Mostrando entradas con la etiqueta Crítica La fiera de mi niña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crítica La fiera de mi niña. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de abril de 2014

Crítica: LA FIERA DE MI NIÑA (1938) -Última Parte-

HOWARD HAWKS












Catarsis a la locura. El humor surrealista. El final.

No hay escenario mejor que una cárcel para la resolución de la película, un lugar perfectamente simbólico para que la locura llegue a su clímax y los prejuicios, complejos y represiones queden encerrados y el verdadero ser de cada uno liberado.

Nuestros protagonistas detenidos por un manejable sheriff, el mismo que quería poner una multa a Susan.

-Susan: Abrí un baúl así. De todos modos te soltarán cuando averigüen quien eres.

-David: Y cuando averigüen quien eres tú reforzarán la celda.



El humor absurdo y surrealista se sublima en esta escena final donde la gran mayoría actúan como auténticos idiotas, por lo que es imposible que se entiendan hasta que Hawks decida liberarles de su frustración. Una escena digna de los Hermanos Marx.


Los interrogatorios, los diálogos de necios, las historias surrealistas sobre familias de delincuentes que se inventa Susan, la detención del jardinero Gogarty (Barry Fitzgerald) y la forma en la que lo lleva y zarandea el guardia, menciones al pato Donald y a Mickey Mouse, la detención del Mayor Applegate por mencionar la caza de leopardos ante el sheriff… crean un clímax desquiciado, perfecto y coherente con esta apología del caos que es “La fiera de mi niña”.



El psiquiatra aparenta ser el más cuerdo, pero en realidad es el que crea todo el absurdo, el más equivocado de la función.

Es en esta escena, en medio de todo este caos, donde se desvela el vínculo que he ido analizando entre animales, leopardos especialmente, y los instintos, la locura. La mención del leopardo resulta inconcebible para todos aquellos que no lo han visto, relacionando al animal con la locura de forma expresa.



La cantidad y capacidad de recursos es ilimitada.


-Alice: David, ¿qué es lo que has hecho?

-David: Piensa cualquier locura y acertarás.

“¡Oh pobre Susan, está en peligro e indefensa sin mí!”.

Por tanto todos los enredos se van resolviendo y las verdaderas identidades saliendo a la luz ahora que todas las historias convergen, incluida la de los dos leopardos, que será el punto culminante. David dará el último paso en su evolución protegiendo heroicamente a su enamorada del salvaje leopardo,  de esta forma concluye una espiral de locura que le permite romper su compromiso con Alice. La ruptura con la fría y desagradable Alice es tan lógica como bien acogida por David. Una vez hecho su viaje de madurez, una vez ha vivido su aventura y sacado ese yo interior que permanecía oculto, su verdadero yo, y que le vincula a Susan, Alice no tiene sentido en su vida, de hecho, como si lo intuyera o fuera consciente de esta idea, será ella la que rompa la relación.


“Sólo quiero decirte que me alegro de que antes de casarnos te mostraras tal y como en realidad eres…Un individuo veleta”. Exacto, la clave de todo, liberado de prejuicios y represiones, querida Alice.



La última escena.

La última escena supone el fin de la evolución de David y cierra y confirma todas las claves hawksianas que quedaban por resolver. David ha soltado lastre, ha dejado de reprimirse, ha eliminado complejos y se ve, sin anestesia, en una situación completamente nueva para él, solo y desorientado… Por ello su primer impulso al volver a ver a Susan apareciendo en el museo será huir y subir por el andamio del gran dinosaurio que ha creado. Lo que más siente David en ese momento es miedo y desorientación, pero para eso está ahí Susan, para encaminarle y guiarle a su caótica manera, pero no dejará de ser una guía que le permite a David ser él mismo. Una atracción ante la que no se puede resistir, que le obliga a asumir que eso es lo que quiere y desea.


El plano general donde vemos subir a Susan (Katharine Hepburn) a lo alto de la escalera para darle a David su recuperada clavícula intercostal es un momento sensacional. Ellos dos no podían terminar juntos en el suelo, las distancias no existen para Susan.

-Susan: ¿Por qué te subiste aquí al llegar yo?

-David: Porque te tengo miedo, sólo por eso.






La sinceridad y la franqueza se impone entre ambos, ya vimos como Susan, con su excelente y jovial carácter, aguantaba todos los desprecios de David, guiada sólo por la consecución de su objetivo y el conocimiento que tiene de ese hombre. Susan conoce mejor a David que él mismo. Así Susan, a pesar de recurrir a mentiras y manipulaciones anteriormente, ya no necesita de ellas, por lo que confesará sus sentimientos, que nunca había disimulado y había manifestado a otros, y lo más importante, sus motivos a David, su enamorado. Justo en el momento en el que Susan se disculpa, con la clavícula intercostal y el millón de dólares para el museo en las manos, es decir, todo lo que pretendía David en un principio, nuestro protagonista eliminará sus últimas reticencias, despertando de su letargo definitivamente, entendiéndose por fin a sí mismo y confesando que el loco día con Susan ha sido el “más feliz de su vida”, rompiendo su coraza.

-David: Debería darte las gracias.

-Susan: ¿Las gracias? ¿Por qué?

-David: Sí bueno, porque acabo de descubrir que hoy ha sido el día más feliz de mi vida.
 
-Susan: ¿Lo dices en serio?

-David: Nunca lo he pasado mejor.

-Susan: Pero si has estado conmigo, David.

-David: Precisamente por eso.

…

-Susan: Esto es maravilloso y ¿sabes lo que significa? Pues significa que me amas un poquito.

-David: No, te amo mucho.

El momento del balanceo es memorable, contiene las claves de esa relación, el exagerado y surrealista movimiento de la escalera donde está Susan define su locura, su inestabilidad, en contraste con el estatismo de él. Ver la destrucción en plano general del dinosaurio y cómo David agarra a Susan en ese preciso momento es de esos instantes mágicos y arriesgados que nos deja el cine clásico. En ese rescate tenemos un poco la contraprestación de esa relación, con David centrando y rescatando de esa espiral de locura a Susan una vez ha cedido a su deseo y una vez ella ha destruido, por completo y literalmente, el mundo de él. La perfecta representación del amor loco.



Una vez el mundo en el que se refugiaba David ha sido destruido por Susan, sólo queda él mismo, y ese es un cambio que le satisface plenamente al hombre hawksiano de la comedia.




Nunca antes la sensación de resignada rendición, de rendición incondicional deseada, ha sido mejor retratada que en esta escena, con David cediendo a sus impulsos y sentimientos, a la experiencia vital, la pasión y la locura ante el derruido dinosaurio en el que trabajó 4 años.

Ese momento con Cary Grant sosteniendo a pulso y en vilo a su amada, evitando que caiga de una gran altura, lo veríamos reeditado en la magistral “Con la muerte en los talones” (Alfred Hitchcock, 1959), película con la que tiene más de un paralelismo, aunque no lo parezca. Lamentablemente no hay beso.





Curiosidades de un clásico.

Con una película tan loca no es de extrañar que se sucedieran muchas anécdotas y curiosidades durante el rodaje o referentes a él. Aquí pondré una pequeña lista, que como todas las que hago en este apartado se podrá ampliar en cualquier momento.

-“La fiera de mi niña” es la primer película donde se usa la palabra “gay” refiriéndose a homosexual. Sucede en la escena donde tía Elizabeth (May Robson) descubre a David (Cary Grant) vestido con una bata femenina. La frase de Grant es “porque de pronto me he vuelto GAY”. Curiosamente la censura española quitó la palabra en el doblaje, con lo que la broma, el chiste y todo ese momento directamente perdió el sentido, quedando absurdo y desconcertante ya que oímos a Grant decir “porque de pronto me he vuelto…” y nada más… También es divertido ver que Grant es capaz de bromear con su sexualidad, lo hizo en múltiples ocasiones, a pesar de esos comentarios, precisamente, sobre una supuesta bisexualidad.

-La película fue un sonoro fracaso para la RKO, tanto a nivel crítico como de público, una cinta que se adelantó a su tiempo. Esto supuso el despido de Hawks (tenía firmadas 6 películas con ellos, "Gunga Din" entre ellas) y que se considerase a Hepburn nada más y nada menos que “veneno para la taquilla”… lo que son las cosas. No llegó a recaudar ni la tercera parte de lo que costó, unos 300 mil dólares. Este fracaso llevó a Hawks a decir que la película no era buena porque “los personajes eran demasiado locos e irracionales”. Ahora está considerada un clásico eterno y una de las mejores películas de la historia. Además, no la vería en el fondo tan mal cuando mantuvo todas las constantes de ella en sus futuras comedias y en las relaciones entre hombres y mujeres del resto de su filmografía. Otros actores que eran “veneno para la taquilla” en aquella época eran Fred Astaire, Marlene Dietrich, Joan Crawford, Greta Garbo…

-El trabajo de los sencillos efectos especiales es extraordinario. Se usaron transparencias en muchas de las escenas con los leopardos, pero lo cierto es que cuesta percatarse, es un trabajo extraordinario y fue una virguería técnica en su tiempo. En otras muchas secuencias se usó un cachorro de leopardo real que compartía plano con los personajes y que nos dejan momentos sublimes.

-“La fiera de mi niña” fue la primera comedia de Katharine Hepburn, por lo que estaba algo insegura sobre cómo enfocar el papel y tratar a su personaje. Ella procuraba parecer frívola y distendida, lo que llevó a Hawks a corregirla diciéndole que la comedia era algo serio, que no forzara las cosas ni pretendiera ser graciosa, simplemente, que se dejara ir. Estos y otros consejos de Hawks más la ayuda de varios especialistas de vodevil dieron el resultado que vemos en pantalla y posiblemente hicieron de la Hepburn lo que fue, una de las grandes actrices de comedia de la historia, y no sólo de comedia, como Grant. De hecho ambos están considerados dos de los mejores actores de la historia del cine, una consideración que no puede ser más justa, incluso puede que se quede corta.

-Howard Hughes ayudó a Hepburn a conseguir este papel, aunque la actriz no logró imponer a Spencer Tracy para el de David.

-Los leopardos y los protagonistas. Cary Grant tenía pánico a los leopardos, lo que llevó a Hawks a tener que usar dobles en sus escenas con ellos. Por el contrario Hepburn estaba encantada, jugaba con ellos todo el tiempo hasta el punto de sorprender a la domadora. El timorato y la decidida, como en la propia película.

-Las escenas en el apartamento de Susan, entre otras, con el leopardo pululando por allí, están rodadas en jaulas con las cámaras situadas de forma estratégica.






-Tal era el pánico de Cary Grant a los leopardos que Katharine Hepburn contó una broma que le gastó, puso un leopardo de peluche en una salida de ventilación perfectamente visible, cuando Grant vio aquello “salió de allí como un relámpago”.

-El perro George es el mismo que vimos en “La cena de los acusados” (W. S. Van Dyke, 1934), Asta, o “La pícara puritana” (LeoMcCarey, 1937) un portentoso “actor” que se hizo bastante famoso.



-Dudley Nichols, el guionista de la cinta, y Hagar Wilde, la autora de la historia en la que se basa la película y que también colaboró en el guión, se enamoraron durante el rodaje.

-Hawks confesó que se basó en Harold Lloyd, el maravilloso actor cómico estrella del mudo, principalmente, nuevo homenaje al mudo del maestro, para crear el personaje de Grant. Las gafas es uno de los detalles delatores.

-La escena del vestido roto de Hepburn está basada en una anécdota real que Cary Grant contó a Howard Hawks. A Grant se le enganchó su cremallera en el vestido de una mujer un día en el teatro, por lo que se fue detrás de ella por el mero impulso. Al director le pareció hilarante y decidió incluirla en la película. Se ha convertido en uno de los momentos míticos de la comedia universal. 

-Las citadas menciones al Pato Donald y a Mickey Mouse adquieren especial significación si tenemos en cuenta que la RKO era distribuidora de Disney en aquellos años.

-Uno de los detalles más curiosos de la película es que carece de banda sonora, no hay música, para Hawks la locura y el caos interno en los planos y de la propia historia eran más que suficientes como para subrayarlo con la banda sonora, que podría haberlo hecho desquiciante. El acierto es tan grande y genial que la ausencia de música pasa completamente desapercibida para el espectador.
 
Una obra incontestable que nos enamora como Susan Vance a David Huxley, de manera irremediable e intensa, porque disfrutaremos de la vida de verdad, nos lo pasaremos en grande siempre, cada vez que volvemos a verla , una película que nos lo da todo, incluido el amor, Baby…

“Todo te lo puedo dar menos el amor, Baby”.





 


Dedicada a Juanitoj, espero que fuera de su entera satisfacción. 






jueves, 3 de abril de 2014

Crítica: LA FIERA DE MI NIÑA (1938) -Parte 4/5-

HOWARD HAWKS












Cebos. Ecos.

-Como en toda buena comedía el uso de cebos y ecos también es muy socorrido para crear humor, aquí Hawks da una nueva lección de cómo usarlos y además de forma multiplicada y recreándose en el hecho. Uno de los más significativos lo tenemos con el robo del coche de Susan y David tras comprar carne para “Baby”. Este robo será al psiquiatra que vimos al inicio en el restaurante y con el que ya hubo un enredo con otro supuesto robo, el del bolso. Por si fuera poco esta huida remite a la escena del campo de golf, cuando Grant también huye montado en el lateral del coche, así Hawks en esta secuencia humorística funde mediante ecos y cebos dos de las anteriores. Siempre habrá un remate inesperado para los gags.

“Oh está bien, lo devolveré, además el modelo no me interesa”.

-La aparición de George, el perro, añade más elementos al enredo y supone un eco del cebo que se puso al inicio de la cinta, con la mención al gusto de “Baby”, el leopardo, por los perros. El juego con el perro también será excelso.


-El rapto de violencia de Grant hacia Hepburn lo tomará ella como señal de amor extremo, en otro eco de un cebo anterior, cuando el psiquiatra dijo que el enamoramiento se manifestaba de forma violenta en ocasiones. Su grito y su pisotón suponen una evolución en David. Un momento inolvidable, de hecho las agresiones físicas de Grant a Hepburn son momentos míticos de la más alta comedia, recordemos “Historias de Filadelfia” (George Cukor, 1940).

-Comenté con anterioridad como se creaban cebos y ecos con los diálogos. La escena de la cena con el Mayor Applegate (Charles Ruggles) es un buen ejemplo de esto. A Susan se le ocurrirá inventarse algo, una afición a la caza para David, lo que le acarreará problemas, como siempre, en la escena mencionada cuando el Mayor confiese ser gran aficionado, precisamente, a la caza mayor. Toda invención o mentira se vuelve en contra del pobre David.

-Veremos a Susan y a David bajo una ventana en dos ocasiones, la primera para despertar al señor Peabody (George Irving) y la segunda intentando bajar un leopardo del tejado de la casa del psiquiatra.



En la escena del robo, como en la del campo de golf, no se explica cómo se llevan los coches, aunque tampoco importa.

Inversiones.

En la casa de la tía Elizabeth, la futura mecenas de David, Hawks nos deleitará con otra de sus señas de identidad anunciadas al inicio del análisis, las inversiones de los roles. Así la juguetona Susan se pondrá el sombre de David mientras le roba descaradamente la ropa y David se verá obligado a ponerse una bata femenina.

El plano de Cary Grant abriendo la puerta del baño tras darse una ducha, donde vemos su sombra, y su posterior aparición estelar con la mencionada bata femenina es hilarante, una escena perfectamente modulada.




“No tenemos prisa Ana, ninguna prisa”.

Por supuesto, una vez Hawks ha vestido así a nuestro protagonista, con una elegante bata femenina, es evidente que no podrá evitar llamar a la puerta para que alguien le vea.

“El hombre que se quede con usted no tendrá más que problemas”.

“Muy sencillo, ¡porque de pronto me he vuelto gay!”

Esas frases juguetonas... La última en concreto está chapuceramente cercenada en el doblaje, que suprimió la palabra “Gay”. La censura y su sentido del humor…

 “Ni siquiera conozco el Brasil”.

“¡Naturalmente que no! ¡Lo único que quiero es casarme!”.

La que desde luego está realmente sexy con bata es Kathatine Hepburn, con sombrero masculino o sin él. La enamorada mirada de Hepburn a Grant tras esa última frase es difícil de resistir. Matices y equívocos deslumbrantes.


El caos generador de vida.

El caos es la columna vertebral de “La fiera de mi niña”, el caos y la locura, un caos y una locura generadoras de vida, a través del caos nacerá el amor, se derribarán complejos y suprimirán represiones, se destruirá el formalismo y apostará por la vitalidad. Toda la trama es desquiciada, el comportamiento de Hepburn para encerrarla en su psiquiátrico más pronto que tarde, la tendencia al sadomasoquismo de Grant digna de estudio y los elementos excéntricos abundando por doquier.

La escena que mejor retrata ese caos a nivel sensitivo la tenemos con la presentación de la tía Elizabeth (May Robson), una escena repleta de grandes diálogos y matices en medio de un caos absoluto y ensordecedor de gritos y ladridos, con todos hablando a la vez y George ladrando sin parar.

Es impagable ver correr a Hepburn y Grant en bata delante y detrás de un perro. Además, en ese juego constante de Hawks con el público, al que hace cómplice de manera permanente con esos momentos de suspense cómico, por ejemplo, pondrá en boca de Susan el sentir del espectador ante el aturdimiento provocado por los continuos ladridos del perro George.

“Me ama, no me ama, me ama, no me ama… ¡Me ama! ¡David!”.

“Si encuentra ropa se marchará de aquí. Es el único hombre al que he amado”.

Es una escena y plano memorable tras otro, sacándole todo el jugo a ese elemento excéntrico que acaba de aparecer, el perrito, que de dar la lata con sus ladridos se callará para robar, como es lógico y normal, el imprescindible hueso de David, la clavícula intercostal.

Robos.

Uno de los elementos con los que se juega en varias ocasiones en la película, que sirve estructuralmente a varios momentos de la trama y en la gestación de gags, son los robos.

Susan (Katharine Hepburn) es la principal ladrona de la película, lo primero que se apropiará será la pelota de golf de David y acto seguido su coche… En el restaurante será David el que se apropie por error y por culpa de Susan del bolso de la mujer del psiquiatra. Tras el accidente con el camión de las gallinas Hepburn quedará algo frustrada por no haber salido corriendo y verse obligados a pagar el desaguisado provocado por “Baby”. Otro coche será víctima de esta divertida cleptómana, el del psiquiatra, que sufre en sus carnes sus malos diagnósticos. En casa de tía Elizabeth (May Robson), Susan le robará, momentáneamente, la ropa a David para así retenerlo en su casa. George, el perro, hará un “robo impulsivo e inconsciente” al llevarse la clavícula intercostal del dinosaurio de David… Todos y cada uno de estos robos creará un enredo, una situación divertida o tendrá incidencia esencial en la trama.



“Ahora que sabes dónde encontrarlos, ¿por qué no pides que te envíen otro?”.

En la última escena Susan, en plan gangster, inventará una surrealista historia sobre una banda de ladrones, Susie “La veleta”, Jerry “El tenazas”… y amagará con robar la pitillera del psiquiatra y volverá a robarle el coche para sublimar un nuevo aspecto en el clímax.

“…es la costumbre”.

“¡Ha vuelto a robar mi coche!”.

En cualquier caso, por mucho que Katharine Hepburn robe, si acaba mirándote con esa cara de enamorada con la que mira a Cary Grant poco puedes hacer para resistirte, aunque los despistados científicos que interpreta Grant para Hawks tiendan a fijarse más en el material del que están hechas las medias que cubren las piernas de Marilyn Monroe que en las propias piernas… (“Me siento rejuvenecer”, 1952).



“Estas tan guapo sin gafas”.

Películas previsibles versus películas imprevisibles.


“La fiera de mi niña” menos previsible es cualquier cosa. Suele mencionarse la “previsibilidad” como un defecto en muchas películas, especialmente mencionado por gente a la que no le gusta dicha película o porque aciertan el final. Curiosamente en otras que el final se acierta de igual forma, pero que gustan ese supuesto defecto se omite sorprendentemente. Hay que aclarar que esa valoración de vincular previsibilidad al final es completamente errónea, salvo en la de supuestos finales sorpresa, y aún en estos con muchos matices, ya que en la mayoría de cintas el final se conoce incluso antes de iniciarse la película, especialmente en algunos géneros. Incluso si no se sabe la cosa puede variar entre dos opciones, con lo que apostando por una hay grandes posibilidades de acertar, (viven-mueren, quedan juntos- se separan…). Cuando uno ve una comedia romántica sabe que la pareja quedará junta, es así en el 95 por ciento de los casos, pero eso no la hace previsible porque lo importante es el trayecto, el cómo se llega a esa conclusión. Una película tiene el defecto de ser previsible cuando las situaciones y su desarrollo lo son, cuando vemos venir cada paso que acontece, cada situación, enredo o complicación, no porque el final sea el lógico y habitual. Por el contrario, una película que altere el final habitual, por ejemplo que los enamorados no queden juntos en una comedia romántica, no se convierte en sorprendente o poco previsible si su desarrollo ha sido monótono, poco original y el espectador ha ido siempre por delante, aunque se pueda llevar una sorpresa al final o alguna ocasional durante el metraje. Esa película sí tendrá el defecto de ser previsible. Así, la locura en la que está instalada esta obra maestra, “La fiera de mi niña”, hace de ella algo absolutamente imprevisible, una de las comedias más imprevisibles jamás hechas… aunque sepamos que Grant y Hepburn acabarán juntos desde el inicio.

Por supuesto nos sorprenderá el hecho de que la tía de Susan, Elizabeth, sea la posible patrocinadora de David y sus estudios. El azar, el destino y las coincidencias son parte fundamental de la cinta, como he comentado.

A la trama con el perro no se le puede sacar más partido, Hawks siempre dando más, estirando las cosas hasta el paroxismo. La surrealista búsqueda, los agujeros en el jardín, los diálogos semi perrunos… Imposible no reírse. Escenas al límite. Hawks hará un breve travelling por el jardín mientras Hepburn y Grant buscan al perro, uno de los pocos travellings de la película.




-David: ¡George!

-Susan: ¡George!

-David: ¡Basta ya, Susan! Pareces el eco.

“Bueno, en casi todos los lugares a donde nos ha llevado hemos encontrado algo”.

“Necesitaríamos un arado”.

La relación entre el Mayor Applegate (Charles Ruggles) y la tía Elizabeth (May Robson) también deja momentos encantadores y diálogos magníficos, sobre rugidos y leones, por ejemplo.



Es tal el talento del guión que incluso se permite el lujo de corregir y juguetear con las licencias o pequeños trucos que complican las situaciones. Uno de los ejemplos más evidentes de esto lo tenemos cuando un personaje que hasta ese momento no habíamos visto libera sin querer a “Baby”, el leopardo. Es evidente que el leopardo debía ser liberado para que todas las tramas y elementos confluyeran, por lo que este truco es tan válido como otro cualquiera, aunque evidentemente gratuito, a priori. Lo bueno de esta película es que en su apuesta por la locura y el caos como generador vital estas licencias son plenamente coherentes, pero Hawks y su guionista no querrán que este truco sea vulgar, así que lo corregirán dando presencia a ese personaje a partir de ahora y recurriendo a una broma excepcional que acaba por "subsanar" y hacer coherente la mencionada licencia. Así, la excusa para que el jardinero furtivo libere a “Baby” es que tiene escondida una botella de licor donde está encerrado el animal… Si Hawks lo dejara así quedaría artificioso y arbitrario, como he comentado, pero el director nos lo mostrará posteriormente, refunfuñón y borracho, sacando botellas que tiene guardadas por toda la propiedad, con lo que convierte un aparente truco en un brillante gag.


Además el jardinero cuestionará la “civilización” de los comensales, desarrollando esa idea de la cinta que vincula a animales y personas, a sus instintos reprimidos que luchan por salir, en una ironía maravillosa, ya que él guarda botellas de licor para luego recuperarlas de la misma manera que George guarda sus pequeños tesoros para luego disfrutarlos.



Caza y aventura.

La caza y la aventura son elementos indispensables y muy recurrentes en el cine de Hawks, aunque no suelen aparecer de una forma tan evidente como en los westerns o las cintas de aventuras, lógicamente, en la comedia. “La fiera de mi niña” vuelve a ser una excepción en esto, por algo es una de las piezas angulares de la filmografía del director americano. Así, las menciones a la caza, las imitaciones a los gritos de los leopardos en la cena, la búsqueda de los leopardos y la propia estructura de la cinta remiten de forma directa a la caza. La odisea de Hepburn y Grant buscando el hueso junto a George y las continuas peripecias que les acontecen, con un nuevo leopardo incluido, se entroncan con el relato de aventuras. Además la aventura, que es lo que viven David y Susan en esta parte de la película, afianza y fortalece sus lazos, como en los westerns o películas de aventuras del director, aunque siempre en tono distendido y más sutil.





La metáfora perfecta que fusiona esa guerra de sexos y la idea de caza la tenemos en ese plano, mencionado, del cazamariposas portado por Hepburn en la cabeza de Grant… el hombre cazado.

Todo el mundo verá a “Baby” menos nuestros protagonistas, que se encontrarán con otro leopardo distinto. Cada detalle es hilarante, aunque esté mezclado con toques de aventura, por ejemplo ver a Grant secarse su ropa tras el chapuzón en el río.

-David: Susan, ¿hay alguna forma de cruzar este río?

-Susan: ¡Claro! Es poco hondo, podemos vadearlo.

“Oh David, se está quemando tu calcetín…”

-Susan: Es una situación divertida estar aquí los dos juntos con esta luna. Además, me gusta estar contigo.

-David: Gracias, a mí me gusta la paz y el silencio.







Por si fuera poco un circo se sumará a la fiesta, además un elemento muy adecuado con el tono de la cinta, una nueva ironía de Hawks. Los elementos que se añaden y se usan son infinitos y a todos se les saca el máximo partido, es sorprendente que la película nunca haga aguas, manteniendo un ritmo y pulso narrativo ejemplar y siempre coherente. Es aquí, precisamente, cuando aparecerá el otro leopardo, éste nada manso ni domesticado, temible y agresivo, una auténtica bestia que queda definido en unas pocas frases.

Se recurrirá a otro truco de guión para liberar a este segundo leopardo, los conductores parándose justo donde se encuentran Hepburn y Grant para consultar un mapa… Este es, posiblemente, el momento más artificioso de toda la cinta, aunque como apología del loco destino hay que admitirla sin problemas.


“¿Quiere que lo atemos, señora?”.

“¿Y asegura usted que ha acariciado a esta bestia?”.

Las escenas con actores y animales juntos en plano son excelentes. Hawks dándolo todo en esa confusión con los dos leopardos, como si uno solo no fuera suficiente.

Hawks no ha acabado con el psiquiatra ni la psiquiatría, que tendrán que soportar un par de humillaciones más. La primera de ellas es otro de los momentos más recordados de la cinta, Grant y Hepburn cantando al leopardo equivocado en el tejado del doctor (Fritz Feld). En realidad no es un dúo el que canta sino un trío, ya que George, el perro, también se suma a la pegadiza canción. “Todo te lo puedo dar menos el amor, Baby”. Esto acabará con otro diagnóstico equivocado del psiquiatra, que cree que Susan ve visiones en forma de leopardo, aunque lo cierto es que quizá a la encantadora chica no le vendría mal un par de sesiones, por lo que terminará secuestrándola para tratarla. 



 


Dedicada a Juanitoj, al que no le puedo dar amor pero sí este análisis.