Ya pasó la 87ª gala de los premios Oscar y con ella toda la
pompa, el glamour y los premios, sin excesivas sorpresas entre los
galardonados, aunque estaríamos diciendo lo mismo si estos hubieran sido “Boyhood”,
Richard Linklater o Michael Keaton. Se cumplieron casi todas las previsiones.
“Birdman”, la arriesgada y virtuosa propuesta de Alejandro
G. Iñárritu, fue la gran triunfadora de la noche, consiguiendo 4 estatuillas, a
la mejor fotografía, al mejor guión original, a la dirección para el propio
Iñárritu y, por supuesto, a la mejor película. Su duelo con “Boyhood”, la otra
gran favorita, se saldó con una contundente victoria, ya que la magnífica obra
de Richard Linklater sólo pudo conseguir el Oscar a mejor actriz secundaria
para Patricia Arquette. “Boyhood”, la gran derrotada de la noche.
Otras dos cintas fueron triunfadoras, aunque en menor
grado, la primera la encantadora “El gran hotel Budapest”, que se alzó también con 4
Oscars, todos los concernientes a la gestación de esa estética tan particular
del universo creado por Wes Anderson, mejor diseño de producción, vestuario,
maquillaje y peluquería y banda sonora.
La otra fue “Whiplash” (Damien Chazelle), la mejor cinta de las nominadas y
la más pequeña de todas ellas, que consiguió 3 de los 5 Oscars a los que estaba
nominada, actor secundario para el portentoso trabajo de J .K. Simmons, la
mezcla de sonido, y el excelso montaje, muy reivindicado en este blog. Lástima
que casi nunca ganen los mejores.
No hubo sorpresas en los apartados interpretativos, Eddie Redmayne y Julianne Moore se alzaron victoriosos.
El desarrollo de la gala fue el habitual, convencional,
disfrutable en general para los que nos gusta esto, pero sin alcanzar cotas de
brillantez especialmente reseñables en el trabajo de su presentador, Neil
Patrick Harris. Hubo algunos buenos chistes y varios momentos extraordinarios
que comentaré, destellos placenteros en el tranquilo y fluido discurrir de una
ceremonia muy musical. El momento
estrella de Neil Patrick Harris fue con su presentación musical, un espectacular,
esmerado y meritorio montaje que rendía tributo a muchos clásicos del cine con
simpáticos chascarrillos en la letra y puesta en escena.
Travolta y su felicidad lasciva, quizá también etílica, dejo
algunos buenos momentos tanto en la gala como en la alfombra roja.
La música fue muy protagonista y algunos, infamemente, quisieron
comparar este hecho con la reciente gala de los Goya… Nada más lejos de la
realidad, porque lo que en los Goya fue un lastre y parón en el ritmo con
momentos soporíferos, aquí ha dejado algunos de los instantes más brillantes de
la gala, no en balde las canciones nominadas eran estupendas. Mucha música,
pero de calidad.
Entre los momentos más brillantes de la gala tenemos ese
sketch de Neil Patrick Harris guiñando a "Birdman" y "Whiplash", dos películas con
la percusión muy presente, que fue muy divertido y dejó al presentador en
calzoncillos, y dos de los números musicales que pudimos disfrutar, el primero la interpretación de “Glory”, la oscarizada canción de la película “Selma”, que
fue absolutamente deslumbrante y conmovedora, tanto que hizo incontenibles las
lágrimas entre varios de los presentes, entre ellos Chris Pine y, sobre todo, David
Oyelowo, protagonista de la misma.
El otro gran momento musical y uno de los mejores de la
gala fue el homenaje a “Sonrisas y lágrimas” (Robert Wise, 1965) a cargo de Lady Gaga, que tuvo su
rúbrica perfecta en la aparición de Julie Andrews al final de la interpretación. ¡Qué bien hacen las cosas los americanos!
En definitiva, una gala que hizo disfrutar como siempre a
los amantes de la ceremonia, pero sin nada excepcional salvo lo reseñado. Unos
premios que siguen la tendencia navideña de los últimos años, donde los
galardones son tremendamente repartidos y no hay una película que los
monopolice y se erija en hegemónica… Así quedan todos, o casi todos, contentos.
Ganadoras a mejor película con 3 Oscars mientras algunas de sus competidoras
tuvieron 7, como el año pasado, películas ganadoras que no sobrepasan los 6
Oscars desde el año 2009, cuando "Slumdog Millonaire" (Danny Boyle, Loveleen Tandan, 2008) consiguió 8...
Espero que el buenismo no se esté apoderando de todo, sería
insoportable.
Espero que disfrutaran de la ceremonia. Nos vemos sin falta
y si Dios quiere el año que viene aquí mismo.
Por supuesto, “Perdida” es también un estudio completamente
actual sobre cómo funcionan los medios de comunicación, el poder de la apariencia, el
amarillismo, la opinión publicada y un sistema de control mediático que aspira
a ser un Gran Hermano juzgador con el prejuicio como principal valor.
Amy Dunne (Rosamund Pike) viene a dilapidar eso también, a destruir ese
sistema de control amarillista, de vigilancia y prejuicio, desde dentro. Esta
mujer nietzscheana se sirve del sistema para reírse de él, para descubrir su
mediocridad, su debilidad, su mezquindad, se erige por encima de ese nuevo dios
creado por la sociedad, el dios mediático. Lo vampiriza y corrompe desde dentro,
con las armas propias de dicho sistema. Es la derrota de ese sistema por la novia de
América, título que le otorgó el propio sistema.
-Amy usará falsas pruebas médicas, las nuevas tecnologías,
utilizará el conocimiento de las rutinas procedimentales de la policía, dejará
rastros oportunos para el seguimiento tecnológico de sus pasos llevándoles por caminos falsos, ocultará los que convienen, manejará la sensibilidad de los
medios de comunicación basándose en su cultura del tópico y el prejuicio,
usando la sensiblería, la mujer embarazada, el maltrato… Pura fachada, pura
apariencia.
-La importancia de las apariencias se trasluce en todo
momento durante la narración y Fincher se ocupa de resaltarlo con multitud de
detalles sutiles dentro del desarrollo narrativo. Un primer ejemplo minimalista
lo tenemos en un inocente comentario de Margo (Carrie Coon) a su hermano, aconsejándole el
mejor look para parecer más desamparado ante los padres de Amy, no ducharse ni
adecentarse tanto. Es decir, aparentar para hacer creer, que el resto use el
prejuicio en base a la forma, a la apariencia. Unos padres con los que tendrá
una relación ambivalente y en forma de montaña rusa.
-Nick, al contrario que Amy, no controla los medios ni su
funcionamiento en el mundo, es más simple, ingenuo, un tipo de papel que a Ben
Affleck le va muy bien. Es por ello que sus comportamientos no tienen doblez,
no tienen mala intención, cae en tópicos o gestos habituales, lo que él cree
que es acertado para quedar bien. Dos ejemplos, la sonrisa bobalicona junto a
la foto de Amy en la rueda de prensa y la foto que se hace con la friki que se
le acerca y de la que se arrepiente al instante. En ambos casos pretende quedar
bien, dar una buena imagen, pero se usará en su contra, la imagen y la
apariencia será manipulada y retorcida en base al prejuicio.
-La crisis, otro recurso ineludible en nuestros tiempos y
que es uno de los contextos de la historia, será usado magníficamente a nivel
narrativo, es la justificación al deterioro del matrimonio, y por Amy para
acusar a Nick de forma torticera, donde fondos de un millón de euros son causa
de reproches y recriminaciones, para manipular a todo el mundo. La crisis,
tópico y condena de nuestro tiempo para justificar absolutamente todo.
-Más fachada e imagen, una orgía de la hipocresía, la escena
de la reunión para colaborar en la búsqueda de Amy, con grupos de mujeres
ávidas de codearse con un “famoso” y la aparición del ex novio de Amy, Desi
Collings (Neil Patrick Harris). Esta escena llega a su clímax con la friki que
se hace la foto con Nick, de la que se arrepiente al instante porque sabe cómo
será utilizada por la opinión pública, y con los comentarios del policía a su
jefa acerca de lo poco que le gusta el angustiado marido, acusándole de fingir,
precisamente.
-La televisión es pieza indispensable en este mundo de
apariencia, mentira, prejuicio e hipocresía. Habrá dos presentadoras, una rubia
que conduce un programa amarillista y feminista que interpretará cuanto ve en
base a esos dos postulados, recreándose en el prejuicio, insinuando incestos
entre Nick y su hermana, acusándolo de ser un asesino y un psicópata… y que
cambiará como si tal cosa cuando aparezca Amy, siendo la que haga la entrevista
final a la pareja. Además no reconducirá su proceder tras el error, una vez se
le cae una víctima, Nick, le emprenderá con el asesinado Desi, sin escrúpulos.
La segunda presentadora es la exitosa conductora del programa donde le hacen la
entrevista a Nick con tan buen resultado
para él, y donde el protagonista fingirá devoción por su esposa, de nuevo
utilizando los medios y la apariencia para sus propósitos, para llegar a la
superficial masa. Antes de dicha entrevista veremos a Nick ante espejos,
regodeándose en la mentira que va a soltar. El mismo Nick se reirá de todo esto, reflexionando sobre cómo pasa la gente de odiarle a amarle sin solución de continuidad.
-Nick (Ben Affleck) intentará por dos veces dar la vuelta a la tortilla de
la opinión pública saliendo a la palestra a usar los medios, a dar la cara. Una
con el discurso ante los congregados junto a su casa para aliviar las dudas que
se ciernen sobre él, con éxito hasta que llega la vecina para calumniarle y
anunciar el embarazo de 6 semanas de su desaparecida esposa, y la segunda en el
programa mencionado de televisión, donde logrará cambiar en parte la visión que
se tiene de él. De nuevo la apariencia, la fachada, la televisión, como
generadores de juicios más allá de los hechos. Nick lanzará un mensaje directo a
través de la televisión a su esposa, un mensaje lleno de mentiras y gestos
privados que provocarán el regreso de Amy.
-Curiosamente, en una cinta que apuesta por la apariencia, la
pose como forma de resultar creíble, de que te crean, de llegar a la masa,
habrá un momento donde el protagonista decidirá ser completamente honesto con
la policía y contarlo todo, confesar cualquier duda o secreto mientras su
abogado busca a su esposa que sabe viva. El abogado recomienda todo lo
contrario, nada de verdades… La verdad en el mundo de “Perdida” y en nuestra
sociedad es una paria.
-La escena final volverá a ser pura mentira, falsedad y
apariencia ante las cámaras que las convierten en verdaderas o reales para el
público. Amy aleccionará a su marido sobre lo que tiene o no que decir del
mismo modo que lo hacía su abogado antes de la otra entrevista. Veremos a Nick
ante un espejo también ensayando como desenmascarar a Amy, algo que
ella evitará con la noticia del embarazo.
-Amy se pondrá de nuevo a actuar en la casa de Desi,
fingiendo una apariencia de felicidad para confiar a su supuesto carcelero,
simulando ser violada y agredida para que lo capten las cámaras, ese medio para
la mentira, la farsa y la apariencia, manipulable. De nuevo Amy usando todos
los elementos a su disposición, la tecnología y el uso del prejuicio para lograr
un propósito.
-La propia Amy reconocerá que fingió ser quien no era, y que
sabe que su marido hizo lo mismo, intentado aparentar la mejor versión de sí
mismos, o una falsa pero complaciente para el otro, para así lograr sus
propósitos.
“Realmente esperaba que le amara sin condiciones”.
La escena más impactante de la película es el asesinato de
Amy a Desi. Tras fingir deseo por él y elaborar de nuevo concienzudamente un
plan mortal, le cortará el cuello con un cutter justo en el momento de la
eyaculación. Es especialmente impactante por el reguero de sangre que cae de Desi
al cuerpo de Amy, algo que Fincher logra gracias a esa fotografía de tonos
fríos que nos ha ido acompañando durante todo el metraje, es un bautismo de
sangre, una resurrección casi ritual de una nueva Amy, que ya está dispuesta
para volver con su marido. La ducha privada junto a Nick que veremos
posteriormente incide en la idea de depuración y renacimiento, cual ave Fénix,
de la relación de ambos protagonistas. Ducha supuestamente depuradora. Como
curiosidad mencionar que Ben Affleck tiene el culo muy metido para dentro…
Es aquí donde encaramos el tercio final con el último giro,
el regreso de Amy como si no hubiera pasado nada… Tirando por tierra todo el
castillo de fatuidad montado contra Nick, su condena, exculpándolo con su
aparición.
Una sociedad enferma.
Una sociedad vertebrada en el prejuicio, en el
desconocimiento, que Amy retrata en el fondo para usarla, que sabe que
venerarán a embarazadas, que creerán sus historias de maltrato, que viven para
la apariencia, el morbo, que sus valores son de quita y pon, manejados según las
circunstancias y aplaudiendo una cosa y la contraria sin rubor, como se
escenifica en el programa amarillista feminista…
La superficialidad de esa masa indefinida e infinita que
hace sus valoraciones en función de lo que dice la televisión o presentadoras
desquiciadas, queda escalofriantemente
patente.
Un sutil ejemplo, dentro de todos esos grandes detalles de
puesta en escena a los que Fincher no parece dar importancia pero de los que
deja constancia, de esa sociedad empobrecida, mezquina, morbosa, lo tenemos en
un fugaz plano de Affleck pasando frente a su bar que está abarrotado de gente
morbosa esperando ver al supuesto asesino o a alguien relacionado con el caso
que sale en las noticias…
Hogar, único reducto de pura intimidad.
Con todo lo mencionado acerca de ese mundo globalizado donde
todo se comercializa, todo se publica y todo se generaliza cogiendo la parte, el
rumor, la apariencia o la sugerencia por el todo y la verdad absoluta,
descubrimos que el único lugar para la verdadera intimidad, para la verdad,
aunque sea infernal, es el hogar, el domicilio. Incluso en la conversación cara
a cara a nivel particular. Así lo comprobamos constantemente, habrá verdad en
las conversaciones de Nick con Margo o con su abogado. Es allí donde conocemos
y se nos muestra a la verdadera Amy, en esa ducha privada ajena a micrófonos o
cualquier invasión de esa intimidad o en la segurísima casa de Desi. En la casa
del ex novio de Amy volvemos a ver a la verdadera psicópata, mientras que lo
que sale a la luz exterior, mediante cámaras, es su manipulación, la realidad
alterada, falseada. Un hogar que nos muestra la verdad en intimidad, que a
menudo es infernal.
Esto se retrata en ese alargado final una vez han pasado los
grandes golpes de efecto, la verdadera intimidad y el verdadero infierno, la
mentira de un matrimonio, Amy destruyendo la institución, dibujándola como
infernal, pero haciéndola pasar como idílica al mundo. Un final al que Nick se
ve abocado, obligado, impotente, un final que define sensitivamente la
impotencia. Nick debe seguir sin poder evitarlo un angustioso camino marcado
que odia y repele profundamente, simplemente porque lo mantiene a salvo…
“Perdida” es un estupendo thriller con defectos y
debilidades, pero su profundidad conceptual, su brillante dirección y su hábil
desarrollo la llevan a alcanzar el notable. Una película que se demora
excesivamente en la fase de exposición, pero que cuando arranca es
completamente absorbente. Sus virtudes no están tanto en su concepción
narrativa como en esas reflexiones que despierta gracias a la cantidad de
matices e ideas que Fincher, un gran autor, va incluyendo paulatinamente.
Ben Affleck está más que correcto en un rol que se ajusta
muy bien a sus cualidades. No es un gran actor, como no lo es Clint Eastwood,
pero si elige con acierto sus papeles cumple sobradamente. Papeles de ingenuo,
disperso, bondadoso, introvertido, donde la gestualidad no se haga
especialmente necesaria, son resueltos por Affleck de forma notable
habitualmente. Un actor al que le pesa haber participado en una película mediocre,
la que todos citan, ya sabéis, como si fuera responsabilidad suya… Cuando se
coge manía a alguien el juicio se convierte en tópico y falta de análisis, una linde para
regodearse, lo que molesta un poco. Se tiende a relacionar película pobre con
mala interpretación y viceversa, de forma injusta y errónea. Rosamund Pike está
esplendorosa, con una gestualidad contenida transmite multitud de ideas con la
mirada, especialmente su gélida psicopatía. El resto del reparto muy correcto
también.
Un excelente thriller que adapta un libro de éxito
descomunal, “Perdida” de Gillian Flynn.Un buen título de uno de los autores de referencia del cine moderno.