Elegido “Gran maestro” de la ciencia ficción por la
Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos,
Heinlein destaca por el concienzudo nivel científico de sus obras, una
exhaustividad que no se limita a la ciencia. En “Puerta al verano” el autor
derrocha detalladísimos tramos narrativos sobre cuestiones administrativas y
legales, aspecto éste que podría lastrar el interés de la obra, pero que
satisfará a los más exigentes a nivel de coherencia interna. Esta búsqueda de
precisión dota de gran verosimilitud a sus relatos de forma que sus
sorprendentes historias se elevan aún más.
Heinlein ha sido llevado al cine en alguna ocasión, la
mayoría de los cinéfilos conocerán la adaptación que se hizo de su obra
Starship Troopers de 1959 (Paul Verhoeven, 1997), aunque la adaptación no tiene
mucho que ver con la de su referente literario. “Alguien mueve los hilos” (Stuart
Olme, 1994) o “Las sanguijuelas humanas” (Bruno VeSota, 1958) que adaptan “Amos
de títeres”, novela de 1951, son otros ejemplos de adaptaciones.
En la obra que nos ocupa se disfruta en todo momento gracias
a los buenos giros que contiene la historia y que hacen atractiva la obra a
pesar de las extensas explicaciones administrativas y legales que contiene.
“Puerta al verano” es una historia de viajes en el tiempo,
de traiciones y fidelidades, de un profundo individualismo que plantea
agudísimas reflexiones y que mantiene el interés en todo momento.
Un inventor de robots de distinto tipo decide tomar el “Sueño
largo” (criogenización), tras ser víctima de una traición por parte de sus socios. Por una serie de circunstancias querrá volver a su tiempo para poder resolver
algunas cuestiones… ocasión que se le presenta al conocer a un gran científico
que parece conocer el modo de lograrlo.
El dibujo y desarrollo de los personajes es magnífico,
especialmente el del protagonista, Dan, y su gato, Pet.
El viaje en el tiempo es un tema obligado para todo maestro
de la ciencia ficción y aquí tenemos un exponente muy interesante. Sus
reflexiones finales, la idea de que el futuro siempre es mejor que el pasado y
otras muchas que podrán encontrar, hacen de su lectura algo muy satisfactorio.
Una de las cuestiones más interesantes de este relato de
ciencia ficción de precisión tan elaborada es su increíble romanticismo. Esa
mezcla de ciencia sofisticada y el más absoluto de los romanticismos hacen de
ella algo realmente original.
Es decir, Heinlein nos regala una obra corta y muy fácil de
leer, está muy bien escrita, en la que el lector puede encontrar satisfacciones
por varias vías, por la intriga de thriller que contiene (con mujer fatal
incluida), por los elementos filosóficos que plantean sus aspectos de ciencia
ficción (sueño largo, como la criogenización, viajes temporales…), o bien por
el romanticismo que alberga su historia. No daré más detalles, tendrán que
descubrirlos.
Las predicciones que plantea este libro de 1956 sobre la
vida en la década de los 70 y en la de 2000 son ciertamente curiosas. El mundo
imaginado por Heinlein no tiene mucho que ver con el que nos encontramos pero plantea también cuestiones e ideas muy sugerentes.
Si te gustan los grandes nombres de la ciencia ficción, los
grandes clásicos y la literatura que hace pensar, “Puerta al verano” es un
libro que seguro colmará tus expectativas.
Dedicada a Rústico, que me recomendó este estupendo libro.