Hay muchas referencias religiosas a las que Nolan se empeña
en dar sentido científico. Ha sido elogiada “Interstellar” por su rigor
científico, que no evita, ni parece pretender, como ha explicado Nolan, la
especulación y las licencias que permitan el debate. En algunas
de estas cuestiones tenemos los peores momentos del film, como comenté.
El caso es que se hablará del apocalipsis, del fin de la
Tierra, de plagas que van eliminando la vida y los alimentos (ya sólo el maíz
parece sobrevivir, pero será por poco tiempo), como en la Biblia, así como de
elegidos y deidades.
-Se bautizará con el nombre de “Misiones Lázaro” a las naves
enviadas a explorar los agujeros de gusano oportunamente situados que se han
encontrado. Con el nombre de Lázaro se introduce la idea de resurrección,
además.
-Profesor Brand: Ellos te han elegido.
-Cooper: ¿Ellos? ¿Quiénes?
-El profesor Mann dirá: “Literalmente me habéis resucitado”.
Otro detalle más.
-Esos “ellos” se interpretan como deidades, que luego serán
reformulados como hombres del futuro.
-La misma idea de la expedición tiene tintes cristianos. Un
hombre, Cooper, que sale de la Tierra, al que se le da por muerto, pero regresa
para salvar a la humanidad a través de su hija.
-La idea de elegido sobrevuela toda la película, primero
parece Cooper, con sueños y señales llamándole, luego Murph… Ambos serán
elegidos.
-Los esperanzados mensajes lanzados al espacio, sin saber si
el padre vive, si los oirá, tienen algo de plegaria divina.
-Hay una clara idea de Dios que se desarrolla en la
película, aunque se niegue su existencia en términos globales. La idea de Dios
a través de la idea de amor.
-La fe será apelada por Murph para lograr solucionar el
problema, así como el amor será la pieza fundamental de la ecuación. Un
“presentimiento” será lo que terminará por iluminar a Murph.
El último paso en la aventura de nuestros expedicionarios,
que han quedado reducidos a dos, Brand y Cooper, será introducirse en Gargantúa,
el agujero negro, el nuevo y último peligro.
“La 3ª ley de Newton: La única forma que conocen los humanos
de llegar a alguna parte es dejando algo atrás”.
Cooper se sacrificará, abandonará a Brand y la lanzará hacia
el planeta de su amado Edmund, decidido a cruzar el agujero negro, eyectándose
antes de la destrucción de la nave, soltando al fiel robot TARS y viendo
flashes de sus hijos al acercarse a la
muerte y a algo indeterminado… El Teseracto.
El Tesaracto será una construcción de la humanidad futura,
que condensa todo el tiempo, pasado, presente y futuro en un mismo lugar. La
misión de Cooper será intentar comunicarse con ese pasado, desde ese presente, gracias a esa construcción futura, con ese lugar en la Tierra, mandar un mensaje a su hija que pueda entender y
así guiarla para salvar a la humanidad desde otra dimensión. El tiempo como
dimensión física, la gravedad atravesando dimensiones, incluida la del tiempo.
Pasado, presente y futuro dialogando y convergiendo.
"Creía que me habían elegido. Pero no me eligieron a mí,
sino a ella”.
El amor y el reloj que Cooper dejó a su hija como regalo y
recuerdo serán la variable esencial para resolver la ecuación que permita la
comunicación a través del espacio, el tiempo y las distintas dimensiones. Como
reflexión, Brand (Anne Hathaway) hará hincapié en que el amor es una variable que puede tener un
poder a nivel inconsciente del que aún no se tiene conocimiento. Científico no
es, pero bonito sí.
Esta parte final con el Tesaracto también ha sido comparada con “2001: Una odisea del espacio” (Stanley Kubrick, 1968) por aquello del paso a otra dimensión, y lo que supone esa creación como impulso para la humanidad, renacida o salvada. Los paralelismos son estructurales, ya que conceptualmente no tienen nada que ver. Las reflexiones de Kubrick son nietzscheanas, mientras que las de Nolan adquieren un punto sentimental dentro de su aspiración científica, así como los aspectos filosóficos no tienen que ver con Nietzsche. La película de Kubrick se eleva en su abstracción y pureza analítica y filosófica por encima de la mezcolanza confusa, finalmente, de “Interstellar”.

La resolución es decepcionante, el final lógico sería con la muerte de Cooper, pero una elipsis nos lo trae de vuelta, sin mayor explicación, a un hospital tras verle orbitando distraídamente por Saturno, como el que toma el sol. En el guión original estaba prevista, precisamente, la muerte de Cooper. Al mandar el mensaje y ser recibido, se crea un mundo en los alrededores, por lo que sería rescatado en ese momento por unos rangers espaciales cuando apenas le quedaba oxígeno una vez hizo uso del Tesaracto… Cogido por los pelos sería ser generoso. Una hija, Murphy Cooper, convertida en leyenda y con 124 años de edad a sus espaldas. Puro escapismo arbitrario. Este final es de los peores aspectos de la película, un forzado y gratuito final feliz.
Reunión familiar, el impacto de la vejez, ver a tu hija
anciana, mucho mayor que tú, y a su nutrida familia, que también es la tuya.
Momentos contenidos en su emotividad. Es entrañable también la relación de
amistad entre TARS, el robot, y Cooper, desarrollada a lo largo de la película
y que se mantiene cuando todo se ha solucionado. Una amistad sincera y con
buenos momentos de humor.
“No me hace gracia esto de fingir que estamos otra vez donde
empezamos. Quiero saber dónde estamos, dónde vamos”.
“Era yo, Murph. Yo era tu fantasma”.
“Porque mi padre me lo prometió”. Aunque dudó, ciertamente.
Una vez asumido que todo pasó, Cooper entenderá que para
vivir necesitamos el presente, que su tiempo pasó con respecto a la vida que
conoció, que la hija que conoció ya no existe, que todo cambió salvo el
recuerdo y el amor, y como en el Tesaracto el presente dialogará con el pasado,
haciéndole consciente de que somos seres de presente, por lo que volverá a la
aventura para reencontrarse con la vida que sí tiene sentido para él ahora, la
que le permitirá vivir y ser él mismo, yendo a buscar a Brand, como si de unos
Adán y Eva se tratara, y que crezca la humanidad.
Nolan divaga entre el alma y la física, entre el corazón y
las matemáticas, entre la intelectualidad y el espectáculo, y se queda
irremisiblemente a medias, funcionando mejor en lo que habitualmente se le da
peor, lo humano y emocional, que en lo cerebral y de diseño. Esas dos facetas
no terminan de estar del todo bien integradas. Y no lo están porque la fase
científica, bien expuesta desde lo verbal con ciertas peripecias, se aparece
episódica, arbitraria, sin cohesión en el contexto global de la película, alejadas
de todo lo anterior.
Una película mucho más emotiva que las anteriores de Nolan,
ambiciosa como todas las suyas, donde el director demuestra a todos, y en
especial a sí mismo, que es capaz de tocar la fibra y manejarse con soltura por
las emociones de sus personajes y sus relaciones, lo que parece un reto
conseguido que a los seguidores y admiradores del director nos hace albergar
grandes esperanzas, la sensación de que obras gigantescas, totales, pueden
llegar para nuestro deleite. Ambición y emoción en uno de los grandes talentos
del cine moderno es lo que cabe esperar.
La exposición dramática es bastante buena, aunque la cinta
resulta algo vacua conceptualmente en esa intención de congraciar ciencia y sentimientos, difuminando su mensaje, exponiendo muchos temas repentinamente, por
lo que quien mucho abarca poco aprieta. Tras la exposición la película cobra
vigor, pero se pierde en efectismos aventureros intrascendentes, como la parte
con Matt Damon.
Hay exceso de verbalización en algunos momentos, defecto
habitual de Nolan, aunque menos agudo en esta ocasión, sobre todo al inicio de
la película, donde la narración fluye muy bien. Es como si estuviera inseguro
de que no se fuera a entender algo, eso sí, cuando le conviene se marca una
elipsis y resuelve cualquier problema, aunque no sea muy coherente. Aquí ese
defecto, la verbalización, ha procurado corregirse. El tema de las elipsis
sigue sin hacerlo.
Hay un exceso de metraje, es una película innecesariamente
larga. Con todo, puede que le faltara otra media hora para explicarlo todo sin
recurrir a elipsis.
Nolan suele abusar del uso injustificado y excesivo del "Deus
ex machina" e “Interstellar” no es una excepción. Debería ir corrigiendo este
aspecto en sus momentos de aventuras o acción.
El final romántico y feliz es bastante absurdo y poco
convincente, aunque complaciente con el gran público. Esa sensación de amenaza,
de fatum trágico, que Nolan logra con una facilidad pasmosa, con poderío visual
y cinematográfico, casi nunca se cumple, apostando por el final feliz. Del
mismo modo, las apelaciones poco científicas y amorosas que realiza el personaje
de Hathaway resultan un agujero negro conceptual en la película.
Nolan mantiene el vicio del plano corto en los momentos más
épicos, aspecto visual de su cine que más me saca de quicio, anhelo siempre
planos generales que nos lo muestren todo.
La dirección de Nolan sigue siendo clásica, con sus
defectos, pero con virtudes que denotan una evolución e inteligente
aprendizaje, corrigiendo errores y mejorando en sus puntos débiles. El guión de
Jonathan Nolan y él mismo también muestra aciertos y defectos. Las
interpretaciones son impecables, con mención especial para el protagonista,
Matthew McConaughey, que sigue en racha.
Hans Zimmer vuelve a dejar una soberbia partitura que eleva
los célebres clímax largos de Nolan, además de puntuar con acierto y multitud
de texturas y matices, sinfónicos y electrónicos, cada recoveco de la
narración.
Nolan factura una estupenda película que aporta cosas nunca
antes vistas en el director, pero queda lejos de sus mejores títulos. Con todo,
esas novedades que se aprecian son muy esperanzadoras, ya que integradas con
las habituales virtudes de su cine puede depararnos auténticas obras maestras,
no en balde es uno de los autores más importantes del cine actual.


































































