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jueves, 11 de octubre de 2012

Crítica: INTRIGA EXTRANJERA (1956)

SHELDON REYNOLDS










Siempre es un placer ver a Robert Mitchum como duro investigador, en este caso periodista, en películas de intriga o cine negro, aunque sean tan discretas como ésta dirigida por Sheldon Reynolds.

La cinta resulta entretenida y tiene los suficientes elementos para mantener la atención del espectador, si bien es cierto que no apasionará en ningún momento y tiene ciertos altibajos.

La muerte del multimillonario para el que el periodista Dave Bishop (Robert Mitchum) trabajaba, lo involucra en una trama internacional donde están mezcladas varias naciones con chantajes nazis de fondo.

Una repentina muerte, ante unas flores amarillas que son símbolo de muerte, inicia la narración y las extrañas reacciones ante ésta suscitan el interés del espectador desde el primer momento. Mitchum, antes de descubrir el cadáver, se entretendrá en oler la única flor roja de ese macetero, símbolo de vida. Ya tenemos la función del protagonista definida con un pequeño símbolo. Siguiendo con la idea de los colores veremos a la esposa del fallecido (Geneviève Page), tumbada en una silla amarilla también. Lo de su bata no tiene nombre, por cierto. Extraña su reacción fría, si bien es cierto que las reacciones extrañas no han hecho nada más que empezar. Hasta cuatro veces preguntarán al bueno de Mitchum si el fallecido dijo algo antes de morir, ya que él llegó unos segundos antes de que lo hicera. Parece que el millonario ocultaba ciertas cosas.


La dirección reitera primeros planos en contrapicado, especialmente de Mitchum, para retratar su creciente inquietud y extrañeza por lo que le rodea y por los que le rodean. 

Mitchum tampoco tiene una reacción especialmente emotiva ante la muerte de su jefe, aunque se muestra amable y dispuesto con todo el que quiere hablar con él, incluso si son desconocidos. Algunos de ellos aparecen sin ton ni son en cualquier parte, por ejemplo en la misma casa de Danemore.


Nuestro millonario, Victor Danemore, un personaje que aparece nada más que en la escena inicial de su muerte, pero al que iremos conociendo a través las investigaciones de Mitchum, está siempre presente en la narración. Todo él es una mascarada. Una mujer de pega que no lo quiere pero le servía de tapadera, del mismo modo que Bishop, Mitchum, fue contratado para inventarle un pasado prestigioso.

En la escena donde se nos desvela lo comentado en el párrafo anterior, Mitchum y la viuda parecen querer comenzar una relación que se frustrará en ese mismo momento. Una llamada de un médico que habla gran parte de la conversación oculto tras su teléfono, algo que acaba siendo presagio de muerte, y la negativa de la viuda, vestida de intenso rojo para liberarse del luto, a conocer un documento que dicho médico posee verbalizada de espaldas a nosotros, señal de mentira, hacen crecer la curiosidad de nuestro protagonista. La escena concluirá con la pareja a gran distancia, al contrario de lo que ocurrió poco antes, donde se besaron. Una distancia mostrada desde la puesta en escena que indica los contrarios intereses de ambos personajes.



Mitchum irá a Viena para hablar con el médico, descubrirá que su jefe mantenía reuniones secretas en el barrio más bajo de la ciudad. La escena en la casa donde se reunía nos dejará atractivos momentos de suspense, con una iluminación oscura para crear mayor tensión y darnos algún sustillo, todo algo gratuito, ya que Mitchum tendrá una cordial y extraña conversación con la ciega que allí se hospeda en la que conseguirá un nombre que le posibilitará continuar sus pesquisas.

Las motivaciones de Bishop son algo difusas en su investigación.

Un espía que sigue a Mitchum tendrá una servilleta amarilla, color que no suele indicar nada bueno. Si bien es cierto que Mitchum colaborará con él, también lo es que intentará matarlo.

La mentirosa viuda finalmente no fue a París, sino que irá a ver al médico poseedor del documento que mencioné anteriormente. Muy interesada se anticipará a Mitchum y matará al médico al conseguirlo. Previsible desde el momento en que aparece pero rodado de forma bastante interesante.


Una vez llegue Mitchum a visitar al médico se generará un interesante enredo al confundirle con el asesino… La lástima es que la película olvida de forma lamentable esta trama. La huida de Mitchum y su persecución, tras descubrirse el cadáver, está rodada de forma muy expresionista, con muchas sombras y claroscuros. Una buena escena de suspense. El espía de la servilleta lo ayudará a escapar.

La investigación sigue en Estocolmo, donde la narración se centra en los aspectos más románticos, un pequeño bajón en la misma con algunas escenas algo cursis y empalagosas de la pareja Robert Mitchum-Ingrid Thulin. Un flechazo instantáneo con la hija del hombre con el que se reunía Danemore


Al final todo era un tema de chantajes. Danemore usaba lo que conocía de ciertos traidores a sus patrias para sacarles dinero, lo curioso es que él también era uno, con lo que la cosa se comprende regular.

Escenas algo torpes, como la pelea entre el espía de la servilleta y Mitchum o los intentos de la chica sueca enamorada de Mitchum por avisarle. Además la villana habla más de la cuenta de forma absurda.

Aquí el director usará un montaje paralelo donde veremos las conversaciones de la viuda con la chica rubia por un lado y la de Mitchum con el espía de la servilleta por otro.



En la parte final, cuando uno de los curiosos personajes que vimos al inicio descubra toda la trama a nuestro protagonista, tendremos algunas escenas interesantes, una reunión cordial con él y con otros espías, que da paso a otra reunión, en este caso violenta. Todo una mascarada para probar la fidelidad de nuestro protagonista. No aporta nada a la narración pero está simpática, además va acorde con ese juego de apariencias y mentiras que vertebra la cinta. En esta fase volveremos a disfrutar de claroscuros y muchas sombras amenazantes y expresionistas.


En el final todo es bastante confuso y embarullado, la rubia (Thullin), tiene un comportamiento francamente arbitrario, tanto que parece bipolar, confía en Mitchum, hasta el punto de arriesgar la vida, luego duda de él, luego lo ayuda, luego lo abofetea y se va ofendida, para acabar rendida al final…

La escena final, con tópicos y convencionalismos, acaba de forma bastante confusa, quizá en un intento de profundidad. Una especie de final semi abierto que cierra la película de forma bastante extraña y poco convincente, donde la trama del documento y la esposa queda casi obviada y todo queda en el aire.




Película entretenida con una música curiosa y el protagonismo absoluto de Robert Mitchum, que no es poco.