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sábado, 22 de octubre de 2011

Crítica: LOS TRES MOSQUETEROS (2011)

PAUL W. S. ANDERSON






Desde luego no pido a estas alturas que se haga una adaptación completa y seria de esa obra maestra de la literatura francesa que es “Los tres mosqueteros” de Alejandro Dumas, ni que se trate toda la trama política de intrigas palaciegas y conflictos entre países. Todo se andará, pero ni siquiera lo pido. Con que se deje en paz la obra de Dumas, si no se va a intentar hacer algo serio, basta, pero que se la humille de esta forma resultaría indignante si no fuera porque el resultado de este engendro perpetrado por Paul W. S. Anderson no vale ni para indignarse.

Ninguna de las adaptaciones realizadas hasta la fecha está a la altura de la novela original pero al menos alguna de ellas se mostraba digna como espectáculo cinematográfico, en especial la de George Steven (1948). Ésta que nos ocupa es, de lejos, la peor.
La dirección de Paul W. S. Anderson es simplemente lamentable, haciendo una especie de Resident Evil de capa y espada, cámaras lentas en súper mega guay 3D, HD, Dolby Surround y todo lo que te puedas imaginar, para taparse las vergüenzas de su incapacidad para contar una historia. Como si a “Los tres mosqueteros” le hiciera falta esa parafernalia para atrapar al espectador en su butaca y no soltarlo hasta que acabe… Por supuesto tendremos a su musa, Milla Jovovich, repartiendo tortas como panes, saltando y brincando, enseñando las piernas, y que en vez de matar zombis mata soldados franceses.

La planificación, como si no existieran, supongo que viendo lo rodado daría libertad a su montador para que tirando los dados colocase planos generales, medios o primeros planos según quisiera la fortuna. Un 6, uno general, ahora… un 4, un primer plano…
El look de la cinta no puede ser más horroroso y hortera, una especie de pseudo ciencia ficción, una vez más buscando distraer con la apariencia lo que le falta al contenido. Lo triste es que la obra maestra que adapta tiene contenido a raudales. Demasiado profunda para el gusto de Anderson, se le atragantan estas cosas.
Claro que hay que tener en cuenta que Anderson es el director de joyas del séptimo arte como “Mortal Kombat” (1995), “Alien vs Predator” (2004) o varias de la saga “Resident Evil”.
Por supuesto nuestro director no puede evitar mostrarse incomodísimo a la hora de narrar la historia, toda la trama está tratada con una pereza y precipitación que muestra el aburrimiento del director cuando no se encuentra inmerso en una escena de acción. Las escenas de diálogos se hacen de forma apresurada, sin la más mínima preocupación o interés, como un fastidioso deber que hay que asumir entre escena y escena aparatosa.
Así tenemos una patética simplificación y un tratamiento indecentemente superficial de la historia, humillando a los personajes, a los cuales no se presta atención, y a todos los recovecos de una obra inmortal. Teniendo en cuenta que hay algunos de los personajes más inolvidables que nos podamos echar a la cara, tiene delito la cosa. Eso sí, todo en aras de la acción y la supuesta espectacularidad. Nada nuevo bajo del sol de este tipo de producciones.
Aquí “Los tres mosqueteros” parecen superhéroes, con poderes casi mágicos y cualidades asombrosas, sólo les falta volar, aunque lo sustituyen con dirigibles y unos tremendos saltos por donde quiera que campen. La escuela de Bay y sus adláteres haciendo estragos. Una adaptación ofensiva para los que aman la novela de Dumas.
Anderson y su guionista se regodean en su profundo desconocimiento de la novela, minimizando todo de la forma más burda posible, casi asustándose de que el espectador pudiera pensar que hay la más mínima profundidad en la película que, en realidad, es una mera excusa para la exhibición de efectos especiales. Es triste ver como el par de conversaciones entre esos dos memorables villanos que son Milady de Winter y el Cardenal Richelieu son resueltas con prisas y sin transmitir el más mínimo interés al espectador, que debería quedar fascinado por el carisma de los dos. Todo ello muy moderno, eso también.
Espectacular inicio con los mosqueteros exhibiendo sus cualidades sobrehumanas, aunque no tantas como las que tiene “Milady de Jovovich”, que directamente para el tiempo esquivando balas y demás historias. Una historia fascinante, la de “Los tres mosqueteros”, en manos de gente incapaz de contar una historia con un mínimo de interés. La película es tan vacua, está tan vacía que sólo cabría calificarla de película mousse, que sólo cuenta con el recurso de su horroroso estilo visual y efectos especiales.
D’Artagnan (Logan Lerman) es soso. Aramis (Luke Evans), pura pose intrascendente. Athos (Matthew Macfadyen) es el supuestamente más trabajado pero resulta ridículo en su impostada dignidad. Porthos (Ray Stevenson), visto en la serie “Roma” entre otros sitios, no sale del estereotipo de brutote bonachón. Menudo elenco ¿verdad?

Las escenas de diálogo, como digo, se suceden precipitadas, a toda prisa, casi jadeantes hasta alcanzar la paz de una nueva escena de acción predecible y prescindible, todo sazonado con un sentido del humor de parvulario.
Mención especial tiene el caso de Milady de Winter, una de las más grandes villanas de la literatura, una auténtica femme fatale, pura perfidia y manipulación, seducción mortal que fue captada incluso por esa magnífica serie hispano-nipona de dibujos que fue “D’Artacan y los tres mosqueperros”, y que aquí es sustituido todo eso por una saltimbanqui aprendiz de ninja. Un ejemplo perfecto de la simpleza de este bodrio. Recordar el trabajo de Lana Turner, en la versión de George Steven, en el mismo papel produce una tierna añoranza en medio de esta debacle. En aquella casi se acaba convirtiendo en la protagonista. La otra chica, Constance (Gabriella Wilde), ni pincha ni corta.

No busquéis al bueno del Señor de Trèville, no está, se pretende hacer una saga pero Trèville no tiene cabida en esta primera parte. A cambio tenemos un continuo pase de modelos con Milady, Buckingham y ese rey Luis XIII de Francia (Freddie Fox) obsesionado con las ropas como una colegiala loca de Beverly Hills, un hermano, algo menos mimado, de Paris Hilton.

No hay absolutamente nada de los auténticos “Los tres mosqueteros”. Nada.
Para colmo de desgracias tenemos que “disfrutar” de la majestuosa interpretación de esa deidad de la escena que es Orlando Bloom y su peinado de estrella pop de los 80, que encarna a un chulo Duque de Buckingham. Lo de la trama de los 12 herretes de diamantes, para echarse a llorar.
El guión, que es adaptado se supone, lo que hace más fácil seguir unas líneas básicas en teoría, no puede ser peor. En serio, no puede. No se sabe como logran ejecutar los planes en ningún momento ni cómo llegan a los lugares y las cosas que alcanzan, todo es un “porquesí” continuo, gratuito. De repente aparecen los mosqueteros montados en un dirigible, y ya está, aquí da igual como han logrado conseguir hacerse con él. Todo el asalto al palacio del Duque de Buckingham, es demencial. Todo es chorra, gratuito y sin explicación. Y para más inri, tramposo para, supuestamente, sorprender al espectador.

La parte final es el colmo que le hacía falta a semejante desmadre, una especie de “Piratas del Caribe” aéreo, con esos dirigibles y demás historias. Por cierto, nadie entiende por qué no matan a D’Artagnan, lo del clásico respeto al héroe está muy bien pero en estos tiempos cínicos y en esta película en concreto me da que por ahí no van los tiros. Alucinante.

Esta nueva versión de “Los tres mosqueteros” sólo adquiere algo de sentido si se la interpreta en clave de parodia, si no, todo es demasiado hiriente. Un buen ejemplo de esto lo tenemos en otro mítico e indispensable personaje de la literatura universal, el Cardenal Richelieu, tratado de forma deplorable. Interpretado por Christoph Waltz, que nos dejó uno de los más notables villanos modernos en su papel de nazi en “Malditos Bastardos” de Quentin Tarantino (2009), aquí, en un papel que podía haber clavado, hace lo que buenamente puede sin conseguir no caer en el ridículo en líneas generales. Insultante.
¿De dónde saca la espada D’Artagnan después de dejarla caer clavada en el Conde de Rochefort desde lo alto de la catedral de Notre-Dame?  Y más teniendo en cuenta que es uno de los objetos míticos del personaje. En fin que divago…

Poco queda por decir de esta infumable película, salvo que encima tienen la desfachatez de plantear la segunda parte, en una mezquina demostración de la falta de autenticidad de toda la propuesta. El rescate marítimo de Milady es el colofón al desastre, debo reconocer que hasta me reí porque algo así sólo se le puede ocurrir a alguien muy inútil.
Un videojuego sin Playstation.