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jueves, 6 de septiembre de 2012

Crítica: APPALOOSA (2008)

ED HARRIS











Decepcionante western en la que es, tras “Pollock” (2000), la segunda película como director del magnífico actor Ed Harris. Con un planteamiento clásico, donde un sheriff (Ed Harris), y su socio (Viggo Mortensen), deben proteger a un pueblo de un ranchero sin escrúpulos y su grupo, a penas saca partido a la esencia del género. Con una trama principal que se va difuminando, con una confrontación entre los protagonistas y el villano (Jeremy Irons), que a cada paso que avanza la película interesa menos y tiene menos intensidad, la cinta se acaba resintiendo a todos los niveles, a pesar de la buena factura técnica. No funciona el enfrentamiento principal, mal construido y a trompicones, entre el villano Irons con Harris y Mortensen, no crece la intensidad, hasta el punto de que en la segunda parte del film la trama está en tiempo muerto, para acabar remontando al final en una resolución supuestamente potente, pero que al carecer de cualquier tipo de progresión en el sentido dramático se queda en algo sumamente decepcionante. 


Con todo, no es esto lo peor del film, el personaje de Renée Zellweger es cansino hasta la náusea, y su relación con Harris acaba haciendo del personaje de éste y su forma de actuar algo ridículo y sin sentido. Desvirtúa totalmente al personaje del sheriff. Cada vez se entiende menos la forma de comportarse de Harris según la construcción de su personaje, como tampoco se entiende muy bien su fascinación por ella. Es un personaje que no aporta absolutamente nada y que parece metido con calzador. 


Zellweger interpreta a un pendón de tres al cuarto que usa a Harris como basura, es vulgar, mediocre, ordinaria… Es poco, muy poco, entendible que un hombre con la experiencia de Harris quede seducido por semejante mujer y más sabiendo cómo es. Incluso haciendo un esfuerzo y admitiéndolo sigue sin resultar creíble su inexperiencia en estos temas, como si de repente, tras una vida entera, decidiese ser un calzonazos.


Que la mayor parte de la narración gire en torno a este insoportable personaje femenino sepulta la película de forma irremediable.

Con ese personaje y esos supuestos toques de comedia nos acercamos peligrosamente al esperpento.

Viggo Mortensen y algunas escenas se salvan de la quema, así como el inicio antes de la aparición de la Zellweger, con un Harris haciendo de tipo duro. A nivel interpretativo los dos protagonistas están correctos, Irons muy discreto y Zellweger simplemente infumable.


En ese inicio debemos destacar la primera escena donde se nos muestra a un Jeremy Iron sin contemplaciones, una escena escueta, seca y que define al personaje de forma directa. Esta escena tiene su contestación poco después con otra igualmente brillante donde son los recién contratados sheriffs Harris y Mortensen los que resuelven una disputa con la misma claridad y contundencia. Estas dos escenas nos son sólo brillantes por su clásica realización y contundencia sino porque contrasta a la perfección el ligero matiz que permite matar legalmente de hacerlo de forma ilegal, la delgada línea que separa, en realidad, a los dos polos opuestos de la historia.
Es un placer ver como pistoleros a estos dos actores, de lo mejorcito del panorama actual, el pulcro y siempre limpio y preciso en sus interpretaciones Harris y el cada vez más brillante y virtuoso en sus interpretaciones, poco le queda por hacer y demostrar ya, Mortensen. Su presencia en una cinta la infunde de calidad, al menos cuando aparecen, es por ello que resulta tan decepcionante el desarrollo posterior y el resultado final de una obra que toca en ocasiones casi la parodia.


El personaje de Irons, así como el de Mortensen, están correctamente construidos, son simples y no hay un exceso de complejidad, uno en su ambición y poder, el otro en su amistad sin fisuras con respecto a Harris. El Harris calzonazos no cuaja en ningún momento y que la historia se centre en el lamentable personaje de Zellweger no ayuda lo más mínimo.


Como suele suceder la película se vendió como el mejor western desde “Sin Perdón” (Clint Eastwood, 1992), a la altura de éste incluso. Una publicidad siempre presente en todos los westerns que se van realizando desde aquel, especialmente si tienen cierta ambición artística.

No hace falta decir que las diferencias entre uno y otro son tan sonrojantes y ridículas que incluso esa publicidad se toma con entrañable cariño por su inocencia e ingenuidad.

Como curiosidad debemos mencionar que la española Ariadna Gil tiene un pequeño papel en la cinta, poco reseñable.

La narración la lleva el silencioso Mortensen con una voz over, la película tiene una bellísima fotografía y la dirección de Harris es muy sobria y clásica, planos sostenidos, buen tempo, buenos encuadres generales.

Por lo demás reiterar las tres escenas mencionadas como los aspectos de más interés, el inicio y la escena final, todas breves y resueltas con precisión y sequedad.

Otra oportunidad perdida en definitiva.



martes, 8 de noviembre de 2011

Crítica: MARGIN CALL (2011)

J. C. CHANDOR






El universo que retrata Margin Call es tristón, egocéntrico, solitario, aislado del resto del mundo, metalizado, frío, ajeno, apático, despiadado, un universo centrado casi en exclusiva en el rascacielos que sirve de decorado a la mayor parte de la película y bien resaltado desde la dirección y puesta en escena. Un universo donde no se ve a nadie que no tenga relación con ese universo burbuja salvo en la escena final, un mundo hermético ajeno al resto del mundo, mirándose, en exclusiva, a sí mismo.
La película recrea una ficción sobre lo que pudo ocurrir en un poderoso banco de inversión horas antes de la crisis financiera de 2008. Centrándose en 8 trabajadores especialmente, se mirará la fauna de esos tiburones de los negocios desde distintas perspectivas y posiciones.
El cine siempre ha sentido fascinación por el mundo de las finanzas y empresas, tratándolo en multitud de ocasiones de forma directa o indirecta (“Wall Street” de Oliver Stone 1987, “Glengarry Glen Ross” de James Folley, 1992, las recientes “Inside Job” el documental de Charles Ferguson o 2010, “The company men” de Ben Affleck, 2010…).
También está muy presente, especialmente presente, incluso a nivel estético, Michael Mann y su “El dilema” (1999), por ejemplo.
"Margin Call" comienza con una escabechina en forma de despidos en la mencionada firma, una sangría producto de los problemas extremos que tiene la empresa, veremos la frialdad de la ejecución en la escena donde Stanley Tucci es despedido y recodaremos la reciente y muy apreciable “Up in the air” de Jason Reitman (2009).
Esta frialdad será la normal común durante la película mezclada con una apatía y desprecio social muy bien resaltado desde la dirección, que hace pequeña la película y cada vez más claustrofóbica rodando casi en exclusiva en el rascacielos de la empresa, una claustrofobia que incluso se muestra dentro de los planos creando burbujas aisladas de esos personajes.
En la cinta se ven multitud de planos de luces de neón, cristales que se superponen a los personajes... resaltando ese mundo burbuja donde viven, coches, grandes edificios, personajes siempre rodeados de metal y mobiliarios, personajes hundidos en ellos. La banda sonora, metálica, industrial, subraya toda esta sensación de frialdad y ajenidad, como si de un universo inhóspito y extraño se tratara.
Las conversaciones entre los personajes son de una vacuidad supina en general, intrascendentes, banales, hablan de chorradas, de dinero, de sueldos o cuando les pilla el toro del problema en cuestión y de cómo peligrarán sus trabajos. El director J. C. Chandor hace especial hincapié en la intrascendencia y superficialidad de los diálogos.

Es significativo que el director no haga un inserto en ningún momento a los monitores donde se muestran esas contabilidades y datos tan funestos para el banco y sus personajes, mientras que a la vez vemos a dichos personajes rodeados por todas partes de monitores, mesas y metal, incluso en los travellings en muchas ocasiones se verá a los personajes en un segundo plano tras el mobiliario. Una idea semejante aunque con menos rigor, potencia y profundidad de lo que se realizó en el “Crash” de David Cronenberg (1996).



Bastante escalofriante la escena donde vemos a un Kevin Spacey triste y lloroso mientras se sucede la masacre de despidos. Creemos que la situación le supera para, mediante el diálogo con Paul Bettany, saber que lo que ocurre le da igual, que su pena es por su perro enfermo. Una vez más la frialdad y desprecio al problema ajeno, la falta de empatía absoluta. Los datos preocupan, las personas no tanto. Un paralelismo que aunque eficaz resulta bastante grueso y burdo.
Las conversaciones sobre sueldos son recurrentes una y otra vez, sobre todo entre los personajes de Paul Bettany, Zachary Quinto y Penn Badgley. En una de las ocasiones ante la reiteración del tema, Peter Sullivan (Quinto) se lo hará saber a Seth Bregman (Badgley), para acto seguido fliparlo por los datos concretos de los sueldos mencionados.
Seth hablará de lo que cobra él, se preguntará lo que cobran las chicas del bar al que van, hablará de lo que cobra Peter, también de lo que cobra Will (Bettany), Sam (Spacey)…
Esta tribu se siente totalmente ajena al resto de la humanidad, están ellos y el resto de las personas, la gente normal, ellos son excepcionales, Seth lo expresará en alto diciendo: “esto va a afectar a la gente normal”. Will mostrará su profundo desprecio por esa gente normal, afirmando de forma implícita la excepcionalidad y superioridad de los de su “especie”. Ni siquiera tienen un planteamiento moral, simplemente no llegan ni a valorarlo. Sólo en un momento alguien hace una pregunta al respecto. Sólo es ganar dinero.
No hay maniqueísmo, los personajes están bastante bien elaborados y no se cede a la frivolidad.
Los paisajes urbanos y metalizados se suceden durante todo el metraje, recalcando la idea de tesis mencionada. Por ejemplo, veremos en varias ocasiones como un personaje sale desenfocado al lado de un amplio paisaje urbano para posteriormente centrarnos en dicho personaje. También la planificación sitúa en numerosas ocasiones a los personajes a un lado del encuadre, encuadres cortos que los protegen y aíslan del resto del mundo, un universo limitado en los decorados y esos encuadres que les cobijan y acurrucan.









En medio de todo esto Chandor se saca un brillante plano-secuencia haciendo un travelling y una panorámica que atraviesa una de las zonas de trabajo solitaria, con los ordenadores encendidos y banderas americanas en las paredes, en penumbra, mientras la banda sonora con un estridente piano sube en intensidad hasta que llegamos al despacho de Sam Rogers (Spacey), que dormido se despierta alarmado en la butaca del despacho. Un  ejemplo perfecto de todo lo comentado resaltado con la fría fotografía de tonos azulados. El decorado, los ordenadores como auténtico hogar de esa gente ajena al mundo. Los monitores y datos son sus verdaderas preocupaciones.
Veremos un plano de Peter paseando por la ciudad y por supuesto, llevará los auriculares puestos, todo el simbolismo necesario para ejemplificar esa burbuja en la que viven y que llevan a donde quiera que van, protegiéndoles de ese mundo que no va con ellos. Incluso en las escenas donde aparecen en bares, están solos y la cámara no se fija en nadie más, ni en otros personajes ni en el ambiente que los rodea. Sólo se relacionan entre ellos.
La incomunicación, que también es señalada con las mencionadas conversaciones triviales, se manifiesta además en la multitud de silencios que tiene la película y escenas de personajes en soledad.
Un exceso esteticista, en muchas ocasiones, que casi acaba por ser abstracto y resta de fuerza a un mensaje que pretende ser potente.
Una de las escenas clave tiene lugar en la casa de Eric Dale (Stanley Tucci), cuando van a buscarle para que regrese a la firma y cobrar la indemnización. Allí Dale explicará con datos y números, el único idioma que parecen entender, lo que supuso para él como ingeniero que es, el haber hecho un puente. Ese puente hace más por la gente que todo el trabajo dedicado a las finanzas, que le dio un cuantioso sueldo pero es intrascendente para los demás. Una vez más la vacuidad del trabajo al que se dedican, algo que asumen tanto Peter, que renuncia a sus estudios como ingeniero aeronáutico porque se ganaba más dinero en ese intrascendente trabajo como Will, que también lo asume al reconocer que sin ellos todo sería más justo pero en el fondo son útiles, o el propio Eric Dale en la escena mencionada.

Los personajes en que se centra la película son un buen ejemplo de los incompetentes que albergan campos como las finanzas o la política, esos políticos que no tienen más mérito que estar al abrigo del partido y que sin ese abrigo están perdidos. Aquí estos financieros manifiestan su ignorancia en no pocas ocasiones, como el personajes de Spacey o el de Jeremy Irons (John Tuld), sin complejos. Personajes que mantienen siempre una espada de Damocles sobre sus subordinados en caso de caída y usarán a los más válidos para su beneficio siempre que les puedan ser útiles, como hacen con Peter al final de la cinta, manteniéndole en su trabajo, un trabajo que mantiene por la generosidad e interés de sus jefes.

La escena de la venta de activos es absolutamente impersonal, escenarios de compra-venta, monitores y multitudes trabajando y una voz en off haciendo operaciones, el inicio de una crisis mundial consciente de la que se salvarán sólo unos cuantos de rostros invisibles.
No se relacionan con nadie, solamente vemos a los miembros de la compañía, llevan su soledad incluso fuera de la misma en esa burbuja que les protege y aísla, los acompaña siempre.
No hay referencias a sus familias salvo en una conversación, incomoda, entre Sam y Peter.
El personaje de la mujer de Sam (Mary McDonnell), al final de la película, sirve como contraste y demostración de todo lo mencionado. Sam es un personaje acabado, solitario, que sólo tiene el dinero que logrará ganar y su trabajo, el patetismo de la última escena lo resume todo. Un personaje que ya no vive allí pero entierra a su perro en el jardín de la casa de su mujer de forma obsesiva.
Gente apática, que se cree superior, autosuficiente, asociales, aislados, que se consideran otra clase.
La película acaba siendo más casi un análisis sobre cómo son esa gente, su psicología, que sobre cualquier otra cosa. Una película de reparto descomunal que aunque con buenas intenciones y grandes pretensiones queda floja, falta de empuje y visceralidad en su crítica, de mordiente, siendo esquemática unas veces y en exceso didáctica otras, pero que no acaba de ser esa película que analizara los sucesos y cuestiones de la gran crisis que acontece, el referente actual.
Todos los miembros del reparto están muy correctos, incluyendo a Demi Moore y Simon Baker, este último en un papel que es otro ejemplo de incompetencia.

Buena, interesante pero que deja con hambre, un apetito no saciado en una obra que daba para algo de mayor calado, y que se pierde en la puesta en escena esteticista y vistosa, brillante, pero excesivamente por encima del fondo de lo tratado, que queda por debajo en todo momento. Manida, vista en otras ocasiones y que ni logra superar la reflexión más obvia, ni trasciende, ni muestra un punto de vista novedoso o profundo.