La película se reinicia con el trabajo que le pide el rey Max von Sydow a nuestros amigos de recuperar a su hija de las manos de Thulsa Doom (James Earl Jones), un nuevo episodio que desencadenará los variados y también episódicos enfrentamientos entre los dos antagonistas.
No está exenta “Conan, el bárbaro” de romanticismo, beneficiándose del estupendo trabajo, mencionado, de Sandahl Bergman.
El encuentro con Mako, el narrador de la historia, es otro de los episodios donde la brujería y la fantasía hacen acto de presencia.
Que el narrador, que se muestra consciente de serlo, no esté presente durante toda la cinta plantea problemas de punto de vista, sólo salvables desde la idea de que Conan se lo contara todo, ya que éste sí está básicamente presente durante toda la historia.
En la búsqueda de Conan a Thulsa Doom, llega a otro templo donde éste imparte sus doctrinas ante sus súbditos, allí tendrá lugar la primera conversación entre los dos antagonistas, de vital importancia para el fondo del film. En ella Doom hablará del secreto del acero y como la fuerza no está en él, sino en la carne, en la mano que maneja el acero, es decir uno mismo y su voluntad.
Después de explicarle esto Doom crucifica y deja abandonado a su suerte a Conan, pero no lo mata, ese es el respeto al héroe, al que reconoce como un ser superior a los demás. En ese encadenamiento tendremos nuevas referencias clásicas a la tragedia griega, por ejemplo a Esquilo y su “Prometeo encadenado”, donde Prometeo es atado y atacado por un buitre, todos los días, que le come el hígado. Aquí Conan será el que casi se come al buitre. Además será salvado por su amigo Subotai cuando ya parecía que no había remedio.
Mako, Subotai y Valeria hacen lo posible para recuperar a Conan, una vez más la magia, la fantasía, hacen acto de presencia, un elemento del que no se abusa con gran acierto. La escena con la venida de los espíritus y demás recuerda al final de “Indiana Jones en busca del Arca perdida” (Steven Spielberg, 1981). Desde ese momento Conan se convierte casi en un ser inmortal y Valeria es condenada a pagar un tributo.
Conan, una vez superada la prueba de los espíritus, renace casi como un semidiós, las reminiscencias clásicas a la tragedia griega, así como a la estética medieval, se suceden. Una estética que, con todo, es profundamente ecléctica y aunque predomine lo medieval es fácil reconocer ciertos aspectos orientales también, por ejemplo. Estos aspectos nos recuerdan en cierta medida a Blade Runner (Ridley Scott, 1982). También es aplicable a la mezcolanza cultural, muy presente en la cinta de Scott. Es algo típico que esto ocurra y se vea en películas fantásticas, en especial de las de espada y brujería, en este caso es una virtud más de la cinta.
Es evidente que Schwarzenegger es un actor limitado, pero también lo es que suele estar bastante ajustado a estos roles, su inexpresividad y ese aspecto físico ultra musculado resulta eficaz para papeles robóticos o de semidiós como es el caso. En la primera parte apenas tiene texto lo que le beneficia. Con el tiempo cogió confianza y experiencia para hacerse más convincente y, sin llegar a ser nunca un buen actor, resultar eficaz en los papeles de acción y también dar un toque paródico cuando era menester, que liberaba de tensión y rigidez sus actuaciones.
La escena, después de sobrevivir a los espíritus, haciendo ejercicios con la espada y la banda sonora en todo su auge es de las más iconográficas de la cinta. La asunción de su voluntad de poder.
El asalto al palacio de Thulsa Doom recordará, una vez más a “Indiana Jones y el templo maldito” (1984), aún más si cabe que en la anterior ocasión, los tonos rojizos, los coros de la banda sonora, los rituales, incluso esa cazuela con vísceras y partes de extremidades, que recordarán a las peculiares comidas que prepararon a Indiana y sus amigos en el palacio hindú al que son invitados… Todo eso son evidentes paralelismos entre la cinta de Spielberg y la de Milius.
Un detalle curioso es el plano de Thulsa Doom y la hija del rey Max von Sydow, un plano que es calcado al de Jabba the Hutt con la princesa Leia en “El retorno el Jedi” (Richard Marquand, 1983) y que parece un homenaje de Lucas y Marquand a la cinta de Milius.
De alguna forma Spielberg y Lucas, “Star Wars”, “Indiana Jones” y “Conan, el bárbaro”, se retroalimentan en homenajes y admiración.
Este nuevo episodio de la disputa, no directa, entre Thulsa y Conan se resuelve con una espectacular escena de acción. En la huida Valeria deberá hacer el pago que prometió por salvar a Conan. Como curiosidad mencionar que se ven en exceso algunos de los trucos sangrientos de la escena en cuestión, como chorretones de sangre autolanzados por el actor ensartado por la espada.
La muerte de Valeria es uno de los momentos más emotivos de la cinta. En la incineración tendremos una de las frases más míticas de la película. Quiero ver una broma metacinematográfica o extracinematográfica a la labor de Schwarzenegger como actor. Su amigo Subotai llorará la muerte de Valeria y ante la pregunta de Mako “¿por qué lloras?”, éste contestará “Él es Conan, el bárbaro, el no llorará. Yo lloro por él”. Desde luego el bueno de Schwarzenegger no iba a llorar, pero seguro que no por incapacidad como actor sino por sus híper musculadas glándulas lacrimales, que se lo impiden.
En cualquier caso y aunque hemos visto llorar a Mourinho, la frase es profundamente mourinhista.
En la lucha final se mezclan todos los temas de la cinta, es una lucha por salvaguardar el rescate de la hija del rey, por venganza, por amor y por la conciencia del propio yo de Conan. Con su última plegaria, como ya comenté, se muestra como el superhombre al que su evolución le lleva.
“Crom, concédeme la venganza, y si no me escuchas… vete el infierno.”
Una vez lograda la victoria sólo queda enfrentarse directamente a su antagonista, Thulsa Doom, el que le guió hacia “el secreto del acero”. Su respuesta no podía ser otra, no más ídolos, no someterse a la moral de esa persona, Conan se regirá por sus propios principios. Esto mientras la cabeza de Thulsa da botes por una escalinata.
Las interpretaciones son correctas pero no sobresalientes, James Earl Jones, que es la voz de Darth Vader, y otro nuevo vínculo entre Star Wars y Conan, no tiene la presencia adecuada para ser el antagonista de Conan, por mucho vestuario y peinado que se ponga. La mejor interpretación se la debemos conceder a Sandahl Bergman.
Los aspectos técnicos son muy buenos, todos, la dirección de Milius, la bella fotografía… Pero si algo destaca en “Conan, el bárbaro” es su maravillosa banda sonora, una de las más brillantes de la historia del cine, desde el tema principal a los más secundarios, con coros góticos y de aire medieval, un sinfonismo de primer nivel y una orquestación espectacular... En cierta fase de la misma creo que pudo estar la inspiración para la cinta, que también protagonizó Schwarzenegger “Desafío Total” (Paul Verhoeven, 1990). El hombre que realizó esta genialidad es Basil Poledouris. Sólo por esto merecería la pena disfrutar de esta obra de gran complejidad y mucho trasfondo, que trasciende el mero entretenimiento o su catalogación como cinta de espada y brujería.
Adaptación del cómic de Robert E. Howard.
Su secuela, desde luego, no está a la altura. Su remake directamente es vomitivo.
Dedicada a Cocoom, al que espero que le guste como la de ayer.














