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jueves, 24 de noviembre de 2011

Crítica: DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS (2009)

SPIKE JONZE






Spike Jonze es una de las voces más interesantes del panorama cinematográfico actual, ya sea con su compañero Charlie Kaufman como guionista, ("Cómo ser John Malkovich" (1999), "Adaptation" (2002)), o de forma independiente como ésta que comento. Basada en un clásico infantil para niños (Maurice Sendak), Jonze hace un profundo retrato de la infancia y más en concreto de cómo afecta la disfuncionalidad familiar a los niños. Su análisis está lejos de los retratos edulcorados que se suelen realizar sobre el tema, así se tratan temas como la inocencia, la imaginación, la pureza, el cariño, pero también otros como el egoísmo, la crueldad, el egocentrismo, la intolerancia...
Todo eso es la infancia. La película se divide en dos partes, una, digamos, realista y otra, digamos, fantástica, y las dos están íntimamente relacionadas. El comienzo donde vemos al niño en su vida habitual, en su relación con su madre, con su hermana y con el entorno, es básica para entender toda la película. Max (Max Records) es solitario, inteligente, con mucha imaginación y con un enorme cariño por su madre, que es su principal apoyo. Básico en su existencia. Max también es irascible, de humor cambiante, caprichoso, egoísta, cabezota... Las escenas de ese inicio tendrán, todas, un paralelismo en la segunda parte, la fantástica, de la película. Esa segunda parte es la recreación de la personalidad de Max, es decir, la isla de los monstruos no es más que la mente de Max, su personalidad. Todo lo que vemos en la isla es el propio Max.
En la parte inicial vemos a Max jugando a las bolas de nieve con los amigos de su hermana, eso se recreará en la isla en el juego de las piedras que se lanzan los monstruos, su sentimiento de rechazo por su hermana también será recreado en la isla, la destrucción de su "iglú" tendrá su eco en la destrucción que produce Carol (el monstruo protagonista), las violentas reacciones, (como la que abre la cinta, cuando su "iglú" es destruido o no recibe la atención que pretende de su madre), tendrán también paralelismos en la isla. La evocación o nostalgia que le produce el recuerdo de su padre, recreado en la bola del mundo que Max tiene en su habitación, con un letrero que dice "a Max dueño de este mundo, con amor papá", es la mecha que provocará la creación de ese mundo personal, esa isla habitada por monstruos que veremos en la segunda parte, (más el pequeño barco de juguete). Los muñecos y "arquitecturas" que crea Max en sus juegos, y que vemos en su habitación, tendrán eco, una vez más, recreadas en la isla, el mundo creado por Max donde habita su personalidad. Igual podemos decir que la fisonomía de los monstruos está directamente recreada de sus disfraces. Después de una de sus habituales reacciones agresivas, provocada por su intolerancia ante la relación que su madre (Catherine Keener) mantiene con un hombre, Max se escapa de casa dando inicio a su viaje interior. Es en ese momento cuando comienza la segunda parte del film, viajamos a "donde viven los monstruos", los de todos, a nuestro interior.  No es gratuito que el lugar inventado por Max sea una isla.


En la isla habitan unos monstruos con personalidades muy dispares. Estos monstruos son la personificación de los distintos rasgos de carácter de Max. De todos ellos Carol es la personalidad dominante en ese momento de la vida del chico.
Carol representa el egoísmo, la crueldad, el lado caprichoso, tozudo, orgulloso, violento de Max, el sentimiento de incomprensión, de pérdida e incluso de soledad.

K.W, representa el lado amoroso, cariñoso, tierno de Max.

Judith es el lado envidioso, egocéntrico, contestatario.

El toro es su lado introvertido.

Ira (con la voz de Forest Whitaker) personifica el lado sumiso, comprensivo, modesto, trabajador, positivo.

Douglas, es el sentido común, la sensatez.

La cabra, Alexander, es la sensibilidad y su sentimiento de aislamiento, de sentirse ignorado.

Esos son los 7 monstruos y de sus relaciones también se extraen conclusiones. Que K.W se aleje frecuentemente del grupo y dude si volver es provocado, especialmente, cuando Carol se erige en personalidad dominante, cuando el egoísmo, la crueldad, la violencia, predominan, el amor se desvanece, se aleja, queda en un segundo plano o en el peor de los casos desaparece. Ira y Judith están enamorados, es decir el lado más envidioso y egocéntrico siempre está unido al modesto y sumiso, en el caso de Max es Judith quien domina e Ira el dominado. Douglas siempre va al lado de Carol y es el único con acceso a él de alguna forma. Carol admite su opinión ya que el sentido común siempre existe, la conciencia se hace escuchar siempre, pero cuando la personalidad de Carol se desboca acaba agrediendo a Douglas, es decir, deja de actuar con sentido común, por tanto se descontrola. No es casualidad que cuando Carol pierde la cabeza K.W no esté presente, todos los demás monstruos sí, pero ella no, porque cuando esa parte de la personalidad de Max explota, su lado cariñoso o amoroso desaparece. Judith, en el final, se abraza con Alexander, el monstruo ignorado y también de la sensibilidad, es decir, ese lado menos sensible, egocéntrico, envidioso se resquebraja y cede ante la emotividad del momento.

Otro ejemplo es que Alexander, la sensibilidad, cuando ve a K.W, siempre quiere estar junto a ella, es decir la sensibilidad siempre querrá estar al lado del AMOR. 


Cuando Max se va de la isla todos los monstruos quedan en una gran armonía (las miradas de Carol y K.W, el abrazo de Judith y Alexander etc.). A la llegada a la isla, Max se identifica enseguida con Carol, pero cuando se va es con K.W con quien tiene más afinidad, hasta el punto de que es ella la que le protege, (literalmente lo mete dentro de ella misma), de Carol (de sí mismo, de acabar devorado por ese lado salvaje suyo) es decir, al final su lado más cariñoso y amoroso se impone, un lado que tenia escondido o apartado pero que acaba resurgiendo totalmente. Cuando Max abandona la isla se ha transformado, ahora no predomina el orgullo, la violencia, el egoísmo sino el amor y el cariño hacia su madre y su familia.

Max se proclama rey, lo que significa que quiere gobernar sobre sus propios sentimientos, sobre su propia personalidad y forma de ser, pero es sólo un niño. Como niño es un idealista, cree que todo puede ser perfecto y como él quiera, pero se va dando cuenta que eso no es posible, se va dando cuenta de cómo al dejar salir determinadas facetas de su personalidad sólo perjudica a la gente que quiere, a su familia, tal y como hace Carol con sus compañeros, (la última conversación con K.W es clave, al decirla que necesitan una madre, se está diciendo así mismo lo que necesita, acto seguido le dirá que vuelve a casa, claro). Todos los monstruos, al inicio, manifiestan estar sumidos en la tristeza, es decir exactamente lo que siente Max, (también miedo como explica a K.W), por la pérdida de su padre. Max se da cuenta de que no es capaz de gobernarse a sí mismo... que necesita una madre.

Es en este punto donde radica el principal problema de la cinta, y es que es muy difícil congeniar las profundas reflexiones que se ve obligado a hacer Max, y que se exponen en esta metáfora, con el hecho de que es un niño el que las realiza. No es coherente que un niño sea capaz de semejante autoanálisis. No es un defecto menor, pero creo que la potencia y brillantez de la propuesta puede más que esa, (obligada), licencia.
Mark Ruffalo aparece brevemente en el papel del novio de Catherine Keener.


La música es muy buena (especial mención para las canciones de Karen O.), así como los efectos especiales, y el guión me parece extraordinario con elementos brillantes y muy buenos diálogos, incluso en los comentarios casi en segundo plano de los protagonistas, sutiles toques de guión que van definiendo a la perfección a los personajes y los hacen cada vez más entrañables. El final sin apenas palabras es maravilloso. Una pequeña joya.