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sábado, 9 de febrero de 2013

Crítica: DJANGO DESENCADENADO (2012) -Última Parte-

QUENTIN TARANTINO









El fraccionamiento narrativo fue uno de los signos distintivos de Tarantino, sobre todo en los inicios, luego ha jugado con esta fragmentación de forma más madura (flashbacks), variadas (uso de distintas formas narrativas, como introducir manga en medio de una película), o montajes paralelos mezclando el presente y el pasado o el presente y el futuro, como ocurre en ésta que no ocupa en varias ocasiones. Un ejemplo lo tenemos en esta escena con los del KKK, donde se ve la preparación del ataque y el ataque mismo de forma alternativa.


En la conversación que mantendrán Django y Schultz, tras la historia de Sigfrido y Broomhilda que le cuenta el último, más íntima, veremos a Schultz desenfocado mientras habla, como si de un espíritu abstracto que estuviera influyendo en Django se tratara. Luego se acercará a Django, que sí estaba enfocado, para proponerle un trato, de lo poético a lo práctico. Pacto sellado.


Schultz y Django recuerdan a las parejas del cine de Leone, donde uno era hierático y silencioso y el otro histriónico y charlatán, uno con pasado y el otro sin él. Siempre llamaba la atención por qué Leone nos mostraba el pasado de Eli Wallach, por ejemplo, pero omitía el de Clint Eastwood en “El bueno, el feo y el malo (1966)… sencillamente era porque los personajes que interpretaba Clint Eastwood tenían ese componente mítico del que también, y magníficamente, los dotaba Sergio Leone, con ese detalle lo acentuaba (además de la pose, objetos o vestuario…).

Esta relación paterno-filial o de mentor y alumno, también la apreciamos en “Kill Bill”.

Los personajes tarantinianos suelen estar muy bien dibujados, un ejemplo del desarrollo de su personalidad lo tendremos en los escrúpulos que muestra Django en su primer trabajo, cuando tiene que matar a un hombre en presencia de su hijo, todo visto desde la lejanía. Django está aprendiendo, practicando, entrenando, ensayando… el oficio de cazarrecompensas.


Mississippi.

Otra mesa albergará la planificación del rescate a la mujer de Django (nueva representación, volverán a llamarse personajes a sí mismos). Aquí Tarantino volverá a usar la fragmentación narrativa y veremos cómo se ejecuta el plan a la vez que los vemos sentados planificándolo. Se nos presentará al gran Leonardo DiCaprio, que interpreta a Calvin Candie.

Un picado sobre la escalera y las peleas de mandinga inician la farsa ideada. Franco Nero tendrá un pequeño homenaje y guiño como protagonista del “Django” original, un guiño simpático. También veremos disfrutar sádicamente a DiCaprio con la violentísima pelea de mandinga, pelea a muerte entre negros.


Los parches, los ojos sacados, como en la pelea de mandinga, remiten a “Kill Bill”, donde todo eso está muy presente. “Kill Bill”, película vertebral en la filmografía tarantiniana, especialmente en la creación de mitologías.


Jamie Foxx: “Django, la D es muda.”

Franco Nero: “Lo sé.”

DiCaprio: "Caballeros, ya tenían mi curiosidad. Ahora tienen mi atención".

El retrato del personaje interpretado por DiCaprio es excelente, su ligero amaneramiento, su sofisticación, su cigarro, los drásticos zooms a su rostro… Su personaje irá dando muestras de su crueldad, y amabilidad, de forma indirecta, como en la escena donde ordena que los perros ataquen a uno de sus luchadores, probando el estómago de nuestros dos protagonistas. Django se dará a valer como hombre libre en todo momento, generando desconcierto en los que le rodean y no están acostumbrados a hombres negros libres tan descarados.


Bueno, él es alemán… Yo estoy más acostumbrado a los americanos."

Las apariciones fantasmagóricas de la mujer de Django en traje amarillo, como el mono de la protagonista de “Kill Bill”, parecen indicar que nos acercamos al objetivo, aunque es cierto que sobran.

Otro de los deslumbrantes personajes de la cinta se nos presenta a la llegada a la gran mansión de Candie. Es su mayordomo, un negro maravillosamente interpretado por Samuel L. Jackson, que parece padecer una especie de síndrome de Estocolmo y desprecia a todos los de su propia raza. Sus diálogos y apariciones son francamente descacharrantes y despreciables, un personaje brillante en todos los sentidos. Un negro esclavista.
Una vez más el uso de idiomas estará justificado en la cinta, el alemán que domina Schultz, él es de allí, será la justificación para acercarse a la mujer de Django, que tiene conocimientos de alemán también. Una negra algo cultivada.



Es bonito y divertido el momento del encuentro entre Django y Broomhilda que prepara Schultz, después de haberla visto sufrir. Amor y dolor. Tarantino se muestra capaz de una gran sensibilidad y tacto. Pulso, paciencia y tempo. Todas las chicas tienen una pose tremendamente predispuesta, casi lasciva.

Tarantino demuestra un gran talento a la hora de mostrar ese personaje bisagra que es Stephen (Samuel L. Jackson). Travelling desde la cocina donde se encuentran los negros, siguiendo a Jackson, que pasa al salón, donde se encuentran los blancos. Él irá de un lugar a otro de forma constante. Así se inicia la extensísima escena de la cena, donde, como de costumbre, se mezclarán tramas, aumentará la tensión, habrá negociación, largas conversaciones y todo desencadenará, cuando menos lo esperes, en una espiral de violencia. Tarantino juega y modula la acción a su antojo. Nos recordará a “Malditos bastardos”, evidentemente.


Será Stephen el que se dé cuenta del engaño y se lo explicará a Candie, su adorado amo, intuye que la chica y Django se conocen y ella es el verdadero objetivo de los protagonistas. DiCaprio le hará caso, pero si bien la tensión es máxima no acabará en violencia, por ahora, sino en una cara compra. Un negro traidor a su raza, pero más inteligente que su amo. Toda la trama bien elaborada.


En la disertación que da DiCaprio sobre la sumisión de la raza negra se referirá a un gen especial que los hace ser así, por lo que no se rebelan. La mención a la genética es un anacronismo. En esta disertación ante una calavera DiCaprio se traviste de una especie de Hamlet sureño.



Todo en la escena está perfectamente dirigido, planos largos, travellings, planos-contraplanos, primeros planos e insertos (el revólver), en los momentos oportunos, el travelling circular sobre Jackson para resaltar su importancia y jerarquía.


Una vez resuelta la negociación por Broomhilda todo se calma un poco, una tensión contenida contrastada por la música de un delicado arpa.



La violencia llegará cuando todo parece calmado, por un sencillo gesto… y la tensión y frustración acumuladas. En “Malditos bastardos” fue un simple gesto al pedir unas cervezas, aquí será la insistencia de Candie en que Schultz le de la mano para sellar el trato, a lo que el alemán no está dispuesto. Schultz fiel a sus valores hasta el final.

Cámaras lentas, salpicones de sangre, disparos, el sonido de la sangre, coreografías, el sincero cariño de Stephen a su amo, los apuros de Django… una orgía sangrienta con un picado como conclusión a la misma cuando Django no tenga más salida al ser amenazado con matar a su esposa. No se le matará porque es un héroe mítico.

La elipsis es un recurso narrativo que Tarantino no domina muy bien…


La tortura, que también comienza en un picado, nos recuerda a “Pulp fiction”. Hay muchos planos de botas en la película, algo común a muchos westerns, sobre todo en el spaghetti. El plano inclinado desde la perspectiva de Django (que está colgado bocabajo), mostrando al primer torturador que quiere cortarle “las pelotas”, y luego a Stephen, entre las piernas, es un magnífico encuadre. Grandes y largos discursos con Jackson (Stephen) mirando a la cámara directamente incluso, acentuando la dureza de la historia y sus palabras.

La minera LeQuint Dickey.

La facilidad para lo mítico de Tarantino. Stephen explicará que “cortarle las pelotas” o cualquier otra tortura ideada se queda corta con respecto a la idea de llevarlo con la minera LeQuint Dickey. De esta forma tan sencilla Tarantino logra transmitir y evocar en el espectador la idea de algo inaudito, algo mítico casi salido del infierno. Tarantino nos hace disfrutar en la misma medida que nos vacila, ya que nunca llegaremos a ver a la mencionada minera, creando una expectación y una imagen con ella que alimenta los más perversos pensamientos del espectador, y que incluso puede servir al director para usarlo en una posible secuela…

Son cuentos macabros, así lo plantea Tarantino, cuanta una historia impactante, verbalmente, para crear ese halo mítico, legendario, en sus personajes o peripecias.

Aquí el propio Tarantino, en el viaje que nos conduce a conocer a la mencionada minera, tendrá su cameo, donde se reserva la muerte más espectacular.


Django logrará camelar a los que lo conducen con la minera, esto lo rodará Tarantino con un acertado travelling circular, es la confabulación, la manipulación, la seducción… aplicando las enseñanzas de su difunto mentor Schultz. Con todo, resulta excesiva la ingenuidad de los esclavistas que llevan a Django.

En esta escena tendremos un detalle más del carácter mítico del personaje de Django, desde la puesta en escena, su aparición tras el humo al estallar la bomba que sostenía el personaje interpretado por el director. Tarantino parece querer resumir sus ideas en la admirada mirada del negro cuando observa el cabalgar de Django en su marcha.


Como es de suponer Django no se detendrá ante nada ahora, así que tendremos más violencia, música y gore. Como contraste Tarantino nos ofrecerá una emotiva despedida, la de Django del cadáver de su amigo Schultz, cuando regrese a la mansión de Candie para recuperar el recibo que da la libertad a su mujer. Un bonito gesto.

Soy yo, nena”.







Tarantino cuida la imagen al máximo, un mimo que se sublima en el reencuentro de la pareja, un travelling que acaricia a la tumbada mujer y la sombra de Django, como un ángel de la muerte que ha venido a rescatarla, reflejada en la pared.



Ya sólo queda el clímax final para rematar su venganza. Django podría huir, pero en las últimas cintas de Tarantino la venganza debe ser completa, es una necesidad, se deben saldar todas las cuentas. Stephen (Samuel L. Jackson) no se librará, por supuesto. Una nueva orgía excesiva, aparatosa y desfasada de violencia, con explosión final incluida. La destrucción de Candyland.




Django terminará por definir, por fin, su look, con su cigarro y sus gafas, además de la doma de su caballo, en honor a su maestro.

Hola, pequeña problemática”.



La madurez de Tarantino se intuye en esa idea final que hay tras la venganza, una venganza que busca reencontrarse con el ser querido, con la familia, proteger esa institución y ese sentimiento, una imprescindible necesidad del vinculo familiar, aunque sea disfuncional, en los personajes protagonistas. Esto lo vimos con “Kill Bill” donde Uma Thurman busca a su hija, aquí en “Django desencadenado” lo vemos con el propio Django, que busca el reencuentro con su esposa. El resolutivo poder del amor.

El tema de la amistad sigue vigente, ya lo vimos desde sus inicios y en esta cinta está muy presente también. Como el de la traición.

Temas de Morricone, un clásico de las bandas sonoras del spaghetti, un maestro, como “Two mules from sister Sara”, “The Braying Mule”, “Rito Finale”, “Norme con Ironie”, “The Big Risk”, “Minacciosamente Lotano” o “Un Monumento”, entre otras, así como el réquiem de Verdi que se oía en “Battle Royale”, forman parte de la banda sonora. Luego hay temas más modernos buscando un marcado anacronismo.

Todas las interpretaciones son excepcionales, con mención especial para Christoph Waltz, de nuevo ejemplar con Tarantino, Leonardo DiCaprio, una vez más y Samuel L. Jackson. En el pequeño debe la de Jamie Foxx.

Una cinta mucho más depurada que las anteriores, una obra que muestra una mayor madurez y flexibilidad, pero que no va más allá en lo que ya nos había mostrado el gran Quentin Tarantino. La parte final es más floja que el resto, demasiado truco de guión y cierto atropello. Esto es cine de entretenimiento, es difícil encontrarle más lecturas en general, no hay más. Esto puede llevar a cierta vacuidad, con la que en ocasiones tontea Tarantino, que sale airoso por su talento e ingenio en muchas ocasiones, pero en otras no sale tan bien la jugada.


Disfrutaréis, en especial si os gusta este cineasta, el más influyente de las últimas décadas.