Los
famosos ‘What if?’ de los que gustan los anglosajones suelen dar lugar a
reflexiones, normalmente en tono hilarante, acerca de las probables divergencias
de los hechos posteriores con respecto a los hechos mismos tal cual se conocen si hubiesen
cambiado mínimas circunstancias en momentos concretos, aparentemente nada
cruciales. De ahí pueden llegar a derivarse obras maestras dentro de la ficción
en el ámbito de las ucronías.
En este
caso, realmente el “¿y si?” que da título a la reflexión es de origen más
tradicional al estilo español. Es más bien un “¿no será que…?”. Sea como fuere,
el lector puede tomarlo por el vericueto que quiera, ya que ambas lecturas
pueden ser válidas y, realmente, no estoy siquiera yo muy seguro de que es lo
que quiero expresar.
La
reflexión que me propongo hacer en estas pocas (espero) líneas, tiene que ver
con la tan manida y cacareada presunta precocidad en la madurez de los más
jóvenes que se refleja, supuestamente, en una visión más lúcida y clara de la
realidad por parte de la mayoría de la sociedad. Una sociedad más madura en
contraposición con las pretéritas. Lo que yo sostengo es que ésas no son más
que falacias interesadas que intentan ocultar justo un hecho casi opuesto, que
es la dominación de la sociedad civil mediante la sumisión de ésta a la mera
condición de modernos urbanitas de la época romana, mantenidos por el Estado en
una especie de letargo de subsistencia donde se cambia el pan y circo por ayudas
estatales y ocio multimedia.
Lo
cierto es que, tristemente, no sé si los causantes de esta degradación de las
sociedades occidentales son plenamente conscientes de lo que están haciendo. Y
los causantes no son pocos. Como paradigma de la propaganda y vehículo de
control de masas que es yo me voy a centrar en el cine, la TV y la supuesta
madurez en los argumentos y desarrollos de sus contenidos.
-Conste
antes de nada que las críticas que lanzo a continuación se dirigen hacia la
élite intelectual de la sociedad, sobre todo ciertos sectores de la crítica, y a la sociedad como masa en general, no hacia los creadores de contenidos: ellos
tengo la impresión que, como todo buen negociante, detectan una necesidad y la
satisfacen con los medios legítimos para ello. Mi crítica se dirige hacia “la
necesidad” en sí misma y los que la han creado, ya que dudo de que las
respuestas al “¿por qué? ¿Y para qué?” fuesen mínimamente edificantes.-
Parece
ser que ahora el cine y la TV son mucho más “maduros”, “adultos” y todos los
adjetivos que queramos ponerle, que ofrecen una imagen de
“seriedad” y “profunda reflexión” en contraposición a la ligereza, mojigatería
y ñoñez de épocas pretéritas. Pues yo niego la mayor. Ahora lo que tenemos es
una suerte de “cuotas” que deben satisfacerse en gran medida en una inmensa mayoría
de los productos que cosechan éxitos de crítica y público. La cuota de
violencia, de sordidez, de sexo y de truculencia, mayoritariamente. Ejemplos de
estos tenemos a puñados con Roma, Spartacvs y Juego de
Por el
contrario, la ausencia de estos mismos contenidos citados antes, cuando ocurre,
es visto como una “muestra de la corrección política, hipocresía moral y
ñoñería” propia de las producciones estadounidenses. Es decir, que “El Club Social
Cheyenne” es una mojigatería porque las prostitutas no salen follando, “La
Ventana Indiscreta” una ridiculez porque nunca se ve el cuerpo desmembrado de
la esposa, y Hitchcock una nenaza por rodar “Psicosis” en blanco y negro cuando
podía haberlo hecho en color para que se viera bien la sangre y la casquería que
debería adornar la famosa escena de la ducha.
Curiosamente,
los 3 clásicos que he citado en el párrafo anterior son películas con una
temática, argumento y desarrollo que no son, para nada, ñoñas, infantiles o
nada que se le parezca. Tratan de la herencia de un negocio de trata de
blancas, un caso de violencia de género (¡toma!) que degenera en asesinato a
sangre fría y los horrendos crímenes que un perturbado comete. Y sin embargo,
no hay necesidad de contar las historias respectivas sin acudir a la
explicitación de ciertos hechos.
Dicha
aparente necesidad de explicitación de ciertos actos, siempre sin incidencia en
el desarrollo de la trama, claro está, es una suerte de salvoconducto para valorar
con mayor profundidad la película. “Descarnada crítica”, “valiente alegato” y
similares adjetivos adornan estas películas cuyo elemento diferenciador con
películas pretéritas suele ser la explicitación del sexo y/o la violencia o
conductas poco ortodoxas
Corriendo
paralelo a ello, encontramos también el otro gran fantasma del entretenimiento
de procedencia estadounidense clásico. El maniqueísmo.
Parece
que ahora los relatos no pueden presentar a buenos y malos. Todo debe ser gris,
debe resaltarse la complejidad y profundidad del ser humano al contar las
historias. Y no me parece mal. Lo que ocurre es que, al mismo tiempo, la
sociedad que consume estas “adultas y maduras” producciones, aderezadas muchas
veces con grandes dosis de las anteriores cosas comentadas, se infantiliza a
marchas forzadas, obviando en la vida real y el cotidiano día a día cualquier
posibilidad de que la realidad resulte ser más compleja de lo que los mass media nos quieran presentar. Y la
enumeración de ejemplos puede resultar inacabable:
·
“El mundo en vilo a la espera de las
represalias de Bush”
·
La crisis es culpa de los bancos
·
La crisis es culpa de la avaricia
·
La crisis es culpa del capitalismo
·
La culpa es del liberalismo
·
La culpa es del neoliberalismo
·
La culpa es de las centrales nucleares
·
El 11-M es culpa de Aznar
·
Existe un cambio climático catastrófico y además es culpa del hombre
·
Guardiola bueno y Mourinho malo
·
El Estado del Bienestar no puede tocarse
·
Los israelíes asesinan palestinos indefensos
·
…
Y así
podríamos seguir casi indefinidamente. Y estas reflexiones simplistas e
infantiles se extienden a las vidas privadas de las personas: tengo que poder
irme de vacaciones, tener un casoplón con jacuzzi e hidromasaje (ático a poder
ser), tener un carraco, seguridad social full-equip,
autovías sin pagar peaje, y una pensión de la recontraputa sin tenerme que
preocupar ni mirar por el dinero, que además quiero todos los días ir al bar a
tomarme mis cafés, cañas, pinchos y copazos, para el finde irme a la casa de la
playa y comer y cenar en restaurantes cuando me apetezca. Y eso sin haberme
sacado el graduado escolar oiga, y trabajando como mucho 6 horas al día. Y
porque yo lo valgo. Y si algo me molesta, como un embarazo cuando no me
apetece, tengo que poder deshacerme de ello fácil, cómoda, limpia y
rápidamente. Y gratis, claro. Y así nos luce el pelo.
No
existe, a mi juicio, una cultura del esfuerzo, de la mesura, de la contención,
del ahorro… Nadie atiende a que cuando nuestros padres y abuelos eran (y siguen
siendo) frugales, no es porque sean unos miserables. Al contrario: intentan
guardar en lo superfluo para poder soltar sin reparar en gastos cuando se trate
de cosas necesarias. Nadie se para a pensar que las cosas que se ven en la tele
o el cine no son verdad. No hablemos de leer. Creo que la frase que más uso ha
ganado últimamente debe ser la de “para que leer si ya harán la
película/serie”. Obviamente esto no se aplica a toda la sociedad, pero si a la
mayoría de ésta, el smallfolk que, a
mi juicio acertadamente, introduce GRRM en ASoIaF. Smallfolk del que yo formo parte y con quien yo me relaciono.
A modo
de resumen y conclusión, lo que quería poner de relieve es que, mientras que la
sociedad y la crítica y público demanda obras de ficción de cada vez mayor
complejidad moral, realismo y crudeza visual, paralelamente las personas
tienden a intentar reducir su cuota de responsabilidad en lo que les rodea,
acudiendo si es necesario a construcciones mentales simplistas y, a mi juicio,
burdamente infantiles. Además, como convidado de piedra junto a lo anterior, el
comportamiento de las personas dista mucho de irse haciendo mejor. Más bien al
contrario, como los índices de criminalidad, violencia, etcétera, parecen
indicar.
Que estos
hechos coincidan en el tiempo creo que es a mi juicio algo indudable. Que deban
estar relacionados entre sí, eso ya no está tan claro, pero…
¿Y si
lo estuviesen?





















