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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Crítica: BLUE JASMINE (2013) -Última Parte-

WOODY ALLEN













Hay muchos planos secuencia en la película, una de las columnas vertebrales del estilo de Woody Allen, como he comentado. Un ejemplo lo tenemos en la escena donde vemos la decepción del hijo junto a Jasmine, el paso de la admiración que vimos en flashbacks anteriores al desprecio en esta secuencia sin cortes. Los veremos en plano general acercándose a cámara, con Jasmine intentando calmar la ira de su hijastro.





Jasmine no es mala madre, al menos lo que se la ve con el hjo de su marido casi siempre es positivo… en principio.

Bofetón de realidad.

-Un elemento muy notable de la película dentro del retrato de Jasmine es que es como el agua y el aceite con la mediocridad, no puede mezclarse con ella. Acostumbrada al lujo, al trato especial, a tener todo lo que deseaba, a ser mimada a tiempo completo, a la vida fastuosa y selecta, cuando debe codearse con esa mediocridad que siempre despreció y de la que abominó, la bofetada de realidad es brutal para ella, llevándola a la locura. Jasmine sabe en el fondo que no podrá adaptarse, que es literalmente incapaz, por eso sólo le queda vagar y sumirse en esa locura, evadirse refugiándose en unos recuerdos que la alejan de ese lugar terrorífico, la vida mundana, la vulgaridad. Prefiere engañarse a sí misma, recrear una ficción de felicidad en su cabeza, de hecho es una actriz a tiempo completo, pura fachada y mentira, mera apariencia. Jasmine terminará la película tan resignada que no tendrá capacidad ni para pedir ayuda, consuelo que le quedaba a Kenneth Branagh al final de “Celebrity” (1998).

Jasmine está en muchos momentos al borde del colapso.

Necesito que me firmes esto, cariño.”

-Sus ínfulas la llevarán a querer ser decoradora de interiores on line, pero deberá dar muchos pasos antes, conviviendo con la mediocridad en la creencia de que será temporalmente. Será secretaria de un dentista para poder pagarse su curso de informática y así poder saciar su aspiración… Constancia frustrada. Una dosis de humildad que no pega con su carácter, donde la inmediatez lo es todo, y cuando vea que la cosa va para largo se rendirá…



El otro personaje importante de la película es el prometido de Ginger, Chili (Bobby Cannavale), un hombre rudo, un tanto macarra, de clase media baja, pocos modales, la antítesis de Jasmine, pero auténtico y que quiere a Ginger sinceramente. Allen, en contra de lo que suele hace en muchas ocasiones, no usará este contraste y el desprecio para terminar uniendo a la pareja, Chili-Jasmine, al contrario, nuestra protagonista hará todo lo posible para que su hermana lo deje, pero no por interés propio sino por desprecio absoluto y para buscarle alguien de clase alta, o al menos más alta que ChiliGinger encontrará una ilusión vacua en Al (Louis C. K.), en la misma fiesta donde Jasmine conoce a Dwight, y vivirá una fogosa y fugaz aventura con él… Jasmine llevando por el mal camino a su hermana, el camino de su propio complejo.




Michael Stuhlbarg interpreta al doctor Flicker, un dentista algo lascivo que pretende a Jasmine, un personaje intrascendente y de puro relleno, que sirve para mostrar las ambiciones de la protagonista, sus gustos y aspiraciones. Desde luego el dentista no las colma, pero Dwight (Peter Sarsgaard), las saciará con creces.




-Jasmine es una actriz a tiempo completo, no descansa, está actuando todo el día de cara a la galería, y su problema es que lo disfruta, no la fatiga, está adaptada a ser así, por eso no se resiente. Su mejor actuación la tendrá cuando conozca a Dwight, precisamente, un adinerado diplomático, ambrosía para Jasmine… la panacea. Con él se hará pasar por diseñadora, decoradora, viuda y sin hijos… le contará una vida completamente falsa que fingirá tener. Su relación será vertiginosa, paseos, compra de antigüedades, sexo, mar…




-El otro gran detalle que detalla su constante actuación es cuando Hal amenaza con dejarla y descubrimos la mezquindad rencorosa de la que es capaz Jasmine, dejando de fingir que no se enteraba de nada para denunciar a su marido sin miramientos.





-Cuando Jasmine toque fondo, vea todas sus aspiraciones pisoteadas y tiradas por tierra, se enfrentará a su hermana, que vuelve a sentirse feliz al reconciliarse con Chili, para mentirla, inventarse una historia completa sin sentido, en lo que es el último escalón para su caída libre, ya que con Ginger siempre había sido sincera hasta ese momento.



-Jasmine elige por prejuicio instantáneo, basado en el éxito, el dinero y las buenas formas, poco más. Esta relación con Dwight parecerá relajar a Jasmine, más cordial y colaboradora con su hermana, a la que cubrirá en su infidelidad y por la que pasará ratos con sus hijos. A resaltar una simpática escena de diálogos sinceros entre los muchachos y nuestra protagonista.


El momento en el que Jasmine llora en soledad tras recibir una llamada de Dwight, un hombre que puede devolverle su antigua vida, es glorioso y el momento cumbre de su evolución, ya que esa relación se encamina hacia una petición de matrimonio, que si acepta es una apuesta para seguir como antes, renunciar a una posible madurez, a un cambio en su personalidad, mientras que rechazarlo para perseguir su “sueño” de ser decoradora sería el camino más difícil, pero que implicaría una madurez… Jasmine no lo dudará, llorará porque tiene en la punta de los dedos recuperar su vida de lujo y suntuosidad.




El pasado.

Otro truco de guión, una nueva aparición repentina, un encuentro surgido de la nada en el momento más adecuado derrumbará salvajemente el débil castillo de naipes creado por Jasmine. Será cuando Augie (Andrew Dice Clay) aparezca mientras Jasmine mira anillos junto a su prometido. Al menos en esta ocasión la idea del pasado que viene para tomarse justa venganza, el retorno de un pasado del que no se puede huir, le da peso y enjundia al momento.


Augie hará todo el recorrido por los lugares más oscuros del pasado de Jasmine, el fraude de su marido, su suicidio, el hijo… Una conversación donde se destaca de forma expresa el pasado inconcluso, un pasado que vendrá para poner las cosas en orden, descubrir el engaño del que estaba siendo víctima Dwight, la reconciliación de Ginger con Chili y el reencuentro de Jasmine con su hijastro…

“…algunos no dejamos las cosas atrás fácilmente.”


El encuentro de Jasmine con su hijastro es duro, los sencillos reproches del chico, contundentes y sin subrayado alguno, donde descubrimos que superó una adicción a las drogas gracias a su novia y que trabaja en una tienda de música, son auténticos latigazos emocionales. También mencionará al pasado, pidiendo que se mantenga alejado de él para avanzar.





Los momentos finales de la película son excelentes, una ducha depuradora que desembocará en la caída definitiva de Jasmine en la locura. La brillantísima panorámica que lleva de la felicidad de la pareja, Ginger y Chili, a una errante Jasmine completamente alocada, para acto seguido y sin corte volver hacia la pared y sostener el plano ante ella mientras oímos en off a la pareja, es una metáfora deslumbrante de la situación de la protagonista, impotente e incapaz de traspasar ese muro, esa pared, de entender en qué consiste la verdadera felicidad, condenándola a la evasión de la locura, de la ficción de felicidad que vivió en base a lo material y el engaño. Jasmine es incapaz de salir de ese caparazón, con lo que se sumerge en la irrealidad y la locura, de nuevo el conflicto entre realidad/ficción tan adorado por Allen y mencionado con anterioridad.






Todo acaba resultando lo mismo que en muchas otras películas de Allen en cuanto a sus reflexiones se refiere, por ejemplo podemos citar “Celebrity” (1998), la película que cerraba su época gloriosa de tres décadas sublimes, donde hasta el último plano, con el rostro perturbado de Blanchett, no se aleja un ápice del de la película protagonizada por Branagh y el “Help” que se dibuja en el cielo. Lo que le ocurre a Jasmine es que acaba tan resignada que ni siquiera tiene la capacidad para pedir ayuda… Además Allen ha tratado el tema de la fama, el lujo y el éxito, sus pros y contras, en muchas películas, uno de los últimos ejemplos lo tuvimos en la mediocre “A Roma con amor” (2012), que tiene algún episodio dedicado a ello.




Un resultado que nos deja un Allen moralista en esta ocasión, cerrando de forma brillante una película que coge bastante altura en su parte final, de gran intensidad dramática. Un Allen bastante contenido en cuanto a los líos de faldas e infidelidades se refiere, a pesar de todo.








En definitiva, tenemos una buena película a nivel estructural, correcta en líneas generales, con sus luces y sus sombras, mejorando ostensiblemente títulos anteriores, pero que repite conceptos de forma simplista de otras cintas del maestro que los trataron con mayor profundidad, talento, enjundia y brillantez. Una película que no aporta nada al universo Allen ni al que conozca un poco su obra, pero que resultará apreciable para los menos exigentes y apasionados del Allen mayúsculo de décadas anteriores. En cualquier caso no despreciaremos nunca obras tan aseadas como esta de uno de los mayores talentos que ha dado el cine moderno.

Por lo demás sólo queda rendirse ante la portentosa y descomunal actuación de Cate Blanchett, una magnífica actriz más que se beneficia del talento de su director dirigiendo actores.




martes, 9 de septiembre de 2014

Crítica: BLUE JASMINE (2013) -Parte 1/2-

WOODY ALLEN












Woody Allen retoma el vuelo tras el fiasco y la decepción que supuso para muchos su anterior título, “A Roma con amor” (2012), dentro de su consabido bajón de prestaciones, con una aceptable comedia dramática que, aunque no aporta nada a la filmografía del genio neoyorquino, resulta una obra sólida, bien ejecutada y desarrollada y con algunos puntos fuertes muy reivindicables a pesar de sus reiterados postulados.



Allen nos cuenta la historia de Jasmine, que viene a ser una mezcla entre la vida de Carmen Lomana y la de la infanta Cristina y sus problemas con Urdangarín.

Jasmine es una atractiva mujer que ha gozado de una vida de lujo, glamur y facilidades, que cambiará cuando su marido, millonario, sea detenido por estafa, con lo que le será muy difícil aceptar su nuevo rol.

Si algo destaca en “Blue Jasmine” es la portentosa interpretación de Cate Blanchett, que le ha proporcionado su segundo Oscar de forma absolutamente merecida. Ella es Jasmine, que como corresponde a una película de Woody Allen será una charlatana de primera, alter ego del director, una Allen femenina.

El Jazz y Blue Moon darán comienzo a la película, una banda sonora predominante, como es habitual en el cine de Allen.



Blue Jasmine” presenta una estructura muy fraccionada, con continuos viajes al pasado en forma de flashback de distinta duración, unas veces con una escena breve y otras con varias secuencias, que son rememoraciones de la protagonista, evasiones hacia ese dorado pasado. Allí veremos cómo se evade de la realidad y de todo lo que le rodea, sin plantearse nada más allá de disfrutar de los millones y regalos de su marido. Estos flashback servirán para reflejar añoranzas, por medio de contrastes en ocasiones, como al ver el discreto apartamento de su hermana, evadirse de la realidad, como ya he comentado, o intentar justificarse… Algunos la atormentarán sin solución. En ellos será donde veamos a su marido, Hal (Alec Baldwin). En ocasiones se redunda lo visto en esos flashbacks con menciones en el tiempo presente, pero Allen integra muy bien esos flashbacks porque Jasmine es cualquier cosa menos un narrador fiable.


Si Jasmine es una pija de manual, una Lomana o una infanta Cristina, Hal, aparte de un sosias de Iñaki Urdangarín, es una especie de Di Caprio en “El lobo de Wall Street” (Martin Scorsese, 2013). Terminará desplumando a pobres asilvestrados, como la hermana de Jasmine y su marido, o a crédulos de todo pelaje. Como Jasmine, tampoco aceptará su nueva situación, por lo que terminará suicidándose en su celda con una cuerda.

Jasmine aceptará todo en esa relación mientras pueda seguir disfrutando de lo que le ofrece, por ello no tendrá ningún problema en aceptar al hijo de su marido, amorosa y comprensiva. Una vez se vea obligada a renunciar a esa vida de lujo, Jasmine aparecerá lindante con la locura, con una verborrea incontenible, incluso cuando está sola, como si rememorara aquellos tiempos que se resiste a abandonar. No acepta su nueva condición.

La película será ambigua inicialmente sobre el conocimiento que de los chanchullos de su marido tenía Jasmine, arruinada por ese motivo.




El personaje de Jasmine es fascinante, repleto de luces y sombras, egoísta y egocéntrica, neurótica, medio loca, inteligente, seductora, elegante, contradictoria… A su hermana, Ginger (Sally Hawkins), la utilizará en las duras, ya que en las maduras prefería pasar de ella. Ginger se sintió desplazada por su hermana, ella no era tan glamurosa… El desprecio, la frialdad, los aires de superioridad con respecto a su hermana por su posición social y sus capacidades, quedan perfectamente retratadas por Allen. Por cierto, Janet es el verdadero nombre de la protagonista, pero Jasmine tiene más empaque…







Mirará para otro lado ante las infidelidades de su marido y no preguntará por sus negocios, hasta que crea que todo está perdido, momento en el que actuará. 

Jasmine es una contradicción andante, sólo vive para el lujo, por ello, aunque no tenga dinero para nada y tenga que irse a vivir con su hermana… viajará en primera clase.



Augie es el ex marido de Ginger, la hermana de Jasmine, y está interpretado por Andrew Dice Clay, el mítico Ford Fairlane. Ellos también están separados, por culpa de un mal de negocio en el que invirtieron por culpa de Hal y Jasmine.





El toque Allen.

-Allen presenta un mundo de familias desestructuradas, niños adoptados y padres divorciados. Recordemos que el hijo de Hal vivirá junto a Jasmine, hijo de una antigua relación; ella y su hermana son adoptadas y los hijos de Ginger sufren el divorcio de sus padres…

-A nivel estilístico la película es clásica de Allen a grandes rasgos, diálogos continuos y frenéticos que los personajes se pisan unos a otros, planos secuencia largos siguiendo a los personajes mientras hablan y pasean, ya sea en interiores o exteriores, personajes que abandonan la habitación mientras siguen hablando dejando vacio el encuadre, entrando y saliendo del mismo, al estilo Bresson, la cotidianeidad y la intimidad… Por supuesto también habrá las imprescindibles conversaciones de pareja en intimidad. Con todo, se añora el estilo más aparentemente descuidado, que no lo era en absoluto, de su mejor época, más que este tan esteticista que disfrutamos en la actualidad, tan pulcro, que de alguna forma resta verismo y fuerza a sus historias y diálogos.

-Los tonos ocres y amarillentos están siendo bastante utilizados por el cineasta estos últimos y pulcros años.


-Uno de los temas básicos de Allen, el conflicto entre realidad y ficción, está de nuevo en “Blue Jasmine” de forma esencial y evidente. Jasmine vivirá una fantasía de lujo, pastillas y joyas, ajena a cualquier tipo de problema, ante los que cerrará los ojos por conveniencia, como los chanchullos de su marido. La gran mayoría de los personajes de Allen se debaten entre la realidad y la ficción sin saber cual elegir, unos se evaden de la realidad o cobijan en el universo de su arte y sus relatos (“Desmontando a Harry”, 1997), del teatro (“Balas sobre Broadway”, 1994), la fama y el éxito (“Celebrity”, 1998), un pasado idealizado (“Midnight in Paris”, 2011), en el cine (“La Rosa Púrpura del Cairo”, 1985)… y otros acaban decidiéndose por la realidad (“La rosa púrpura del Cairo", 1985). Jasmine vivió en su mundo de fantasía, al que convirtió en real, de forma que cuando la arrancan de él a la fuerza, no es capaz de vivir en esa realidad que la perturba, quedando en el limbo de la locura, otra forma de evasión. Incapaz de pasar página.

-Uno de los aspectos más brillantes de la película es su genialidad en la progresión dramática, realmente conseguida, equilibrada y cuidada, parece obra de un científico, el mejor detalle del genio de Allen. La mezcla de comedia y drama está perfectamente equilibrada, pero Allen dará mayor importancia a la comedia, los enredos, las frivolidades y la ligereza en los dos primeros tercios de la película, para ir filtrando el drama casi sin que nos demos cuenta de forma paulatina, aumentando su intensidad de una manera sencillamente magistral hasta llegar a los últimos 15 minutos, donde ese drama se desborda y deja los mejores y más intensos momentos de la película. Hay trucos de guión, pero todo está tan medido y equilibrado que es lo de menos, apoyado por unas interpretaciones antológicas donde Cate Blanchett luce con luz propia.




En cambio, uno de los problemas de “Blue Jasmine” es que no aporta absolutamente nada nuevo a este tema ya tratado por Allen. “Celebrity” (1998), sin ir más lejos, indagaba en todas estas cuestiones del lujo y la fama con mayor profundidad, eficacia, talento, sarcasmo y capacidad crítica. Jasmine es pura apariencia, clasismo en estado puro, mostrándose incómoda al tener que codearse con gente de otro nivel social más bajo.



Otro de estos problemas está en lo que era uno de los puntos fuertes de Allen, el humor, las situaciones cómicas y los diálogos. El humor en “Blue Jasmine” no resulta especialmente brillante, algún chispazo que levanta la sonrisa, pero los momentos de comedia no están entre los más sublimes de los regalados por el maestro, precisamente, que son muchos y muy buenos. Ahora las réplicas no son mordaces y carecen del ingenio y la chispa de antaño, en general. Incluso muchas suenan a refrito de anteriores películas de Allen. Hay escenas simpáticas, pero chispa, indudablemente, no. Un ejemplo lo tenemos en la escena de celos de Chili y Ginger en el supermercado, planteada como momento álgido de comedia, que se queda en un quiero y no puedo…



Los enredos amorosos, las infidelidades, los descubrimientos… son temas clásicos de Allen, pero en la cinta que nos ocupa recurre para mostrarlos a algunos trucos de guión muy pobres, mediocres, como cuando Ginger descubre una infidelidad de Hal durante los días que va a pasar con su hermana mientras da un paseo en coche y por pleno Manhattan, como si Manhattan y San Francisco fueran un micro pueblo donde todos se encuentran… Chili (Bobby Cannavale) también descubrirá la infidelidad de Ginger como si no costara… Es muy previsible también el conflicto con la hermana, de hecho, toda la trama de Ginger es previsible y aporta más bien poco al conjunto, y lo que aporta resulta muy simplista. Muchas lagunas y trucos de guión.




Los entornos lujosos y las fiestas son también ambientes que gusta mostrar al bueno de Woody Allen, que es bastante sibarita. Se hace evidente la incomodidad de Jasmine dentro del entorno de Ginger, por ejemplo en la escena con el novio de ésta y su amigo, que estará rodada en estricto plano y contraplano, algo muy logrado por parte de Allen.



Yo no puedo hacer un trabajo mecánico”.