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miércoles, 27 de mayo de 2015

Crítica: CORAZONES DE ACERO (2014)

DAVID AYER













Decepcionante, fallida y pretenciosa película de ambiciones jamás cumplidas ni logradas. Una cinta bélica, o antibélica, porque ahora toda cinta ambientada en la guerra parece obligarse a dejar clara su oposición a la misma, como si hubiera que intelectualizarla y dejar clara la posición políticamente correcta, en lo que en muchas ocasiones supone una palpable hipocresía, que entre escenas de acción pretende reflexiones supuestamente profundas vistas mil veces y con bastante más enjundia y talento. Un blockbuster que no engaña a nadie pero tiene su peor pecado en que intenta hacerlo, quedando como resultado un producto superficial, esquemático y de espectacularidad discreta.


Tomarse excesivamente en serio a sí misma, en vez de apostar por el entretenimiento de forma decidida sin ínfulas, es el principal problema de esta película de David Ayer.

Es interesante la valoración que se hace al talento y a la tecnología alemana en el inicio, recalcando la superioridad de los tanques alemanes, los Tiger, sobre los americanos, sobre todos los demás… En “The imitation game” (Morten Tyldum, 2014), cinta nominada al Oscar, también se recalca esa superioridad tecnológica alemana con la máquina de cifrado que construyeron.




La cinta quiere marcar su tono desde el inicio, un tono lúgubre, decaído, de espíritu negativo y pesimista, como retrato fehaciente de la guerra, incluso en una situación de inminente victoria, como iba a ser la americana en territorio alemán. Su ritmo es lento, sobre todo al inicio, tardando en arrancar. Una extraña atmósfera derrotista que no encaja del todo bien, es decir, se entiende lo que se pretende, retratar un infierno incluso en esa situación, pero el planteamiento se antoja excesivo en ocasiones. Violencia seca y un caballo blanco como símbolo de esperanza, que hay que vincular con el final de la película. Un inicio que también marca el estilo de la dirección, sobria y segura, con planos largos. Travellings descriptivos de calidad en lo que es una buena puesta en escena, sobre todo en el inicio, ya que la película irá en casi todo de más a menos. Muchos planos de pies, barro y charcos marcarán el tono. La dirección también acierta en los momentos más intimistas, logrando una buena y claustrofóbica atmósfera en el interior del tanque.

Ayer no escatimará en truculencias efectistas que buscan realismo, pero que tienen más de licencia de puro espectáculo que otra cosa.








Fusión y camaradería.


Ayer funde en una piña a ese grupo de soldados junto a su tanque, “Fury”, que acaba convertido en un personaje más. Los veremos habitualmente en el interior del tanque, momentos donde estarán unidos de una manera absoluta, una amistad y camaradería irrompible, una colaboración necesaria. Así se nos presentará al grupo, dentro del tanque tratando de huir de un infierno de muerte, con las protestas, recriminaciones y reticencias lógicas, así como menciones a hechos pasados, recuerdos y batallas superadas, donde se forjó esa amistad y camaradería a prueba de bombas. Un grupo formado por Brad Pitt como líder, Shia LaBeouf, Michael Peña y John Bernthal, a los que se unirá el ingenuo Logan Lerman. El cañón del tanque, bautizado con su nombre, será encuadrado en multitud de ocasiones. Hay otros encuadres interesantes, como ese donde una pequeña cruz de hierro oculta el rostro de Norman (Logan Lerman).






Un tanque que posee en su interior recuerdos y trofeos, así como truculentos detalles, exponentes del horror del pasado, museo del triunfo por el infierno. Un museo del horror que Norman deberá limpiar de restos humanos, limpieza que no elimina el testimonio del recuerdo. El funcionamiento en el interior del tanque quedará perfectamente mostrado, todo muy bien retratado. Un tanque que funciona de metáfora de la necesaria coraza que necesitan esos soldados para soportar ese infierno.



El tanque terminará convertido en una tumba, soldados y carro blindado todo uno, una fusión completada, una identificación total y plenamente coherente, simbólica. Norman quedará fuera de esta idea, lógicamente.

Los personajes están aceptablemente definidos, al menos alguno, lo suficientemente dibujados en algún aspecto para crear ciertos contrastes a los que no se les saca ningún partido o se tratan de forma superficial. Algunos de los personajes están poco más que esbozados. El personaje que interpreta Brad Pitt debe proteger la coraza exterior que ha ido creándose para lograr soportar ese infierno y que su grupo vea en él una roca en la que protegerse, a la que seguir, y así soportar también ese inferno, pero no es insensible a todo ello y en intimidad le veremos la necesaria debilidad, el necesario desahogo.




La película se estructura como un viaje o periplo de iniciación, de madurez y de autodescubrimiento en el que Brad Pitt y su grupo es el medio y el ingenuo personaje de Logan Lerman el fin, el objetivo, el que emprende ese viaje. Lerman tiene un rol similar al que ya le vimos en “Noé” (Darren Aronofsky, 2014), incluso a nivel gestual. Siempre en un rol paterno-filial traumático. El joven tendrá un recibimiento poco afectuoso del grupo, inicio de sus enseñanzas para hacerle sobrevivir en ese infierno, obligarle a dar el paso de niño a hombre. Incluso su fe será puesta a prueba.






Se comienza a desarrollar así un viaje a través de la guerra y el odio para llegar al contacto con un yo primitivo o eliminar el yo para poder sobrevivir en ese camino. El humor, las charlas distendidas y las digresiones en el grupo, serán un anclaje con la cordura, un recurso imprescindible para no convertirse en monstruos.

Es un viaje donde todo juicio o prejuicio en base a la civilización debe ser abandonado, dejado de lado, para que todo acabe reducido al “tú o yo”. Es la guerra, y tendrán una primera escaramuza en una emboscada protagonizada por niños.


Norman matará a conciencia por primera vez, algo que puede entenderse como gesto de piedad y rabia, dando un paso más en su evolución, viendo el uso que hacen los soldados de los civiles y los niños, como escudos humanos.




Hay interesantes reflexiones, resueltas con superficialidad, pero al menos planteadas. Una ambivalencia que impulsa a no luchar y a la vez a no rendirse, por ejemplo; la idea de la muerte, que lo es todo, que todo lo sobrevuela, que es lo que se pretende evitar y lo que se desea para el enemigo. Otro aspecto interesante sobre el que se puede reflexionar, la normalidad vista como excentricidad en ese universo bélico, códigos morales rotos, desaparecidos, que deben romperse y desaparecer de hecho, para poder subsistir y aguantar ese infierno. Obviarse. Blindarse como única forma de supervivencia psicológica, es la enseñanza que Pitt emprende a toda velocidad con Lerman. Generosidad basada en la muerte, matar por tus compañeros, por su vida, por su supervivencia, no por ti. El retrato del horror, donde la civilización y sus códigos se vuelven inservibles, absurdos, es liviano con respecto a otras cintas bélicas, cumple sin más recurriendo en demasiadas ocasiones a la complacencia comercial y el efectismo. Sus amagos por trascender siempre recorren caminos manidos y trillados.



Las ideas son pacíficas, pero la historia es violenta”.

Lo mejor.

La película no es un desastre total dentro de esa superficialidad, descompensación y pretenciosidad, deja momentos sueltos apreciables, dos o tres secuencias notables y elogiables. Dos de ellas son de acción, la otra dramática. La primera de ellas es el espectacular tiroteo a enemigos ocultos con los tanques, la primera escena de acción de la película, destacable sobre todo por los sensacionales planos generales que permiten ver la acción y por las balas luminosas que surcan el campo de batalla y sus impactos. La escena continuará con una lección salvaje de Pitt a Lerman, obligándole a matar, acelerando su proceso de blindaje ante el horror, eliminando sus capas morales para ayudarle a sobrevivir allí, que también es un buen momento. Veremos a Pitt en plano de superioridad con respecto al chico, retratando su domino sobre él, que está completamente superado por las circunstancias. A Lerman le veremos más de una vez a punto de caer mareado por el agobio.






Habrá algún tiroteo más que también resulta aceptable, por ejemplo el que tiene lugar en la ciudad y el susto con el disparo a un abuelo que aparece.

La segunda escena de acción apreciable la tenemos en el duelo de los tres tanques americanos contra un único Tiger alemán. Una escena donde de nuevo destacan los planos generales, los picados y los disparos, todos los momentos que permiten ver la acción en su globalidad.






Como los romanos, los soldados se repartirán el botín una vez conquistada la ciudad, llena de niños soldados y sin atisbo de moralidad. Aquí se inicia una de las mejores secuencias de la película, la mejor a nivel dramático, con el descubrimiento de dos chicas ocultas y el intento de reencontrarse con el yo civilizado, humano, cocinando, fumando, buscando evasión y relax. Es la escena de la comida en la casa de las chicas, primas. Las féminas además podrán disfrutar el cuerpazo de Brad Pitt, que está cuadrado aunque con la espalda surcada de heridas y cicatrices de guerra. Sensibilidad, humanidad, vinculadas al arte, al piano, el canto, la música, sensibilidad y humanidad más avanzadas. Sexo de desahogo entre Norman y la joven, pero no frío ni animal, es amoroso, humano.






El momento cumbre de la secuencia llega con la aparición del resto del grupo de Pitt en el desayuno. Una magnífica escena dramática, tensa, inquietante, llena de reproches y recriminaciones, donde los compañeros de Pitt reivindican su lugar por el pasado inferno vivido juntos, por los sacrificios sufridos, pidiendo reconocimiento y unidad, afianzándose como grupo ante el joven Norman, al que se sitúa como un extraño, viendo injusto el beneficio concedido por Pitt hacia él con la chica. Pitt desprecia esa actitud inhumana de superioridad y falta de educación, ese abuso infundado, dando una lección de saber estar y civilización.

Ambas mujeres apreciarán el respeto que Pitt y Norman las han mostrado, que las hayan hecho sentirse personas, valoradas, sentirse mujeres. La separación de la joven y naciente pareja será trágica con la muerte de las dos mujeres en un bombardeo inmediato. Es un paso más en la evolución de Norman, que comprenderá y motivará el odio y la venganza, el dolor de la pérdida… Aspectos tratados, como la mayoría, de forma esquemática.


Un chico que irá teniendo raptos de ira, que matará y obviará sus principios, una vez se ha ido gestando ese estado emocional con el horror y las pérdidas, la de la chica con la que intimó, por ejemplo. Un proceso que seguramente tuvieron que pasar todos los miembros de su grupo, sus compañeros de tanque y de ejército.







Religión.

El tema de la religión tiene cierta importancia en los aspectos conceptuales del film. De entrada se plantea la historia como una experiencia horrenda hacia el descubrimiento de la ausencia de Dios, hacia la pérdida de fe en un infierno sin compasión, pero a través de los personajes se adquieren ciertos matices. El personaje de Brad Pitt es un descreído, de apariencia cínica, un blindaje ante el horror que presencia a diario, pero siempre da la impresión de que quiere o necesita creer en algo, creer en Dios, ya que insiste continuamente en preguntas teológicas a su compañero Biblia (Shia LaBeouf). Biblia, de hecho, es el creyente, exponente de la fe sin fisuras, el guía espiritual del grupo, una fe que conservará incluso ante ese horror, un horror que incluso le reafirma en esa creencia. Norman, el ingenuo protagonista, también es creyente, una fe que será puesta a prueba.



Pitt confirmará lo mencionado, su deseo de creer, confesándose lector de la Biblia, conocedor de sus enseñanzas y versículos. Su amistad con LaBeouf además se vincula mucho a este aspecto, una relación especial entre ambos, aunque de nuevo esquemática.

LaBeouf será siempre el más afable y comprensivo con el novato Norman, un LaBeouf que logra uno de sus mejores papeles a nivel interpretativo, muy sobrio y sincero. Su monólogo en la parte final es estupendo, un gran momento del actor. Sus ojos llorosos y vínculo religioso con Pitt son aceptables, aunque siempre en un tono muy definido.


No estamos aquí por el bien y el mal. Estamos aquí para matarlos”.

Una nueva misión marca la segunda parte del film, conservar una importante posición para evitar la superioridad enemiga en una zona clave.


La artificiosidad y la falta de cohesión son patentes de forma continua, como ejemplo esa escena sacada de la manga donde el macarrilla Travis (Jon Bernthal) se disculpa con Norman, en una evolución de su relación gratuita y sin sentido, falta de elaboración, artificiosa en suma. 



Clímax desastrado.

El clímax es un completo desastre, planteado de forma heroica y fatalista, sin esperanza alguna de supervivencia, pero repleto de artificiosidad y efectismo sensiblero. Proteger una posición con un tanque destrozado e inmovilizado. Brindis, asunción de lo que está por venir, ante el sacrificio, camaradería ante la muerte…




Da la impresión de que el presupuesto se agotó repentinamente y se nota en exceso en el desastrado clímax, desastrado a todos los niveles, en coherencia interna, trama, estética… De pronto se hace de noche, una noche amarilla para facilitar las emboscadas suponemos, aunque parece más bien para gustarse en el esteticismo y ocultar todos los defectos de esta bochornosa parte final. Nuestros protagonista irán muriendo uno a uno, cumpliendo con el asumido sacrificio. Travis (Jon Bernthal), el primero, luego “Gordo” (Michael Peña), luego “Biblia” (Shia LaBeouf)... La munición se irá agotando y la fatalidad del destino acercándose. Así tenemos a un tanque con 5 soldados completamente rodeado por todo un ejército, que incluso se permiten salir de dicho tanque a hacer sus expediciones, y los alemanes no tienen narices de abatir a casi nadie ni acercarse e invadir el carro blindado… Se dedican a protegerse, ver como matan a compañeros suyos y disparar desde lejos a la nada… Absurdo. Brad Pitt matando alemanes desde fuera del tanque y nadie es capaz de dispararle por la espalda estando rodeado por todos lados… No es creíble. Además, los respetuosos alemanes cesarán en sus disparos y ataques para que nuestros protagonistas se dediquen a charlar, a reflexionar y a contarse cosas cada cierto tiempo. Pausas ensimismadas ridículas, artificiosas y efectistas, como si los enemigos esperaran a que nuestros amigos se repusieran un poco de cada impacto o cada muerte… Más majos que las pesetas estos alemanes. Además les da ocasionalmente por aparecer ante las ametralladoras para caer abatidos, como tontos. Un francotirador será el que dispare y mate a Pitt finalmente, aunque morirá en la intimidad junto a su amigo Norman.







Todo tremendamente previsible, quedando al final el veterano Brad Pitt y el novato Logan Lerman, para que el primero muera emotivamente, una glamurosa emoción poco auténtica y, de nuevo, artificiosa. La bondad alemana se extiende con el gesto de piedad del soldado que no delata al novato Norman tras descubrirle bajo el tanque, detalle que pretende huir del maniqueísmo, fracasando en el intento. Al menos el detalle del alumno con su mentor en la guerra, de Lerman a Pitt, es bonito, un homenaje al difunto.







Incluso la idea de que sólo sobreviva el novato, el inocente, suena a tópico y recurso fácil. Un clímax del que sólo puedo salvar planos sueltos.

Una cinta muy decepcionante, pretenciosa, discretita, fingidamente dura, esquemática, superficial y artificiosa, de heroísmo glamuroso y falsamente realista y auténtico, sólo destacable por la corrección técnica y alguna buena escena. Una ocasión perdida.