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jueves, 17 de enero de 2013

Crítica: BLUEBERRY: LA EXPERIENCIA SECRETA (2004)

JAN KOUNEN











Esta encantadora peliculita pasa directamente a englobar el nutrido grupo de peores películas de la historia del cine, una cinta insoportable desde que empieza hasta que termina y donde el único mérito en relación a ella está en el espectador que es capaz de aguantarla hasta el final. ¡Bien por mí!

No creo que sea la peor de la historia, pero tiene el dudoso honor de ser la única película hasta la fecha que me ha enfadado, hasta límites insospechados que me llevaron a tener ganas de patear la televisión, en una proyección.


La única satisfacción que me da esta película es el entretenimiento de destrozarla, y de paso avisar y advertir a los que despistados, como fue mi caso, se pongan a verla inocentemente. Una de las peores películas que he visto en mi vida. Irritante, lamentable, desesperante, frustrante, absurda, patética, bochornosa, es un despropósito desde que empieza hasta que acaba...literalmente. 

Mala con ganas y encima con ínfulas pretenciosas de profundidad, lo mejor es tomárselo con humor una vez avisado, porque sino lo único que provocará será un enorme cabreo. Nada tiene sentido, un viaje lisérgico de un director que debía estar colocado cuando se le ocurrió realizar semejante bodrio y que se ve quería compartir la experiencia, valiéndose de un cómic de culto.

Mike Blueberry se convierte en sheriff de Palomito, educado por los indios ha estado en contacto con dos culturas, a las que respeta y procura conservar. Todo esto está muy bien y puede parecer normal. La búsqueda de un tesoro indio por parte de un asesino interpretado por el siempre aparentemente calmado Michael Madsen, alterará ese equilibrio… Para resolverlo nuestro protagonista se pondrá hasta arriba de peyote.



Ver salir serpientes, cucarachas y demás insectos infográficos durante minutos y minutos y no una, ni dos veces...sino cada vez que encarta, cada vez que alguien en la película se coloca, es desquiciante y produce en el espectador brotes violentos si ha decidido ver entera la película. En "2001: Una odisea del espacio", hay una larga escena para retratar el paso a otra dimensión del protagonista, pues bien, en esta vomitiva película hay como 5 o 6 escenas de ese estilo, lo que ocurre es que son sin sentido, que su realización produce vergüenza ajena y encima se hacen eternas. Un pseudo western lisérgico postmoderno, que no tiene trama y la que se intuye no puede ser más previsible, simplemente porque es imposible que lo sea.



Salvo que estés igual de colocado que su director o más bien tengas algún tipo de trauma psicológico, lo mejor que se puede hacer es evitar semejante bodrio. Con todo mencionaré un virtuoso plano (en lo estético, ya que no aporta nada más), aéreo, en el que se ven a los tres grupos que van buscando un supuesto "tesoro", rodado en una sola toma, vemos en una gran extensión de terreno por donde va cada grupo en su viaje.



Uno ve crecer la frustración, la ira, la desorientación, el desconcierto en esa sucesión de efectos infográficos de medio pelo, por ello es recomendable que te pille acompañado si la ves, porque tu mirada vagará buscando complicidad en alguien para aliviar esa ira, satisfacer esa frustración, comentándolo o como mínimo pidiendo ayuda.


Se aprecia desde el mismo inicio que aquello tiene unas ínfulas extrañas, pero no te preocupas demasiado porque a veces las películas meten una introducción con ínfulas artísticas, no hay problema. Veremos al joven protagonista llegar a un pueblo y fascinarse por una prostituta a la que no tardará en visitar, con tan mala suerte que resulta ser la favorita del villano… No tardan mucho en prometerse amor eterno, pero la llegada de Madsen romperá el idílico panorama. Allí ocurrirá algo, la chica resulta muerta pero se nos hurta la información, una escena a la que acudiremos insufriblemente una y otra vez para que se nos muestre un poquito más de lo que allí aconteció y nuestro protagonista parece no recordar, se supone que porque fue muy traumático. Es por ello por lo que se "coloca" a todas horas, así conecta con su yo interior y sus demonios. Lo que sucedió no fue otra cosa que el hecho de que fue él el que mató a la chica por error… algo que todos intuimos y conforme avanza la narración intentamos chivárselo al protagonista para evitarnos tanto sufrimiento. Os pasará.


Por todo ello además de tremendamente aburrida es tramposa y artificial. Cuando descubrimos la verdad ni siquiera surge una sonrisa de repulsa irónica porque el enfado que logra provocar la película de Kounen es difícil de superar.

El tema del flashback que va sucediéndose a lo largo de la narración es de auténtico bochorno, una idea que quizá intente imitar intenciones de un Leone, que no creo, pero es realmente surrealista. Un flashback sobre un hecho que se nos omite en algunos aspectos, aunque el espectador sabe en todo momento qué ocurrió, con la intención de darnos una supuesta sorpresa final que el espectador sabe a ciencia cierta desde el minutos 10 de proyección.


Tras esto tendremos una retahíla de planos de nubes que corren vertiginosas, picados de paisajes, cámaras mareantes para insinuar el colocón al que unos indios van a inducir al protagonista, un montaje onírico donde salen planos de la escena anterior, la relación que el protagonista tiene con los indios, más planos oníricos con pájaros, nubes, aunque no compresas… montañas, árboles e indios hablando trascendentalmente mientras vemos águilas volando. Las nubes casi siempre irán deprisa, eso sí. Esto así durante siete eterno minutos. Cuando acaban el chaval pasa a ser Vincent Cassel.



Te dices a ti mismo que en algún momento dejarán de contarnos la película de esa manera y pasar a contarnos algo de verdad, esto parece ser así cuando vemos a Cassel como sheriff, su relación con Ernest Borgnine, con Juliette Lewis, con Colm Meany, veremos también al grupo de malotes en su búsqueda del tesoro etc. un espejismo de unos 15 minutos adornado con alguna que otra escena onírica como las mencionadas.

Como rasgo estilístico Kounen encuadra a sus personajes en un contrapicado bastante pronunciado en muchas ocasiones, con gran angular, también usa el plano secuencia en muchas escenas. Los momentos de acción o supuesto suspense ni están bien rodados ni generan la más mínima tensión.


Pasados los momentos supuestamente narrativos tendremos una escena de más de seis minutos con los encantadores efectos infográficos para que compartamos el colocón del protagonista. Entre escena y escena de persecución tendremos más pesadillas, sueños, águilas volando y nubes pasando aceleradas y cosas por el estilo, que no falte de nada.

La parte final es el súmmum, un no parar de planos etílicos, drogados o intoxicados, "colocados" en suma. Los más optimistas conservarán la esperanza de tener un duelo final digno entre los dos antagonistas, pero lo que tendrán es dos tazas de lo mismo metidas con mala uva y saña.


Nada más y nada menos que cerca de 15 minutos de serpientes, cucarachas, lucecitas, figuritas y demás parafernalia infográfica como duelo psicodélico y lisérgico de los antagonistas, y de paso recordar que fue él, Cassel, el que disparó a la chica… No os engaño, no creo que lo comprobéis, pero así es.


Como sucedió en “2001: Una odisea del espacio” (1968), quizá la mejor forma de ver la película sea colocado, puesto hasta arriba de lo que sea para que esas escenas produzcan el efecto que produjo en su día el viaje interdimensional en el clásico de Kubrick.

Como remate más momentos oníricos y los bajos peludos de Juliette Lewis

Cuando acaba, con tanta ensoñación y colocón, te dan ganas de ir a Decatlón a comprar zapatillas y hacer deporte.

Que conste que he estado tentado de colocar sólo fotos con la infografía de las narices, así, para compartir un poco la experiencia con vosotros y que podáis disfrutar, aunque sólo sea una parte, de lo que es el visionado de esta película, pero el espíritu navideño aún está conmigo… Por eso y porque no he encontrado todas las que quería. Al menos podréis ver la cosita peluda de Juliette Lewis.

De lo más soporífero, lastimoso y lamentable que se puede uno encontrar, aunque no dudo que tendrá algún adepto.



jueves, 9 de agosto de 2012

Crítica: GRUPO SALVAJE (1969) -Última Parte-

SAM PECKINPAH








Una gran cantidad de escenas están vertebradas en tratos y negociaciones, en muchos casos donde pende la vida de un hilo. Dentro del grupo vimos la tensión por cómo estaba estipulado el reparto, se negociará para aceptar el trabajo encomendado por Mapache, también para salvar a Ángel en varias ocasiones, o entre el propio Ángel y Pike para quedarse con una caja de armas… La escena del pago es otra buena muestra de ello.




El plano del reflejo en el agua ensangrentada antes de ver el rostro de Mapache nos anticipa, de alguna forma, la desgracia.

El idealismo de Ángel (Jaime Sánchez, que está espléndido), no evita que mire con avaricia el dinero del pago recibido y que a él no le corresponde, ya que renunció por la caja de armas a su pueblo. Peckinpah está a todo, enriqueciendo a sus personajes con estos sutiles matices.




La ametralladora es otro instrumento de progreso, otro símbolo de ese nuevo mundo que no acepta ya hombres como Pike y los suyos.

Un extraño fallo estratégico, el hecho de que Ángel vaya a hacer la última entrega provoca que éste sea hecho prisionero por Mapache. Esto es excesivamente previsible en una licencia de guión poco cuidada. Dutch se verá obligado a abandonar a su suerte a Ángel, no puede hacer otra cosa sin comprometer su vida. Ángel víctima de otra traición, la de la madre de la chica que mató.

Los barridos son un recurso que Peckinpah usará en ocasiones, aquí muestran la desolación y aturdimiento ante lo que pasa de Ángel.

Enfrentamiento entre Dutch y Pike acerca de la lealtad. Pike siente un respeto y cariño indudable por Thorton, lo justifica por dar su palabra aunque vaya contra ellos, en cambio Dutch no ve en ello justificación.

Pike: ¡Es su palabra!

Dutch: ¡Eso no importa, lo que cuenta es a quién se le da!




La mala conciencia impulsa al grupo a intentar negociar por el rescate de Ángel, otra negociación, pero no lo logran. La crueldad con el joven mejicano es tremenda, lo arrastran por todo el pueblo con el automóvil ante el jolgorio de todos, especialmente de los niños.

Sykes es herido por el grupo de Thorton y parece que detenido por unos mejicanos.

Esta negativa los lleva a un nuevo ritual de purificación, una “antipurificación”, con el sexo y el alcohol como protagonistas, de la misma forma que vimos anteriormente. El grupo, de alguna manera, sabe que no hay vuelta atrás, no pueden renunciar a su decisión. Una vez aceptan la invitación de Mapache saben que se van a sacrificar por un ideal, por una misión imposible, un sacrifico mítico asumido. Se dan un último homenaje antes de asumir un destino al que se entregan ya voluntariamente. Patetismo, exotismo, erotismo…

En estas escenas Peckinpah demuestra que además de regodearse en la violencia es capaz de hacerlo en las miradas, su cine está lleno de silencios y miradas significativas, como ejemplo las miradas de Pike a la prostituta antes de irse. Ante el lloro de un niño, como no podía ser de otra forma.


Los dos hermanos, que hacen todo juntos, tienen una discusión con una prostituta, siempre discuten  por dinero o poder, un retrato magnífico. Uno de ellos juega con un pajarito y el otro (Warren Oates), aceptará el reto que les propone Pike de acompañarles al viaje final. Su aceptación será con un "¿y por qué no?" como el que dijo Pike a la invitación de Mapache poco antes.

El pajarito con el que jugaba Ben Johnson acaba agonizante en clara referencia a lo que va a acontecer. Otro uso de un animal como metáfora, al estilo Buñuel por ejemplo, como la que vimos al inicio con los escorpiones y las hormigas.



Otro juego de miradas magnífico, el de todos ellos aceptando su último viaje, sonrientes incluso, sin necesidad de decirse nada.

Este paseo es otro momento eterno, el paseo hacía su destino. Una presentación de los cuatro amigos, William Holden, Ernest Borgnine, Ben Johnson y Warren Oates, o lo que es lo mismo, Pike, Dutch, Tector y Lyle. Un presentación, primero cogidos desde la espalda como aquel plano discreto y solidario con Pike que Peckinpah le dedicó tras caer por culpa del estribo, y luego con los cuatro caminando hacia cámara, uno al lado del otro, que ha sido imitada hasta la saciedad, por ejemplo por Tarantino. La mitología perdida del western recuperada de otra manera. Cuatro gringos contra cientos de mejicanos para realizar el rescate imposible de Ángel, otro mejicano. Todo ello con redobles de tambor. La referencia a Las Termópilas no es gratuita en esta escena final.





Cabe preguntarse por qué se sacrifican por Ángel cuando han dejado morir, incluso han matado por estar heridos, a muchos compañeros por el camino. ¿Qué les impulsa? La respuesta es ese carácter idealista del chico así como el paso por su pueblo, desde ese momento el Grupo Salvaje no será el mismo.





La pausa tras la muerte de Mapache y el impacto de la de Ángel son otros dos momentos de una lucidez magnífica.

El clímax final no puede hacer más honor a su nombre, cinco minutos de disparos, sangre, cuerpos retorciéndose, violencia extrema, sublimación de la lealtad, el sacrificio y la amistad, espectáculo, barbarie… De todo, con la original forma de rodar la violencia y la acción de Peckinpah, con sus zooms, cámaras lentas, movimientos de cámara nerviosos, un montaje trepidante y desordenado…



Los seres ”despreciables” sacrificándose y definiendo en grado sumo la lealtad, amistad y el honor. El romanticismo, la poesía de lo imposible, tras la brutalidad.








Balas por doquier, muertes a mansalva, cuatro jabatos acabando con centenares de soldados en un atroz canto del cisne. No hacen falta apenas palabras.

Pike, Pike…Pike”.

Morir junto a un amigo.

La muerte de Pike usando la ametralladora no puede ser más simbólica, muerto al lado de ese atroz artefacto, símbolo de la modernidad que los dejó fuera de lugar. Además será sorprendido por detrás por el niño que miraba fascinado a su héroe Mapache, ese niño que mamó violencia y que cierra el círculo de todos esos niños que hemos venido viendo a lo largo del metraje. Una idea soberbia.


Los buitres no tardan en aparecer para darse su banquete, nuevo uso de los animales por parte de Peckinpah para subrayar lo ocurrido, de igual forma que los cazarrecompensas se lo darán con lo que puedan robar a esos cadáveres.

El contraste sublime de esta película que supone la desmitificación de lo anterior, al menos en apariencia, y una nueva y original mitificación se manifiesta con la frase que dice uno de los cazarrecompensas cuando ve el cadáver de Pike: “Ahora no es usted gran cosa, señor Pike”.



La amistad entre Thorton y Pike, ésta mantenida en la distancia, también tendrá un cierre con ese bonito gesto de Thorton cogiendo con respeto el revólver de ese hombre al que admiraba.

Thorton tendrá la satisfacción de oír en off, pero esta vez no por respeto sino para lograr un mayor impacto, los disparos que matarán a los cazarrecompensas que lo acompañaban. Sykes y otros mejicanos del pueblo de Ángel fueron los ejecutores, con ellos Thorton alcanza su redención… Ahora toca seguir haciendo lo de siempre. No hay desgracia que no alivien unas risas con los amigos.



Los maravillosos planos finales son otros de los momentos inolvidables de la cinta. Peckinpah rindiendo homenaje a esos personajes que no sabían hacer otra cosa que robar y matar, es lo que han hecho siempre, lo único que aprendieron, pero que fueron capaces de dejar su vida de una forma sublime, mítica, donde la amistad y la lealtad serán su mensaje eterno. Planos que nos los recuerdan sonrientes y alegres, y si es al son de “La golondrina” mejor.

Muy violenta y demás pero este final no puede ser más bello.


Es difícil alabar a uno en concreto del reparto para no despreciar a los demás. Inmensos todos, Holden, Borgnine, el magnífico Emilio Fernández como Mapache, Ryan, Oates, Johnson, O’Brien, Jaime Sánchez… Majestuoso trabajo de los actores, desde los protagonistas a los que hacen tan solo una pequeña intervención.

He escrito la palabra mítico varias veces con intención para subrayar esa idea de nueva mitología que se crea, y casi se acaba, con Peckinpah en este western. Los héroes ya no son lo que eran, los tiempos han cambiado… pero sigue habiendo sitio para la lírica.

Una obra maestra pesimista, con lealtades traicionadas y mantenidas, sobre la amistad, el orgullo y el honor… sobre tantas cosas… Una obra maestra que recoge cosas de Ford, de Ray, de Hawks, de Leone... con una violencia que vista ahora, evidentemente, no es para tanto, pero que en su día es lógico que impactase, donde los manchurrones y salpicones de sangre perturbarían al espectador poco acostumbrado a esos realismos, donde las cámaras lentas que también llamaron tanto a la atención, así como los zooms, ahora tampoco nos parecen tantos ni tan significativos, una cámara lenta de segura influencia en Kurosawa que la usó en “Los siete samuráis” (1954), otro cineasta que influyó en la generación de Peckinpah profundamente. Una obra maestra que perdura y a buen seguro perdurará en la memoria de todo buen cinéfilo.

Imprescindible para cualquier seguidor del western y para el que quiera conocer y entender la evolución del género.

Uno de los grandes western de la historia. Una de las grandes películas de la historia.


Dedicada a Kufisto y Rústico como apoteosis final.