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martes, 29 de mayo de 2018

MI DECIMOTERCERA

DEPORTE








Tras los estruendos de un éxito sin parangón me refugio en mi habitación y miro los objetos que tienen ese escudo y que la engalanan. Posters, libros, objetos… y sin darme cuenta, como hipnotizado, parecen transformarse en el Delorean y llevarme atrás en el tiempo, hasta donde nace la memoria y da sus primeros pasos, allí donde los adquirí o a esa otra habitación que compartía con mi hermano y que también estaba vestida de blanco con otros rostros, otros recuerdos y otras expectativas de sueños no cumplidos… aún. Como si nada hubiera cambiado, aunque todo lo haya hecho.

Y fíjate, mi Madrid, hasta dónde hemos llegado.

Seis era el número legendario de mi infancia. Descubrí de repente, que aquel equipo que decidí hacer mío tenía seis Copas de Europa. Más que nadie. Era demasiado para una mente infantil. Era ideal. Era legendario.

Ahora, viendo la historia crecer, rehacerse, gestarse una leyenda aún más grande desde el puro presente, en el día a día, de lo que hablamos tanto, te hace ser tremendamente consciente de lo que estás viviendo, pero le resta dimensión épica, esa perfección idealizada creada cuando algo no se vive directamente, recibida de los relatos de las gestas, la vanagloria de las hazañas. Todo ello lleva a un vértigo, porque estás viviendo un duelo en el que la idealización compite con lo tangible, que amenaza igualar aquellas gestas.

Comentaba estas cosas con mi padre, nos reíamos con nuestros “y si logramos la tercera seguida”, “¿te imaginas que son cuatro de cinco, lo que supondría?”. Una incredulidad que a la vez está al alcance de la mano, que aquello que era legendario está sucediendo, que lo estás comentando, que lo estás defendiendo combatiendo críticas absurdas e injustas.

Estar viviéndolo día a día no resulta tan legendario, es algo así como un carpe diem ajeno, porque casi lo ves venir al carecer de la épica de lo desconocido, no visto o vivido, lo mitificado en nuestra cabeza, en el reino de los sueños. Poder contarlo minuto a minuto lo hace todo más prosaico, pero desde la consciencia indubitada de que no lo es. Y esa amalgama forma una hipnótica nebulosa tan irreal como tangible que impele a escribir, aunque sea sin sentido.





Cada año pensamos: “y si pasara que lo lográramos de nuevo”, nadie lo hizo, pero “y si ocurriera de nuevo”, “y si lleváramos más allá lo que no existe”… y pasado el año, ves acercarse la magia, incorregible, inflexible, para ungir a un club legendario y un equipo histórico. Un trienio entero recorriendo el mismo camino, gozando el mismo final. Y si ocurriera… pues ha ocurrido.

Ya era demasiado, era como vivir en sueños, y de pronto nos vemos dentro de uno aún mejor, sin ser conscientes aún, como en “Origen” de Nolan, si estamos despiertos o dormidos, si habitamos un mundo idealizado de felicidad plena o es mero producto de nuestra imaginación egoísta-madridista.

Con los sentidos y los sentimientos abotagados encarábamos una nueva final de Champions, abrumados por aquello que ni imaginábamos, que no podía ser. Como cuando la lluvia fresca alivia el calor del estío y la sequía y pasa a convertirse en aluvión de placer que te deja impotente y te suelta la risa floja por la incontenible felicidad.

Es la comprensión del alma, donde no hacen falta sesudos argumentos ni esmerados artículos, donde no hace falta una brillante verborrea ni un florido discurso, simplemente se siente y se comprende porque va más allá, porque tiene que ver con lo humano, y de inmediato nace ese sentimiento que en décimas de segundo te impulsa a abrazar a tu ser más querido o a un mero desconocido, porque lo entendéis, ambos lo comprendéis, más allá de lo tangible.

Los que están solos y se sintieron más acompañados que nunca por los invisibles hilos de una red social y un sentimiento único. Esas redes sociales que nos han hecho más conscientes de todo, más expansivos y expresivos, que han cambiado la forma de vivir el mundo, incluso el madridismo.

Los que están enfermos, los que no pueden salir, los que tienen hijos pequeños con problemas, los que sufren… terminan unidos en un sentimiento que saben compartido, donde cada lágrima, aunque sea íntima, es comprendida desde la distancia y consolada en lo digital. En esos breves segundos donde Ramos marca en el 92, Ronaldo hace un doblete o Bale inmortaliza una tijereta, en los breves segundos en los que una nueva Champions se alza a los cielos, todo lo malo pasa y todos nos sentimos acompañados… aunque sean unos breves segundos. Esto es el Real Madrid.




Esa soledad que el Madrid bien conoce, por transitar caminos que sólo él descubre, que sólo él es capaz de acometer, solo enfrentándose a todo y todos, a envidias, injurias y reproches, a desprecios y frustraciones, una soledad multitudinaria, estruendosa, en la que participamos millones de personas.

Esta treceava la viví con tranquilidad y junto a los míos, como es costumbre, pero me desconcertaba estar tan convencido de que ganaríamos, aunque ni se me pasó por la cabeza manifestarlo más allá de la confianza permanente que siempre tengo en los nuestros, pero el día del partido, con el ajetreo mediático, las redes, los amigos, los contactos, me sentí agitado, pero una agitación sana, buena y positiva…

Fui fiel a todos mis rituales y rezos, mantuve en orden el mundo, como hace Nadal con sus tics y colocación de botellas. Estuve en mi sitio, con la ropa adecuada, con la hamburguesa de rigor y de la suerte, con mi madre perfectamente adecentada con su traje de las grandes ocasiones, sin traicionar nada que pudiera perturbar a la fuerza…

Y es que este Madrid de Zidane nos hace sufrir como pocas veces, esos penaltis, esa liga el año pasado con tantos partidos agónicos y cardiacos, estas eliminatorias de Champions donde siendo superior comienzas a encajar goles o te enfrentas a un rival magnífico que te aprieta al límite las clavijas; pero a la vez nos ha hecho disfrutar como nunca.

Todo esto es el madridismo, algo tan gigante y tan íntimo, que surge en un pequeña mecha que nace en un niño, ese que fueron los que ahora nos hacen tan felices en el campo, que era la misma que nació en quienes no pudimos llegar o aquellos que se conforman y conformaron con disfrutarlo pasivamente en la distancia.

Es eso que nos apetece volcar y contagiar en todo lo bueno que nos rodea, en una inconsciente sobrina uniformada con la camiseta blanca sin que sepa aún bien lo que significa ni todo el amor que recorre sus hilos; en un abrazo que me funde con mi padre y mi madre y sella pequeños momentos que recordaré siempre porque la fecha queda grabada a fuego. Porque se dan muchos abrazos y escenifican o no muchos gestos de cariño, pero los realizados en esos momentos madridistas no hay amnesia que los borre.

Porque eso es el Madrid y el fútbol, una condensada amalgama de sentimientos viscerales y sutiles, difíciles de gestionar a veces, abrumadores, que nos conectan a muchos. Por eso,  aunque no os vea, como con cada éxito, cada año, os siento, os oigo, os veo, saltar, chillar llorar con los goles de nuestro Madrid, con sus éxitos que son los nuestros.

Pura magia, pasión fascinante que nos eleva, entusiasma y desespera aunque nada dependa de nosotros. ¿No es maravilloso?

Y así llegamos a esa paz satisfecha del que ha hecho una buena faena, un buen trabajo, del que siente que este club se podría permitir perder porque es ley de vida y seguiría mirando desde muy arriba y desde muy lejos al resto… esa paz. Y a pesar de ello desear que la decimocuarta llegue ya, que hubiera llegado ayer.


lunes, 5 de junio de 2017

MI DUODÉCIMA

DEPORTE






La Décima condensando en un latido toda una experiencia vital de emociones. La Undécima en un aliento contenido en lo que se tarda en lanzar un penalti.  Y ahora la Duodécima.

Sin respiro hemos pasado de la agonía de la sequía a la lluvia que sacia. Encaramos la final de la Duodécima con la tranquilidad de quien está donde debe estar, pero con el vértigo y la tensión de quién quiere seguir haciendo historia, elevando el listón hasta lo imposible. Unas emociones distintas tras ganar la Undécima y la Liga "treintaytres", pero que al final nos volvió a desbordar.

En 2014 se nos llenaron las dos manos de gloria y éxito, que lo abarcaron todo. Esas manos llenas que de nuevo el 3 de junio sellaron el abrazo a un padre celebrando un gol o a un desconocido que encontramos al lado, esas manos que cogen un vaso, a veces en soledad, para brindar por los que ya no están, pero que desde allí arriba, en su sentimiento compartido, impulsaron las piernas de Cristiano. En 2014 estrechamos las dos manos y ahora esa gloria y ese éxito se nos desbordan entre ellas, emprendiendo desde el año pasado un nuevo camino inexplorado, que son los caminos que siempre y únicamente transita el Real Madrid.

Sí, viví esta Champions con inusitada tranquilidad, lo que estoy descubriendo, en dejes supersticiosos, que es buena señal. Una tranquilidad que desvela seguridad en la victoria. Y en honor a ello cumplí escrupulosamente todos mis rituales para mantener en orden el mundo, ese en el que el Real Madrid está en lo más alto, más allá de lo mundano. Mi atuendo, mi sitio, mi compañía, mis rutinas. Nada podía fallar con todo esto. Y no falló.




Una tranquilidad que no sólo era seguridad. Ya habíamos vencido antes a la Juventus en una final, nuestro rival no vivía en el constante complejo que le lleva al odio hacia nosotros, no existía la necesidad extra de callar las bocas a los faltones, simplemente era deporte de altura. Pura competición, y por si fuera poco traíamos la Liga bajo el brazo.

Pero es que ganarla otra vez y completando el doblete más importante, ¡sería tan bonito, sería tan perfecto! Ese era uno de los grandes alicientes, ¡y vaya si ha valido la pena!

Tanto en la segunda Liga de Capello llena de remontadas, en la Décima y aquella existencia completa condensada en un segundo o la Undécima y la angustia alargada hasta los penaltis, las lágrimas se empeñaron en ser indiscretas, aunque yo sí lo fui por ellas ocultando su desnudez al resto, que uno es muy suyo.

No ocurrió lo mismo en esta ocasión, aunque sí sentí el latigazo de las grandes ocasiones cuando Cristiano Ronaldo marcó el primero, ese latigazo que te recorre por la espalda y se asoma a los ojos. Luego, quizá porque la exhibición del segundo tiempo fue tremenda, con los goles que siguieron cayendo como una consecuencia lógica, me sumergí en una orgía de alegría y felicidad, con un punto de tranquilidad (sólo un punto), teniendo en cuenta el sufrimiento casi en cada partido de esta temporada, que no evitó que con cada tanto, que iba acercando a lazo la Champions, la euforia y los abrazos con mis padres fueran cada vez más intensos.

Por desgracia, este año, como el anterior, no he podido disfrutar de la presencia en persona de mi hermano, pero gracias al whatsapp todo está más cerca y los lazos se mantienen firmes. Esas redes sociales que de alguna forma nos permiten estar tan cerca de los nuestros y de tantos otros, a veces desconocidos, pero extrañamente queridos también, porque reconocemos en ellos el mismo sentimiento.

Un año más en la excepcionalidad, en ir por donde nadie fue, en pedir lo que nadie sueña, en lograr ser pioneros. Nuestro sino. 12 Champions y 33 ligas, los primeros en lograr dos consecutivas con el nuevo formato… ¿Cómo no lo van a entender, si a todos les encantaría estar aquí, en el camino que hemos abierto?

Estoy inmensamente feliz, andando por la calle con cierta altanería, esa que sale sola cuando algo nos ha salido bien, creyendo que sólo con mirarme descubrirán que he conseguido un gran logro, como levitando un poco. Un logro que es de millones y en el que tuve mucho que ver gracias a mis rutinas, rezos y manías, como los de tantos de vosotros, y que en mi pose a mi paso despertará el cuchicheo admirado o envidiado de: Mira, ahí va un madridista.




Os he visto hacer lo mismo que hago yo. Unos solos, otros en familia, otros con amigos, otros rodeados de desconocidos… Chillar, saltar, reír, como se hace en cada punto del planeta, como si fuéramos uno, como si fuéramos el mismo, y es que en esos momentos en realidad lo somos. Primitivos, básicos, auténticos y luminosos. Éramos el mismo.

También llantos, lágrimas, esas que esta vez contuve, pero que otras no, vuestras lágrimas, que son las mías, las mías, que son las de todos.


Y mientras los estertores de la celebración de la duodécima van desapareciendo, empieza a bullir una angustiosa sensación en nuestro interior, un picorcito, un escozor que reconocen todos los madridistas cuando se presenta. Es el ansia por conquistar la decimotercera.


lunes, 24 de octubre de 2016

NACHO, EL HOMBRE NORMAL

FÚTBOL









En la polarización acabamos despreciando la normalidad, nos acaba pasando inadvertida, la infravaloramos y caemos en la contradicción de anhelarla en la catástrofe cuando la ignoramos el resto del tiempo.

Damos muchas cosas por sentadas sin percatarnos ni preguntarnos por qué son así, disfrutando de ese estado de bienestar que sólo nos sacude cuando se perturba el statu quo, para incomodarnos, como cuando el metro no llega cuando normalmente lo hace o las calles dejan de estar limpias, como cuando éramos pequeños y la comida llegaba a su hora y todo estaba en su sitio sin que nos planteáramos mucho el trabajo que nuestros padres hacían, como los canes del kafkiano relato “Investigaciones de un perro”, que disfrutan de su alimento caído del cielo por un poder invisible. Cuando lo que damos por sentado se trunca la gente que está detrás de todo aquello parece hacerse presente, como los ecos lejanos de un legado perdido que deberíamos tener presente. Entonces entiendes el sacrificio que hay detrás, que aquello no llega por arte de magia, y te golpea la realidad de esos grandes valores. La normalidad y el trabajo.

Nacho, hoy sales de lateral izquierdo. -Sin problema.

Nacho, hoy vas a salir de central diestro. -¡Genial!

Nacho, hoy te necesitamos de central zurdo. -¡A sus órdenes!

Nacho, hoy juegas en banda derecha. -Me parece perfecto.

Aquí encontraríamos a Nacho Fernández Iglesias. Puro madridismo. Él es el hombre que está detrás, el hombre que siempre cumple sea cual sea su cometido, que no brilla en apariencia pero siempre realiza su trabajo con total pulcritud y depuración, sin innecesarios ornamentos, buscando el disfrute del resto. Ese hombre invisible que sienta las bases y sirve de pegamento en una plantilla hasta hacerla sólida. Así se forja un club. No inventará la penicilina, pero tendrá el laboratorio limpio y el reparto a tiempo para que sirva de algo.

Como aquellos jugadores que tanto gustaban a Bernabéu, Nacho es puro sentido común, profesionalidad y normalidad. Un sensato hombre de familia, casado con su novia de siempre y con dos hijos, estudiante de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF), de esos pocos a los que Xabi Alonso se encontraba en sus viajes a la biblioteca de Valdebebas, y bien peinado y aseado, limpio y pulcro, sin estrafalarios adornos. Un hombre de club, de aquellos que se dice que ya no existen, porque la normalidad parece haber emigrado de este deporte y ahora aparece casi como una excentricidad. Un chico al que don Santiago admiraría.

Y en esa ausencia de foco, confetis y botellas de champagne estallando entusiásticamente, descubrimos a un profesional de primer orden, un ganador, un madridista de pura cepa que ha pasado por todos los equipos de la cantera, que subió al Castilla a 2ª División, que fue campeón de Europa con la Selección sub-17 y sub-21 y subcampeón mundial en 2017 también en categoría sub-17…. Que es internacional, a pesar de no ser titular con el Real Madrid, por derecho propio y merecimientos.



Además, Nacho debería ser considerado por el madridismo como un talismán. Con él, como con la venida de Mourinho, acabó la que prometía ser una larga travesía en el desierto, y junto con el entrenador portugués, que le hizo debutar en primera división, ganó la Copa del Rey en 2011 acabando con la sequía de títulos en el mismo estadio en el que debutó ese año, Mestalla. Aunque no sería hasta la temporada siguiente cuando pasó a ser integrante de la primera plantilla, también de la mano de Mourinho.

No sólo fue Mourinho quién aprobó las actitudes del canterano, para Ancelotti también fue un jugador indispensable en la plantilla, aunque no fuera titular. Así llegarían las Champions, de las cuales la Undécima vino junto a su segundo hijo, que nació pocas horas antes de la final.

Porque muchos con más talento se quedaron por el camino, casi todos, pero el silencio y el esforzado trabajo dieron sus frutos y lo llevaron a donde todos anhelan. Nacho hace de la parafernalia futbolera algo tan respetable y honesto como trascendental desde la absoluta normalidad y profesionalidad. Por eso no le sobra a nadie.

Incluso ha redimido a parte de la afición madridista, desnudando cierta madurez en ella que muchas veces permanece oculta, cuando ha puesto el acento en la labor de jugadores como él, esos que nadie parece ver porque no hacen regates vertiginosos, ni pierden el balón haciendo un imposible, ni meten goles por la escuadra, pero que siempre están para cumplir cuando se les necesita y para lo que se les requiere, porque indica que ven más allá del polvo de estrellas, que saben apreciar algo más que los goles y las victorias al día, que aprecian cosas que darán victorias que perduren, que valoran la profesionalidad.

Nacho es el hombre normal, el hombre natural, que tal y como están los tiempos parece una extravagancia. El profesional, un señor lobo sin prepotencia que desde el banquillo sólo resuelve problemas donde se le necesita.

Un fijo en todo entrenamiento voluntario, un fijo en Valdebebas cuando la plantilla tiene el día libre, un fijo en disponibilidad porque nunca se ha lesionado… y es que hay cosas que influyen en el rendimiento y tienen consecuencias… buenas consecuencias.


Y todas estas cualidades “normales” hacen de Nacho un jugador excepcional, distinto y extraordinario.



domingo, 24 de julio de 2016

TITANES MADRIDISTAS

FÚTBOL









“Es muy caro, no merece lo que se ha pagado por él, es un insulto ese desembolso, viene a cerrar discotecas, es un chupón, un egoísta, sólo busca meter goles y le da igual el equipo, no entiende el juego, no se asocia, sólo busca su gloria…"

Si os preguntara si os suenan estas cosas, si os preguntara a quién iban destinadas, estoy convencido de que me diríais que sí, y unos contestarían que a Cristiano Ronaldo y otros que a Gareth Bale… y ambos grupos tendrían razón, porque se las dedicaron a los dos, no se molestaron ni en cambiar la plantilla…

Con Bale se ahorraron lo de las discotecas, pero sumaron una hernia y que no se integra por negarse a hablar español... Majísimos, ¿verdad?

¿Cómo hay que entender algo que va contra toda lógica, que resulta tan absurdo, estas acusaciones tan gratuitas? Pues desde el puro antimadridismo, desde la pura envidia, desde la rabia… Desde el miedo, en definitiva, a dos jugadores que saben determinantes.

Ambos han sufrido en sus carnes los beligerantes ataques del periodismo más infausto y del antimadridismo, un clásico recibimiento a toda estrella madridista, pero sostenido en el tiempo e impertérrito ante sus incontestables números y merecimientos.

Estos dos cracks se han enfrentado de forma opuesta a estos ataques, uno de los motivos por los que los aficionados los han mirado de manera distinta, incluso dentro del madridismo.

Bale ha apostado por pasar olímpicamente del ruido de toda esta gente, de sus acusaciones, infamias y mentiras, de sus vacuas valoraciones absurdas, mirándoles como si no estuvieran, traspasando con su mirada sus insignificantes figuras para posarla en su único objetivo: triunfar y ganar muchos títulos con el Madrid.

Para ello se ha limitado a comportarse como el profesional ejemplar que es, dejar constancia de sus números, mantener una postura tan natural como ajena a todo lo que parece soliviantar a ese periodismo herniado.

Cristiano Ronaldo, por su parte, también decidió ser él mismo, y su vehemencia se ha enfrentado contundentemente con todo esto, retándoles con altivez y golpeando sin misericordia a todos los ataques. Pasando por encima de ellos como una apisonadora. Este comportamiento se cuestiona entre el madridismo de radio y falso señorío, que prefiere poner la otra mejilla eternamente, pero Ronaldo no funciona así, y por eso es quién es.

Cuando atacan a Bale, éste se limita a meter más goles, dar más asistencias y colocarse su coletilla. Cuando atacan a Ronaldo, éste mete más goles, da más asistencias… deja de hablar a los periodistas, lanza micrófonos de medios que le acusan de abuso de menores a un lago, saca músculo y se señala el muslo… Cuando los pitan en el Bernabéu, porque han pitado a ambos jugadores, Cristiano pone caras y se señala la oreja, mientras que Bale se va al mediocampo tras el partido a devolver aplausos (aunque alguna vez no lo hizo decepcionado). El yin y el yang.

En ellos dos radica toda la esencia madridista de toda la vida. La caballerosidad y la vehemencia, el saber estar y la garra desbocada, el espíritu ganador y la ambición sin límites, la conciencia de ser el mejor y el orgullo de serlo. Las dos posturas y formas de proceder me parecen maravillosas y seductoras, pero no puedo evitar sentir especial simpatía por la visceralidad de Ronaldo, porque es la que pide el cuerpo en la intimidad y es la que más solivianta a todos los que pretenden hacer daño, que se adjudican todas las libertades que no permiten al Real Madrid ni a ninguno de sus componentes.

El antimadridismo, que nunca ha sido muy aficionado a los datos ni los números, prefiere quedarse con las vaguedades y las hipótesis, con las mentiras o invenciones que nos desprestigien. Es obstinado y hace como dos de los tres monos sabios: se tapa oídos y ojos, pero nunca la boca para seguir sosteniendo que Franco nos ayudó en su día y que Cristiano no aparece en los momentos importantes…

Bale: 12 asistencias en 2013/2014, 10 asistencias en 2014/ 2015 y 11 asistencias en 2015/2016.

Cristiano: 12 asistencias en 2010/2011, 15 en la 2011/2012, 11 en la 2012/2013, 16 en la 2013/2014, 18 en la 2014/2015, 13 en la 2015/2016…

¡Qué falta de generosidad la de ambos!

Bale: 22 goles en la temporada 2013/2014, 17 en la 2014/2015 y 19 en la 2015/2016… Y llevar a Gales a rozar una final de la Eurocopa, arrastrando pesadamente una hernia… ¡A Gales!

De Cristiano no pondré el número de goles y su porcentaje porque resulta insultante, no se ha visto nada igual y ha batido todos los récords en el Real Madrid. Pero además es que ha batido una cascada de récords también en la Eurocopa, el último el de goles en fase final, y ha llevado a Portugal a su segunda final de Eurocopa (la primera también fue de su mano)… Una vez conquistada, y en la forma en que se ha producido, ha sido un auténtico placer surcar ese océano de bilis surgido del antimadridismo… ¡Con Portugal!

Estos son los datos, que son tozudos e incontestables, orgullosos y firmes. Lo demás son poesías de la infamia, el rencor y la envidia, muy habituales.

Cristiano Ronaldo.

Cristiano Ronaldo, aún hoy, debe aguantar acusaciones que deberían sonrojar a quienes las realizan. Nunca cayó del todo bien a cierta parte del madridismo por ese aire chulesco -que tiene, por supuesto-, esa arrogancia del que se sabe mejor, pero no han sido capaces de captar la humildad subyacente que demuestra exigiéndose al máximo para lograr serlo, machacándose como una bestia en los entrenamientos y demostrando su compromiso en el campo.

Se acordarán ustedes de las críticas: La espaldinha para humillar rivales; los gestos prepotentes como señalarse el muslo o sacar músculo; que no regateaba en seco o en mojado; que sólo marcaba de falta o penalti; luego que si no marcaba de falta; que si era un egoísta que solamente buscaba engordar sus estadísticas; un chupón; que no celebraba los goles de los compañeros; que ponía etiquetas en los chándal para escenificar pulsos al club; lo mal que hacía en contestar a los gritos racistas y ofensivos de las gradas; que no daba la talla en los partidos importantes, tampoco marcaba contra el Barcelona; sus goles eran intrascendentes… En definitiva, un ser despreciable que no merecía el más mínimo reconocimiento, sobre todo si el Real Madrid “no daba nada a cambio”, como reconoció el subdirector del diario As…

También recordarán que esto cambió cuando esos mismos que le atacaban se enteraron de su enfrentamiento con una bicha mayor, Mourinho. Entonces los gestos y su afición por el gol pasaron de egoísmo a ambición bien entendida. Se produjo una increíble transformación en Ronaldo, según contaban, donde… seguía haciendo los mismos gestos ante compañeros, rivales y aficiones.

Claro, sostener que no rinde en los partidos importantes cuando ha marcado en todas las rondas de Champions League varias veces, incluidas las Champions que ha ganado, batiendo el récord de goles de la competición; o que no le marcaba al Barcelona, cuando ni siquiera jugaba contra ellos al estar en Inglaterra, después de ser el jugador que más ha goleado a los azulgrana de forma consecutiva convirtiéndose en la peor pesadilla del club culé; o que es un chupón que sólo busca goles cuando suele ser el mejor asistente del equipo… marcando más goles aún… resulta hilarante.

Hasta empezó a parecerles barato… generoso… entregado… ¡Un cambio radical! Hasta el punto de que en su metamorfosis ha pasado de pagar tratamientos a niños con cáncer cuando era un "despreciable chulo" a hacerse donante de médula cuando dejó de serlo. ¡Qué… sutiles!

Las discotecas pasaron a mejor vida cuando se descubrió a un profesional como han pasado pocos por aquí, y lo sé de buena de tinta.

Una vez marchó Mourinho, el periodismo y el antimadridismo han podido centrarse otra vez en despreciar a Cristiano, obtusos e indiferentes a los incontestables datos, algo a lo que se presta jovial cierta parte del madridismo, que con su encantador respeto habitual ahora ha cambiado su mantra para despreciarle llamándole “acabado”; o criticarle por no irse de nadie (en su reedición de 2016); o por vincular en exceso el juego del equipo, que rinde menos con él en el campo (seguro que os suena, es otro mantra legendario). Ahora debe jugar centrado para evitar el desastre absoluto, o no jugar. Lo curioso es que Ronaldo está jugando más centrado desde hace tiempo, e interviene menos en la gestación de jugadas, cargando sobre sí la atención de las defensas rivales, moviéndose por todo el frente de ataque, especialmente por el centro… Pero todo da igual, si no escarmientas con los cabezotas números y los hechos, ¿cómo vas a escarmentar con otra cosa?  Él, por su parte, se limita a seguir cerrando bocas.

Ha batido todos los récords con el Madrid, e incluso en las Eurocopas, ¡con Portugal! Nos ha traído dos Champions y la Liga de los récords, ha ganado una Eurocopa… Si no han venido más cosas, desde luego no será porque él no ha puesto todo de su parte…

Ronaldo, un jugador que lleva 10 u 11 temporadas seguidas en lo más alto, en la élite, sin altibajos y superándose en cada una de ellas, algo que no se ha visto en la historia del fútbol, y difícil será que se vuelva a ver. Un jugador  que en sus años en el Real Madrid ha facturado más de 50 goles por temporada, alguna más de 60 (con la salvedad de la primera por culpa de una lesión), y siendo habitualmente el máximo asistente.

Cristiano es un espejo que devuelve un reflejo difícil de asumir para los mediocres.

Gareth Bale.

Desde que Crono castrara a Urano sujetando sus genitales con la mano izquierda, esa ha sido considerada como la mano del mal agüero… Herencias mitológicas.

Esto fue así hasta que el Real Madrid vino a cambiar las cosas, y de la mano de otro héroe legendario, Paco Gento, los zurdos quedaron redimidos para siempre. Gareth Bale es heredero de esa heroica estirpe redimida con el hombre de las Seis Copas de Europa.

No es mal heredero. Tras recibir palos por su precio, poner en duda sus cualidades futbolísticas, su entendimiento del juego (todo el mundo sabe la necesidad de saber resolver logaritmos neperianos en esto del fútbol), ser azotado a golpe de hernia e insultado al grito de “atleta”, el bueno de Gareth nos ha traído dos Champions y una Copa del Rey en las que ha sido determinante… Cosas de atletas herniados...

Bale es el yerno perfecto, el novio que toda madre querría para sus hijas, pero esto no lo oirán en la prensa generalista –coto acotado para Casillas y, como mucho, Iniesta-. Un chico formal y sensato asentado con su familia y ajeno a la tentadora noche madrileña, para desgracia de periodistas deportivos y del corazón (si es que no son lo mismo). Un hombre de mirada limpia, tanto que observa a sus “odiadores” como si nos los viera. Los ignora sincera y benevolentemente.

Ya ha pasado a la historia -no de la ciencia médica por jugar herniado-, sino porque en su primera temporada marcó en casi todas las finales (Copa, Champions, Mundialito)… Por si fuera poco, en un gesto muy madridista por su épica, lanzó un penalti con la pierna hecha polvo en la tanda decisiva de la Undécima.

Ha sabido guardar un rol más secundario a la sombra de Cristiano Ronaldo, en una prueba más de su educada y respetuosa humildad, para ir cobrando protagonismo y refulgiendo cada vez más, siendo determinante desde su llegada, pero tirando del carro cuando tocó, como ha demostrado no sólo con Gales, una selección más que modesta, sino con el mismo Real Madrid, al que se echó a las espaldas en la parte final de esta temporada, sobre todo cuando no estaba Cristiano.

Las críticas le hacen más fuerte, las lesiones más poderoso, otro aspecto que lo une a Cristiano Ronaldo.

Bale es ya un insigne miembro de la saga de los grandes zurdos. Es su destino, y su cenit parece no tener límite. Listo para dominar Europa en los próximos años.


El Rey y el Príncipe, el uno y su contrario, se unen desde polos opuestos, se dan la mano formando el perfecto círculo madridista para forjar una dinastía que esperemos traiga muchos más títulos. Dos ganadores irremediables e insaciables. Por lo demás, confiemos en que el ruido de fondo antimadridista siga sonando, siempre es muy buena señal.


miércoles, 25 de mayo de 2016

DIFERENCIAS, HOMENAJES Y MENTIRAS









A ningún madridista debe fastidiarle o incomodarle que se homenajee a los grandes jugadores de la casa o las leyendas madridistas cuantas veces sean necesarias, cafres aparte. Me parece maravilloso y justo que esto sea así, se llamen como se llamen, me caigan mejor o peor, me identifique más o menos con ellos, hayan metido más o menos la pata en el pasado, pero lo que no puedo permitir, es que se utilice todo esto para manipular, mentir y atacar al club de mis amores, y menos cuando se ha comportado de manera ejemplar.

He sido contundentemente crítico con Casillas en sus últimos años aquí, de igual forma que un entregado admirador de Arbeloa durante toda su trayectoria madridista. Lo he puesto negro sobre blanco muchas veces. Pero ni una cosa ni otra me lleva a cuestionar los homenajes que el club tuviera a bien dedicar a ambos, ni a los aficionados que quisieran honrarlos en su momento o en los momentos por venir. Lo que nos dieron nunca puede justificar una titularidad impuesta, pero sí justifica un sentido homenaje. Los que se les han dado y se les darán.

Desde el antimadridismo se ha afeado el homenaje a Arbeloa comparándolo con el que recibió Casillas, extrañados por el cariño que se le dio al defensa en contraposición a las críticas que recibió el guardameta en sus últimos años. ¿Dónde está la raíz de esto?

Que parte de la afición madridista cuestionara a Iker al final de su carrera se debió a su rendimiento y su comportamiento más afín con los periodistas y los amigos de la selección que con su propio club, al que estoy convencido que quiere, pero que lo demostró de una forma muy peculiar.

Se preguntan muchos casillistas el porqué de ese cariño casi unánime hacia Arbeloa y las encendidas críticas de un gran sector de la afición contra Iker. Quizá estas actitudes de muchos aficionados se deben también a que han visto como Arbeloa se machacaba en los entrenamientos, acudiendo a Valdebebas incluso cuando las sesiones eran voluntarias, mientras veían el poco gusto que tenía Iker por el gimnasio y esos menesteres, reconocido por él y expuesto en pruebas audiovisuales con videos y fotos. Quizá en que vieron como Arbeloa aceptó su rol y su paulatina pérdida de importancia en el equipo con absoluto respeto, sin cambiar un ápice y apoyando a todos sus compañeros, con mención especial a los que ocupaban su misma posición en el campo, como Carvajal, siendo su principal apoyo y bastión, mientras comparaban con las ambigüedades y silencios de Casillas

Se ha hablado muchas veces de enfrentamientos entre Arbeloa y Casillas. Con sus declaraciones parecían confirmarlo con la boca pequeña y gran respeto. Enfrentamientos lógicos que existen en todos los vestuarios.

No me extraña que fuera así porque son dos jugadores opuestos con filosofías opuestas, con lo que el posible conflicto no es raro. Cuando Arbeloa mira al espejo de Casillas ve lo que no quiere ser. Cuando Casillas mira al espejo de Arbeloa ve lo que no puede llegar a ser. Cada uno ve en el otro lo que no es. Iker ve en Arbeloa al madridista de corazón, dispuesto a todo por el club de sus amores, al que antepone a todo, a él mismo. Arbeloa ve en Iker justo lo contrario. Esas imágenes que devuelven esos espejos paradójicos les definen.

El madridismo está honrado y feliz por los éxitos que consiguió Casillas junto a sus compañeros para el club, incluso para la selección, como lo está de los conseguidos por Arbeloa. Nadie olvida ni olvidará que Casillas fue determinante, decisivo e importantísimo, algo incuestionable, incluso muchos le perdonarán con el tiempo lo que ahora le critican, otros quizá no. Lo que ocurre en el caso de Álvaro es que tanto los madridistas como la propia institución deben estar orgullosos de que los valores que tanto se propugnan de boquilla se hayan personificado categóricamente en él, blandiéndolos con satisfacción y descaro por donde quiera que ha ido. Valores demostrados de verdad dentro y fuera del campo. Una demostración patente y una conquista de la que el Real Madrid C. F debe sentirse orgulloso y poner de ejemplo a toda generación venidera, como se debe hacer con los Gento, Di Stéfano, Stielike

Cuando Iker salía con sus buenas palabras hacia los rivales era algo que podía resultar simpático, era un gesto generoso de un chaval humilde, palabras que hemos oído en muchísimos madridistas, sabedores de que eran los mejores, palabras que han salido de la boca de Arbeloa igualmente.

Pero cuando el madridismo empezó a sufrir, cuando se le cuestionaba todo, hasta su identidad, donde los éxitos del rival eran utilizados por ellos y por el periodismo antimadridista con la intención de injuriar, desprestigiar y acabar con el club más poderoso del mundo (cantera, fichajes millonarios, estilo, contraataques, chulos, prepotentes…), la afición necesitaba y quería un escudo, alguien que nos defendiera de algo que ocurría desde hace décadas pero que en la derrota se convirtió en apaleamiento, y ahí sólo unos pocos valientes salieron a defender al club de nuestros amores.

Los elogios al Barcelona, las ambigüedades, poner a la selección antes que al Real Madrid, dejaron de resultar simpáticos porque estaban fuera de lugar y denotaban un sentimiento frío, despreocupado y egoísta hacia el madridismo.

Casillas no supo o no quiso entender esa situación, tranquilo y relajado en su buenismo impostado y cómodo, más preocupado por quedar bien con los rivales que con los suyos, algo que era aplaudido por periodistas y esos rivales que no hacían más que ultrajar a su club.



Arbeloa, en cambio, nunca provocó, pero siempre respondió a antimadridistas y periodistas, a insultos y desprecios vulgares y chabacanos, y cuando lo hizo, lo hizo siempre desde el respeto, la ironía, la inteligencia y el madridismo más puro. Lamentablemente la mayoría prefieren quedarse en la superficie de las formas que ir a las profundidades del fondo. Ese fue el problema que tuvo Álvaro y del que se libró durante mucho tiempo Iker, pero lo que se siembra al final se recoge.

No se engañen, el señalar esas diferencias entre las celebraciones proviene de los de siempre, recurriendo a falsedades y demás historias. A Casillas le querían y le seguirán queriendo muchísimos madridistas por todo el mundo, a menudo desconocedores y ajenos a todos estos vericuetos y escabrosos temas, y si hubo una parte de la afición que ha sentido esa desafección con el portero mostoleño ha sido por el enorme cariño que le tenían y que sintieron traicionado por todo lo expuesto aquí y tantas veces en otros lados, por lo mucho que se le ha querido, por lo mucho que se ha dado la cara por él. ¡Si yo os contara las broncas en mi casa defendiéndole!  

Con Arbeloa esto no ha pasado nunca porque nunca tuvo miedo alguno a lo que pudiera decir un rival al que le da igual tanto el Madrid como el ambiente que pueda crear en otro sitio (o sea, la selección) siempre que pudiera atacarnos, a las críticas que pudieran provenir del periodismo antimadridista o superficial por defender al madridismo, a sus entrenadores y sus compañeros. No tener servidumbres ni reparos ante lo que pueda ocurrir por todo eso, poniendo al Madrid por delante de su titularidad o lugar en el equipo, es lo que marcó la diferencia para tantos. Arbeloa recogió lo que sembró.

Las inoportunas declaraciones o amenazas sobre los motivos de su marcha del Madrid el día de la despedida de Arbeloa es otro ejemplo más donde Iker vuelve a decepcionar…

Entiendo las comparativas de antimadridistas, pero no que las compren los madridistas por muy casillista o raulista que sean. Ni las circunstancias ni las decisiones de los implicados ni los momentos en que sucedieron los homenajes fueron los mismos en cada caso.

Casillas se despidió como quiso, en soledad con sus amigos periodistas. Luego rectificó y aceptó el homenaje institucional que la había ofrecido el club y que rechazó en primera instancia, algo reconocido por todas las partes. Lo del otro día en el Bernabéu con Arbeloa fue la manifestación espontánea de la afición hacia un jugador que quieren, y se hubiera producido exactamente igual con Casillas o Raúl si hubieran anunciado su marcha con antelación y las circunstancias hubieran resultado análogas, no tras hablar con el entrenador y saber que tu rol en el equipo iba a cambiar, como ocurrió con Iker o con el mismo Raúl.

Cuando Raúl volvió para un trofeo Bernabéu tuvo su homenaje exactamente igual que el que tuvo Arbeloa el otro día junto a su afición, añadido al institucional que ya se le había dado el club y al que pudo acudir todo el que quiso, como ocurrió con Casillas. Lo demás son milongas y mentiras de mal tratos y salidas por la puerta de atrás.



No es cierto, por tanto, que el Real Madrid despidiera por la puerta de atrás a estos dos iconos. La diferencia, que todos saben y conocen, es clara. Arbeloa anunció su marcha antes del final de la temporada, mientras que Casillas manifestó públicamente que seguiría incluso comenzada la pretemporada. Lo mismo ocurrió con Raúl. Es difícil despedirse en el campo con tu afición tras un partido cuando la temporada no ha comenzado… Lo que sí hizo el club fue organizarles el mejor homenaje institucional posible y abrir las puertas del estadio para que fuera todo aquel que quisiera.

Estoy convencido, y no creo que nadie lo dude, de que el club organizará su partido homenaje a Casillas en el futuro, volviendo a demostrar respeto a su figura cuando toque. ¿Dónde está el desplante? ¿Dónde está la mala actitud del club? ¿Dónde está la ausencia de homenaje?


Me parece estupendo y absolutamente legítimo ser casillista o raulista, siempre que no se anteponga al hecho de ser madridista y se use la mentira y la manipulación para poner a unos por encima del club. 






sábado, 10 de diciembre de 2011

MI REAL MADRID




Mi primer recuerdo futbolístico es de mi más tierna infancia, no recuerdo que años tendría pero eran muy pocos. Se trataba de un partido que echaban en la televisión, quizá de Copa del Rey, entre unos que iban de blanco, y no eran el Real Madrid, y otros que iban de rojo y eran el Osasuna. Mi padre estaba sentado en su sillón de siempre y mi madre igualmente en el suyo, era de noche y yo jugueteaba entre medias de ambos sillones mientras también veía el partido a ratos.
No recuerdo el resultado, creo que empataron. Fue un partido intenso, lleno de alternativas en el marcador, remontadas y muchos goles. Yo me enganché, me gustó aquello a pesar de mi corta edad e incluso elegí con quien iba. Con los de rojo. Fui de Osasuna al menos unas horas. Mi primer equipo.
Pocos días después hilé algunas cosas, si otras ciudades tenían equipo, la mía también debería tenerlo. Con esa esperanza, que inconscientemente ya me impulsaba a ser seguidor del equipo de mi ciudad, pregunté a mi padre. Jamás me dijeron de qué equipo tenía que ser, ni siquiera sabía de qué equipo eran ellos, me hice del Real Madrid por decisión propia.


Mis padres me confirmaron que había equipo de Madrid, pregunté si era bueno, me dijeron que sí. Yo como niño pequeño que era necesitaba apoyo, aceptación, confirmación y respaldo, tenía que saber si el paso que iba a dar estaría bien visto. Papá, ¿y tú eres del Real Madrid? Cuando me llegó el sí sentí un alivio tremendo, además me decían que era el mejor. Mis padres no me hablaron del Atlético, me hablaron del Real. “Real”, ¡qué pedazo de nombre!

Una vez me hice seguidor del Madrid fui fan de Santillana, cuando salía de suplente y yo no entendía por qué, ya que cada vez que salía marcaba, de Butragueño, de Alfonso Pérez Muñoz, “La Quinta”, Hugo Sánchez y Gordillo… Estaba orgulloso de los partidos que ganaban cuando no sabía ni que era la Liga, luego orgulloso de las Ligas que ganábamos y luego lo que más orgulloso me hizo sentir, la historia y el palmarés, no es que fuéramos buenos es que éramos los mejores y siempre lo habíamos sido.
La victoria, siempre la vitoria. Y la lucha.
Disfrute de la enorme cantidad de Ligas que ganamos y de las Champions, de Zidane

El Real Madrid y también el fútbol, ese equipo y ese deporte, no han parado de darme grandes momentos, títulos, el mejor juego que vi, gestas, sentimientos y sensaciones intensos, irrepetibles, compartidos o en soledad, grandes amigos, conversaciones, una forma de ver la vida. Ser del Real Madrid me hace cada día sentir algo especial, valorar ver cada partido y compartir todo eso con gente que siente lo mismo o gente a la que quieres y lo comprenden. Es algo extremadamente auténtico, especial, profundo, ver los partidos de mi equipo, hablar de él, criticarlo cuando toca, defenderlo siempre ante los que no lo quieren o lo insultan, ante los demás en general. Es parte de mi vida, de las de todos los que somos seguidores de este equipo, y seguramente de cualquier otro, un sentimiento universal que no entiende de colores. Es un mero entretenimiento, pero es una pasión y al fin y al cabo lo que nos define son nuestros gustos, a lo que nos dedicamos cuando estamos en libertad.
Por ello no me pierdo ningún partido, los momentos con Mi Madrid siempre han sido especiales y siempre lo serán, me encanta ir al Bernabéu cuando las circunstancias lo permiten, y mi amigo Quique me invita, pero verlo con mi familia, con mis padres, en casa tomando algo, no tiene parangón, es absolutamente irrepetible y no se cambia ni negocia por nada. Son y serán recuerdos que siempre llevaré, Mi Real Madrid, Mi familia, Mis padres y Mis amigos.
¿Y el vuestro? ¿Cual es vuestro primer recuerdo?



Dedicada a mis padres... Y a mi amigo Quique.