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domingo, 27 de diciembre de 2015

Guión: QUÉ BELLO ES VIVIR 2

CINE









Sí, hay leyendas urbanas que son verdad. En Hollywood se guardan guiones que permanecen décadas en cajones de despachos perdidos de la mano de Dios, guiones malditos.

Acaba de desvelarse uno de esos secretos de Hollywood que hará las delicias de todo cinéfilo, un guión que lleva escondido y mantenido en secreto más de 60 años y que ha salido a la luz. El guión de lo que hubiera sido una secuela de “¡Qué bello es vivir!”, la obra maestra de Frank Capra, y que iba a ser dirigida por él mismo.

Capra ya rodó algún remake de películas suyas, por lo que no era reacio a alguna secuela, aunque en aquella época era casi una rareza acometerlas.

Este descubrimiento ya ha levantado todo tipo de especulaciones y parece ser que muchas productoras estarían interesadas en llevarlo a la gran pantalla, una secuela actualizada y fiel al guión encontrado, lo que se consideraría un boom y no dejaría indiferente a ningún cinéfilo.

La familia de Capra, en este caso sus hijos, Lulu, Tom y el fallecido Frank Jr., confiaban en que esto no saliera a la luz, entre otras cosas porque, aunque conocedores del proyecto, daban ese episodio por concluido y el guión por desechado. Han quedado sorprendidos con su aparición, llegando a manifestar que lo creían destruido.

Unos hijos que no están nada contentos con la situación y las intenciones de llevar ese guión a la pantalla. Pretenden conservar la memoria de su padre, como es lógico, impidiendo que se hagan secuelas o remakes de una obra que consideran perfecta. Esa manía obsesiva del Hollywood actual.

Un proyecto que, desde luego, suena muy atractivo para todo cinéfilo por la curiosidad que despierta, pero que se frustró por desavenencias entre el director y sus guionistas, el matrimonio Frances Goodrich y Albert Hackett, porque la cinta llevaba la contraria a la concepción católica de la primera, es más, a la pura esencia de la original, con lo que el conflicto era lógico y comprensible. Al no poder reconducirse las diferencias el proyecto se aparcó.

Ciertos aspectos de la trama de esta secuela, que parece ser estaba muy avanzada, han salido a la luz:

Parece ser, como ocurre en muchas secuelas, que el planteamiento inicial sería parecido al de la cinta original. George Bailey estaría recibiendo de nuevo el acoso del señor Potter, hasta ponerlo en una situación límite, pero lejos de sumirse de nuevo en la autocompasión, se rebelará e instará a su amigo de las alturas, Clarence, a que le ayude en un plan que se le ha ocurrido: Quiere que le muestre cómo sería el mundo sin Potter.

Esta visión, que sólo rezumaría felicidad, impulsa a George a chantajear emocionalmente a Clarence, poniendo sobre la mesa que esas alas que luce orgulloso las consiguió gracias a él y que el objetivo final es eminentemente bueno, pidiéndole "viajar al pasado para acabar con Potter".

El Potter que se encontraría en el pasado sería un joven banquero que estaba empezando a amasar la fortuna que posteriormente se dispararía en base a todo tipo de tropelías.

El guión estaría completamente terminado y se habrían encontrado notas de producción donde aparecería el nombre de algunos actores que se incorporarían al proyecto, como sería el caso de John Wayne, además de los actores de la película original.

Se sabe también de esta secuela que contendría un viaje al pasado con la intención de acabar con Potter, una vez George ha convencido a su ángel de que le ayude. Éste le recomendaría los servicios de alguien muy cualificado para ese tipo de encargos, un tal Arnold Schwarzenegger, pero descubrirán, desolados, que a finales del siglo XIX, fecha a la que deberían viajar para encontrarse con el joven Potter, Schwarzenegger aún no había nacido.

Es aquí donde aparece la otra gran estrella del reparto prevista para esta secuela, John Wayne, que interpretaría a un “hombre tranquilo”, solitario, taciturno y violento, que finalmente aceptaría el encargo de George. Un Wayne que coincidiría con Stewart en un rol de protector como el que haría posteriormente en “El hombre que mató a Liberty Valance” (John Ford, 1962).

Las últimas escenas, por su violencia y el contraste que supondrían con la pureza angelical de la obra original, fueron unas de las principales causas de las desavenencias entre director y guionistas. Unas escenas duras, donde el personaje interpretado por Wayne apalearía al joven Potter con saña y sin miramientos. Algunos aspectos de esas escenas se han filtrado:

Se vería a Wayne pateando la cabeza de Potter mientras le espetaba cosas como “¡embarga esto, maledicente!” y "¡hazle una plusvalía a esto!" o pellizcándole un testículo al grito de “¡desgrava esto, rufián!”.

A Capra le horrorizaba este final, ya que iba en contra de todas sus convicciones católicas y de la esencia de la original, además de contradecir su espíritu, algo en lo que tenía toda la razón. Él abogaba porque el viaje al pasado supusiera una redención para el banquero, que el viaje al pasado fuera una misión que convenciera a Potter de que ese camino que llevaría no era el correcto, ya que esa transformación en el futuro sería mucho más enriquecedora y afín a sus valores y los de la cinta original. No era plan convertir al bueno de George Bailey en un exterminador cobardón asusta viejos, y que la alegría que transmitía “¡Qué bello es vivir!” pasara a ser un tétrico relato de violencia sádica.

Escenas muy violentas que Capra no estaba dispuesto a rodar, y aunque él tenía mucho poder en Hollywood, en la Meca del Cine los tiempos habían empezado a cambiar, causa de que la propia “¡Qué bello es vivir!” original no lograra el éxito esperado ya en su día, por lo que acabó renunciando a la idea de esta secuela.


Aunque las informaciones son contradictorias, confusas y muy escasas, hay algún rumor que suena con fuerza. Parece ser que la Universal habría tomado la delantera en el proyecto y, teniendo en cuenta que la trama incluye viajes en el tiempo, se habrían puesto en contacto con Christopher Lloyd, el mítico Doc de “Regreso al futuro” (Robert Zemeckis, 1985), porque habría contrastado su competencia en dichos viajes. Él interpretaría el papel de ángel que en la original correspondió a Henry Travers.



Sólo queda esperar y ver qué ocurre, aunque viendo cómo están los tiempos por Hollywood, supongo que no tardaremos en ver esta secuela en las pantallas.





domingo, 1 de enero de 2012

Crítica: ¡QUÉ BELLO ES VIVIR! (1946) -Última Parte-

FRANK CAPRA








La muerte y la idea del suicidio es un tema socorrido de Capra, una idea que manifiesta una sociedad podrida y sin principios que impulsa a ello, desde el intento de Juan Nadie al de George Bailey, por motivos distintos, pero también “el suicidio generoso”, que dirían algunos progres, de las abuelitas de “Arsénico por compasión” (1944). Una sociedad que parece impulsar a ello o que los demás lo vean como la mejor opción para sus prójimos. En todas las películas donde sale este tema Capra pone como solución, como única salida, agarrarse a los valores tradicionales, a la honestidad, la familia, el amor, la sinceridad… Supongo que teniendo esto en cuenta se entiende más que se le tachara de facha, o retrogrado, pero la realidad es que es auténtico y ahora, incluso, políticamente incorrecto. Las tres películas mencionadas van seguidas en su filmografía, salvando algunos documentales patrióticos entremedias.

Pottersville es una especie de retrato del infierno, el mundo sin George Bailey, un mundo tosco, desagradable, violento, arisco, sin valores, comandado por el demonio, Potter, que de algún modo su maniqueo personaje, cobra sentido aquí.

Esta idea del mundo alternativo es una defensa a ultranza del individuo, como siempre en Capra, una concepción que va mucho más allá de la idea social o comunitaria que se ha querido vender, el retrato solidario. La clave es el individuo, el individuo competente, generoso, bueno… el infierno puede llegar por la falta de una simple persona, de un individuo, la medida de todo. Un infierno que llega y que George cambió con su sola presencia y sacrificio.
En el bar al que van George y Clarence se mencionará la ya mítica idea de que cada sonido de campanas significa que un ángel ha logrado las alas. Clarence, por supuesto, es tomado por loco, poniendo Capra sobre la mesa la idea de la locura y la santidad. En este bar veremos al señor Gower, el jefe de George cuando era niño, y todo el trabajo de antelación del guión empieza a funcionar como un reloj. George no estuvo para evitar el envenenamiento del niño y el droguero estuvo 20 años en la cárcel por ello, ahora vive borracho mendigando. Nick, el dueño del bar, no conoce a George, y los pétalos de Susie no están en el pantalón de su padre, donde debían estar como vimos. Además el coche con el que chocó ha desaparecido y el dueño de la casa no recuerda tal suceso.

George decide comprobar, solo, cómo está el pueblo y sale huyendo. Una vez más expresivos travelling, tanto sobre él, como sobre las calles repletas de neones y música jazz, muestran su turbación e incomprensión ante lo que sucede, y aumenta su paulatino pánico y desesperación por lo que ve. Un travelling con una espectacular grúa.








George carece de personalidad, de documentos que acrediten su “existencia”, una vez más surge la importancia del individuo diferenciado y único respecto del resto de individuos, la idea de que la sociedad es un término difuso, ya que ésta no puede ser un ente en sí mismo, sino que consiste en la suma de individuos totalmente distintos unos de otros. Eliminar esa idea (comunismos, socialismos…), es eliminar nuestra propia esencia, la naturaleza misma del ser humano.
Clarence es un personaje absolutamente entrañable y sus pequeños diálogos con el invisible San José de una naturalidad y humor encantadores. “No, no he bebido nada.”
En esta fase se coquetea claramente con la estática del cine de terror, un cuento pesadillesco, de cierto aire kafkiano en la incomprensión que transmite James Stewart sobre lo que le acontece, sumido en un absurdo que escapa a su sentido común.
El viaje de George le conduce a su casa en la calle Sycamore donde descubre que su acogedor hogar ha tornado en casa del terror de estética expresionista.

He mencionado varias veces la importancia de los primeros planos y el magistral uso que Capra hace de ellos, pero de todos, el más impactante es el que nos muestra la cara de James Stewart después de hablar con su madre y que ésta no le reconociera. Una carrera hacia la cámara, casi hasta tocarse con ella, su mirada haciendo una panorámica a su alrededor, hasta mirar cara a cara a la propia cámara, rompiendo la cuarta pared una vez más, y su rostro descompuesto por el pánico y la incomprensión. Ahora sí cree haberlo perdido todo.
La labor de anticipación creada durante toda la cinta sigue su función a la hora de presentar el mundo alternativo sin George, así, su tío Billy está internado en un manicomio tras cerrar el banco, su hermano murió en el hielo el día que cayó y George le salvó, al no estar éste allí para hacerlo no pudo evitar la tragedia. Por supuesto su oído funciona perfectamente. Su madre amargada y sin reconocerle, su mujer una solterona. Este último aspecto puede ser cuestionable, ya que Donna Reed es una mujer atractiva que podría encontrar otro marido, como en algún momento dice el propio George, pero el hecho de ser solterona debemos verlo como una definición de su personaje, como la idea de ser también una mujer de principios que si no logra enamorarse no se compromete, que estaba predestinada a George y sin estar él su matrimonio con cualquier otro no tendría sentido.

Violet es una mujer de mala reputación en este mundo alternativo. De alguna manera Violet es una chica a la que le encanta provocar y estar rodeada de chicos, como la Escarlata O’Hara de “Lo que el viendo se llevó” (Victor Fleming, 1939), pero que sólo quiere a quien no puede tener, o sea a George, él actúa como moderador de su carácter pasional, su ayuda y figura la mantienen centrada, al desaparecer él, su figura y jerarquía moral, el sentirse valorada, pierde toda consideración por sí misma.
Cuando después de todo esto George alcanza la lucidez se da cuenta de lo que tenía y no acabó de valorar sumido en sus sueños, percatándose de que había cumplido otros aún mejores sin darse cuenta, vuelve al puente de su frustrado intento de suicidio y pide ayuda a Clarence, su canto de vida. Por supuesto nuestro entrañable Clarence no le negará una cosa así. Deseo concedido. Ipso facto.

El detallismo de Capra es absoluto y se dedica a reconstruir todos los cambios que había realizado, ahora los amigos de George le vuelven a reconocer, su labio vuelve a sangrar, lo que le produce gran felicidad, el coche chocó en el sitio que vimos, los pétalos de Susie están en su pantalón, se abraza en su reencuentro con sus hijos con entusiasmo y hasta el adorno de la escalera que siempre está suelto y tanto le frustraba ahora es besado con ganas. Por supuesto Capra no nos hurtará un nuevo travelling por el pueblo, un travelling entusiasta y alegre, lleno de vitalidad, alegría y ganas de vivir, con la nieve purificadora y los andares infantiles, que recuerdan a los del comienzo de la película, del grandioso James Stewart o su alter ego George Bailey.

Un final no tan feliz.
La exacerbada felicidad del clímax final, con el pueblo ayudando a George, las campanas del árbol de Navidad sonando para indicar que Clarence ha conseguido sus alas después de 200 años, el dinero que prestan todos que excede con generosidad los 8000 dólares que perdió el tío Billy, sobre todo gracias a la donación de 25.000 que hace Sam, el ex novio de Mary (memorable el gesto y la mirada de James Stewart al oír la noticia de esa donación), la llegada de Harry, su hermano, ha sido la causa de los comentarios y acusaciones de sensiblería a la película, ya que como hemos visto hasta llegar aquí no ha habido ni rastro de semejante afirmación. Este final que, ciertamente, es de una euforia, alegría, emotividad y vitalidad contagiosa, y que logra desparramar lágrimas a tutiplén en el espectador, es sólo una manera de camuflar, compensar o distraer el trasfondo y sufrimiento de la historia que hemos vivido, una historia de sueños rotos, decepciones, frustraciones, pérdidas, desesperación, intentos de suicidio… George Bailey al final entiende que lo que tiene es riqueza, riqueza interior y lo que logra en ese final es una victoria íntima, personal, aunque definitiva para él en la consecución de su madurez, de su lucidez. Pero el hecho es que nada cambia con ese final. La generosidad del pueblo lo que evita es que George vaya a la cárcel, algo que era injusto, y su posible suicidio, que como le muestra Clarence no solucionaba nada y suponía una incomprensión absoluta del regalo de la vida y lo que hacemos con ella, de lo que él mismo hizo con ella.



La situación es que George se queda como está de forma funcional, aunque más maduro y rico por dentro, pero Potter seguirá siendo una amenaza y teniendo el mismo poder, el peligro monopolístico que supone sigue tan fuerte como al principio, nadie vence a Potter. En su triunfal paseo por el pueblo George saluda a Potter, que le dedica unas frases de desprecio ante lo que cree será su encarcelamiento en poco tiempo, pero en el clímax final, inteligentemente, Capra nos omite su presencia, no hay un plano corto de un Potter frustrado, o decepcionado, no puede haberlo, sólo ha sido un plan que salió mal pero su posición no queda mermada para nada.
A este desolador panorama debemos añadir como se produce la epifanía de George Bailey. La desesperación y la situación de George le lleva a plantearse el suicidio, que es muy posible que cometiera, de hecho por los que comentan San José y el propio Dios sobre el caso parece seguro que lo hará, pero George tiene la suerte de la intervención divina que evita el fatal acontecimiento. No todo el mundo tiene esa suerte, tiene que ser el propio Dios el que intervenga para tornar el destino fatal de los acontecimientos.
Un punto interesante es que la idea esencial no es el dinero sino que George tenga su epifanía y alcance su madurez, que se dé cuenta de lo verdaderamente importante y del regalo de la vida. Es por esto por lo que Clarence no viene con los 8000 dólares bajo el brazo, sino que le hará sufrir una catarsis mostrándole el mundo paralelo sin su presencia.
Capra es positivo, optimista, alegre y en esta cinta además el milagro, lo católico, lo cristiano siempre estará presente como parte fundamental de todo.
Desde luego George sembró y tendrá su victoria íntima, el cumplimiento de sueños inconscientes, y nos reconforta a todos porque por esa victoria vemos que priman los valores y principios auténticos, que todos predicamos y pocos llevan a cabo, pero que nos gusta comprobar que siguen vigentes y te puedes agarrar a ellos. Un aprendizaje para George Bailey y todos los espectadores que harán bien en seguir su camino para lograr esas victorias íntimas, verdaderas y auténticas.




Dedicada a JuanchoFurquet, si es que ha llegado hasta aquí. Dedicada a mi prima Nora, por todo y más. Dedicada a Cisco, para una buena entrada de año.


Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la 3ª Parte del análisis.


sábado, 31 de diciembre de 2011

Crítica: ¡QUÉ BELLO ES VIVIR! (1946) -Parte 3/4-

FRANK CAPRA






Llega la hora y cuarto de película, los acontecimientos se precipitan, entramos en la parte final y tramo más famoso de la cinta, la caída y resurrección de uno de los personajes más míticos de la historia del cine, George Bailey.
Llega la 2ª Guerra Mundial, el hermano de George, Harry, es condecorado por sus méritos en la guerra, y en Bedford Falls todo parece seguir igual.
Los travelling en ¡Qué bello es vivir! es otro de los rasgos imprescindibles que usa Capra, tremendamente expresivos, pueden representar felicidad, incluso definir personajes y vínculos, como al inicio con George en su presentación saludando a todos los del pueblo o al final, con la alegría desbordada al volver a ser dueño de su vida. Pero también pueden expresar preocupación y profundo dramatismo, la desesperación, turbación y desconcierto, la desesperanza, como cuando George pasea por Pottersville.


El tío Billy va a ingresar 8000 dólares en el banco, pero no puede evitar mofarse de Potter ante los méritos de Harry Bailey en la guerra. Ese acto provocará la pérdida del dinero, que será lo que desencadenará las dramáticas consecuencias que seguirán, el peligro de bancarrota de la empresa, la desesperación de George ante la circunstancia, ver de cara salvajemente su vida y todas las renuncias que ha hecho, y tras humillarse ante Potter y caer lo más bajo posible, darse cuenta de que el suicidio es su mejor opción porque, como le dijo Potter, vale más muerto que vivo.


El tío Billy siempre es mostrado acompañado de animales, un ave que se posa en su brazo o en su casa con multitud de animales, incluso una ardilla que parece consolarle en su abatimiento y sentimiento de culpa por su negligencia. Una representación que haría de él una especie de San Francisco de Asís incompetente en los negocios. Ama a los animales como estos le aman a él.







La cinta se vuelve negrísima a partir de aquí. La pérdida del dinero supone la quiebra y la cárcel, pero además supone que la renuncia de George a todos sus sueños ha sido en balde. La imagen de lo más evidente, de lo que tiene enfrente sin ver más allá, con perspectiva y desde todos los puntos de vista, hace sentir a George atrapado y sin salida. Clarence le hará ver el cuadro en su totalidad para que lo comprenda todo.

El hecho es que en esta parte vemos lo peor de George, y seguramente los momentos más duros y realistas de la filmografía de Capra.

George está condenado a no cumplir ninguno de los sueños que tenía de niño, como tantos otros, y que mantiene a lo largo de su vida por darse a los demás, en un sacrificio, pero igual que pasó con su relación con Mary logrará otros sueños a los que casi daba la espalda, como si no supiera que también eran sueños por cumplir, a los que se resistía. Así logrará lo que su padre buscaba y con creces, y verá que aquello que buscaba se ha hecho realidad de otra forma. Como dice su hermano al final, “George Bailey, el hombre más rico de la ciudad”, y es que George hizo la mayor construcción de todas, unió a su gente, las hizo generosas y agradecidas, manteniendo así el legado de su padre y su lucha con pilares completamente sólidos. Apreciará por fin la importancia de las cosas pequeñas. Un hombre que verá frustrados sus sueños de juventud pero cumplidos los que no sabía que tenía.
La vuelta a casa de George, después de no encontrar el dinero robado, es escalofriante. George deja salir toda la frustración y resentimiento que lleva dentro, siendo en extremo duro y cruel, un personaje opuesto a lo que hemos visto hasta entonces una vez ve su vida cara a cara, una vida que le ha negado todos sus sueños y una renuncia que parece no servir para nada.
Como todo clásico ¡Qué bello es vivir! sacia por su profundidad, densidad, emotividad, como una buena comida, te deja satisfecho, la sensación imperecedera del buen cine y que ahora cuesta tanto encontrar con el abuso de películas ligeras y sin la más mínima enjundia. Si el cine clásico es una buena comida en el mejor restaurante las otras son un sencillo mousse prefabricado.
En cada escena se saca el máximo partido poniendo en liza una cantidad de elementos extraordinaria, un derroche de creatividad que elaboran con esmero, talento y maestría los desarrollos dramáticos de los personajes y la trama.



La escena que comentamos es un ejemplo de todo ello. Capra se toma su tiempo para transmitir la perturbación y desesperación de George, su desamparo y frustración y no escatima en medios e imaginación, en detalles de guión para elaborar toda la psicología del personaje en ese momento, así la niña al piano que molesta, la llamada de la profesora con la que George discute por teléfono, la enfermedad de su hija, el pétalo que se guarda en el bolsillo, en otro ejemplo y elemento usado de guión de anticipación, ya que tendrá su función posteriormente, las maquetas que destroza porque le recuerdan sus sueños frustrados, su hijo preguntándole una duda…

Cuando Mary le dice que no entiende porque hace sufrir así a sus hijos, sin entender tampoco que le sucede, el trastornado George sale para humillarse ante Potter.



La familia en ese momento es presentada como castradora. Reflexionando sobre los miembros de la familia de George nos damos cuenta de que es por ellos por los que George renuncia a todos sus sueños, que es por ellos por los que cede siempre y se sacrifica. Tenemos a la mujer y su deseo de compartir con él su vida en Bedford Falls, como al final ocurrirá contradiciendo los deseos de su marido, a la madre y su sutil presión para que se case con Mary, el hermano que se va y se casa y que, aunque de forma involuntaria, provoca que George se quede cuidando de la empresa… Una especie de enemigo ante el que nuestro héroe no puede competir y que lo someten sin mala intención, y sin que George oponga una excesiva resistencia, todo hay que decirlo.



Es Nochebuena pero no lo parece y el contraste es brutal. George se humilla ante Potter y éste se preocupa, especialmente, de que la humillación sea completa, sabiendo lo que ha pasado y lo que George viene a pedir. Potter, un retrato caricaturesco de mezquindad, ruindad y maldad. Aquí está Dickens, “Cuento de Navidad” y el señor Scrooge.
¡Qué bello es vivir! no es una adaptación o libre adaptación de “Cuento de Navidad”, pero es evidente que tiene todo el espíritu del libro de Dickens y del propio autor en general. No sólo son las similitudes evidentes entre Potter y el señor Scrooge, sino los aspecto más característicos de ambas historias. Las visitas de los tres fantasmas para mostrarles distintos mundos alternativos a Scrooge con la intención de redimirlo, tienen en el film de Capra la variación de que en vez de fantasmas sea un ángel, no en vano es una película profundamente cristiana y católica, y de que no se dirige al villano de la función sino al héroe de la misma para que no se convierta en un ángel caído. Es una variación de la historia.

Nada mejor que una borrachera para olvidar la humillación. Capra vuelve a hacer un uso maestro del primer plano, sólo utilizado cuando se debe y de forma expresiva, con un travelling que nos acerca al rostro de James Stewart, solo y mascullando el suicidio. Allí mismo se encontrará con el marido de la profesora, el señor Welch, a la que George habló de malos modos por teléfono, y es que Capra no deja ningún cabo suelto, además el puñetazo que le dedica a nuestro protagonista será un detalle más de guión de anticipación, ya que la herida que recibe en el labio será usada con posterioridad.
En una película absolutamente cristiana y católica como ésta es lógico que se rece y hable de rezar en multitud de ocasiones, de hecho empieza así, con multitud de plegarias, como todos sabéis. Así en esta escena del bar veremos a George hacerlo de forma explícita, nunca rezó mucho pero ahora lo hará, y aunque piense que no sirvió para nada la verdad le dará un golpe tan seco como el señor Welch, aunque mucho más placentero.
La nieve, la lluvia, una vez más presentes y simbólicas. En este caso es nieve y es purificadora, simboliza la catarsis personal de George, su aprendizaje y madurez definitiva, la expiación de sus frustraciones. Un espectacular nevada, una de las más bellas y dramáticas que se han rodado jamás, de estética deslumbrante en el desorientado y fatal tránsito y paseo de George Bailey hacia el suicidio. Una nevada digna de “Larga es la noche” (Carol Reed, 1947), que es, quizá, la película donde mejor ha nevado de la historia.
Capra juega con el tiempo de forma magistral, el pasado, el presente, el futuro, un mundo alternativo, todo ello con recursos metalingüísticos que también acaban siendo metacinematográficos, como comentaré.
¡Qué bello es vivir! es una de las películas que más influencia ha tenido y que más homenajes ha recibido, rara es la serie que no ha usado la trama del mundo alternativo de la cinta de Capra, en homenajes más o menos explícitos, así como innumerables las pelis que la han referenciado.
Fantasía, representación, farsa, ficción… la salsa de la vida.
La fantasía, la ficción, la farsa, la representación, es algo muy común en el cine de Capra, a través de ella se escapa, es el escape, la evasión o la solución de los personajes, la clave que los ayuda a encontrar el camino, la solución, lo auténtico. Esta idea podemos ampliarla viendo en ella un mensaje de amor hacia el teatro o el propio cine como vehículo de verdad, de transmisión de auténticos valores, un concepto metalingüístico perfectamente integrado y sin pompa ni exageraciones. En esta obra maestra que nos ocupa tenemos varios ejemplos como la representación en la luna de miel con música de aire caribeño, posters de lugares lejanos, los Mares del Sur, economía de guerra, pollos asándose al ritmo de un tocadiscos, como si de una isla se tratara. Pero si hay una representación que se lleva la palma y es mítica es la que todos pensáis, el universo paralelo que Clarence crea para nuestro amigo George Bailey. En ambos casos la representación, la ficción, la farsa, cumple su objetico bien de evasión, bien de superación de los problemas, de salida a los mismos.
En Capra tenemos más ejemplos, citando algunos de otras películas, en “Juan Nadie” (1941) la mentira, en “Arsénico por compasión” (1944) los ocultamientos y también las mentiras, en “Dama por un día” (1933), “Un gánster para un milagro” (1961) las mentiras y representaciones…
La aparatosa aparición de Clarence lanzándose al agua y el rescate de George, está rodado con un espectacular plano picado, el uso del agua también purificador, donde George no puede renunciar a su naturaleza. Cuando estamos en tensión y presionados es cuando somos más nosotros mismos y sacamos nuestra naturaleza, George, se lanzará sin dudarlo a salvar a quien cayó al agua sin pensar más en él mismo.
Henry Travers, Clarence, sale media hora escasa de película, suficiente tiempo para hacerse eterno en la historia del cine.

La conversación entre Clarence y George, con ambos en plano, con la pantalla dividida por una cuerda a modo de tendedero, es un encuadre magistral. Un encuadre dentro del encuadre que sitúa a George por debajo, sentado, y a Clarence por encina, de pie, recalcando el hundimiento del primero y a su vez la distancia que aún les separa. Es Clarence el que procura limar esa diferencia, también en el encuadre, con contactos físicos, la manos en el hombro o agachándose cariñosamente.











Dedicada a JuanchoFurquet, que seguro no esperaba una dedicatoria en cuatro partes. Dedicada a Norita, mi asombrosa y especial compañera. Dedicada a Cisco, con el deseo de hacerle pasar unos buenos momentos.