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miércoles, 11 de enero de 2012

Crítica: IMMORTALS (2011)

TARSEM SINGH






“Immortals” continua el reciente revival de películas que podríamos englobar en el género de espada y brujería en función, y a mayor gloria, de los nuevos efectos especiales y look estilo “300” (2007).
El éxito de la película de Zack Snyder ha llevado, como suele ocurrir, a una proliferación de cintas, viendo que había negocio, dentro de géneros como el fantástico, el histórico o el mitológico, muy enraizados en el mencionado de espada y brujería. El resultado de este revival ha sido una sucesión de mediocres films indignos del más que aceptable de Snyder. Así tenemos la lamentable “Furia de Titanes” (Louise Leterrier, 2010), el patético remake de “Conan, el bárbaro” (Marcus Nispel, 2011) o ésta que nos ocupa, todas lejísimos de su predecesora.
Con todo “Immortals” supera, por poco, a las otras dos, lo cual no es decir mucho.
Lo más destacable de la cinta de Tarsem Singh es su diseño de producción, su diseño artístico, algo que destacó ya en “La celda” (Tarsem Singh, 2000) o "The Fall: El Sueño de Alexandría" (2006) ofreciéndose así un espectáculo tan vistoso como vacuo. Desespera que con un fondo y unas historias tan atractivas y profundas se vulgarice todo de tal forma entregándose al mero ejercicio de pirotecnia.


Toda persona medianamente interesada en la mitología o que conozca algo de ella o de la historia de Teseo quedará asombrado y seguramente ofendido por lo que verá en pantalla.
Absolutamente nada de lo que ocurre tiene el más mínimo parecido con lo que la mitología nos ha contado del héroe. Uno podría plantearse que se excusen en la mitología clásica para hacer una revisión novedosa, imaginativa, más o menos acertada en base al material que nos ha llegado, o siendo fieles a los múltiples textos sobre mitología hacer un mayúsculo espectáculo, ya que el material da para todo lo que se imagine y con ayuda de los efectos especiales actuales se puede hacer algo impactante y entretenido. Pero el hecho es que lo que vemos en pantalla ni pretende ser una mirada imaginativa ni una adaptación fiel, sino que se inventa una historia disparatada con la excusa mitológica mezclando cosas sin el más mínimo sentido ni relación.


 ¿Por qué se excusan en la mitología, pervirtiendo toda su esencia, ya que ni siquiera la idea o sentido último de la película tiene relación con el espíritu y el fondo del material que coge para pisotearlo, pudiendo inventarse una historia sin más, por cutre que ésta sea sin hacer uso de los referentes griegos?
De Teseo nos han hablado Eurípides o Sófocles  en obras como “Hipólito” o “Edipo en Colono” por poner algunos ejemplos, algo que supongo no habrán consultado mucho los perpetradores de esta cinta.
Es de suponer que la idea es asemejarse a la libertad e imaginación creativa de la propia mitología y coger distintos aspectos de ella para crear una nueva historia original, apelando a eso tan de moda ahora de la subversión y demás historias, pero ni cuela ni hay el más mínimo riesgo, imaginación ni libertad creativa más allá del diseño de decorados.
Teseo fue hijo de Egeo, rey de Atenas, y Etra (también hay tradición que dice que su padre fue Poseidón), abandonado por el rey para protegerlo vivió su infancia con su madre, que cuando cumplió los 16 años le contó la verdad sobre su procedencia. Teseo levantó la piedra que escondía la espada que su padre dejó para él y puso rumbo a Atenas para conocer a su progenitor. En el camino vivirá múltiples aventuras.
Una vez llegó a Atenas su padre se había casado con Medea (de la que Eurípides también escribió obra) y tenido un hijo con ella, Medo. Medea temiendo que su hijo no heredase el trono intentó matar a Teseo, pero al descubrir Egeo quien era en realidad le salvó la vida, siendo Medea y su hijo expulsados de Atenas.
Siguió en Atenas dando muestras de valor y así fue reconocido como futuro rey.
Entre sus aventuras más famosas está la del Minotauro. Teseo se ofreció voluntario para la ofrenda que Atenas tenía que pagar al rey Minos de Creta, 7 muchachos y 7 doncellas, que debían entregarse en sacrificio al Minotauro. En Creta Aridana se enamoró de Teseo, y le ofreció su ayuda para matar al Minotauro. Le dio un ovillo para no perderse en el laberinto donde vivía el monstruo y lo mató mientras dormía a puñetazos, recogiendo posteriormente el ovillo para poder salir del laberinto (otra versión dice que Ariadna le dio una corona muy luminosa). Una vez muerto el Minotauro, Teseo volvió con Ariadna y el resto de atenienses a casa, pero olvidó poner las velas blancas que le pidió su padre para saber que seguía vivo antes de llegar. Egeo al ver las velas negras desde la distancia se tiró desesperado al mar, un mar que recibió el nombre del rey, mar Egeo.
Teseo se casó con Fedra en sus últimos años, está se enamoró del hijo de Teseo con la amazona Antíope, Hípolito. El hijo de Teseo la rechazó y ella lo acusó de haberla violado suicidándose después. Esto llevo a un irritado Teseo a clamar venganza a Poseidón, que mandó un monstruo marino que hizo volcar el carro con los caballos en el que iba Hipólito, muriendo aplastado por ellos. Existen otras versiones alternativas, como tantas veces.


Teseo participó en otros mitos, como en la expedición de los Argonautas para conseguir el Vellocino de oro, con las Amazonas, en la caza del jabalí de Calidón etc. pero no vienen al caso.
Después de esta breve descripción del mito de Teseo los que hayan visto la película bien sabrán que nada tiene que ver, absolutamente nada, con lo que vieron en la pantalla.


Es cierto que sale Fedra, que es una especie de vidente, es cierto que sale una especie de Minotauro, sin el más mínimo sentido ni parecido con la historia original, y … es cierto que sale Teseo, Zeus (Luke Evans) y Poseidón entre otros.






Lo que sí sale en pantalla es una historia sobre la lucha de los dioses contra los Titanes, el arco de Epiro, el rey Hiperión…
También un perro espía y además velocista maratoniano, vestidos imposibles…y reflexiones de brocha gorda sobre el destino, el libre albedrío, la fe…
Un despropósito que sin vergüenza ninguna se reconoce vehículo palomitero para llenar salas de cine.
Centrándonos en la historia en sí y obviando estas circunstancias, la trama carece de interés, de vigor, y el guión es verdaderamente pobre, los intentos por dar carisma a los personajes resultan verdaderamente ridículos, especialmente en algunos casos, con frases y tramas sonrojantes. En este sentido destacaremos el papel de Stephen Dorff, al cual le dan algunas frases realmente cursis y que se supone es el transgresor del grupo de los buenos, y sobre todo, un lamentable Mickey Rourke, muy lejos del que fascinó en “El luchador” (Darren Aronofsky, 2008), que cede a todos sus tic de Actor’s Studio de sus más cargantes y desastrosas interpretaciones.

Freida Pinto hace lo que puede, que no es mucho más allá de lucir palmito.
Los efectos especiales no sorprenden pero son eficaces.


Concluiré con los aspectos positivos, como son el mencionado trabajo de diseño de producción, algunas soluciones visuales imaginativas, aunque es lo mínimo a esperar en este tipo de películas, un vigoroso final y sobre todo, su protagonista, un Henry Cavill realmente convincente como héroe de acción, ágil y con carisma, agresivo y verdaderamente atlético que está pletórico en las escenas de acción y correcto en lo demás. Cavill además será el nuevo Superman, lo cual hace albergar buenas sensaciones viendo su trabajo aquí.





Sí, después de todo esto hay que mantener que es mejor que “Furia de Titanes” o “Conan, el bárbaro”. Así están las cosas.

sábado, 22 de octubre de 2011

Crítica: LOS TRES MOSQUETEROS (2011)

PAUL W. S. ANDERSON






Desde luego no pido a estas alturas que se haga una adaptación completa y seria de esa obra maestra de la literatura francesa que es “Los tres mosqueteros” de Alejandro Dumas, ni que se trate toda la trama política de intrigas palaciegas y conflictos entre países. Todo se andará, pero ni siquiera lo pido. Con que se deje en paz la obra de Dumas, si no se va a intentar hacer algo serio, basta, pero que se la humille de esta forma resultaría indignante si no fuera porque el resultado de este engendro perpetrado por Paul W. S. Anderson no vale ni para indignarse.

Ninguna de las adaptaciones realizadas hasta la fecha está a la altura de la novela original pero al menos alguna de ellas se mostraba digna como espectáculo cinematográfico, en especial la de George Steven (1948). Ésta que nos ocupa es, de lejos, la peor.
La dirección de Paul W. S. Anderson es simplemente lamentable, haciendo una especie de Resident Evil de capa y espada, cámaras lentas en súper mega guay 3D, HD, Dolby Surround y todo lo que te puedas imaginar, para taparse las vergüenzas de su incapacidad para contar una historia. Como si a “Los tres mosqueteros” le hiciera falta esa parafernalia para atrapar al espectador en su butaca y no soltarlo hasta que acabe… Por supuesto tendremos a su musa, Milla Jovovich, repartiendo tortas como panes, saltando y brincando, enseñando las piernas, y que en vez de matar zombis mata soldados franceses.

La planificación, como si no existieran, supongo que viendo lo rodado daría libertad a su montador para que tirando los dados colocase planos generales, medios o primeros planos según quisiera la fortuna. Un 6, uno general, ahora… un 4, un primer plano…
El look de la cinta no puede ser más horroroso y hortera, una especie de pseudo ciencia ficción, una vez más buscando distraer con la apariencia lo que le falta al contenido. Lo triste es que la obra maestra que adapta tiene contenido a raudales. Demasiado profunda para el gusto de Anderson, se le atragantan estas cosas.
Claro que hay que tener en cuenta que Anderson es el director de joyas del séptimo arte como “Mortal Kombat” (1995), “Alien vs Predator” (2004) o varias de la saga “Resident Evil”.
Por supuesto nuestro director no puede evitar mostrarse incomodísimo a la hora de narrar la historia, toda la trama está tratada con una pereza y precipitación que muestra el aburrimiento del director cuando no se encuentra inmerso en una escena de acción. Las escenas de diálogos se hacen de forma apresurada, sin la más mínima preocupación o interés, como un fastidioso deber que hay que asumir entre escena y escena aparatosa.
Así tenemos una patética simplificación y un tratamiento indecentemente superficial de la historia, humillando a los personajes, a los cuales no se presta atención, y a todos los recovecos de una obra inmortal. Teniendo en cuenta que hay algunos de los personajes más inolvidables que nos podamos echar a la cara, tiene delito la cosa. Eso sí, todo en aras de la acción y la supuesta espectacularidad. Nada nuevo bajo del sol de este tipo de producciones.
Aquí “Los tres mosqueteros” parecen superhéroes, con poderes casi mágicos y cualidades asombrosas, sólo les falta volar, aunque lo sustituyen con dirigibles y unos tremendos saltos por donde quiera que campen. La escuela de Bay y sus adláteres haciendo estragos. Una adaptación ofensiva para los que aman la novela de Dumas.
Anderson y su guionista se regodean en su profundo desconocimiento de la novela, minimizando todo de la forma más burda posible, casi asustándose de que el espectador pudiera pensar que hay la más mínima profundidad en la película que, en realidad, es una mera excusa para la exhibición de efectos especiales. Es triste ver como el par de conversaciones entre esos dos memorables villanos que son Milady de Winter y el Cardenal Richelieu son resueltas con prisas y sin transmitir el más mínimo interés al espectador, que debería quedar fascinado por el carisma de los dos. Todo ello muy moderno, eso también.
Espectacular inicio con los mosqueteros exhibiendo sus cualidades sobrehumanas, aunque no tantas como las que tiene “Milady de Jovovich”, que directamente para el tiempo esquivando balas y demás historias. Una historia fascinante, la de “Los tres mosqueteros”, en manos de gente incapaz de contar una historia con un mínimo de interés. La película es tan vacua, está tan vacía que sólo cabría calificarla de película mousse, que sólo cuenta con el recurso de su horroroso estilo visual y efectos especiales.
D’Artagnan (Logan Lerman) es soso. Aramis (Luke Evans), pura pose intrascendente. Athos (Matthew Macfadyen) es el supuestamente más trabajado pero resulta ridículo en su impostada dignidad. Porthos (Ray Stevenson), visto en la serie “Roma” entre otros sitios, no sale del estereotipo de brutote bonachón. Menudo elenco ¿verdad?

Las escenas de diálogo, como digo, se suceden precipitadas, a toda prisa, casi jadeantes hasta alcanzar la paz de una nueva escena de acción predecible y prescindible, todo sazonado con un sentido del humor de parvulario.
Mención especial tiene el caso de Milady de Winter, una de las más grandes villanas de la literatura, una auténtica femme fatale, pura perfidia y manipulación, seducción mortal que fue captada incluso por esa magnífica serie hispano-nipona de dibujos que fue “D’Artacan y los tres mosqueperros”, y que aquí es sustituido todo eso por una saltimbanqui aprendiz de ninja. Un ejemplo perfecto de la simpleza de este bodrio. Recordar el trabajo de Lana Turner, en la versión de George Steven, en el mismo papel produce una tierna añoranza en medio de esta debacle. En aquella casi se acaba convirtiendo en la protagonista. La otra chica, Constance (Gabriella Wilde), ni pincha ni corta.

No busquéis al bueno del Señor de Trèville, no está, se pretende hacer una saga pero Trèville no tiene cabida en esta primera parte. A cambio tenemos un continuo pase de modelos con Milady, Buckingham y ese rey Luis XIII de Francia (Freddie Fox) obsesionado con las ropas como una colegiala loca de Beverly Hills, un hermano, algo menos mimado, de Paris Hilton.

No hay absolutamente nada de los auténticos “Los tres mosqueteros”. Nada.
Para colmo de desgracias tenemos que “disfrutar” de la majestuosa interpretación de esa deidad de la escena que es Orlando Bloom y su peinado de estrella pop de los 80, que encarna a un chulo Duque de Buckingham. Lo de la trama de los 12 herretes de diamantes, para echarse a llorar.
El guión, que es adaptado se supone, lo que hace más fácil seguir unas líneas básicas en teoría, no puede ser peor. En serio, no puede. No se sabe como logran ejecutar los planes en ningún momento ni cómo llegan a los lugares y las cosas que alcanzan, todo es un “porquesí” continuo, gratuito. De repente aparecen los mosqueteros montados en un dirigible, y ya está, aquí da igual como han logrado conseguir hacerse con él. Todo el asalto al palacio del Duque de Buckingham, es demencial. Todo es chorra, gratuito y sin explicación. Y para más inri, tramposo para, supuestamente, sorprender al espectador.

La parte final es el colmo que le hacía falta a semejante desmadre, una especie de “Piratas del Caribe” aéreo, con esos dirigibles y demás historias. Por cierto, nadie entiende por qué no matan a D’Artagnan, lo del clásico respeto al héroe está muy bien pero en estos tiempos cínicos y en esta película en concreto me da que por ahí no van los tiros. Alucinante.

Esta nueva versión de “Los tres mosqueteros” sólo adquiere algo de sentido si se la interpreta en clave de parodia, si no, todo es demasiado hiriente. Un buen ejemplo de esto lo tenemos en otro mítico e indispensable personaje de la literatura universal, el Cardenal Richelieu, tratado de forma deplorable. Interpretado por Christoph Waltz, que nos dejó uno de los más notables villanos modernos en su papel de nazi en “Malditos Bastardos” de Quentin Tarantino (2009), aquí, en un papel que podía haber clavado, hace lo que buenamente puede sin conseguir no caer en el ridículo en líneas generales. Insultante.
¿De dónde saca la espada D’Artagnan después de dejarla caer clavada en el Conde de Rochefort desde lo alto de la catedral de Notre-Dame?  Y más teniendo en cuenta que es uno de los objetos míticos del personaje. En fin que divago…

Poco queda por decir de esta infumable película, salvo que encima tienen la desfachatez de plantear la segunda parte, en una mezquina demostración de la falta de autenticidad de toda la propuesta. El rescate marítimo de Milady es el colofón al desastre, debo reconocer que hasta me reí porque algo así sólo se le puede ocurrir a alguien muy inútil.
Un videojuego sin Playstation.