lunes, 11 de mayo de 2015

Crítica: LOS BOXTROLLS (2014)

GRAHAM ANNABLE, ANTHONY STACCHI













Simpática película en animación Stop Motion que hará las delicias de los más pequeños y no disgustará a los adultos. De notable planteamiento y entretenido desarrollo la cinta se va viniendo abajo conforme avanza su metraje, llegando a un decepcionante final. Una obra correcta que va de más a menos.



En Cheesebridge, o sea, Puentequeso, la importancia social y el queso vienen a significarlo todo. Bajo su suelo vienen unos monstruos llamados Boxtrolls, que atemorizan a las buenas gentes de Puentequeso, sobre todo porque roban sus pertenencias y a sus hijos. Un siniestro y ambicioso cazador de Boxtrolls, que alimenta su leyenda negra, se impondrá la misión de cazarlos a todos a cambio de un sombrero blanco, la más alta distinción social.

Una excelente atmósfera terrorífica inicia la película, la noche, la lluvia, las sombras, los planos oblicuos, el supuesto robo de un bebé… Ya aquí veremos los despreciables valores de ese pueblo, más preocupado por el posible robo de un queso que de un bebé…



La reacción del alcalde de Cheesebridge ante la noticia de la desaparición de un bebé es de puro formulismo, una reacción de pesar por pura convención social, no porque de verdad sienta algo por la noticia, lo que descubrimos con claridad por el contraste con su reacción ante la simple posibilidad de que desaparezca un solo queso… Aunque el alcalde se redimirá, esa escena suscita una interesante reflexión, y es que el villano cazador de Boxtrolls, Birlante, al que dobla Ben Kingsley, comprender mejor los resortes de los sentimientos, se muestra más humano al poner como primera opción de presión la desaparición de un bebé, teniendo que recurrir a la solución de emergencia de los quesos en última instancia por la ausencia de empatía del alcalde Portley-Rind.

La película posee un sano y entrañable humor, con mención especial a las bromas lácteas en ese pueblo obsesionado por el queso.





La mitología de ese pueblo y los “terribles” Boxtrolls empieza a desarrollarse de inmediato. Un pueblo temeroso por la historia del robo de un bebé, esa fugaz secuencia inicial que vimos, que tiene toque de queda por su miedo a modo de precaución, cediendo por completo su seguridad al mezquino Birlante mientras comen queso tranquilamente. Los Boxtrolls, por su parte, se descubren como unos seres de aspecto monstruoso pero interior adorable, miedosos, juguetones, traviesos, tradicionales y aficionados a los artilugios que pueden conseguir para reparar o utilizar en su guarida subterránea. Huyen de cualquier enfrentamiento escondiéndose, cual tortuga o caracol, en su caparazón en forma de caja, su camuflaje. Un caparazón que los camufla y protege, como si de insectos o animales marinos se tratara.



La primera escena de presentación de los Boxtrolls, saliendo de las alcantarillas para su ronda nocturna, los describe a la perfección sin palabras. Una escena gozosa y francamente entrañable, como todo lo relacionado con estas criaturas en el inicio de la cinta.

Los tres esbirros del villano Birlante están muy bien dibujados, sus diálogos resultan divertidos, aunque una vez pasa la primera parte de la película se hace necesaria una vuelta de tuerca o algo más de profundidad más allá de ese esbozo. Uno es un sádico, el pequeñito; otro es un idealista y un maniqueo, el delgado; y otro es un filósofo escéptico, el grueso. Debatirán sobre la dualidad del bien y el mal y su reconocimiento, entre otras cosas. El maniqueo al final irá titubeando.

¿De verdad crees que estos Boxtrolls entienden la dualidad del bien y el mal?


La reflexión sobre el totalitarismo en estos primeros minutos, donde Birlante se erige en dictador al dominar la seguridad del pueblo, juzgando la huida y el hecho de que los indefensos Boxtrolls se escondan por su bien como sinónimo de maldad, es muy aceptable.

Es la idea conceptual más brillante de la película, el totalitarismo, encubierto o no, que usa el populismo o el miedo falseando la historia. En este caso el falso robo y muerte de un niño a manos de los Boxtrolls, para usarlo en su contra y adquirir poder. Todo reducido al poder… y la apariencia.


Estos conceptos convierten al villano Birlante en el personaje más atractivo de la función, personificación esperpéntica del arribismo, la ambición y el materialismo más absurdo, la pura apariencia, aspectos que acaban vinculados a la monstruosidad. Esto queda de manifiesto en ese deseo irrefrenable del personaje de adquirir un sombrero blanco que le posibilite acceder a la sala de degustación de quesos, un lugar de privilegio que sólo tiene 4 miembros. Una aspiración ridícula por absurda, sobre todo porque Birlante es alérgico al queso y probar esa demente obsesión le convierte en un monstruo informe, saca a relucir a su aspecto exterior su podrido interior. 


En esta ciudad uno se tiene que ayudar a sí mismo. Es lo que hace un hombre de verdad”.

Esos miserables bichos no pueden ser rivales de un hombre y su sueño”.

Apariencias.

Las apariencias son uno de los temas más socorridos de la cinta, una obsesión para los personajes, en unos casos por ocultarla, en otros por la consideración social que demuestra, en otros para engañar…



-Los mandamases del pueblo tendrán en sus sombreros blancos la mayor dignidad que puedan soñar, símbolo de superioridad social basado en un mero objeto. Ese sombrero blanco será la obsesión del villano Birlante por lo que representa, precisamente, por su carácter simbólico de “líder” social. Birlante además usa el disfraz para engañar, travistiéndose de mujer, en una artista de variedades llamada Fru-Fru. Tal es su obsesión. La primera vez que veamos a Fru-Fru revelará en una actuación la farsa sobre los Boxtrolls para desconcierto de Eggs.


-Los Boxtrolls utilizan sus cajas, que llevan como ropa a modo de caparazón, para protegerse, para ocultar una identidad que saben es mal vista.


-El chico protagonista, Eggs, usará también el disfraz en dos ocasiones, una intentando mimetizarse en el único referente de su especie que conoce, un hombre en una portada de un disco, imitando su vestuario; y otra en la fiesta en casa de Winnie, donde tendrá que imitar los modos sociales y la hipocresía para intentar pasar desapercibido. En estos actos lo veremos reflejado en espejos o el agua de una alcantarilla, símbolo de su farsa.


-En la fiesta en casa de Winnie se desenmascarará a Birlante en su disfraz de Fru-Fru, pero nadie de los allí congregados creerá a nuestro protagonista. Esto, sumado al hecho de que nadie reconozca a Birlante en ese disfraz, supone una demoledora crítica a esa sociedad superficial y vertebrada en las convenciones y la hipocresía, divertida y con pleno sentido.




Esto lo pienso de verdad”.

-Una mentira, una farsa, una falacia, es la que se cuenta sobre los Boxtrolls para hacer posible el obsesivo arribismo de Birlante. La mentira sobre que robaron y se comieron a un bebé.

La educación y los buenos modales son vistos como una forma de hipocresía más que de convivencia.

La guarida de los Boxtrolls, donde descubrimos al bebé al que supuestamente habían asesinado y se habían comido conviviendo tranquilamente con ellos, hasta el punto de creerse un boxtrolls más, es un deleite visual. Se retrata su mundo y su carácter bondadoso, ingenuo, simpático y encantador, una mezcla de los minions y su encantadora y afable torpeza, los Fraggles e incluso el mundo de “Donde viven los monstruos”… Un mundo retratado sin palabras también, con planos secuencia o muy sostenidos.



Las escenas con el niño, Eggs, que será nuestro protagonista, perfectamente integrado, y el Boxtrolls que lo robó, Fish, son bellas, cálidas y entrañables. Por ejemplo la del osito, del que interesa su mecanismo musical, no su acolchada suavidad. Su apariencia.



Duermen todos juntos, formando una acogedora pila de cajas que mediante elipsis veremos reducirse conforme sean cazados por Birlante, en cruel hallazgo visual de previsible fatalidad. Brillante elipsis.




Su dieta se basa en tapear insectos, lo que no la hace muy apetitosa. Viven para el hedonismo, la camaradería y el riesgo. Cuando pierden su caja, elemento de seguridad, protector, al que vinculan su personalidad, se sienten desnudos, perdidos, asustados, alarmados, desprotegidos. Unos seres que viven con miedo al rechazo y la persecución, podrían ser una alegoría del pueblo judío. En el mundo de los Boxtrolls será donde se descubra la verdad a través de un flashback, cuando Eggs lleve a Winnie allí, la bondad del padre, la amenaza de Birlante, su supuesto secuestro y asesinato…



El retrato social resulta espeluznante aunque se trate de una cinta infantil. Una clase dirigente obsesa del queso y la posición social, frívolos sin escrúpulos, despreciando cualquier problema o necesidad que necesite la gente, un pueblo al que parece darle igual todo… Preferirán dedicar el tiempo y el dinero a catar queso que a financiar una escuela; un gigantesco queso a un hospital infantil o el sombrero blanco a su propia hija, como en el caso de Portley-Rind




Al cuarto de hora se nos presenta a Winnie, la hija del alcalde, uno de los personajes claves de la historia. Una niña necesitada de atención y cariño, que ve como su padre siente más amor por un queso o un sombrero que por ella. A la madre no se la ve. Es la única mujer importante de la trama. El primer encuentro entre los niños, Winnie y el pseudo Boxtroll Eggs, resulta algo forzado con el lanzamiento del sombrero blanco a la calle en un rapto de ira de la niña y su posterior arrepentimiento. Cuando salga a recogerlo se cruzarán una mirada vinculadora. No será el único encuentro algo forzado de ambos personajes, al siguiente le ocurrirá lo mismo.


¿Te dejaron mirar?"

La historia de Eggs entronca de alguna manera con Tarzán o “El pequeño salvaje”, un chico que no es consciente de que lo es, extrañado cuando le llaman niño, ajeno a la sociedad y sus convenciones, falto de educación, que entrará en contraste y conflicto con esa sociedad y sus normas sociales, su falsedad, su obsesión por la apariencia e hipocresía, elementos que le son ajenos.





La paternidad.

Los Boxtrolls” acaba siendo también una más que aceptable reflexión sobre la paternidad, la paternidad como algo más que una mera cuestión genética, la importancia de la figura paterna, su influencia en la niñez. Winnie anhela la atención de su padre, a Eggs le falta el suyo, los Boxtrolls, especialmente Atún, actuarán como sustitutivos de esto, como padres.






Hay varias escenas de huidas, actividad habitual de los boxtrolls. La primera de ellas, donde secuestrarán a Atún, el Boxtroll al que se le encargó la tutela de Eggs, tiene algunos momentos algo exagerados, donde a los directores se les va un poco la pinza. Además, todas estas fases comienzan a hacerse previsibles, ya que era evidente que un hecho así sería el que sacaría a Eggs de su cascarón, una misión de rescate a su amigo y “padre”. El sentimiento de culpa que no se definió en su momento ante su ignorancia, crece con la ausencia de Atún.



Madurez.

Esa misión es la que acaba definiendo al personaje, que hasta ese momento se creía un Boxtroll más, asumiendo por fin que no lo es, que es un humano. Estas diferencias quedarán marcadas por sus pequeños actos de rebeldía o insumisión, características contrarias a los Boxtrolls, que aceptan todo como les viene sin enfrentarse a las dificultades, ocultándose o huyendo de ellas. Cuando Eggs cuestione el comportamiento sumiso de sus amigos concreta su personalidad, acepta su humanidad, y desde ahí intentará inculcarla al resto de Boxtrolls. Volveríamos a estar cerca de Platón y su mito de la caverna.




Los humanos son malos y egoístas. Son monstruos”.

Otra huida la tendremos una vez rescate a Atún, momento donde llevará a Winnie al subterráneo mundo Boxtroll, una escena que resulta muy simpática. Todo esto sigue siendo muy previsible, era evidente que en un momento u otro Winnie acabaría allí abajo para descubrir la verdad.





El ataque de Birlante con la infernal máquina al mundo subterráneo de los Boxtrolls tiene una imaginería casi apocalíptica. Capturados y secuestrados asistiremos a una escena clave, el encuentro entre el hijo y su padre, que no estaba muerto, sólo fue secuestrado y está enloquecido, un loco lúcido, y al cambio de los Boxtrolls ante las interpelaciones de Eggs para que salvaran su vida. Es muy bueno el momento donde vemos a las cajas dejar de temblar un instante antes de ser aplastadas, detalle que delata su huida.




La ausencia de muertes, de los Boxtrolls y el padre de Eggs, encuentra un aceptable sentido desde el guión, son ellos los que acaban construyendo la máquina infernal de Birlante. Brillante plan del villano.

-Padre loco: ¿Quién eres tú?

-Eggs: No lo sé.

No cambiarán su naturaleza”.

Rebelión.






Los Boxtrolls” apelan a la rebelión, rebelarse contra la pereza, la sumisión, esa es la enseñanza última en una cinta que supone una evidente crítica política contra la lucha de clases. Es la enseñanza que adquieren los Boxtrolls, simbolizado en su renuncia a las cajas en las que se ocultaban ante cualquier ataque o problema para enfrentarse y luchar contra ellos. 

Desde aquí se apuesta por el cambio, la transformación, la adaptación, la evolución y la redención, por eso todos los personajes se salvan siempre que se acojan a esos parámetros, aceptándose su perdón, esa redención. El único personaje que no cambiará será Birlante, que se mantiene firme en sus postulados explícitamente y por eso será condenado. Tanto sus esbirros como el padre de Winnie reaccionarán y se redimirán, cambiado sus anteriores ideas o renunciando a sus prejuicios.


Lamentablemente el último tercio del film resulta tremendamente mediocre, con cambios de opinión repentinos y sacados de la nada, comportamientos arbitrarios, redenciones ridículas y sin fundamento dramático ni consistencia narrativa… Una parte final muy pobre que acaba siendo consecuencia del desarrollo errático que se venía mascando, que tira por tierra los correctos planteamientos iniciales. Además, el comportamiento final del villano produce resquemor, que alguien que se ha mostrado inteligente, paciente, sibilino, planeando y planificando durante años, ceda repentinamente a la estupidez y la torpeza perdiendo los papeles sin sentido, no funciona, perfecto ejemplo de esos comportamientos arbitrarios mencionados.



Una vez desaparecido el elemento del caos, del totalitarismo, el populismo y el miedo, la convivencia será feliz y pacífica entre humanos y Boxtrolls. Unos simpáticos títulos de crédito despiden la cinta.




Una película de magnífico look visual, pero discreto guión. Una película que comienza bien, pero va cayendo en la mediocridad, haciéndose previsible y pobre hasta llegar a un decepcionante tramo final.

Adaptación del libro de Alan Snow, “Here be monsters!".



 





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