La novela “El código Da Vinci” ha sido uno de los booms
literarios más grandes de los últimos años, una obra literariamente mediocre,
como su autor, pero que cuenta una historia muy atractiva que se ha sabido
vender muy bien. Los seguidores de las novelas de intriga, misterio,
desmitificaciones, además de anticatólicos, anticristianos o simples curiosos
que veían extrañados el fenómeno, cayeron seducidos por la historia sobre un
supuesto linaje de Jesucristo.
La historia que cuenta Dan Brown ni siquiera es original,
estas tesis e historias parecidas habían salido en varios libros anteriores,
pero el autor y su editorial supieron venderlo como algo novedoso y rigurosamente
histórico. Todo se fue desmontando poco a poco con otras obras y ensayos que
refutaban el libro de Dan Brown, incluso documentales o polémicas con la
Iglesia católica surgieron con el libro… Todo esto no era más que publicidad
gratuita que aumentó exponencialmente la tirada de “El código Da Vinci”. No
está bien hacer pasar algo por histórico pero en el negocio todo vale…
“El código Da Vinci” es el libro perfecto para leer en el
metro o en el autobús, frases básicas y sencillas sin la mayor complejidad, no
como un estilo definido sino por ser de redacción más fácil, un best seller de
usar tirar que atrapará al lector haciendo atractiva la investigación sobre
objetos que corresponden a la cultura cristiana, este último punto es clave, o
la clave, de todo. Recordemos que el mismo “Indiana Jones” logró sus mejores resultados
recurriendo a objetos míticos de la cultura judeocristiana, como el arca de la
Alianza o el Santo Grial.
Robert Langdon (Tom Hanks), es un famoso profesor de
iconología y simbología que es contratado para investigar un asesinato cometido
en el museo de Louvre, ya que en el cuerpo y a su alrededor hay unos extraños
símbolos que la policía no logra descifrar. Langdon recibirá la ayuda de Sophie
Neveu (Audrey Tautou), y juntos descubrirán secretos que esconden algunos
cuadros de Leonardo Da Vinci y que les llevará a descubrir sociedades que
guardan aún más secretos y misterios.
La novela, por sus propias características, puede
desarrollar esta investigación con detalle, con mimo, ya que tiene páginas
ilimitadas para desarrollar el tema, lo que si se hace medianamente bien
siempre resulta atractivo. Así los viajes a ver cuadros de Da Vinci que se
examinan concienzudamente para descubrir claves secretas, viajes a catedrales o
parajes que nos dan claves sobre el linaje perdido de Jesucristo etc. acaban
por fascinar al lector… y lo que es peor, convencer de que todo es verdad a los
más crédulos.
Esto no siempre es posible en el cine, es un medio distinto
y hay que saber manejar los tempos, una buena prueba de esto lo tenemos en la
adaptación que ha dirigido Ron Howard. El cine también tiene una capacidad
ilimitada para fascinar al espectador con recursos mínimos y sacando partido a
los detalles, pero en muchas ocasiones por la inseguridad de no estar dando
espectáculo se renuncia a ello en aras de las persecuciones y los efectos. Hay
que tener talento.
Ron Howard, un aceptable artesano, no lo demuestra aquí. Nos
regala una película lánguida, triste,
como esos abueletes que cabecean cuando notan que se van a caer despertándose
de repente… Así es la película de Howard, parece que va a dormirse en sí misma
y para evitarlo recurre a un abrupto arranque de acción que evite tal cosa. Una
película sin nervio que aburre y nunca llega a interesar en las supuestas
fascinantes investigaciones, que se hacen aprisa y corriendo, como si no
interesasen… cuando se supone que es lo que hizo de “El código Da Vinci” el
éxito que es.
Una película tristona, en su fotografía, en su ritmo, en sus
interpretaciones, en su desarrollo, siempre tiene ese deambular de alma en
pena... Uno espera algo más de vigorosidad en este tipo de películas. No se
crea una ambientación que te haga interesante el relato ni consiga que te absorba la historia. En los momentos donde en teoría el misterio te debe
atrapar todo es atropellado y acelerado. Es decir, todo al revés.
Ejemplo de esto lo tenemos cuando se examinan los cuadros de
Da Vinci, los recursos visuales de Howard moviendo secciones del cuadro a su
antojo con superposiciones, subrayado de letras o el uso de efectos especiales
para estas mismas investigaciones recreando, supuestamente, lo que piensa el
protagonista (la apertura del criptex) no dan tiempo a fascinarse ni a
interesarse por esos misterios. Un uso similar al que hizo en “Una mente
maravillosa” (2001).Lo imperdonable de “El código Da Vinci” es que sea aburrida. El material de Dan Brown, guste o no, daba para hacer una vigorosa película de intriga, suspense, acción, fascinación por la investigación… pero el tono que da Ron Howard a su cinta no pasa de triste, anodino, lánguido, convencional, donde los sucesos que vamos descubriendo nunca nos interesan ni fascinan, yendo de uno a otro por defecto, por mera rutina.
No mantendréis ni un solo recuerdo de la cinta, cuando
penséis en ella os vendrá a la cabeza cualquier día de esos que miráis por la
ventana un paisaje gris y lluvioso… y quizá a Tom Hanks paseando por allí.
Menudo plan.
La obra de Brown es absurda de por sí, pero entretenida, mal
escrita, pero disfrutable para todo el que busque evasión en un libro. Lo que
logra Ron Howard es potenciar toda su absurdidad y elementos más aburridos,
esto tiene mérito pero apostaría casi todo a que no era esa la intención.
No parece interesarle mucho el tema a Howard, que da la impresión de querer
acabar la película para entretenerse en lo que de verdad le aporta esta obra,
contar el increíble fajo de billetes que iba a recaudar.
Ron Howard logró corregir algunos de estos aspectos en la
segunda adaptación que hizo de una novela de Dan Brown, “Ángeles y demonios”
(2009), anterior a “El código Da Vinci” y que tras el exitazo de ésta acabó
convirtiéndose en otro pelotazo. Howard logró dotar de cierto nervio a este
thriller que supera al que nos ocupa aunque también resulte mediocre.
Tanto Tom Hanks como Audrey Tautou se contagian de la apatía
de una narración sin alma, el oscarizado actor parece a punto de bostezar en
buena parte del film y la entrañable “Amelie” da la impresión de haberse
levantado hace 10 minutos.
Por cierto, ese peinado de Tom Hanks… En fin.
Además aparecen Ian McKellen, Paul Bettany, Jean Reno… entre
otros, estando correctos.
La versión extendida dura cerca de 3 horas, para los más atrevidos.
La versión extendida dura cerca de 3 horas, para los más atrevidos.

















