miércoles, 18 de junio de 2014

Crítica: EL DIABLO ATACA DE NOCHE (1957) -Parte 1/2-

ROBERT SIODMAK











Prometedora película por el tema y por el director que lo iba a tratar, poseedor de un talento visual extraordinario para el thriller, el cine negro o de terror, Robert Siodmak. No en balde Siodmank es uno de los pioneros del género negro en su dimensión total y clásica, el género más completo del cine junto al western. Un nombre imprescindible del Séptimo arte. Con estos mimbres el resultado final se antoja algo decepcionante, sin ser mala película le falta intensidad y fuerza, una mayor definición en la trama y garra narrativa, pero no deja de ser un título apreciable.



Nombrar algunas de las obras maestras de Siodmak deja patente la categoría de imprescindible de este cineasta, y no sólo en el cine negro. Siodmak mamó el expresionismo en Alemania y tras un periplo en su país y en Francia llegó a Estados Unidos donde desarrolló todo ese potencial visual que tenía fundamentado en esa base expresionista, un poderío visual que se amoldaba como un guante al cine negro, por ejemplo, género en el que destacó sobremanera. “El sospechoso” (1944) y “La dama desconocida” (1944) son excelentes ejemplos de cine negro de talento, “La escalera de caracol” (1945) es uno de los títulos más conocidos y exitosos de su filmografía, un thriller de estética deslumbrante y donde el juego de luces y sombras y los contrastes lumínicos resultan sublimes. Con “Pesadilla” (1945) vuelve al género negro con acierto, pero es en sus colaboraciones con Burt Lancaster donde todo alcanza su clímax, “El abrazo de la muerte” (1949) y, sobre todo, la descomunal obra maestra que es “Forajidos” (1946) lo confirman como uno de los grandes del género. “A través del espejo” (1946) es otro de sus títulos más recordados, un thriller psicológico, uno de los principales referentes de la moda psicoanalítica que hubo en Hollywood. “Una vida marcada” (1948), “Deported” (1950), sobre la vida de Lucky Luciano o “El caso de Thelma Jordon  (1950), son otras cintas negras de Siodmak que quizá han tenido menos repercusión pero que son también interesantes. Fuera del género hizo también cosas muy aceptables, por citar un par de ellas recordaré “El gran pecador” (1949), que adapta “El jugador” de Dostoievski, y sobre todo esa obra maestra del cine de aventuras de todos los tiempos que es “El temible burlón” (1952), con el gran Burt Lancaster, uno de sus títulos imprescindibles, de los más exitosos y representativos.


La historia de “El diablo ataca de noche", por tanto, se prestaba para ser un buen título negro donde el director explotase su virtuosismo visual y estético, pero a la historia le falta garra y elementos de tensión, un guión al que le falta cohesión e intensidad. Es aquí donde radica la causa de la decepción.

La panorámica inicial no puede ser más prometedora, mostrando un grupo de búsqueda y luego al asesino buscado que se oculta en un pantano con ramas… y los títulos de crédito. Un comienzo excelente, esperanzador, que por desgracia no tiene una continuación a la altura. Estamos en 1944.


Lo primero que hará Siodmak será presentar al que será su falso culpable, Willi Keun (Werner Peters), un oficial nazi que goza rodeado de chicas y al que le cuesta contener su lascivia. Sus ojos ansiosos rodeado de jovencitas recolectoras a las que premia y su encuentro con su amante, ya venía calentito, lo retratan a la perfección. Picados y contrapicados resaltarán su figura y la solemnidad nazi en la ceremonia con las chicas.






Siodmak sigue planteando una inicial set piece en lo que es la mejor parte de la cinta, con la presentación de una voluptuosa camarera, Lucy (Monika John), la amante del oficial nazi, y un extraño comilón, rudo y fuerte, que la mira lascivo también. Se van plantando cebos que luego serán importantes, aunque ahora parezcan intrascendentes, como los arañazos de Lucy a Willi al asustarse. Esos arañazos serán interpretados como un forcejeo con la asesinada. Gestando al falso culpable.






Willi representa la contradicción de las ideas nazis, representa una ironía del sistema. Estando perfectamente integrado en él y se supone que aceptando y creyendo sus postulados, es infiel a su mujer y no acata las normas familiares que la ideología nazi propugna, vive contrario a las normas del Reich. Siodmak seguirá colocando la cámara baja, en ligero contrapicado, también en la escena intima de los amantes. Marcando la tensión, incrementando la sensación de amenaza.














Cuando Siodmak haga salir a Lucy al tenebroso y oscuro pasillo a por unas cerezas, la estética cambiará por completo, el expresionismo lo inundará todo, las sombras, los contrastes lumínicos, la escalera al fondo... todo para confirmar lo anterior, la idea de que algo va a suceder. Lucy iluminará ese pasillo con una simple vela, pura estética de cine de terror. Se masca la tragedia. El rostro del asesino, Bruno Luedke (Mario Adorf), atravesado por una sombra en diagonal es la imagen de la película, de la violencia que se avecina. Oculto en las sombras. Bruno irá sumergiendo su rostro por completo entre las sombras, incluso sus ojos que aparecían iluminados. Un personaje de las tinieblas.




Siodmak irá sumando elementos, un bombardeo en la zona en ese preciso momento, cuando Bruno ataca a Lucy. Contrapicados y la escalera en ebullición. Asesinato y robo. Evacuación. 

La forma en la que Siodmak retrata el momento en el que Willi asume su situación, un falso culpable, es sencillamente magistral, de nuevo usando el contraste lumínico y las sombras. Una linterna estrangula al oficial con su haz de luz, justo tras descubrir que Lucy ha sido también estrangulada. Con la soga al cuello, nunca mejor dicho. La mejor secuencia de la película.



Habrá más escaleras, picados y contrapicados en la presentación del cojo protagonista, Axel Kersten (Claus Holm). Una cojera que resultará simbólica. Un ex combatiente herido que va a un retiro dorado y sin complicaciones, al departamento de homicidios, una sección poco problemática y sin mucho trabajo. En el mundo nazi no existen esas monstruosidades. La evolución de este personaje parece clara, recibir un tortazo de realidad que le obligará a comprometerse. Una evolución que no se acaba de mostrar bien desde el guión, aunque Siodmak pone de su parte con ese detalle de la cojera y el bastón.




Esta escena de presentación del protagonista trata de distender un poco con cierto sentido del humor la tensión de la anterior. La mirada al techo semiderruido tras un portazo y la posterior caída del mismo son detalles simpáticos. Además se dibuja al personaje protagonista y su situación. Las cámaras bajas haciendo panorámicas se mantendrán, el principal recurso estilístico de la cinta.


El bastón de Axel, objeto simbólico y seña de identidad, servirá también de vínculo con la chica, Helga Hornung (Annemarie Düringer). Se conocerán a través de una confusión con él, en ligero contrapicado también. El bastón es usado por Axel para ayudarle a caminar, ya que las heridas de guerra se lo dificultan. Conforme avance la narración su presencia irá desapareciendo y los andares del protagonista se irán recomponiendo, primero una cojera y finalmente un paso firme. Esto está unido a su recomposición moral, es un personaje lleno de grises, primero pretende pasar de los casos que le caigan en sus manos, “dejarles coger polvo”, no involucrarse, dubitativo cuando le otorgan poder para resolver el caso, pero poco a poco y por las circunstancias, las investigaciones, las informaciones casuales y la visión de un falso culpable a punto de ser ajusticiado injustamente, cambiará su forma de actuar, su parecer y se implicará a fondo en el caso para salvar la vida de Willi (Werner Peters). También se mostrará incómodo con los postulados nazis que se van mencionando en su presencia.


No será el único personaje que aparezca mermado, otro oficial nazi será tuerto, le faltará un ojo. Lo veremos en la antesala de la presentación de otro personaje importante, el general Rossdorf, interpretado por Hannes Messemer en un rol similar al que le veríamos poco después en la excepcional “El general de la Rovere” (Roberto Rossellini, 1959).
 


Retrato de la pobreza.

Uno de los puntos interesantes de la cinta es el retrato de la sociedad de la época y su necesidades, la pobreza reinante en Alemania en plena guerra. Pequeñas pinceladas y detalles que escenifican de forma minimalista las penurias de la sociedad. Gente pasando hambre, la necesidad de cupones para conseguir cigarros, falta de dinero para conseguir un empapelador, intercambios “en negro”, donativos de una libra de harina de trigo y otra de centeno para las chicas recolectoras, mendigando y guardando comida, como hace Lucy con las cerezas, quejas por la falta de propinas y clientes… Un guión que va salpicando la narración de estos elementos de forma muy efectiva y acertada, uno de los grandes puntos del mismo, más acertado como relato documental que como thriller.





Axel fingirá que tiene un amigo empapelador como truco de seducción para conseguir la dirección de la chica. Allí conoceremos al primo de ella y se evolucionará en la investigación de forma algo forzada y rocambolesca, encontrando una noticia en el papel que va a usar para empapelar la pared… Una seducción en trío con el primo como testigo. Estas escenas en el apartamento de Helga son poco narrativas y algo sosas.

“… un verdadero héroe o es estúpido o está borracho”.


Es curiosa la relación de Bruno (Mario Adorf) con su amiga rubia, Anna (Rose Schäfer), repleta de educación, amabilidad y cariño, completamente alejada de lo que se supondría en un asesino de mujeres. Lo veremos lavándose, depurándose, tras el asesinato cometido. Es tremendamente fuerte, bruto y asilvestrado.









 




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