jueves, 27 de junio de 2013

Crítica: HASTA QUE LLEGÓ SU HORA (1968) -Última Parte-

SERGIO LEONE










No todo va a ser violencia. Tras la huida de Frank podremos disfrutar con más atención del cuerpo mojado de Claudia Cardinale, que se frota la espalda mientras los hombres alrededor suyo se matan. Una excitante y desnuda espalda mojada.




La venganza de Frank no se hará esperar, una vez se ha librado de la muerte no tardará en atar cabos e irá a por Morton. En el vagón de Morton oiremos el sonido de los relojes, la muerte anunciándose por todos lados, ya vimos el reguero de cuerpos sin vida fuera del tren. El tiempo como espada de Damocles. Frank no se molestará en rematar a Morton, pero el director le dedicará un frió plano “Leone”.

Otro rasgo estilístico usado por Leone en no pocas ocasiones son los encuadres con un personaje o su rostro a un lado del mismo dejando mucho oxígeno en el resto de la pantalla. El rostro de perfil apareciendo por un lado del encuadre mientras el resto de la pantalla muestra el entorno que lo contiene.



Cheyenne será rescatado y mostrará su complicidad con Armónica. Uno visitará a Jill, con su canción de fondo, el otro espera su ansiado duelo con Frank.




Más belleza musical acercándonos al clímax. La llegada de Frank, su profunda mirada azul, su sonrisa despectiva, Armónica tallando madera…esperando.


-Armónica: Una vieja raza. Vendrán otros Morton y la harán desaparecer.

-Frank: Sí, pero el futuro no nos interesa.


Paralelamente a la preparación del duelo Jill y Cheyenne charlarán, observando lo que se cuece en el exterior, sobre distintas cosas. El hombre dará varoniles consejos a la mujer.

La música que nos lleva al duelo es pura magia épica. Otro círculo, otra plaza. Como la de “La muerte tenía un precio” (1965) o “El bueno, el feo y el malo” (1966), ajena al progreso. Pone los pelos de punta.


Enmarcado en el espectacular lirismo de la música, Frank buscará el mejor sitio para el duelo, donde el sol no le moleste. “Planos Leone” para Frank, zoom para los ojos de Armónica, primerísimos planos… Los dos frente a frente. El sonido del instrumento que define las intenciones del protagonista nos llevará por última vez al flashback y, tras un zoom al rocoso rostro de Bronson, descubriremos que el hombre que se acercaba a paso lento y difuminado en dicho flashback era un joven Frank. Tendremos la posibilidad, acompañados siempre por la música, de ver el suceso que marcó a Armónica de niño, un acto de crueldad de Frank (de esos que ha mamado a conciencia Tarantino), donde al no poder soportar el peso de su hermano, de pie en sus hombros y con una soga al cuello, se rindió provocando involuntariamente la muerte de aquel. Frank colocará una armónica en su boca antes de que caiga rendido, de ahí que siempre la lleve consigo.







Armónica hará lo mismo con Frank una vez lo venza, le colocará el instrumento en la boca para que recuerde quién es.

Este juego con la soga nos recuerda al final de “El bueno, el feo y el malo” (1966).

Objetos.

Sergio Leone maneja todos los resortes narrativos con virtuosismo y como los más grandes utilizará con brillantez los objetos. Aquí una armónica será la clave y el vínculo que une pasado y presente y a los personajes de Armónica y Frank. De igual forma el reloj de bolsillo tendrá la misma utilidad en “La muerte tenía un precio" (1965). En “Érase una vez en América” (1984) el teléfono será el objeto que atormente en el presente a uno de los protagonistas por un hecho del pasado.





El mismo mimo que el director muestra en los vestuarios y en cada plano, casi veneración, lo logra con los objetos, los más significativos y los aparentemente menos importantes. Recordemos las maquetas de tren en esta misma cinta, los ponchos y sombreros, cómo se juega con ellos, las armas, las sogas, la estrafalaria sombrilla que lleva Eli Wallach en “El bueno, el feo y el malo”, las gafas, la dinamita y la moto en “¡Agáchate, maldito!”… Muchos de estos objetos sirven de contraste, elementos estrambóticos que no encajan con el entorno, como la mencionada sombrilla o el lugar donde James Coburn y Rod Steiger negocian en “¡Agáchate, maldito!” (1971).



Tan rocoso como el rostro de Bronson es el triángulo amoroso, o más bien cuadrado amoroso. Seco como el polvo del oeste. El amor de los tres hacia Jill, cada uno de una forma distinta como ya comenté, sólo parece tener una sincera reciprocidad. A Jill se le hacen los ojos chiribitas con Armónica, pero él mantendrá su amor en secreto y lejos… no pertenece a ese lugar que se está gestando y en el que Jill se integrará a la perfección. Para volver allí deberá hacerlo transformado, distinto, aunque el duro Bronson promete hacerlo.



En el último encuentro entre Jill y Armónica, Leone volverá a usar dos de sus rasgos estilísticos favoritos, el juego de miradas y la entrada en plano desde un lateral del perfil de uno de los personajes, en este caso Bronson. El “Leone” que le hace al rostro de Cardinale, sostenido al máximo, con su feliz sonrisa es memorable y la paulatina decepción que se le va dibujando a la actriz al darse cuenta de que su deseado pistolero no se queda, desoladora. La predicción de Cheyenne, atento a todo lo que ocurre, interviniendo también en ese juego de miradas, se cumple plenamente. La mirada de Cardinale a Armónica al verle entrar es de pícara inocencia melancólica. Un maravilloso plano y momento. La de Cheyenne será triste, resignada y enamorada. El respeto máximo a Jill.



Yo ya he terminado aquí”.

-Jill: ¿Pasarás por aquí algún día?

-Armónica: Algún día.

Chayenne: Haz como si no te dieras cuenta.

Si seco es el amor igualmente seca y sobria, de una ruda, varonil e intensa poesía, será la muerte de Cheyenne.




La solidaridad de Bronson, las miradas de comprensión y cariño de ambos, el apoyo silencioso, la complicidad manifiesta, varoniles gestos de amistad. Es bellísimo en su discreción el gesto de Armónica, como si de un desnudo de mujer se tratara, de darse la vuelta para no ver morir a Cheyenne, como éste le pidió. Sensibilidad exquisita. La música que acompañó siempre a Cheyenne cesará justo en el momento en el que muera, detalle maestro. La última vez que oiremos la melodía de Cheyenne será para despedir la película definitivamente.





La muerte de Cheyenne era obligada, ya no tiene cabida en ese mundo que se gesta. Asesinado por el tren. De hecho será un disparo de pánico de Morton el que acabará al final con su vida, el jefe del ferrocarril, la idea perfecta. Para subrayar esto justo tras la muerte de Cheyenne se oirá el pito de la locomotora, llegando imparable hasta Sweet Water. El tren, el asesino de un mundo crepuscular, romántico.




Armónica, por su parte, es ajeno al tiempo, pero tampoco pertenece a ese mundo, por ello se irá, desaparecerá.


Todo esto queda retratado y sublimado con un increíble plano final donde a través de una panorámica vemos primero la construcción del pueblo, Sweet Water, el tren llegando por fin, a Claudia Cardinale haciendo caso a Cheyenne, refrescando…y calentando a los trabajadores, para finalizar el movimiento de cámara en el lado contrario por donde Armónica se aleja con el cadáver de Cheyenne en su caballo. La vieja raza alejándose de un mundo nuevo que los desplaza, que no los entiende ni acepta, donde ya no encajan. En una simple panorámica Leone pone el resumen y rúbrica perfecta a toda esa idea. Adiós a la “nueva civilización”. Con el lirismo excelso de la música de Jill y luego con el tema de Cheyenne.



Hasta que llegó su hora” es la cima de Leone (junto a “El bueno, el feo y el malo”, ya sabéis), su reflexión más madura de los temas principales de su obra. El tiempo, que como he ido comentando es vertebral en la obra del cineasta, en la película que nos ocupa es un tema que se desarrolla desde múltiples puntos de vista, en esa historia de venganza de un pasado que siempre vuelve, un presente casi invisible y un futuro pujante que acaba con toda una época. La muerte, siempre motivación principal de los personajes o consecuencia lógica de la narración. La muerte de la familia McBain al comienzo; la del hermano de Armónica que convierte la venganza de éste en su único objetivo vital; la de unos personajes que ya no encajan; la de una época… La venganza, que también es otra de las motivaciones principales de los personajes de Leone, aquí la veremos obsesiva y tenaz en el personaje de Armónica.

Armónica, Cheyenne y Frank son tres personajes que acaban desapareciendo, como he comentado, porque pertenecen a otra época que está a punto de morir. Armónica será el único que sobrevivirá gracias a ese aire mítico, casi una deidad, que se mantiene fiel a sí mismo siempre. Cheyenne muere como representante máximo del pistolero del oeste, no tiene cabida. Frank correrá la misma suerte que Cheyenne, porque no puede coexistir con Armónica y además traicionó los ideales del western clásico, su esencia y naturaleza.



Algunas curiosidades más.

-Clint Eastwood estaba previsto para el personaje de Armónica, pero el actor renunció porque no quería un papel que tuviera el mismo peso que otros, no quería compartir protagonismo ni tener el mismo tiempo en pantalla que otros personajes. Leone llegó a proponerle un cameo junto a Lee Van Cleef y Eli Wallach, haciendo de los pistoleros de la primera escena, oferta que también rechazó. A Van Cleef y Wallach la broma le pareció muy divertida y aceptaron, pero Clint puso como excusa que él no estaba dispuesto a morir a manos de otro personaje en pantalla.

-Los contrastes estéticos que se ven en la obra de Sergio Leone, como esa sombrilla mencionada en “El bueno, el feo y el malo” o decorados de “¡Agáchate, maldito!”, están inspirados en Giorgio de Chirico, pintor muy del gusto de Leone, fundador del movimiento “scuola metafísica”. También a nivel estético hay que referir a Giovanni Battista Piranesi, el reputado grabador de monumentos romanos del siglo XVIII.

-El personaje que estaba destinado para Eastwood se le llegó a ofrecer a Warren Beatty, afortunadamente Leone llevó la elección por otro lado… También se le ofreció a Coburn, Henry Silva y Bronson, que fue en el que finalmente recayó.

-Leone dijo sobre Bronson: “Tiene un rostro fascinante, sugiere todo un mundo a sus espaldas. Simboliza el destino. Parece un bloque de granito, impenetrable pero marcado por la vida. Su presencia es capaz de parar un tren y su expresión advierte al espectador que si persigue a alguien no cejará aunque su enemigo se esconda en Groenlandia".

-Para el papel de Jason Robards la Paramount pensó en Kirk Douglas

-Robert Ryan era otra debilidad del director italiano, pero no pudo participar por tener otro compromiso en ese momento.

-“Hasta que llegó su hora”, como buena parte de la filmografía de Sergio Leone, es bastante española, se rodó en Almería y Gadix de forma principal, además de en Roma y Arizona para mostrar el Monument Valley.

-Jason Robards, como Lee Van Cleef, tenía problemas con el alcohol, pero no afectó al rodaje en demasía. En cambio Al Mulock sí. El síndrome de abstinencia parece ser que fue la causa de que se suicidara en pleno rodaje, una auténtica desgracia que fue recibida con escalofriante frialdad por Leone: “…la ropa, salva la ropa antes de que llegue la ambulancia”. En la sala de montaje y debido a que el actor no pudo terminar su trabajo el director manifestó su frustración de forma cruel: “Este gilipollas… ¿no podía suicidarse veinticuatro horas después?”.

-Henry Fonda mostró sus reticencias sobre el proyecto, no le gustaba el título, le resultaba prepotente viniendo de un director italiano, ni su cambio de imagen. Según Eli Wallach fue él quien lo convenció.

-Algunos de estos detalles podéis leerlos en un estupendo librito de Carlos Aguilar sobre el director en Cátedra (Cineastas).

Hasta que llegó su hora” es una borrachera de cine de calidad, exaltación máxima de un estilo, el mimo máximo a un género, a cada plano. Un perfecto tributo. Un estilo operístico tanto en estructura como por la predominante presencia de la música, aunque a Leone la ópera le gustara más bien poco. 

Temas para enmarcar.

Once upon a time in the west” / “Jill’s America”, evocadora y embriagadoramente lírica. La voz femenina es de Edda dell’Orso. “As a judgement”. La inolvidable "Farewell to Cheyenne”, dedicada, como es lógico, a Cheyenne (Jason Robards). “Man with a Harmonica” / “Death rattle” dedicada al personaje que interpreta Bronson, arrítmica, que nos acompaña por los flashbacks y de forma espectacular en el duelo final. Ampliación de “As a judgement”… Casi nada.

Tras el inicial desprecio que sufrieron los “spaghetti western”, Leone se ha ganado el reconocimiento de los cinéfilos de todo el mundo, hasta colocar a una gran parte de su filmografía entre las mejores películas de la historia. “Hasta que llegó su hora” es el máximo exponente de su arte, junto a “El bueno, el feo y el malo”, y se sitúa sin ningún género de dudas entre los mejores westerns que se han realizado, un western crepuscular de mirada europea y aspiración clásica que desprende calidad y sentimiento desde el primer fotograma.



Leone definió así esta película: “Es un ballet de muertos, que tiene como material dramático todos los mitos del western tradicional: el vengador, el bandido romántico, el propietario rico, el criminal, la puta. A partir de estos cinco símbolos, quise mostrar el nacimiento de los Estados Unidos”.

Un obra de arte.


 


Dedicada a Auseva, confío en que si ha llegado hasta aquí le haya complacido.
 

8 comentarios:

  1. Para amantes de Leone y curiosos en general, aquí pongo un enlace muy interesante sobre localizaciones de sus películas:
    http://regis.cluseau.perso.sfr.fr/SergioLeone/index_US.html

    Y este otro sobre uno de los lugares en que se rodó de El bueno, el feo y el malo:
    http://rutabfm.blogspot.com.es/

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  2. *Fe de erratas
    "También Ha nivel estético hay que referir..."

    Fantástico, como de costumbre

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    1. Muchas gracias crack, se me escapó. Un abrazo!

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    2. Pelicula con momentos liricos bellisimos apyados por una musica esplendida .Con los años adoro a claudia bellisima´.

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  3. Me han encantado estas entradas sobre esta gran película de Leone. Todo es perfecto en esta película: los actores, que el bueno rebueno de Fonda pueda ser tan malo, o Charles Bronson (me encanta Clint Eastwood de la Trilogía del Dólar, pero no lo imagino haciendo de Armónica) la música de Morricone, y Claudia Cardinale, que está guapísima. Gracias por la entrada

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    1. Bienvenido Alejandro, muchas gracias por tus palabras y me alegra que te haya gustado el análisis. Gracias añadidas por tomarte la molestia de leerlo entero. Eres un valiente. Compartimos pasión, esta cinta es una de las cimas de Leone.

      Un abrazo.

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