El musical y el Oscar.
Nueve han sido los musicales que han logrado el Oscar a la
mejor película. “La Melodía de
Broadway” (Harry Baumont, 1929), “El gran Ziegfeld” (Robert Z. Leonard, 1936),
“Un americano en París” (Vincente Minnelli, 1951), “Gigi” (Vincente Minnelli, 1958),
“West side story” (Robert Wise, Jerome Robbins, 1961), “My fair lady” (George
Cukor, 1964), “Sonrisas y lágrimas” (Robert Wise, 1965), “Oliver” (Carol Reed, 1968)
y “Chicago” (Rob Marshall, 2002).
Un género típicamente americano, el mayor exponente de la
magia, del artificio, de la mezcolanza artística, que entusiasma o aborrece,
que tuvo en los 50 su época de apogeo, pero que aunque no se hagan muchos,
siempre aparecen de vez en cuando y suelen tener bastante aceptación y
éxito. Son muchos los musicales que aunque no ganaran la estatuilla son
clásicos imprescindibles, títulos de culto o éxitos comerciales absolutos, a
los que “La la land” viene a unirse. Obviaré los clásicos y los títulos que referenciaré
posteriormente en relación a la película.
“Fantasia” (James Algar, Samuel Armstrong, Ford Beebe Jr.,
Norman Ferguson…, 1940), “Cita en San Luis” (Vincente Minnelli, 1944), “Las
zapatillas rojas” (Michael Powell, Emeric
Pressburger, 1948), ”Música y lágrimas” (Anthony Mann, 1953), “Los
caballeros las prefieren rubias” (Howard Hawks, 1953), “Brigadoon” (Vincente
Minnelli, 1954), “Siete novias para siete hermanos” (Stanley Donen, 1954), “French cancan” (Jean Renoir, 1955), “Ellos y ellas” (Joseph L. Mankiewicz, 1955), “El
rey y yo” (Walter Lang, 1956), “My fair lady” (George Cukor, 1964), “Mary
Poppins” (Robert Stevenson, 1964), “Funny girl” (William Wyler, 1968), “La
leyenda de la ciudad sin nombre” (Joshua Logan, 1969), “Hello, Dolly!” (Gene Kelly,
1969), “El violinista en el tejado” (Norman Jewison, 1971), “Cabaret” (Bob
Fosse, 1972), “Victor o Victoria” (Blake Edwards, 1972), “El fantasma del paraíso” (Brian De Palma,
1974), “The Rocky horror picture show” (Jim Sharman, 1975), “New York, New York”
(Martin Scorsese, 1977), “All that Jazz” (Bob Fosse, 1979), “Hair” (Milos
Forman, 1979), “Granujas a todo ritmo” (John Landis, 1980), “El sentido de la
vida” (Terry Jones, Terry Gilliam, 1983), “Cotton club” (Francis Ford Coppola,
1984), “Los Commitments” (Alan Parker, 1991), “On connaît la chanson” (Alan
Resnais, 1997), la oscura y a la vez ligera “Bailar en la oscuridad” (Lars von
Trier, 2000), “Sweeney Todd” (Tim Burton, 2007), “Los miserables” (Tom Hooper,
2012)… y ya, aunque hay muchísimos más…
Aquí, el gran cinéfilo que es Damien Chazelle, nos delita
con un sinfín de homenajes, no solo a los musicales, sino también a muchas
películas del cine clásico. Centrándonos en las referencias al musical que
contiene la película citaremos algunas reconocidas como “Cantando bajo la
lluvia”, referenciada en multitud de ocasiones y de muchas formas distintas,
desde ese gesto de Gosling abrazando la farola en el Parque Griffith a
elementos de puesta en escena, como ese final contando una historia en decorados, planos
calcados, el recurso de los neones antes de la fiesta a la que acude Mia, las
audiciones… Referencia reconocida por el director, debido a su pasión por ella.
Lo mismo ocurre con “Los paraguas de Cherburgo” (1964), una
de las películas de cabecera del director, que también es muy referenciada, por
ejemplo en esos colores puros e intensos, esos fondos coloridos, ese tono
amargo… Y su director en general, Jacques Demy, por ejemplo en la escena del
atasco inicial, tributaria de “Las señoritas de Rochefort” (1967)...
“En alas de la danza” (George Stevens, 1936) y el número de
“A fine romance”, “Sombrero de copa” (Mark Sandrich, 1935), “Ritmo loco” (Mark
Sandrich, 1937) y esos pasos de baile sentados, “Melodías de Broadway”
(Vincente Minnelli, 1953) en varias de las coreografías o pasos que vemos (A
lovely night versus Dancing in the dark). En ese baile en el Parque Griffith
hay varios homenajes…
“Un americano en Paris” (Vincente Minnelli, 1951) y “Un día
en Nueva York” (Stanley Donen, Gene Kelly, 1949), que en la orilla del Sena
tienen su homenaje, El cine de Busby Berkeley o "Vampiresas" (Mervyn LeRoy, 1933) en esas siluetas, por ejemplo; “Una cara con ángel” (Stanley
Donen, 1957), también homenajeada al final con Mia haciendo de Audrey y
recibiendo globos frente a un decorado del Arco del Triunfo parisino.
“Todos dicen I love you” (Woody Allen, 1996) y la orilla del Sena, “Lillies of the field” (John Francis Dillon, 1927), “El mago de Oz” (Victor Fleming, 1939). Muchos de los decorados están inspirados en la época clásica, así como muchos de los vestidos, por ejemplo el que se pone Mia en su primera cita con Sebastian, que va en la línea de Judy Garland en “Ha nacido una estrella” (George Cukor, 1954). “Moulin Rouge” (Baz Luhrmann ,2001) y “La nueva melodía de Broadway” (Norman Taurog, 1949) con esos bailes de fondo estrellado… “Grease” (Randal Kleiser, 1978) con esas amigas intentando que Mia vaya de fiesta, al igual que en “West side story” (Robert Wise, Jerome Robbins, 1961). “Noches en la ciudad” (Bob Fosse, 1969) con las amigas por la calle...
Creación cinéfila.
Chazelle es un gran cinéfilo, ya lo mostró en “Whiplash” (2014),
donde había guiños constantes al cine (ese padre y ese hijo que no perdonan su
cita para ir a ver una buena película), y aquí se despendola del todo, no sólo
en referencias al musical, sino a muchas otras estrellas y títulos.
Ingrid Bergman parece el gran ídolo de Mia, por eso un
enorme póster suyo decorará su habitación y le hará especial ilusión trabajar
enfrente del balcón donde ella y Bogart miran París en “Casablanca” (Michael
Curtiz, 1942)…
“Shakespeare in love” (John Madden, 1998) es mencionada en el coche de Sebastian al inicio, en referencia, según parece indicar todo, a Sandy Powell, oscarizada diseñadora de vestuario. “Satanás” (Edgar G. Ulmer, 1934) en un poster. “Forajidos” (Robert Siodmak, 1946), “El mejor caballero” (Roland West, 1927) en un poster. “Encadenados” (Alfred Hitchcock, 1946), “La fiera de mi niña” (Howard Hawks, 1938), “Casablanca” (Michael Curtiz, 1942), “Radio patrol” (Edward L. Cahn, 1932), “Adiós a las armas” (Frank Borzage, 1932), “Boogie nights” (Paul Thomas Anderson, 1997), y la panorámica vertiginosa en la piscina, "Dirty dancing" (Emile Ardolino, 1987) y ciertos vestuarios… El magistral corto “El globo rojo” (Albert Lamorisse, 1956), también homenajeado a la orilla del Sena.
Además está rodada en el mismo estudio que “Cantando bajo la
lluvia” (Stanley Donen, Gene Kelly, 1952) y “El mago de Oz” (Victor Fleming,
1939). Fondos con fotos o figuras pintadas de Marilyn Monroe, James Dean,
Charles Chaplin, James Cagney, Humphrey Bogart… Series como “Mentes peligrosas”
y “O. C.”.
Y referencias musicales. Hoagy Carmichael, Miles Davis, Charlie Parker, Louis Armstrong, Kenny
G., Count Basie, Chick Webb, Kenny Clarke, Thelonious Monk...
Catorce nominaciones ha conseguido “La la land”, récord
histórico empatado con “Titanic” (James Cameron, 1996) y “Eva al desnudo” (J. L Mankiewicz, 1954), por
lo que obligadamente le van a salir odiadores por todos lados. Un clásico: películas muy bien recibidas que cuando gustan a la mayoría pasan a ser
despreciadas por determinados snobs (generalizando, claro). Pero lo cierto es
que no sobra ni una sola de esas nominaciones, y, aunque resulte vergonzoso por
evidente, debo explicar a los protestones y fans de las comparativas, que “La
la land” no compite contra las películas de otros años, ni contra los
musicales históricos, de hecho, en su planteamiento deja claro que ni lo
pretende, mirando a aquellos con veneración, compite con las películas
estrenadas en 2016.
Y esa mezcla de ligereza, como buen musical clásico, de
frivolidad, de energía desbocada, de locura, alegría y entusiasmo, con
la amargura, la nostalgia, la pérdida, la melancolía, el adiós, también del musical clásico, el denominado "serio", es un completo
triunfo, que en los que han logrado traspasar la fina capa de superficialidad
de su sencilla historia, dejándose embriagar por las sensaciones y emociones,
verán como fermenta a paso lento en su interior. A los que se queden atrapados
en esa fina capa sólo les quedará el pataleo…
Bonita, romántica, enérgica, alegre, nostálgica, profunda,
amarga, encantadora, ligera, melancólica, lujosa, exuberante, inferior a “Whiplash”
y a la mayoría de los grandes clásicos (como musical), pero especial y particular, espléndida
en sí misma. Así que dejen chorradas a parte, olviden prejuicios, comentarios y
nominaciones, quítense la cera de los oídos y zambúllanse en una orgía visual y
auditiva. Merece la pena.







































































































