Con Spoilers, por supuesto.
Se ha vendido esta película como una revisión del espíritu de las películas de los 80 de Spielberg y todos los que a su abrigo acometieron proyectos donde la infancia y la juventud tenían un protagonismo absoluto, bajo la producción del primero o simplemente su influencia. Spielberg era conocido como el niño grande de Hollywood, sobre todo después de entender la infancia como nadie en “E.T”. Además de ésa, Spielberg conectó con toda una generación, la juventud le adoraba y adoraban sus películas, con Indiana Jones, Tiburón… Al hilo de esto surgieron cintas con y para jóvenes: “Los Goonies” (Richard Donner, 1985), “Gremlins” (Joe Dante, 1984), “Regreso al futuro” (Robert Zemeckis, 1985), "Cuenta conmigo" (Rob Reiner, 1986)...
Estas películas funcionaban y se hicieron de culto porque entendían como nadie el mundo que trataban, la mirada fascinada de la infancia hacia lo misterioso, la mirada mitómana de la juventud hacia lo adrenalítico e increíble. Creaban personajes inmortales, ya fueran individuales como el Elliot de “E.T”, o en grupos, como “Los Goonies”, donde los directores y guionistas se tomaban su tiempo en crear diálogos simpáticos y situaciones divertidas, en desarrollar a personajes con características muy definidas, cada uno con su rol pero todos encantadores.
Ese mimo por sus personajes y un misterio que se va haciendo más grande y fascinante, como el que descubre la magia, es lo que hacía que nuestra generación se enamorase de aquellas películas, lo que hacía que cuando un ser extraterrestre seguía m&ms lo flipáramos en colores para saber qué pasaba y qué era aquello, que cuando el Gremlin comía después de las 12 nos apasionáramos con los bichos que surgían, que cuando en “Cuenta conmigo” se van descubriendo cosas sintiéramos que éramos auténticos detectives, que cuando en “Los Goonies” se revela que la leyenda es cierta nos sintiéramos uno más de esa pandilla de amigos, que cuando en “Regreso al Futuro” vemos a McFly montar en monopatín le envidiáramos e imitáramos por su habilidad…
La clave está en la capacidad para identificarse con la infancia y transmitir la magia, logrando con ello que la identificación sea mutua. Eso y un talento narrativo indiscutible mamado de los clásicos, haciendo que lo maravilloso, lo fantástico o asombroso, se vaya sucediendo poco a poco haciendo crecer la semilla de la magia en el espectador. De lo mínimo a lo colosal, que se va mostrando paso a paso con una imaginación en la puesta en escena extraordinaria.
Siempre resulta atractiva la idea de la libertad de ir en bici de aquí para allá descubriendo pequeños secretos… hasta que sucede uno grande.
Cuando la travesura se convierte en aventura verdadera, cuando la imaginación y la realidad se funden en uno.
Dicho esto, la cuestión es saber si “Super 8” logra todo eso o no, si es en realidad eso que dicen u otra cosa, si alcanza a sus múltiples modelos o se queda en el intento.
La respuesta es que algo hay pero no tanto como se preveía. Es evidente que la película sí es un homenaje a aquellas de las que hablé, pero también lo es que queda algo lejos de su nivel. Con todo, también es justo decir que no es una mera revisión, sino que tiene entidad propia, personalidad definida, una cuestión que la revaloriza.
La mayor brillantez está en la dirección de J. J. Abrams, un director que dentro del mainstream está mostrando una personalidad definida y un discurso coherente y personal, desde sus series a sus películas. Aquí tenemos una buena muestra de sus rasgos temáticos y también estructurales que definen su estilo.
El guión y la historia no son nada del otro mundo (son los que más debilidades presentan) pero sí tienen detalles de brillantez indiscutible. Por ejemplo, en una de las escenas de suspense en una gasolinera, donde desaparece el sheriff, comienzan a pasar cosas extrañas, luces que vienen y van, ruidos… y vemos correr a un nutrido grupo de perros de forma descontrolada. Ese detalle, que en otro film sería una forma de crear ambiente sin más, en “Super 8” tendrá su eco, y descubriremos que todos los perros han huido del condado, lo que del ambiente de extrañeza que se produce en la escena mencionada pasamos a un momento de verdadero interés y temor. Un muy buen detalle de guión y de dirección.
Otro ejemplo, y que es un rasgo de estilo de J.J Abrams, es el uso de un objeto como vertebrador de la narración. Esto se veía de forma magistral en la primera temporada de “LOST”, en todos sus capítulos (que ya postearé). En “Super 8” el objeto no es la cámara como podría creerse, sino el collar de la madre de Joe (Joel Courtney).
A través de él vemos la evolución psicológica de los personajes, especialmente de Joe. Primero lo veremos en el entierro, como el fetiche necesario para recordarla, como si contuviera su alma; luego en una conversación entre padre e hijo que muestra la distancia que hay entre ellos. Más tarde Alice (Elle Fanning), se lo verá a Joe, lo que creará el primer vínculo de los chavales. Posteriormente Alice y Joe tendrán una conversación sobre el collar que desarrollará su relación de manera definitiva. Un policía se lo quitará con la consiguiente sensación de pérdida en Joe, demostrando así que no había superado la desaparición de su madre. Después de recuperarlo en la escena final lo dejará escapar, como si de verdad el collar contuviera el alma de la madre y ésta se fuera hacia el cielo, cerrando la historia y concluyendo la evolución del personaje en la aceptación de la pérdida y su acercamiento definitivo a su padre. Muy Abrams. Lo cierto es que el padre de Alice lleva un pedazo de collar que le debió regalar M. A Barracus, y en cambio ese no vuela, pero bueno, licencias supongo.
A través de él vemos la evolución psicológica de los personajes, especialmente de Joe. Primero lo veremos en el entierro, como el fetiche necesario para recordarla, como si contuviera su alma; luego en una conversación entre padre e hijo que muestra la distancia que hay entre ellos. Más tarde Alice (Elle Fanning), se lo verá a Joe, lo que creará el primer vínculo de los chavales. Posteriormente Alice y Joe tendrán una conversación sobre el collar que desarrollará su relación de manera definitiva. Un policía se lo quitará con la consiguiente sensación de pérdida en Joe, demostrando así que no había superado la desaparición de su madre. Después de recuperarlo en la escena final lo dejará escapar, como si de verdad el collar contuviera el alma de la madre y ésta se fuera hacia el cielo, cerrando la historia y concluyendo la evolución del personaje en la aceptación de la pérdida y su acercamiento definitivo a su padre. Muy Abrams. Lo cierto es que el padre de Alice lleva un pedazo de collar que le debió regalar M. A Barracus, y en cambio ese no vuela, pero bueno, licencias supongo.
Con respecto a las características típicas de las películas que homenajea, pues lo cierto es que las tiene aunque a un nivel inferior que sus modelos. Existen los diálogos intrascendentes, que tanto nos gustaban, entre los chavales de la pandilla para desarrollar sus relaciones y dibujar sus personalidades, pero carecen de la frescura de los que tenían “Los Goonies”. Existe aventura y misterio, pero no tienen ni la chispa, vivacidad, inocencia y ritmo trepidante de los mismos. Los personajes carecen del carisma de un Marty McFly (Regreso al futuro), un Elliot (E.T), o un Gordi (Los Goonies). Hay un misterio y un descubrimiento que va de lo mínimo a lo máximo pero que produce cierta insatisfacción al final.
A pesar de todo, la película es entretenidísima y transmite lo mismo que aquellas películas de los 80, aunque en un menor grado. Se saca partido al suspense y la trama va llevando por sitios inesperados y fascinantes.
Hay una mayor preocupación por el mundo adulto, lo que pretende dar más enjundia al argumento, a la cinta, aunque en cierta medida lastre el interés de la misma. Hay una especial dedicación al padre de Alice, Louise (Ron Eldard) y sobre todo a Jackson (Kyle Chandler), el padre del protagonista, Joe. Uno vive con un sentimiento de culpa que le consume por dentro. El otro se centra en el trabajo para olvidar y no encarar la muerte de su mujer. La trama adulta además es prescindible en su mayoría, se podría contar lo mismo de forma tangencial y nos ahorrábamos metraje o lo aprovechábamos mejor sin ver al padre de Joe siguiendo una investigación que no lleva a nada. El guión y ciertas lagunas del mismo es lo más flojo de la cinta.
Los conflictos paterno-filiales son uno de los temas imprescindibles en Abrams. Los podemos ver en casi todos los personajes de “LOST”, “FRINGE”...
Otro rasgo temático característico en Abrams es el tiempo. Aquí no hay saltos temporales, tan queridos por el director de “Star Trek XI” (2009), pero sí tenemos reflexiones. En la escena donde Alice va a ver a Joe de noche y un proyector reproduce videos antiguos, donde vuelve a salir el collar por cierto, se reflexiona sobre la capacidad o el deseo de eternizar el pasado, y la capacidad que de ello tienen las grabaciones, el significado último de esa Super 8 que llevan los chavales para rodar su película. La actuación durante toda la película, pero especialmente en esa escena, de Elle Fanning es espectacular.
Tanto Abrams como Spielberg han hablado de lo que suponía para un niño la Super 8, la primera cámara, los inicios, sumergirse en el mundo del cine, la posibilidad de contar historias... Todo eso lo daba la Super 8. El sentido homenaje es evidente.
Hablando de homenajes, “Super 8” es una película básicamente multireferencial, vemos a “E.T” en esos chavales que van con la bicicleta a todas partes, en los anaranjados cielos, en la ausencia de un padre (en E.T el padre no está al haberse separado de la madre, aquí la madre ha muerto). Vemos “Encuentro en la 3ª fase" (Steven Spielberg, 1977), en esas luces que se apagan, esos sucesos extraños que no se sabe de dónde vienen, esos ataques en la noche, incluso a un automóvil, más la presencia extraterrestre. Volvemos a ver a “E.T” en la mirada fascinada de todos al irse la nave volando a su mundo (aquí casi reverso tenebroso). Vemos a “Los Goonies” en ese director que recuerda en ocasiones a Gordi, en la pandilla que se enfrenta a una aventura, también en “E.T”. Vemos como se enfrentan al mundo de los adultos viviendo la aventura en paralelo, dejando a éstos fuera. “Poltergeist” (Tobe Hooper, 1982) está presente en muchos momentos estéticos, como “Encuentros en la 3ª Fase”, con esas luces que inundan las estancias en la noche. “Cuenta conmigo” está presente también por la pandilla, lanzarse a la aventura y la mezcla de dramatismo y fidelidad en la amistad. "Alien" (1979) en esas claustrofóbicas escenas, las luces parpadeantes y, sobre todo, “Aliens” de James Cameron (1986), en ese descenso de los protagonistas a las profundidades a rescatar a una niña, esos cuerpos almacenados… El cine de Carpenter, “La niebla” (1980) por ejemplo, con esa secuencia inicial y sucesos extraños en gasolineras y otros lugares. A George A. Romero, no sólo por esa película de zombies que ruedan los chavales, ya que parece un tópico que cuando sale un zombie se identifique con un homenaje a Romero, sino que en esa película se le cita explícitamente al verse su nombre en una acreditación y en una frase que dice “trabajaba en clínicas ROMERO…”. “Regreso al futuro” coincide con la época (1979-1985), fecha de creación del walkman (el uso de los mismos), que se citan como novedad en “Super 8”, la pasión de los protagonistas por el arte (la música McFly y el cine Charles). También recordaremos la más reciente “La Guerra de los Mundos” de Spielberg (2005)... Innumerables los homenajes...
Abrams apuesta con firmeza por la recuperación de una forma de contar historias, clásica, usando los nuevos medios. A veces se excede en el uso de la parafernalia, pero la esencia de lo que pretende es lo predominante y lo que marca la diferencia en una película que, distando de ser perfecta, encantará a los de nuestra generación, los que crecieron con “E.T”, “Los Gonnies”, “Gremlins”… Una cinta entretenidísima que será un éxito y que esperemos impulse a muchos en esa buena dirección. Una buena película pero ante la que no se puede evitar sentir que donde sus referentes mostraban total naturalidad, en “Super 8” se nota una búsqueda incesante por aparentarla y asemejarse a aquellas.
El final es bastante confuso, se no entiende muy bien qué pasa ni cómo logra hacer la nave el extraterrestre, es otra de las debilidades del guión, que como dije tiene ciertas lagunas.
La música de Michael Giacchino, el de la sintonía de “LOST”, es bella y nostálgica. Los demás aspectos están bien, buenos efectos y una magnífica dirección ya comentada.
En esta nueva década parece que surgen voces que apuestan por una narrativa más clásica y por contar historias a la vieja usanza, la buena. Esperemos que cunda el ejemplo. Como decía Charles (Riley Griffiths),”lo importante es el argumento”, una buena declaración de intenciones. Pero que esto no nos lleve a sobrevalorar o crear ídolos donde no los hay. “Super 8” se merece un notable pero sin desmadrarse.

















