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martes, 26 de diciembre de 2017

STAR WARS VIII: LOS ÚLTIMOS JEDI (2017) (Preanálisis)

RIAN JOHNSON









Contiene Spoilers




Steven Spielberg fue el único que parecía tener claro que “Star Wars” sería un éxito. Todos los demás pensaban que era una cosa extrañísima, una especie de engendro horroroso, un desastre torpe y manifiesto… Se lo dijeron hasta los amigos… Pero para Spielberg esto no era así. Para él, la ingenuidad, la inocencia, la pureza de la propuesta, que entroncaba con la forma de ser de Lucas, estaba destinada a conectar con el público irremediablemente, a convertirse en un éxito sin parangón. Acertó, como casi siempre.

Así era. Lo que propuso Lucas no se había visto, ni siquiera atisbado, jamás. Eso debería ser bastante. Pero por si fuera poco creaba una mitología llena de referencias e influencias culturales que se expandía vigorosamente y sin complejos en su pureza ante los sorprendidos ojos de los espectadores. Los colmó de imaginación, hizo tangible lo que sólo parecía tener cabida en los sueños (literalmente en mi caso, pero eso es otro tema), y lo hizo desde la más absoluta inocencia ante un público que aún no se regodeaba en el cinismo, que estaba dispuesto a dejarse llevar.

Esto ya no es así. “Los Últimos Jedi” está destinada a ser incomprendida, la gran oculta, el film “de culto” de la saga, porque da respuesta a todo esto con una lucidez casi descarnada. Esto despierta aún más mi afinidad hacia esta nueva entrega. Es la respuesta a la ingenuidad que se fue, al cambio de los tiempos, al mundo adulto, es la consciencia plena del contexto en el que se realizó la trilogía original y en el que se gesta esta. Y las diferencias, sobre todo en lo social, no son baladíes. Los blancos y los negros desaparecen, la reflexión queda centrada en los grises, como en ese público más cínico y resabiado.

El mismo inicio, esa mítica introducción (“Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…"), remite a un pasado o tiempo indeterminado, muy lejano, como la galaxia a la que se hace referencia, donde la pureza era plenamente visible, los negros y los blancos y cómo conectar con ellos. Ahora, aquella lejanía quizá no sea tanta, el espectador está mucho más maleado y, por consiguiente, también los episodios de la saga irán cogiendo otro cariz.





Esta idea fue de las que más me gustaron de “Rogue one” (Gareth Edwards, 2016), sobre todo cuando crecí con muchos fans del “Imperio”, a pesar de que la presentación de ambos mundos, la luz y el lado oscuro, eran radicales, maniqueos incluso. “Rogue one” pretendía sembrar de grises las cosas, matizarlas, con un grupo rebelde que no tiene nada de idílico, alejado de esa bondad casi santificada; y un lado oscuro con miembros más ambiguos en estas nuevas entregas de la saga, con Kylo Ren al frente.

Soy consciente de que pase lo que pase y se haga lo que se haga, habrá críticas en honor al citado cinismo, que elogia al “Imperio contraataca” (Irvin Kershner, 1980) a pesar de repetir la historia de la Estrella de la Muerte, pero mata a “El despertar de la fuerza” (J. J. Abrams, 2015) por la misma razón. Tocar los mitos siempre tiene su castigo.

Estamos ante la película más compleja de toda la saga, además de ser tremendamente inteligente y ambiciosa… lo que no significa que sea perfecta ni la mejor. El episodio donde los blancos y los negros desaparecen, convirtiendo esta fase en la “saga gris”, la que mata a Rousseau.

Los grises, los grises. Los grises, pero no como un lugar de tránsito hacia el obligado destino del blanco o el negro, sino como el lugar del ser y el estar. Y Johnson estructura toda la película, casi cada secuencia, con esa idea del equilibrio, de la mezcla del negro y el blanco, donde son esos colores los que parecen abocados a caer en el gris, y no al revés.

La puesta en escena, los aspectos conceptuales y temáticos, todo gira en torno a la idea de equilibrio, de grises, de matizar los extremos, de ver aspectos necesarios en lo oscuro para entender la luz, de ver matices en el abstracto anhelo de los bondadosos…

Los antiguos villanos, tras pasar por los grises, cayeron en la luz, único destino posible (otros donde se buscaba desarrollar la luz cayeron en el lado oscuro), pero ahora desde ambos lados van mezclándose, aprendiendo unos de otros, entendiendo que para que el bien exista es necesario el mal, que algunos valores no son negativos o positivos per se, sino que serán de una u otra manera dependiendo de la intencionalidad, que la misma intencionalidad positiva puede llevar al desastre… Es lo que explica Yoda a Luke. Es necesario explicar la luz, pero también lo que no lo es.

Enséñale lo que aprendiste: fuerza, dominio… pero también la debilidad, la tontería, el fracaso… Sí, sobre todo el fracaso. El maestro más grande el fracaso es”.




Observen cómo juegan con los personajes, donde todos giran o se equivocan, donde los aparentes villanos se tornan en bondadosos, donde lo que parecen errores en realidad son grandes planes (Laura Dern), donde las decisiones de los personajes más positivos están equivocadas (Poe), así como sus juicios, donde nada es lo que parece, donde no podemos dar nada por sentado y todo gira de improviso.

Cuando vemos a Poe (Oscar Isaac) rebelarse ante Holdo (Laura Dern), tomamos partido por el primero enseguida. Johnson juega con el conocimiento y el pasado del espectador. Confiamos en Poe porque sabemos que no es un traidor, en cambio Holdo puede serlo tranquilamente, nos lo han demostrado en infinidad de películas y en la misma saga. Si no es una traidora será una incompetente, nuestros héroes lo solucionarán… Pero nada de esto es así. Ni hay traición ni incompetencia, de hecho, será el plan de Finn (John Boyega), Poe y Tico (Kelly Marie Tran) el que se demostrará incompetente y traerá la traición a la Rebelión. El prejuicio derruido, la bondad y la competencia sabida llevando al fracaso y casi la desgracia, la supuesta traidora e incompetente siguiendo un brillante plan, sacrificándose incluso por todo… Holdo no tenía ni debía contar su plan a Poe, como he leído en algunos sitios que debía hacer, siempre que las jerarquías se tomen en serio. Poe no tenía por qué hacer lo que hizo, aunque todos lo apoyáramos en su momento.

Poe tuvo un conflicto anterior con Leia (Carrie Fisher) acerca de su desobediencia e impetuosidad, en la primera secuencia del film, donde consigue un éxito pero favorece un contexto problemático.

El personaje de Benicio del Toro viene a ser una condensación de toda esa idea. Un tipo que de inicio es sospechoso, el típico buscavidas sin principios que busca su beneficio, y al que nuestros héroes utilizarán también cuando lo necesiten. Luego parecerá que traiciona, luego que en el fondo es bueno, para terminar demostrando que no es ni una cosa ni otra, sino exactamente lo que parecía ser, un buscavidas que va con el que le proporciona un mayor beneficio. De nuevo los grises.

Una escena capital en este sentido, que riza el rizo, la tenemos con la historia que vincula a Luke y Kylo Ren. Se nos contará la historia tres veces. En primer lugar lo hará Luke, ciñéndose a lo que suponemos, una maldad intrínseca de Kylo que se volvió contra él, que entraría en consonancia con lo que se va viendo de ese personaje de alguna forma (prejuicio). La segunda versión corre a cargo de Kylo, y da la vuelta a la situación, colocando como villano al que creíamos bueno y explicando la situación del que pensábamos malo, en consonancia con cierto rumor e idea que podría tener el espectador sobre el cambio de Luke (prejuicio). Del blanco al negro…

Y queda la tercera, que vuelve a correr a cargo de Luke. Aquí nuestro mítico héroe reconoce una debilidad, fugaz, efímera, pero que no justificaría la reacción de Kylo bajo ningún concepto, que por temor, vergüenza o debilidad, una vez es descubierto su interior, reacciona de manera excesiva y tremebunda agarrándose a un matiz. Desde luego Kylo no habría hecho lo que hizo, al menos en ese momento, sin esa debilidad que tuvo Luke, pero esa debilidad tampoco le obligaba a ello. Es decir… Los grises.

Se matiza al blanco y al negro, al héroe y al villano, podemos entender y criticar las actitudes de ambos.





Hay mucho más. Rey (Daisy Ridley) y Kylo charlarán a distancia (incluso se verán), algo que ya vimos hacer con otros personajes de la saga, pero ambos se dirigen hacia ese gris, un punto neutral que debe mantenerse. Aunque parezca un calco a “El retorno del Jedi” (Richard Marquand, 1983), no lo es en realidad. Kylo usa a Rey para terminar con Snoke, pero también para que comparta con él su visión. Y es que Kylo es el extremismo gris. Manteniéndose en el centro, quiere terminar con todo, el lado oscuro y la luz, y entiende que Rey, como integrante de ese equipo gris, proveniente de una familia “vulgar”, con unos poderes que se supone no debería tener, que no vendrían heredados, está en esa misma línea, sobre todo porque parece comprenderle… Kylo intenta llevarse a su extremismo a Rey, y Rey no quiere… porque incluso en los grises hay extremos. Esto lo escenifica Johnson también desde la puesta en escena, con ese plano del sable láser flotando entre esas dos fuerzas, la de la destrucción y la de la concordia. Y eso que pretende Kylo tiene puntos en común con lo que pretende Luke: cada uno desde su lado pretende eliminar esos poderes, los Jedi, los Sith… Rey viene a armonizar, a corregir, los modos radicales. El limbo gris.

Como desde la puesta en escena se mantiene ese contraste, esa distancia entre Kylo y Rey que desaparece hasta que los vemos en el mismo plano, esas manos que casi se tocan, ese sentir físico de lo que ocurre en el otro lado (agua, un disparo…)… La mezcla. Siempre dos partes divididas, dos partes de un todo, como el colgante que tiene Tico y que tenía su hermana. Dos partes que tienden a mezclarse.

Pero no sólo queda ahí, lo vemos en todo. Finn será un valiente y un sospechoso de cobardía que pretende huir. Kylo quiere acabar con todo, pero cuando intuye a su madre no puede disparar. Luke pretende terminar con los Jedi pero terminará agrandando su leyenda…

Y es que Johnson es consciente de las latentes contradicciones de las originales, donde la impetuosidad, incluso la temeridad, es bien vista según qué momentos o según qué personajes (se consideran defectos en Luke siendo mucho más moderadas, por aquello de ser una especie de monje, como cuando interrumpe su entrenamiento con Yoda para salvar a sus amigos, mientras que a Han Solo, por eso de no ser Jedi, se le mira con simpatía; se considera que determinados aspectos de Luke no aparecían en Obi-Wan cuando tiene muchos paralelismos con éste, incluso en lo que podríamos llamar “defectos”).

La democratización de todo, que se supone busca la sociedad actual, alejándose de elitismos injustificados… para bien o para mal.

Rian Johnson dialoga con la trilogía original, prescindiendo de casi todo lo demás, en un juego de espejos con aquella, una auto reflexión y un encubierto subtexto metalingüístico. Reafirma categóricamente esa ruptura o superación del pasado, la necesidad del respeto a la idea primigenia, como origen de todo, pero la asunción de que esto debe ser otra cosa indispensablemente. Una idea que se representa con guiños metalingüísticos incluso, no sólo desde los aspectos más evidentes de la trama (muerte de mitos), sino con escenas conceptuales como la que nos dedica Johnson con la aparición de Yoda, cuestionando el apego absurdo al pasado, un pasado que genere inmovilismo y falta de evolución. Y eso da pereza, da miedo, sobre todo al fan que vivió el mito en la infancia o adolescencia y ahora quiere sentir lo mismo a los 40 o los 50 con los nuevos episodios, algo completa y necesariamente imposible.





Cuando Snoke ridiculiza el uso la máscara a Kylo estamos asistiendo al cambio de modelo, una máscara que muchos querían mantener (¡lo que tuvo que aguantar Adam Driver al quitársela! Un buen actor que ha trabajado con Spielberg, los Coen, Scorsese, Soderbergh, Jarmusch, Gilliam…), plasmando la muerte de aquella ingenuidad, el icono, por algo más complejo, más adulto. Curiosamente, actor y director han logrado su propósito, casi nadie se acuerda ya de la máscara y están comprendiendo a Kylo Ren como uno de los personajes más interesantes de esta nueva trilogía.

Además Johnson redefine la figura del héroe, manteniendo su esencia. Ya no procede de un elitismo, de una genética, de un don divino, sino de la elección individual. El respeto es el mismo, pero se amalgaman todas las figuras hasta fundirse y confundirse, el antiguo Han y el antiguo Luke en un Poe una Rey o un Finn. Donde todos buscaban paralelismos y a la nueva versión de su héroe o personaje predilecto, tenemos una amalgama en todos ellos completamente mezclados. Donde las virtudes y los defectos están combinados, porque es la oda al gris. Donde apenas hay maestros o están condenados a morir.





La misión que emprende Rian Johnson y Disney es compleja, porque no va (ni puede ir) destinada solamente a su público potencial, el infantil y adolescente, sino también a aquellos que fueron niños y adolescentes hace 40 años y que siguen atrapados en “La Fuerza”. Pero, ¿cómo manejar a estos? ¿Dándoles más de lo mismo, como se criticó a la primera entrega de la nueva trilogía (El despertar de la Fuerza)? ¿Entregándoles algo que les hizo disfrutar cuando eran adolescentes? ¿Dando un tono más acorde a su edad sin perder el vínculo con aquello que fue? ¿Cómo se hace eso? Si cedes al público cuarentón, te arriesgas a perder al más joven, que está en una onda completamente distinta que la que había hace 40 años, ¿es eso conveniente? ¿Los adolescentes de hoy valoran lo mismo que los de hace 40 años, verían Star Wars como algo nunca visto o tras el universo Marvel y el auge de la era digital hay que engancharlos de otra forma, ofreciendo algo distinto?

Valorar o querer sentir lo mismo que te transmite una película con 12 años a los 40 es absurdo. ¿Cómo vas a sentir lo mismo? ¡Y si sientes lo mismo no será por las mismas cosas! Preguntad a los chavales qué les parece, no os lo preguntéis a vosotros mismos.

Johnson ha apostado por un cambio radical, que será tremendamente criticado como lo fue la anterior, que básicamente repetía ideas de la trilogía original, puede que aún más, ya que los cambios son peor recibidos casi siempre, pero su valentía resulta satisfactoria porque hace evolucionar a un mito hacia algo que se venía atisbando largo tiempo, que da cosas a las nuevas generaciones para que la llama de la Fuerza siga con la misma energía.

Son absurdas las críticas a la evolución de Luke, así como llegar a pensar que se convierte en un ser perfecto sin debilidades. Ni Yoda ni Obi-Wan coincidían en todo. Luke sigue el mismo camino, cada uno con sus motivos (no tan diferentes en sus alumnos díscolos), que su maestro Obi-Wan, al que conocimos también como un ermitaño apartado del mundo. Son absurdas las críticas a Leia ejerciendo la Fuerza, algo que muchos pedían, que se intuía, de hecho era algo casi necesario en alguien que no ha practicado esas virtudes, y me parece absolutamente lógico que la manifestación de su poder llegue en un momento extremo, no para levantar unas piedras… Me parecen absurdas y poco concluyentes la mayoría de críticas leídas, basadas más en la propia obsesión y amor hacia el mito que los impulsa a “su” idea personal, que nunca será saciada o complacida, para los que no tocar la saga hubiera sido lo mejor. Y quizá tengan razón, pero el hecho es que todos hemos aceptado los nuevos capítulos, así que hay que limpiar la mente.

Aunque se han procurado dar ciertas explicaciones a defectos e incongruencias de la anterior, son poco concluyentes, y además se sigue sin dar respuesta al contexto genérico de la situación de la galaxia, el por qué se está en esta situación, qué ocurrió tras derrumbar al Imperio…

No se preocupen los odiadores, aunque la mayor parte de la crítica ha elogiado la película, muchos fans están disgustados con la vertiente oscura que se le ha dado a Luke Skywalker, aspecto que el propio Mark Hamill comparte y con el que estaba (y está), poco conforme. Claro, es lo que tiene cumplir años, lo que vemos de una forma a los 15 suele haber cambiado a los 50, lo que ves de una forma como alumna da una vuelta completa cuando toda ser maestro, lo que parece cuando eres hijo no es cuando eres padre…

Y claro que hay defectos. El más evidente es que toda la trama que tiene que ver con Benicio del Toro, el descenso a Canto Bright, no aporta absolutamente nada (más allá de los citados subrayados), pudiendo prescindirse de ella de pleno sin que la historia se resintiera, y además tiene ciertas insinuaciones políticas, ideológicas, que sobran completamente en la saga. Además Disney va a hacer su agosto con la cantidad de bichejos entrañables y “¡tan ricos!” que ha incluido en la película, y que son legión, sin mucho sentido (esos pingüinos gritones, los animalicos de cristal, los que usan de caballos de carreras… Porgs, Vulptex, Faithiers, para los que quieran los nombres oficiales). Todos tienen caras achuchables y son tan encantadores como intrascendentes.

Por lo demás, me deja perplejo el tipo de “errores” o “defectos” que buscan a la película para denigrarla o tirarla, la mayoría insertados de lleno en el mero gusto personal.


En definitiva, la película más compleja y arriesgada del toda la saga, que con el tiempo, si todo va bien, debería ser reivindicada.