Habrán oído muchas veces con respecto a muchas sagas clásicas
a las que en los últimos tiempos se les han ido añadiendo episodios de manera
gratuita e innecesaria aquello de “las buenas son las dos primeras o la primera”, o “como
las originales nada”… Y es que en líneas generales tienen toda la razón y esa
insistencia acaba por desprestigiar la franquicia, mermar su recuerdo,
minimizarlas por un puñado de dólares.
“Terminator Génesis” presenta un caos de líneas temporales
como gran novedad narrativa, así como universos paralelos y el cambio de villano en inesperado giro, lo que de una
infinita libertad para nuevas entregas… ¡El horror!
No es fácil hacer una obra maestra de historias como
“Terminator”, aunque pueda parecerlo, y suelen lograrlo auténticos maestros del
cine de entretenimiento como Spielberg, Zemeckis o Cameron… Te das cuenta
cuando ves los intentos de otros directores, sobre todo cuando se enfrentan a
algo que esos maestros crearon, como es el caso de "Terminator".
¿Por qué las dos primeras entregas de “Terminator” son joyas
y el resto no logra acercarse si quiera? Pues por puro talento.
Respondan: cuando veían aparecer al T-1000, ¿qué pensaban o
sentían? Les ayudo porque seguro que coinciden conmigo. Pensaban: “¿Cómo
diablos van a matar a este tío?” y sentían auténtico miedo al verle aparecer.
Imponía, y eso que el T-1000 que interpretaba Robert Patrick era un tirillas. Lo mismo con el imponente Schwarzenegger y su look en la primera parte de la saga. Cameron sacaba todo el partido a su villano, lo hacía aterrador, fascinante,
imprevisible, poderoso, casi inaccesible…
¿Qué tenemos aquí? Burdos intentos que cogen prestadas las
genialidades y las vulgarizan y tiran por tierra. El T-1000 que vemos aquí no
impone nada, intuimos su pronta muerte en todo momento, es lento, torpe, no
intimida en absoluto… Para suplir esto se pretende diversificar tramas y sacar
más Terminators, supuestamente más poderosos, pero eso jamás se siente ni se
muestra en una puesta en escena que desarrolle sus virtudes para trasmitirlo…
Nuestros protagonistas se libran de forma vulgar, de cualquier manera, y los
villanos siempre acaban resultando torpes, nunca a la altura de sus supuestas
virtudes, de su supuesta superioridad…
Donde Cameron expone y dota a su villano de una asombrosa
amalgama de recursos, sin aparente límite y brillantemente usados, Alan Taylor lo apuesta todo al recuerdo de lo creado por Cameron y a la diversificación y
acumulación de villanos… y claro... no cuela.
Con todo, Cameron, vendiendo bien la franquicia, ha comentado, como podéis ver en un vídeo al final, que le ha gustado la película, a la que ve como la tercera (parece que no cuenta las dirigidas por Jonathan Mostow ni McG). Buen intento, James, pero tampoco cuela, aunque pueda resultar superior a aquellas.
En la saga hay desajustes cronológicos, pero eso sería para
analizarlo en un artículo distinto o en el análisis de una de las dos primeras
entregas de la saga. Tendremos muchas líneas temporales: 12 de mayo de 1984 en
Los Ángeles, donde envían a Kyle Reese (Jai Courtney) y al Terminator para
matar a la joven Sarah Connor; Los Ángeles, 2029, donde nos presentan a John
Connor y los suyos en su batalla a punto de vencer a Skynet; 2017, nueva fecha
en San Francisco para salvar el mundo; 29 de agosto de 1997, del día del juicio
final; 1973, fecha donde “el abuelo” fue enviado a proteger a Sarah Connor
cuanto esta contaba 9 años…
La voz over de Kyle Reese desde 2029 nos cuenta de nuevo la
historia de lo sucedido y nos presenta a John Connor, el héroe de la
resistencia. Una batalla que se ha cobrado 3000 millones de muertos, pero en la
que la humanidad ha puesto en jaque a Skynet y sus Terminators. Colorado gana
una batalla decisiva y las máquinas están cayendo, a Skynet sólo le queda un
último recurso, el conocido envío de un Terminator con el joven rostro de
Arnold Schwarzenegger a 1984 para matar a Sarah Connor, la madre del héroe que
amenaza destruirlos. Como bien sabemos, John Connor mandará a Kyle Reese para
proteger a su madre, con una foto para reconocerla, pero algo distinto sucede
justo antes del viaje al pasado… Alguien ataca a John Connor y Kyle Reese
desembarca en 1984, pero en una línea temporal paralela, un universo distinto
donde nada es igual a lo que conocíamos en la mitología de la saga…
La primera escena de acción, con la batalla definitiva
contra las máquinas en 2029, deja buenos momentos con planos muy sostenidos en
el ataque al “núcleo central de Skynet”.
Ciertamente todo lo que ocurre es un despiporre sin mucho
sentido, pero parece importar poco… De la visión global que se da en el inicio
y el prólogo sobre la historia que conocemos de las anteriores entregas de la
saga y su mitología, iremos tornando a una historia completamente nueva con
guiños a lo anterior. Se cuenta con el conocimiento de los anteriores
episodios, pero no resulta indispensable.
Todo el mundo se pone a viajar en el tiempo, a 1984, primero
un Schwarzenegger jovencito, luego nuestro protagonista y finalmente un T-1000
de metal líquido.
Así, Sarah Connor, la sencilla camarera, será conocedora de
todo lo que le espera, especialmente el mensaje de su hijo que lleva Kyle, e
incluso tendrá un Terminator maduro como protector, con el rosto de Schwarzenegger
también, pero el actual. Así, el pobre de Kyle Reese se siente un poco perdido,
ya que su función de guía, protector e informador queda anulada para tener que
convertirse en el guiado, el protegido y el informado.
Para crear extrañeza el guión incluye detalles tan "atractivos" como flashes del futuro para el protagonista, Kyle Reese, que corresponderían a
otra línea temporal provocada por el ataque que sufrió John Connor justo antes
de su partida, que por lo que se ve lo cambia todo… Tanto que deberán ir a una
fecha a la que Sarah y su fiel Terminator ni se planteaban, 2017, en vez de 1997
como tenían previsto.
Total, que Kyle y Sarah emprenden un viaje en el tiempo sin
el Terminator T-800, ya que en los viajes en el tiempo se viaja sin equipaje y
como al Terminator le falta carne en una mano el magnetismo sería perjudicial. La cosa es que los Terminators son cacharros de metal de arriba a abajo, pero se
ve que si les cubres de carne el magnetismo ya no cuenta.
“No vas a necesitar ropa”.
Una de las escenas más notables es la pelea entre el
Schwarzenegger de 1984 contra el actual y envejecido. Una virguería de los
efectos especiales que se beneficia del rostro y gesto hierático, robótico e
inexpresivo del austriaco/estadounidense. La presentación es magnífica, con la
mítica música metálica apareciendo ante el T-800 del Schwarzenegger envejecido.
Un tirador misterioso, que descubriremos es Sarah Connor, salvará a su fiel
Terminator.
Mucho menos conseguido resulta el duelo entre Kyle Reese y
el T-1000 que interpreta Byung-hun Lee, que nada más aparecer no impone
absolutamente nada, mostrándose torpe, lento y estúpido. Escenas poco
conseguidas donde no sabemos por qué no mata a su víctima en un buen número de
ocasiones. Nunca resulta convincente que Kyle aguante y resista las embestidas del T-1000, nunca se
siente la más mínima tensión por lo que le pasará… ¡Se le resiste hasta
esposado! Un T-1000 desperdiciado completamente.
El momento donde coge y se prueba unas zapatillas mientras
el T-1000 se pasea por el centro comercial a cámara lenta, es un ejemplo de
escena de acción torpe… ¿Por qué no acelera? ¿Por qué no usa su metal líquido
para hacer una larga espada que atraviese a Kyle en las innumerables ocasiones
en las que tiene la oportunidad?
Un T-1000 que unas veces es muy sigiloso y en otras se pone
a disparar a 20 metros de distancia sin ver el objetivo... Todo andando, que las
prisas son malas.
Siempre vi algo de “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) en
ciertos aspectos de la trama de “Terminator”, por eso al oír a Kyle Reese
referirse como “Pellejudo” al Terminator maduro que interpreta Schwarzenegger,
me hizo gracia. También se menciona a Optimus Prime, de los “Transformers”…
Schwarzenegger está muy bien en la película, “Terminator”
es, posiblemente, su mejor papel (¿qué mejor para él que hacer de robot?). Aquí
adquiere nuevos matices, su rostro ahora resulta entrañable, incluso simpático,
lo que favorece ese registro que tanto gusta al actor austriaco, la autoparodia.
En muchos momentos da la impresión de estar al borde de la broma, pero eso hace
que no resulte tan amenazante, aunque claro, siendo el Terminator bueno no es
del todo negativo… Lamentablemente el bueno del T-800 con el rostro maduro de
Schwarzenegger parece más debilucho que todos sus contrincantes en las peleas.
Ella le llamará “el abuelo”, aunque es más bien un padre
para Sarah. Se nos explicará, en un detalle a tener en cuenta, el
envejecimiento de la máquina: La piel que le ponen al cíborg es tejido humano,
por tanto envejece.
“Soy viejo, no obsoleto”.
Es divertido ver a Schwarzenegger pidiendo a Sarah que tenga
sexo, que se aparee. ¡Bien por él!
“¡Cómemela!”
La relación de “el abuelo” con Sarah se explicará en breves
diálogos. La línea temporal cambió, por lo que un T-1000 fue enviado a matar a
Sarah en 1973, cuando tenía 9 años. Schwarzenegger también fue enviado, pero para
protegerla, consiguiendo eliminar al T-1000 y permaneciendo junto a ella desde
entonces… Vamos, que todo cambió menos que el Terminator malo vaya a matar a
Sarah vestido de policía…
Todo ello tiene un sutil regusto metalingüístico, un recurso
muy habitual ahora en estas sagas que se extienden eternamente en el tiempo:
Bromear, expandir, cambiar y hacer chistes sobre el propio universo y mitología
de la saga.
A Sarah Connor la interpreta Emilia Clarke con convicción,
que físicamente es una mezcla entre Michelle Rodriguez y la mismísima Linda
Hamilton, la Sarah Connor de Cameron.
Si bien el Schwarzenegger autoparódico funciona con
corrección, el resto de intentos humorísticos no convencen del todo, quizá
porque toma sus recursos de entregas anteriores, con lo que resulta tópico o ya
visto…
La mencionada idea de acumulación, que no tiene por qué ser mala, pero que aquí fracasa, tendrá un ejemplo perfecto en ese momento donde
entendemos por qué Sarah y “el abuelo” conservaron al otro T-800, el del joven
Schwarzenegger. La respuesta es porque necesitaban su CPU para hacer funcionar
una maquinita del tiempo (o máquina de desplazamiento temporal, que aquí se
ponen exquisitos) que Schwarzenegger tiene terminada… Ahí es nada…
Así que el T-800 joven resucitará para crear problemas a la
vez que regresa el T-1000 para seguir molestando, pero nuestros héroes acabarán
con ellos en un santiamén, sobre todo con el T-1000, para el que tienen preparada
una emboscada con ácido. Eso sí, al T-1000 unas veces un disparo le deja medio K.O
y otras con una ametralladora ni siente ni padece… Con el pobre T-800 se
recurrirá al fuego para que no veamos más el rostro del joven Schwarzenegger,
que la cosa iba para largo y salía cara. Esto de quemar a un Terminator con el
rostro de Schwarzenegger, nos recuerda a “Terminator Salvation” (McG, 2009); el clímax de la escena, con el Terminator sin tejido humano atacando a Kyle, parece homenajear al clímax de la primera película.
“Kyle Reese recuerda su propio pasado, que es nuestro
futuro”.
Las explicaciones se hacen cada vez más surrealistas y
absurdas, como que los momentos emocionalmente impactantes justo cuando alguien
va a hacer un viajecito en el tiempo pueden provocar recuerdos de varios
pasados distintos… Así que ya sabéis, si alguna vez utilizáis una “máquina de
desplazamiento temporal” cuidado con experimentar emociones fuertes… Unos
desplazamientos temporales que son como partos, con esa burbuja y esa posición fetal, lo que es un buen detalle visual que se mantiene desde la primera
parte. De repente, el Terminator es conocedor de cosas sorprendentes, a pesar de
su antigüedad… Y cosas así.
J. K. Simmons, que se llevó un merecido Oscar a mejor actor
secundario por deleitarnos en esa obra maestra que es “Whiplash” (Damien
Chazelle, 2014), tiene aquí un breve y poco interesante papel de policía
visionario. Un papel absurdo, si somos sinceros. Su papel es el del policía que
se encontró con Kyle en la escena del centro comercial y el enfrentamiento con el
T-1000. Es el policía que sobrevivió.
El villano definitivo, que no aparecerá hasta pasada la
mitad de la película para que le descubramos, será el propio John Connor,
transformado en un mega Terminator tras el ataque sufrido por “Skynet”
personificado antes de que Kyle partiera hacia 1984.
“Verás, no soy máquina… ni hombre. Soy más”. “Somos
náufragos los tres. Exiliados del tiempo”. “John ya no es la última esperanza
de la humanidad… Es la de Skynet”.
Es interesante la familia que se plantea en la película,
llevando el término disfuncional a otra dimensión. Una familia disfuncional
atemporal, ya que todos proceden de tiempos distintos y no se conocen más que
por referencias de otros, por líneas temporales pasadas o paralelas, por datos
aprendidos, por contactos que no han sentido ni vivido, ya que ellos no se han
visto… Con la salvedad de John y Kyle, que proceden del mismo lugar, aunque
John no conserva la misma esencia. Es divertido que John vea a su madre siendo
más joven que él, al estilo de “Regreso al futuro” (Robert Zemeckis, 1985).
En esta línea irá una de las escenas finales, con la familia
de Kyle Reese viendo a su hijo adulto hablando con su hijo infante.
Querrán confiar en John, guía, hijo y héroe de la
resistencia, le someterán a una prueba de confianza, que no pasará… Así
llegaremos al último tercio. Un John Connor y una Skynet-Génesis, convertidos
en una especie de deidad, el dios tecnológico, el neo dios.
Las escenas de acción de la parte final no quedarán para el
recuerdo, son efectivas y dejan buenos momentos o detalles, pero se las fuerza
en exceso, resultan algo artificiosas (el autobús dando volteretas, el T-800
saltando de un helicóptero…), poco convincentes y tampoco destacan por una
espectacularidad especial. Algunas peleas son sabrosas, también la
persecución en helicóptero. En la escena del puente tendremos buenos picados
para la persecución, un mega accidente, un gran rescate del T-800 y un heroico
Kyle haciendo funcionar un artilugio creado por Schwarzenegger para combatir al
invencible John Connor en el autobús colgado… Todo además de lo reseñado con
anterioridad.
“Vólveré”. Y Schwarzeneger siempre cumple. “Teóricamente”.
En la puesta en escena, por destacar algo, un recurso muy
utilizado pero aceptable: John Connor viendo como nuestros protagonistas huyen
de él escuchando el vehículo que utilizará para perseguirles, sin que lo
veamos. Una moto.
El clímax ante el inminente lanzamiento de “Génesis” es muy
flojo, con mucha pirotecnia pero nunca tensión y sensación de verdadera
amenaza. Un suspense tópico y mal tratado, llevado y creado… Además nuestro
villano tiene repentinos escrúpulos ilógicos…
Como sorpresa final tendremos a Schwarzengger actualizado,
de T-800 a T-1000, un Schwarzenegger de metal líquido… Lo que faltaba.
“El futuro no es seguro”. Y así uno se asegura la
continuación, como queda patente en la escena extra tras los títulos de
crédito.
Con todo, y dentro de su mediocridad, es una cinta
entretenida que además plantea o sugiere ciertas ideas interesantes en ese
mundo donde todos están enganchados y conectados por sus móviles y tablets,
clave para el éxito de Génesis que deberán evitar nuestros héroes. El dominio
de las máquinas adaptado a nuestra realidad actual.
Las bromas relacionadas con las nuevas tecnologías, aunque
parezcan frívolas, escenifican una realidad social, un cambio drástico que
vamos gestionando como podemos pero del que desconocemos cómo va a terminar, de
consecuencias desconocidas. Es un nuevo mundo que está cambiando de forma
frenética sin que casi nos demos cuenta. Un nuevo mundo que en el cine modifica
tramas y comportamientos, pero que no logra retratar un pasado vacuo o
inofensivo, sino todo lo contrario, lo hace más auténtico y visceral que la
modernidad contemporánea.
Y es que, extrapolado al cine y a esta saga, el T-800 fue lo
último en su día, lo más moderno, y ahora parece convertido en una especie de reliquia
googleable sin más, pero en su esencia está el único interés de las nuevas
películas, de las nuevas tendencias contemporáneas. El único interés.
En definitiva, una obra para pasar el rato, pero
prescindible.
“Viejo, pero no obsoleto”.







































