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martes, 29 de mayo de 2012

¿Y SI...?







Los famosos ‘What if?’ de los que gustan los anglosajones suelen dar lugar a reflexiones, normalmente en tono hilarante, acerca de las probables divergencias de los hechos posteriores con respecto a los hechos mismos tal cual se conocen si hubiesen cambiado mínimas circunstancias en momentos concretos, aparentemente nada cruciales. De ahí pueden llegar a derivarse obras maestras dentro de la ficción en el ámbito de las ucronías.

En este caso, realmente el “¿y si?” que da título a la reflexión es de origen más tradicional al estilo español. Es más bien un “¿no será que…?”. Sea como fuere, el lector puede tomarlo por el vericueto que quiera, ya que ambas lecturas pueden ser válidas y, realmente, no estoy siquiera yo muy seguro de que es lo que quiero expresar.

La reflexión que me propongo hacer en estas pocas (espero) líneas, tiene que ver con la tan manida y cacareada presunta precocidad en la madurez de los más jóvenes que se refleja, supuestamente, en una visión más lúcida y clara de la realidad por parte de la mayoría de la sociedad. Una sociedad más madura en contraposición con las pretéritas. Lo que yo sostengo es que ésas no son más que falacias interesadas que intentan ocultar justo un hecho casi opuesto, que es la dominación de la sociedad civil mediante la sumisión de ésta a la mera condición de modernos urbanitas de la época romana, mantenidos por el Estado en una especie de letargo de subsistencia donde se cambia el pan y circo por ayudas estatales y ocio multimedia.

Lo cierto es que, tristemente, no sé si los causantes de esta degradación de las sociedades occidentales son plenamente conscientes de lo que están haciendo. Y los causantes no son pocos. Como paradigma de la propaganda y vehículo de control de masas que es yo me voy a centrar en el cine, la TV y la supuesta madurez en los argumentos y desarrollos de sus contenidos.

-Conste antes de nada que las críticas que lanzo a continuación se dirigen hacia la élite intelectual de la sociedad, sobre todo ciertos sectores de la crítica, y a la sociedad como masa en general, no hacia los creadores de contenidos: ellos tengo la impresión que, como todo buen negociante, detectan una necesidad y la satisfacen con los medios legítimos para ello. Mi crítica se dirige hacia “la necesidad” en sí misma y los que la han creado, ya que dudo de que las respuestas al “¿por qué? ¿Y para qué?” fuesen mínimamente edificantes.-



Parece ser que ahora el cine y la TV son mucho más “maduros”, “adultos” y todos los adjetivos que queramos ponerle, que ofrecen una imagen de “seriedad” y “profunda reflexión” en contraposición a la ligereza, mojigatería y ñoñez de épocas pretéritas. Pues yo niego la mayor. Ahora lo que tenemos es una suerte de “cuotas” que deben satisfacerse en gran medida en una inmensa mayoría de los productos que cosechan éxitos de crítica y público. La cuota de violencia, de sordidez, de sexo y de truculencia, mayoritariamente. Ejemplos de estos tenemos a puñados con Roma, Spartacvs y Juego de CoñosTronos como alumnos aventajados entre las series que yo conozco. Pero en el cine tampoco nos quedamos atrás, ya que hasta en una película como la trilogía de Peter Jackson de El Señor de los Anillos hay que darle rienda suelta al gore con desmembramientos, decapitaciones y demás actividades lúdico-recreativas en primer plano. Curiosamente, no sirven para contar mejor la historia. “Pero da verosimilitud y realismo”. Ya, pero si alguien ve que se produce una batalla con armas propias del Medievo ya es capaz de hacerse cargo de qué tipo de muertes se van a producir durante la misma, sin necesidad de mostrarlo y recrearse en ello, como ocurre. No porque no veamos a los personajes cagar pensamos que no lo hacen, y no nos zampamos escena tras escena de ellos sentados en el trono que no hagan avanzar la trama.


Por el contrario, la ausencia de estos mismos contenidos citados antes, cuando ocurre, es visto como una “muestra de la corrección política, hipocresía moral y ñoñería” propia de las producciones estadounidenses. Es decir, que “El Club Social Cheyenne” es una mojigatería porque las prostitutas no salen follando, “La Ventana Indiscreta” una ridiculez porque nunca se ve el cuerpo desmembrado de la esposa, y Hitchcock una nenaza por rodar “Psicosis” en blanco y negro cuando podía haberlo hecho en color para que se viera bien la sangre y la casquería que debería adornar la famosa escena de la ducha.

Curiosamente, los 3 clásicos que he citado en el párrafo anterior son películas con una temática, argumento y desarrollo que no son, para nada, ñoñas, infantiles o nada que se le parezca. Tratan de la herencia de un negocio de trata de blancas, un caso de violencia de género (¡toma!) que degenera en asesinato a sangre fría y los horrendos crímenes que un perturbado comete. Y sin embargo, no hay necesidad de contar las historias respectivas sin acudir a la explicitación de ciertos hechos.

Dicha aparente necesidad de explicitación de ciertos actos, siempre sin incidencia en el desarrollo de la trama, claro está, es una suerte de salvoconducto para valorar con mayor profundidad la película. “Descarnada crítica”, “valiente alegato” y similares adjetivos adornan estas películas cuyo elemento diferenciador con películas pretéritas suele ser la explicitación del sexo y/o la violencia o conductas poco ortodoxas

Corriendo paralelo a ello, encontramos también el otro gran fantasma del entretenimiento de procedencia estadounidense clásico. El maniqueísmo.

Parece que ahora los relatos no pueden presentar a buenos y malos. Todo debe ser gris, debe resaltarse la complejidad y profundidad del ser humano al contar las historias. Y no me parece mal. Lo que ocurre es que, al mismo tiempo, la sociedad que consume estas “adultas y maduras” producciones, aderezadas muchas veces con grandes dosis de las anteriores cosas comentadas, se infantiliza a marchas forzadas, obviando en la vida real y el cotidiano día a día cualquier posibilidad de que la realidad resulte ser más compleja de lo que los mass media nos quieran presentar. Y la enumeración de ejemplos puede resultar inacabable:
·          “El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush
·         La crisis es culpa de los bancos
·         La crisis es culpa de la avaricia
·         La crisis es culpa del capitalismo
·         La culpa es del liberalismo
·         La culpa es del neoliberalismo
·         La culpa es de las centrales nucleares
·         El 11-M es culpa de Aznar
·         Existe un cambio climático catastrófico y además es culpa del hombre
·         Guardiola bueno y Mourinho malo
·         El Estado del Bienestar no puede tocarse
·         Los israelíes asesinan palestinos indefensos
·        

Y así podríamos seguir casi indefinidamente. Y estas reflexiones simplistas e infantiles se extienden a las vidas privadas de las personas: tengo que poder irme de vacaciones, tener un casoplón con jacuzzi e hidromasaje (ático a poder ser), tener un carraco, seguridad social full-equip, autovías sin pagar peaje, y una pensión de la recontraputa sin tenerme que preocupar ni mirar por el dinero, que además quiero todos los días ir al bar a tomarme mis cafés, cañas, pinchos y copazos, para el finde irme a la casa de la playa y comer y cenar en restaurantes cuando me apetezca. Y eso sin haberme sacado el graduado escolar oiga, y trabajando como mucho 6 horas al día. Y porque yo lo valgo. Y si algo me molesta, como un embarazo cuando no me apetece, tengo que poder deshacerme de ello fácil, cómoda, limpia y rápidamente. Y gratis, claro. Y así nos luce el pelo.

No existe, a mi juicio, una cultura del esfuerzo, de la mesura, de la contención, del ahorro… Nadie atiende a que cuando nuestros padres y abuelos eran (y siguen siendo) frugales, no es porque sean unos miserables. Al contrario: intentan guardar en lo superfluo para poder soltar sin reparar en gastos cuando se trate de cosas necesarias. Nadie se para a pensar que las cosas que se ven en la tele o el cine no son verdad. No hablemos de leer. Creo que la frase que más uso ha ganado últimamente debe ser la de “para que leer si ya harán la película/serie”. Obviamente esto no se aplica a toda la sociedad, pero si a la mayoría de ésta, el smallfolk que, a mi juicio acertadamente, introduce GRRM en ASoIaF. Smallfolk del que yo formo parte y con quien yo me relaciono.

A modo de resumen y conclusión, lo que quería poner de relieve es que, mientras que la sociedad y la crítica y público demanda obras de ficción de cada vez mayor complejidad moral, realismo y crudeza visual, paralelamente las personas tienden a intentar reducir su cuota de responsabilidad en lo que les rodea, acudiendo si es necesario a construcciones mentales simplistas y, a mi juicio, burdamente infantiles. Además, como convidado de piedra junto a lo anterior, el comportamiento de las personas dista mucho de irse haciendo mejor. Más bien al contrario, como los índices de criminalidad, violencia, etcétera, parecen indicar.

Que estos hechos coincidan en el tiempo creo que es a mi juicio algo indudable. Que deban estar relacionados entre sí, eso ya no está tan claro, pero…

¿Y si lo estuviesen?


jueves, 10 de mayo de 2012

Crítica: SPARTACUS: SANGRE Y ARENA. -Última parte-


SERIE TV











Tras el éxito de la primera temporada Starz renovó la serie por una segunda temporada completa con un aumento de presupuesto. En ese momento a Andy Whitfield le diagnosticaron un linfoma no Hodgkin y los productores decidieron retrasar esta segunda temporada de la serie para que el actor completase su tratamiento. Mientras, se filmó una precuela de Spartacus: Sangre y Arena titulada Spartacus: Dioses de la Arena que narra los acontecimientos previos a la llegada de Spartacus al ludus. El protagonista es otro gladiador del ludus Batiatus, Gannicus (Dustin Clare), el mejor luchador del recinto. En estos seis capítulos observamos cómo Gannicus obtiene su libertad por sus combates en la Arena, el pasado de Oenomaus, Doctore en la primera temporada, la relación de amistad de estos dos hombres y los sentimientos del campeón por la mujer de Oenomaus. Esto último será importante para la segunda temporada de la serie. Por lo demás siguen las tramas en el ludus con la aparición del padre del lanista, se sube la cantidad y el nivel de las escenas sexuales y violentas y se corrigen los fallos en los efectos especiales de la primera temporada.

Esta precuela potencia los elementos exitosos de la serie y corrige ligeramente los menos brillantes. Además, sirve para conocer y entender mejor a los personajes tanto de la primera como de la segunda temporada.



Cuando parecía que Andy Whitfield se estaba recuperando de su enfermedad, recae (desgraciadamente poco tiempo después fallece) y los productores deciden buscar un nuevo actor para encarnar al libertador. Se elige a Liam McIntyre.









La segunda temporada se titula Spartacus: Vengeance y sigue la tónica de las anteriores. Spartacus y los demás esclavos huyen del ludus para refugiarse cerca del Vesubio mientras el pretor Glaber, un excelente Craig Parker (El señor de los anillos), se hace con el control de Capua y lucha contra sus enemigos romanos mientras busca e intenta acabar con los rebeldes.
En esta temporada, los guionistas tienen un duro reto, conseguir que los ex-esclavos y los romanos interactúen para mantener la violencia de las entregas anteriores. Así primero hacen que Crixus busque a su amor, Naevia, para que más tarde Spartacus y compañía tengan que salvar a Crixus y Oenomaus de un combate contra Gannicus y varios gladiadores más. Esta es una escena con unos efectos especiales lamentables con el anfiteatro cayéndose a trozos de forma totalmente irreal. ¿Y si no se pueden cruzar con tanta frecuencia como antes? Pues se montan una escena donde los hombres de Spartacus asaltan alguna patrulla para robar o la escena brutal en el prostíbulo, todo vale, lo que importa es la violencia. En mi opinión han cruzado el límite y a veces incluso desagrada tanta violencia, sobre todo tan gratuita aunque me parece interesante el capítulo en el cual vemos como Oenomaus comienza a luchar en las fosas, como siempre con escenas salvajes pero que aportan algo a la historia y al personaje.


Las escenas sexuales siguen a la orden del día, es un rasgo esencial de la serie. Las escenas de violaciones a Lucrecia por parte de Ashur sobran, a decir verdad sobra toda la relación, no tiene base ni sentido en la historia más allá del puro entretenimiento gratuito.
Por otro lado parece que en Spartacus: Vengeance el peso del relato lo llevan las mujeres. Con una Ilythia embarazada y sus maquinaciones contra su marido o a favor según le convenga, Lucrecia (que sobrevive a la masacre) y su obsesión con que Ilythia tenga el niño porque ella no pudo tenerlo. Y en el lado rebelde tanto Naevia como Mira (la pareja de Spartacus) influyen en las decisiones que toman los protagonistas masculinos.

Los tres últimos episodios son de gran nivel excepto la chorrada del duelo entre Ashur y Naevia en el Vesubio. La escena en la que Seppia (manipulada por Ilythia) va a asesinar a Glaber y que aborta la misma Ilythia matando a Seppia para ganarse de nuevo el favor de su marido es magistral e inesperada. Lo mismo ocurre con la escena en la que Ilythia da a luz y Lucrecia se queda el bebé para tirarse por un barranco ante la mirada de la mujer del pretor ensangrentada y moribunda.


Lyam McEntyre lo intenta y va mejorando con el paso de los capítulos pero su trabajo aunque correcto no es comparable al de Andy Whitfield. No tiene ni la furia ni el carisma del primer Spartacus. La actriz que ahora encarna a Naevia no cambia la cara, mala elección sin duda. El punto positivo es Craig Parker como Glaber, que en la primera temporada apenas aparece y cuando lo hace es intrascendente, mientras que en esta segunda temporada está fantástico (incluso al principio creí que era otro actor).
Hasta el momento la serie refleja los hechos y personajes más importantes históricos de la vida y rebelión que lideró Spartacus (Gannicus, Crixus, Oenomaus, Glaber, Varinius, etc..). El único pero, es la muerte de Varinius antes que Glaber cuando parece ser que Varinius acudió a luchar contra Spartacus después de la caída del pretor.

Veremos qué se inventan los guionistas para la próxima temporada ya que según la historia al grupo rebelde  se unen miles de personas y se producen batallas multitudinarias contra las legiones romanas. Eso supondría un gran coste.
Spartacus es espectáculo, una mezcla de 300 con una película erótica cualquiera. Tramas sencillas con violencia y sexo a borbotones, no pretende nada más, sólo entretener con acción, sangre y carne. Un uso desmedido de la cámara superlenta en las escenas de acción ya que a veces se hace pesado, unos efectos especiales muy mejorables y algunas escenas gratuitas e innecesarias, son sus errores más pronunciados.


miércoles, 9 de mayo de 2012

Crítica: SPARTACUS: SANGRE Y ARENA. -Parte 1/2-


SERIE TV

 



Todos hemos oído hablar de Espartaco, ese esclavo que se convirtió en gladiador, de cómo desafió a Roma y de su trágico pero ineludible final. Quién desafiaba a Roma siempre terminaba de la misma manera, muerto.
Kirk Douglas ya dio vida a este adalid de la libertad en la fantástica película “Espartaco” (1960) dirigida por el gran Stanley Kubrick.
El año 2010 fue el escogido por la cadena americana, Starz, para estrenar una serie basada en la vida del tracio, “Spartacus: Sangre y Arena”, filmada en Nueva Zelanda. Un actor hasta ese momento desconocido, Andy Whitfield, fue el elegido para dar vida al famoso gladiador. Del resto de elenco de actores destacar a John Hannah (La momia) como Batiatus, el lanista que compra a Spartacus, y su mujer Lucretia, interpretada por la gran Lucy Lawless (Xena, la princesa guerrera).


Esta primera temporada, de 13 capítulos, comienza con la captura del libertador y su mujer por el pretor Glaber y su venta a Batiatus, lanista que regenta un ludus en Capua pero que aspira a llegar a Roma y acaba con la rebelión (liderada por Spartacus) de los gladiadores y esclavos del ludus y su huida del mismo. Estos capítulos están llenos de tramas dentro de tramas, sexo y sobre todo violencia extrema tanto en el ludus como en la arena de Capua.

Las tramas son variopintas pero en su mayoría superficiales, no tienen un gran trasfondo. Crixus y su enfrentamiento continuo con Spartacus; Batiatus y su rivalidad con el otro lanista de Capua, Solonius, por ganarse el favor de los senadores o pretores romanos, la historia de amor entre Crixus y una esclava, Naevia, algún amor prohibido entre los gladiadores, etc…

La protagonista o causante de los momentos más espectaculares de esta primera temporada (sin contar combates en la arena u orgías) es Ilythia (Viva Bianca), la mujer de Glaber, con una sublime interpretación de una manipuladora y retorcida patricia a la que le encanta hacer sufrir a los demás por puro entretenimiento. Quizás la mejor muestra de ello es la que es para mí la mejor y más dura escena de estos 13 capítulos. Ilythia inicia en el sexo al joven (15 años) Numerio, hijo del magistrado romano Titus Calavius, para conseguir que la que iba a ser una lucha de muestra para el joven entre Spartacus y su mejor amigo Varro acabe con la ejecución de éste por la espada de Spartacus cuando Numerio exige la muerte del perdedor del duelo.

También destacar la fantástica interpretación de Batiatus por Hannah, en algunos momentos, como cuando se enfada y coloca esa mirada que da miedo, se adueña de la serie por completo. Lawless no se queda atrás pero con un personaje más sutil que Hannah que no impacta tanto no puede brillar al mismo nivel. Whitfield da un nivel más que suficiente como Spartacus, tiene carisma y no sobreactua.


Starz no es una cadena que disponga de grandes recursos financieros y eso se nota en algunos apartados técnicos como son los efectos especiales en los combates de gladiadores donde se nota el ordenador en algunos cortes, desmembramientos, etc… Y de la misma forma se refleja en el uso de muy pocas localizaciones, el ludus, la arena y poco más. La ambientación es bastante buena, sobre todo el, a veces ínfimo, vestuario y los decorados interiores.