La muerte y la idea del suicidio es un tema socorrido de Capra, una idea que manifiesta una sociedad podrida y sin principios que impulsa a ello, desde el intento de Juan Nadie al de George Bailey, por motivos distintos, pero también “el suicidio generoso”, que dirían algunos progres, de las abuelitas de “Arsénico por compasión” (1944). Una sociedad que parece impulsar a ello o que los demás lo vean como la mejor opción para sus prójimos. En todas las películas donde sale este tema Capra pone como solución, como única salida, agarrarse a los valores tradicionales, a la honestidad, la familia, el amor, la sinceridad… Supongo que teniendo esto en cuenta se entiende más que se le tachara de facha, o retrogrado, pero la realidad es que es auténtico y ahora, incluso, políticamente incorrecto. Las tres películas mencionadas van seguidas en su filmografía, salvando algunos documentales patrióticos entremedias.
Pottersville es una especie de retrato del infierno, el mundo sin George Bailey, un mundo tosco, desagradable, violento, arisco, sin valores, comandado por el demonio, Potter, que de algún modo su maniqueo personaje, cobra sentido aquí.
Esta idea del mundo alternativo es una defensa a ultranza del individuo, como siempre en Capra, una concepción que va mucho más allá de la idea social o comunitaria que se ha querido vender, el retrato solidario. La clave es el individuo, el individuo competente, generoso, bueno… el infierno puede llegar por la falta de una simple persona, de un individuo, la medida de todo. Un infierno que llega y que George cambió con su sola presencia y sacrificio.
En el bar al que van George y Clarence se mencionará la ya mítica idea de que cada sonido de campanas significa que un ángel ha logrado las alas. Clarence, por supuesto, es tomado por loco, poniendo Capra sobre la mesa la idea de la locura y la santidad. En este bar veremos al señor Gower, el jefe de George cuando era niño, y todo el trabajo de antelación del guión empieza a funcionar como un reloj. George no estuvo para evitar el envenenamiento del niño y el droguero estuvo 20 años en la cárcel por ello, ahora vive borracho mendigando. Nick, el dueño del bar, no conoce a George, y los pétalos de Susie no están en el pantalón de su padre, donde debían estar como vimos. Además el coche con el que chocó ha desaparecido y el dueño de la casa no recuerda tal suceso.
George decide comprobar, solo, cómo está el pueblo y sale huyendo. Una vez más expresivos travelling, tanto sobre él, como sobre las calles repletas de neones y música jazz, muestran su turbación e incomprensión ante lo que sucede, y aumenta su paulatino pánico y desesperación por lo que ve. Un travelling con una espectacular grúa.
George carece de personalidad, de documentos que acrediten su “existencia”, una vez más surge la importancia del individuo diferenciado y único respecto del resto de individuos, la idea de que la sociedad es un término difuso, ya que ésta no puede ser un ente en sí mismo, sino que consiste en la suma de individuos totalmente distintos unos de otros. Eliminar esa idea (comunismos, socialismos…), es eliminar nuestra propia esencia, la naturaleza misma del ser humano.
Clarence es un personaje absolutamente entrañable y sus pequeños diálogos con el invisible San José de una naturalidad y humor encantadores. “No, no he bebido nada.”
En esta fase se coquetea claramente con la estática del cine de terror, un cuento pesadillesco, de cierto aire kafkiano en la incomprensión que transmite James Stewart sobre lo que le acontece, sumido en un absurdo que escapa a su sentido común.
El viaje de George le conduce a su casa en la calle Sycamore donde descubre que su acogedor hogar ha tornado en casa del terror de estética expresionista.
He mencionado varias veces la importancia de los primeros planos y el magistral uso que Capra hace de ellos, pero de todos, el más impactante es el que nos muestra la cara de James Stewart después de hablar con su madre y que ésta no le reconociera. Una carrera hacia la cámara, casi hasta tocarse con ella, su mirada haciendo una panorámica a su alrededor, hasta mirar cara a cara a la propia cámara, rompiendo la cuarta pared una vez más, y su rostro descompuesto por el pánico y la incomprensión. Ahora sí cree haberlo perdido todo.
La labor de anticipación creada durante toda la cinta sigue su función a la hora de presentar el mundo alternativo sin George, así, su tío Billy está internado en un manicomio tras cerrar el banco, su hermano murió en el hielo el día que cayó y George le salvó, al no estar éste allí para hacerlo no pudo evitar la tragedia. Por supuesto su oído funciona perfectamente. Su madre amargada y sin reconocerle, su mujer una solterona. Este último aspecto puede ser cuestionable, ya que Donna Reed es una mujer atractiva que podría encontrar otro marido, como en algún momento dice el propio George, pero el hecho de ser solterona debemos verlo como una definición de su personaje, como la idea de ser también una mujer de principios que si no logra enamorarse no se compromete, que estaba predestinada a George y sin estar él su matrimonio con cualquier otro no tendría sentido.
Violet es una mujer de mala reputación en este mundo alternativo. De alguna manera Violet es una chica a la que le encanta provocar y estar rodeada de chicos, como la Escarlata O’Hara de “Lo que el viendo se llevó” (Victor Fleming, 1939), pero que sólo quiere a quien no puede tener, o sea a George, él actúa como moderador de su carácter pasional, su ayuda y figura la mantienen centrada, al desaparecer él, su figura y jerarquía moral, el sentirse valorada, pierde toda consideración por sí misma.
Cuando después de todo esto George alcanza la lucidez se da cuenta de lo que tenía y no acabó de valorar sumido en sus sueños, percatándose de que había cumplido otros aún mejores sin darse cuenta, vuelve al puente de su frustrado intento de suicidio y pide ayuda a Clarence, su canto de vida. Por supuesto nuestro entrañable Clarence no le negará una cosa así. Deseo concedido. Ipso facto.
El detallismo de Capra es absoluto y se dedica a reconstruir todos los cambios que había realizado, ahora los amigos de George le vuelven a reconocer, su labio vuelve a sangrar, lo que le produce gran felicidad, el coche chocó en el sitio que vimos, los pétalos de Susie están en su pantalón, se abraza en su reencuentro con sus hijos con entusiasmo y hasta el adorno de la escalera que siempre está suelto y tanto le frustraba ahora es besado con ganas. Por supuesto Capra no nos hurtará un nuevo travelling por el pueblo, un travelling entusiasta y alegre, lleno de vitalidad, alegría y ganas de vivir, con la nieve purificadora y los andares infantiles, que recuerdan a los del comienzo de la película, del grandioso James Stewart o su alter ego George Bailey.
Un final no tan feliz.

La exacerbada felicidad del clímax final, con el pueblo ayudando a George, las campanas del árbol de Navidad sonando para indicar que Clarence ha conseguido sus alas después de 200 años, el dinero que prestan todos que excede con generosidad los 8000 dólares que perdió el tío Billy, sobre todo gracias a la donación de 25.000 que hace Sam, el ex novio de Mary (memorable el gesto y la mirada de James Stewart al oír la noticia de esa donación), la llegada de Harry, su hermano, ha sido la causa de los comentarios y acusaciones de sensiblería a la película, ya que como hemos visto hasta llegar aquí no ha habido ni rastro de semejante afirmación. Este final que, ciertamente, es de una euforia, alegría, emotividad y vitalidad contagiosa, y que logra desparramar lágrimas a tutiplén en el espectador, es sólo una manera de camuflar, compensar o distraer el trasfondo y sufrimiento de la historia que hemos vivido, una historia de sueños rotos, decepciones, frustraciones, pérdidas, desesperación, intentos de suicidio… George Bailey al final entiende que lo que tiene es riqueza, riqueza interior y lo que logra en ese final es una victoria íntima, personal, aunque definitiva para él en la consecución de su madurez, de su lucidez. Pero el hecho es que nada cambia con ese final. La generosidad del pueblo lo que evita es que George vaya a la cárcel, algo que era injusto, y su posible suicidio, que como le muestra Clarence no solucionaba nada y suponía una incomprensión absoluta del regalo de la vida y lo que hacemos con ella, de lo que él mismo hizo con ella.
La situación es que George se queda como está de forma funcional, aunque más maduro y rico por dentro, pero Potter seguirá siendo una amenaza y teniendo el mismo poder, el peligro monopolístico que supone sigue tan fuerte como al principio, nadie vence a Potter. En su triunfal paseo por el pueblo George saluda a Potter, que le dedica unas frases de desprecio ante lo que cree será su encarcelamiento en poco tiempo, pero en el clímax final, inteligentemente, Capra nos omite su presencia, no hay un plano corto de un Potter frustrado, o decepcionado, no puede haberlo, sólo ha sido un plan que salió mal pero su posición no queda mermada para nada.
A este desolador panorama debemos añadir como se produce la epifanía de George Bailey. La desesperación y la situación de George le lleva a plantearse el suicidio, que es muy posible que cometiera, de hecho por los que comentan San José y el propio Dios sobre el caso parece seguro que lo hará, pero George tiene la suerte de la intervención divina que evita el fatal acontecimiento. No todo el mundo tiene esa suerte, tiene que ser el propio Dios el que intervenga para tornar el destino fatal de los acontecimientos.
Un punto interesante es que la idea esencial no es el dinero sino que George tenga su epifanía y alcance su madurez, que se dé cuenta de lo verdaderamente importante y del regalo de la vida. Es por esto por lo que Clarence no viene con los 8000 dólares bajo el brazo, sino que le hará sufrir una catarsis mostrándole el mundo paralelo sin su presencia.
Capra es positivo, optimista, alegre y en esta cinta además el milagro, lo católico, lo cristiano siempre estará presente como parte fundamental de todo.
Desde luego George sembró y tendrá su victoria íntima, el cumplimiento de sueños inconscientes, y nos reconforta a todos porque por esa victoria vemos que priman los valores y principios auténticos, que todos predicamos y pocos llevan a cabo, pero que nos gusta comprobar que siguen vigentes y te puedes agarrar a ellos. Un aprendizaje para George Bailey y todos los espectadores que harán bien en seguir su camino para lograr esas victorias íntimas, verdaderas y auténticas.
Dedicada a JuanchoFurquet, si es que ha llegado hasta aquí. Dedicada a mi prima Nora, por todo y más. Dedicada a Cisco, para una buena entrada de año.
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