más se han destacado de “Alien, el octavo pasajero”, es el
uso y tratamiento del monstruo, donde se prefiere sugerir a mostrar, idea clave
en el mejor cine de terror. Scott logra esto de una manera deslumbrante, ya que
lo dota de la facultad del camuflaje.
El
Alien aparece 5 o 6 veces contadas, y a fogonazos, flashes, y pocas veces lo
vemos de cuerpo entero. Era una necesidad, para que no se vieran las costuras,
pero se convirtió, otra vez, en una de las grandes virtudes del film.
Un
monstruo que a veces mata y en otras ocasiones secuestra… Esto no se aprecia en
la cinta original, ya que Ridley Scott omitió una escena clave en la que Ripley
descubre que Brett y Dallas han sido capturados y puestos en conserva por el
monstruo. Dallas pedirá a la intrépida Ripley que lo mate… Scott incluyó esta
escena posteriormente en su versión de 2003… Scott y sus decisiones… Esa escena
y esa idea serán claves y esenciales en la mitología de Alien, que James
Cameron recogerá como idea básica para ejecutar “Aliens: El regreso” (1986),
por fortuna.
-El
Alien es mitad orgánico, mitad metálico (estéticamente), con lo que se integra,
fusiona y camufla a la perfección en la nave, haciéndose casi invisible. Sus
ocasionales y fugaces apariciones impactan y estremecen sobremanera. Una vez el
Alien ha adquirido su forma adulta, lo veremos por primera vez perfectamente
integrado en su entorno, casi invisible a los ojos, tanto que si no estás
atento no te percatas de su presencia, como ocurrirá en alguna otra ocasión. La
primera vez que lo veamos será colgado de unas cadenas, expectante, vigilante,
al paso del desventurado Brett que busca, inconsciente de su destino, a su
gato. Si no estás atento ni siquiera te percatarás de la presencia del
monstruo, que se balancea suavemente junto a las cadenas. Imposible que Brett
lo reconociera, y más cuando no lo había visto nunca.
Si
os fijáis, el encuadre de Scott no es preciso, sino que coge sólo una parte del
monstruo, como si no lo reconociera, mientras se mece en las cadenas.
La
presentación del monstruo es impactante, su gigantesco tamaño, su cabeza y
aspecto fálico y metálico, su doble, o triple, boca… Escalofriante.
-La
segunda aparición del Alien será con Dallas, de forma expresionista, cuando
nuestro protagonista use su linterna y el monstruo parezca querer abrazarlo
para cazarlo. Una nueva aparición fugaz, donde apenas se le aprecia. Fascinante
desde el punto de vista visual.
-Las
apariciones se van haciendo más constantes. Tendremos una primera, en sombras,
en su ataque a Lambert y Parker. Volvemos a verlo escindido, sólo partes de su
cuerpo, como esa morbosa cola que juega con la desgraciada mujer. Su cabeza, su
avanzar artificioso, como si se tratara de “Nosferatu”, sus ataques…
-Más
tarde lo volveremos a ver en un pasillo, cuando Ripley va a la nave auxiliar
para escapar, con luces intermitentes que lo dejar ver a pequeños intervalos.
-La
última aparición será en la nave auxiliar. El momento donde descubrimos su
presencia es otro de esos momentos donde el respingo es inevitable, pero con un
Ridley Scott tremendamente juguetón, ya que lo mostrará primero en plano
general perfectamente camuflado con el entorno. Ripley comprueba elementos de
la nave, ajena, como nosotros, a la presencia del Alien, que duerme
plácidamente al lado de donde ella está, sin que nos percatemos de su
presencia. Cuando mueve la mano el sobresalto está asegurado.
-Es
justo antes de verle morir abrasado por los motores de la nave donde veremos a
la bestia de cuerpo entero más claramente.
El
momento donde su rostro aparece a un lado del casco de Ripley justo antes de
que ésta abra la puerta de la nave, es terrorífico.
La excelencia
en las películas de monstruos. La serie B y la ciencia ficción.
“Alien,
el octavo pasajero” es virtuosa heredera de la ciencia ficción de serie B de
los 50. Ciencia ficción de serie B con monstruo, ya sea en el espacio, atacando
a la tierra o adquiriendo distintas formas. De todo ello cogió Ridley Scott
para sublimarlo y actualizarlo, aglutinándolo todo en una nave.
Una
herencia clásica que se añade al expresionismo de los 40 y 50 del cine negro y
el género de terror, que Scott también actualiza. Incluso del “Nosferatu”
(1922) de Murnau.
Todo
ello da como resultado una obra maestra de referencia, que es la evolución
lógica y perfecta a todos los niveles. Una nueva concepción estética que
revolucionaría el género y se extendería a otros.
Si
bien en los 50 la ciencia ficción y el terror tenían habitualmente una
concepción alegórica, metafórica y crítica, aquí esos conceptos se omiten,
buscando la abstracción y la depuración del género sin más lecturas. Un
ejercicio de estilo puro y duro.
Las
películas de serie B de los 50
a las que “Alien” rinde tributo eran críticas o
advertencias contra el peligro nuclear, el comunismo, la política o la
sociedad. Así nos encontramos multitud de cintas con monstruos del espacio que
atacan a los personajes o llegan a la tierra para amenazarla, del mismo modo
que surgen monstruos generados por nuestros propios pecados que atemorizan a la
humanidad. De todo ello, los viajes en el espacio, extraterrestres malvados,
monstruos amenazadores… ha mamado “Alien, el octavo pasajero”.
Muchas
de ellas eran auténticos bodrios, pero otras resultan joyas indiscutibles.
Películas
con monstruo de las que “Alien” sigue la tradición con clásicos como “La humanidad
en peligro” (Gordon Douglas, 1954), “La mujer y el monstruo” (Jack Arnold,
1954), “El monstruo del océano” (Wyott Ordung, 1954), “Surgió del fondo del
mar” (Robert Gordon, 1955), “La criatura” (Edward L. Cahn, 1956), “El monstruo
que desafió al mundo” (Arnold Laven, 1957), “El pantano diabólico” (Bernard L.
Kowalski, 1959), “Escalofrío” (William Castle, 1959)… muchas como alerta de la
amenaza nuclear.
Películas
con extraterrestres amenazantes con las formas más diversas como la mítica “El
enigma de otro mundo” (Christian Nyby, Howard Hawks, 1951); “Vinieron del
espacio” (Jack Arnold, 1953); “El fantasma del espacio” (W. Lee Wilder, 1953);
“Los invasores de otros mundos” (Sherman A. Rose, 1954); la estupenda “Planeta
prohibido” (Fred M. Wilcox, 1956); “La bestia de otro planeta” (Nathan Juran,
1957); “La invasión de los hombres del espacio” (Edward L. Cahn, 1957), “El día
27”(William Asher, 1957), con mensaje antinuclear, pero sin monstruos, esta vez
con extraterrestres; “La masa devoradora” (Irvin S. Yeaworth Jr., 1958), con
Steve McQueen; “El ataque de la mujer de 50 pies” (Nathan Juran,
1957); “La gran sorpresa” (Nathan Juran, 1964); “La semilla del espacio” (Steve
Sekely, Freddie Francis, 1962); “Batalla más allá de las estrellas” (Kinji
Fukasaku, 1968)…
Hay
dos películas que suelen citarse como claras influencias para “Alien”, son “El
terror del más allá” (Edward L. Cahn, 1958), de trama casi calcada a la de
“Alien”, y “Terror en el espacio” (Mario Bava, 1965), muy parecida también.
También “La bestia de la cueva maldita” (Monte Hellman, 1959), una cinta muy
cutre, tiene ciertos aspectos en su trama que remiten de forma inequívoca a
“Alien”.
Las
películas influidas por “Alien” son incontables, imposibles de citar. Colocaré
algún título donde hay monstruo y una concepción casi calcada a la obra maestra
de Ridley Scott que tuvieron éxito o merecen la pena, como la magnífica
“Depredador” (John McTiernan, 1987), una película que dio para una especie de
spin off fusionándose con la saga que nos ocupa, lamentablemente, con las cintas de
“Alien versus Predator”… La estupenda “Mimic” (Guillermo del Toro, 1997), una
cinta que me gusta bastante; “The Relic” (Peter Hyams, 1997); la coreana “The
Host” (Bong Joon-ho, 2006), “Monstruoso” (Matt Reeves, 2008); la muy apreciable
“Pitch Black” (David Twohy, 2000); la alemana “Pandorum” (Christian Alvart,
2009)… La misma “Tiburón” (Steven Spielberg, 1975), anterior a la que nos ocupa, y su idea de monstruo que es
necesario exterminar, también debe relacionarse…
Es
obligado citar clásicos de la ciencia ficción con la invasión alienígena por
suplantación, como crítica contra el comunismo, como en “La invasión de los
ladrones de cuerpos” (Don Siegel, 1956), o sin otras lecturas, como “La cosa”
(John Carpenter, 1982), el otro gran clásico de terror extraterrestre de la
época…
No
olvido otras muchas películas de monstruos, pero más centradas en la aventura y
la acción que en el terror, por ejemplo las dedicadas al monstruo Gozdilla y en
todo el mundo oriental…
Una
estética revolucionaria. Claustrofóbica y asfixiante.
Si
bien ya he hablado de las virtudes estéticas, las claves visuales y
estilísticas que definen a una de las películas más revolucionarias e
influyentes del cine moderno, es en el último tercio y el clímax final donde
todo se sublima, integra y fusiona.
-La
película tiene en la estructura de búsqueda, en distintos episodios, su esencia
narrativa. Primero buscarán el origen de una señal desconocida; luego buscarán
al organismo en la enfermería una vez liberó a Kane; más tarde al monstruo que
se les ha perdido en la nave; Brett al gato, algo que también hará Ripley en la
parte final…
La
magistral progresión tanto dentro de todas las set pieces (estas secuencias con
el monstruo), como de toda la parte final en general, aumentando la tensión y
los elementos de suspense, dando cada vez más a todos los niveles, en las
peripecias y elementos narrativos, así como en los aspectos estéticos y climáticos para generar la atmósfera
buscada, y la progresión general de la película, son de antología.
Entramos
en una orgía estética, que no esteticista, donde fondo y forma se fusionan de
tal forma que su impacto visual resulta imperecedero, fijando uno de los
referentes estéticos más influyentes del cine moderno.
La escena de la
muerte de Brett. Todo comienza con el grupo formado por Brett, Parker y
Ripley buscando al pequeño monstruito. La modulación es modélica, aunque
quizá sea la set pieces que más se ha utilizado como cliché y tópico en el
cine de terror, con ciertos comportamientos arriesgados que acaban
facilitando muertes. En realidad es lo de menos, porque la potencia
visual, el gusto estético y la atmósfera lograda son primorosas.
Resulta
ilógico que tras ir todos juntos en la búsqueda del monstruo se deje solo a uno
de ellos cuando el gato crea una confusión y se escapa. La advertencia era no
separarse y no hacerse el valiente, pero a las primeras de cambio se deja a
Brett solo a su suerte sin equipo para defenderse ni localizar a la criatura,
para la exploración, como el que le vemos a Ripley cuando iban juntos. Es un
cliché del cine de terror: dejar solo a un personaje para facilitar su muerte.
Lo normal sería seguir juntos y buscarlo juntos, más que nada porque ese gato
ha podido ir a cualquier sitio en la nave…
Como
no me canso de repetir, en pocas películas llueve como en las cintas de Ridley
Scott. La lluvia en sus películas es tremendamente bella y crean una atmósfera
única. Aquí el director tenía difícil incluir la lluvia como elemento, pero se
las apaña con un sucedáneo con esa lluvia que cae de la maquinaria y
refrigeración de la nave mientras Brett busca al gato. Gotas de lluvia
iluminadas a través de la luz en ese entorno lóbrego ¡Qué bien llueve en las
películas de Ridley Scott!
El
gato, que muchos han mencionado como el octavo pasajero, da un buen juego en
esta segunda parte de la película, perfectamente utilizado para complicar las
situaciones.
En
la búsqueda de Brett, Scott recurrirá a primerísimos planos, creando una secuencia
asfixiante, claustrofóbica, como lo es la película y, en especial, esta parte
final. Cuando Brett se alivia con las gotas de agua que caen desde la
maquinaria de arriba, casi nos refresca a nosotros también, completamente
metidos en la película e identificados con la situación.
El
gato escabulléndose; la luz filtrándose en la oscuridad general, convirtiendo
en siluetas a los personajes; la voz de Brett llamándole; la piel mudada del
Alien como elemento intrigante que nos va avisando de un trágico destino; los
sonidos y ruidos de la nave, el sonido ambiente, la ventilación… sin banda
sonora.
Las
gotas cayendo y las cadenas meciéndose por el viento -es lo único que se oye al
paso de Brett-, un Alien colgado en esas cadenas que se mueven suavemente, casi
invisible, en lo alto, esperando a su víctima, fundido con el entorno y en
picado amenazante… Scott ni siquiera muestra al monstruo por completo, solo en
parte, como si no lo reconociera. Una escena modulada a la perfección, un
suspense excelso, a pesar de la estereotipada situación, que en aquella época
no lo era tanto. El gato que desaparece, la búsqueda, la piel del Alien…
Es
una maravilla cuando las gotas de lluvia pasan a ser gotas de sangre. Una
imagen impactante y sugerente. La mirada de un animal ante la violencia es un
recurso que le gusta a Scott, también lo apreciamos en “Blade Runner” (1982).
Aquí el gato observará atento y atemorizado el ataque a Brett. Un monstruo que
aparece en segundo plano para que intuyamos su tamaño y sobrecogernos con su
amenazante figura.
La escena de
la muerte de Dallas. Un paso más en la progresión estética, en la
atmósfera, en la claustrofobia… La misma idea y claves estéticas,
tenebrismo, expresionismo, claroscuros, juegos lumínicos, luces
atravesando sombras… pero ahora en túneles imposibles, húmedos y angostos,
que hay que atravesar arrastrándose o de rodillas, aumentando la sensación
claustrofóbica, la desorientación, la opresión y la asfixia.
Una
viaje por los conductos de ventilación, que son los que usa la criatura.
Alarmas, luces, compuertas que se cierran y abren al paso de Dallas por los
conductos, los pitiditos de la máquina localizadora… Una nueva misión, una
nueva búsqueda.
Desespera
la incompetencia de Lambert para guiar a Dallas y decirle de forma clara por
donde avanza el monstruo.
La
escena es terrorífica y escalofriante y el impacto es tremendo, ya que se trata
de un ataque al protagonista de la película hasta ese momento, del que
suponemos la muerte, aunque en las escenas añadidas comprobaremos que no será
así, que el Alien los captura para servirse de ellos y multiplicarse o
alimentarse.
El
fuego, un elemento clave en la lucha contra el Alien, dejará momentos
expresionistas extraordinarios en un sentido estético con el lanzallamas de
Dallas. La aparición del Alien cuando Dallas intentar ver qué le rodea con su
linterna, es espeluznante. Un Alien que parece querer abrazarle y se aparece a
la luz de la linterna repentina y fugazmente. Con fuego se terminará con Ash y
también con el Alien.
El
uso de la tecnología y los aparatos y sensores para ver posiciones y
movimientos, serán un clásico en las dos primeras partes de la saga, recurso
recogido de “El enigma de otro mundo” (Christian Nyby, Howard Hawks, 1951).
Una
muerte, la de Dallas, que nos dejará la gélida mirada de Ash (Ian Holm) y la
histeria en el grupo, especialmente en Lambert (Veronica Cartwright). Sólo
quedan 4: El violento, la histérica, el pasivo y la cerebral.
Tras
la muerte de Ash y las revelaciones acerca de la oculta misión, en la que la
tripulación es prescindible y sólo importa que llegue la criatura, nos
encaminamos al clímax.
El clímax.
Búsqueda de refrigerante y del dichoso gato –que llegado este punto me cae
especialmente mal- para destruir la nave y huir en una auxiliar. Un clímax
donde toda la estética se sublima.
Todos
los elementos estéticos, visuales y sonoros, que hemos visto hasta ahora se dan
cita en el clímax, añadiendo otros y sublimándolo todo.
-Las
sombras amenazantes y mortales del Alien antes de atacar a Lambert, puro
expresionismo que nos remite al “Nosferatu” de Murnau o al cine de Tourneur,
por citar ejemplos clásicos del terror. Una sombra y una figura ante una
atemorizada y empequeñecida Lambert. El desesperado intento de defensa de
Parker…
Por
supuesto, ambos morirán, pero es interesante especialmente el ataque a Lambert
y ese juego morboso con la cola del Alien, un elemento fálico y sugerente que
casi remite al terror oriental y el manga.
Esto
tendrá otro momento morboso en la secuencia final, el enfrentamiento entre la
bella y su minúscula braguita, y la bestia de forma fálica.
-Planos
largos y sostenidos para estirar la tensión, aumentar el suspense y potenciar
la atmósfera enfermiza y terrorífica. Un ejemplo: La búsqueda del gato de
Ripley en el cuadro de mandos.
-El
juego con el sonido, que tendrá varios ejemplos y se plasmará de distintas
formas, sacando partido a todo. Pura creatividad. Ejemplos: Los agonizantes
chillidos y gritos de Lambert ante el ataque del Alien que se escuchan por los
altavoces mientras Ripley recorre la nave para intentar ayudarla.
Ese
aspecto, el uso del sonido, llega a su paroxismo y cénit de virtuosismo con la
alarma atronadora y rítmica que avisa de la inminente explosión. Del mismo modo, los jadeos de Ripley. Es lo único que se oye en el clímax, sin apenas diálogos,
más allá de alguna interjección de frustración e impotencia. El sonido y su
juego son claves en esa atmósfera opresiva y asfixiante.
-Planos
subjetivos de Ripley por los estrechos y oscuros pasillos con los gritos de
Lambert envolviéndolo todo. Un momento escalofriante.
-Panorámicas
y travellings generando suspense y creando atmósferas antes de los impactos,
como en la citada búsqueda del gato por parte de Ripley en el cuadro de mandos.
-La
cima del género se alcanza con las carreras de Ripley, con su rostro sudoroso y
aterrorizado, por los angostos y tenebrosos corredores, unas en planos
subjetivos y otras no. En ellas tendremos cámara al hombro para acentuar el
frenesí y la tensión extrema del momento. Unos pasillos claustrofóbicos,
asfixiantes, opresores, paupérrimamente iluminados, con luces intermitentes que
ocultan el rostro de la protagonista, con un humo incesante y sofocante y una alarma
aturdidora, atronadora y rítmica avisando de la próxima explosión.
El
momento donde Ripley va a cruzar hacia la nave auxiliar y ve al Alien en el
pasillo es pura excelencia cinematográfica, sin efectismos, con un maravilloso
juego en la división del encuadre. Una aparición espeluznante con esas luces
intermitentes, la ensordecedora alarma y su imponente presencia.
Estas
escenas son las que más han influido en todo el cine del género de terror, el
thriller y el fantástico moderno de forma especial. No se entenderían dichos
géneros y el 90% de sus películas sin “Alien, el octavo pasajero” y estas
secuencias.
Es
imposible que no se crispen los nervios. Imagino lo que sentirían los que la
vieron en su estreno, esa asfixia por esos pasillos, esa impotencia sin saber
por donde salir, esa claustrofobia agobiante. Es espectacular. La sublimación
de una estética sin igual y una atmósfera perfecta. Imágenes intermitentes y sonido
rítmico que son el terror en estado puro.
-Dar
un poco más. Aumentar las dificultades y las peripecias para aumentar con ellas
la tensión y el suspense, retando al protagonista a superar la prueba más
difícil, casi imposible. Una concepción que los grandes clásicos tenían clara y
además rodaban a la perfección. Buscar al gato, intentar salvar a sus
compañeros, activar la bomba que destruya la nave, ir a la nave auxiliar,
volver para desactivar la bomba al tener el camino taponado por el Alien,
olvidar al gato, la imposibilidad de desactivar la bomba y tener que jugárselo
todo volviendo a intentar llegar a la nave auxiliar… y una vez logrado
encontrarse con tu peor pesadilla en un cubículo minúsculo y sin posible
escapatoria… Magistral.
Un
primer clímax, las peripecias para llegar a la nave auxiliar, que no será el
definitivo, ya que quedará el segundo clímax, en dicha nave y con el
enfrentamiento entre la bella y la bestia… Estos aspectos, la sucesión de
peripecias, el dar un poco más cada vez, y los sucesivos clímax, lo sublimaría
James Cameron en la segunda parte de la saga, “Aliens: El regreso” (1986). ¿Por
qué las naves auxiliares siempre tienen menos plazas de las necesarias?
La
vulnerabilidad de Ripley en esta secuencia, cuando todo parece en paz, es
total, especialmente cuando se desnuda y nos deja ver su minúscula braguita. Es
la bella contra la bestia. Una extravagante sensualidad con esa Sigourney
Weaver casi desnuda y empitonada y ese Alien de aspecto fálico bostezando con
su babeante doble boca.
Es
sorprendente la facilidad que tiene el Alien para dormirse en un momento con
las alarmas sonando, una nave despegando y otra explotando, aparte del jaleo
que monta Ripley a su alrededor. Un sueño profundo e inmediato, y tan pancho…
El
momento del descubrimiento del monstruo, los movimientos sigilosos de Ripley
vistiéndose y su último truco para intentar deshacerse de la bestia, son otra
maravilla de pulso narrativo y atmósfera. Es ahí, cuando abra la puerta de la
nave y el Alien salga despedido, estando bien sujeta a la silla, cuando Ripley
dará la vuelta a las cosas, arponeando a la bestia en una muerte que también
tiene connotaciones sexuales, e incinerándolo con los motores. Sensacional.
Ripley,
una auténtica superviviente, aún mejor que el propio Alien. Su regreso a la
cápsula de hibernación, junto a su gato, tiene algo de retorno al cobijo del
vientre materno.
Todo
esto logra un estado de angustia, ansia y desesperación que hace de la latente
presencia del Alien, que casi nunca sabemos dónde está ni dónde va a aparecer,
algo aterrador.